Editorial (CdE nº25)

Diversos acontecimientos políticos hemos podido observar en el presente mes. Esta diversidad se ha caracterizado por su cantidad y versatilidad. En efecto, el resultado de las primarias, indiscutiblemente favorable a la coalición Nueva Mayoría ha provocado variadas reacciones en los bloques con pretensiones presidenciales o de presencia en el parlamento. La desbordada votación de la candidata Michelle Bachelet, la cual superó expectativas que ya eran altas, provocó, por una parte, una indisimulada tranquilidad en la oposición y, por sobre todo, un fuerte desconcierto en el oficialismo, el cual se ha expresado en divergencias públicas entre quienes lo componen, como lo fue el sentimiento de humillación del candidato perdedor de la derecha ante Joaquín Lavín.  Por otra parte, la fuerte incidencia del Partido Comunista en la vida política nacional ha provocado preocupación e irritación en la derecha, la cual con frecuencia intenta montar en el debate una supuesta contradicción en la participación de este partido junto a la Democracia Cristiana en el pacto Nueva Mayoría. También habría que agregar aquí exacerbados “meas culpas” provenientes de personeros del bloque perdedor y las posteriores diferencias respecto del sistema electoral binominal. Existe conocimiento que esta falta de unidad no favorece los sueños electorales de este sector, pero todo esto pareciera inevitable. El manifiesto temor del gobierno y la derecha a eventuales cambios constitucionales, los que podrían devenir en una Asamblea Constituyente, ha provocado sendos proyectos de modificación al sistema binominal, siendo éstos evidentes muestras de “gatopardismo”. La evidencia de esta acción, junto con el conocido deseo de la ciudadanía por cambiar la Constitución, corre el serio riesgo de no conseguir su objetivo.

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Fotografía:

Carolina Pavez
Artista visual
http://www.carolinapavez.cl/

La marcha convocada por la CUT no solo tiene valor por su carácter multitudinario, sino que por su composición. A diferencia del llamado a movilización de la multigremial del 24 y 25 de agosto de 2011, esta vez los estudiantes significaron un importante apoyo, pero fueron los trabajadores quienes contribuyeron en mayor porcentaje a la constitución de la marcha. Esto hecho es muy relevante debido a que el actual Código Laboral no favorece la sindicalización, por el contrario, apunta a la desintegración de los trabajadores. Aun cuando el gobierno y la derecha han apuntado constantemente a la criminalización del movimiento sindical, y esta vez no fue la excepción, la jornada se desarrolló con mucha calma y en concordancia como la dirigencia de la CUT lo planificó.

La probidad en absoluto ha estado de lado del modelo económico neoliberal en general, y del gobierno en particular. Indignación ha producido el resultado judicial debido a la colusión de las farmacias. Por otra parte, el caso Johnsons, que vincula un claro conflicto de interés de parte de su ex director Julio Pereira, no viene sino a ratificar una característica que desde su inicio mostró el actual gobierno. Nos referimos a la promesa incumplida del presidente de deshacerse de la propiedad de las acciones de Chile Visión y Colo Colo antes de asumir el gobierno. Todo esto, salvo las diferencias propias existentes entre distintas situaciones, pareciera provenir de un mismo criterio ético que con frecuencia tiene su expresión en el escenario neoliberal.

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El conflicto estudiantil, caracterizado por paros y tomas, en establecimientos de educación secundaria y universidades, ha estado presente como un hecho político desde hace ya casi dos meses. No obstante, éste no ha conseguido ser lo que fue el 2011, al menos en lo que se refiere al sector universitario. En primer lugar, el contenido político de este movimiento ha sido menor, toda vez que el énfasis se ha puesto en petitorios internos en aquellas universidades donde se ha expresado el conflicto. La dirigencia central ubicada en la CONFECH no ha tenido la capacidad de aunar a todo el movimiento estudiantil universitario en torno a demandas políticas nacionales. Como consecuencia de este hecho, las expresiones del movimiento han sido aisladas y con menor fuerza si se le compara con lo ocurrido el 2011. Una segunda característica del movimiento actual ha sido el predominio de sectores no adscritos a organizaciones políticas consolidadas y cuyo objetivo ha sido mantener vivo el conflicto, de manera independiente de la satisfacción o no de las demandas enunciadas en los respectivos petitorios internos. Cierta coincidencia entre esta característica y las posiciones enunciadas por el historiador Gabriel Salazar y el sociólogo Alberto Mayol pareciera existir, toda vez que estos cientistas políticos defienden tesis que privilegian los cambios sociales mediante expresiones espontáneas de los movimientos sociales y con prescindencias de partidos políticos. Como una tercera característica, añadimos que, si bien el conjunto de la sociedad continúa apoyando las demandas estructurales del movimiento estudiantil universitario, la mayoría en cada uno de los estamentos universitarios no concuerda con esta posición cerrada de mantener el conflicto a como dé lugar. Pareciera evidente que, para enfrentar la amenaza neoliberal, el movimiento requiere de una reinvención, convocando a la discusión a funcionarios y académicos en cada una de las universidades donde esto es posible. Esta unidad debería producir la correspondiente réplica entre la CONFECH y el CRUCH, para que a renglón seguido, mediante el eventual apoyo de la CUT, pueda conformarse un frente nacional con la suficiente fuerza para producir los cambios.

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La Educación Técnica de Nivel Superior: el paraíso del lucro. Ricardo López E.

La actual estructura de la Educación Superior en Chile comprende un sector público conformado por la Universidades Públicas (estatales y privadas que pertenecen al CRUCH) y un sector privado que hoy totaliza 193 instituciones, de las cuales 142 corresponden a Centros de Formación Técnica (CFT) e Institutos Profesionales (IP).

Este conjunto de 142 CFT e IP’s constituyen la Educación Técnica de Nivel Superior.

En su inmensa mayoría está conformado por inversionistas privados (salvo unos pocos CFT e IP formados por Universidades del sector tradicional) y opera en un mercado absolutamente desregulado, pues, a diferencia de las Universidades, no tiene prohibición legal de generar lucro.

Como todos los mercados nacionales, tiene características oligopólicas y una tendencia a la concentración en aumento. De hecho existen cuatro instituciones con estructura nacional que concentran la mayor parte de la matrícula de este sector: INACAP, DUOC, AIEP y Santo Tomás.

Sólo INACAP y el DUOC concentran 171.000 alumnos repartidos en 38 sedes.

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La Educación Técnica de Nivel Superior detenta (en cifras de 2012, Mineduc) una matrícula de 406.401 alumnos lo que representa un 38% del total de alumnos de la Educación Superior en Chile. Es de suponer que este porcentaje irá en aumento debido a que el último año igualó la matrícula de primer año con el sistema universitario (considerando universidades públicas y privadas).

Laboran en este sector un total de 70.248 docentes, que en un porcentaje mayor al 85% son docentes-hora.

La mayor oferta académica consiste en carreras técnicas con duración de cuatro semestres y otorgan el título profesional de Técnico de Nivel Superior, y la mayor parte de ellas no califica para que el titulado pueda optar a la bonificación por título profesional que se otorga a los trabajadores fiscales.

Los alumnos que optan por estudiar en estas instituciones son aquellos que no dieron PSU o cuyo puntaje no les permite postular a carreras universitarias, y provienen de sectores vulnerados social y económicamente y de  liceos técnico-profesionales.

Existe, a la vez, un sector importante de jóvenes trabajadores con enseñanza media completa que optan por estos institutos para intentar lograr una mejora en su posición laboral actual. Estos jóvenes financian de su bolsillo sus estudios y los realizan en horario vespertino.

En cuanto al nivel de deserción, en primer año, bordea el 36% de la matrícula.

Del total de 142 CFT e IP’s que operan, sólo 17 de ellos se encuentran acreditados.

El Estado  se ha desentendido absolutamente de la gestión docente en este sector, desde que fuera “donado”, a precio vil, el INACAP a la SOFOFA, toda la gestión docente de este sector es realizada por empresarios privados que han convertido esta función esencial para el desarrollo del país en un muy lucrativo negocio.

La supervisión y fiscalización del sector recae en la División de Educación Superior del Mineduc. Pero, como hemos visto, si esta División no alcanza ha realizar una gestión fiscalizadora medianamente suficiente en las Universidades, menos lo hace en la Educación Técnica de Nivel Superior.

Lo único que el Estado hace en este sector es financiar (Becas Milenio) el lucrativo negocio de privados, cuestión que es consistente con la visión neoliberal de la “sociedad docente”.

La infraestructura de estas instituciones (salvo honrosas excepciones) es inadecuada e insuficiente para desarrollar una formación como la de que alardean en sus mensajes publicitarios. La mayor rentabilidad se alcanza en formación de tiza y pizarrón, con docentes muy mal remunerados. Por ello sus laboratorios, en la mayoría de ellas, son inexistentes o francamente obsoletos.

Por otra parte el “tipo” de profesional que aspiran a formar está sesgado por los intereses de la clase empresarial. Así es como en sus “Visiones” y “Misiones” estas instituciones plantean valores como “competitividad”, “productividad”, “emprendimiento”, etc. Nada hay, como propósito en la formación, en relación con valores humanistas, de solidaridad, de compromiso con la sociedad, entre otros. De hecho, en la mayoría de estas instituciones no se permite la formación de federaciones ni centros estudiantiles, ni menos sindicatos de docentes y personal de apoyo.

El propósito de esta introducción es dar a conocer, de manera inicial, una realidad de la educación superior en Chile que ha estado al margen de la discusión nacional permitiendo la conformación de un verdadero paraíso del lucro, que está causando un daño irreversible en la formación de cientos de miles de jóvenes de nuestro país y, al mismo tiempo, hipotecando un futuro desarrollo nacional que requiere del aporte de trabajadores conscientes, comprometidos y formados en sus especialidades con estándares de calidad. Efectivamente, los estudiantes y docentes de este sector no han formulado petitorios, no están integrados en las movilizaciones estudiantiles y la sociedad en su conjunto no reconoce aquí un problema.

En toda la problemática de la Educación en Chile son los grandes olvidados.

Efectivamente, en los últimos años hemos discutido de enseñanza pre-escolar, escolar y universitaria, pero no de la educación técnica, tanto de nivel medio como superior.

Entonces, el llamado es a cuestionarse esta realidad e incorporar en todo análisis sobre la Educación a este importante sector. Por ejemplo, la oposición que camina a conformar un referente llamado Nueva Mayoría, haciendo eco, y apoyando uno de los principales intereses del movimiento estudiantil, analiza la necesidad de una reforma tributaria para lograr una educación universalmente gratuita y de calidad, sin embargo, a diferencia del sistema universitario- que posee una estructura pública- en la educación técnica de nivel superior no existe una estructura pública-estatal que fortalecer.

¿Puede el Estado financiar educación técnica gratuita y de calidad, en este sector, cuando todos los gestores actuales son negocios privados?

¿Al incorporar la variable educación técnica, el nivel de reforma tributaria es el mismo?

¿Debemos seguir permitiendo este muy neoliberal “laissez faire” en la educación técnica?

¿Qué tipo de estructura nacional queremos para la educación técnica?

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Hasta hoy, la educación técnica de nivel superior fue vista desde una mirada mercadista: el primer programa de gobierno de Bachelet planteaba la necesidad de “incorporarlos plenamente a este esquema de financiamiento, exigiéndole acreditación y vinculando sus planes de estudio a un sistema nacional de acreditación y certificación de competencias”.

Era una mirada con lógica de mercado: al hablar de financiamiento se evita considerar a la educación como un derecho social. Pero, tan grave como lo anterior es el planteamiento de acreditación y certificación de competencias. La “competencia” debe ser entendida, necesariamente, en función de intereses específicos. ¿Entonces competencias para qué y para quiénes?

¿Por qué la mayoría de los programas de formación técnica no incorpora ni considera elementos formativos en aspectos como derechos laborales, solidaridad, participación, desarrollo de pensamiento crítico, entre otros?

Los egresados de carreras de formación técnica de nivel superior (y también media) están siendo formados para satisfacer necesidades específicas de una minoría de la sociedad, de los grandes acumuladores de capital.

Necesitamos revertir la situación. Es cierto que necesitamos un contingente mayor de técnicos de alto nivel, mayor aún que el de egresados de pregrado universitario, pero sus características deben responder a necesidades de la sociedad, deben estar vinculados al desarrollo de ventajas competitivas que sean los pilares de un plan de desarrollo nacional, y  más aún, necesitamos profesionales que sean personas críticas, solidarias y dispuestas a hacer de Chile un mejor país, un país mas justo, un país con mayor igualdad.

Es un paso en el sentido correcto el anuncio de la candidata Bachelet de implementar un Centro de Formación Técnica Público y Nacional, pero se debe avanzar en regulación y fiscalización del resto del universo de CFT e IP´s.

La construcción de un nuevo Estado que impulse un Plan de Desarrollo Nacional que permita terminar con los actuales niveles de desigualdad, pasa también por definir objetivos, planes y estructuras de la formación técnica nacional.

Dejo planteadas estas cuestiones como una forma de invitar a participar en la formulación y respuestas a éstas y otras muchas preguntas que debemos hacernos para avanzar en una nueva educación técnica en nuestro país.

Modelo de desarrollo y Política de Ciencia y Tecnología: Algunas reflexiones a partir del caso brasileño. Manuel Cabezas ; Alexis Cortés

Modelo de desarrollo y Política de Ciencia y Tecnología: Algunas reflexiones a partir del caso brasileño[1]

Manuel Cabezas[2]; Alexis Cortés[3]

El modelo neoliberal instaurado en Chile durante la dictadura militar y administrado por los gobiernos democráticos que la sucedieron ha profundizado la posición subordinada de Chile en la división internacional del trabajo mediante un proceso de desindustrialización de su aparato productivo, de privatización y deschilenización de sus recursos naturales y de privilegio de una estrategia reprimarizada de crecimiento económico. Para usar un término propio de los teóricos de la dependencia de los años 70, el modelo neoliberal, aunque ha mostrado cifras positivas de crecimiento (gracias en gran parte a los buenos precios de los productos primarios que exporta) más que ser una alternativa de desarrollo, ha sido un modelo de subdesarrollo para el país (Gunder Frank, 1973).

La economía de nuestro país, si bien se ha ido diversificando en las últimas décadas, aún depende significativamente de la explotación del Cobre, por lo demás la propia diversificación se ha hecho manteniendo la lógica de explotación de recursos primarios (Vinos, Madera, Salmón y otros minerales) (Cortés, 2012). Chile cuenta con una de las legislaciones más permisivas de explotación de estos recursos, sea desde el punto de vista medioambiental, laboral o tributario. El Estado recolecta mínimamente impuestos, ha cedido sus derechos sobre el sub-suelo a transnacionales y además se ha abstenido de producir marcos regulatorios similares a los países que cuentan con el mismo nivel de riqueza natural. Además, el país ha vivido un retroceso abismante en lo concerniente al desarrollo y producción de tecnología, lo que se expresa de manera patente en la propia producción del Cobre que, gracias a la deschilenización, ha vivido también un proceso de simplificación de su explotación, o sea hemos dejado de vender Cobre Refinado para pasar a vender Cobre Concentrado, lo que requiere menos empleo de tecnología, infraestructura y mano de obra especializada. “En 1990 la producción de refinado de cobre llegó a 86% de la producción total, en 1999 bajó a cerca de 64%”(Caputo, Radrigán, & Galarce, 2003, p. 21).

La clásica división entre países manufactureros y países exportadores de materias primas, es coherente con una división internacional en la que a los primeros les concierne también la producción de conocimiento, mientras que los segundos son simples receptores y reproductores de la ciencia y tecnología generada en el centro. La explotación de recursos naturales generalmente prescinde de estrategias de generación de ciencia y tecnología avanzadas, sin embargo en los países que han iniciado el ejercicio de recuperación de sus recursos naturales, mediante nacionalizaciones como Venezuela, Brasil o Bolivia existe la preocupación de generar tecnología específica para la explotación de los mismos. Lamentablemente Chile ha profundizado su subordinación internacional, pues ni siquiera ha optado por fortalecer la dimensión tecnológica propia de economías extractivistas que buscan darle valor agregado a sus exportaciones, renunciando al refinamiento de la explotación de sus propios recursos. Chile básicamente es un exportador de rocas ricas en minerales.

El desarrollo de una política de Ciencia y Tecnología posee un papel determinante en las posibilidades de éxito de un proyecto de desarrollo que rompa con las características dependientes y subordinadas de un país situado en la periferia del mercado internacional. Sin política de Ciencia y Tecnología no hay desarrollo. Sin duda, la definición de una estrategia de desarrollo implica una serie disputas trabadas en el seno de la sociedad para determinar qué se entiende por tal. Así, si bien existen diversos proyectos de desarrollo susceptibles de ser aplicados, una política de Ciencia y Tecnología sistemática y ambiciosa es condición de posibilidad para cualquiera de ellos.

La investigación realizada por Alice Amsden (2001) sobre los países periféricos (the rest) que adquirieron una experiencia manufacturera suficiente en la producción de determinados productos (bienes de consumo leves, algodón, alimentos, etc.) y que incorporaron desarrollo tecnológico medio y alto en su aparato productivo, muestra que al interior de este grupo de países se produjo una nueva división entre países “compradores” de tecnología y “productores” de tecnología. A pesar de que entre 1950 y 1980 todos los países del “resto” compartían un nivel de industrialización, productividad y fortaleza institucional similar, las exigencias para éstos fueron diferentes a partir de los años 80, donde los requerimientos tecnológicos se volvieron decisivos para la inserción en la economía mundial.chile-brasil

Uno de los contrastes que mejor expresan la distancia entre los países compradores versus los productores de tecnología es la comparación entre Chile y Taiwán, dos miembros de the rest, que a partir de los años 80 verán superado el estadio de relativa igualdad de sus trayectorias de desarrollo. En 1995, el ingreso per cápita de Chile era sólo una fracción del de Taiwán (+- 68%), mientras en 1973, era el ingreso per cápita de Taiwán el que correspondía a una fracción del chileno (73%). ¿Qué fue lo que cambió? Mientras Chile desde 1973 vivió un proceso de desindustrialización y de especialización minera, Taiwán apostó por los productos manufacturados y por la incorporación de un padrón de crecimiento basado en el conocimiento, es decir, mediante la tecnificación de su economía.

¿Cómo realizar esa transición de un país “comprador” de tecnología a uno “productor”? Una posible respuesta a esta interrogante se encuentra en el concepto de “ventanas de oportunidad”. Según Shumpeter (1939), la evolución tecnológica no es un proceso lineal, sino que viene dado por sucesivas revoluciones tecnológicas, e.g: La “Revolución industrial” (desde 1771), la “Era del vapor y ferrocarriles” (desde 1829), la “Era del acero y la electricidad” (desde 1875), la “Era del petróleo y los automóviles” (desde 1908) y finalmente, la actual “Era de la información y las telecomunicaciones” (desde 1971) (para más detalles de esta última revolución tecnológica, ver Perez (2007)). Cada una de estas revoluciones comienza con la introducción de  algún invento o técnica nueva dentro del esquema de producción. En un comienzo este elemento nuevo es resistido por la mayor parte de los agentes productivos, pues estos están imbuidos en los paradigmas del ciclo tecnológico anterior. Una vez superada esta resistencia, el nuevo conjunto de tecnologías gana terreno hasta volverse dominante. Finamente, el potencial de innovación de dichas tecnologías se comienza a agotar, entonces es el momento de que una nueva revolución tecnología haga su aparición.

Cuando un ciclo tecnológico está en su apogeo, es difícil para un país con bajo nivel tecnológico mejorar su posición en el concierto internacional. Todas las iniciativas productivas que envuelvan el uso de dichas tecnologías se verán negativamente afectadas por dicho retraso. Los países más desarrollados lo aventajarán en experiencia, control del mercado, infraestructura instalada, capacitación de los recursos humanos, etc. Es en las primeras etapas de una revolución tecnológica donde los países compradores de tecnología tienen la chance de mejorar su posición. En el cambio de ciclo tecnológico, se crea una “ventana de oportunidad”, donde su desventaja con respecto a los países desarrollados se ve disminuida. De cierto modo, todos los países, incluidos los desarrollados, tienen que adaptarse a los nuevos paradigmas, capacitar a su fuerza productiva, instalar infraestructura, etc.

Con estos antecedentes podemos explicar en buena parte la diferencia entre los casos de Taiwán y Chile. El primero aprovechó la ventana de oportunidad creada por la revolución tecnológica de la “Era de la información”, mientras que Chile seguía un esquema de país exportador de materias primas.

Es importante destacar el papel de las “ciencias puras” en las ventanas de oportunidad. El cambio de ciclo tecnológico, como hemos mencionado anteriormente, deja obsoletos los conocimientos técnicos y los métodos productivos del ciclo anterior, o sea, la “ciencia aplicada”. Si, en nuestra política científica y tecnológica, consideramos inversiones solamente para este tipo de ciencia, estaremos debilitados en el momento de la transición de paradigma tecnológico. Sin embargo, las ciencias puras no caducan (o lo hacen en menor grado), y este tipo de conocimiento sigue otorgando ventajas a los países que los poseen.

 Otro aspecto importante de las ventanas de oportunidad es el papel jugado por el capital financiero.  En la primera etapa de un ciclo tecnológico, la inversión en la nueva tecnología es generalmente una apuesta arriesgada y con resultados inciertos. Luego, son necesarios agentes financieros que estén dispuestos a asumir estos riesgos costeando iniciativas productivas innovadoras. Creemos que en el  caso Chileno, este rol debe ser necesariamente asumido por el Estado, al no contar con agentes privados con dichas características. En Chile, el perfil de nuestros empresarios se identifica con la ganancia inmediata propia de economías extractivistas, una inversión de largo plazo como la ciencia y tecnología sería impensable para este tipo de agentes económicos. Al mismo tiempo, incluso si los hubiera, la decisión estratégica de inversión en el desarrollo tecnológico y científico no puede recaer en empresarios privados sin que con ello se comprometa un proyecto de país que represente un interés público amplio y de grandes mayorías.

Si bien el modelo de desarrollo de ciencia y tecnología de Estados Unidos en la actualidad es bastante descentralizado, continúa en gran medida siendo empujado por el Complejo-Militar-Tecnológico, más de la mitad del presupuesto americano para C&T se destina a defensa. Sin embargo, en su origen fue extremamente centralizado y planificado desde el Estado, teniendo como paradigma el Proyecto Manhattan que culminó con la construcción de la Bomba Atómica. Este modelo sirvió de inspiración a varios países, como Francia e incluso Brasil, que concibieron el desarrollo tecnológico como un componente estratégico de sus políticas de Defensa.

Precisamente, es este último país el que hemos escogido para detenernos en su trayectoria y rescatar algunas lecciones que sean útiles para el debate que actualmente se realiza en Chile. Brasil se ha convertido recientemente en la sexta economía del globo y su posición semi-periférica ha llamado la atención del mundo en el último tiempo. No creemos que Brasil pueda ser un modelo para Chile, sus dimensiones continentales abren una brecha que hace difícil tomarlo como un ejemplo factible de replicar, además es un país que no ha superado el sub-desarrollo ni su dependencia, sin embargo posee un proyecto de superación de la misma con bastantes bemoles. No obstante, en ese camino, ha sido capaz de elaborar diversas políticas que no dejan de ser interesantes para un país como el nuestro, pues su apuesta ha sido bastante heterodoxa en relación al consenso de Washington, a diferencia de nuestro país, y ha sido capaz de levantar una política de ciencia y tecnología, así como una institucionalidad académica y científica que se han vuelto referencias para el continente (Mourão, 2011).

La Institucionalidad Académica y Científica Brasileña

El proceso de colonización portugués no se caracterizó por el estímulo académico, cuando Brasil declaró su independencia no existía ninguna institución de educación superior comparable a las que dejó la colonización española (ej. Universidad de San Marcos). La institucionalidad universitaria brasileña es reciente, pese a ello sus universidades públicas se han encumbrado entre las mejores del continente. La Universidade de São Paulo, que disputa con la UNAM la posición de la mejor universidad latinoamericana, fue fundada en 1934; la Universidade Estadual de Campinas (UNICAMP), considerada la segunda mejor universidad de Brasil, fue creada apenas en la década del ’60.

Otras universidades públicas de carácter federal también marcan presencia sistemática en los rankings internacionales, la UFRJ, UFMG, UFRGS, UnB. Todas ellas universidades públicas y gratuitas. En este punto, un contraste necesario a realizar con nuestra realidad es que la Universidad Pública ha encontrado en Brasil un espacio propicio para su desarrollo y consolidación. Quizás lo que más marca una diferencia con Chile es el dispar tratamiento que estas instituciones recibieron durante las respectivas dictaduras militares. Mientras en Chile la orientación neoliberal del proyecto refundacional de los militares mermó y cercenó las universidades públicas, fomentando lógicas privatistas y mercantiles; en Brasil, el carácter nacionalista de su dictadura llevó a que los militares otorgaran a las universidades dependientes del Estado un papel estratégico en su proyecto de desarrollo.

Ya en democracia, varios fueron los esfuerzos tendientes a profesionalizar y asegurar niveles elevados de calidad en el ámbito universitario. Probablemente el más destacado sea la opción pública por formar prioritariamente a sus cuadros académicos dentro del propio país. De esta manera, la mayor parte de los Masters y Doctores de Brasil son formados por sus propias universidades, dejando la formación plena en el exterior apenas para ámbitos de conocimiento insuficientemente desarrollados en su territorio. Además, todos los cargos y roles en las universidades públicas son definidos mediante concursos públicos, incluso los profesores substitutos. Una vez aprobados en ellos, todos los funcionarios, incluyendo los profesores, inician una carrera funcionaria que combina criterios de antigüedad y productividad con estabilidad laboral.

Chile en los últimos años ha realizado un esfuerzo notable de “formación de Capital Humano Avanzado” enviando como nunca antes a un gran número de investigadores chilenos a realizar estudios de post-grados en los países centrales (despreciando a las academias de la periferia). Hoy la pregunta es qué hacer con el retorno masivo de doctores a un medio académico y universitario poco desarrollado y precario. A nuestro juicio, sería un buen momento para aprovechar esta oportunidad no sólo para fortalecer el Sistema Nacional de Educación Superior, sino que particularmente para iniciar la apuesta de conformación de un sistema de post-grado local que permita la valorización de los nuevos cuadros científicos que retornan y de la naciente red de post-grados existente en Chile. Esto no quiere decir que debamos cerrar nuestras fronteras académicas, Brasil, por ejemplo, continúa enviando doctorantes a realizar estudios plenos en el extranjero en áreas estratégicas o no contempladas por su sistema nacional, priorizando la realización de estadías parciales de sus post-graduantes.

Ahora bien, la decisión anteriormente descrita de formar a sus doctores en casa no hubiese sido posible sin la generación de un sistema de becas de amplio alcance. En la actualidad, todos los programas de post-grado reconocidos por las agencias gubernamentales reciben una cantidad determinada de becas dependiendo de su evaluación en el organismo público competente (CAPES) y realizadas por un comité de especialistas representantes de los investigadores. Además de las becas otorgadas por el gobierno federal (CAPES y CNPq), los gobiernos estaduales también entregan un cierto número de becas a los programas de posgrado. Esto permite que la mayor parte de los estudiantes de post-grado puedan dedicarse exclusivamente al desarrollo de sus tesis, lo que también se facilita por la ausencia de aranceles en las universidades públicas. Es más, en el áreas de las Ciencias Sociales, incluso las privadas no cobran a sus alumnos por realizar algunos de sus cursos de post-grado, lo que en buena parte se explica, porque en Brasil para que una Universidad sea reconocida por el Estado como tal necesita poseer programas de post-grado registrados en diferentes ámbitos del conocimiento y porque a estas alturas ya se encuentra incorporada la idea en el sistema de que la realización de un post-grado, más que una ganancia de recursos personales, es una forma de desarrollo nacional, haciendo innecesaria ese tipo de vigilancia.

Fuera de lo ya mencionado, existen las “becas sándwiches” para fomentar el intercambio académico internacional. Con esta beca, el postgraduante matriculado en Brasil realiza una estadía de entre 4 y 12 meses en un programa fuera del país. También, para atraer a estudiantes latinoamericanos y africanos, existen las becas de cooperación regional PEC-PG[4] que financian la estadía de estos profesionales. Vale notar que todas estas becas no exigen ningún tipo de retribución laboral dentro del país, siendo demandado sólo que la tesis sea defendida, pues se parte del supuesto que ella es un aporte compensatorio suficiente para el desarrollo del conocimiento en el país.

A pesar de la existencia de este sistema de becas, la gran cantidad de programas de post-grado existentes en el país exige también la presencia de un sistema de evaluación que permita distribuir las mismas, así como otros recursos públicos, con criterios normalizados. El sistema de notas CAPES[5] que evalúa periódicamente los programas de post-grado se alimenta de una serie de recursos que permiten medir la producción de los diferentes cursos. De entre ellos los que más destacan son: la plataforma lattes[6], base de datos que registra a todos los investigadores de Brasil y que padroniza sus curriculums, y la nota qualis[7] para publicaciones académicas, sistema de evaluación de la producción de revistas académicas y libros. Lo curioso de este último instrumento es que cada artículo de un profesor o estudiante de post-grado recibe una nota, no por la calidad del escrito, sino más bien, por las características de la revista en la que publicó (periodicidad, inserción internacional, exogamia, indexación, etc.). Vale consignar que estas notas son otorgadas por comisiones constituidas por miembros de la comunidad científica en cada área que es evaluada.

Todos estos factores han contribuido también a la formación de un mercado editorial profuso. Las revistas científicas brasileñas han alcanzado un nivel bastante elevado en el concierto latinoamericano, lo que se ha reflejado en un aporte fundamental para el desarrollo del proyecto Scielo. Tanto las publicaciones consolidadas con las revistas que están emergiendo pueden acceder a financiamiento de apoyo diferenciados tanto en las agencias federales como en las estaduales, lo que ha permitido fortalecer una política de acceso abierto a las publicaciones que contrasta con la tendencia global a la privatización del conocimiento.

Por otro lado, Brasil posee un amplio sistema de becas de post-doctorado, como una forma de darle continuidad a la carrera científica de los investigadores recién doctorados. Éste se ha entendido, en la práctica, como la transición natural entre el doctorado y el trabajo académico. Asignando un salario similar al de un profesor de universidad pública en comienzo de carrera, esta instancia se ha transformado en la mejor opción para que un joven Doctor aguarde la realización de un concurso público que coincida con su perfil, pues generalmente el post-doctorado contempla una carga docente, compatible con  la investigación.  De esta manera, una vez terminado el post-doctorado, el investigador cuenta con experiencia académica que muchas veces es gravitante  a la hora de obtener un puesto en una universidad o centro de investigación.

En el ámbito de la investigación, existen diversas fuentes de financiamiento público para la pesquisa científica. El Ministerio de Educación posee la agencia de Coordinación del Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (CAPES), orientada a la formación de Capital Humano en términos generales. Mientras que el Ministerio de la Ciencia, Tecnología e Innovación administra el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), destinado a programas de excelencia y estratégicos. Los recursos se distribuyen tanto por la calidad de los proyectos como por la trayectoria productiva de los investigadores, carrera que puede comenzar tempranamente con las “becas de iniciación científica” otorgadas a alumnos destacados de pre-grado asociados a núcleos de investigación registrados en las agencias de fomento públicas.educacion

También en lo referente a la academia, cabe destacar la relevancia que ha tenido la sociedad civil en la creación y gestión de algunos de los más importantes centros de investigación brasileños. Es el caso del Centro Brasileiro de  Pesquisas Físicas (CBPF). Este fue fundado en 1949 como una sociedad civil y entre cuyos miembros se contaban científicos, políticos, militares, empresarios, etc. El CBPF, desde  su creación, ha sido pionero en el desarrollo de la ciencia en Brasil. Fue responsable de la creación del primer programa de post-grado en física en el país y su historia  está relacionada con  la creación del Consejo  Nacional de desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), del Laboratorio Nacional de Computación Científica (LNCC), del Laboratorio  Nacional  de Luz Sincrotrón (LNLS) y del Centro Latinoamericano de Física (CLAF). También en el CBPF se funda otro centro de investigación de  excelencia, el Instituto  Nacional de Matemática Pura e Aplicada (IMPA).  El IMPA fue fundado en 1952 como la primera unidad de investigación creada por el Conselho Nacional de Pesquisas (CNPq). A pesar de sus  comienzos humildes (inicialmente estaba confinado a una oficina del edificio del CBPF), es, hoy en día, uno de los más importantes centros de investigación  matemática en Latinoamérica. El órgano máximo del IMPA es su consejo de administración que está constituido por diez miembros, de los cuales 3 son representantes de los ministerios, 2 son representantes de sociedades científicas, 2 son investigadores de la propia institución, 2 son profesionales del área científica externos a la institución y, finalmente, hay un representante de la Federación de Industrias de Rio de Janeiro (FIRJAN).  Analizando la constitución del consejo,  constatamos una  amplia representación del mundo científico (6 miembros), mayor aún que la del estado  (3 miembros) y el sector privado (1 miembro).

Hasta ahora hemos comunicado elementos de la institucionalidad Brasileña que conciernen principalmente a la investigación y a la academia. En lo que respecta a  innovación y tecnología, destacamos los llamados fundos setoriais (fondos sectoriales), bajo responsabilidad de la Agencia Brasileña de Innovación, la FINEP.   Esta iniciativa se remonta a 1997, con la  aprobación de una ley que establece que una parte de los royalties de la extracción del petróleo y del gas deben ser destinados a financiar la investigación científica y el desarrollo tecnológico  aplicados a la industria del petróleo. Los recurso deberían ser administrados por un comité con presencia del estado, de los actores privados y de la comunidad científica. Nacía así el “Plan nacional de Ciencia  y  Tecnología del sector Petróleo y gas natural (CT-Petro)”. Una de las directrices del CT-Petro fue estimular la cooperación entre los centros de investigación, universidades y empresas. Estas últimas se encuentran impedidas de reducir sus niveles habituales de inversión en investigación, mediante la substitución por los del CT-Petro.  Los instrumentos que el plan considera para lograr sus objetivos son, la calificación de recursos humanos, el apoyo a la investigación y el incentivo a la innovación.  El éxito de esta iniciativa puede ser calificado de extraordinario. En los últimos años Brasil se transformó en un líder en la exploración en aguas profundas y alcanzó la ansiada autosuficiencia en la producción de petróleo.

Los buenos resultados hicieron del CT-Petro un modelo a replicar en otras áreas. Se crearon entonces los mencionados fundos setoriais. En este momento existen 16 fundos setoriais, abarcando áreas como: Agronomía, Biotecnología, Energía, Tecnología Espacial, Hidrología, Informática, Minería, Salud, etc. La creación de un fundo se estructura mediante la definición de un mecanismo de financiamiento, el nombramiento de un comité gestor con presencia del estado y de la sociedad, la creación de un aparato  legal e institucional para el funcionamiento del programa y la estructuración de las normas y área de acción programa. En suma, los fundos setoriais ofrecen una herramienta institucional que ofrece financiamiento estable y estimula la cooperación entre el estado, el sector privado y la comunidad científica.

De manera resumida, existe una tríada institucional en la política de C&T brasileña basada en FINEP-CNPq-CAPES que permite la especialización funcional de cada una de las agencias, fomentando dimensiones diferentes del desarrollo científico y tecnológico local.

Conclusiones

La experiencia Brasileña, con sus luces y sombras, ofrece elementos que parecen ser dignos de ser tomados en consideración por Chile. Ningún país puede (intentar) superar su condición estructural de dependencia sin desarrollar una política de Ciencia y tecnología, así como una institucionalidad universitaria pública amplia, inclusiva, ambiciosa y de largo plazo.

La refundación de nuestro sistema universitario, en ese sentido, se muestra como una de las tareas urgentes. Afortunadamente las recientes movilizaciones del mundo educacional, notablemente de los estudiantes, ha permitido cuestionar desde la raíz el actual sistema educacional, particularmente el universitario, por su sometimiento a criterios mercantiles, situación que ha profundizado nuestra subordinación en términos de producción de conocimiento.

 Ahora bien, la reciente propuesta proveniente del Ministerio de Economía de trasladar CONICYT, nuestra principal agencia de desarrollo científico, a la cartera de economía muestra que si bien los estudiantes han abierto una brecha para enmendar el camino, los sectores neoliberales no perderán oportunidad para profundizar aún más las lógicas mercantiles que han guiado nuestra institucionalidad científica y educacional. Aunque es probable que esta propuesta finalmente no se implemente, en gran medida gracias a la presión del mundo científico, es un buen indicio de cómo se puede retroceder fácilmente en materia científica. El argumento esgrimido por parte del Ministerio para trasladar CONICYT fue la necesidad de que esta institución acompañe más de cerca el desarrollo productivo de nuestra economía. ¿Es esto negativo en sí mismo? Cuando se trata de una economía reprimarizada y compradora de tecnología, no puede sino significar amplificar nuestra subordinación en el concierto internacional. Al mismo tiempo, amenaza nuestra precaria institucionalidad científica ya existente, pues le quitaría autonomía a la comunidad para determinar sus propios criterios de desarrollo, perjudicando también a las disciplinas más alejadas de nuestro quehacer productivo (Cobre, Frutas y Madera), con el agravante de que criterios cortoplacistas típicos del mercado colonicen aún más áreas que deben ser guiadas por orientaciones de largo plazo.

El ejemplo brasileño muestra que es posible combinar una institucionalidad científica con altos grados de autonomía académica, definición de criterios estratégicos públicos y apoyo al desarrollo productivo en un país periférico. De hecho, como iniciativa a mediano plazo, la aplicación de un esquema de fondos sectoriales en áreas estratégicas, como la industria del cobre, Litio o energía satisfaría la inquietud del Ministerio sin comprometer los recursos y las institucionalidades ya existentes en el área científica. Sin embargo, la aplicación de un esquema similar al de los fondos sectoriales no puede ir en desmedro del financiamiento de las ciencias puras o de las menos “aplicadas”. La definición por parte del Estado de áreas estratégicas no puede significar la eliminación o la disminución de recursos para otras áreas. Lo lógico sería la creación de agencias específicas encargadas de fomentar la investigación en áreas definidas como más sensibles para los intereses nacionales, no necesariamente el reemplazo o el traslado de las ya existentes.

La creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología para que coordine esta refundación institucional surge una propuesta también urgente, siendo recogida incluso por la Comisión Asesora Presidencial para el estudio de la Institucionalidad de la Ciencia, Tecnología e Innovación (2013), aunque por razones equivocadas. Para está Comisión el gran problema de la institucionalidad científica chilena es la ausencia de una adecuada coordinación de los diferentes esfuerzos dirigidos a generar ciencia, tecnología e innovación. Tal como hemos afirmado en este documento, el principal problema de Chile en esta materia es que carece de una política estratégica de Ciencia y Tecnología, obviamente la centralización de esfuerzos que un Ministerio podría ofrecer mejoraría eventualmente la coordinación del sistema, pero: ¿Coordinación en función de cuáles objetivos? Esa es la principal materia pendiente.

La propia Comisión se aproxima tangencialmente a esta problemática cuando propone la conformación de un Consejo Superior de Ciencia, Tecnología e Innovación con presencia del Mundo Público y Mundo Privado. Ahora bien, ¿qué entienden por mundo público y mundo privado? Por el tenor del informe, es claro que con público se refieren al Estado y con privado restrictamente hacen referencia al mundo empresarial, pero ¿dónde queda la sociedad civil? Y más importante aún, ¿dónde quedan las sociedades científicas? La definición de una política de ciencia y tecnología para el desarrollo del país es una tarea de la sociedad en su conjunto, no únicamente de los representantes del Estado y de los empresarios y en la que le cabe un papel protagónico al mundo científico. La elaboración de esta debe ser una tarea tripartita entre: el Estado, la sociedad civil y el mundo académico. Cabiéndole un papel preponderante a este último, en países como Francia el equivalente de Consejo cuenta con un 2/3 de sus miembros adscritos a las Sociedades Científicas, las que eligen sus representantes de manera amplia y democrática entre los científicos y académicos registrados en el país y por un período que supera el mandato presidencial para no comprometer las definiciones a largo plazo que le caben.

Corresponde al mundo universitario y a la sociedad en general iniciar un amplio debate sobre el modelo de desarrollo al que aspiramos. El papel de la Universidad en ese marco no es secundario, ella debería ser la conciencia crítica de la nación. El desarrollo del país no es un tópico exclusivo de alguna disciplina, le concierne a toda la comunidad universitaria y si ésta no asume como propio este debate, estaremos condenados a seguir perpetuando nuestra actual posición en la división internacional de producción de conocimiento en la que nos cabe un papel subordinado.

Referencias

Amsden, Alice. (2001). The Rise of “The Rest”: Challenges to the West from Late-Industrializing Economies. Oxford: Oxford University Press.

Caputo, Orlando, Radrigán, Juan, & Galarce, Graciela. (2003). Manifiesto del cobre: el cobre es chileno y debe ser explotado en beneficio de los chilenos. Chiapas(15).

Comisión Asesora Presindencial Institucionalidad Ciencia, Tecnología e Innovación. (2013). Informe Final (pp. 1-18). Santiago.

Cortés, Alexis. (2012). La Reprimarización del Modelo de Desarrollo Chileno. Oikos (Rio de Janeiro), 11(1), 63-86.

Gunder Frank, André. (1973). Capitalismo y subdesarrollo en América Latina. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.

Mourão, Victor. (2011). Variedades do Capitalismo, Sistemas de Inovação e a Política de Ciência, Tecnologia e Inovação no Brasil. Ponto de Vista(9), 1-35.


[1] Los autores agradecen los comentarios y observaciones de Rolando Rebolledo y Cristóbal Villalobos. Particularmente inestimables fueron los diálogos con el sociólogo Victor Mourão, quien precisamente ha hecho de la política de Ciencia, Tecnología e Innovación en Brasil el objeto de su tesis doctoral. Aunque es claro, los posibles errores de este manuscrito son de exclusiva responsabilidad de los autores.

[2] Posdoctorante en Matemáticas en el Instituto Nacional de Matemática Pura e Aplicada (IMPA) y becario CNPq .

[3] Doctorante en Sociología por Instituto de Estudos Sociais e Políticos (IESP-UERJ) y becario CNPq.

Gramsci, la experiencia de una lectura. Osvaldo Fernández Díaz

HAY DOS GRAMSCI
Aun hoy, cuando las ediciones de la obra Gramsci se suceden y que el conocimiento del pensador marxista italiano se ha hecho mundial, se puede decir que hay dos Gramsci. El hombre público, y el prisionero de la cárcel fascista. El primero comprende el itinerario de su vida que va desde su nacimiento en Cerdeña, su formación universitaria, intelectual y política en Torino, en donde se impregna de la cultura que emanaba de los consejos de fábrica, y se hace socialista, junto a Bordiga, participa del grupo que funda el Partido comunista italiano en el congreso de Livorno en enero de 1921. Intelectual marxista de primera línea, principal animador del Ordine nuovo, figura pública de la escena política italiana, llega a ser diputado comunista italiano y secretario general del partido. Intransigente luchador antifascista,  hasta tal punto que por eso mismo, aun siendo diputado, y pese a la inmunidad que tal cargo le otorgaba, fue encarcelado en 1926. Con esta medida Mussolini intentó lanzarlo al olvido, y silenciar a un peligroso oponente. Pero no solo se propusieron impedir que actuara políticamente, sino, como lo dijo el propio juez que lo condena, impedir que pensara. Pero paradójicamente este hombre, encarcelado y silenciado, es el Gramsci que más conocemos; el que suscitó las grandes polémicas durante los años sesenta y setenta; el Gramsci que se lee y estudia en primer lugar, el que ha influido en alternativas políticas internacionales, el que ha llegado a las aulas universitarias, y cuya obra se ha traducido a casi todos los idiomas, editándose en casi todo el mundo. Es, digámoslo nosotros, el Gramsci que se ha estudiado y estudia en universidades chilenas.
Gramsci
LOS CUADERNOS Y LA ESTRATEGIA DE UNA ESCRITURA
Una vez en la cárcel, se le permitió leer, pero se le impide escribir hasta 1929. Agobiado y ya enfermo, como una manera de escapar mentalmente a la prisión, comienza a escribir, y estudiar. Los cuadernos que comienza a llenar de notas desde que cae en la cárcel fascista, no sólo constituyen la bitácora de sus lecturas, sino también la experiencia de una estrategia de escritura que llamó “fur ewig”. La escritura de los cuadernos va a ser la escapatoria a aquella sentencia del juez fascista, que decía: «hay que impedir que este hombre piense». Si en las cartas que escribe, sobre todo las que le envía a su mujer, fueron el lugar expresar la pasión y el sentimiento y “el mal de ausencia”; los cuadernos los reserva para la razón y la crítica, transformándolos en el lugar en que se va a producir un pensamiento nuevo en materia política; un pensamiento crítico y abierto en el plano del marxismo. La expresión “fur ewig”, se refiere no sólo al grado de abstracción en que va a sostener la reflexión, sino también la libertad que va a procurar para abordar una temática que nuevamente comenzaba a cerrarse después de la muerte de Lenin, con la aparición de Cuestiones del leninismo de Stalin. El texto al que vapulea es el manual de Bujarin, pero lo que dice a propósito del ensayo popular constituye una crítica avant la lettre[1]  de la codificación estalinista que por los años treinta se estaba forjando del pensamiento de Marx y Lenin.
La obra de este segundo Gramsci tiene sus dificultades específicas que provienen de la naturaleza misma de las notas que diariamente y medida de sus lecturas iba consignando en  cuadernos escolares, durante sus años de prisión. Conforme a un plan, a medida que leía iba reflexionando sobre temas, problemas e inquietudes que surgían de esas lecturas. Por eso puede decirse que la estrategia de escritura que revelan sus notas, son también la estrategia del pensamiento que allí se estaba produciendo. En el transcurso de esta experiencia seguió un ritual preciso que consistía en releer lo escrito corregirlo y revisarlo ampliándolo, juntando las distintas reflexiones hasta aproximarse a verdaderos ensayos.
Lo otro que habría que tener en cuenta y que explica en parte el hermetismo que adquiere a ratos su lenguaje, es que tenía que burlar la vigilancia del carcelero. Cuando recién comencé a frecuentar los escritos de Gramsci me había imaginado que “burlar al carcelero” eran tácticas de precaución en vistas a una revisión ocasional que pudiera haber de sus escritos. Pero el control, en realidad fue mucho más severo, pues para ver lo que él estaba escribiendo, se le quitaban los cuadernos durante noche para que el encargado de la censura los revisara. devolviéndoselos en la mañana. O sea había una revisión o por lo menos una amenaza de revisión constante. Esto explica, en gran parte, que el lenguaje de Gramsci, sea a veces, un lenguaje elusivo, un poco complicado por su hermetismo, o por las metáforas y figuras con que disfrazaba las referencias. Pero no sólo los términos sino a veces también la misma elaboración quedaban marcados por esta continua precaución.
Pero lo más importante de todo es la forma que esta escritura, “für ewig”[2] como él mismo la llamó, iba asumiendo. Como Marx, también Gramsci le dio particular importancia al orden de la exposición. En sus notas sobre Maquiavelo, por ejemplo, comienza, justamente  por el libro, es decir por la novedad de la forma, que adopta Maquiavelo para exponer, por primera vez, la política en su autonomía. Tampoco para Gramsci la exposición es un simple ordenamiento de lo investigado y conocido. Mediante la exposición se avanza; se va hacia dimensiones desconocidas en la materia a tratar, pues se intenta hacer hablar “a la cosa misma”. Gramsci percibió en la forma adoptada por El Príncipe, la apertura de un espacio propio de la política. De una lógica propia que la independizaba de cualquier otra disciplina. Esto lo trató también en otros dominios. Por eso exploró sistemáticamente rutina marxista, introduciendo siempre en ella una óptica diferente, perturbando lo consabido; probando alternativas, otras maneras de ver aquello que aparecía, una y otra vez como lo mismo. Esto era lo que se iba gestando en aquellas notas que llenaban cuadernos, en donde se producía un pensamiento libre, tanto de la urgencia, como de la contingencia. Esta fue la estrategia inherente a la fórmula “fur ewig”. Un pensamiento que avanza a través de alternativas, interrogantes, o dudas, más que por afirmaciones o principios definitivos. Sobre todo cundo la reflexión proviene de alguien, que como Antonio Gramsci, se definía antes que nada como político.
LA CARCEL FASCISTA, Y LAS PUBLICACIONES DE LOS CUADERNOS
Hay tres momentos en la aparición de la obra de un autor; el de la redacción, el de la publicación y el de la recepción. En autores tales como Marx y Gramsci, estos tres momentos se han distanciado suscitando graves problemas de lectura. Además, hay que considerar que también en el caso de Gramsci se trata de manuscritos, no destinados a la publicación, más bien de materiales preparatorios, acerca de los cuales debiera usarse el mismo rigor que el recomendaba a propósito de la obra de Marx.
gramsci1
Gramsci sale de la cárcel en 1937 solo para morir.  Es entonces que Tatiana Schucht la cuñada de Gramsci recoge los 33 cuadernos y se los lleva a Moscú, en donde le fueron entregados a Palmiro Togliatti, entonces secretario del Partido comunista italiano, quien los viene a publicar en 1947. Sobre esta tardanza de 10 años hay una serie de versiones negras y blancas al respecto  la cosa es que aparecen publicados por la editorial Einaudi bajo el cuidado de Giulio Einaudi, quien agrupa las notas por temas inspirado en agrupaciones qu el propio Gramsci había hecho en los últimos cuadernos, pero realizando toda la edición bajo este criterio esta primera edición aparece en 6 volúmenes entre 1948 y 1954.
Sólo en 1975 aparece una edición cronológica, crítica y completa de los 33 cuadernos editada por el  Instituto Gramsci de Roma, en cuatro volúmenes de los cuales el cuarto contiene todo el aparataje crítico. Esta edición fue preparada bajo el cuidado de Valentino Gerratana. La traducción al español de esta segunda edición se debe a Dora Kanoussi, y se editó por la editorial Era, en México, en seis volúmenes.
GRAMSCI EN CHILE
La primera traducción que sigue la forma adoptada por Einaudi, fue la que anima Hector Agosti en Argentina a fines de los años cincuenta, por la editorial Lautaro. Fue la primera traducción de Gramsci que se conoce. En ella participan buena parte de los que posteriormente han nsido llamados los “gramscinos argentinos, cuya principal figura es José Arico. Es la traducción que leímos y la que usamos para esta antología que se editó por primer vez en 1972.
Éramos un grupo de jóvenes universitarios, militantes comunistas, los que leímos en ese momento a Gramsci. Para mí fue un impacto decisivo; una lectura que marcó no solo mi manera de pensar sino cómo pasé a entender la práctica política desde entonces. Eran los tiempos en que comenzaba en Chile un nuevo proceso de acumulación de fuerzas tanto políticas como sociales que habría de culminar en el gobierno de Salvador Allende. Si bien el impacto Gramsci quedó circunscrito en este ámbito político preciso, fue fuente de inspiración de varias iniciativas que abarcan la década de los sesenta como por ejemplo, el diálogo cristiano marxista; las jornadas del pensamiento marxista o la creación del Instituto de investigaciones marxistas. Podríamos decir que eran los comienzos de una recepción de la obra de Gramsci  en Chile. En 1987se llevó a cabo en Chile un Simposium internacional en torno  la obra de Gramsci Este fue  un anticipo de la democracia.
Más tarde, a comienzos de los años setenta surgió la iniciativa de una antología que corresponde al volumen que ustedes tienen en mano. Esta fue una aventura personal, gracias a la ide y el estímulo de Hernán Loyola, importante nerudiano chileno, quien se había propuesto crear, enla Editorial Nascimento, una colección popular dedicada a los debates que habían animado teóricamente la década de los sesenta en América Latina y Europa. Se proyecto la antología sobren Gramsci, y algo también sobre los manuscritos juveniles de Marx, probablemente los Manuscritos económicos filosóficos de 1844. Pero como ya habían aparecido los Manuscritos del 44 en una edición de la editorial Austral chilena, se decidió comenzar con la antología de Gramsci.
 Es en este tiempo que comienza a hacerse presente el pensamiento de Antonio Gramsci en América Latina. Carlos Nelson Coutinho atestigua que Gramsci llega al Brasil a comienzo de los años sesenta. Se le conocía por su martirio en la cárcel fascista, peero hasta los años sesenta nadie lo había leído realmente. Es entonces, a comienzos de los años 60 del siglo pasado, que Antonio Gramsci pasa a constituir un capítulo en el desarrollo de las ideas marxistas en América latina. Gramsci, después Althusser y ahora Mariátegui, son lecturas que continúan desde entonces gravitando en el pensamiento político latinoamericano.
 Notas:
[1] Antes de tiempo
[2]Para siempre

Propuesta de avance para superar el conflicto estudiantil

GRUPO DIALOGA PUCV

 

Propuesta de avance para superar el conflicto estudiantil

 

La principal motivación para formular esta propuesta tiene su raíz en una concepción de universidad que se construye día a día. Debemos avanzar hacia la recomposición de los factores integrantes del rol universitario.

El conflicto estudiantil que hoy presenciamos obedece a problemas no superados desde hace ya varios años, pero es el 2011 el momento que éste adquiere una clara definición política. Probablemente, en algunas semanas o meses más, la normalidad académica alcanzará un nivel razonable, pero no habiéndose resuelto las causas del conflicto, éste se reactivará en futuros períodos, y así sucesivamente. Esta modalidad provoca que la Universidad, en cualquiera de sus diversos significados, no pueda funcionar, provocando el deterioro de la institución en su conjunto, pero afectando también a cada uno de los estamentos que la conforman.

Pensamos que la democracia debe ser un valor inherente a la Universidad, aunque  independientemente de ello, reconocemos que, en cierto sentido,  existen buenas universidades en el mundo sin este carácter democrático. No obstante, para la superación del conflicto que nos aqueja este esquema resulta extremadamente no recomendable.

Las causas del problema, pasando por la forma existente de financiamiento universitario y la existencia de casas de estudios de educación superior sin un sentido de desarrollo nacional, nos conduce a la conclusión que el problema debemos abordarlo en unidad y con la participación de todos y cada uno de los integrantes de la comunidad universitaria. En la actualidad, ninguno de ellos participa orgánicamente en la discusión del problema. Por el contrario, pareciera que esta situación compete solo a Federación y Rectoría. El diálogo, a veces inexistente, está restringido a estas dos instancias, con lo cual ganan las pretensiones del modelo económico y pierde la Universidad, incluido los intereses de cada uno de los estamentos. En este sentido, no solo el trabajo académico está siendo afectado, sino que también una importante merma económica podría alcanzar, incluso, a las personas.

La Universidad no puede ni debe dar esta ventaja a la amenaza exterior. Debemos enfrentarla unidos, discutiendo las distintas fórmulas de solución e incluyendo, de manera franca, las diversas posiciones existentes.

Por lo expresado, urge un llamado a un diálogo transversal, convocada por la autoridad universitaria. La participación en esta discusión debiera tener el carácter más amplio posible, convocando a cada uno de los miembros que integran la PUCV a superar la adversidad mediante la discusión y propuestas que nos permitan fortalecer nuestra comunidad.

Probablemente, este llamado a la participación y unidad no resolverá el conflicto de una sola vez, pero sin duda permitirá enfrentar, de mejor manera, amenazas exteriores que están destruyendo la Educación Pública.

 

Valparaíso, 8 de julio de 2013.

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