Editorial (CdE nº49)

La Universidad que queremos

Reflexionar, pensar y disputar el sentido de la Universidad en nuestro país, significa enfrentar un desafío de enormes dimensiones. La Universidad, esa institución que ha estado presente en nuestra historia, fue pensada bajo el alero del Estado, en una relación eminentemente forjadora de aquel, y, por tanto, tiene una clara dimensión modeladora de realidades, un espacio donde las clases dirigentes han predominado en su dirección política y moral generando y cooptando las elites intelectuales de este país.

Por tanto, plantearnos la disputa sobre la universidad pública que queremos, para la sociedad que pretendemos desarrollar centrada en la equidad social de todos los habitantes, es así como se convierte en asunto de gran relevancia que pone en evidencia una serie de tensiones que develan un mundo de exclusiones que día a día se van acentuando, producto de un sistema de acumulación económica que ha mercantilizado al extremo las relaciones humanas y por consiguiente, los sistemas educativos.

Pensamos que la universidad en sus múltiples dimensiones, a saber, la investigación, la extensión, la docencia, debe plantearse como el centro de las preocupaciones sociales, culturales y económicas para desarrollar masa crítica para pensar nuestra sociedad. El estudio y la docencia, centrados en el proceso de formación educativa, serían elementos que conforman, junto a la investigación y su relación con la sociedad, un motor que articule volver a pensar y disputar los sentidos políticos y sociales de nuestro país.

Para retomar tal sentido, se debería organizar el derecho a la autonomía universitaria en su sentido más profundo y no en su actual sentido declarativo que en el fondo no permite decidir nada sin la intervención de políticas que nacen fuera de las universidades. Docentes, estudiantes y trabajadores de dichas instituciones son el conjunto de actores que desarrollan sus funciones y dan sentido a la comunidad universitaria, convirtiéndola en uno de los escenarios privilegiados del pensamiento crítico, de la ciencia y de la cultura, que, desarrollados a lo largo de años, están disponibles para convertirse en motor de nuevas posibilidades, para buscar y proponer bienestar y justicia social. La pregunta central si este sentido de universidad se puede volver a retomar.

En ese sentido, la universidad ejerce su función a través de la educación, la investigación y la extensión universitaria, con claras finalidades democráticas que se ponen al servicio del desarrollo económico y social de un país. La cuestión que pensamos es: ¿Desde qué modelo de relación entre universidad y sociedad han de entenderse y desarrollarse estas funciones? Existen pocas voces que ponen en el centro de la discusión actual que la Universidad ha de estar al servicio de la sociedad. Sin embargo, ¿a qué intereses sociales debe servir? ¿o en otro sentido la universidad actual a que intereses sirve? Dichas interrogantes colocan en el centro la discusión sobre el país que hemos construido.

Por esta razón la universidad tiene una gran responsabilidad: pensar los problemas económicos, socioambientales, sociales, culturales, entre otros. Ante esto, se lideran procesos de reforma para construir una universidad para un mundo mejor. Sin embargo, las reformas que se aplican hoy en esta institución, unidas a los procesos de modernización y burocratización tecnocráticas, están orientadas por las necesidades del mercado, a través de las mismas propuestas e ideas que lideran la globalización capitalista en su expresión neoliberal, donde desarrollan un tipo de modelo universitario que prioriza procedimientos estandarizados para el modelo neoliberal más que procesos críticos de aquel. Creemos que este modelo mercantil no debería presidir las relaciones de la universidad consigo misma y con la comunidad y que provoca nefastas consecuencias sociales, exclusión degradación socioambiental, pobreza y sobre todo una sociedad que cada vez busca salidas autoritarias de tintes políticos de un fascismo de nuevo tipo.

Entendemos la universidad como una institución social; en cada sociedad y en cada época ha tenido funciones diferentes según sean los caracteres de las fuerzas que en ellas prevalezcan y las orientaciones que ellas posean. En la actualidad chilena, como resultado de muy particulares características del proceso económico social de nuestro país, las funciones universitarias pueden ser variadas, tan ricas en contenido, proyecciones y matices, pero al mismo tiempo los procesos de modernización llevados a cabo en los últimos treinta años han provocado centralización política de decisiones en cuanto a formación profesional, innovación, e investigación científica, lo que ha provocado la pérdida de autonomía universitaria. Para pensar la universidad, con su sentido de crear una sociedad más democrática, creemos importante recobrar la lucha que dieron los estudiantes en nuestro Grito de Córdoba, ya que se necesita que se escuche de nuevamente.


La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa.
Manifiesto liminar, 21 de junio de 1918.

Asimismo, y pese a la proclamación pública de la autonomía universitaria como un derecho básico, esta autonomía es muy limitada en ámbitos tan importantes como el académico, el económico o el de la organización de las estructuras y organismos de gobierno universitario. Lo que, al mismo tiempo, limita la capacidad de las universidades de dar respuesta a las demandas que nos plantea la sociedad y a las expectativas nuestros estudiantes.

Se hace necesario reafirmar que los aspectos de financiamiento de las Universidades es un elemento clave para desarrollar procesos de modernización centrados en aspectos formativos, investigativos y de extensión universitaria, los cuales sean llevados a cabo bajo el principio de la autonomía universitaria, y la independencia de sus unidades académicas, y al mismo tiempo para garantizar que éstas puedan desempeñar el importante papel que la sociedad les atribuye en la formación de profesionales, la extensión y difusión de la cultura, y la creación y transferencia de conocimiento, que permita el desarrollo cultural, económico y social bajo la mayor diversidad de ideas.

De esta manera la reflexión sobre la universidad que queremos incluye compromiso y justicia social, lo que significa plantearse la idea de cómo se relaciona y compromete con la sociedad, incluye también la idea de lo público, donde la libertad de cátedra, el pensamiento crítico se generen en un ambiente laico y profundamente democrático, que incorpore los tres estamentos universitario (docentes, estudiantes y funcionarios) en la toma de decisiones para su desarrollo.

Pensar la Universidad que queremos es pensar juntos y fundamentalmente la sociedad que queremos construir.

La Reforma Universitaria de 1967. Ricardo López Erazo

Hace 50 años los campus universitarios de Chile se estremecieron.Las comunidades universitarias – académicos, estudiantes y personal no académico – irrumpieron en la escena política y social del país, proclamando el inicio de un proceso de reforma de la educación superior.

Hasta ese entonces, las Universidades eran consideradas “torres de marfil” haciendo alusión al nulo involucramiento en el devenir de su entorno social y menos en la construcción de un proyecto-país. Era un sistema elitista al que accedían sólo estudiantes que lograban sortear con buenos puntajes la prueba de ingreso que a la sazón se denominaba Bachillerato.

Salvo excepciones, que confirman la regla, los hijos de obreros y campesinos no tenían posibilidades de acceder a la educación superior. El sistema universitario reproducía a las elites gobernantes.

El proceso de Reforma Universitaria de 1967 fue un proceso complejo y ocurrió en un escenario histórico de guerra fría, sin embargo, el apoyo de las comunidades universitarias fue transversal. Los motores del proceso fueron jóvenes democratacristianos, socialistas, comunistas y un gran número de jóvenes, académicos y trabajadores independientes. La única exclusión provino de la extrema derecha con el movimiento gremialista creado por Jaime Guzmán el mismo año 1967. (El movimiento gremialista es el antecedente histórico de la actual UDI.)

Ese año el sistema universitario estaba conformado por ocho universidades, con gran preponderancia de las universidades estatales. La reforma vino a modificar de manera sustancial los contenidos y orientaciones de las funciones universitarias. Se estableció una nueva estructura de autoridad y poder a través de una participación triestamental e involucró, como nunca antes, a las universidades en la generación de proyectos de desarrollo y modernización del país.

El proceso de reforma significó que grandes contingentes de jóvenes se interesaran en los problemas de la sociedad chilena y en la forma en que se vinculaban el conocimiento científico y cultural con el desarrollo nacional y la política.

Cada casa de estudios vivió su propio proceso de reforma, pero es posible distinguir cuatro objetivos comunes en cada una de las universidades:

  1. Una docencia que fuera más allá del mero adiestramiento. Se procuró una formación más amplia, humanista y participativa. Por primera vez, los estudiantes tuvieron la posibilidad de incidir en la organización del currículo.
  2. Se promovió la investigación científica y tecnológica, aumentando considerablemente los recursos para aumentar la dotación de académicos de jornada completa e investigadores. Se mejoró notablemente la infraestructura de investigación, entendiendo que el desarrollo de ésta enriquecería a la docencia.
  3. El proceso de reforma incentivó una función que las universidades no habían desarrollado hasta ese momento, a saber, la extensión universitaria. Se buscó hacer aportes pertinentes a demandas de la sociedad. Es al calor de este proceso que surgen el ICTUS, el BAFONA, la Universidad de Trabajadores (UTE), el DUOC (UC) cuyo propósito inicial de este último era el acceso de jóvenes obreros y campesinos a la educación superior – muy distante de lo que hoy es- y múltiples experiencias en ese sentido, tan alejadas de los esfuerzos de “vinculación con el medio” que no son otra cosa que los brazos comerciales de las actuales universidades.
  4. La Reforma significó una amplia democratización de los gobiernos universitarios, se implementó la elección triestamental de las autoridades unipersonales y se promovió la participación de todos los estamentos en las decisiones de los gobiernos universitarios.

En términos generales, la Reforma Universitaria fue un proceso constructor en el que las demandas eran apoyadas por proposiciones sustantivas.

Durante el período 1967-1973, la Reforma continuó implementándose y mejorando continuamente, pudiendo señalarse que en ese período nuestras universidades respondieron satisfactoriamente a las demandas sociales y del país. Asimismo, su desarrollo interno posibilitó una vida universitaria real, rica en experiencias, debates y desarrollo personal de sus estudiantes. Nadie cuestionaba el rigor y la calidad de la formación incrementando vigorosamente el prestigio internacional de nuestras universidades.

En septiembre de 1973, la larga noche de oscurantismo habría de abortar dramáticamente este proceso. Con metralla y corvos entraron los bárbaros y sus rectores-delegados para demoler toda la obra realizada. Las expulsiones y persecución de estudiantes no se hicieron esperar, el despido de académicos y trabajadores fueron el denominador común en todas nuestras universidades. Luego, anticipándose a la transformación de la educación en un negocio, desmembraron y debilitaron a las universidades nacionales, obligándolas a una política de autofinanciamiento, pavimentando así el camino para la entrada a este “nuevo mercado” de instituciones que difícilmente podríamos llamar Universidades.

Hoy se discute en el Congreso el proyecto de Reforma de la Educación Superior, el gobierno ha comprometido que tras este proyecto se enviarán, este mismo año, dos nuevos proyectos: el que termina con el CAE y el de fortalecimiento de las universidades estatales. Son los primeros pasos para recuperar (o comenzar a recuperar) lo alcanzado en el proceso de reforma universitaria de 1967. Se requerirá del mismo espíritu constructor y de propuestas sustantivas para volver a colocar nuestra educación superior en el sitial que le corresponde.

Reformas educacionales en Chile: avances y desafíos en educación pública. Sandra González Toro

La educación no solo surge como un instrumento al servicio de las necesidades de los poderes públicos para originar mano de obra cualificada en los procesos de producción, sino que además como un proyecto político y social que emerge de la ilustración, la cual proclama la Educación como el mecanismo para la regeneración cultural y moral y la consolidación de identidades nacionales y personales que fortalecen sociedades democráticas. (Barroso, 1994; citado en Escudero, 2002).

Estas concepciones han originado diferencias significativas respecto a la Educación. Por un lado, se visualiza como una inversión rentable -que genera relaciones entre las necesidades económicas de cada momento histórico- y por ende, está al servicio de las jerarquías de poder. Por otro, como una actividad que permite “el desarrollo humano y personal en el concierto social y comunitario, inspirado en principios como la igualdad, libertad, emancipación social y humana, y solidaridad” (Reid, 1997; citado en Escudero, 2002).

Por consiguiente, las reformas curriculares originadas por los Estados han intentado responder a estas visiones divergentes, enfrentando el desafío de no quedar al margen del desarrollo económico y atendiendo a su vez a las dificultades de acceso a una educación de calidad, desde un enfoque de derechos. Desde esta perspectiva, la Educación Chilena -en los últimos 50 años- ha manifestado significativas transformaciones, a partir de los objetivos principales en que se han fundamentado las reformas curriculares, y de las cuales se pueden inferir diferentes y, posiblemente, divergentes formas de concebir la Educación. Entre las más relevantes, tenemos la iniciada a mediados de los años sesenta con el presidente Eduardo Frei Montalva, que implicó cambios sustantivos para la Educación Chilena, donde resalta la concepción sobre la responsabilidad socio-cultural de la Educación y la formación para la vida activa, visualizándola como un proceso para toda la vida, por tanto, la expansión al acceso a ésta se convierte en lo fundamental.A partir de esto, se reforma la Constitución para extender la educación y hacerla obligatoria durante ocho años, incrementando el gasto fiscal para construir más escuelas, con el objetivo de ampliar la cobertura en todos los niveles. Esto permite alcanzar la cobertura básica universal en los años setenta, además de un aumento en la cobertura de la Educación Media. (Elacqua, 2011).

Con todo, en 1970 las tasas de deserción escolar continuaron siendo considerables, presentándose datos tales como: de 100 estudiantes que ingresaban a 1° año básico, solo el 14,2% terminaba el 8° año básico (Obra protegida, Memoria Chilena, 1973). Por esta razón, durante el gobierno del presidente Salvador Allende, se propone un proyecto para la transformación integral de la Educación Chilena, a saber, la Escuela Nacional Unificada, la cual se basa en una concepción de Educación como un proceso permanente que se debe desarrollar desde los primeros años y durante toda la vida. Siendo fundamental su perspectiva democrática, pluralista y participativa. Este proyecto no se concreta, primero, debido a los miedos de parte de la burguesía nacional, de “ideologizar la educación”, y posteriormente por el acceso de la dictadura al poder.

Con la dictadura militar, se concretan las reformas más profundas en términos estructurales de la Educación Chilena. Entre estas se encuentra la descentralización de la administración de las escuelas, pasando del Ministerio de Educación a los municipios; el establecimiento de un sistema de “voucher”, consistente en entregar un subsidio a la demanda; el origen de un sistema de evaluación nacional, el SIMCE; y la creación de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE).Estas acciones tienen repercusión en la expansión de la educación privada, que se concretan con la creación de más de 1.000 escuelas privadas subvencionadas, las cuales entran al sistema e incrementan sus matrículas de un 15% en 1981 a un 31% en 1990. A su vez, se origina un desplome en las matrículas de las escuelas públicas, bajando de un 78% a un 60% en el mismo periodo. (Elacqua, 2011).

Posteriormente, con los gobiernos de los partidos de la Concertación, se establecen una serie de iniciativas para el desarrollo de la Educación, como la creación del Estatuto Docente; aumento de los recursos privados en el sistema público, extensión de la jornada escolar, extensión de la educación obligatoria a 12 años, aumento en la cobertura pre-escolar y el reemplazo de la LOCE por la Ley General de Enseñanza, que tiene como objetivo equilibrar la libertad de enseñanza con el derecho a una educación de calidad.

Si bien, todas estas medidas buscan una nueva regulación, se sigue sosteniendo los componentes centrales de la educación con principios coherentes al modelo económico neoliberal: la subvención escolar a instituciones privadas, la selección de los estudiantes y la libertad de enseñanza, las cuales se ven fortalecidas con el gobierno de Sebastián Piñera, limitando cada vez más el rol del Estado como garante de Educación Pública de calidad.

En este escenario, el concepto de calidad se pone en entredicho, pues, si bien para algunos está sustentado en principios como la liberación, la eficacia, la optimización y la excelencia, sutilmente, sus objetivos son muy distintos a los declarados, toda vez que constituyen un pretexto para obviar los compromisos y aspiraciones depositadas en la Educación y los sistemas educativos de las sociedades modernas, como son la igualdad y la no discriminación. En sí, la Educación como servicio público (Escudero, 2002).

Aquí es donde las reformas impulsadas por el gobierno de Michelle Bachelet tienen su mayor sustento, constituyéndose en base a 4 pilares o consideraciones: calidad educativa, segregación e inclusión, gratuidad universal y fin al lucro en todo el sistema educativo.

Lo anterior se traduce en que, a la fecha, se encuentran aprobadas la Ley de Inclusión Escolar; la Ley de Desarrollo Profesional Docente y gratuidad mediante glosa, destinada a implementar un programa de acceso gratuito a la Educación Superior para estudiantes pertenecientes a los cinco primeros deciles de menores ingresos de la población, matriculados en instituciones que cumplan ciertos requisitos de calidad, participación y exclusión del lucro.

Entre los elementos más destacables de estas políticas educativas, se encuentra que, en el año 2016, más de 240 mil estudiantes accedieron a la Educación Escolar de manera gratuita, liberando a sus familias del pago por su educación. A su vez, se termina con la selección en los establecimientos educacionales y los recursos,aportados por el Estado, solo se pueden usar con fines educativos, no pudiendo retirarse utilidades de los establecimientos con cargo a recursos públicos.

Por otra parte, en el ámbito de la inclusión, no se podrá cancelar matrículas por rendimiento y tampoco realizar expulsiones en medio de un período escolar.

A este nuevo escenario en los establecimientos, se suman aspectos relevantes a partir de la entrada en vigencia de la Ley de Desarrollo Profesional Docente, como es la formación inicial de los profesores. En efecto, el Estado es el responsable de las Universidades que imparten pedagogía y solo aquellas universidades acreditadas podrán entregar títulos a los profesionales de la educación. Se complejizan a su vez los requisitos de ingreso a las carreras de pedagogía y se inicia un proceso de reconocimiento del desarrollo profesional de los docentes, el cual posibilita el aumento de sus remuneraciones y el acceso a procesos de capacitación permanente, recobrando el rol histórico del Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas  (CPEIP), entre otros aspectos positivos.

Por otra parte, en lo que respecta a Educación Superior, el avance más sustantivo dice relación con el proceso de gratuidad, el cual viene a restituir el derecho a la educación, entregando a los estudiantes la garantía de acceder a una carrera sin pagar matrícula ni arancel, por el período de duración formal de su carrera. Este beneficio hoy alcanza los 200.000 estudiantes a lo largo de Chile, logrando un nivel de permanencia en la Educación Superior del 86.7%, muy por sobre el promedio nacional de 68.7%.

A estos avances, se sumarán próximamente los proyectos de ley de Nueva Educación Pública y Educación Superior, los cuales vienen a aportar continuidad y sustentabilidad a este proceso de reformas. Por una parte, la nueva institucionalidad en las escuelas y liceos públicos permitirá resguardar la calidad y la equidad de los procesos educativos que desarrollan las comunidades educativas. Por otra parte, posibilitará el término de desvíos de recursos del Estado destinados a Educación hacia otras prioridades de los municipios. Adicionalmente, el foco de fortalecimiento de la institucionalidad de la Educación Superior se acompaña de un aseguramiento de la calidad, fin al lucro, gratuidad y fortalecimiento de la Educación Técnico Profesional.

No obstante lo anterior, aún sigue siendo necesario asumir las implicancias de la polarización del sistema educativo y la revisión del sentido de lo público y lo privado. Teniendo como desafío terminar con las lógicas de las relaciones del mercado en la provisión de educación, donde no solo se dé, como objeto de discusión, el fin del lucro en todo el sistema educativo, sino también, el repensar la participación del Estado como garante del derecho a la educación y como actor predominante en la construcción de un modelo educativo acorde a las necesidades de equidad y justicia social que demanda el país.

En consecuencia, no solo es necesario colocar los procesos educativos como ejes centrales de las políticas públicas, sino que además se debe resguardar la participación de todos los actores sociales en la reconstrucción del sistema educativo público, como una forma de propiciar el equilibrio de intereses y la distribución del poder, garantizando una educación pública, laica, inclusiva y de calidad, como ejercicio de derecho fundamental.

 

Sandra González Toro

Magíster en Evaluación Educacional

Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación

Referencias
Elacqua, G. (2011). Breve Historia de las reformas educacionales en Chile (1813-2011): Cobertura, Condiciones, Calidad y Equidad. Instituto de Políticas Públicas, Universidad Diego Portales.
Escudero, J. M. (2002).La Reforma de la Reforma ¿Qué calidad para quiénes?. Barcelona, Ariel Social.
Colegio de Profesores de Chile A.G (2016). Análisis de la ley que crea el sistema de desarrollo desarrollo profesional docente. Recuperado de http://www.colegiodeprofesores.cl/images/pdf/sistema%20de%20Desarrollo%20Profesional%20Docente%20(ley%20n%C2%BA20903).pdf
Propiedad protegida (1973). La crisis educacional. Santiago. Quimantú. www.memoriachilena.cl
Ministerio de Educación (2016) Decálogo de la ley de inclusión. Construyendo el derecho a una educación de calidad.
Recuperado de http://leyinclusion.mineduc.cl/wp-content/uploads/sites/91/2017/04/decalogo.pdf

Consideraciones sobre el proyecto de educación superior. Jorge González Guzmán

Para entender y poder evaluar razonablemente el Proyecto sobre Educación Superior recientemente enviado al Congreso por el gobierno, pienso que es necesario ponerse en el contexto real de este gobierno: no se trata de un gobierno revolucionario, nadie planteó que se pretendía hacer la Revolución Socialista en este país. Este gobierno siempre se planteó como un gobierno reformista, cuyo objetivo no era otro que comenzar a sacar al país de la profunda estructura neoliberal en que se encuentra; tal vez se podría decir, con el lenguaje de Fernando Atria, llevar al país a un neoliberalismo con rostro humano. O tal vez un poco más. No hay que olvidar el conjunto de reformas que ya se han hecho y que están siendo llevadas a cabo, desde luego con toda clase de dificultades. La presente reforma educacional, referida a la Educación Superior, constituye el último tramo de la reforma que empezó con el ámbito parvulario, el básico, el medio y ahora, entonces, el terciario. Los objetivos que este proyecto muestra explícitamente (ver Antecedentes: 3 d ), consisten esencialmente en dos elementos, íntimamente relacionados:

  • Sacar a la educación del ámbito del mercado para transformarla en un derecho social

  • Impulsar el desarrollo de la calidad de la educación pública.

¿Garantiza esta Ley el cumplimiento de estos objetivos? Por supuesto que no. Pero pienso que ninguna Ley garantiza nada. Las Leyes abren posibilidades ( o las cierran), inducen transformaciones (o las dificultan). En el caso del presente Proyecto de Ley, considero que efectivamente abre puertas e induce y facilita las transformaciones a que nos estamos refiriendo. En efecto:

  • La Subsecretaría tendrá que cuidar que no haya lucro, para lo cual tiene atribuciones y mandatos bastante explícitos en la misma Ley: los artículos 114, 126 y 134 hacen que hacer negocio (o seguir con él) en el ámbito de la educación terciaria sea bastante más difícil.

  • El Proyecto crea todo un sistema para la calidad, con exigencias explícitas: acreditación obligatoria y “verdadera”, pues habrá estándares a cumplir (artículos 26 y 31), y será integral (artículo 42), además todas las carreras dirigidas a la enseñanza, así como medicina, deberán estar también acreditadas. Estas exigencias desincentivan inversiones en la Educación Superior como negocio: el negocio ya no es muy rentable.

  • Se crea una Red de Instituciones de Educación Superior que son estatales (artículo 143), con estructuras participativas y condiciones explícitas de sus estructuras y objetivos (artículo 142) y además con fondos especiales para su desarrollo (artículo 188).

  • El llamado Aporte Fiscal Directo (AFD) será gradualmente eliminado pero será reemplazado con creces (Artículo 59 Transitorio) por un Fondo de Desarrollo para todas las universidades de vocación pública (artículo 187).

  • Finalmente mencionemos que se elimina el Aporte Fiscal Indirecto (AFI), elemento típico de la competencia entre instituciones (artículo 200)

Considero que todos estos elementos presentados constituyen un buen paso adelante en los objetivos de sacar la educación del mercado y fortalecer su calidad. En cuanto a la gratuidad universal , la Ley, en sus artículos transitorios (número 48), establece condiciones de desarrollo económico para cumplir los plazos para alcanzarla. Estas condiciones podrán ser, tal vez, eliminadas en la discusión del proyecto, de modo de dejar abierta la posibilidad de aumentar los fondos para el financiamiento del sistema público usando otros recursos, tales como la Ley Reservada del Cobre, re-nacionalizando la gran minería, con una nueva reforma tributaria, con un Impuesto Patrimonial, etc. En resumen, el Proyecto abre puertas, no las cierra.

educacion tecnica

Desafíos del proyecto de reforma de la educación superior. Rolando Rebolledo Berroeta y Camila Vallejos Dowling

Rolando Rebolledo Berroeta1

Camila Vallejo Dowling2

Reformar la educación superior chilena implica confrontar múltiples y diversos intereses económicos, religiosos, políticos e ideológicos. Desde antes del 2011 supimos que sería un debate complejo, pero necesario para recuperar el derecho a la educación. Por la misma razón, un proyecto de reforma en este nivel educativo no podía ser neutral ni menos apostar a dejar contentos a todos.

No sorprende entonces que el proyecto presentado por el Gobierno haya desatado diversas reacciones y críticas que reclaman desde una “excesiva intervención estatal” y “pérdida de autonomía de las instituciones”, hasta quienes con cierta frustración ven que el proyecto se limita a proponer normas de regulación de empresas privadas, manteniendo el mercado de la educación, sin construir un sistema público coherente. También se han comenzado a manifestar quienes rechazan de plano la idea de legislar en la materia, tirando por la borda una de las pocas oportunidades que Chile tendrá para cambiar la concepción de la educación como un negocio y propiciando el status quo institucional. Sin embargo, en nuestra opinión, todos quienes hemos luchado por garantizar la educación como un derecho social, y una inversión social estratégica para nuestro desarrollo democrático, no podemos quedarnos en la trinchera de la crítica fácil y perder la posibilidad de incidir en la reforma, para que corresponda verdaderamente al interés del pueblo.

En una primera evaluación, la propuesta legal deja abierta la disputa entre dos concepciones de la educación, porque así como podemos encontrar una propuesta de crear un marco institucional por primera vez razonable y con criterios y exigencias de calidad para la existencia de las instituciones, también estimamos que el camino a la gratuidad universal del proyecto esquiva el problema de fondo: que el Estado garantice el derecho a la educación, debiendo la economía ponerse al servicio del cumplimiento de ese objetivo y no al revés.

Se trata, en consecuencia, de un proyecto que aún no refleja una toma de posición clara respecto a la contradicción fundamental: la educación como un derecho social habilitante garantizado por el Estado, o al contrario, como un bien de consumo en un mercado regulado pero entregado mayoritariamente a la iniciativa privada. El debate en el Congreso será entonces de carácter fundamentalmente ideológico, que es necesario sincerar, dejando de lado eufemismos basados en discursos tecnocráticos o meras consignas.

Quienes consideramos un deber ético y político promover la educación como derecho social tenemos que unir fuerzas para enfrentar este debate, ampliando el estrecho escenario del Congreso. Asimismo, necesitamos aclarar urgencias, prioridades de temas contenidos en el articulado del proyecto que serán decisivos para definir la orientación final del mismo, es decir, hacia qué sistema de educación superior queremos caminar de aquí a 10 o 20 años.

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Para comenzar, asegurar la reconstrucción de un sistema público coherente es un objetivo central. Esto significa, en primer lugar, crear una red de universidades y centros de formación técnica estatales, que se fortalezca mediante fondos basales y proyectos de inversión para la expansión de su cobertura, sobretodo en regiones. Además, es imperioso considerar que una red de instituciones estatales de excelencia necesita de un conjunto de instituciones privadas (o “no estatales”) que colaboren con el Estado en el aseguramiento del derecho a la educación gratuita, pluralista, democrática, laica, sin fines de lucro y con claro compromiso con el País y el bienestar de su pueblo. En la actualidad hay instituciones que por razones históricas nacieron de derecho privado, pero realizan -y que podemos exigirles el cumplimiento de- una labor fundamentalmente pública (como las universidades privadas que hoy se coordinan a través del Consejo de Rectores y otras que claramente podrían cumplir con esa función). Estas instituciones debieran tener igualmente acceso a fondos basales mediante la firma de contratos de colaboración con el Estado. El sistema público tiene por vocación garantizar el derecho a la educación de manera inclusiva,pero a su vez las instituciones que sean parte de este sistema tendrán el deber de servicio al país, teniendo que ser instituciones democráticas y democratizadoras, orientando su labor a fortalecer el desarrollo cultural y económico sustentable de Chile. Conceptos como éstos son los que deben inspirar la discusión sobre el marco regulatorio del proyecto de ley y frente a los cuales el debate ideológico pueda desarrollarse con sinceridad y honestidad discursiva.

Para el Estado, garantizar el derecho a la educación debe ser un objetivo a cumplir sin subordinación a las decisiones o voluntades de los gobiernos de turno. En este sentido, debe quedar determinado en la ley los plazos de avance de la gratuidad y los requisitos institucionales para acceder a este financiamiento, así como también la expansión y mejoramiento de una oferta pública (hasta el momento alicaída y limitada). No podemos aceptar que el avance de la gratuidad y el fortalecimiento de la educación pública quede condicionada a variables indeterminadas de crecimiento económico o la competencia del sistema, en consecuencia, dejadas al arbitrio de los gobiernos de turno y la capacidad de hacer publicidad de una institución. La ley debe establecer que la planificación económica se hace considerando el compromiso del Estado para asegurar una educación pública gratuita y de calidad para todos los chilenos y chilenas. Lo anterior obliga, por ejemplo, adiscutir de una vez por todas el destino de los fondos reservados del cobre que van a parar a las Fuerzas Armadas.

Asimismo, la ley tiene que ser clara en la eliminación del lucro. Esto significa aumentar las capacidades fiscalizadoras de la Superintendencia propuesta en el proyecto e incluir un tipo penal especial que sancione adecuadamente a quienes defrauden la ley. Pero además, no se puede permitir que el crédito con aval del Estado (CAE) continúe, pues eso significa estar entregando recursos del Estado a los bancos, conservando la perversa óptica de la “eficiencia bancaria” para cobrar a los estudiantes y mantener subordinación al modelo por la vía de la deuda familiar.

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Otro eje que guiará el debate legislativo es la democratización del sistema. Este asunto aparecerá en las propuestas de ampliación del acceso y los mecanismos de selección, como también en los gobiernos de las instituciones y la constitución de organismos autónomos a nivel de la administración estatal (Consejo Nacional de Educación, órganos acreditadores, etc.). El debate parlamentario y ciudadano tiene que hacerse cargo de estos aspectos y proponer mecanismos que aseguren la mayor participación posible de las comunidades.

Nuestra Educación Superior es reflejo de la subordinación de la cultura, de la creación y reproducción del conocimiento a los objetivos de corto plazo del modelo económico neoliberal hegemónico. Nuestro país presenta una concentración de la riqueza inédita, que lo sitúa entre los tres países con mayor desigualdad en la OCDE. Esto va a la par con una enorme concentración del conocimiento, que a su vez reproduce la desigualdad en la distribución del ingreso. La reforma de la Educación Superior con una orientación puesta en la redistribución del conocimiento, para garantizar a los ciudadanos una mejor calidad de vida, requiere un cambio de orientación ético en la política y en la planificación de nuestro desarrollo económico. Es este imperativo el que debe guiar las discusiones acerca de cada uno de los artículos del proyecto presentado.

1 Doctor de Estado en Ciencias, UPMC­Paris, Profesor Titular de la Pontificia Universidad Católica de Chile
2 Geógrafa, Diputada de la República

Proyecto de Reforma a la Educación Superior. Ricardo López Erazo

La crítica de los Rectores a la “minuta” que se les diera a conocer sobre el proyecto de Ley de Educación Superior, la reforma maestra del actual gobierno, fue concisa y concreta: la educación continuará siendo una actividad mercantilizada en nuestro país.

Los ministros(as) cierran filas en torno al proyecto: la educación superior en Chile será un derecho y no un privilegio que puedan costear algunos pocos.

La derecha y lo sectores retrógrados de la Nueva Mayoría se afilan los dientes, los primeros anunciaron, sin conocer el texto del proyecto que acudirán al Tribunal Constitucional por discriminación, los segundos ya hablan de grave error el haber anunciado la gratuidad universal para el año 2020 y se preparan a salvaguardar los intereses privados que han convertido a la educación en una de las industrias más lucrativas de nuestra economía.

Los optimistas ya hablan de una discusión (negociación) de un año y medio, los pesimistas creen que no habrá reforma de la educación superior en este gobierno.

Quisiera advertir sobre dos elementos fundamentales del Proyecto de Ley enviado por el Ejecutivo al Congreso.

El primero, y que da razón a los rectores, es que cuando se anuncia que la educación superior avanzará en calidad y niveles de gratuidad sólo al compás del PIB tendencial y de la recaudación (carga tributaria) se está recurriendo al gastado argumento neoliberal del “chorreo”.

Una vez más el “diablo” mete su cola. Un proyecto de esta naturaleza podría haber dado inicio a una nueva estrategia de desarrollo nacional alternativa a un modelo que ha descansado en la exportación de recursos naturales, alta concentración de la propiedad de los medios de producción y una abyecta explotación de los trabajadores.

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Lo grave de esta decisión no sólo radica en que los recursos si están, sólo bastaría establecer una priorización distinta: derogar la Ley reservada del cobre, terminar con los subsidios (regalos escandalosos) que el Estado otorga a las forestales y otras industrias.

Lo realmente grave es que, de contrabando, nos están diciendo que el modelo neoliberal no será tocado en un pelo, que las “verdades” de los “Chicago Boys” continúan irredargüibles, pese al evidente fracaso en avanzar en un país más justo y desarrollado.

No son pocos los países y economías que se han percatado de que las viejas teorías de crecimiento basado en la acumulación de capital no dan cuenta de los avances en los niveles de vida de la población, sino que el factor más importante ha sido el ritmo de aprendizaje (conocimiento, innovación) y que ese ritmo es parcialmente, sino totalmente, endógeno, es decir los países y sus economías deben crearlo.

Esos países han comprendido que uno de los objetivos, sino el más importante, de la política económica consiste en crear políticas y estructuras económicas que mejoren tanto el aprendizaje (conocimiento) como los efectos del mismo.

Si Corea hubiese creído en esas verdades neoliberales probablemente hoy sería un gran exportador de arroz, pero seguiría siendo un país pobre. Lo mismo con India, Finlandia y China.

Las economías más exitosas son aquellas que lograron no sólo desplazar hacia afuera su curva de posibilidades de producción de forma más rápida, sino que, también, se han asegurado de que la brecha entre las prácticas promedio y las mejores prácticas sea pequeña. Hay más difusión del conocimiento, más aprendizaje, y son estos logros los que, a la larga, justifican los niveles de vida más elevados.

Economistas de todo el mundo se preguntan hoy: Los mercados, por si mismos, dan como resultado un nivel y patrón eficiente de conocimiento e innovación? Si no es así, ¿cuáles son las intervenciones convenientes por parte del gobierno?

El modelo neoclásico ignora el desarrollo de conocimiento y aprendizaje, y no sólo no presta atención a la importancia de la asignación de recursos a los procesos de desarrollo de conocimiento y aprendizaje y la investigación, sino que, además, asume que todas las empresas emplean las mejores prácticas, así que no tienen nada que aprender.

Este argumento lo podemos percibir en Chile, de forma clara, cuando nos percatamos de las prácticas que utilizan industrias completas como la forestal, la salmonera, la pesquera y otras que llevan a cabo sus actividades sin ninguna consideración a las externalidades negativas (contaminación, exterminación de especies, desarrollo de pestes aniquiladoras de los recursos, entre otras) externalidades que seguirán impidiendo nuestro salto a una sociedad desarrollada.

La educación de calidad para todos no es un efecto del crecimiento, sino todo lo contrario. Una buena educación es causa del desarrollo y de la elevación del nivel de vida de la sociedad.

Por ello, colocar el crecimiento, basado en un modelo caduco de desarrollo para una sociedad como la chilena, como causa para el desarrollo de un sistema universitario de calidad es como colocar la carreta delante de los bueyes.

El segundo elemento tiene que ver con el carácter de la reforma planteada, salvo excepciones positivas, pareciera tener sólo el carácter de regulador de un estado de situación existente.

Se declara que el sistema universitario es, y seguirá siendo, un sistema mixto. Más regulado por cierto, pero esencialmente estatal y privado. Ambas partes del sistema continuarán recibiendo aportes directos o indirectos del Estado.

Lo anterior significa que la Educación Superior en Chile continuará en un “caldo” de competencia, el proyecto no incentiva la cooperación, la definición de áreas prioritarias de desarrollo del conocimiento, una vez más el libre albedrío neoliberal continuará campeando y mal utilizando nuestros escasos recursos.

Se pierde así la oportunidad de utilizar el más valioso recurso de la Universidades, la inteligencia, al servicio de la creación e implementación de una estrategia de desarrollo nacional que permita que nuestros hijos o nietos vivan en un mejor país.

A este respecto, el proyecto es demasiado débil, plantea una coordinación entre universidades estatales sin generar los incentivos necesarios para la constitución de un sistema nacional de educación superior estatal.

Una forma eficaz de avanzar en ese sentido es la conformación de un sistema (red) nacional de universidades estatales. La atomización a la que fueron reducidas por la dictadura sólo las ha debilitado, sobre todo en regiones, ello ha significado que incurran en prácticas de competencia que no han agregado valor a la sociedad, todo lo contrario.

Chile necesita que la creación, preservación y difusión del conocimiento sea pertinente a una estrategia de desarrollo nacional y también regional.

El Gobierno ha privilegiado el envío de un proyecto que será discutido en el Congreso, pero ello no limita la acción de las comunidades universitarias en razón de lograr los cambios que hagan de la Educación Superior una causa del desarrollo, de mayor equidad, de un país sustentable, de una mejor calidad de vida para los chilenos, fundamentalmente de los que vendrán.

Esta es una oportunidad de cambiar la forma de pensar, de abandonar el “sentido común” neoliberal, de hacer valer nuestra opinión.

Chile no se merece menos.

No nos hemos perdido. Raúl Zurita Canessa (Discurso)

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Agradezco profunda y emocionadamente el doctorado honoris causa que la Universidad Técnica Federico Santa María* me ha conferido, se lo agradezco a su Rector, Darcy Fuenzalida O’Shee, a su Consejo Superior y a su Consejo Académico, a cada uno de sus profesores y estudiantes, personal administrativo y de servicios. Les manifiesto mi gratitud como ex alumno de esta universidad que, como lo expresa en su testamento don Federico Santa María, fue concebida, para poner “al alcance del desvalido meritorio, llegar al más alto grado del saber humano; es el deber de las clases pudientes contribuir al desarrollo intelectual del proletariado”. Yo fui uno de esos desvalidos. Aquí vi nacer mi juventud y vi hacerse trizas la juventud de un pueblo el 11 de septiembre de 1973. Aquí llegué siguiendo un sueño sin saber aún que hay sueños que no tienen derecho a su despertar. Estando aquí tuve a mis dos primeros hijos y conocí a Juan Luis Martínez. Aquí nací y morí de amor que es finalmente el único nacimiento y la única muerte por lo que vale la pena nacer y por lo que vale la pena morir:

Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad.

¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero?

Tanto soñé contigo que mis brazos habituados a cruzarse sobre mi pecho abrazan tu sombra, quizá ya no podrían adaptarse al contorno de tu cuerpo.

Y frente a la existencia real de aquello que me obsesiona y me gobierna desde hace días y años seguramente me transformaré en sombra.

Oh balances sentimentales.

Tanto soñé contigo que seguramente ya no podré despertar. Duermo de pie, con mi cuerpo que se ofrece a todas las apariencias de la vida y del amor y tú, la única que cuenta ahora para mí, más difícil me resultará tocar tu frente y tus labios que los primeros labios y la primera frente que encuentre.

Tanto soñé contigo, tanto caminé, hablé, me tendí al lado de tu sombra y de tu fantasma que ya no me resta sino ser fantasma entre los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que siempre pasea alegremente por el cuadrante solar de tu vida.

 

El poema se llama “A la misteriosa” y fue un emblema para decenas y decenas de estudiantes no de letras, ni de filosofía, ni de arte, sino de ingeniería de la Universidad Técnica Federico Santa María que hace cuarenta, cuarenta y cinco años, hicieron de esta poesía a un sueño, un emblema y un himno. El poema lo escribió el francés Robert Desnos, uno de los fundadores del surrealismo, muerto en junio de 1945, ocho días después de ser liberado por el ejército ruso del campamento de exterminio nazi de Terezin, en Checoslovaquia. Lo recitábamos en voz alta y lo pegábamos en los muros. Como buena parte de todo lo que he leído en mi vida, lo leí mientras estudiaba en esta Universidad, junto a cientos de jóvenes que buscaban encarnar sus sueños y estar allí cuando ese sueño encontrara el nuevo día de su despertar. Nosotros buscamos ese nuevo día Jacobo Homsi, nosotros buscamos ese nuevo día Roberto Prada (me faltarían vidas para hablar de ti, solo quiero responderte en público, lo que me escribiste hace poco en un correo privado: de ambos querido Roberto el único maestro; el más sensible, el más brillante, el más valiente, has sido siempre tú). Saludo entonces en ti a una generación de estudiantes maravillosos y solidarios y a lo permanente que sobrevive a las grandes derrotas, a los infortunios y a las adversidades. Saludo a mi más grande amigo, Jacobo Homsi, y saludo junto a ti a tu patria Bolivia que tiene un mar que nada ni nadie podrá jamás arrebatarle: el mar de su música. En un sueño he escuchado esa música, la música más bella de la tierra, resonar junto a las rompientes y eran miles y miles de bolivianos, de chilenos, de peruanos, abrazados, bailando juntos en las costas sin fronteras del Pacífico porque el mar no reconoce fronteras ni las requiere. Y era un sueño tan bello, tan simple: todo era de todos. Gracias señor Rector por permitirme hoy el honor de los recuerdos.

Y como en un sueño entonces vi por primera vez esta Universidad. Fue en la primavera de 1966, poco antes de las postulaciones. Estaba en sexto humanidades, lo que es hoy cuarto medio, en el liceo José Victorino Lastarria y tenía decidido que estudiaría ingeniería en alguna de las tres universidades de Santiago, pero un profesor me dijo que igual viniera a ver esta y me dio el dinero para el tren. Lo hice sin ningún entusiasmo. Al llegar a la antigua estación de Valparaíso, tomé una micro y me bajé en el paradero de la avenida España. Me quedé un rato mirándola desde abajo y luego entré. Siete años después, el 11 de septiembre de 1973, arrojado con las manos en la nunca sobre el pavimento de la avenida España, entre los culatazos, recordé ese primer viaje. La universidad me había impresionado, tenía la reputación de ser la mejor escuela de ingeniería de Chile y las facilidades que tenían sus estudiantes eran impensables en otras universidades chilenas, pero nada de eso contó. Al terminar volví al paradero de la avenida España para emprender el regreso y a los pocos minutos una estudiante salió de la universidad y se paró a unos metros de mí. Fue solo un momento, tal vez también me vio, no lo sé, pero en ese mismo instante supe que no tenía otra opción porque lo único que me importaba era volverla a ver. Cuatro meses después entré a la Universidad Técnica Federico Santa María, pero no la vi de inmediato sino tres días después. Esos tres días fueron como el descenso al sepulcro, de una angustia indecible, pero al cuarto día estaba allí, sentada al pie de un árbol en un paseo que los estudiantes antiguos les hacían a los que llegábamos. Desde allí me transformé en su sombra, año tras año, mes tras mes, día tras día, mirándola de lejos, hasta que finalmente un día dejó de ir. Nunca le hablé.

Al recibir esta distinción que esta universidad me ha otorgado esos dos instantes se me funden: la imagen de un hombre aún joven con la cara aplastada contra el pavimento que entre patadas y culatazos recordaba las circunstancias que lo habían llevado hasta allí y la de un estudiante secundario que en ese mismo sitio, en la misma avenida al borde del mar, súbitamente arrasado por el amor, mira a una estudiante sin saber, como lo sé yo ahora, que allí estaba todo el pudor, todo el sueño, toda la hombría, los fracasos y las renuncias de lo que sería su vida. Creo que esas dos imágenes sobrepuestas; la de un hombre que está siendo reventado a culatazos y la de ese mismo hombre más joven que arrasado, doblado de amor, mira de lejos a alguien sin siquiera atreverse a decir su nombre, es la base de mi poesía.

Saludo entonces a la Universidad de hoy y a la Universidad de ayer. Saludo en tres profesores muertos a todo lo que permanece vivo en mi corazón: a Carlos González de la Fuente, un ser entrañable que si no me equivoco no me malquería, a Arnold Keller que me introdujo en uno de los más fascinantes poemas del siglo XX: la física relativista, a Roberto Frucht que nos hacía teoría de grafos, una rama de las matemáticas en que su contribución es relevante, y que en 45 minutos marcó mi vida para siempre. Fue una observación que hizo a propósito de un teorema. Yo había sorteado con éxito el paso a tercer año de ingeniería civil, en ese entonces había una doble selección, y por primera vez tenía clases con él. Se trataba de un caso particular del teorema de Euler, que había deducido en el pizarrón emitiendo un levísimo susurro como si hablara consigo mismo. Al terminar giró hacia nosotros y nos señaló la fórmula final (no la he olvidado como no me olvidado de los poemas de Robert Desnos, era la llamada Identidad de Euler: el número de Euler elevado a la raíz cuadrada de menos uno multiplicada por pi más uno es igual a cero) y luego de una pausa nos dijo que no nos podía pedir a nosotros que entendiéramos la belleza de esa fórmula, la elegancia de su estructura, la simetría de sus partes, su síntesis, su suprema simpleza. Yo tenía 19 años y fue un golpe. Desapareció todo; la teoría de grafos, la universidad, todo, y solo quedó un hombre ya mayor, de baja estatura, parado frente a una audiencia que jamás podría entenderlo. Pero exageraba, porque yo sí lo había entendido. La explicación no había durado más de 45 minutos, pero es como si hubiese durado 45 años, como si hubiese durado hasta este minuto en que estoy frente a ustedes en el Aula Magna de la misma Universidad, donde Roberto Frucht, un eminente matemático que tuvo que salir de Alemania en 1939, le enseñó a uno que también tendría que huir, pero no de Alemania, sino de sí mismo, una lección que éste no olvidaría nunca: la irremediable melancolía de lo que nos parece extremadamente bello. Lo he evocado ahora, porque es un doble honor recibir este doctorado honoris causa que me otorga la misma universidad donde hace 46 años un profesor benemérito y el más anónimo de sus estudiantes, intercambiaron por un instante sus destinos.

Saludo también a la universidad del futuro. El mundo, la historia, las distintas épocas se caracterizan más por su inconcebible, por aquello que le está radical, completamente vedado de pensar, que por sus logros o aciertos. Es análogo a lo que los astrónomos llaman la “energía oscura”, vale decir, aquel elemento inmensamente presente en el universo, sobre el cual se ignora absolutamente todo, pero sin el cual nada es explicable. El estado de lo humano no se puede medir por lo bien que están los que están bien; “felices los felices” dice Borges, sino por lo mal que están lo que están mal y los que están mal están muy mal (en este minuto, en algún lugar están bombardeando una ciudad, en alguna prisión clandestina alguien está siendo torturado hasta lo indecible, en este segundo un niño está apagándose víctima de la desnutrición y del hambre), y sin embargo el solo hecho de poder mirar, escuchar, sentirnos, diariamente nos muestra un desenlace increíble: que esa interminable montón vísceras, lágrimas, sueños, pesadillas e inesperados heroísmos que llamamos humanidad renace diariamente al despertar. Si no fuese así lo normal sería el suicidio. La poesía es la posibilidad de lo que no tiene absolutamente ninguna posibilidad, es la esperanza de lo que no tienen esperanza, es el amor de lo que carece de amor. Nadie soporta tanto sufrimiento, tanta miseria, tanta injusticia, tanta crueldad, sin vislumbrar un nuevo día. Si no fuese así lo normal sería el suicidio. Contra todas las evidencias, creo que estamos construyendo ese nuevo día. Creo que estamos condenados a construir ese nuevo día, pero solo la poesía puede sostenerlo. Todo lo que nos muestran las carnicerías de diez mil años de historia es que somos una raza de asesinos, lo que nos muestra la poesía es que somos una raza de asesinos condenados a construir el Paraíso.

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Sin esa esperanza ninguna vida es posible. Si se puede mencionar entonces una tarea de la poesía, esa es la de curar las palabras, la de salvarlas de su agonía para que otra vez puedan evocar y hacer cotidiana la plenitud a veces terrible de la existencia; el latido del cielo entre nosotros.

Creo que ese cielo es este mismo cielo, el cielo sudamericano, y que tocados por la agonía del lenguaje volvemos sin embargo a escuchar los sonidos de todas las lenguas resurrectas, es decir, volvemos a escuchar el sonido de ese pulso innombrable que nos lleva indefectiblemente desde el Big Bang hasta la última mirada con que el último de los hombres contemple el último de los atardeceres. No me es posible avanzar mucho más, pero en una imagen que seguramente le pertenece al desvarío, me ha parecido percibir ese cielo colmado por las estrellas del amor nuestro. Es el amor del que hablo. Yo no se hablar de otra cosa, el amor es mi único tema, todos mis poemas son poemas de amor.

Quiero dedicarle este momento feliz a mis hijos aquí presentes, Iván, Sileba, Sebastián y Felipe, a María Luisa, la hija de mi inolvidable Juan Luis Martínez, y a Paulina Wendt la mujer que amo.

Paulina, no nos hemos perdido:

No nos hemos perdido.

Infinitas batallas nos preceden,

incontables cadáveres hinchándose sin fin bajo las lluvias

y músculos y tendones rotos emergiendo como sueños

entre los botones de tierra.

Nos preceden veraces campos, fértiles trigales abonados

sólo con sangre,

siglos enteros labrados a destiempo,

generaciones igual que árboles quemándose en la tormenta

Pero nosotros no nos perdimos.

 

Entre las luces de las estrellas que no llegaron a destino

y los ojos húmedos que chirriaron ardiendo

en las antorchas

Entre las cenizas de los cuerpos aun pegadas a los muros

Entre los mares derrumbándose

y las falsas Itacas refulgiendo frente a Nadie

Nosotros no nos perdimos.

    

Miles de otras naves nos esperaban

Océanos de muertos nos querían llevar consigo

Sirenas como racimos nos llamaron con su canto

Pero nosotros no nos perdimos.

 

Y por eso ningún cadáver

ni ningún grumo de sangre que cantó cuajado en el hueso

ni ningún tendón roto vendido en el canasto

ni ningún amanecer asombrado entre los verdugos

ni ninguna ruina ni naufragio

dejó de encontrar el cielo que es nuestro y es de todos.

 

Porque nos encontramos no sucumbió la eternidad

Porque tú y yo no nos perdimos

ningún cuerpo

ni sueño ni amor fue perdido.

 

Muchas gracias.

*Discurso del poeta chileno Raúl Zurita al otorgársela el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad Técnica Federico Santa María, el día 6 de noviembre 2015, Valparaíso

Editorial (CDE nº 29)

El Gobierno de la Nueva Mayoría ha dado inicio a su ambicioso plan de reforma educacional. Así es como han sido enviados al parlamento proyectos de ley que pondrán fin al lucro en la educación escolar, terminando con el copago y la selección de alumnos en aquellas escuelas y/o liceos que reciban subvención estatal. Del mismo modo ya se tramita un proyecto de ley que crea la figura del interventor en aquellos planteles de educación que estén en riesgo de sustentabilidad por razones económicas y/o académicas.

Sin duda esto demuestra la voluntad política de cumplir estrictamente lo que dicho conglomerado político ofreció al pueblo chileno como programa de gobierno.

No hay duda, tampoco, que faltan otras iniciativas y proyectos de ley que completen el ámbito de la reforma. Sin embargo, también a estas alturas del proceso es pertinente señalar algunas deficiencias (o falta de información) que se han observado hasta aquí.

El movimiento estudiantil ha criticado el bajo (o nulo) nivel de participación en la elaboración de las distintas propuestas conocidas hasta hoy. En particular se critica el no conocer una hoja de ruta en relación al fortalecimiento del sistema público de educación escolar, la desmunicipalización, el fortalecimiento del rol del profesorado y los inevitables cambios curriculares que una educación escolar pública conlleva, los que no son ni conocidos ni se está generando un adecuado nivel de participación de la comunidad escolar (profesores, alumnos y apoderados) en torno a ellos.

Los estudiantes secundarios, con razón, reclaman mayor participación de ellos y los profesores en temas como la evaluación escolar (¿fin a la medición estandarizada?),y el método de selección universitaria, entre otros.

El ministro de educación ha señalado reiteradas veces el carácter sistémico de la educación, y tiene razón. Por ello es necesario que los estudiantes, los profesores y los padres conozcan ese alcance sistémico de la reforma. Es posible que por razones políticas (obtener aprobación de proyectos en el parlamento) se debilite el conocimiento y alcance sistémico del proceso de reforma y terminemos enfrascados en discusiones menores respecto de particularidades de tal reforma.

El árbol de decisiones debe ser conocido por el movimiento estudiantil, y los ciudadanos debemos conocer cómo es que se instalará en Chile una educación escolar pública, gratuita y de calidad.

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A la luz de estos elementos es necesario tomar los resguardos y actuar proactivamente en relación con las iniciativas que atañen a la reforma en la educación superior, universitaria y de formación técnica.

Respecto de ello la información pública es parcial, y ya algunos actores (CONFECH, y Consejo de Rectores de Universidades del Estado) han expresado preocupación por el nivel de participación en la formulación del proyecto.

Algunas declaraciones señalan que se mantendría el financiamiento a la matrícula vía voucher (¿Deberán las universidades del Estado seguir destinando recursos escasos a publicidad para poder competir por ese financiamiento?).

También algunas declaraciones señalan que habría un financiamiento basal especial para las universidades del Estado y que una parte importante del financiamiento se haría por la labor de investigación de universidades acreditadas.

Nada se ha dicho de otra función de toda universidad: La extensión.

Chile ya tuvo una reforma universitaria en los años sesenta, y fue exitosa. No se debe olvidar la clave del éxito de dicha reforma que fue la participación.

En dicha reforma no sólo la participación de las comunidades universitarias sino de todo el pueblo fue crucial, pues cuando hablamos de investigación y de extensión necesariamente hablamos de un proyecto país.

Nuevamente aquí no se debe perder de vista el objetivo: un sistema universitario público, gratuito y de calidad.

Siempre será bueno y mejor que los cambios sean motivo de discusión, y por ello nos alegramos de estar conversando de educación, pero más nos alegraremos si en esa conversación participamos todos. Aunque es posible que esta falta de participación obedezca a que el proyecto se encuentre distante de su formulación final, pues acabamos de conocer (El Mercurio, 22.06.2014) que el Ministro de Educación propone una red pública de colegios abierta a los particulares subvencionados, con nuevo financiamiento y Estatuto Docente. Esta vez, el ministro plantea la necesidad de mayor interacción con los ministros. Con seguridad, la clave es demorarse un poco más e incluir un amplio debate con los actores involucrados, entendiéndose por estos últimos aquellos con organización representativa a nivel nacional.

Todas estas observaciones obedecen a que queremos una mejor educación pública para un Chile más democrático, inclusivo y justo.

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