Desfondamiento del lenguaje – Lenguaje sin fondo. El conflicto generacional como trasfondo de la crisis educacional. Braulio Rojas Castro

1             Ser joven – Ser viejo

Existe una velada “lucha social entre los jóvenes y  los viejos. División que se rige por una serie de codificaciones, de estratificaciones que se resuelven en una suerte de “división social” de los derechos y obligaciones a los que los individuos involucrados están sujetos. Ser sujeto joven, es estar sujeto a inciertas definiciones, ya sea desde una perspectiva biológica, psíquica o social, que intentan delimitar esta compleja forma de ser de lo humano, siendo, tal vez una definición mínima la que señala que son jóvenes “aquellos que ya no pueden seguir siendo considerado niños, pero que todavía no son adultos.” (Lozano, 2003), definición que remite y somete a la juventud a un estado de transición, carente de validez por sí mismo. algo análogo, pero inverso, ocurre con la categoría viejo, o adulto. Para Alleberck y Rosenmayr, la edad se constituye en un factor clasificador que tiene un valor referencial demográfico, pero que determina su representación:

 

La juventud se encuentra delimitada por dos procesos: uno biológico y otro social. El biológico sirve para establecer su diferenciación con el niño, y el social, su diferenciación con el adulto (Citado en Dávila, Ghiardo y Medrano, 2005: 35)

Si ponemos atención a este fenómeno, no se sabe bien a que edad comienza la vejez, ni cuando se acaba la juventud[1].

La frontera entre juventud y vejez es objeto de luchas en todas las sociedades, y estas luchas han cambiado en el tiempo y en la historia. Los límites de la juventud son objeto de una manipulación político-social por parte de quienes detentan el poder. Desde la filosofía de Platón, se le han adjudicado ciertas características al ser joven y al ser adulto; el adolescente, posee el amor como su carácter predominante, la madurez, posee la gracia de la ambición.

Pero no nos engañemos, “la representación ideológica de la división entre jóvenes y viejos les otorga  a los más jóvenes cosas que provocan que, en contrapartida, les dejen muchas cosas a los más viejos.” (Bourdieu, 2000, 143). De esta manera, lo que se hace patente es que “…de lo que se trata, en la división lógica entre jóvenes y viejos, es de poder, de la división (en el sentido de reparto) de los poderes.” (Bourdieu, 143). Una imposición de límites, una re-producción de órdenes, una suerte de estratificación en el plano de inmanencia de lo social.

Hay que estar alerta a los peligros que implican una naturalización de esta división, se es viejo, o se es joven, siempre con respecto a algo otro, y los criterios que sustentan esta división, pueden ser de índole económico-productiva, mano de obra barata; mediática, por la industria de la moda; política, por la captación de voto político, etc. El culto a lo joven cae en la lógica de lo “neo”, estrategia que implanta el neo-liberalismo y la lógica hedonista del consumo como un valor a apreciar en el mercado. No en vano ha sido propio de los regímenes totalitarios de todo signo el establecer un culto a la juventud. André Glusckmann ha llamado a esto la pedocracia: “movilización forzada de la juventud lanzada al asalto del “viejo mundo” liquidando sin respeto a los veteranos, rompiendo jerarquías fundadas en la antigüedad a través de un “viraje” periódico y violento de la gigantesca máquina administrativa en su totalidad” (Gluscksmann, 1985, 57). La edad, en tanto dato biológico, se transforma en un arma política, que anula las diferencias sociales que rasgan la sociedad y que sirve como manipulación de incautos… Y cuanto han aprendido las democracias liberales y las sociedades de mercados abiertos de los sistemas totalitarios.

De esta manera es como nos encontramos, hoy en día, ante una suerte de racismo anti-juvenil, una guerra que el mundo adulto le ha declarado al mundo joven, como un modo de establecer un enemigo social (el joven violento, delincuente, drogadicto problemático y rebelde), y una perversa manera de mantener estas energías bajo el control de la lógica del mercado neo-liberal (el buen chico, exitoso, obediente, sano, creyente y servil).

Pero, cabe preguntarse, ¿cuántas juventudes conviven en nuestro tejido social? ¿Qué pueden tener en común un joven obrero, con un joven burgués, una joven marginal de población con una joven marginal de clase alta? Acaso el ser joven anula las diferencias y los conflictos sociales. No olvidemos que el sistema escolar, en tanto es parte de las relaciones sociales imperantes, es un promotor y reproductor de los privilegios que escinden a nuestra sociedad. Dejando esto establecido, podemos intentar delimitar tentativamente de qué manera esta relación entre los mundos adultos y los mundos jóvenes se visibiliza al interior de la institución escolar.

Cómo es representada, imaginada, la institución escolar desde el mundo joven. Esta es una compleja cuestión, que no tienen una respuesta unívoca, teniendo en consideración lo dicho hasta aquí con respecto a la diversidad y heterogeneidad del mundo joven. Sólo como una opción metodológica, y en consideración a su relevancia, trataré de definir a la institución escolar desde la percepción de la realidad de los jóvenes urbanos populares, haciendo referencia a como se visibiliza esta desde otras realidades socio-económicas y culturales.

La escuela, desde esta perspectiva, es vista como una institución en la que se depositan la responsabilidad y la confianza para que las nuevas generaciones adquieran o desarrollen conocimientos y habilidades necesarios para desenvolverse en la sociedad (Sapiains-Zuleta, 2001). A la base de esta percepción está arraigado fuertemente en el imaginario social instituido, una confianza en el progreso, en el proyecto ilustrado, moderno de educación, es decir, que mediante ella sería posible salir del llamado círculo de la pobreza; qué a un mayor nivel educacional, habría una mayor expectativa de mejorar las condiciones de vida, tanto del individuo e individua, de su familia, y en último término, de su clase social. Imaginario que subentiende, a su vez, la fe en la emancipación y aseguramiento de la vida y de sus necesidades básicas (entiéndase animales) que esta conlleva, en la autonomía del individuo y en los valores democráticos occidentales. Como verán, tras una simple definición operativa, subyacen toda una serie de creencias y conocimientos de sentido común, que densifican cualquier discurso que quiera obviar estos hechos con la simple apelación al paradigma cuantitativo. Pero no nos desviemos de nuestro propósito.

Las escuelas hay que comprenderlas, entonces, como insertadas en un contexto socioeconómico; como sitios políticos involucrados en la construcción, reproducción y control de discursos, significados y subjetividades; como un lugar lleno de conocimiento de sentido común y de valores construidos socialmente, basados en supuestos normativos y políticos específicos; y, además que en ellas la socialización que se da en ellas lleva la marca de una diferenciación de enseñanza según clases sociales. Obviamente esta representación va a cambiar según se trate de un institución escolar de la educación pública, de colegios subvencionados por el Estado, o de instituciones particulares pagadas, además de la ubicación geográfica y urbanística en la que se sitúe dicha institución (es decir, si esta en un sector densamente urbanizado, semirural, rural, suburbios, ciudades dormitorios, etc.).

Pero más acá de las diferencias, la institución escolar siempre tipifica, reifica, a los jóvenes desde categorías determinadas. Para el caso de los jóvenes urbano-populares, esta reificación se hace desde, a lo menos, una triple exclusión: primero que nada, la condición etaria, es decir, son excluidos por ser jóvenes; la condición económica social, excluidos por ser pobres; la condición geopolítica, sentirse excluidos por ser ciudadanos o ciudadanas de un país tercer-mundista. Dejo fuera otras exclusiones, por considerar que estas son las más generales, pero no por ser las otras menos importantes, como por ejemplo: la condición de género, ser hombre, ser mujer, ser homosexual o se lesbiana; la condición étnica, ser Aymará, Mapuche o Rapa-Nui; etc. No está demás decir que todas estas tipificaciones son generadas e irradiadas a la sociedad desde el mundo adulto.

2             Hablar – Comunicar

De qué se trata en todo esto. Algo se ha trizado y está a punto de fracturarse, y no se trata del cliché de la brecha generacional. Algo más grave acontece. Supongamos que “toda expresión de la vida espiritual del hombre puede concebirse como una especie de lenguaje” (Benjamin, 199, 59), de que ocurriese algo así como que el lenguaje fuese comunicación de contenidos espirituales, de que la palabra sólo fuese un caso particular de comunicación. Lo que quedaría, en última instancia, en evidencia es el hecho duro y radical de que el lenguaje es la posibilidad de la comunicación de lo comunicable, a la vez que símbolo de lo incomunicable, un conflicto inmanente entre lo pronunciado y pronunciable con lo no pronunciado e impronunciable.

La crisis del habla y del lenguaje en nuestra sociedad tiene que ver con la hiper-modernización neo-liberal, con sus prácticas de desmantelamiento de las micro-estructuras sociales y la desarticulación de los micro-poderes ciudadanos. Esto dice tiene relación con una consecuencia de otro acontecimiento más radical: la condición post-dictatorial.

Esta trizadura social acontece en una situación histórica precisa. La catástrofe política de aquello que Patricio Marchant llama “…la única gran experiencia ético-política de la historia nacional…” (Marchant, 2000, 213), catástrofe, que lo es tal, en tanto constituye una brutal aniquilación de mundo, del mundo que se había ido gestando, generando, con sus contradicciones, miserias y encantos propios, asumidos, compartidos y enfrentados por todos los que, de alguna manera, constituían una parte de ese mundo, hasta ese momento. Fin de los meta-rrelatos, irrupción de relatos débiles, fracasados, cuya eficiencia consiste en ser relatos destinados a fracasar. Cultura de la crisis, exaltación ante la catástrofe, celebración de la derrota por los vencedores, con los vencidos avivándoles la cueca.

Pérdida de lenguaje, pérdida de mundo, pérdida de sentido y de coherencia social, fragmentación de la cultura, aniquilación de la autonomía del individuo: “…contemplamos, lejanos, una historia, la de ahora, que, si bien continuamos a soportar, no nos pertenece, pertenece, ella, a los vencedores del 73 y del 89…”, además soportamos a los administradores de la catástrofe, “.los mismos y los otros (ingenuos, demasiado realistas o cínicos), apoyados, es cierto, todos ellos, por un pueblo, ante todo, agotado” (Marchant, 213). Trauma, así es como se ha venido llamando a esta experiencia.

El trauma conlleva silencio, silenciamiento, cerradura del habla, bloqueo de la memoria, incomunicabilidad radical, “no poder contar con el lenguaje, esto es, con la posibilidad de comunicación sin sospecha, constituiría una clave de las experiencias catastróficas en el siglo veinte.” (Villalobos-Ruminott, 2001, 76); imposibilidad del habla, vaciamiento del lenguaje de su sentido gregario, de constitución de una comunidad por medio de la cual reconocerse e interpelarse.

3             Educar – Disciplinar

 

¿De qué van a hablar los viejos con los jóvenes? Más bien, desde una perspectiva pedagógica, ¿qué le pueden enseñar los adultos, los ambiciosos, a los jóvenes, los apasionados y enamorados, platónicamente hablando?

A la juventud se le acusa de ser la fuente potencial de los males sociales. De descreer de los valores tradicionales, de ser irresponsables en sus actos, de un hedonismo desenfrenado, de una violencia irracional. Reguillo ha señalado el momento de emergencia de lo juvenil en la cultura occidental:

La juventud como hoy la conocemos es propiamente una «invención» de la posguerra, en el sentido del seguimiento de un nuevo orden internacional que conformaba una geografía política en la que los vencedores accedían a inéditos estándares de vida e imponían sus estilos y valores. La sociedad reivindicó la existencia de los niños y los jóvenes como sujetos de derecho y, especialmente en el caso de los jóvenes, como sujetos de consumo. (Citado por Dávila, Ghiardo y Medrano, op. cit.: 32)

En este contexto al mundo juvenil se lo tipifica en dos polos. Se hace calzar a los juvenil con la cultura del éxito y del self made man: la figura del joven deportista, bello y sexualizado, de pensamiento light  y de convicciones débiles. Como se le ha enseñado a no creer en nada de lo acontecido, le está permitido desearlo todo, pero siempre que se mantenga dentro de las segmentaciones establecidas y formalizadas; como no tienen criterio para decidir, no se les puede dejar ejercer su autonomía como individuos, se les somete a una infantilización de sus capacidades (al igual que a los viejos) violentando su derecho a decisión. Por otra parte, el discurso del joven peligroso, el que es una amenaza para la sociedad, el delincuente en potencia, el infractor de la normatividad. Aquel que se resiste a entrar en el juego maquinal del libre-mercado, el que no cree en los valores institucionalizados Aquel, que por su condición, se le niega la posibilidad de, siquiera, desear algo distinto a lo que la estructura económico-cultural le entrega como oferta. Otra figuración del «enemigo interno».

Recordemos, no está demás hacerlo, que el disciplinamiento, objetivo oculto y oscuro de todo sistema y política educacional, deseo inconfesado, no es sólo una pura negatividad represora. Hay intrínseco al poder una potencialidad productiva, en tanto producción de deseo. Una relación entre la producción del deseo, la producción de la verdad y la coerción del individuo. La educación, en tanto relación social, es decir, como relación de fuerzas, participa de las prácticas que ponen en movimiento estas relaciones, en ella se desarrollan las más finas e intrincadas asociaciones y alianzas entre los saberes psi, las técnicas disciplinarias y las estrategias pedagógicas. Es en la familia (espacio cada vez más psicologizado y pedagogizado), y luego, en la escuela en donde comienza la supuesta comunicación del mundo adulto con el mundo joven, comunicación que empieza siendo desfasada, dispar, violenta y vacía.

Pues, repito la pregunta, qué le pueden enseñar los adultos a los jóvenes.

Si educar, significó en algún momento, simplificando y yendo a lo que considero medular, entregar contenidos, ya sea técnicos, científicos, sociales, cultunrales y morales, ahora estaríamos en una grave situación los que estamos encargados de educar.

Qué contenidos culturales vamos a entregar, si la llamada cultura se ha depreciado en la avalancha mass mediática, si ya no hay una tradición a la que se pueda apelar como vertebradora de una noción de nacionalidad, más aún, la tradición ha sido segmentada, cooptada y manipulada. De qué valores éticos y morales se les puede hablar, si la indeterminación y la conveniencia guían los actos de las figuras patéticamente visibles del sistema, si la mentira, la elisión y la hipocresía son la tónica de las discursividades en circulación. Que cultura cívica y social se les va a inculcar, si lo que se ve es una sociabilidad mal construida, remendada a retazos, suerte de patchwork que se sostienen apenas. Si lo que precisamente se ha desmantelado sistemáticamente es la sociedad civil, si lo que ha quedado en cuestión es el valor de ejercer ciudadanía. De que verdad le podríamos hablar, si es de lo que menos se ha hablado, si desde hace ya más treinta años, la verdad es lo que se ha ocultado, lo que se ha distorsionado, aquello que se ha transformado en tema tabú, conversación problemática, discurso políticamente vetado.

Y si la situación fuese otra, si la función de la educación es potenciar capacidades y «competencias», esto se torna aún más grave. De que potencialidades se trata, sino de aquellas que sean afines a la estructura político-social dominante, aquellas potencialidades afirmativas del sistema. Una mantención de cierto analfabetismo de segundo grado, tendiente a reproducir los privilegios y las escisiones socio-culturales derivadas y heredadas.

El desfondamiento de nuestro lenguaje tiene que ver con esa íntima ruptura que aún sacude a nuestro tejido social, tiene que ver, con el desfondamiento de la memoria, con las políticas de la verdad, y, por supuesto, de la mentira y del encubrimiento en el que estamos sumidos. Sabido es, en los círculos dirigentes y sus ideólogos, que la victoria neoliberal no se acompaña ni con mayor libertad ni con mayor educación y cultura, ni con una mayor y más equitativa distribución de la riqueza.

Los residuos autoritarios se enquistan en los rincones más ínfimos y más íntimos del tejido social. Las totalidades negativas que paralizan los meta-rrelatos en occidente tienen su respectiva manifestación, en el Chile actual, con el acontecimiento de la dictadura. Y su manifestación más notoria se hace patente en la incapacidad de compartir la experiencia de está ruptura, ante el ocultamiento constante y sistemático, ante la institucionalización de un discurso del olvido y de la impunidad; todos los valores por los cuales alguna vez se lucho, se desataron pasiones, se intentó un mínimo de verosimilitud, tanto en lo político como en lo cultural, se encuentran desfondados, y sus contenidos se hallan regados a lo largo y ancho de nuestra topografía física y mental. Residuos que se sostienen, en su precariedad, y que son constantemente velados por los lenguajes institucionalizados y degradados por la avalancha informática de los medios productores de opinión pública.

            Lo que, en última instancia, está en juego es la autonomía del individuo, la posibilidad de construir relaciones sociales más sanas y equitativas. Si bien es cierto que los discursos generadores de sentido que tradicionalmente establecieron las posiciones de poder y dirigieron las pugnas al interior de nuestra sociedad están fuera, o al margen de la escena que se describe, nada, ni lógicamente, ni fácticamente impide que se generen otros. Pero la resistencia a lo nuevo de parte de lo viejo, entendiendo por lo viejo, tanto las posiciones más fundamentalista arraigadas en la tradición y la dominación que se ha visto desplazada por la nueva tecnocracia liberal y sus aires de cambio, como los discursos neo, que apelan a ideas nuevas y renovadas para sostener viejas posiciones, sin detenerse a reflexionar y a pensar en el peso, la gravedad de aquellas discursividades, a pesar de esto, es posible generar una democratización de las relaciones sociales dentro de la educación. Principalmente mediante el abandono de las prácticas autoritarias, tanto las heredadas por la dictadura, como las generadas en la transición post-dictatorial.

            La gravedad del asunto amerita preocupación , pero a la vez lo grave se halla grávido de posibilidad, por el sólo hecho de oponerse a lo real. Apostar por lo posible, quizás la única reserva que le queda a la comunicabilidad en la enseñanza. Lo que implica, necesariamente un radical cambio en el modo de entender y afrontar el tema de la educación.

            Pero ya no podemos ser ingenuos. Hemos sido testigos de demasiadas volteretas y malabarismo en el circo democrático del Chile actual. Cuidado con los consecuentes, reza un viejo proverbio latino, esto ha sido utilizado por los poderes dominantes como arma de extorsión y de cooptación, pero también puede ser el principio de formas de relación menos dogmáticas y totalitarias.

Pero como dijera Enrique Lihn, mejor cayo, profetizar me da nauseas.

4             Post-ludio

            Sin embargo algo paso. El «mochilazo» del 2001, momento en el que entremedio del caos y los disturbios, un periodista le pregunta a un joven que huye de la policía “por qué hacen esto”, este le responde gritando”pa’ que respeten los culiaos… pa’ que respeten”. El 2006, año en que los estudiantes se vuelven a movilizar, ya de una forma más organizada, y organizada bajo las mismas narices de la sociedad «adultocèntrica», y que pone en jaque al gobierno de Bachlet, saca a un ministro de escena y logra que se discuta los que nunca estuvo en tabla: la Ley Orgánica Constitucional de Educación – LOCE. Sabemos que a los «pingüinos» se los bypasearon y que la discusión se decidió entre cuatro paredes apelando a la vieja estrategia de la mesa de diálogo y de unidad nacional, estrategia que hiede a fascismo. Hasta el año recién pasado, en que el movimiento estudiantil nuevamente sale a las calles, movilizando fuerzas y energías sociales que se daban por acabadas. Algo paso en el mundo juvenil.

Hoy asistimos a una apertura que involucra a toda la sociedad y que nos obliga a una toma de posición en pos de la transformación social.


[1] La definiciones de que se hacen en los países iberoamericanos para establecer políticas públicas enfocadas al segmento juvenil presentan diferencias: 7 y 18 años en El Salvador; entre los 12 y 26 en Colombia; entre los 12 y 35 en Costa Rica; entre los 12 y 29 en México; entre los 14 y los 30 en Argentina; entre los 15 y 25 en Guatemala y Portugal, entre los 15 y 29 en Chile, Cuba, España, Panamá y Paraguay; entre los 18 y los 30 en Nicaragua; y en Honduras la población joven corresponde a los menores de 25 años. En Brasil se utilizaría el tramo entre los 15 y 24 años de edad… (Dávila, Ghiardo y Medrano, 2005: 33)

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Editorial (CdE nº22)

Recientemente el Ministro Pablo Longueira ha anunciado la intención del actual gobierno que el Ministerio de Economía se haga cargo de la actual Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica, siendo el principal argumento la necesidad de que nuestro país impulse la innovación como motor del desarrollo económico.

Como ha quedado en evidencia, en los sucesivos estudios realizados por la Academia de Ciencias y las Sociedades Científicas, nuestro país adolece de la falta de una política de Estado en materia de investigación científica y tecnológica, que sea independiente de los gobiernos de turno. Diferentes gobiernos han creado instrumentos para incentivar la investigación, motivados por la existencia de una productiva comunidad científica nacional. Una vez más observamos con temor que se anuncian medidas que involucran nuestro desarrollo científico y tecnológico, sin que detectemos signo alguno de una amplia discusión nacional al respecto. La ley que dio nacimiento a CONICYT estableció la generación de un Consejo Nacional de Ciencia. Éste quedó en receso el año 1973 y ningún gobierno ha tomado a cargo su reactivación. Es hora de que este Consejo se reconstituya con la debida consulta a la comunidad científica, dando inicio a un proceso de debate nacional sobre la institucionalidad requerida para impulsar estratégicamente la investigación científica y la innovación en nuestro país. A la luz de la experiencia de los países que forman parte de la OCDE, es importante considerar la instalación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología. Abundan razones para la suspicacia. Se pretende, de manera soterrada, poner al servicio del modelo económico neoliberal la capacidad de la comunidad científica nacional. Ya no para el desarrollo del conocimiento, sino que para orientarla hacia los intereses del capital.  Los recursos humanos y económicos disponibles en el país al servicio de los grandes empresarios. Lo ha dicho el Ministro Longueira: “Es muy importante que CONICYT se radique en Economía y toda la inversión pública que hacemos en I+D en Chile y en ciencia y tecnología tenga un vínculo mayor con el aparato productivo” (sic).

También de manera encubierta, en un intento frustrado, el gobierno ha intentado entregar el litio a manos privadas. Todos los especialistas concuerdan en que las bases del CEOL fueron hechas para ser adjudicadas a Soquimich (SQM), ex empresa pública y hoy propiedad de Julio Ponce Lerou, oscuro personaje de la dictadura y principal financista de la UDI. Recordemos que Ponce acumuló su actual fortuna utilizando privilegios concedidos por Pinochet desde el puesto de Gerente de Empresas de CORFO. El procedimiento utilizado para adjudicar la exploración y explotación del litio por parte de privados es un artificio que a nadie puede engañar y que busca evitar una discusión democrática y amplia de la sociedad chilena en relación con este recurso natural que es propiedad de todos los chilenos. El proceso de adjudicación de contratos para la explotación de litio es “inconstitucional”, ya que, según la normativa vigente el litio es una de las sustancias minerales que no puede ser objeto de concesión.

En relación al tema que estamos tratando, pero en otro plano. Una vez más los porfiados hechos contradicen la autodefinición de pretendida excelencia, vociferada a los cuatro vientos por el gobierno, toda vez que el nivel de ineptitud e incompetencia ha quedado en evidencia con la renuncia del ahora ex subsecretario de Minería, Pablo Wagner.

Aunque fracasado, el funesto proceso de privatización del litio deja al descubierto una de las principales características nefastas de la doctrina neoliberal. Como ya hemos mencionado, en relación al traspaso de CONICYT, no existe de parte del gobierno interés por llevar a cabo, en conjunto con la comunidad científica, un Proyecto Nacional de Desarrollo de Ciencia y Tecnología. El litio fue declarado mineral estratégico en 1979 porque se pensaba que podría tener aplicaciones nucleares (por tanto armamentistas). Treinta años después, el litio se ha consolidado como materia prima en la fabricación de baterías, cerámicas y vidrios, grasas lubricantes, aluminio, entre otros. En los últimos ocho años el precio mundial del litio ha subido de US$ 2.500 a US$ 6.000 por tonelada.  Es decir, en nuestra discusión sobre el litio, nosotros quienes somos los dueños de este mineral, debemos tener en cuenta el largo plazo y la búsqueda de valor agregado de este recurso, y no vender este mineral en bruto como lo dicta el dogma neoliberal que sólo consolidará una estrategia exportadora de materias primas sin el consiguiente valor agregado. El producto estrella que utiliza litio son las baterías, las cuales son requeridas por automóviles, celulares y computadores. Sin embargo, el litio utilizado en una batería sólo representa menos del 1% del valor del producto final, valorado a precio corriente. El 99% restante es tecnología. Esto no lo hemos discutido, aun cuando Longueira pretenda resolver este tipo de inconvenientes mediante el traspaso de CONICYT al Ministerio de Economía, según ha señalado: “Es un cambio que queremos introducir en que debemos aceptar la mirada de la ciencia, de la academia, del mundo de la investigación en Chile al mundo del emprendimiento, porque si seguimos en esta falta de diálogo y de vínculo, vamos a seguir siendo un país exportador de materia prima” (sic). Digámoslo una vez más, Chile adolece que un plan estratégico de Desarrollo en Ciencia y Tecnología. Mientras este plan, el cual necesariamente debe contar con la participación de la comunidad científica nacional, no se materialice continuarán los intentos neoliberales pretendiendo privatizarlo todo.

La Iglesia Católica, después de mucho tiempo, ha saltado al ruedo y ha hecho una firme condena al modelo neoliberal. En su carta pastoral los obispos chilenos hacen una denuncia social importante: el modelo neoliberal y su afán de lucro, así como la política de bonos que rehuye el principal aspecto de la desigualdad, el pago justo y equitativo a los trabajadores, mantiene a los trabajadores, aún con contrato, siendo pobres.

Carta Abierta: Por una política cultural, científica y tecnológica para Chile fundada sobre una discusión democrática

Hace dos semanas la prensa nos ha sorprendido con la noticia de que, por encargo del presidente de la República, el Ministro Longueira estaría preparando un proyecto de ley dirigido a desvincular la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología (Conicyt) de su actual dependencia en el Ministerio de Educación para trasladar su administración al Ministerio de Economía. Anunciada en el Diario Financiero, refrendada el mismo día en Radio Cooperativa y reiterada algunos días después en una entrevista concedida al Diario El Mercurio, la iniciativa fue defendida por el actual Ministro de Economía como una manera de fomentar una relación más estrecha entre el “mundo” de la academia y aquel de la empresa privada con vistas a que “toda la inversión pública que hacemos en I+D en Chile y en ciencia y tecnología tenga un vinculo mayor con el aparato productivo”, de suerte que “todos los recursos que se destinan para la investigación en Chile tengan una planificación estatal mucho más vinculante al valor agregado que queremos incorporar a los sectores productivos”.

Las palabras del Ministro no pueden sino despertar la más aguda inquietud entre aquellos(as) que trabajamos en el seno de la academia y comprometemos nuestros esfuerzos en el desarrollo de la investigación en Chile. De hecho, la preocupación es incluso más punzante para las y los académicos y profesionales que dedicamos nuestras labores, a la ya fuertemente pauperizada investigación en Ciencias Sociales, Humanidades y Artes.

Es que, como ya ha sido señalado por otros colegas, no toda la investigación puede ser traducida, ni en lo inmediato ni en lo mediato, a productos transables en el mercado, menos aún reducida al valor agregado de algún bien de consumo. De hecho, existe un vasto territorio de la investigación mal llamada pura que difícilmente podría ser transformada en los acariciados primores que cautivan las apetencias del  denominado sector productivo. Además, tanto Conicyt como Corfo (es decir, el mismo Ministerio de Economía), ya cuentan con programas específicamente orientados al fomento y desarrollo de I+D, a lo cual se suman exenciones tributarias millonarias a las empresas por inversiones en esta área.

Sabemos que el valor del saber nacido de la investigación en Ciencias Sociales, Artes y Humanidades posee una particularidad que lo hace aún más sensible a la  reducción utilitarista. Convocado a dar cuenta de los asuntos que conciernen a hombres y mujeres en un tiempo y espacio determinado,  las Artes, las Humanidades y las Ciencias Sociales representan la forma en que una sociedad intenta comprenderse en su pasado, su presente y su devenir. Sin esta investigación, la sociedad se vería condenada al automatismo irreflexivo, a la repetición incesante de su propia barbarie, privada de la posibilidad de mirarse, de escucharse, de sentirse, de retratarse, de reconocerse, de estimarse, de criticarse, de proyectarse… En consecuencia, no parece exagerado decir que se trata de saberes sobre los que se funda el alma misma de una cultura: cercenarlos mediante exigencias utilitaristas y objetivos mercantiles sería exponernos a transformar nuestra sociedad en una maquinaria productiva altamente rentable pero desalmada.

Sin duda, los fondos que nuestro país destina al conjunto de la investigación son notablemente exiguos. De hecho, la inversión que nuestro país destina a Ciencia y Tecnología sólo llega al 0,4% del PIB, allí donde el promedio de los países de la OCDE alcanza el 2,3%, ubicando en el penúltimo lugar del ranking. Pero esta pobre realidad llega a la más resuelta indigencia cuando se trata de los presupuestos para investigación en Ciencias Sociales, Humanidades y Artes.  ¿Qué podríamos esperar de estos anuncios para esas disciplinas? Como es evidente nada auspicioso. Una verdadera “innovación” que demostraría  una preocupación real por el desarrollo científico y tecnológico sería la de crear un Ministerio de la Cultura, las Ciencias y las  Tecnologías colocando en el centro del crecimiento y progreso del país a la cultura y sus manifestaciones creadoras en el más amplio sentido. La producción científica, entendida como producción cultural, debe gozar de libertad de pensamiento y por lo tanto no debe estar condicionada solo a la generación de mercancías transables en el mercado, tampoco debe estar presionado por las demandas de las empresas privadas ni de los gobiernos de turno. Una real política estatal debiera ocuparse de propiciar espacios para que el libre desarrollo de las ciencias pueda expandirse en consonancia con los múltiples desafíos que la sociedad globalizada impone como futuro. Los abajo firmantes demandamos que la democracia en Chile no sea solo formal, sino que considere efectivamente la participación, opinión y propuestas de los diversos actores , en este caso las y los científicos, intelectuales e investigadores(as) que construyen día a día el conocimiento. Rechazamos las políticas producidas entre cuatro paredes ideologizadas y sesgadas, más aún si se trata de reeditar una institucionalidad propia de los tiempos oscuros de la dictadura (cuando Conicyt efectivamente pertenecía al Ministerio de Economía). Es preciso comprender que los cambios no pueden imponerse por decreto, sobre todo cuando estos tocan el corazón mismo de la cultura, es decir de las ciencias como lenguaje y acción del pensamiento humano.

 En este sentido, y en respuesta a una demanda arraigada de la comunidad intelectual y científica chilena, lo propicio es generar una instancia gubernamental que acoja la más extensa y diversa participación de esa misma comunidad, para discutir los lineamientos de una política cultural, científica y tecnológica para el país y alcanzar sobre esa base los consensos necesarios que permitan una proyección de largo plazo de las capacidades creativas de la nación, sin las cuales ningún desarrollo es posible.

Nota de la redacción: Para suscribir esta carta abierta es necesario enviar mail a:

cartaabiertaconicyt@gmail.com

indicando: Nombre, profesión u oficio, institución y RUT.

¡ Ya se anuncian los nuevos estatutos de la Universidad de Valparaíso ! Osvaldo Fernández D.

En el recién pasado tres de octubre la Universidad de Valparaíso, constituida en comunidad triestamental, culminó un largo proceso de discusión destinado a elaborar nuevas normas orgánicas, que la limpien del verdadero lastre que, como herencia, ha dejado la dictadura en las universidades chilenas. De la totalidad que compone este proceso se realizó ya una primera etapa, que consistía en un referéndum destinado a sancionar cuál de los proyectos presentados constituirá finalmente el cuerpo legal de los nuevos Estatutos Orgánicos de la Universidad.

Este proceso había comenzado con la crisis que sacudió a la Universidad de Valparaíso en el año 2007, cuando un movimiento estudiantil seguido por profesores y funcionarios de la Universidad de Valparaíso decide pedir la renuncia al rector Riquelme, por la responsabilidad que él tenía en la anormalidad en que había caído la gestión de nuestra Universidad y por la grave crisis que afectaba al plantel. Ese fue el detonante; pero detrás de las vicisitudes históricas contingentes, lo que este movimiento reclamaba y se proponía era retornar a las normas democráticas que regían la enseñanza superior en Chile antes de la Dictadura. Lo que se traducía para la gestión de la Universidad en una mayor participación de la comunidad en sus decisiones y en que el eje del poder, hasta entonces diseñado como un eje vertical, de arriba hacia abajo, restableciera un correcto equilibrio entre autoridades unipersonales y  el conjunto de la comunidad organizada en estructuras colegiadas.

La fórmula que se encontró para ello y cuya práctica ha existido desde entonces, y que en mayor o menor medida ha estado normando la política universitariaE fue la triestamentalidad, es decir, la instalación de cuerpos colegiados integrados por profesores, estudiantes y administrativos, en todos los niveles de gestión universitaria, desde el Consejo académico, organismo máximo, hasta aquellas instancias que rigen las políticas de los institutos. Ellos deberían ser cuerpos colegiados y representativos que aseguraran una participación amplia de la comunidad de la Universidad en las políticas y directrices que la conducen.

Fue desde este mismo Consejo Académico, presidido por el Rector Aldo Valle, que se dio partida al proceso de discusión y elaboración de los nuevos Estatutos, designando a una comisión central, formada de manera triestamental, es decir, con representantes de los estudiantes, académicos y funcionarios, para que organizara la discusión acerca de los nuevos estatutos. Cuatro años duró este proceso, porque se quiso que el debate fuera universal y en él participara de manera activa toda la comunidad. Pues detrás del debate acerca de la nueva ley que queríamos darnos, estaba el propósito de elaborar una nueva  concepción de la universidad en Chile. Una universidad que fuera a la vez: democrática, estatal y pública, superando las trabas que la dictadura había instalado desde que inició el desmantelamiento de la Universidad de Chile y la liquidación del carácter público que nuestras instituciones de enseñanza superior tenían.

Consideramos que el verdadero triunfo está en que el proceso se haya llevado a cabo. Él fue la expresión de una voluntad colectiva que durante todo este tiempo estuvo atenta y pendiente de que el proceso se realizara. Es por eso que valoramos la culminación de esta primera etapa en donde la que resulta gananciosa es la práctica triestamental de la Universidad de Valparaíso, que ha logrado finalmente consolidarse como una práctica duradera en nuestra Universidad.

Desde ya, los tres proyectos que se habían presentado contenían en su seno la forma triestamental como el eje principal de las normas que los distintos proyectos se proponían. Los tres significaban dejar atrás como obsoletas aquellas  normas que la dictadura había impuesto a la organización y dirección de la Universidades. En este sentido las tres significaban un avance en lo que a  práctica democrática se refiere. Hubo consenso, por ejemplo en los porcentajes de la participación de cada estamento, lo que en general siguió la práctica instalada en el Consejo Académico.

En lo que respecta al mismo proceso electoral, éste se desarrolló normalmente, con una entusiasta participación de los diferentes estamentos, cuyos porcentajes fueron los siguientes: académicos, el 61,96%; funcionarios, el 86, 17%; estudiantes, el 39,8%. Escrutados y ponderados los votos válidamente emitidos, el resultado fue el siguiente:

  Académicos Funcionarios Estudiantes Total
Proyecto A 9,0% 0,1% 0,7% 9,8%
Proyecto B 23,2% 2,5% 18,9% 44,5%
Proyecto C 34,4% 8,5% 2,6% 45,6%

Viene ahora una segunda vuelta que decidirá entre las dos propuestas que quedaron, el proyecto B que emanó de la Asociación de académicos y la Federación de Estudiantes y la propuesta C, que emanó de la elaboración que realizó la Comisión triestamental en donde también participó activamente la Federación de Estudiantes y la agrupación de funcionarios y académicos. Ambas son las más avanzadas en lo que se refiere al proceso de democratización. Difieren, sin embargo, en la manera como ambos proyectos enfrentan los obstáculos que la actual Constitución chilena levanta como una barrera que impide, a la postre, tanto la democratización de la Universidad como el que éstas se conviertan en verdaderas instituciones públicas. Esperamos que la Universidad pueda sortear estos últimos obstáculos que la traban en su desempeño y finalmente logre darse los Estatutos Orgánicos que se ha propuesto.

La “Tercera” MEGA, Una empresa Internacional

Tres son los momentos a considerar cuando se habla de la obra de Marx. En primer lugar, el momento de la redacción que tiene que ver con las motivaciones que precipitaron tal o cual escrito; luego, el momento de la publicación, siempre retardado, muchas veces por el propio Marx, o porque la inmensa mayoría de su obra quedó abandonada, porque el interés que los había suscitado, había cambiado, o porque la ocasión había pasado; y finalmente el momento de la recepción, momento particularmente delicado en el caso de Marx, porque las recepciones siempre han caído en medio de enconados debates políticos.

Porque es solo una leyenda aquello de la formación del pensamiento de Marx como un proceso ascendente, rectilíneo sin vaivenes ni incertidumbres, que comienza con sus primeros escritos y culmina con el Capital. Al contrario, Marx fue siempre, hasta los últimos días de su vida un pensamiento en acto, despierto, abierto y dispuesto frente a las incertidumbres; ajeno a aquella satisfacción efímera que proporcionn las certezas; inquieto frente a las alternativas que surgían a un costado de lo que parecía ser su línea central de pensamiento.

Por eso, el conocimiento de la obra de Marx ha sido siempre un acto inacabado, lleno de sorpresas, y que siempre, en lo que se refiere a la recepción de esta obra, ha estado vinculado a complicadas y complejas encrucijadas políticas de índole internacional. Desde la gran esperanza revolucionaria europea de  1848, hasta el desaparecimiento de la URSS y el llamado “socialismo real”. Esto explica que la historia de ola lectura de Marx haya sido un proceso ritmado por reiteradas “crisis” del marxismo, sucesivos anuncios de muerte para Marx, a los que han seguido otras tantas resurrecciones.

En lo que sigue vamos a referirnos lo que han sido los intentos por publicar su obra completa, junto con las obras de Federico Engels. Iniciativa que se conoce popularmente con la sigla MEGA (sigla que viene de la expresión alemana, Marx, Engels – Gesamtausgabe)

El primer intento por publicar las obras completas de Marx y Engels, (la Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA) se debe en gran medida al esfuerzo apasionado de un ruso, David Borisovich Riazanov, a partir de los años ´20. En 1900 éste va a la sede del Partido socialdemócrata en Berlín a buscar archivos para su trabajo de investigación. Encuentra todo en desorden, la biblioteca de Engels que acaba de llegar desde Londres es sólo parcial porque Bernstein se ha apoderado de una parte. Cuenta Riazanov:

«Me acuerdo que en 1900 yo había visto en Berlín esa biblioteca dispersa sin ningún orden en varias habitaciones (…) Así es como desaparecieron miles de obras pertenecientes a los creadores del socialismo científico. Ni siquiera se tomaron el trabajo de verificar si no contenían, al margen, notas de lectura, algunas huellas del trabajo intelectual de Marx o de Engels… Una parte de los manuscritos que, normalmente, habría debido ser despachada a los archivos del Partido Socialdemócrata en Berlín fue conservada por Bernstein, y la correspondencia de Engels y la parte más importante de las obras que permanecen desconocidas hasta la actualidad quedaron en Londres.»[1]

En 1910 Kautsky, conoce a Riazanov y lo hace su secretario, encargándole la tarea de reconstituir la correspondencia de Marx en vista de su publicación. Así, los archivos de Marx pasan al cuidado de un ruso que sí se interesa y mucho en ellos. En 1913 Riazanov publica en Berlín un primer conjunto de cartas con abundantes cortes que Eduardo Bernstein y Franz Mehring le obligan a practicar, “porque no todo puede ser puesto en todas las manos”.

En 1918 funda el Centro de Archivos donde reúne los documentos del socialismo ruso y alemán. En la Academia socialista dirige la sección de marxismo, la que luego se transforma en el Instituto Marx Engels, en donde deposita todo lo que trajo de Alemania y Francia. En países todavía en guerra, vuelve a Alemania por un mes y trata de conseguirlos manuscritos de Marx y Engels que quedaban en el Partido socialdemócrata o en casa de Bernstein. Más tarde cuenta estas peripecias: «Tuve que invocar todas las fuentes impresas que conocía, y sólo después de varios días de discusión me mostró la segunda parte del manuscrito. El resultado de mi viaje a Berlín efectuado con este fin… (es que)…con mucho trabajo logré finalmente sacar a la luz toda la Ideología Alemana, y tengo una copia.”

Ya por esa fecha se había acordado con los alemanes la publicación de la obra de Marx y Engels, pero acontecimientos ligados al asesinato de Rosa Luxemburgo, lo impiden. En 1920 el instituto marx-Engels de Riazanov publica bajo el título de “Libro V del Capital”, notas dispersas de esta obra y fragmentos escogidos de la correspondencia de Marx y Engels. En ese año vuelve a recorrer Europa buscando y recuperando material. En 1922 publica integralmente los textos de las cartas que recuperó.

En febrero de 1931 es detenido y en 1932 el Instituto que él había creado comienza a publicar la primera MEGA que también él mismo había preparado. Muere en el campo de confinamiento en 1939. Sin embargo, las depuraciones estalinistas de la década de los treinta del siglo pasado afectaron también a los principales estudiosos comprometidos en esa empresa, y el advenimiento del nazismo en Alemania, interrumpieron bruscamente esa edición.

El siguiente intento por reproducir todos los escritos de ambos pensadores, la que se llamó la MEGA 2, comenzó recién en 1975 pero también fue suspendido, y su publicación quedó incompleta, esta vez debido al derrumbe del mundo del “socialismo real”.

La segunda MEGA fue iniciada en los años 70 y preparada de acuerdo a rigurosos principios histórico-críticos. Esto explica que la nueva MEGA haya decidido continuar lo hecho por la segunda. En efecto, ya cuando en los años 60 se estaba planeando la publicación de la MEGA 2, la exigencia técnica era imprescindible. Desde ese instanmte se le dio al método computacional un papel relevante. La composición tipográfica de los primeros volúmenes debía comenzar en 1971. Tres volúmenes estaban planificados para 1972, cinco para 1973 y la suma de ocho volúmenes para 1974. Desde 1975 en adelante se esperaba que fuera posible producir unos diez volúmenes por año. Este segundo empeño que fue producto de los esfuerzos realizados por el Instituto Marx-Engels de Moscú, se interrumpe con el fin de la URSS.

En octubre de 1990 se funda la International Marx-Engels Foundation (IMES), que decide continuar la empresa anterior pero reestructurándola, y se decide usar para ello lo más nuevo en materia de computacional. Después de haber alcanzado un acuerdo inicial en 1992, en una conferencia que se llevó a cabo en Aix-en-Provence, y que revisó las pautas para la nueva edición. En esta  nueva empresa participan franceses, rusos, japoneses, chinos, italianos, alemanes

La nueva edición es publicada por una fundación internacional, con base en Amsterdam. Cinco instituciones forman parte de esta Fundación Internacional Marx-Engels (IMES): el Instituto Internacional de Historia Social (ISH) de Amsterdam, La Academia de Berlín-Brandenburgo para las Ciencias y Humanidades (BAW), la  Casa Carlos Marx de Trier, como parte de la Fundación Friedrich Ebert , y dos institutos rusos.

Este tercer intento tiene las siguientes características. Es, a diferencia de los dos intentos anteriores de índole fundamentalmente académica; es una empresa global que no está circunscrita a países precisos, ni a orientaciones principalmente políticas. De hecho en la preparación de los nuevos volúmenes están participando investigadores de Amsterdam, Berlín, Nápoles, Paris, Moscú, Nueva York.  Además para que fuera realmente global el principal elemento de contacto entre los investigadores de diferentes países es uso de la técnica computacional al más alto nivel.

Esta edición, que piensa llegar a 114 volúmenes,  de los cuales han aparecido ya 52, se vam a ir publicando de acuerdo a las siguientes cuatro secciones:

1)    La primera, que comprende las obras (excepto El Capital), los artículos y los discursos de Marx y Engels, en sus distintas versiones, así como en las traducciones hechas por ellos mismos.

2)    En la segunda contiene junto con El Capital en todas sus ediciones, los trabajos preparatorios, y la totalidad de los manuscritos que Marx escribió antes y después de 1867.

3)    La tercera sección comprende la correspondencia ordenada cronológicamente pensada en 35 volúmenes, de los cuales ya han aparecido 12. Se trata tanto de las cartas escritas por ellos, como de las que le dirigieron a ellos.

4)    En la cuarta sección se publicarán extractos, apuntes y notas escritas al margen de los libros que leían o consultaban. En esta sección se piensa editar los 220 cuadernos de Marx, redactados en griego clásico, alemán, inglés, francés, y ruso.

Vivimos un momento de actualidad de Marx, sectores nuevos, no tradicionales, se han dedicado a leerlo en estos años, se dice por ejemplo que ahora son los banqueros de Wall Street quienes lo están leyendo, a raíz de la crisis económica internacional que se está viviendo. La pregunta que cabe hacer con respecto a este nuevo empeño por publicar la totalidad de la obra de Marx y Engels es acerca del Marx que va a aparecer. Cuánto este nuevo conocimiento va a afectar a la imagen que hasta ahora se tiene de él.  Creemos que los debates que la lectura de estos materiales, muchos de los cuales son inéditos, va a provocar, no van a estar exentos de sorpresa.

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[1] Riazanov  cit por, Attali, Jacques, Karl Marx o el espíritu del mundo, FCE, Buenos Aires, 2007, p. 369

Fallece el influyente historiador marxista Eric Hobsbawm

Intelectual británico dejó de existir a los 95 años de edad

Fallece el influyente historiador marxista Eric

Hobsbawm

Entre sus obras más destacadas, están “Historia del siglo XX. 1914-1991” y “Guerra y paz en el siglo XXI”.

 

El influyente historiador marxista Eric Hobsbawm, británico de origen judío, murió este lunes en Londres, a los 95 años, confirmó su familia.

Hobsbawm falleció a primera hora de la mañana en el hospital Royal Free de Londres, donde era tratado de una neumonía, según la cadena británica BBC.

Un comunicado de su familia indicó hoy que a Hobsbawm “lo echarán mucho de menos no solo su mujer de los últimos 50 años, Marlene, sus tres hijos, siete nietos y un bisnieto, sino también sus miles de lectores y estudiantes en todo el mundo”.

Entre sus obras más destacadas, que influyeron en generaciones de historiadores, están “Historia del siglo XX. 1914-1991″ y “Guerra y paz en el siglo XXI”.

El intelectual, que aplicó los principios del marxismo para explicar el mundo actual, publicó su último libro en 2011, bajo el título “Cómo cambiar el mundo”.

Hobsbawm nació en Alejandría (Egipto) en 1917, en el seno de una familia judía, y creció en Viena (Austria) y Berlín (Alemania) antes de trasladarse a Londres en 1933, el año en que Hitler llegó al poder en Alemania.

Estudió en la Universidad de Cambridge y en 1947 se convirtió en profesor en la universidad londinense de Birkbeck, con la que colaboró durante años hasta llegar a ser su presidente.

 

Fuente:http://www.elmostrador.cl/noticias/mundo/2012/10/01/fallece-el-gran-historiador-marxista-eric-hobsbawm/

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