A noventa años de la publicación de los Siete ensayos de interpretación de la realidad perúana de José Carlos Mariátegui.

Hace noventa años, en septiembre 1928, Mariátegui publicaba su obra mayor, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. En esta obra, el Perú de los años veinte, emerge, gracias a un cuadro sincrónico y crítico, como un objeto nuevo, que se vierte en conceptos, capaces de dar cuenta del carácter excepcional de la coyuntura histórica elegida.

El libro va precedido de una advertencia que explica, en primer lugar, las razones que explican la forma de ensayos que ha preferido para interpretar la realidad peruana. Por eso comienza esta advertencia refiriéndose a la forma que asume su libro: “Reúno, dice Mariátegui, en este libro, organizados y anotados en siete ensayos, los escritos que he publicado en Mundial y Amauta sobre algunos aspectos sustantivos de la realidad peruana.

«Como la Escena contemporánea, no es éste, pues, un libro orgánico. Mejor así. Mi trabajo se desenvuelve según el querer de Nietzsche, que no amaba al autor contraído a la producción intencional, deliberada, de un libro, sino a aquel cuyos pensamientos formaban un libro espontánea e inadvertidamente. Muchos proyectos de libros visitan mi vigilia; pero sé por anticipado que sólo realizaré los que un imperioso mandato vital me ordene. Mi pensamiento y mi vida constituyen una sola cosa, un único proceso. Y si algún mérito espero y reclamo que me sea reconocido es el de –también conforme a un principio de Nietzsche- meter toda mi sangre en mis ideas.»

«Volveré a estos temas cuantas veces me lo indique el curso de mi investigación y mi polémica. Tal vez hay en cada uno de estos ensayos el esquema, la intención de un libro autónomo. Ninguno de estos ensayos está acabado: no lo estarán mientras yo viva y piense y tenga algo que añadir a lo por mi escrito, vivido y pensado.»

Leídos desde esta perspectiva, los 7 Ensayos, aparecen bajo otra iluminación, y la exposición se transforma en el proyecto de una voluntad personal y colectiva, individual y generacional, que ha descubierto en la sociedad en que le tocó vivir, el papel revolucionario, que puede desempeñar. Quedan así atadas, en desusada solidaridad, dos cosas; 1) la teoría o ciencia que se emplea para interpretar, y 2) la experiencia personal y subjetiva que emerge y se identifica con este ejercicio teórico.

Así, el debate consigo mismo precede y rige, en este caso, al debate que se hará con las otras posiciones que se dan en la escena Peruana, y con las cuales se dispone a confrontarse. Su esfuerzo por producir un pensamiento abierto, como lo confiesa en la “Advertencia”, revela un estilo personal que se propone desarticular la marca positivista que detentaba hasta entonces el lenguaje teórico de los civilistas.

O sea, la intelectualidad oligárquica de comienzos del siglo veinte ligada del partido civil en donde se encontraban José de la Riva Agüero, y los hermanos Calderón, cuyas ideas habían hegemonizado el pensamiento peruano hasta la aparición de la generación de Mariátegui y Haya de la Torre a comienzos de los años 20.

El Perú de los años veinte era el Perú de la crisis del estado oligárquico y de su cultura civilista, exponerlo suponía, no sólo asumir esta crisis, sino también encontrar una respuesta que se convirtiera en alternativa política frente a la clase dominante. En tal empeño el proceso de interpretación, apoya un llamado a la acción práctica de aquél grupo intelectual. En la misma medida en que nos revela la estructura interna de este objeto excepcional, que es el Perú posible en esos años veinte y que podía funcionar como una utopía necesaria en ese entonces, Mariátegui inaugura la posibilidad de intervenir en esta realidad, respondiendo así, al desafío que el Perú del “Oncenio”, le planteaba.

El libro, que se propone como una contribución al desarrollo del socialismo en el Perú, contiene al mismo tiempo una contribución al marxismo, que aparece reivindicado como el instrumento del análisis. A propósito, nos podemos preguntar, ¿qué es lo que Mariátegui entendía en ese momento por marxismo? ¿Qué es lo que impide que en su esquema interpretativo de la realidad Peruana, el Perú no aparezca, como un ejemplo meramente ilustrativo de leyes universales, como será posteriormente la norma, en este tipo de trabajos? En efecto, en estos Siete ensayos, Mariátegui no cesa de proclamarse marxista y de definir como tal el método empleado. Aún más, la descripción del cuerpo social peruano que grafica su obra, parece incluso acomodarse a la imagen del edificio que Marx propone en el prólogo a la Contribución a la crítica de la Economía Política. Leídos de esta manera los tres primeros ensayos parecen destinarse a tratar la infraestructura de la sociedad peruana de los años veinte del siglo pasado, mientras que los otros cuatro se sitúan en los diferentes planos de la superestructura política e ideológica.

Según esta ordenación, pertenecen a la estructura, 1) “Esquema de la evolución económica”; 2) “El problema del indio”, y 3) “El problema de la tierra. En cambio, se ubican en el plano superestructural, 4) “El proceso de la instrucción pública”, 5) “El factor religioso”, 6 “Regionalismo y centralismo, y 7) “El proceso de la literatura”.

Ya en esta enumeración hay un elemento que perturba la aparente rigidez del edificio ideado por Marx. Rigidez que en su ocasión Engels en su correspondencia de los años 1890 explicó y corrigió, autocríticamente, mediante la introducción del concepto de “determinación en última instancia”, gracias a la cual la relación entre la base estructural y las diferentes expresiones superestructurales, establece una reciprocidad múltiple, y dialéctica.

Cabría añadir que, el carácter convocatorio del discurso, la conminación permanente al sujeto histórico de aquél entonces, y a la necesaria presencia del indio en la construcción del socialismo en el Perú, reivindican la importancia del sujeto histórico y revolucionario en el proceso revolucionario. No olvidemos que Mariátegui intervino siempre en el mismo terreno en que lo hizo Antonio Gramsci, es decir, en el plano de la cultura a través de la necesidad de postular, lo que el pensador italiano llamaba, una reforma intelectual y moral.

Por otra parte, y en correlación con la preocupación anterior, se interroga por la naturaleza del del incaísmo. Concepto que le permitió abrir la nueva problemática, y que le dio la oportunidad de resolverla internamente. Un concepto que la tradición virreinal-criolla había políticamente abandonado. Mariátegui lo rescata de la nada en que estaba sumergido. Lo recupera y amplía sus dimensiones, introduciéndolo en el estado presente de cada fenómeno, de cada sector de la realidad peruana. Así, la peruanidad que postula como un concepto “por crear”, se erige en elemento actual, en concepto posible, en futuro en potencia, capaz de proporcionar el nuevo punto de vista, y actuar como el elemento identificador de la nueva intelectualidad.

El incaísmo se convierte así, en concepto clave, no sólo para enfrentar al nacionalismo criollo y disputarle el patrimonio de la tradición, o para unir vanguardia e indigenismo, sino también porque la presencia de este concepto en el análisis de la sociedad peruana, inaugura una nueva perspectiva en el estudio de los asuntos peruanos.

La otra novedad que los 7 Ensayos aportan desde un punto de vista marxista es que reúnen en un mismo movimiento, interpretación y transformación. Aquello que en las Tesis sobre Feuerbach de Marx, eran momentos distintos y parecían estar contrapuestos, se integra aquí, haciendo del análisis, una parte de la intervención de este sujeto generacional, que propone en esta misma realidad, la transformación que cree necesaria

Mariátegui concibe la interpretación como un momento de la transformación. Es decir, la transformación como consecución de aquello que la interpretación había proyectado como programa de un sujeto generacional históricamente determinado. Por eso, en estos ensayos, la interpretación, supone un doble movimiento. Por una parte, crítica y niega la realidad que confronta, de la cual en cierta manera se despoja. Por otra parte, la asume cuando se propone transformarla, e intervenir en ella.

Es bajo los criterios que se desprenden de este uso nuevo e instrumental del marxismo, que Mariátegui interpreta la realidad peruana. Sitúa esta sociedad en la historia, lo que significa, como lo dijera a propósito de Amauta, no sólo “ser” historia, sino “hacerla. Al aplicar el adjetivo “histórico”, a sus empresas y proyectos, lo hacía para poder transformar lo dado.

Todos los ensayos poseen una factura similar, dentro de la cual, la historia se hace presente como la discontinuidad que las distintas intrusiones europeas produjeron sobre los “fragmentos “inertes” de lo nacional”. Al mostrar esta fragmentación histórica del Perú, Mariátegui explica por qué los fenómenos peruanos actuales, tienen que ser tratados, necesariamente como una problemática presente y actual, como un nudo determinado de contradicciones, que deben ser resueltas.

En su ensayo, “La tradición nacional”, Mariátegui afirma, que el Perú, “…es todavía un concepto por crear. Más ya sabemos que este concepto no se creara sin el indio”. Estas palabras parecen repetir una afirmación similar que hizo en 1924 o en “Lo nacional y lo exótico”. Allí, de manera parecida dice que “El Perú es todavía una nacionalidad en formación. La están construyendo sobre los inertes estratos indígenas, los aluviones de la civilización occidental.” Entre ambas afirmaciones, han pasado casi tres años durante los cuales, hace suya la causa indígena, al formular las líneas centrales de su indigenismo. El Perú ya había pasado a ser el objeto principal de sus estudios y afanes.

La expresión “un concepto por crear”, indicaba en ambas ocasiones, la necesidad de desplazar el concepto de tradición, del lugar en donde la cultura dominante lo había instalado. Era un desplazamiento que cambiaba radicalmente los términos de la polémica, pues exigía de aquella juventud intelectual que irrumpía en la escena peruana, un cambio de criterio, respecto de la idea de patrimonio cultural. Las posiciones rupturistas debían dejar de ser meras negaciones vacías, para pasar a obtener, gracias a propuestas y programas concretos, la legitimidad y la fuerza de una alternativa frente al civilismo.

Mariátegui desafía a los tradicionalistas, pero sin que por ello niegue la tradición. Al contrario, la niega porque es incompleta. Porque omite el componente prehispánico de esa tradición. La niega en su particularidad virreinal-criolla, otorgándole otro contenido, más vasto y comprensivo, que recupera justamente a aquella parte de la historia, que la cultura dominante había menospreciado: el incaísmo. Para la ideología oligárquica el incaísmo había sido relegado a la condición de prehistoria. Mariátegui lo integra, trasformando, tanto el esquema oficial de la historia peruana, como también la mirada que se solía tener acerca de la realidad prehispánica. La tradición incaica, reivindicada por Mariátegui, se convierte así en el concepto desde el cual va a componer la concepción de peruanidad que expone en los 7 Ensayos.

El sujeto de este discurso es una conciencia cómplice, que se busca a si misma dentro del objeto que se afana en hacer emerger. Su realidad va a depender de la significación histórica que ella misma alcance en el cuadro que expone. De lo cual se desprende, que junto a la necesidad de concebir el Perú, como “un concepto por crear”, hay que postular como posible, una voluntad colectiva de vanguardia, que también se halla en estado de constitución, y en la cual Mariátegui veía la construcción del futuro Perú socialista.

Anuncios

Reseña:Megaincendio en Valparaíso. La historia de precariedad y corrupción que devastó al Puerto Principal

El 12 de abril de 2014 un incendio de grandes proporciones consumió buena parte de la zona alta de Valparaíso, dejando a más de 12 mil personas sin su hogar y arrebatando 15 vidas humanas. El libro “Megaincendio en Valparaíso. La historia de precariedad y corrupción que devastó al Puerto Principal” contiene un reportaje periodístico exhaustivo sobre esta tragedia, escrito por la periodista de la Universidad de Chile, Valentina Andrade Lillo.

La investigación busca reconstruir la historia con un relato ágil, al mismo tiempo que persigue explicaciones sobre cómo fue posible que la ciudad y su población se vieran tan vulnerables a un desastre de esta magnitud. En cuanto a ello, las aristas son variadas y diversas; desde condiciones climáticas, urbanas, políticas y hasta históricas, pero presentando un factor común: la pobreza. El texto se sumerge en algunos de los peores y más dolorosos males que presenta nuestro país: la segregación habitacional, precariedad social, inseguridad urbana, desigualdad económica y corrupción política.

Reseña del libro: Memoria, Historiografía y Testimonio.

Memoria, Historiografía y Testimonio.

Pablo Aravena y Walter Roblero (Editores), Universidad de Valparaíso / Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, Santiago, 2015, 125 pp.

2015-libro-memoria

Este libro reúne la mayor parte de los trabajos expuestos en el I Encuentro Nacional de Historia Oral, efectuado en agosto de 2014 en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos y la Universidad de Valparaíso. Esta fue la primera actividad pública de la Red de Historia Oral y Archivos Orales, organización que se venía gestando, en reuniones de un pequeño grupo de investigadores, desde un año y medio antes, animada principalmente por académicos de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, investigadores del Museo de la Memoria y profesionales ligados a las Ciencias Sociales vinculados a ONGs y organizaciones de defensa a los Derechos Humanos surgidas en los 80s (PIDEE, FASCIC, ECO) para hacer frente a la dictadura de Pinochet.

La Historia Oral, como “sub-género” de la historiografía, sigue siendo un campo en gran medida ilegítimo dentro de los lindes de la disciplina. Y no podría ser de otra manera si la centralidad del documento escrito es el puntal en que se afirmó el conocimiento del pasado y el acontecer humano para conseguir su estatuto “moderno”, de manera que la Historia Oral es mucho más que una opción historiográfica, mucho más que una metodología, es un cuestionamiento a la misma historiografía como saber moderno, es, en definitiva, una de las mayores expresiones del momento posmoderno de la disciplina. Su cercanía al estudio de fenómenos que se asocian habitualmente a la pérdida de fe en el progreso y la razón (y por lo tanto a la Historia) no es casual. En aquel lejano momento, en algún recodo de la Europa de los siglos XVI o XVII, como lo ha mostrado Carlo Ginzburg, se hubo de optar por la escritura y dejó de lado el relato oral para así deshacerse de los gestos, los tonos e inflexiones, en fin la particularidad del testimonio, para en cambio propender a lo reproducible idéntico e invariable, era la forma en que la historia se asimilaba al paradigma galileano, a la “razón”. Ya en el siglo XVIII Voltaire condenaría todo lo que viniera de la tradición oral e incluso de aquella escritura que guardara las señas de la oralidad (el lenguaje figurativo). En el siglo XIX la historia se hace con textos y los Estados los apilan en los Archivos Nacionales. Pero los acontecimientos del siglo XX (el más tematizado de todos: el Holocausto o la Shoa y en su estela todas las masacres políticas y coloniales) exigieron de vuelta lo que la historia había excluido en su configuración moderna.

De aquí se podrán entender las diversas discusiones que se pueden derivar de la Historia Oral: filosóficas unas, éticas otras y teórico-historiográficas las más. Todo estudio de Historia Oral no solo implica la dificultad propia a toda investigación, sino un esfuerzo por abrir áreas y campos cerrados o abordados de manera reduccionista por la historiografía tradicional.

Otro tanto se desprende de la opción por los Archivos Orales. Quienes han optado por el trabajo en este marco deben asumir que han abandonado ya la Historia para en cambio alojarse en lo que hasta aquí se había considerado, desde el verosímil del trabajo del historiador, como la “fase previa”. En un archivo se contienen materiales diversos, su jerarquización es siempre problemática y difusa, pues lo que hoy parece insignificante, incluso indigno de archivación, puede tener una magnitud inesperada en el futuro (si es que esta palabra cabe en la sensibilidad archivístico-patrimonial). La opción por el archivo es más radical aún que la de la Historia Oral, es el escepticismo casi pleno afirmado tan solo en el azar, en la posible subjetividad que, en otro tiempo, pueda hacer algo con estos escombros que se arrojan a nuestros pies sin que puedan ya ser ordenados con sentido (para usar la imagen benjaminiana), pero que poseen el potencial de la interrupción.

Paradojalmente este nuevo “libro de historia” está atravesado por el problema que implica seguir en el oficio del historiador, pero sin historia.

Esos problemas de calado epistemológico son abordados en la primera sección, Encuadres, por Mario Garcés y Gabriel Salazar. También parte de estos problemas son abordados, ya a propósito del testimonio de las violaciones a los Derechos Humanos en Dictadura por Nancy Nicholls. Luego se incluyen importantes reflexiones en torno a proyectos de memoria reconocidos en nuestra sociedad, como el Parque Villa Grimaldi, la Casa de la Memoria José Domingo Cañas y los archivos de la Maestranza Barón de Valparaíso y la Casa de los Derechos Humanos de Coquimbo.

El libro puede ser descargado de manera gratuita desde el sitio web del Museo de la Memoria y Los Derechos Humanos, sección Publicaciones:

http://www.museodelamemoria.cl/category/publicaciones/

Reseña del libro “La vía chilena al socialismo. El pensamiento político de Salvador Allende” de Eliseo Lara Órdenes

Este libro de Eliseo Lara Órdenes partió siendo su tesis de grado para optar a Pedagogía y Licenciatura en Filosofía, y de la continuación de sus investigaciones posteriores, dentro de lo que conforma, en la Academia, la filosofía latinoamericana, o sea, los estudios sobre el pensamiento de nuestro subcontinente.

La obra consta de cuatro capítulos: Historia e identidad, Rasgos de la identidad chilena que influyen en la formación del pensamiento político de Salvador Allende, Análisis conceptual de su pensamiento político, y las Conclusiones. Además, consta de una abundante bibliografía, también  digital, y una filmografía.

La novedad que se introduce en este libro, al compararlo con la Tesis de Grado, es la Introducción, en la cual se efectúa un rastreo histórico de las condiciones sociales y culturales chilenas y europeas que influyeron en la creación del pensamiento original del Presidente Salvador Allende.

portada int
Aquí comparecen las huellas y vestigios del liberalismo y del positivismo y de cómo fueron adaptadas a la realidad latinoamericana, para pasar posteriormente a la construcción del imaginario político y cultural de las clases populares y su posterior manifestación en partidos políticos de izquierda, desde el anarquismo de los primeros años, al socialismo y comunismo posteriores. Aquí se hace presente la influencia de Marx y también de los pensadores italianos Antonio Labriola y Antonio Gramsci, así como Adolfo Sánchez Vásquez, lo que conduce al autor a apreciar el pensamiento allendista como una filosofía de la praxis. En este punto se encuentra una de las contribuciones más importantes de Eliseo Lara, cuando escribe: “No se puede comprender la Vía Chilena al Socialismo sin estudiar el pensamiento político de Salvador Allende, como tampoco se puede abordar este último sin comprender los antecedentes socioculturales de la Vía Chilena”.

Otro apartado importante es la referencia a los trabajos sobre la construcción del Sujeto latinoamericano del filósofo argentino don Arturo Andrés Roig, y los aportes que hicieron los pensadores chilenos José Victorino Lastarria, Francisco Bilbao y Santiago Arcos, para comprender las luchas entre liberales y conservadores en los primeros años de la República, que se van concretando en los cambios que introducen los tres presidentes liberales: Errázuriz, Santa María y Balmaceda. Mientras, en los estratos populares surgen las sociedades de resistencia y el movimiento sindical chileno, que empiezan a conmemorar el 1º de Mayo, hasta llegar a una de las cúspides del movimiento progresista chileno, que fue el triunfo del Frente Popular, encabezado por el profesor Pedro Aguirre Cerda en 1938.

De todo este proceso nacional e internacional va surgiendo una síntesis en el pensamiento de Salvador Allende, en cuanto los procesos populares de liberación se pueden obtener a través de vías democráticas, y no sólo a través de revoluciones armadas, y de cómo los gobiernos populares, se pueden dar en pluripartidismo, en pluralismo económico y en pluralismo ideológico. Concepciones originales que lo transforman en el único político chileno de nivel universal. En definitiva, el ideario allendista es siempre libertario, revolucionario y democrático, y participa con la misma fuerza en su universalidad, su esfuerzo constante por la recuperación de las riquezas naturales de nuestro país, por la emancipación de la mujer y de los jóvenes, poniendo la educación al alcance de todos, a través de una verdadera revolución cultural, uno de cuyas cimas más altas fue la producción masiva de libros y revistas por la Editorial Quimantú.

Es esta herencia allendista, la que se hace presente en los diversos cambios progresistas que ha habido en Brasil, con Lula, el primer obrero que llega a ser presidente de la República, en Venezuela, con Chávez, en Bolivia, con Evo Morales en que por primera vez en la historia un indígena, representante de los pueblos originarios, se entroniza legalmente en la presidencia, y lo mismo podemos decir en Chile en relación a la doctora Michelle Bachelet, o a Tabaré Vázquez, médico oncólogo del Uruguay, o a Daniel Ortega en Nicaragua, en Ecuador con Rafael Correa, o al obispo Fernando Lugo en Paraguay, y también es menester nombrar el triunfo del presidente Bharrat  Jagdes en Guyana, y el de Ronald Venetian en Surinam. Todos ellos, al obtener sus victorias han reconocido que las han logrado siguiendo el legado de Salvador Allende.

Esta obra de Eliseo Lara es una valiosa contribución a hacer de éste, que es el porteño más universal, un elemento indispensable en los estudios académicos en Chile, en el esfuerzo por llevar su herencia a la política práctica del país, y a poner su ejemplo a nivel nacional al mismo nivel de que goza en el plano internacional.

Estiba y Desestiba. Trabajo y Relatos del Valparaíso que fue (1938 – 1981)

Presentación al libro

Estiba y Desestiba. Trabajo y Relatos del Valparaíso que fue (1938 – 1981)

de Valentina Leal & Carlos Aguirre

(Facultad de Humanidades, Universidad de Valparaíso, 24 de enero de 2013)

Pablo Aravena Núñez

Buscando algún referente del trabajo que hoy comentamos, es decir, algún otro texto anterior que diera cuenta de la realidad de los estibadores de Valparaíso desde sus propias experiencias, fui a dar con el volumen 18 de la colección “Nosotros los chilenos”, publicado en junio de 1972 por la Empresa Editora Nacional Quimantú, titulado “Así trabajo yo”, en donde la primera parte está dedicada a los estibadores. En primer lugar con esto quiero hacer notar que en cuarenta años no surgió una iniciativa similar, pese a las dramáticas transformaciones de nuestro puerto y el enorme costo humano para los trabajadores y, consecuentemente, para la ciudad. He aquí una primera interrogante: ¿Por qué no se formuló antes un proyecto tal considerando que en Valparaíso coexistieron tres departamentos universitarios de historia? En cambio ¿a qué temas estaban –y están– dedicados nuestros historiadores locales? ¿Qué servicio han prestado en pro de la comprensión de los problemas más apremiantes de la ciudad?

estibadoresPara más, a estas alturas ese texto de Quimantú no nos sirve por sí solo para comprender lo que nos acontece en Valparaíso. En este sentido tampoco es equiparable al que hoy nos entregan Valentina Leal y Carlos Aguirre. Y no solo por las intencionalidades de cada proyecto (las dos políticas, aunque con distinta intensidad): la construcción/afirmación de una identidad proletaria (el primero) y la explicación genealógica de un presente problemático (el segundo). Sino porque el primero, el de Quimantú, ha devenido en “documento para la historia”.

Para el caso, debemos entender que un documento es un texto trasformado en huella y para que esto ocurra deben darse ciertas condiciones en el presente en el que comparecen un “espíritu historiador” (Chatelet) y un  texto. Si la huella es la permanencia de una ausencia, lo que aquí planteamos es que el texto de Quimantú ha devenido huella (documento) en la medida en  que acusamos la falta de ese trabajo portuario que describe. El documento por sí solo no explica nada. Es trabajo irrenunciable del historiador elaborarlo en relación con otras huellas, para así ayudar a explicar el porqué de esa falta hoy. Lo que en ningún caso equivale a justificarla. Todo lo contrario, pues el espíritu historiador remarca siempre lo arbitrario (lo artificial) de toda transformación.

En efecto, aquel texto (en cuya edición tuvieron responsabilidad directa el político e historiador Alejandro Chelén Rojas y el poeta Alfonso Alcalde) dibuja un cuadro del trabajo del gremio de los estibadores que es hoy irreconocible. Este extrañamiento se ve reforzado por los recursos retóricos introducidos que tienen por objetivo reforzar una identidad obrera, afirmando valores como la lucha social, el sacrificio, la valentía, la organización sindical y la filiación del trabajo portuario con el más puro de los linajes proletarios en el imaginario de la izquierda chilena: el proletariado salitrero.

Ese trabajo portuario, tan real como imaginado del que da cuenta el texto de Quimantú, se caracteriza por las conquistas, por los derechos adquiridos, en una palabra,  por su calidad. Hoy sabemos: el trabajo humano en las labores del puerto es cada vez más marginal y de una precariedad compartida con otras actividades laborales del Chile neoliberal.

            El presente libro trabaja con documentos (fundamentalmente prensa local de la época), pero también posee el mérito de provocar hoy testimonios para producir documentos originales. Ante todo, estos poseen el valor de ser testimonios de antiguos estibadores que organizan su recuerdo teniendo como centro de gravedad el mismo presente desde el que los autores se preguntan, junto con tantos otros ciudadanos porteños: ¿por qué Valparaíso está como está? ¿Qué fue de ese “Valparaíso que fue”?

            En la primera parte del libro los autores desarrollan, como he señalado arriba, una explicación genealógica de la actual ruina de la ciudad. Una ciudad por sobre la que transitan millones de dólares anualmente, derivados de su actividad portuaria, de los que no queda en ella ni un dólar. Nuestros gobernantes y sus financistas de campaña antes de modificar la ley y procurar algún grado de tributación local, han preferido en su lugar la invención de patrimonio para impulsar el turismo y maquillar el asunto con iniciativas de “responsabilidad social” de la empresa portuaria.

            La realidad de la ciudad no fue siempre esta. Hubo un tiempo, no tan lejano (la década de los 60 y 70’), en que la ciudad recibía de algún modo parte de la riqueza que se movía en el puerto. Un tiempo en que en Valparaíso había trabajo, no solo en el puerto, sino que derivado de esta misma actividad, en diversas industrias y comercios. Una época que desapareció no del todo “naturalmente”, sino a partir del momento en que la organización de los trabajadores ya no pudo influir más en el aparato del Estado, quedando éste a disposición, primero, de las antiguas fortunas nacionales y los nuevos empresarios que asumían las funciones de un Estado en desmantelamiento y, luego, a disposición de los grupos económicos trasnacionales. Ese momento se inicia en septiembre de 1973.

            Existe un extendido mito, incluso en los mismos trabajadores portuarios, acerca del carácter inexorable del destino de cesantía que se avecinaba desde fines de los 70’: la introducción de las nuevas tecnologías y modos de empacar la carga, tarde o temprano, terminarían por prescindir del trabajo humano. El cálculo es cierto solo en la medida que la organización del gremio estuviese anulada. Así se lo puede entender luego del siguiente hecho registrado en 1978: el 26 de julio visita Valparaíso William H. Chester, dirigente gremial estibador norteamericano (y antiguo colaborador de Martin Luther King), quien quiso reunirse con los trabajadores para intercambiar experiencias, instancia en la que indicó un importante dato: el impacto de los containers en los puertos de Estados Unidos no había provocado cesantía, no cobró ni un solo puesto de trabajo (p. 45).

            Otra mistificación es posible constatar a partir del habitual juicio condenatorio de las prácticas informales de subcontratación por parte de los estibadores en posesión de “matrícula”, sistema conocido comúnmente como de “medios y cuartos pollos”. Es cierto: el pago por el turno de trabajo era tan elevado que un trabajador podía ofrecer a otro sin matrícula el turno pagando la mitad de la remuneración, e incluso éste subcontratado podía contratar a un tercero (un cuarto pollo). Si bien es posible constatar una micro relación de abuso, también es cierto que ese dinero iba a parar directamente a la ciudad (vía comercio, por ejemplo) y alimentaba una vida social bullente. No otro es el origen de la bohemia del barrio puerto (hoy inútilmente hecha resucitar vía turismo). La supuesta solución a este abuso, esto es, la sustracción del derecho a matrícula y la usurpación del derecho a autorizar el trabajo por parte de los sindicatos, no hizo más que amplificarlo. Los beneficiarios cambiaron y se redujeron: ahora ya no serían los obreros dueños de matrícula, sino los empresarios, ya que se pagarían menor sueldo (menos de la mitad del antiguo) y los trabajadores no tendrían derecho a voz ni a voto respecto al destino del puerto.

            En septiembre de 1981 los gremios agrupados en la Comach (Confederación Marítima de Chile) quisieron pedir la intervención de Augusto Pinochet para que éste pudiera modificar algunos aspectos de la Ley N° 18.032. En esa carta expresan:

“Que esta ley despoja totalmente a los trabajadores marítimos de sus legítimos derechos, destroza totalmente su estructura gremial, genera cesantía para todos aquellos que han dado toda su vida en este trabajo, crea crisis económico social del difícil solución, fomenta el odio entre trabajadores, discrimina hasta el punto de que ni las garantías del plan laboral les son dadas a los trabajadores marítimos pues no tenemos derecho a negociar y perdemos todo lo que teníamos en aspecto remuneracional, logrado con sacrificios de más de 50 años”.

            La carta no tuvo respuesta. Con seguridad porque lo que se pretendía con la ley era precisamente lo que los trabajadores exponían a Pinochet como un efecto no previsto.

De este modo se interrumpió también la inyección de dinero del puerto a la ciudad y se desintegró la sociabilidad popular porteña (el resto lo hizo el toque de queda). Si a ésta sociabilidad los autores del presente libro han llamado “esencia porteña”, estamos en condiciones de decir que Valparaíso hace ya tiempo no tiene esencia. Nos hemos conformado a cambio con la cáscara patrimonial, con la cosmética de los edificios antiguos y una particular actividad cultural de clowns, malabaristas, batucadas y carnavales.

            estibadores1 estibadores2 Porque este es un libro capaz de generar todas estas y más disquisiciones en quien lo lea, pero sobre todo porque posibilita una mejor comprensión de lo que nos pasa, es que es una lectura imprescindible para cualquier ciudadano que haya descuidado su memoria. También para recordarle algunas cosas a los que no quieren recordar o recuerdan mal. Pero sobre todo para una nueva generación para los que Valparaíso no es más que una postal, un mero escenario ad-hoc para desplegar la melancolía propia de los sin futuro. Quizá si comprendieran cómo llegó a ser el estado actual de cosas podrían representarse el presente no como un destino fatal, sino como el lugar en que se construye el futuro. Como siempre: arriesgando, peleando y asumiendo.

La “Tercera” MEGA, Una empresa Internacional

Tres son los momentos a considerar cuando se habla de la obra de Marx. En primer lugar, el momento de la redacción que tiene que ver con las motivaciones que precipitaron tal o cual escrito; luego, el momento de la publicación, siempre retardado, muchas veces por el propio Marx, o porque la inmensa mayoría de su obra quedó abandonada, porque el interés que los había suscitado, había cambiado, o porque la ocasión había pasado; y finalmente el momento de la recepción, momento particularmente delicado en el caso de Marx, porque las recepciones siempre han caído en medio de enconados debates políticos.

Porque es solo una leyenda aquello de la formación del pensamiento de Marx como un proceso ascendente, rectilíneo sin vaivenes ni incertidumbres, que comienza con sus primeros escritos y culmina con el Capital. Al contrario, Marx fue siempre, hasta los últimos días de su vida un pensamiento en acto, despierto, abierto y dispuesto frente a las incertidumbres; ajeno a aquella satisfacción efímera que proporcionn las certezas; inquieto frente a las alternativas que surgían a un costado de lo que parecía ser su línea central de pensamiento.

Por eso, el conocimiento de la obra de Marx ha sido siempre un acto inacabado, lleno de sorpresas, y que siempre, en lo que se refiere a la recepción de esta obra, ha estado vinculado a complicadas y complejas encrucijadas políticas de índole internacional. Desde la gran esperanza revolucionaria europea de  1848, hasta el desaparecimiento de la URSS y el llamado “socialismo real”. Esto explica que la historia de ola lectura de Marx haya sido un proceso ritmado por reiteradas “crisis” del marxismo, sucesivos anuncios de muerte para Marx, a los que han seguido otras tantas resurrecciones.

En lo que sigue vamos a referirnos lo que han sido los intentos por publicar su obra completa, junto con las obras de Federico Engels. Iniciativa que se conoce popularmente con la sigla MEGA (sigla que viene de la expresión alemana, Marx, Engels – Gesamtausgabe)

El primer intento por publicar las obras completas de Marx y Engels, (la Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA) se debe en gran medida al esfuerzo apasionado de un ruso, David Borisovich Riazanov, a partir de los años ´20. En 1900 éste va a la sede del Partido socialdemócrata en Berlín a buscar archivos para su trabajo de investigación. Encuentra todo en desorden, la biblioteca de Engels que acaba de llegar desde Londres es sólo parcial porque Bernstein se ha apoderado de una parte. Cuenta Riazanov:

«Me acuerdo que en 1900 yo había visto en Berlín esa biblioteca dispersa sin ningún orden en varias habitaciones (…) Así es como desaparecieron miles de obras pertenecientes a los creadores del socialismo científico. Ni siquiera se tomaron el trabajo de verificar si no contenían, al margen, notas de lectura, algunas huellas del trabajo intelectual de Marx o de Engels… Una parte de los manuscritos que, normalmente, habría debido ser despachada a los archivos del Partido Socialdemócrata en Berlín fue conservada por Bernstein, y la correspondencia de Engels y la parte más importante de las obras que permanecen desconocidas hasta la actualidad quedaron en Londres.»[1]

En 1910 Kautsky, conoce a Riazanov y lo hace su secretario, encargándole la tarea de reconstituir la correspondencia de Marx en vista de su publicación. Así, los archivos de Marx pasan al cuidado de un ruso que sí se interesa y mucho en ellos. En 1913 Riazanov publica en Berlín un primer conjunto de cartas con abundantes cortes que Eduardo Bernstein y Franz Mehring le obligan a practicar, “porque no todo puede ser puesto en todas las manos”.

En 1918 funda el Centro de Archivos donde reúne los documentos del socialismo ruso y alemán. En la Academia socialista dirige la sección de marxismo, la que luego se transforma en el Instituto Marx Engels, en donde deposita todo lo que trajo de Alemania y Francia. En países todavía en guerra, vuelve a Alemania por un mes y trata de conseguirlos manuscritos de Marx y Engels que quedaban en el Partido socialdemócrata o en casa de Bernstein. Más tarde cuenta estas peripecias: «Tuve que invocar todas las fuentes impresas que conocía, y sólo después de varios días de discusión me mostró la segunda parte del manuscrito. El resultado de mi viaje a Berlín efectuado con este fin… (es que)…con mucho trabajo logré finalmente sacar a la luz toda la Ideología Alemana, y tengo una copia.”

Ya por esa fecha se había acordado con los alemanes la publicación de la obra de Marx y Engels, pero acontecimientos ligados al asesinato de Rosa Luxemburgo, lo impiden. En 1920 el instituto marx-Engels de Riazanov publica bajo el título de “Libro V del Capital”, notas dispersas de esta obra y fragmentos escogidos de la correspondencia de Marx y Engels. En ese año vuelve a recorrer Europa buscando y recuperando material. En 1922 publica integralmente los textos de las cartas que recuperó.

En febrero de 1931 es detenido y en 1932 el Instituto que él había creado comienza a publicar la primera MEGA que también él mismo había preparado. Muere en el campo de confinamiento en 1939. Sin embargo, las depuraciones estalinistas de la década de los treinta del siglo pasado afectaron también a los principales estudiosos comprometidos en esa empresa, y el advenimiento del nazismo en Alemania, interrumpieron bruscamente esa edición.

El siguiente intento por reproducir todos los escritos de ambos pensadores, la que se llamó la MEGA 2, comenzó recién en 1975 pero también fue suspendido, y su publicación quedó incompleta, esta vez debido al derrumbe del mundo del “socialismo real”.

La segunda MEGA fue iniciada en los años 70 y preparada de acuerdo a rigurosos principios histórico-críticos. Esto explica que la nueva MEGA haya decidido continuar lo hecho por la segunda. En efecto, ya cuando en los años 60 se estaba planeando la publicación de la MEGA 2, la exigencia técnica era imprescindible. Desde ese instanmte se le dio al método computacional un papel relevante. La composición tipográfica de los primeros volúmenes debía comenzar en 1971. Tres volúmenes estaban planificados para 1972, cinco para 1973 y la suma de ocho volúmenes para 1974. Desde 1975 en adelante se esperaba que fuera posible producir unos diez volúmenes por año. Este segundo empeño que fue producto de los esfuerzos realizados por el Instituto Marx-Engels de Moscú, se interrumpe con el fin de la URSS.

En octubre de 1990 se funda la International Marx-Engels Foundation (IMES), que decide continuar la empresa anterior pero reestructurándola, y se decide usar para ello lo más nuevo en materia de computacional. Después de haber alcanzado un acuerdo inicial en 1992, en una conferencia que se llevó a cabo en Aix-en-Provence, y que revisó las pautas para la nueva edición. En esta  nueva empresa participan franceses, rusos, japoneses, chinos, italianos, alemanes

La nueva edición es publicada por una fundación internacional, con base en Amsterdam. Cinco instituciones forman parte de esta Fundación Internacional Marx-Engels (IMES): el Instituto Internacional de Historia Social (ISH) de Amsterdam, La Academia de Berlín-Brandenburgo para las Ciencias y Humanidades (BAW), la  Casa Carlos Marx de Trier, como parte de la Fundación Friedrich Ebert , y dos institutos rusos.

Este tercer intento tiene las siguientes características. Es, a diferencia de los dos intentos anteriores de índole fundamentalmente académica; es una empresa global que no está circunscrita a países precisos, ni a orientaciones principalmente políticas. De hecho en la preparación de los nuevos volúmenes están participando investigadores de Amsterdam, Berlín, Nápoles, Paris, Moscú, Nueva York.  Además para que fuera realmente global el principal elemento de contacto entre los investigadores de diferentes países es uso de la técnica computacional al más alto nivel.

Esta edición, que piensa llegar a 114 volúmenes,  de los cuales han aparecido ya 52, se vam a ir publicando de acuerdo a las siguientes cuatro secciones:

1)    La primera, que comprende las obras (excepto El Capital), los artículos y los discursos de Marx y Engels, en sus distintas versiones, así como en las traducciones hechas por ellos mismos.

2)    En la segunda contiene junto con El Capital en todas sus ediciones, los trabajos preparatorios, y la totalidad de los manuscritos que Marx escribió antes y después de 1867.

3)    La tercera sección comprende la correspondencia ordenada cronológicamente pensada en 35 volúmenes, de los cuales ya han aparecido 12. Se trata tanto de las cartas escritas por ellos, como de las que le dirigieron a ellos.

4)    En la cuarta sección se publicarán extractos, apuntes y notas escritas al margen de los libros que leían o consultaban. En esta sección se piensa editar los 220 cuadernos de Marx, redactados en griego clásico, alemán, inglés, francés, y ruso.

Vivimos un momento de actualidad de Marx, sectores nuevos, no tradicionales, se han dedicado a leerlo en estos años, se dice por ejemplo que ahora son los banqueros de Wall Street quienes lo están leyendo, a raíz de la crisis económica internacional que se está viviendo. La pregunta que cabe hacer con respecto a este nuevo empeño por publicar la totalidad de la obra de Marx y Engels es acerca del Marx que va a aparecer. Cuánto este nuevo conocimiento va a afectar a la imagen que hasta ahora se tiene de él.  Creemos que los debates que la lectura de estos materiales, muchos de los cuales son inéditos, va a provocar, no van a estar exentos de sorpresa.

.  .


[1] Riazanov  cit por, Attali, Jacques, Karl Marx o el espíritu del mundo, FCE, Buenos Aires, 2007, p. 369

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: