Editorial (CdE nº40)

EL DESAFIO DE PROYECTAR A LA CENTROIZQUIERDA (*)

La coalición de partidos y movimientos que conforman la Nueva Mayoría ha constituido una alianza inédita en la historia nacional. Esta alianza contempla, como nunca antes, una gran pluralidad de culturas políticas: socialcristianos y comunistas, socialdemócratas e izquierdas de raigambre marxista, masones y católicos.Dicha condición implica riquezas, pero también dificultades. Ello configura el mayor desafío de quiénes desean continuar la obra transformadora de este primer gobierno de la Nueva Mayoría. Pues, se trata de manejar con sabiduría una dialéctica, entre la diversidad que es fundamental para construir mayorías, y la dificultad para encontrar acuerdos permanentes.

Un proyecto genuinamente transformador, que perdure a través de reformas que se van complementando y profundizando a lo largo de un ciclo prolongado, necesariamente debe fundarse en la complementariedad entre la representación democrática y el arraigo en los movimientos sociales.Hemos visto, en este gobierno, un progresivo distanciamiento entre esos factores y eso se transforma en uno de los grandes desafíos de futuro.

Un segundo desafío surge de la capacidad que debe tener una coalición madura, en términos de representación y participación, de agregar demandas y aspiraciones de los ciudadanos bajo un proyecto estratégico compartido.La superación de la antigua Concertación se produce, justamente, en la medida que la política de los consensos se impuso como el único mecanismo de construcción de proyecto.El problema actual no es uno de reemplazo generacional, es más bien de opciones políticas distintas al interior del progresismo. Una, marcada por la lógica de ajustes consensuados – propia de la transición – y otra que, bajo una nueva épica, busca materializar reformas profundas al modelo neoliberal.En esta disyuntiva, una pregunta estratégica que debe plantearse es quién es el adversario real y, de manera correlativa,lo que sus propuestas significan para el país. La respuesta, sin ambigüedades, es que ese adversario es la derecha. Ningún otro.

La centroizquierda y la derecha competirán antagónicamente en relación a derechos sociales e igualdad, seguridad social versus mercantilización, gestión y defensa del statu quo, crecimiento, desregulación y subsidiariedad. Es mucho lo que está juego, éste es el momento clave para tomar conciencia de cuál es el adversario real, unir fuerzas y actuar con la máxima coherencia política.

(*) En este número estamos presentando como editorial una síntesis de un artículo escrito por Marcos Barraza Gómez, Ministro de Desarrollo Social, dada la calidad de su argumentación y su valor pedagógico. Invitamos a nuestros lectores a leer el artículo completo en la edición N° 9575 del semanario El Siglo de circulación en Chile.

Editorial (CdE nº39)

La campaña electoral presidencial se encuentra desatada. Desde distintos sectores políticos, los candidatos han salido al ruedo. Hace algunas semanas, la derecha proclamó a Sebastián Piñera como candidato a la presidencia y es, sin lugar a dudas, quien recibe el apoyo mayoritario de la derecha moderada y dura. Principalmente de esta última, pues se debe tener presente que la integridad de la UDI apoya su candidatura y es aquí donde habita el pinochetismo aún existente en el país. Prueba de esto son los gritos a favor del dictador emanados en la proclamación de Piñera. La derecha más blanda o moderada distribuye sus preferencias principalmente entre el propio Piñera y los candidatos Manuel Ossandón y Felipe Kast. Estos últimos, han sentado una posición crítica a la candidatura del primero, principalmente por el vínculo que desde siempre Piñera ha mantenido entre los negocios y la política. En la Nueva Mayoría se mantienen las candidaturas de Fernando Atria, Alejandro Guillier, José Miguel Insulza y Ricardo Lagos, surgiendo además, en los últimos días, el nombre de Carolina Goic como candidata a la presidencia por la Nueva Mayoría. No es claro quién será el representante de este sector. Ni siquiera si la decisión será mediante el mecanismo de primarias, pues la Democracia Cristiana, que apoya a Goic, aún no define cual será la forma de apoyar a su candidata, pudiendo ser por primarias o en la primera vuelta electoral. Agreguemos que el mapa político electoral no se agota aquí. El Frente Amplio, hasta el momento, exhibe los nombres de Alberto Mayol y Beatriz Sánchez como precandidatos de este sector. Aunque pudiera pensarse que este frente se ubica a la izquierda de la Nueva Mayoría, esta afirmación no puede ser categórica, pues su discurso principal apunta a la descalificación de los sectores políticos tradicionales.

La campaña por el fichaje y refichaje de militantes en los partidos continúa presente en el escenario político. Al momento de cierre de edición del presente boletín, el Partido Comunista de Chile (PC) presentaba 24.583 afiliaciones aceptadas y 8.907 en proceso de revisión. La suma de estas dos cifras ubica a este partido en el primer lugar respecto de los otros, consolidándose como Partido Nacional con diez regiones legalizadas. Este aspecto, aunque sin duda valioso, se ve acompañado de la participación popular de miles de estudiantes, trabajadores e importantes miembros de la cultura, las artes y el entretenimiento que han adherido a la legalización del PC. Entre éstos se encuentra nuestro poeta, Premio Nacional de Literatura, Raúl Zurita, quien expresara textualmente: “los comunistas no juegan a ser revolucionarios, no tienen que aparentar serlo. Llevan su identidad con humildad, con sencillez y valentía; y lo hacen a diario. Ésta es mi militancia, me siento parte de la historia del PC”.

Nuestro Lenin. Por Gonzalo Ossandón Véliz

 

A próposito del centenario del triunfo de la Revolución Bolchevique.

A próposito de la publicación del libro «¿Qué Hacer?» por la Editorial Popular La Pajarilla.

 

Vladimir Ilich vió por primera vez el sol un 22 de abril de 1870 en la paupérrima ciudad de Simbirsk a orillas del Volga. De familia numerosa, ocupó el cuarto lugar de los seis hermanos que la integraban. Su padre se desempeñó como inspector de enseñanza primaria, lo que le permitió conocer en detalle las condiciones miserables de vida que asolaban al campesinado ruso, es por ello que estaba profundamente sintonizado con las ideas democrático-revolucionarias de su época. La madre, que gustaba de las artes y la música fue la encargada de la formación escolar de sus hijos.

Criado en ese ambiente, prematuramente se destacó por ser metódico y estudioso, asiduo a las lecturas prohibidas y al ajedrez forjó su pre-adolescencia en un contexto de brutal represión absolutista y en donde la lectura de los autores democráticos era considerada un delito.

Cuando estaba a un mes y medio de celebrar sus 17 años, un grupo de jóvenes anarquistas atenta contra la vida del zar Alejandro III. Lamentablemente dicha acción no alcanzó a cumplir su objetivo y los responsables fueron encarcelados. Entre los involucrados que fueron condenados a muerte figuraba Alexander Uliánov -hermano mayor de Lenin y culpable de haberle presentado e incentivado a leer El Capital de Marx- quien fue ahorcado por su osadía.

La familia devastada no solo por la muerte del primogénito sino también -meses después- por la del padre, tuvo que trasladarse hasta la aldea de Kokuchkino en las cercanías de Kazán, ciudad en donde inició sus estudios de derecho y donde participó en las protestas contra el régimen autocrático.

Una vez que fue expulsado de la Universidad, se dedicó por completo al estudio riguroso de las obras de Marx leyéndolas directamente del alemán. En 1889 la familia nuevamente se ve obligada a trasladarse, ahora a la provincia de Samara, en donde después de mucha insistencia consigue continuar con sus estudios en leyes, lo que le permite graduarse tres años más tarde con destacadas calificaciones. Es así como empezó a ejercer la abogacía entre campesinos y artesanos pobres.

Carente de elegancias y cortesías, sencillo y practicante de una certera puntualidad. Su anatomía se caracterizaba por su estatura mediana, de pera y bigote, de calvicie prematura y de rasgos mongoles; sus pómulos generosos y sus ojos entrecerrados le facilitaban su distinguida mirada alegre. De hecho, un periodista británico de la época -del Manchester Guardian-, precisamente le llamó la atención esta característica de él: “(…) respira alegría: cada arruga suya ha sido trazada por la risa, no por la preocupación.”[1]

Hombre feliz, líder bolchevique, personaje histórico, revolucionario universal, son algunos de los adjetivos calificativos empleados por el peruano José Carlos Mariátegui para referirse al ruso, quien además aseguraba que poseía una voluntad poderosa y “(…) una facultad asombrosa para percibir hondamente el curso de la historia y para adaptar a él la actividad revolucionaria”.[2]

Organizador incansable, participó en la creación de bibliotecas, programas de estudio y cooperativas de ayuda, periódicos y revistas entre las que destaca La Chispa (Iskra) –la que nace junto al siglo XX- y La Verdad (Pravda), diario obrero que aparece el año doce del nuevo siglo.

A inicios del 1919 convoca a una nueva Internacional: “Lenin ha sostenido un duelo resonante con los teóricos de la Segunda Internacional: Kautsky, Bauer, Turati (…) Lenin es el caudillo de la Tercera Internacional. El socialismo, como se sabe, está dividido en dos grupos: Tercera Internacional y Segunda Internacional. Internacional bolchevique y revolucionaria e Internacional menchevique y reformista.”[3]

Mariátegui realizó un certero relato histórico sobre el desarrollo de las distintas Internacionales y el rol que éstas cumplieron en la organización del proletariado mundial en un breve artículo titulado “Zinoviev y la Tercera Internacional”. En dicho escrito, entre otras cosas, señala que: “La Segunda Internacional está totalmente saturada de preocupaciones democráticas. Corresponde a una época de apogeo del parlamento y del sufragio universal. El método revolucionario le es absolutamente extraño.”[4] Es por ello que culmina definiendo que “(…) la Segunda Internacional fue una máquina de organización y que la Tercera Internacional es una máquina de combate”[5]    

Podríamos entonces aseverar con total seguridad que todas aquellas instancias que impulsó Lenin contenían en sus entrañas el espíritu revolucionario y la consciente necesidad de contribuir a la formación de cuadros obreros, propagandistas y a organizadores de revoluciones. Pese de haber escrito un montón de libros, no es un teórico. Es más bien un realizador.

Su posición ante la primera Guerra Mundial, es otro aspecto a destacar de quién ha sido catalogado –con modestia aparte- como uno de los más geniales de su época[6]. En el Congreso de Stuttgart, Lenin junto a Rosa Luxemburgo plantearon que el proletariado mundial debe por todos los medios impedir la guerra, y a la vez hacer uso de todas sus fuerzas para que la crisis que se desate de ésta se convierta en favorable para el desarrollo de la revolución: Transformar la guerra imperialista en guerra civil. La guerra no era más que una lucha por los mercados entre potencias burguesas e imperialistas, no es la lucha de los explotados. Y cual fuese su resultado, sólo hambre y miseria contribuiría a la clase obrera.

Pese a este escenario bélico, una vez más Lenin revitaliza las fuerzas revolucionarias mundiales al escribir su célebre obra El Imperialismo, fase superior del Capitalismo. En donde, entre otras cosas, reivindica la alternativa revolucionaria en Rusia empleando dialécticamente para argumentar aquello las categorías de análisis postuladas por Marx. A pesar de que testas más dogmáticas de su época realizaran una lectura e interpretación más manualizada y calcada de lo propuesto por el maestro alemán de frondosa barba.

Esta actitud iconoclasta e irreverente es advertida por el sardo Antonio Gramsci a días de iniciar el 1918, al aseverar que el triunfo de la revolución bolchevique: “(…) Es la Revolución contra El Capital, de Carlos Marx. El Capital, de Marx, era en Rusia el libro de los burgueses más que el de los proletarios. Era la demostración crítica de la fatal necesidad de que en Rusia se formara una burguesía, empezara una Era capitalista, se instaurase una civilización de tipo occidental, antes de que el proletariado pudiera pensar siquiera en su ofensiva, en sus reivindicaciones de clase, en su revolución. Los hechos han superado las ideologías.” [7]

Y cómo no. Si Lenin –junto al pueblo ruso- se atreve a la osadía, despojándose de los dogmatismos cuasireligiosos y encuentra en Marx, lo que otros también descubrieron después; el método dialéctico del materialismo histórico que propone una praxis revolucionaria: “Su dialéctica es una dialéctica de combate, sin elegancia, sin retórica, sin ornamento. No es la dialéctica universitaria de un catedrático sino la dialéctica desnuda de un político revolucionario.”[8] Es como si hubiese hecho caso a la sugerencia realizada por el Amauta Mariátegui muchos años después de la muerte de Lenin: “La herejía es indispensable para comprobar la salud del dogma”[9]

Hombre de pensamiento y acción lo definía el sardo: “Lenin ha consagrado toda su vida a la causa del proletariado: su aportación al desarrollo de la organización y a la difusión de las ideas socialistas en Rusia es inmensa. (…) su fuerza está en su carácter moral; la popularidad de que goza entre las masas obreras es homenaje espontáneo a su rígida intransigencia con el régimen capitalista.”[10]

Poseedor de la virtuosa capacidad de dar realidad a su pensamiento y a su acción[11]. Y la verdad es que la historia confirma que dichas aseveraciones no exageran en lo más absoluto; a fines del siglo XIX, en lo que es considerada su primera obra El desarrollo del capitalismo en Rusia, afirma que su país semifeudal avanza decididamente hacia el capitalismo y rompiendo con toda clase de determinismos, revisionismos, economicismos y reformismos, se adelanta a sus tiempos y asume la necesidad de crear un partido revolucionario.

Es por esto que el ¿Qué hacer? es considerada una de sus más importantes obras, en ella sostiene la necesidad de crear una organización revolucionaria compuesta por cuadros profesionales, disciplinados, capaces de tomar las decisiones centralizadamente, y asumir así una actitud ofensiva en los procesos de lucha y liberación del pueblo ruso. El Príncipe moderno diría Gramsci años después desde una cárcel italiana. En otras palabras, convertirse en un solo puño de combate, inteligente y audaz, capaz de derribar cualquier tipo de imperialismo, sea este monárquico o burgués.

Hombre plenamente dueño de sí mismo y poseedor de lucidez, fue capaz de conducir al pueblo ruso a la abolición de la incipiente explotación capitalista, conquistar el poder y crear un nuevo Estado –la dictadura del proletariado- basado en los soviets, órgano de democracia obrera y campesina asociada por comunas.

Mucho nos queda a los explotados y oprimidos de todo el mundo por aprender del coraje, atrevimiento y astucia de la hazaña protagonizada por el heroico pueblo ruso que hace una centuria de distancia estremeció al mundo entero y confirmó que la felicidad plena y la liberación del yugo de la explotación capitalista no es una quimera sino más bien una necesidad que precisa convertirse en real.

¿Críticas? Claro que las hay, de no ser así no estaríamos empleando la dialéctica para comprender la historia. Lo importante es desarrollar ese ejercicio crítico y reflexivo de uno de los procesos históricos más trascendentales del siglo pasado, y hacerlo útil para las inquietudes de nuestro presente. En eso consiste nuestra provocación como Editorial Popular La Pajarilla al publicar el ¿Qué Hacer?

Pese a lo acontecido el 21 de enero de 1924, Lenin no descansa embalsamado en un mausoleo, vive inmortalmente –junto al Comandante Fidel- como patrimonio útil del proletariado mundial aquí y ahora. Creador de un método y de una praxis revolucionaria que ha inspirado a diversas generaciones en distintos tiempos y de variadas latitudes. Sigue cumpliendo hasta nuestros días, el rol histórico de ser faro inagotable de energía revolucionaria que guía a los pueblos hacia su liberación y verdadera Independencia.

Porque aquellos que reivindicamos a Marx, a Lenin, a Gramsci y a Mariátegui, entre muchos otros, lo que estamos haciendo es reivindicar la revolución de los pueblos. Su factibilidad y necesidad urge en nuestros tiempos o como Martí calificó: Ruines tiempos.

[1] Extraído del artículo “Conductor de muchedumbre y de pueblos” de José Carlos Mariátegui, publicado en la revista Variedades, el 22 de septiembre de 1923. En “Mariátegui: Política revolucionaria. Contribución a la crítica socialista. La Escena Contemporánea y otros escritos” Tomo I. Editorial El perro y la rana, 2010. Caracas, Venezuela. PP. 227.

[2] Mariátegui, JC. “Una pérdida inmensa para la Revolución”. Publicado en la revista Claridad Nº5 en marzo de 1924. En “Mariátegui: Política revolucionaria… Op. Cit. PP.230.

[3] Mariátegui, JC. “Conductor de muchedumbre y de pueblos”. Op. Cit. PP.228.

[4] Mariátegui, JC. “Zinoviev y la Tercera Internacional”. Op. Cit. PP.204.

[5] Op. Cit.

[6] Aseveración realizada por Bertrand Russell y popularizada por Mariátegui en su artículo “Ha desaparecido un inmenso personaje histórico”, publicado en la revista Variedades, el 26 de enero de 1924. En Mariátegui: Política revolucionaria. Op. Cit.

[7] Gramsci, A. “La Revolución contra “El Capital””. Artículo publicado por primera vez en la revista Il Grido del Popolo el 5 de enero de 1918. (sometido a la censura turinesa). En “Antonio Gramsci: Antología. Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán”. Ed. Siglo XXI, 5ª edición, 1980. México. PP.34.

[8] Mariátegui, JC. “Conductor de muchedumbre y de pueblos”. Op. Cit. PP.228.

[9] Mariátegui, JC. “Defensa del Marxismo. Edición de 1934 comentada”. (2015). Edición del Centro de Estudios del Pensamiento Iberoamericano (CEPIB) del Instituto de Filosofía, Universidad de Valparaíso. Chile. PP.8.

[10] Gramsci, A. “La obra de Lenin”. Artículo publicado en la revista Il Grido del Popolo el 14 de septiembre de 1918. En “Antonio Gramsci: Antología. Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán”. Ed. Siglo XXI, 5ª edición, 1980. México. PP. 52.

[11] Op. Cit. PP.53.

2017, Año de Aniversarios. Por Comité Editorial de CdE.

El próximo año 2017 será un año de importantes aniversarios, se cumplirá un siglo de la Revolución rusa. Revolución que marcaría la historia del siglo XX. El partido bolchevique, encabezado por Vladimir Ilich Ulianov (Lenin), contra todo pronóstico – incluido Marx– iniciaría la marcha del proceso socialista más importante de la historia.

Una Rusia atrasada, casi feudal aún, sería el territorio de las luchas de un pueblo por su emancipación. La Rusia de Lenin encabezaría, a nivel mundial, el proceso revolucionario anticapitalista más relevante de la historia de la humanidad.

Con sus aciertos, y por cierto con sus errores, la Revolución rusa sería el hecho histórico más importante del siglo XX. La humanidad se dividiría en dos grandes polos: capitalismo o socialismo.

También el año 2017, se cumplirá medio siglo del proceso de Reforma Universitaria en Chile. Ese año estallarían los movimientos universitarios de las principales universidades chilenas. La Universidad Técnica Federico Santa María lograría, después de una huelga y toma del plantel porteño de casi un año, un gobierno triestamental, casi al mismo tiempo la Universidad Católica de Valparaíso, la Universidad de Chile, la Universidad Católica de Chile y la Universidad Técnica del Estado (hoy USACH) lograrían establecer el rol público de la universidades chilenas.

A nosotros, como Grupo de Reflexión Fernando Ortiz Letelier, nos enorgullece llevar este nombre pues fue él, precisamente, quien sería un destacado dirigente de las luchas por lograr un sistema universitario al servicio del país.

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Un siglo y medio siglo, son espacios de tiempo que permiten una reflexión sobre estos hechos políticos e históricos, por ello, invitamos a nuestros lectores a participar activamente en estos procesos de reflexión.

Es nuestro propósito que durante 2017 nuestra revista de lugar a artículos que releven los hechos históricos aquí señalados. Por tal razón, invitamos a nuestros lectores a enviar contribuciones para su publicación en Cuadernos de Educación.

Editorial (CdE nº36)

¿Hacia dónde va América latina?

Desde fines de los noventa del siglo pasado hasta entrado el siglo XXI, surgió en América Latina, una nueva forma de acción popular, paralela a los partidos políticos, a veces opuesta a ellos, a veces en conjunto, que fueron los movimientos sociales. A partir de la resistencia que estos movimientos hicieron a los ajustes estructurales, y al intento por convertir el Estado en un mero aparato subsidiario, fueron dando lugar a amplios procesos nacionales que, a través de procesos electorales, sobrepasaron a una derecha agotada políticamente, culminando en gobiernos de nuevo tipo, cuyo principal objetivo consistió preocuparse de la injusticia social, mal endémico latinoamericano.

El ascenso de gobiernos progresistas y de izquierda fue la tónica que caracterizó a la mayoría de los países latinoamericanos, llegado a definirlos como paradigmas de un socialismo del siglo XXI. En especial Venezuela, Bolivia y Ecuador, que se ubicaron entre los procesos más avanzados. Este panorama general se hizo mucho más visible con los gobiernos de Cristina Fernández en Argentina, Mujica en Uruguay, Lula en Brasil, Lugo en Paraguay. La forma que asumieron los cambios que venían dándose en la base de la sociedad, por primera vez mitigaban el impacto de la miseria ancestral. Por primera vez fueron claros les intentos de una unidad continental que integrara a Cuba, contrarrestara la hegemonía norteamericana en la unidad continental, y marchara hacia el cumplimento del ideal de Bolívar.

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Pero los afanes geopolíticos del imperialismo norteamericano, no han cejado. De nuevo el monstruo de la intervención asoma la cabeza; ayuda y estimula en los distintos países a las derechas latinoamericanas, en especial a la prensa. Basta con leer La Tercera y el Mercurio en Chile, y ver como han hecho suyos, el embate contra Cuba y el apoyo a la disidencia venezolana.

Una serie de hechos confirman una ofensiva de derecha, apoyada por EEUU y ciertos connotados órganos de prensa en el ámbito continental. La actual coyuntura política latinoamericana muestra cambios significativos respecto a años anteriores. Los reveses electorales de la izquierda permiten que las oligarquías locales recuperen importantes espacios institucionales. El control del gobierno federal en Argentina por parte de una coalición de partidos conducida por los sectores más derechistas, planea instalar una versión recargada del neoliberalismo de los años 90. Por su parte, la derecha venezolana puede actuar ahora desde un espacio estatal como la Asamblea Nacional, a lo que se suman las acciones subversivas y la guerra económica. Se encuentra en mejores condiciones para articular una estrategia dirigida a socavar la revolución bolivariana. La victoria opositora en el referéndum en Bolivia devela claramente que la guerra contra la izquierda es de naturaleza esencialmente política y que no basta con notables avances en el terreno social y económico.

¿Qué se sigue a estos hechos? Allí donde puedan intentarán movimientos de derecha como los que apoyaron a Macri en Argentina; pero donde no puedan, ¿apoyarán de nuevo a dictadores tipo Pinochet? Brasil instala de nuevo, un ejemplo en materia de golpe de Estado. No olvidemos que a mediados de los años sesenta del siglo pasado, en Brasil, el golpe de 1964 contra el presidente democráticamente elegido, Joao Goulart inauguró una oleada de dictaduras militares en casi toda América Latina. Hoy se trata de un golpe de nuevo tipo, jurídico y legislativo en su contenido, pero golpe al fin y al cabo, en un país en donde la derecha ha aprendido a movilizar a las capas medias. ¿Es ese el modelo que se pretende implantar?

¿Qué hacer? De vital importancia es la unidad de la izquierda. Esa unidad es la garantía del triunfo y de la sostenibilidad de nuestros proyectos; es lo que trasmite la experiencia de la Revolución cubana. Naturalmente no hay ni puede haber una fórmula única, existen tantas posibilidades como situaciones políticas y momentos históricos concretos. Sin embargo la experiencia indica que un paso ineludible, creador e inspirador, es la elaboración de un programa político, que analice el presente que se quiere transformar y proponga el futuro que se quiere construir. Explicar el futuro aclara los alcances de la utopía y puede revolucionar la mente de los jóvenes, tan necesarios para estos empeños. Con el programa político se tiene la herramienta para convocar y para movilizarse e incluso para elegir cabalmente los que liderarán los procesos de cambio. Debemos ser creativos y ofensivos en la determinación y convocatoria del sujeto social de los cambios que no debería reducirse a nuestra base social natural, los llamados sectores populares. Los acontecimientos imponen también la necesidad de una política direccionada hacia las denominadas capas o clases medias, sobre todo cuando muchas de estas personas deben su ascenso social justamente a las políticas desarrolladas por los procesos progresistas. La integración política regional, es más necesarias que nunca. En esta coyuntura se hace más pertinente y decisiva la solidaridad y el fortalecimiento de la integración de América Latina y el Caribe porque de ella depende la supervivencia de nuestra soberanía. Justamente consideramos que esa integración constituye el blanco de ataque principal del Imperialismo y sus servidores en la región. Por ello, los espacios de articulación política y de integración, como el ALBA, UNASUR y CARICOM, son instrumentos fundamentales para defender los procesos progresistas y enfrentar los planes imperiales.

Declaración de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad

Reproducimos esta declaración realizada al término del XXII Encuentro Internacional realizado en Caracas entre el 8 y 10 de Abril de 2016.

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Los pueblos de nuestra América sufren la ofensiva de recolonización conservadora por parte del imperialismo y las oligarquías locales. Se pretende barrer todas las conquistas de los procesos progresistas regionales en el campo de la justicia social, la soberanía, la integración y la gestación de un auténtico poder popular.

En este contexto, Venezuela es un blanco principal, tanto por sus enormes riquezas como por la amenaza que representa su ejemplo de esperanza.

La Revolución Bolivariana se sometió en Diciembre de 2015 a un proceso electoral bajo presiones de toda índole. Se lanzó contra el pueblo venezolano una guerra económica, mediática y psicológica, y se utilizaron métodos desestabilizadores violentos con el empleo de agitadores a sueldo, sicarios y paramilitares. La crisis mundial y el desplome inducido de los precios del petróleo, agravaron dramáticamente la situación. El decreto imperial que califica a Venezuela como “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de los Estados Unidos”, sumó nuevo factor al clima coercitivo que ya se venía creando.

Tras los resultados electorales, se ha puesto en marcha un plan siniestro y bien elaborado que persigue el derrocamiento del gobierno del Presidente elegido legítimamente por el pueblo, Nicolás Maduro Moros, y la destrucción de cuanto tenga que ver con la obra revolucionaria, sus relevantes logros sociales y los ideales del Comandante Hugo Chávez Frías.

La Venezuela revolucionaria aplicó por primera vez la distribución de la renta petrolera en bien de las mayorías y, ante las adversidades y obstáculos más graves, se ha empeñado las políticas sociales en beneficio de los pobres. Ha emprendido audaces y muy complejas tareas para solucionar los problemas estructurales de la nación y ha logrado preservar la paz y la estabilidad. Trabaja por aglutinar las fuerzas patrióticas y bolivarianas bajo la unión cívico-militar coherente con la historia libertaria de la nación. Continúa enfrascada en la lucha sin tregua contra la corrupción y el burocratismo, el fortalecimiento de las comunas y el reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios y afrodescendientes, y de la naturaleza.

Los integrantes de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales “En defensa de la Humanidad” ratificamos nuestra solidaridad con la Revolución Bolivariana. Exigimos la derogación inmediata del infame decreto del gobierno estadounidense contra Venezuela.

Repudiamos el hostigamiento de la reacción y la censura para acallar la digna voz de Telesur.

Rechazamos leyes como las que el pueblo ha llamado certeramente de “amnesia criminal” o “del auto perdón” para quienes con sus acciones sediciosas causaron y continúan causando muerte y dolor a muchas familias venezolanas, lo que equivaldría a legalizar la impunidad.

Para que América Latina y el Caribe pueda ser en efecto una “zona de paz”, como proclamó la CELAC, es imprescindible frenar de manera definitiva los intentos golpistas contra el gobierno bolivariano y preservar el orden constitucional. Hacemos nuestro el espíritu ecuménico, humanista e inclusivo del Congreso de la Patria.

Convocamos a una amplia movilización en defensa de la soberanía y la autodeterminación del pueblo venezolano y en apoyo a todos los gobiernos, líderes y activistas progresistas de la región, que están siendo víctimas de una verdadera cacería por la reacción interna y el Imperio. Un proceso similar al Plan Cóndor está en marcha en América Latina, cuando se recrudece la persecución a todos los que luchan por objetivos emancipadores.

La RED rechaza enérgicamente todo intento de golpe de Estado en Brasil y el uso faccioso de la justicia para criminalizar a dirigentes políticos populares como Dilma Rousseff, Lula da Silva y Cristina Kirchner. Llamamos a concentrarse frente a las embajadas de Brasil en el mundo, en solidaridad con el gobierno brasileño y en repudio a los intentos golpistas y la represión paramilitar contra el Movimiento de los Sin Tierra.

Repudiamos el cobarde asesinato de Berta Cáceres, dirigente del pueblo Lenca de Honduras y nos pronunciamos por la liberación de la luchadora indígena Milagro Sala, de la Argentina y por la del independentista puertorriqueño Oscar López Rivera quien cumple prisión desde hace 35 años. Apoyamos las demandas de justicia por el crimen de Estado contra los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Condenamos el paramilitarismo en Colombia y el asesinato de 120 militantes de Marcha Patriótica en el último año, como un serio obstáculo contra los afanes de paz de ese publo hermano.

La RED censura la tentativa de enlodar la autoridad política y ética del presidente de Bolivia Evo Morales, uno de sus miembros fundadores, a través de una estrategia de manipulación y mentiras. Expresa su apoyo al presidente de Ecuador Rafael Correa a quien se le ha tratado de derrocar y es hostigado de forma persistente. Condena los intentos de utilizar la delincuencia común con fines políticos para desestabilizar el gobierno de El Salvador.

Construyamos juntos una plataforma, con una agenda común, de medios de comunicación antihegemónicos, que incluya Telesur y otros canales públicos, sitios digitales, redes sociales, agencias de noticias y emisoras comunitarias. Es vital contribuir al enriquecimiento espiritual de los seres humanos a través del arte ajeno a la dictadura del mercado, y crear a escala de masas, sobre todo en las nuevas generaciones, una nueva cultura opuesta al consumismo, que contribuya a la formación de un sujeto no manipulable, solidario y crítico, que se resista al asesinato u olvido de nuestra memoria, patrimonio identitario y conciencia histórica.

Como diría un poeta nuestro, “un pueblo que se hace fuerte a través de su lenguaje y de sus actos libres, es una amenaza para el Imperio y es el amanecer para la Humanidad.

Reseña de Libro: Defensa del Marxismo, José Carlos Mariátegui

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Defensa del Marxismo, José Carlos Mariátegui: Edición comentada Osvaldo Fernández, Patricio Gutiérrez, Gonzalo Jara, Jorge Budrovich (eds.). Ediciones Universidad de Valparaíso: Valparaíso, 2015

Es innegable el interés que han despertado los estudios y análisis del pensamiento y la obra de José Carlos Mariátegui, en América Latina. Así es como la Universidad de Valparaíso se ha convertido en un espacio académico que ha generado una reflexión permanente al alero del Universidad de Valparaíso (CEPIB), dirigido por el profesor Osvaldo Fernández, convirtiéndose en un referente nacional para pensar la obra del originario de Moquegua.

Defensa del Marxismo, representa el “discurso del método” de José Carlos Mariátegui, al decir de Osvaldo Fernández. Detrás de la pregunta por el método, emerge acuciante la necesidad de proveer una respuesta teórica y orgánica a la pregunta por el socialismo en el Perú. De ahí que esta incursión al interior del marxismo, por la vía de una polémica europea, no sea únicamente interna, ni solo europea. Al contrario, en sus rasgos europeos, hay que leer lo peruano. ¿No habría que leer acaso, en su flagrante inclinación por la herejía, un cierto privilegio de lo ex-céntrico concebido como lo no europeo, o el desequilibrio de una universalidad abusiva? ¿No reivindica con ello, al mismo tiempo, lo regional americano, o quizás simplemente lo peruano, no previsto al pasado en la, por entonces, versión ortodoxa oficial del marxismo?

El libro aquí presentado, reúne una edición comentada sobre Defensa del Marxismo, ensayos que de distintas perspectivas realizan estudios interpretativos sobre los diversos ámbitos que entrega el libro. Además de ellos, incluye una primera parte con la edición misma de los 17 ensayos, donde se adjuntan notas comentadas a pie de página.

Asimismo, el libro que propone Mariátegui, Defensa del Marxismo, da cuenta de un proceso investigativo de evaluación y discusión sobre la realidad peruana bajo una mirada crítica del marxismo, con enormes perspectivas teóricas para el continente.

Su reflexión la encontramos en un conjunto de artículos escritos primariamente para las revistas limeñas Mundial y Variedades, y luego los localizaremos editados y publicados en la revista Amauta, entre septiembre de 1928 y junio de 1929, bajo el título de Defensa del marxismo. Polémica revolucionaria. Dieciséis artículos enumerados y distribuidos con el objetivo de formar un libro.

De igual manera, esta edición comentada de Defensa del Marxismo es tributaria de la publicación posterior a su muerte, realizada en Chile por la editorial Ediciones Nacionales y Extranjeras en el año 1934, la primera de la que tenemos noticia hasta hoy. Esta edición ha mantenido lo más fielmente posible la numeración de los artículos, la ortografía y el sentido de la edición de referencia. No obstante ello, se decidió no conservar el prólogo del escritor Norteamericano Waldo Frank, titulado “Una palabra sobre Mariátegui”, así como también se excluyeron los textos de la segunda parte del libro, denominada “La emoción de nuestro tiempo”.[1]

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En esta reedición, encontramos 52 citas al pie de página, que van dando cuenta de los cambios más relevantes ocurridos en las diferentes ediciones de los artículos. Este trabajo fue realizado comparando las primeras ediciones de las revistas Variedades, Mundial y Amauta (edición facsimilar), así como su edición más difundida como libro: el volumen 5 de las Ediciones Populares de las Obras Completas de José Carlos Mariátegui (Empresa Editora Amauta), impreso decenas de veces desde 1959.[2]

El objetivo de este trabajo fue el dar cuenta de las variaciones entre las distintas ediciones publicadas, para aportar así, en una explicación más profunda, los distintos detalles que permitirían acercar a la idea original de la obra, y, por tanto, a una comprensión más cabal de la misma.

La segunda parte del presente estudio, presenta cuatro ensayos que ayudan a completar el trabajo realizado con las notas al texto de Mariátegui. Básicamente informan, analizan, reflexionan y discuten el contexto de su producción, así como los problemas de interpretación que plantean los artículos.

De esta forma, la labor de desarrollar un trabajo de estas características, es el resultado de tres años de investigación y discusión del grupo de estudios mariateguianos, dirigido por el profesor Osvaldo Fernández Díaz. Este grupo se ha reunido en torno al pensamiento de Mariátegui, bajo el alero del Centro de Estudios del Pensamiento Iberoamericano (CEPIB), dependiente del Instituto de Filosofía de la Universidad de Valparaíso y dirigido por el profesor antes mencionado.

Lo que motiva este trabajo es el propósito de mostrar que la reflexión sobre Mariátegui y el marxismo en Latinoamérica todavía son posibles, a la vez que necesarias para la comprensión de nuestra realidad continental. El texto de Mariátegui invita a plantearse una ilimitada perspectiva del marxismo. Pero, al mismo tiempo, la apuesta que se visualiza es la posibilidad de generar un material de investigación para los lectores interesados en el pensamiento marxista, en la historia de las izquierdas en Latinoamérica y en la lectura de uno de los intelectuales canónicos del así llamado “pensamiento iberoamericano”.

Desde esta perspectiva, el aporte de esta interesante publicación se podría circunscribir en el horizonte de pensar desde Mariátegui nuestras realidades, al trabajo de recuperar las tradiciones de los pensadores que mediante su obra trataron de romper las tendencias de dominación político-cultural de las elites latinoamericanas, que tratan siempre de representar una realidad disgregada, episódica, anecdótica, desacreditando todo rastro de pensamiento crítico, de modo que, a contrapelo del pensamiento hegemónico, vienen construyendo determinadas formas político-culturales que corresponden a un proyecto de sociedad alternativo, organizando un determinado punto de vista, que lentamente se despliega y emerge por los pliegues de nuestra sociedad, tratando de crear las condiciones que subviertan la condición subalterna de los grupos populares y obreros, en la perspectiva de un proyecto emancipador.

Nadia Rojo Libuy

CIEP-UV[3]

 

 

 

[1] “Los artículos a los que hacemos referencia son: La emoción de nuestro tiempo: El hombre y el mito, Dos concepciones de la vida, La lucha final; La paz de Versalles; Lenin; La lucha por la independencia nacional

de la India; Bourdelle y el Anti- Rodin; Populismo literario y estabilización capitalista; La intervención italiana en la guerra; La libertad de la enseñanza; La enseñanza y la economía; Los maestros y las nuevas corrientes; Arte, revolución y decadencia”, en presentación Defensa del Marxismo.

[2] Presentación de Defensa del Marxismo

[3] Centro de Estudios e Investigación Pedagógica, Instituto de Historia y Ciencias Sociales, Universidad de Valparaíso.

No nos hemos perdido. Raúl Zurita Canessa (Discurso)

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Agradezco profunda y emocionadamente el doctorado honoris causa que la Universidad Técnica Federico Santa María* me ha conferido, se lo agradezco a su Rector, Darcy Fuenzalida O’Shee, a su Consejo Superior y a su Consejo Académico, a cada uno de sus profesores y estudiantes, personal administrativo y de servicios. Les manifiesto mi gratitud como ex alumno de esta universidad que, como lo expresa en su testamento don Federico Santa María, fue concebida, para poner “al alcance del desvalido meritorio, llegar al más alto grado del saber humano; es el deber de las clases pudientes contribuir al desarrollo intelectual del proletariado”. Yo fui uno de esos desvalidos. Aquí vi nacer mi juventud y vi hacerse trizas la juventud de un pueblo el 11 de septiembre de 1973. Aquí llegué siguiendo un sueño sin saber aún que hay sueños que no tienen derecho a su despertar. Estando aquí tuve a mis dos primeros hijos y conocí a Juan Luis Martínez. Aquí nací y morí de amor que es finalmente el único nacimiento y la única muerte por lo que vale la pena nacer y por lo que vale la pena morir:

Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad.

¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero?

Tanto soñé contigo que mis brazos habituados a cruzarse sobre mi pecho abrazan tu sombra, quizá ya no podrían adaptarse al contorno de tu cuerpo.

Y frente a la existencia real de aquello que me obsesiona y me gobierna desde hace días y años seguramente me transformaré en sombra.

Oh balances sentimentales.

Tanto soñé contigo que seguramente ya no podré despertar. Duermo de pie, con mi cuerpo que se ofrece a todas las apariencias de la vida y del amor y tú, la única que cuenta ahora para mí, más difícil me resultará tocar tu frente y tus labios que los primeros labios y la primera frente que encuentre.

Tanto soñé contigo, tanto caminé, hablé, me tendí al lado de tu sombra y de tu fantasma que ya no me resta sino ser fantasma entre los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que siempre pasea alegremente por el cuadrante solar de tu vida.

 

El poema se llama “A la misteriosa” y fue un emblema para decenas y decenas de estudiantes no de letras, ni de filosofía, ni de arte, sino de ingeniería de la Universidad Técnica Federico Santa María que hace cuarenta, cuarenta y cinco años, hicieron de esta poesía a un sueño, un emblema y un himno. El poema lo escribió el francés Robert Desnos, uno de los fundadores del surrealismo, muerto en junio de 1945, ocho días después de ser liberado por el ejército ruso del campamento de exterminio nazi de Terezin, en Checoslovaquia. Lo recitábamos en voz alta y lo pegábamos en los muros. Como buena parte de todo lo que he leído en mi vida, lo leí mientras estudiaba en esta Universidad, junto a cientos de jóvenes que buscaban encarnar sus sueños y estar allí cuando ese sueño encontrara el nuevo día de su despertar. Nosotros buscamos ese nuevo día Jacobo Homsi, nosotros buscamos ese nuevo día Roberto Prada (me faltarían vidas para hablar de ti, solo quiero responderte en público, lo que me escribiste hace poco en un correo privado: de ambos querido Roberto el único maestro; el más sensible, el más brillante, el más valiente, has sido siempre tú). Saludo entonces en ti a una generación de estudiantes maravillosos y solidarios y a lo permanente que sobrevive a las grandes derrotas, a los infortunios y a las adversidades. Saludo a mi más grande amigo, Jacobo Homsi, y saludo junto a ti a tu patria Bolivia que tiene un mar que nada ni nadie podrá jamás arrebatarle: el mar de su música. En un sueño he escuchado esa música, la música más bella de la tierra, resonar junto a las rompientes y eran miles y miles de bolivianos, de chilenos, de peruanos, abrazados, bailando juntos en las costas sin fronteras del Pacífico porque el mar no reconoce fronteras ni las requiere. Y era un sueño tan bello, tan simple: todo era de todos. Gracias señor Rector por permitirme hoy el honor de los recuerdos.

Y como en un sueño entonces vi por primera vez esta Universidad. Fue en la primavera de 1966, poco antes de las postulaciones. Estaba en sexto humanidades, lo que es hoy cuarto medio, en el liceo José Victorino Lastarria y tenía decidido que estudiaría ingeniería en alguna de las tres universidades de Santiago, pero un profesor me dijo que igual viniera a ver esta y me dio el dinero para el tren. Lo hice sin ningún entusiasmo. Al llegar a la antigua estación de Valparaíso, tomé una micro y me bajé en el paradero de la avenida España. Me quedé un rato mirándola desde abajo y luego entré. Siete años después, el 11 de septiembre de 1973, arrojado con las manos en la nunca sobre el pavimento de la avenida España, entre los culatazos, recordé ese primer viaje. La universidad me había impresionado, tenía la reputación de ser la mejor escuela de ingeniería de Chile y las facilidades que tenían sus estudiantes eran impensables en otras universidades chilenas, pero nada de eso contó. Al terminar volví al paradero de la avenida España para emprender el regreso y a los pocos minutos una estudiante salió de la universidad y se paró a unos metros de mí. Fue solo un momento, tal vez también me vio, no lo sé, pero en ese mismo instante supe que no tenía otra opción porque lo único que me importaba era volverla a ver. Cuatro meses después entré a la Universidad Técnica Federico Santa María, pero no la vi de inmediato sino tres días después. Esos tres días fueron como el descenso al sepulcro, de una angustia indecible, pero al cuarto día estaba allí, sentada al pie de un árbol en un paseo que los estudiantes antiguos les hacían a los que llegábamos. Desde allí me transformé en su sombra, año tras año, mes tras mes, día tras día, mirándola de lejos, hasta que finalmente un día dejó de ir. Nunca le hablé.

Al recibir esta distinción que esta universidad me ha otorgado esos dos instantes se me funden: la imagen de un hombre aún joven con la cara aplastada contra el pavimento que entre patadas y culatazos recordaba las circunstancias que lo habían llevado hasta allí y la de un estudiante secundario que en ese mismo sitio, en la misma avenida al borde del mar, súbitamente arrasado por el amor, mira a una estudiante sin saber, como lo sé yo ahora, que allí estaba todo el pudor, todo el sueño, toda la hombría, los fracasos y las renuncias de lo que sería su vida. Creo que esas dos imágenes sobrepuestas; la de un hombre que está siendo reventado a culatazos y la de ese mismo hombre más joven que arrasado, doblado de amor, mira de lejos a alguien sin siquiera atreverse a decir su nombre, es la base de mi poesía.

Saludo entonces a la Universidad de hoy y a la Universidad de ayer. Saludo en tres profesores muertos a todo lo que permanece vivo en mi corazón: a Carlos González de la Fuente, un ser entrañable que si no me equivoco no me malquería, a Arnold Keller que me introdujo en uno de los más fascinantes poemas del siglo XX: la física relativista, a Roberto Frucht que nos hacía teoría de grafos, una rama de las matemáticas en que su contribución es relevante, y que en 45 minutos marcó mi vida para siempre. Fue una observación que hizo a propósito de un teorema. Yo había sorteado con éxito el paso a tercer año de ingeniería civil, en ese entonces había una doble selección, y por primera vez tenía clases con él. Se trataba de un caso particular del teorema de Euler, que había deducido en el pizarrón emitiendo un levísimo susurro como si hablara consigo mismo. Al terminar giró hacia nosotros y nos señaló la fórmula final (no la he olvidado como no me olvidado de los poemas de Robert Desnos, era la llamada Identidad de Euler: el número de Euler elevado a la raíz cuadrada de menos uno multiplicada por pi más uno es igual a cero) y luego de una pausa nos dijo que no nos podía pedir a nosotros que entendiéramos la belleza de esa fórmula, la elegancia de su estructura, la simetría de sus partes, su síntesis, su suprema simpleza. Yo tenía 19 años y fue un golpe. Desapareció todo; la teoría de grafos, la universidad, todo, y solo quedó un hombre ya mayor, de baja estatura, parado frente a una audiencia que jamás podría entenderlo. Pero exageraba, porque yo sí lo había entendido. La explicación no había durado más de 45 minutos, pero es como si hubiese durado 45 años, como si hubiese durado hasta este minuto en que estoy frente a ustedes en el Aula Magna de la misma Universidad, donde Roberto Frucht, un eminente matemático que tuvo que salir de Alemania en 1939, le enseñó a uno que también tendría que huir, pero no de Alemania, sino de sí mismo, una lección que éste no olvidaría nunca: la irremediable melancolía de lo que nos parece extremadamente bello. Lo he evocado ahora, porque es un doble honor recibir este doctorado honoris causa que me otorga la misma universidad donde hace 46 años un profesor benemérito y el más anónimo de sus estudiantes, intercambiaron por un instante sus destinos.

Saludo también a la universidad del futuro. El mundo, la historia, las distintas épocas se caracterizan más por su inconcebible, por aquello que le está radical, completamente vedado de pensar, que por sus logros o aciertos. Es análogo a lo que los astrónomos llaman la “energía oscura”, vale decir, aquel elemento inmensamente presente en el universo, sobre el cual se ignora absolutamente todo, pero sin el cual nada es explicable. El estado de lo humano no se puede medir por lo bien que están los que están bien; “felices los felices” dice Borges, sino por lo mal que están lo que están mal y los que están mal están muy mal (en este minuto, en algún lugar están bombardeando una ciudad, en alguna prisión clandestina alguien está siendo torturado hasta lo indecible, en este segundo un niño está apagándose víctima de la desnutrición y del hambre), y sin embargo el solo hecho de poder mirar, escuchar, sentirnos, diariamente nos muestra un desenlace increíble: que esa interminable montón vísceras, lágrimas, sueños, pesadillas e inesperados heroísmos que llamamos humanidad renace diariamente al despertar. Si no fuese así lo normal sería el suicidio. La poesía es la posibilidad de lo que no tiene absolutamente ninguna posibilidad, es la esperanza de lo que no tienen esperanza, es el amor de lo que carece de amor. Nadie soporta tanto sufrimiento, tanta miseria, tanta injusticia, tanta crueldad, sin vislumbrar un nuevo día. Si no fuese así lo normal sería el suicidio. Contra todas las evidencias, creo que estamos construyendo ese nuevo día. Creo que estamos condenados a construir ese nuevo día, pero solo la poesía puede sostenerlo. Todo lo que nos muestran las carnicerías de diez mil años de historia es que somos una raza de asesinos, lo que nos muestra la poesía es que somos una raza de asesinos condenados a construir el Paraíso.

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Sin esa esperanza ninguna vida es posible. Si se puede mencionar entonces una tarea de la poesía, esa es la de curar las palabras, la de salvarlas de su agonía para que otra vez puedan evocar y hacer cotidiana la plenitud a veces terrible de la existencia; el latido del cielo entre nosotros.

Creo que ese cielo es este mismo cielo, el cielo sudamericano, y que tocados por la agonía del lenguaje volvemos sin embargo a escuchar los sonidos de todas las lenguas resurrectas, es decir, volvemos a escuchar el sonido de ese pulso innombrable que nos lleva indefectiblemente desde el Big Bang hasta la última mirada con que el último de los hombres contemple el último de los atardeceres. No me es posible avanzar mucho más, pero en una imagen que seguramente le pertenece al desvarío, me ha parecido percibir ese cielo colmado por las estrellas del amor nuestro. Es el amor del que hablo. Yo no se hablar de otra cosa, el amor es mi único tema, todos mis poemas son poemas de amor.

Quiero dedicarle este momento feliz a mis hijos aquí presentes, Iván, Sileba, Sebastián y Felipe, a María Luisa, la hija de mi inolvidable Juan Luis Martínez, y a Paulina Wendt la mujer que amo.

Paulina, no nos hemos perdido:

No nos hemos perdido.

Infinitas batallas nos preceden,

incontables cadáveres hinchándose sin fin bajo las lluvias

y músculos y tendones rotos emergiendo como sueños

entre los botones de tierra.

Nos preceden veraces campos, fértiles trigales abonados

sólo con sangre,

siglos enteros labrados a destiempo,

generaciones igual que árboles quemándose en la tormenta

Pero nosotros no nos perdimos.

 

Entre las luces de las estrellas que no llegaron a destino

y los ojos húmedos que chirriaron ardiendo

en las antorchas

Entre las cenizas de los cuerpos aun pegadas a los muros

Entre los mares derrumbándose

y las falsas Itacas refulgiendo frente a Nadie

Nosotros no nos perdimos.

    

Miles de otras naves nos esperaban

Océanos de muertos nos querían llevar consigo

Sirenas como racimos nos llamaron con su canto

Pero nosotros no nos perdimos.

 

Y por eso ningún cadáver

ni ningún grumo de sangre que cantó cuajado en el hueso

ni ningún tendón roto vendido en el canasto

ni ningún amanecer asombrado entre los verdugos

ni ninguna ruina ni naufragio

dejó de encontrar el cielo que es nuestro y es de todos.

 

Porque nos encontramos no sucumbió la eternidad

Porque tú y yo no nos perdimos

ningún cuerpo

ni sueño ni amor fue perdido.

 

Muchas gracias.

*Discurso del poeta chileno Raúl Zurita al otorgársela el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad Técnica Federico Santa María, el día 6 de noviembre 2015, Valparaíso

La disputa cultural. Eliseo Lara Ordenes

Pensar por medio de categorías parece ser el modo apropiado de examinar y reflexionar acerca de las cosas, los hechos, acciones o fenómenos. La posibilidad de detenerse un instante o de tener un tiempo ocioso en la época de la hiperproducción del capital se presenta como el lujo de unos pocos. Más aún la tecnificación del pensamiento y su estructurada y cientificista forma de ejecutarlo son dos barreras que limitan la cantidad de sujetos pensantes, pues pensar es hoy actividad limitada a ciertos sujetos.

cultura

Asesores, académicos o intelectuales son palabras que designan funciones distintas en sus propósitos pero que se ocupan indistintamente por esos pocos cualificados para ejercerla. La profesionalización de las actividades humanas con fines productivos, hoy tiene su consecuencia directa. ¿Por qué se educa para que sólo algunos puedan pensar? Es una pregunta que tiene la apariencia de ser capciosa, pero que es tan real que su respuesta sale desde la construcción social misma de la realidad, y muy especialmente de las instituciones y sus modelos educativos.

Así por ejemplo, las artes y humanidades hoy son vistas como una amenaza para el dominio simbólico del poder hegemónico capitalista, puesto que la masificación de la educación superior ha permitido formar una mayor cantidad de conciencias críticas profesionales lo que a largo plazo permitiría un cúmulo social importante de contrahegemonía, de ahí que existan tantos esfuerzos por desprestigiarlas como improductivas, ociosas y de ruina económica, para finalmente terminar reduciendo su ejercicio a una pléyade privilegiada y fomentada desde la niñez en los sistemas educativos de las élites. En otras palabras, estamos frente a una transformación sistémica y sistemática de la educación de las artes y humanidades hacia lógicas que son propias de las épocas monárquicas del siglo XVI, donde el artista crea para una minoría. Esto nos permite ver que en el desarrollo del sistema cultural actual, en el que una fracción mínima de la población ha acumulado tal cantidad de riquezas, ha creado una nueva nobleza despótica que necesita poseer marcas distintivas que reflejen la desigualdad entre las personas, donde el ejemplo más cotidiano son los artículos de lujo y sus exacerbados valores haciendo imposible su acceso para las grandes masas de trabajadores, pero peor aún también con el conocimiento de la naturaleza y la cultura.

En este sentido, la política como actividad cívica de todos pasa a un plano secundario e instrumental de los fines propuestos por los grandes grupos económicos y sus definiciones estratégicas, pues bajo la premisa del fin de las ideologías que reina dentro del mundo político partidista se fundamentó la cada vez más frágil adhesión a ciertos principios y valores morales ideológicos, permitiendo la injerencia directa de los conglomerados económicos a través de la entrega de dineros no declarados. Situación que tiene en crisis al espectro político, pero que permite evidenciar lo desigual del modelo organizativo, pues se hace evidente que en la democracia, tal como se encuentra definida hoy mediante los sistemas de representación, no todos poseen la misma cuota de participación. Hoy vivimos en una pseudodemocracia, es decir en un sistema que aparenta imaginariamente serlo, pero peor aún que está completamente definido por la cantidad de capital acumulado. Si las monarquías pensaban su poder y riqueza en oro, hoy las élites económicas la piensan en acciones bursátiles y participación en las campañas políticas.

De ahí que tener posiciones definidas ideológicamente no sólo sea vista como una amenaza sino como un verdadero peligro por quienes controlan el sistema, pues al tener conciencia de la posición en la que se está de parte de los sometidos en la disputa del Poder mayor son las condiciones para producir cambios sociales significativos y de larga proyección. Ejemplo de ello es la gran tradición de las izquierdas en el mundo político y cultural, pero también científico que llena de nombres de mujeres y hombres reconocidos por la humanidad.

¿Educación Cívica o Formación Ciudadana? Patricio Gutiérrez Donoso y Nadia Rojo Libuy

La idea de formar ciudadanos con una clara conciencia, críticos, responsables y participativos ha sido una necesidad urgente en nuestro contexto social y cultural latinoamericano. Sin embargo, al mismo tiempo, desde el Estado y el desarrollo de nuestras repúblicas, ello no ha sido un objetivo central a impulsar.

No obstante, el razonar sobre cuáles son las mejores formas de desarrollar este propósito, tanto desde la sociedad así como desde el contexto escolarizado y el no escolarizado, ha estado presente en la discusión de pedagogos y didactas desde la enseñanza de los diferentes saberes específicos[2].

Las primeras orientaciones sobre la formación ciudadana en general y la educación cívica como una de sus especialidades, planeadas y sistematizadas para ser logradas en los integrantes de la sociedad desde el contexto escolar, se vinculan a elementos simbólicos de la identidad nacional (banderas, territorios, himnos Patrios, etc.), recibidos por las personas, incluso antes de llegar a la escuela. Son elementos que ofrecen un punto de partida al conocimiento “cívico” que ofrece el sistema educativo[3]. Ambas, formación ciudadana y formación cívica, se pueden ver como procesos y como resultados, aún no acabados y en disputa, para pensar el sistema democrático.

ciudadania

La relación entre educación cívica y formación de ciudadanía es de largo aliento y tensión, y ambas apuntan a intereses y objetivos bien definidos en la manera de concebir la sociedad. La finalidad de la educación cívica es instruir a un sujeto íntegro y patriota. Asimismo, la formación ciudadana implica el desarrollo para una cultura ciudadana, es decir, “el conjunto de costumbres, comportamientos y reglas mínimas que generen sentido de pertenencia, faciliten la convivencia urbana y conduzcan al respeto del patrimonio común y al reconocimiento de los derechos y deberes ciudadanos”[4].

En el caso de la formación ciudadana, como la conocemos actualmente, ha sido el resultado de un proceso de transformación orientada a los objetivos planteados en distintos momentos históricos. Los procesos de transformación política, económica y cultural por los que ha atravesado la sociedad, más o menos desde el siglo XIX hasta nuestros días, se han expresado en la constante presión por incorporar a los sujetos populares, movimientos sociales e indígenas, junto a los obreros, al ámbito socio-político, todo lo cual demanda propuestas de desarrollo estratégico que permitan democratizar la sociedad.

Dichos sujetos han exigido una permanente revisión y reformulación de las tareas educativas en general y de las escuelas en particular, para repensar una sociedad más democrática, pero no necesariamente como un espacio privilegiado para la socialización y formación de ciudadanos[5], sino más bien como crítica, muchas veces, a un sistema educativo que ha operado como espacio articulador de conformismo social y político que sustenta una sociedad desigual.

A partir de estas transformaciones y exigencias ciudadanas, en la actualidad el Gobierno ha planteado un Plan Nacional de Formación Ciudadana. Esta propuesta responde a los requerimientos dispuestos en el mensaje enviado por la Presidenta de la Republica a la Honorable Cámara de Diputados para la tramitación del proyecto de ley del Plan de Formación Ciudadana para los establecimientos educacionales reconocidos por el Estado, el cual ha puesto hincapié, como tarea de primer orden del Gobierno, en: “Formar ciudadanos activos, responsables, participativos y comprometidos con el rol que tienen al interior de la sociedad (…) Y para ello, el rol que cumple la educación escolar es fundamental. En efecto, mi programa de Gobierno plantea explícitamente el desarrollo de un Plan Nacional de Formación Ciudadana y Derechos Humanos en todos los niveles educacionales, que sea participativo y de formación integral, tarea que actualmente coordina el Ministerio de Educación”[6].

La propuesta del Plan Nacional apunta a una aceptación general sobre la necesidad de fortalecer la formación ciudadana en nuestro país, a fin de contribuir a la construcción de una democracia más sólida, sustentada en una ética de transparencia y cohesión social [7].

Además de la presencia de la Formación Ciudadana en las bases curriculares nacionales del sistema educativo chileno, los estudios ratifican la necesidad de fortalecer los conocimientos y aprendizajes de la ciudadanía[8].

En tal sentido, la formación ciudadana está en permanente proceso de constitución y expansión, abarcando un conjunto cada vez más amplio y multidimensional de categorías y capacidades. Esos objetivos requieren, de parte de las escuelas y sus docentes, que conozcan el sentido de las reformas curriculares y sean capacitados en la recontextualización de los lineamientos generales a las realidades locales[9].

Lo que es coincidente con la apreciación generalizada que presentan distintos sectores de nuestra sociedad, que observan la Formación Ciudadana como una necesidad primordial en el Siglo XXI, para formar ciudadanos activos, responsables, participativos y comprometidos con el rol que tienen al interior de la sociedad.

En este contexto, la Formación Ciudadana es concebida como un pilar fundamental de los procesos de enseñanza y aprendizaje de los/as estudiantes, puesto que considera las competencias necesarias para cooperar con una sociedad plural, respetuosa, movida por valores éticos, entre otros componentes sociales.

Es importante señalar que durante décadas predominó el concepto de Educación Cívica, basado en el conocimiento de las instituciones, tanto jurídicas como históricas de nuestro país, presentadas como categorías conceptuales naturales y esencialistas. En este sentido valga recordar la tan difundida expresión de un ex presidente de la república, que señalaba que las instituciones funcionan, queriendo expresar, que las instituciones funcionan independientemente de la voluntad de los sujetos, que es una expresión muy cuestionada en el último tiempo, por los graves casos de corrupción en que los sujetos justamente ocupaban las “Instituciones” para generar nichos de interés y así acumular negocios y riquezas.

educacion civica

Actualmente, dada la complejidad de la sociedad de la información y la valoración de la diversidad de formas de participación, tanto política y social, como económica, se avanzó hacia un concepto más complejo y vital, como es el de Formación Ciudadana. Es importante reconocer que la Educación Cívica fue relevante, en cuanto al análisis de las instituciones políticas; no obstante, actualmente es necesario incorporar las dimensiones de lo social, cultural y económico, integradas en la formación de las personas, facilitando su participación activa, responsable e informada en la sociedad democrática.

Ambas formas de concebir la vida republicana implican concepciones diferentes de sociedad y de democracia. Una, la educación cívica, crea sistemas democráticos de bajo impacto, donde los ciudadanos son convocados cada cierto periodo a legitimar el sistema mediante el voto, para ser inmediatamente relegados a un plano de simples observadores del proceso político. La otra, la formación ciudadana, genera democracias de mayor impacto, donde se reconoce la diversidad y la posibilidad de crear ciudadanos con la capacidad de interpelar al poder en su accionar, con iniciativa de poder transformar su realidad, así como de crear sociedades que se hacen cargo de la diversidad étnica, política y cultural, es decir, ciudadanos activos, vigilantes y participativos.

Sin embargo, y a pesar de la discusión que se desarrolla en la actualidad por construir una sociedad más democrática y participativa, ninguna Democracia, puede sustentarse sobre una sociedad desigual en lo económico, y como los datos han demostrado en los últimos 30 años, Chile es unos de los países con mayor desigualdad y concentración económica en el Continente, dificultando así gravemente la construcción de una sociedad democrática. Por tales motivos, es un deber ciudadano desmontar un sistema que privilegia a unos pocos en desmedro de las mayorías ciudadanas.

Notas

[1] Patricio Gutierrez, Docente de la Universidad de Valparaíso, Nadia Rojo, miembros del CEPIB, perteneciente a la Universidad de Valparaíso

[2] Quiroz P., Ruth E. y Jaramillo, Orlanda. Formación ciudadana y educación cívica,En: Revista de Teoría y Didáctica de las Ciencias Sociales: Mérida-Venezuela. Ene-Jun: 14,2009, P.123

[3] Ibíd. Pág. 124

[4] Ibíd. Pág. 125.

[5] Ibíd. Pág. 126.

[6] Michelle Bachelet, mensaje presidencial, 2015.

[7] Consejo asesor presidencial contra los conflictos de interés, el tráfico de influencias y la corrupción, informe final 2015.

[8] MINEDUC, Estudio Internacional de Educación Cívica y Formación Ciudadana ICCCS 2009.

[9] Magendzo Kolstrein, Abraham y Arias Albañil, Rafael Andrés. Informe regional 2015: Educación ciudadana y formación docente en países de América Latina, En Red