Modelo de desarrollo y Política de Ciencia y Tecnología: Algunas reflexiones a partir del caso brasileño. Manuel Cabezas ; Alexis Cortés

Modelo de desarrollo y Política de Ciencia y Tecnología: Algunas reflexiones a partir del caso brasileño[1]

Manuel Cabezas[2]; Alexis Cortés[3]

El modelo neoliberal instaurado en Chile durante la dictadura militar y administrado por los gobiernos democráticos que la sucedieron ha profundizado la posición subordinada de Chile en la división internacional del trabajo mediante un proceso de desindustrialización de su aparato productivo, de privatización y deschilenización de sus recursos naturales y de privilegio de una estrategia reprimarizada de crecimiento económico. Para usar un término propio de los teóricos de la dependencia de los años 70, el modelo neoliberal, aunque ha mostrado cifras positivas de crecimiento (gracias en gran parte a los buenos precios de los productos primarios que exporta) más que ser una alternativa de desarrollo, ha sido un modelo de subdesarrollo para el país (Gunder Frank, 1973).

La economía de nuestro país, si bien se ha ido diversificando en las últimas décadas, aún depende significativamente de la explotación del Cobre, por lo demás la propia diversificación se ha hecho manteniendo la lógica de explotación de recursos primarios (Vinos, Madera, Salmón y otros minerales) (Cortés, 2012). Chile cuenta con una de las legislaciones más permisivas de explotación de estos recursos, sea desde el punto de vista medioambiental, laboral o tributario. El Estado recolecta mínimamente impuestos, ha cedido sus derechos sobre el sub-suelo a transnacionales y además se ha abstenido de producir marcos regulatorios similares a los países que cuentan con el mismo nivel de riqueza natural. Además, el país ha vivido un retroceso abismante en lo concerniente al desarrollo y producción de tecnología, lo que se expresa de manera patente en la propia producción del Cobre que, gracias a la deschilenización, ha vivido también un proceso de simplificación de su explotación, o sea hemos dejado de vender Cobre Refinado para pasar a vender Cobre Concentrado, lo que requiere menos empleo de tecnología, infraestructura y mano de obra especializada. “En 1990 la producción de refinado de cobre llegó a 86% de la producción total, en 1999 bajó a cerca de 64%”(Caputo, Radrigán, & Galarce, 2003, p. 21).

La clásica división entre países manufactureros y países exportadores de materias primas, es coherente con una división internacional en la que a los primeros les concierne también la producción de conocimiento, mientras que los segundos son simples receptores y reproductores de la ciencia y tecnología generada en el centro. La explotación de recursos naturales generalmente prescinde de estrategias de generación de ciencia y tecnología avanzadas, sin embargo en los países que han iniciado el ejercicio de recuperación de sus recursos naturales, mediante nacionalizaciones como Venezuela, Brasil o Bolivia existe la preocupación de generar tecnología específica para la explotación de los mismos. Lamentablemente Chile ha profundizado su subordinación internacional, pues ni siquiera ha optado por fortalecer la dimensión tecnológica propia de economías extractivistas que buscan darle valor agregado a sus exportaciones, renunciando al refinamiento de la explotación de sus propios recursos. Chile básicamente es un exportador de rocas ricas en minerales.

El desarrollo de una política de Ciencia y Tecnología posee un papel determinante en las posibilidades de éxito de un proyecto de desarrollo que rompa con las características dependientes y subordinadas de un país situado en la periferia del mercado internacional. Sin política de Ciencia y Tecnología no hay desarrollo. Sin duda, la definición de una estrategia de desarrollo implica una serie disputas trabadas en el seno de la sociedad para determinar qué se entiende por tal. Así, si bien existen diversos proyectos de desarrollo susceptibles de ser aplicados, una política de Ciencia y Tecnología sistemática y ambiciosa es condición de posibilidad para cualquiera de ellos.

La investigación realizada por Alice Amsden (2001) sobre los países periféricos (the rest) que adquirieron una experiencia manufacturera suficiente en la producción de determinados productos (bienes de consumo leves, algodón, alimentos, etc.) y que incorporaron desarrollo tecnológico medio y alto en su aparato productivo, muestra que al interior de este grupo de países se produjo una nueva división entre países “compradores” de tecnología y “productores” de tecnología. A pesar de que entre 1950 y 1980 todos los países del “resto” compartían un nivel de industrialización, productividad y fortaleza institucional similar, las exigencias para éstos fueron diferentes a partir de los años 80, donde los requerimientos tecnológicos se volvieron decisivos para la inserción en la economía mundial.chile-brasil

Uno de los contrastes que mejor expresan la distancia entre los países compradores versus los productores de tecnología es la comparación entre Chile y Taiwán, dos miembros de the rest, que a partir de los años 80 verán superado el estadio de relativa igualdad de sus trayectorias de desarrollo. En 1995, el ingreso per cápita de Chile era sólo una fracción del de Taiwán (+- 68%), mientras en 1973, era el ingreso per cápita de Taiwán el que correspondía a una fracción del chileno (73%). ¿Qué fue lo que cambió? Mientras Chile desde 1973 vivió un proceso de desindustrialización y de especialización minera, Taiwán apostó por los productos manufacturados y por la incorporación de un padrón de crecimiento basado en el conocimiento, es decir, mediante la tecnificación de su economía.

¿Cómo realizar esa transición de un país “comprador” de tecnología a uno “productor”? Una posible respuesta a esta interrogante se encuentra en el concepto de “ventanas de oportunidad”. Según Shumpeter (1939), la evolución tecnológica no es un proceso lineal, sino que viene dado por sucesivas revoluciones tecnológicas, e.g: La “Revolución industrial” (desde 1771), la “Era del vapor y ferrocarriles” (desde 1829), la “Era del acero y la electricidad” (desde 1875), la “Era del petróleo y los automóviles” (desde 1908) y finalmente, la actual “Era de la información y las telecomunicaciones” (desde 1971) (para más detalles de esta última revolución tecnológica, ver Perez (2007)). Cada una de estas revoluciones comienza con la introducción de  algún invento o técnica nueva dentro del esquema de producción. En un comienzo este elemento nuevo es resistido por la mayor parte de los agentes productivos, pues estos están imbuidos en los paradigmas del ciclo tecnológico anterior. Una vez superada esta resistencia, el nuevo conjunto de tecnologías gana terreno hasta volverse dominante. Finamente, el potencial de innovación de dichas tecnologías se comienza a agotar, entonces es el momento de que una nueva revolución tecnología haga su aparición.

Cuando un ciclo tecnológico está en su apogeo, es difícil para un país con bajo nivel tecnológico mejorar su posición en el concierto internacional. Todas las iniciativas productivas que envuelvan el uso de dichas tecnologías se verán negativamente afectadas por dicho retraso. Los países más desarrollados lo aventajarán en experiencia, control del mercado, infraestructura instalada, capacitación de los recursos humanos, etc. Es en las primeras etapas de una revolución tecnológica donde los países compradores de tecnología tienen la chance de mejorar su posición. En el cambio de ciclo tecnológico, se crea una “ventana de oportunidad”, donde su desventaja con respecto a los países desarrollados se ve disminuida. De cierto modo, todos los países, incluidos los desarrollados, tienen que adaptarse a los nuevos paradigmas, capacitar a su fuerza productiva, instalar infraestructura, etc.

Con estos antecedentes podemos explicar en buena parte la diferencia entre los casos de Taiwán y Chile. El primero aprovechó la ventana de oportunidad creada por la revolución tecnológica de la “Era de la información”, mientras que Chile seguía un esquema de país exportador de materias primas.

Es importante destacar el papel de las “ciencias puras” en las ventanas de oportunidad. El cambio de ciclo tecnológico, como hemos mencionado anteriormente, deja obsoletos los conocimientos técnicos y los métodos productivos del ciclo anterior, o sea, la “ciencia aplicada”. Si, en nuestra política científica y tecnológica, consideramos inversiones solamente para este tipo de ciencia, estaremos debilitados en el momento de la transición de paradigma tecnológico. Sin embargo, las ciencias puras no caducan (o lo hacen en menor grado), y este tipo de conocimiento sigue otorgando ventajas a los países que los poseen.

 Otro aspecto importante de las ventanas de oportunidad es el papel jugado por el capital financiero.  En la primera etapa de un ciclo tecnológico, la inversión en la nueva tecnología es generalmente una apuesta arriesgada y con resultados inciertos. Luego, son necesarios agentes financieros que estén dispuestos a asumir estos riesgos costeando iniciativas productivas innovadoras. Creemos que en el  caso Chileno, este rol debe ser necesariamente asumido por el Estado, al no contar con agentes privados con dichas características. En Chile, el perfil de nuestros empresarios se identifica con la ganancia inmediata propia de economías extractivistas, una inversión de largo plazo como la ciencia y tecnología sería impensable para este tipo de agentes económicos. Al mismo tiempo, incluso si los hubiera, la decisión estratégica de inversión en el desarrollo tecnológico y científico no puede recaer en empresarios privados sin que con ello se comprometa un proyecto de país que represente un interés público amplio y de grandes mayorías.

Si bien el modelo de desarrollo de ciencia y tecnología de Estados Unidos en la actualidad es bastante descentralizado, continúa en gran medida siendo empujado por el Complejo-Militar-Tecnológico, más de la mitad del presupuesto americano para C&T se destina a defensa. Sin embargo, en su origen fue extremamente centralizado y planificado desde el Estado, teniendo como paradigma el Proyecto Manhattan que culminó con la construcción de la Bomba Atómica. Este modelo sirvió de inspiración a varios países, como Francia e incluso Brasil, que concibieron el desarrollo tecnológico como un componente estratégico de sus políticas de Defensa.

Precisamente, es este último país el que hemos escogido para detenernos en su trayectoria y rescatar algunas lecciones que sean útiles para el debate que actualmente se realiza en Chile. Brasil se ha convertido recientemente en la sexta economía del globo y su posición semi-periférica ha llamado la atención del mundo en el último tiempo. No creemos que Brasil pueda ser un modelo para Chile, sus dimensiones continentales abren una brecha que hace difícil tomarlo como un ejemplo factible de replicar, además es un país que no ha superado el sub-desarrollo ni su dependencia, sin embargo posee un proyecto de superación de la misma con bastantes bemoles. No obstante, en ese camino, ha sido capaz de elaborar diversas políticas que no dejan de ser interesantes para un país como el nuestro, pues su apuesta ha sido bastante heterodoxa en relación al consenso de Washington, a diferencia de nuestro país, y ha sido capaz de levantar una política de ciencia y tecnología, así como una institucionalidad académica y científica que se han vuelto referencias para el continente (Mourão, 2011).

La Institucionalidad Académica y Científica Brasileña

El proceso de colonización portugués no se caracterizó por el estímulo académico, cuando Brasil declaró su independencia no existía ninguna institución de educación superior comparable a las que dejó la colonización española (ej. Universidad de San Marcos). La institucionalidad universitaria brasileña es reciente, pese a ello sus universidades públicas se han encumbrado entre las mejores del continente. La Universidade de São Paulo, que disputa con la UNAM la posición de la mejor universidad latinoamericana, fue fundada en 1934; la Universidade Estadual de Campinas (UNICAMP), considerada la segunda mejor universidad de Brasil, fue creada apenas en la década del ’60.

Otras universidades públicas de carácter federal también marcan presencia sistemática en los rankings internacionales, la UFRJ, UFMG, UFRGS, UnB. Todas ellas universidades públicas y gratuitas. En este punto, un contraste necesario a realizar con nuestra realidad es que la Universidad Pública ha encontrado en Brasil un espacio propicio para su desarrollo y consolidación. Quizás lo que más marca una diferencia con Chile es el dispar tratamiento que estas instituciones recibieron durante las respectivas dictaduras militares. Mientras en Chile la orientación neoliberal del proyecto refundacional de los militares mermó y cercenó las universidades públicas, fomentando lógicas privatistas y mercantiles; en Brasil, el carácter nacionalista de su dictadura llevó a que los militares otorgaran a las universidades dependientes del Estado un papel estratégico en su proyecto de desarrollo.

Ya en democracia, varios fueron los esfuerzos tendientes a profesionalizar y asegurar niveles elevados de calidad en el ámbito universitario. Probablemente el más destacado sea la opción pública por formar prioritariamente a sus cuadros académicos dentro del propio país. De esta manera, la mayor parte de los Masters y Doctores de Brasil son formados por sus propias universidades, dejando la formación plena en el exterior apenas para ámbitos de conocimiento insuficientemente desarrollados en su territorio. Además, todos los cargos y roles en las universidades públicas son definidos mediante concursos públicos, incluso los profesores substitutos. Una vez aprobados en ellos, todos los funcionarios, incluyendo los profesores, inician una carrera funcionaria que combina criterios de antigüedad y productividad con estabilidad laboral.

Chile en los últimos años ha realizado un esfuerzo notable de “formación de Capital Humano Avanzado” enviando como nunca antes a un gran número de investigadores chilenos a realizar estudios de post-grados en los países centrales (despreciando a las academias de la periferia). Hoy la pregunta es qué hacer con el retorno masivo de doctores a un medio académico y universitario poco desarrollado y precario. A nuestro juicio, sería un buen momento para aprovechar esta oportunidad no sólo para fortalecer el Sistema Nacional de Educación Superior, sino que particularmente para iniciar la apuesta de conformación de un sistema de post-grado local que permita la valorización de los nuevos cuadros científicos que retornan y de la naciente red de post-grados existente en Chile. Esto no quiere decir que debamos cerrar nuestras fronteras académicas, Brasil, por ejemplo, continúa enviando doctorantes a realizar estudios plenos en el extranjero en áreas estratégicas o no contempladas por su sistema nacional, priorizando la realización de estadías parciales de sus post-graduantes.

Ahora bien, la decisión anteriormente descrita de formar a sus doctores en casa no hubiese sido posible sin la generación de un sistema de becas de amplio alcance. En la actualidad, todos los programas de post-grado reconocidos por las agencias gubernamentales reciben una cantidad determinada de becas dependiendo de su evaluación en el organismo público competente (CAPES) y realizadas por un comité de especialistas representantes de los investigadores. Además de las becas otorgadas por el gobierno federal (CAPES y CNPq), los gobiernos estaduales también entregan un cierto número de becas a los programas de posgrado. Esto permite que la mayor parte de los estudiantes de post-grado puedan dedicarse exclusivamente al desarrollo de sus tesis, lo que también se facilita por la ausencia de aranceles en las universidades públicas. Es más, en el áreas de las Ciencias Sociales, incluso las privadas no cobran a sus alumnos por realizar algunos de sus cursos de post-grado, lo que en buena parte se explica, porque en Brasil para que una Universidad sea reconocida por el Estado como tal necesita poseer programas de post-grado registrados en diferentes ámbitos del conocimiento y porque a estas alturas ya se encuentra incorporada la idea en el sistema de que la realización de un post-grado, más que una ganancia de recursos personales, es una forma de desarrollo nacional, haciendo innecesaria ese tipo de vigilancia.

Fuera de lo ya mencionado, existen las “becas sándwiches” para fomentar el intercambio académico internacional. Con esta beca, el postgraduante matriculado en Brasil realiza una estadía de entre 4 y 12 meses en un programa fuera del país. También, para atraer a estudiantes latinoamericanos y africanos, existen las becas de cooperación regional PEC-PG[4] que financian la estadía de estos profesionales. Vale notar que todas estas becas no exigen ningún tipo de retribución laboral dentro del país, siendo demandado sólo que la tesis sea defendida, pues se parte del supuesto que ella es un aporte compensatorio suficiente para el desarrollo del conocimiento en el país.

A pesar de la existencia de este sistema de becas, la gran cantidad de programas de post-grado existentes en el país exige también la presencia de un sistema de evaluación que permita distribuir las mismas, así como otros recursos públicos, con criterios normalizados. El sistema de notas CAPES[5] que evalúa periódicamente los programas de post-grado se alimenta de una serie de recursos que permiten medir la producción de los diferentes cursos. De entre ellos los que más destacan son: la plataforma lattes[6], base de datos que registra a todos los investigadores de Brasil y que padroniza sus curriculums, y la nota qualis[7] para publicaciones académicas, sistema de evaluación de la producción de revistas académicas y libros. Lo curioso de este último instrumento es que cada artículo de un profesor o estudiante de post-grado recibe una nota, no por la calidad del escrito, sino más bien, por las características de la revista en la que publicó (periodicidad, inserción internacional, exogamia, indexación, etc.). Vale consignar que estas notas son otorgadas por comisiones constituidas por miembros de la comunidad científica en cada área que es evaluada.

Todos estos factores han contribuido también a la formación de un mercado editorial profuso. Las revistas científicas brasileñas han alcanzado un nivel bastante elevado en el concierto latinoamericano, lo que se ha reflejado en un aporte fundamental para el desarrollo del proyecto Scielo. Tanto las publicaciones consolidadas con las revistas que están emergiendo pueden acceder a financiamiento de apoyo diferenciados tanto en las agencias federales como en las estaduales, lo que ha permitido fortalecer una política de acceso abierto a las publicaciones que contrasta con la tendencia global a la privatización del conocimiento.

Por otro lado, Brasil posee un amplio sistema de becas de post-doctorado, como una forma de darle continuidad a la carrera científica de los investigadores recién doctorados. Éste se ha entendido, en la práctica, como la transición natural entre el doctorado y el trabajo académico. Asignando un salario similar al de un profesor de universidad pública en comienzo de carrera, esta instancia se ha transformado en la mejor opción para que un joven Doctor aguarde la realización de un concurso público que coincida con su perfil, pues generalmente el post-doctorado contempla una carga docente, compatible con  la investigación.  De esta manera, una vez terminado el post-doctorado, el investigador cuenta con experiencia académica que muchas veces es gravitante  a la hora de obtener un puesto en una universidad o centro de investigación.

En el ámbito de la investigación, existen diversas fuentes de financiamiento público para la pesquisa científica. El Ministerio de Educación posee la agencia de Coordinación del Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (CAPES), orientada a la formación de Capital Humano en términos generales. Mientras que el Ministerio de la Ciencia, Tecnología e Innovación administra el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), destinado a programas de excelencia y estratégicos. Los recursos se distribuyen tanto por la calidad de los proyectos como por la trayectoria productiva de los investigadores, carrera que puede comenzar tempranamente con las “becas de iniciación científica” otorgadas a alumnos destacados de pre-grado asociados a núcleos de investigación registrados en las agencias de fomento públicas.educacion

También en lo referente a la academia, cabe destacar la relevancia que ha tenido la sociedad civil en la creación y gestión de algunos de los más importantes centros de investigación brasileños. Es el caso del Centro Brasileiro de  Pesquisas Físicas (CBPF). Este fue fundado en 1949 como una sociedad civil y entre cuyos miembros se contaban científicos, políticos, militares, empresarios, etc. El CBPF, desde  su creación, ha sido pionero en el desarrollo de la ciencia en Brasil. Fue responsable de la creación del primer programa de post-grado en física en el país y su historia  está relacionada con  la creación del Consejo  Nacional de desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), del Laboratorio Nacional de Computación Científica (LNCC), del Laboratorio  Nacional  de Luz Sincrotrón (LNLS) y del Centro Latinoamericano de Física (CLAF). También en el CBPF se funda otro centro de investigación de  excelencia, el Instituto  Nacional de Matemática Pura e Aplicada (IMPA).  El IMPA fue fundado en 1952 como la primera unidad de investigación creada por el Conselho Nacional de Pesquisas (CNPq). A pesar de sus  comienzos humildes (inicialmente estaba confinado a una oficina del edificio del CBPF), es, hoy en día, uno de los más importantes centros de investigación  matemática en Latinoamérica. El órgano máximo del IMPA es su consejo de administración que está constituido por diez miembros, de los cuales 3 son representantes de los ministerios, 2 son representantes de sociedades científicas, 2 son investigadores de la propia institución, 2 son profesionales del área científica externos a la institución y, finalmente, hay un representante de la Federación de Industrias de Rio de Janeiro (FIRJAN).  Analizando la constitución del consejo,  constatamos una  amplia representación del mundo científico (6 miembros), mayor aún que la del estado  (3 miembros) y el sector privado (1 miembro).

Hasta ahora hemos comunicado elementos de la institucionalidad Brasileña que conciernen principalmente a la investigación y a la academia. En lo que respecta a  innovación y tecnología, destacamos los llamados fundos setoriais (fondos sectoriales), bajo responsabilidad de la Agencia Brasileña de Innovación, la FINEP.   Esta iniciativa se remonta a 1997, con la  aprobación de una ley que establece que una parte de los royalties de la extracción del petróleo y del gas deben ser destinados a financiar la investigación científica y el desarrollo tecnológico  aplicados a la industria del petróleo. Los recurso deberían ser administrados por un comité con presencia del estado, de los actores privados y de la comunidad científica. Nacía así el “Plan nacional de Ciencia  y  Tecnología del sector Petróleo y gas natural (CT-Petro)”. Una de las directrices del CT-Petro fue estimular la cooperación entre los centros de investigación, universidades y empresas. Estas últimas se encuentran impedidas de reducir sus niveles habituales de inversión en investigación, mediante la substitución por los del CT-Petro.  Los instrumentos que el plan considera para lograr sus objetivos son, la calificación de recursos humanos, el apoyo a la investigación y el incentivo a la innovación.  El éxito de esta iniciativa puede ser calificado de extraordinario. En los últimos años Brasil se transformó en un líder en la exploración en aguas profundas y alcanzó la ansiada autosuficiencia en la producción de petróleo.

Los buenos resultados hicieron del CT-Petro un modelo a replicar en otras áreas. Se crearon entonces los mencionados fundos setoriais. En este momento existen 16 fundos setoriais, abarcando áreas como: Agronomía, Biotecnología, Energía, Tecnología Espacial, Hidrología, Informática, Minería, Salud, etc. La creación de un fundo se estructura mediante la definición de un mecanismo de financiamiento, el nombramiento de un comité gestor con presencia del estado y de la sociedad, la creación de un aparato  legal e institucional para el funcionamiento del programa y la estructuración de las normas y área de acción programa. En suma, los fundos setoriais ofrecen una herramienta institucional que ofrece financiamiento estable y estimula la cooperación entre el estado, el sector privado y la comunidad científica.

De manera resumida, existe una tríada institucional en la política de C&T brasileña basada en FINEP-CNPq-CAPES que permite la especialización funcional de cada una de las agencias, fomentando dimensiones diferentes del desarrollo científico y tecnológico local.

Conclusiones

La experiencia Brasileña, con sus luces y sombras, ofrece elementos que parecen ser dignos de ser tomados en consideración por Chile. Ningún país puede (intentar) superar su condición estructural de dependencia sin desarrollar una política de Ciencia y tecnología, así como una institucionalidad universitaria pública amplia, inclusiva, ambiciosa y de largo plazo.

La refundación de nuestro sistema universitario, en ese sentido, se muestra como una de las tareas urgentes. Afortunadamente las recientes movilizaciones del mundo educacional, notablemente de los estudiantes, ha permitido cuestionar desde la raíz el actual sistema educacional, particularmente el universitario, por su sometimiento a criterios mercantiles, situación que ha profundizado nuestra subordinación en términos de producción de conocimiento.

 Ahora bien, la reciente propuesta proveniente del Ministerio de Economía de trasladar CONICYT, nuestra principal agencia de desarrollo científico, a la cartera de economía muestra que si bien los estudiantes han abierto una brecha para enmendar el camino, los sectores neoliberales no perderán oportunidad para profundizar aún más las lógicas mercantiles que han guiado nuestra institucionalidad científica y educacional. Aunque es probable que esta propuesta finalmente no se implemente, en gran medida gracias a la presión del mundo científico, es un buen indicio de cómo se puede retroceder fácilmente en materia científica. El argumento esgrimido por parte del Ministerio para trasladar CONICYT fue la necesidad de que esta institución acompañe más de cerca el desarrollo productivo de nuestra economía. ¿Es esto negativo en sí mismo? Cuando se trata de una economía reprimarizada y compradora de tecnología, no puede sino significar amplificar nuestra subordinación en el concierto internacional. Al mismo tiempo, amenaza nuestra precaria institucionalidad científica ya existente, pues le quitaría autonomía a la comunidad para determinar sus propios criterios de desarrollo, perjudicando también a las disciplinas más alejadas de nuestro quehacer productivo (Cobre, Frutas y Madera), con el agravante de que criterios cortoplacistas típicos del mercado colonicen aún más áreas que deben ser guiadas por orientaciones de largo plazo.

El ejemplo brasileño muestra que es posible combinar una institucionalidad científica con altos grados de autonomía académica, definición de criterios estratégicos públicos y apoyo al desarrollo productivo en un país periférico. De hecho, como iniciativa a mediano plazo, la aplicación de un esquema de fondos sectoriales en áreas estratégicas, como la industria del cobre, Litio o energía satisfaría la inquietud del Ministerio sin comprometer los recursos y las institucionalidades ya existentes en el área científica. Sin embargo, la aplicación de un esquema similar al de los fondos sectoriales no puede ir en desmedro del financiamiento de las ciencias puras o de las menos “aplicadas”. La definición por parte del Estado de áreas estratégicas no puede significar la eliminación o la disminución de recursos para otras áreas. Lo lógico sería la creación de agencias específicas encargadas de fomentar la investigación en áreas definidas como más sensibles para los intereses nacionales, no necesariamente el reemplazo o el traslado de las ya existentes.

La creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología para que coordine esta refundación institucional surge una propuesta también urgente, siendo recogida incluso por la Comisión Asesora Presidencial para el estudio de la Institucionalidad de la Ciencia, Tecnología e Innovación (2013), aunque por razones equivocadas. Para está Comisión el gran problema de la institucionalidad científica chilena es la ausencia de una adecuada coordinación de los diferentes esfuerzos dirigidos a generar ciencia, tecnología e innovación. Tal como hemos afirmado en este documento, el principal problema de Chile en esta materia es que carece de una política estratégica de Ciencia y Tecnología, obviamente la centralización de esfuerzos que un Ministerio podría ofrecer mejoraría eventualmente la coordinación del sistema, pero: ¿Coordinación en función de cuáles objetivos? Esa es la principal materia pendiente.

La propia Comisión se aproxima tangencialmente a esta problemática cuando propone la conformación de un Consejo Superior de Ciencia, Tecnología e Innovación con presencia del Mundo Público y Mundo Privado. Ahora bien, ¿qué entienden por mundo público y mundo privado? Por el tenor del informe, es claro que con público se refieren al Estado y con privado restrictamente hacen referencia al mundo empresarial, pero ¿dónde queda la sociedad civil? Y más importante aún, ¿dónde quedan las sociedades científicas? La definición de una política de ciencia y tecnología para el desarrollo del país es una tarea de la sociedad en su conjunto, no únicamente de los representantes del Estado y de los empresarios y en la que le cabe un papel protagónico al mundo científico. La elaboración de esta debe ser una tarea tripartita entre: el Estado, la sociedad civil y el mundo académico. Cabiéndole un papel preponderante a este último, en países como Francia el equivalente de Consejo cuenta con un 2/3 de sus miembros adscritos a las Sociedades Científicas, las que eligen sus representantes de manera amplia y democrática entre los científicos y académicos registrados en el país y por un período que supera el mandato presidencial para no comprometer las definiciones a largo plazo que le caben.

Corresponde al mundo universitario y a la sociedad en general iniciar un amplio debate sobre el modelo de desarrollo al que aspiramos. El papel de la Universidad en ese marco no es secundario, ella debería ser la conciencia crítica de la nación. El desarrollo del país no es un tópico exclusivo de alguna disciplina, le concierne a toda la comunidad universitaria y si ésta no asume como propio este debate, estaremos condenados a seguir perpetuando nuestra actual posición en la división internacional de producción de conocimiento en la que nos cabe un papel subordinado.

Referencias

Amsden, Alice. (2001). The Rise of “The Rest”: Challenges to the West from Late-Industrializing Economies. Oxford: Oxford University Press.

Caputo, Orlando, Radrigán, Juan, & Galarce, Graciela. (2003). Manifiesto del cobre: el cobre es chileno y debe ser explotado en beneficio de los chilenos. Chiapas(15).

Comisión Asesora Presindencial Institucionalidad Ciencia, Tecnología e Innovación. (2013). Informe Final (pp. 1-18). Santiago.

Cortés, Alexis. (2012). La Reprimarización del Modelo de Desarrollo Chileno. Oikos (Rio de Janeiro), 11(1), 63-86.

Gunder Frank, André. (1973). Capitalismo y subdesarrollo en América Latina. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.

Mourão, Victor. (2011). Variedades do Capitalismo, Sistemas de Inovação e a Política de Ciência, Tecnologia e Inovação no Brasil. Ponto de Vista(9), 1-35.


[1] Los autores agradecen los comentarios y observaciones de Rolando Rebolledo y Cristóbal Villalobos. Particularmente inestimables fueron los diálogos con el sociólogo Victor Mourão, quien precisamente ha hecho de la política de Ciencia, Tecnología e Innovación en Brasil el objeto de su tesis doctoral. Aunque es claro, los posibles errores de este manuscrito son de exclusiva responsabilidad de los autores.

[2] Posdoctorante en Matemáticas en el Instituto Nacional de Matemática Pura e Aplicada (IMPA) y becario CNPq .

[3] Doctorante en Sociología por Instituto de Estudos Sociais e Políticos (IESP-UERJ) y becario CNPq.

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Como grupo de académicos de izquierda mantenemos desde hace un tiempo una reflexión acerca de la educación superior en Chile. En conocimiento de que otros colegas han estado preocupados por una problemática similar, y han elaborado trabajos al respecto, les invitamos, por medio de esta hoja a debatir en conjunto. Esperamos que este sea el embrión de una futura discusión que no dudamos será enriquecida gracias al debate. Por supuesto que para que este debate rinda frutos, debe incluir a todos quienes estamos por un nuevo sistema universitario, razón por la cual desde ya invitamos a contribuir en números posteriores a quienes entiendan la Universidad de manera no funcional al actual modelo económico. Esperamos que esta publicación sea un aporte para quienes vivimos con entusiasmo y espíritu crítico el quehacer universitario, y ojalá también ella contribuya a instalar en el ambiente académico una discusión que permita resolver profundas contradicciones que todavía se arrastran desde la dictadura, como son los problemas globales de la educación en nuestro país.

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