Editorial (CdE nº24)
Estos últimos meses han resultado bastante convulsionados en lo que a materia política se refiere. En marzo, la vuelta de la ex presidenta Bachelet a Chile, con su renuncia a la ONU Mujeres, significó un replanteamiento en diversos sectores de la política chilena. Y no solo por su venida y posterior candidatura presidencial, sino que también porque suscita debates necesarios para el país: la educación, los recursos naturales, la salud, AFP, etc. Estos asuntos aún no afloran con la suficiente fuerza para ser discutidos en el presente año electoral. Ni siquiera el movimiento social, con sus demandas constantes, ha sido capaz de poner en la palestra mediática los temas. Los medios de comunicación en Chile siguen estando en manos de unos pocos, por lo que lo “mediático”, tal como la palabra lo indica, está en manos de quienes defienden y sustentan su quehacer en el modelo económico neoliberal. Nuestro mundo, dominado por las imágenes, requiere de éstos. Así, la llegada de la ex presidenta Bachelet nos planteó temas, pero aún más. En un mes tan convulsionado como lo fue abril, los estudiantes vuelven a salir a las calles, se destituyó al Ministro de Educación Harald Beyer (el segundo en toda la historia del país), se cuestionó duramente las cifras del Censo (del cual, hasta ahora, no existía registro de dificultades en sus cifras), se cuestionó el cálculo del IPC y hasta el Banco del Estado fue cuestionado y formalizado por los vicios usuales del modelo económico. Además, para cerrar la lista de asuntos públicos en el país, la renuncia del candidato de la UDI, Laurence Golborne, cierra un ciclo en la historia política nacional. Su baja solo puede explicarse por un tema táctico. No es casual que en un momento coyuntural de su campaña se den a conocer los casos en que Golborne estaba involucrado con Cencosud y sus inversiones en las islas Vírgenes: la derecha movilizó en los medios la situación en un momento en que Golborne ya no tendría posibilidades de ser presidente. Entonces, ¿Qué buscaba con el posterior candidato?
La entrada de Pablo Longueira, como candidato presidencial de la UDI, puede entenderse por la necesidad de volver a la política. Y a una política que está enmarcada en dejar de lado los espacios en los cuales los candidatos de la derecha emitían un discurso que hacía verlos como “fuera del espacio político”. El sentido común queda afuera. Ahora entra un candidato que no tiene problemas en nombrar a Jaime Guzmán en sus discursos, en invitar a la DC “disidente” de la Concertación a unirse a su campaña. La derecha de la expresión fácil, en la cual lo importante es la imagen y la tecnocracia, se acabó. Llegó con Longueira la derecha a golpear la mesa e imponer sus convicciones.
Por otra parte, el reciente apoyo del Partido Comunista a la candidatura de Michelle Bachelet también produjo dolores en varios sectores políticos del país. Como era de esperar, este hecho descompuso a la Derecha y a ciertos sectores llamados ultraizquierdistas. Pero también desde la presidencia de la DC hubo reacciones, toda vez que es innegable que este hecho desfavorece las pretensiones para un mejor posicionamiento de la candidatura de Claudio Orrego en las próximas elecciones primarias.
Ante el panorama actual, variable, en el cual todos los días se generan cambios, nos corresponde al pueblo en su conjunto y, en particular, al mundo universitario enterar a la ciudadanía de los cambios que Chile necesita. El debate, está abierto.
Reflexiones sobre la situación educacional. Gustavo Quintana M.
Si partimos de la premisa que el desarrollo de un sistema educacional de calidad es condición indispensable para el desarrollo global y la eliminación de las diversas formas de segregación en un país (raciales, sociales, de género.) y agregamos el inmenso consenso que existe sobre el desastre del modelo chileno y el daño causado a la inmensa mayoría de los estudiantes, aparece como natural una reflexión sobre el origen, la paternidad y los diversos grados de responsabilidad en la concepción, instalación, desarrollo y desastre final del modelo chileno. Si además ubicamos esta reflexión en el contexto de la campaña electoral , la acusación constitucional al ministro de educación, la forma vergonzosa en que los diferentes grupos políticos tratan de eludir su responsabilidad en el desarrollo del desastre educacional y el resultado igual a cero de las medidas del gobierno de Piñera , opinión al menos compartida por los 150.000 estudiantes, profesores, apoderados y trabajadores que fue manifestada el 10 de Abril en Santiago junto a cientos de miles en todo Chile, tendremos una base bastante amplia de análisis.
Las bases del modelo
Las bases del actual modelo las encontramos en los DFL de 1980-1 y en la concepción de que la educación no es un derecho sino una mercancía que se transa en un mercado desregulado, entre quienes tienen la posibilidad de acceder a él.
Las primeras medidas de la dictadura se orientaron a borrar de una plumada los tradicionales aportes que el sistema educacional chileno entregaba al país, desde el nacimiento de la república ( en el plano cultural, social, de integración a la solución de los problemas de la sociedad, fueran ellos de tipo científico, económico o tecnológico) , culpabilizando a estas virtudes como las causas del retroceso académico de la universidades por burocratizar su quehacer. Según la dictadura el sistema adolecería del impulso creador que la libre competencia y el mercado entregarían.
La gratuidad de la educación desaparece (reducción en 50% en más o menos 5 años –salvo en la educación municipal) y quienes no tienen recursos para pagar los nuevos aranceles debían recurrir al crédito fiscal, convirtiéndose en deudores desde su ingreso y convirtiendo al Estado en vulgar prestamista.
Dos aspectos no visualizados en la instalación del sistema constituyen hoy en día la cara más visible del desmoronamiento de todo el sistema. Me refiero al LUCRO, que fatalmente se convierte en el motor de un sistema tan abierto y desregulado y la creación artificial de la necesidad de alcanzar un cartón universitario( necesidad al servicio del mayor lucro), sin ver que ellos sobrepasarían con mucho las hipotéticas necesidades y formarían una generación de cesantes ilustrados y hoy en día también de estafados ilustrados (U. del Mar )
En relación a la educación municipal (DFL-1 3063 de traspaso a las municipalidades de escuelas básicas y liceos de enseñanza media estatales y DL4002 de exigencias mínimas en la formación de los niños),los decretos señalados son la base de la creciente segregación al entregar a los alcaldes la administración de las escuelas públicas y la potestad de reducir de 10 a 5 las asignaturas obligatorias en la enseñanza básica ( que muchas veces no pasan del manejo de las cuatro operaciones aritméticas, algo de historia y geografía y reglas de urbanidad, moral y buenas costumbres), todo esto en función de los recursos de las respectivas municipalidades.
Esto se tradujo en educación de mayor calidad para las comunas ricas y menor en las comunas pobres, produciéndose así un éxodo masivo de estudiantes de la escuelas municipales a las privadas subvencionadas con copago, aun cuando este copago es sólo un engaño más, pues los rendimientos en este segundo segmento, con orígenes similares de sus estudiantes, es similar y el copago es sólo un truco de marketing para actuar sobre los escasos recursos y los temores de padres y apoderados en la carrera por un cartón universitario muchas veces inútil
En resumen, la política de la dictadura ha sido eficaz para demoler la educación pública, en especial la básica y media, y mantener los objetivos esenciales de la derecha de oponerse a la gratuidad de la educación y defender intransablemente el LUCRO.
¿Y que fue del impulso creador que la competencia entre universidades privadas y el incentivo del LUCRO permitiría finalmente el disparar la excelencia académica ? Sólo una de ellas calificó como universidad de investigación, y el resto de la calidad y la excelencia académica continua radicado en las antiguas del Consejo de Rectores. De las más de 30 nuevas universidades privadas cinco o seis tienen un desempeño docente aceptable y otras seis desarrollan actividades de calidad en áreas más restringidas del conocimiento. Del resto, sólo el LUCRO es su objetivo.
Las victimas
La primera agresión, el fin de la gratuidad, que a pesar de ser progresiva , tras 40 años de modelo ha dejado una huella dolorosa en los estudiantes, fue sólo el comienzo. Luego vino una serie de medidas hasta configurar el derrumbe del sistema sobre los hombros de quienes más necesitan una educación de calidad, accesible aun para los que no pueden pagarla.
Daremos unas pocas cifras que ilustren la forma progresiva de cómo los estudiantes fueron asumiendo esta carga.
Mientras el número de nuevas universidades privadas y su alumnado estuvo por debajo del de las del consejo de rectores, un 50% de los estudiantes que ingresaban debía retirarse cargando la deuda del crédito fiscal y sólo un 40 % de los que egresaban trabajaban en empleos relacionados con sus estudios . Del otro 60% de afortunados que egresaban un 16% engrosaban el grupo de cesantes ilustrados y el resto trabajaban en cualquier cosa, en forma generalmente precaria.
Cuando las bondades del negocio se hicieron más evidentes ingresaron al sistema algunas trasnacionales de la educación (Laureate, SEK, etc.) y se crearon subterfugios para aumentar las matrículas y el número de estudiantes que financiaban este creciente negocio (disminución de los puntajes de ingreso, creación de carreras esotéricas , la ley de aseguramiento de la calidad como subterfugio formal que, lejos de asegurar la calidad, sólo intentaba dar la imagen de universidad sin definir en ningún momento un proyecto de desarrollo y sus necesidades)
Esta carga creciente sobre los estudiantes afecta hoy en día a unos 370.000 que adeudan aproximadamente 1 BILLON DE PESOS, según la superintendencia de bancos, sin contar con los 110.000 morosos del Fondo Solidario que agregan 300.000 millones de pesos a la deuda. A todo esto no se han incorporados aun los 18.000 estudiantes de la Universidad del Mar, que CONFORMAN los primeros estafados ilustrados. (deudores sin ninguna acreditación académica ni posibilidades de terminar sus estudios en otra universidad)
Los culpables y responsables
Los mayores responsables de la creación, instalación, desarrollo y aprovechamiento del modelo , los padres putativos de él, deben buscarse en primer lugar entre los sectores más cercanos a Pinochet, donde se gestó el modelo, y entre ellos a Jaime Guzmán y su grupo, nucleados en torno a los participantes en Chacarillas, la UDI y sectores ultrarreaccionarios que fueron los aliados civiles de la dictadura. A continuación debe considerarse a quienes administraron el modelo por 20 años—la Concertación– sin proyecto propio y afirmando su política de gobierno (con la educación entre los más afectados) en la política de los acuerdos, dando por sanas a las políticas de Pinochet.
De allí nacieron y se desarrollaron el fin de la gratuidad de la educación y los DFL de los años 80 a 81, la libertad de aranceles de las nuevas universidades privadas, la ley de acreditación de la calidad y la C.N.A, el incentivo para el aumento sin límites de la matrícula universitaria en desmedro de la calidad (la investigación y creación se transformaron en actividades opcionales y, finalmente, el Estado terminó por avalar los créditos bancarios y el salto de 2% a 6% en los intereses, medida que constituyó la ruina para muchos sectores medios).
¿Quiénes manejaron esta máquina de producir ganancias?
Primero, desde los primeros años hasta hoy hay sectores que buscaban y buscan consolidar una sociedad segregada, una sociedad con dos tipos de educación, una para la elite rica destinada a gobernar el país y otra para los pobres, al servicio de los primeros, una que en definitiva les permitiera enriquecerse.
En relación a la integración de los primeros al sistema universitario debemos señalar en primer lugar al grupo de Chacarilla con Jaime Guzmán a la cabeza, la UDI el Opus Dei (Universidad Santo Tomás y colaboradores civiles ultrarreaccionarios de Pinochet). Elementos destacados de este grupo fueron Carlos Bombal, jefe de gabinete del rector Swett, destinado al trabajo sucio, como la entrega del profesor Juan Avalos Davidson a los agentes de la CNI, después de lo cual desapareció (Le Monde Diplomatique ). Actor principal desde la primera hora fue Hernán Larraín, en la primera época en la Universidad Católica y luego a través de una fuerte ligazón con los propietarios de de la universidad Sto. Tomás junto a José Jurasek y Luis Hernán Cubillos. También ingresaron al mundo universitario Joaquín Lavín y C. Larroulet , copropietarios de la Universidad del Desarrollo, con Hernán Buchi como Presidente, Hernán Chadwick se incorporó a la Universidad del las Américas .
Como un caso particular, Francisco Javier Cuadra se incorporó como rector de una de las primeras nuevas universidades privadas, la Diego Portales. Cuadra, hombre de confianza de Pinochet, y pieza maestra en el ajedrez universitario, se fue de boca y contó haber estado presente en el asesinato por agentes de la CNI del militante del MIR Fernando Vergara ( llegó minutos después de su muerte).La excesiva difusión de este hecho (que llegó a la jueza Raquel Lermanda ) obligó a Cuadra a renunciar.
Representativo también de esta verdadera invasión de las nuevas universidades privadas es el caso de la universidad Finis Terrae por parte de un conjunto de economistas del régimen de Pinochet ( Julio Phillippi, Fernado Leniz, Pablo Barahona, Sergio de Castro, Jorge Cauas y Alvaro Bardón) , para ser reemplazados posteriormente por la congregación de los Legionarios de Cristo.
Estos ejemplos ilustran cómo se instaló el nuevo modelo y quiénes deben asumir, después de 30 años, la principal responsabilidad en el desastre.
Sin tener una responsabilidad ideológica en la creación y desarrollo del modelo, la Concertación actuó por comodidad y desidia contra los principios tradicionales de gran parte de los partidos que la componían, permitiendo la continuidad del modelo. Responsabilidad principal en este menosprecio del rol que debía jugar la educación en el desarrollo de Chile la tienen Ricardo Lagos , como primer ministro de educación , J.J. Brunner, el gurú de la Concertación y un grupo no menor de políticos de la DC ligados a la enseñanza básica y media y a algunas universidades.
Posteriormente, en un contubernio increíble, políticos de ambos sectores aparecen unidos en el desarrollo de la educación básica y media , en algunas universidades y en las instituciones calificadoras de calidad. Un caso sorprendente es la unión de Maximiano Errázuriz , impulsor en el Congreso de la ley de acreditación de la calidad con los ex rectores Riveros y Zuñiga (Universidad de Chile y Universidad de Santiago,respectivamente) en la formación de una sociedad calificadora de calidad.
¿Cómo encaran los países más desarrollados de la OCDE una educación de calidad útil para el desarrollo?
El ministro BEYER y el presidente Piñera, a diferencia de loa países de la OCDE, han sostenido implacablemente el carácter privado de la educación y lo natural y legítimo que significa el lucro como factor estimulante de la calidad de la educación
Estas concepciones criticadas recientemente por la O.C.D.E., como la traba fundamental para que Chile pueda salir de su papel de simple exportador de riquezas sin valor agregado, se mantienen desde más de 30 años ( D.L. de 1981). siendo ellas las principales responsables del desastre educacional (situación preocupante ante la reciente caída del precio del cobre).
¿Cómo han estructurado estos países sus sistemas educacionales?
La inmensa mayoría de los 30 países de la O.C.D.E financiaba casi el total del gasto en educación básica y media con fondos públicos(hasta 1999, según el Banco Mundial), estando el control de ella en manos del Estado, con un promedio sobre el 85%, con la excepción de Chile con solo un 68% de gasto estatal Por su parte, el financiamiento de la educación superior se encontraba en promedio sobre el 85% a cargo del Estado, con excepción de Japón, 50%, Canadá ,64%, U.S.A.48%, Corea 20%, Indonesia 50% y Chile 27%. (Banco Mundial 1999) .
A pesar de que la crisis redujo el aporte del Estado, el control de la educación siguió en sus manos y en algunos casos la magnitud del financiamiento se mantuvo, como en Finlandia y en los países nórdicos . Dos casos interesantes, Finlandia y Chile, nos permiten visualizar la estrecha relación entre financiamiento estatal, calidad de la educación y el desarrollo de un país en su expresión más amplia, mucho más allá que la simple competencia entre pruebas de conocimiento. Comparativamente, Finlandia y Chile eran países claramente subdesarrollados en loa años 70, siendo Chile un país rico en recursos naturales y Finlandia un país en el que sus habitantes emigraban al resto de Europa en busca de trabajo.
¿Qué políticas implementaron ambos países para avanzar hacia el desarrollo?
En Finlandia se firmó un pacto social principalmente entre empresarios y trabajadores, y en conjunto decidieron priorizar el desarrollo de la mejor educación posible, destinando el 30% de las mejores inteligencias a una educación donde el compartir era más importante que el competir, donde se alcanzó un nivel de integración por encima del resto de los países europeos (con el mismo nivel de calidad y de integración entre el campo y la ciudad, entre hombres y mujeres y entre jóvenes originarios del país y jóvenes provenientes de otros países y culturas ). Todo esto ligado a una fuerte inversión para recuperar al mayor número de jóvenes (jóvenes con problemas conductuales o con discapacidades físicas), sin dejar de lado las artes la ciencia ,y el dominio de las lenguas maternas. Así, mientras Finlandia pudo transformarse en una potencia industrial, un país culto e integrado, con una moral notable y que lograba escapar a la precariedad de la vida a la que nos ha impulsado el estado actual del sistema capitalista en su etapa actual, Chile, por su parte, en la trampa del lucro y de una competencia brutal ha quedado limitado a ser sólo exportador de minerales, frutas y otras riquezas naturales, sin ser capaces de producir valor agregado, privilegiando el crecimiento sobre el desarrollo y valorando el competir sobre el compartir. Esta pobreza creativa comienza a producir los primeros temores sobre nuestro futuro. El reciente llamado de alerta de una posible baja del precio del cobre, la torpeza empresarial, que por negar una petición exigua estuvo a punto de hacer fracasar el embarque de fruta de todo un año, la precariedad de la vida y, finalmente, el egoísmo inhumano de quienes quieren continuar controlando país visualizando sólo su afán de lucro y de ganancia, hacen imposible estructurar un sistema de educación con la creatividad indispensable para contribuir al desarrollo del país
La doctrina social de la Iglesia Católica. Jorge González Guzmán
La encíclica Rerum Novarum (RN) , escrita por el papa León XIII en 1891, es considerada dentro de la iglesia católica como la raíz y el fundamento de la llamada Doctrina Social de la Iglesia, doctrina que continuó desarrollándose a través de numerosas encíclicas y documentos oficiales a lo largo de estos 122 años. Al respecto cabe destacar las encíclicas Quadragesimo Anno (QA: Pio XI, 1931), Mater et Magistra (MM: Juan XXIII, 1961), Populorum Progresio (PP: Pablo VI , 1967), Gaudium et Spes (GS: Pablo VI, 1965) y Centesimus Annus (CA: Juan Pablo II, 1991).
Todos estos documentos contienen una línea más o menos coherente de pensamiento social, aún cuando su desarrollo no ha sido para nada lineal y ha sido condicionado por una serie de acontecimientos históricos notables ocurridos a lo largo de todo el siglo XX. El cuidado que hay que tener con estos documentos es que, al igual que ocurre con las escrituras y libros sagrados de las distintas religiones, están llenas de imágenes, metáforas , contradicciones y ambigüedades que, leídas de una manera u otra, conducen a interpretaciones diversas y contrarias. En el caso de las encíclicas a que nos referimos hay que agregar las interpretaciones que hacen los respectivos papas de los complejos movimientos y doctrinas sociales que surgieron en el convulsionado siglo XX. Por ejemplo, ante el avance de las ideas socialistas, que eran percibidas como una pérdida de influencia y poder de la iglesia, Pio XI afirma (en 1931 ) “ socialismo religioso o socialismo cristiano son términos contradictorios; nadie puede al mismo tiempo ser buen católico y socialista verdadero” (QA, 2 ). O bien cuando Juan Pablo II habla (en 1991) del “…compromiso imposible entre marxismo y cristianismo” (CA, 26 ).
A pesar de todo eso, es posible extraer de esas encíclicas toda una línea coherente de orientaciones sociales y principios básicos que no solamente no son contradictorios con el marxismo, sino que son esencialmente coincidentes con él.
Pensamos que es necesario distinguir, entre las ideas y afirmaciones que aparecen en las encíclicas, dos categorías: aquellas que se refieren a los principios fundamentales, a las orientaciones éticas básicas, de aquellas que son solo opiniones contingentes, observaciones específicas y de detalle acerca de la cuestión económica y social. Es la Iglesia misma la que, en el fondo, hace ese distingo al proclamarse “experta” en humanidad y moral y descalificarse en los aspectos técnicos y contingentes al enfatizar que no tiene modelos económicos que ofrecer (CA, 43). Pues bien, pensamos que las orientaciones y principios básicos que proclaman las encíclicas sociales solo se pueden concretizar en la práctica en una sociedad socialista, entendida ésta en su sentido estrictamente marxista, como Modo de Producción basado en la predominancia de la propiedad social de los medios de producción.
Está claro que esta afirmación puede parecer, a primera vista, curiosa, o al menos extemporánea, ahora que en muchas partes se está considerando apresuradamente al socialismo como fracasado y obsoleto, a raíz de los fracasos de los primeros intentos históricos de su construcción en la práctica.
Sin embargo, si observamos el asunto con un poco más de atención, la idea del socialismo se encuentra profundamente ligada a la concepción básica de los derechos naturales del Hombre que expresan las encíclicas.
En efecto, el punto central y controversial es el derecho a la propiedad privada, considerado como derecho natural para toda persona humana (RN 9 , 14).
Sin embargo, como todo derecho humano, este derecho no puede ser ejercido por algunos, privando del mismo derecho a los demás. Si es un derecho natural, debe ser válido para todos. Juan XXIII lo dice expresamente en su encíclica:
“el derecho de propiedad se configura de tal manera que no puede constituir obstáculo para que sea satisfecha la inderogable exigencia de que los bienes…equitativamente afluyan a todos, según los principios de la justicia y la caridad” (MM, 43).
¿Qué ocurre con los grandes medios de producción? Puesto que estos medios deben ser utilizados por muchos individuos a la vez, formando un organismo social que no es posible desintegrar, a menos que se liquide el medio de producción mismo, la única forma de ejercer el derecho de propiedad es mediante la propiedad compartida. Más aún, estos grandes medios de producción (piénsese, por ejemplo, en la gran industria del cobre en nuestro país) involucran a la sociedad entera y, por lo tanto, el derecho de propiedad debe ser compartido por toda la sociedad. Esta idea no aparece con claridad en la primera encíclica, Rerum Novarum, pero sí se empieza a configurar en las que le siguen, llegando a hacerse clara y explícita en Mater et Magistra al proclamar el derecho de los trabajadores a
“ que participen en cierta manera en la propiedad, en la administración y en las ganancias obtenidas” (MM, 32)
Paulo VI lo expresa del siguiente modo:
“La propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto….el derecho de propiedad no debe jamás ejercitarse con detrimento de la utilidad común…” (PP, 23).
Las encíclicas papales reconocen desde un principio el doble carácter de la propiedad: que es privada y social a la vez. Pablo VI lo expresa claramente:
“la propiedad privada comporta, por su misma naturaleza, una función social que corresponde a la ley del destino común de los bienes” (GS, 71).
Esto significa que una gran empresa, aunque sea privada, tiene una responsabilidad social que no puede soslayar. Desgraciadamente, no hay mecanismos efectivos que obliguen a una empresa al cumplimiento de esta responsabilidad social, salvo que su propiedad sea, de algún modo, compartida por toda la sociedad. En particular, respecto de la propiedad de la tierra, donde la legitimidad de una reforma agraria era cuestionada por los grandes terratenientes, Pablo VI expresa:
“El bien común exige, pues, algunas veces, la expropiación, si por el hecho de su extensión, de su explotación deficiente o nula, de la miseria que de ello resulta a la población…” (PP, 24).
Por otro lado, en las encíclicas se aprecia, desde un principio, las limitaciones de carácter ético que es preciso imponerle al mercado. Esto nuevamente va a contrapelo de la moda actual, que endiosa y absolutiza al mercado aún en ciertos ámbitos donde antes era considerado fuera de lugar. La crítica se presenta en forma explícita en lo que es la esencia misma del Capitalismo: el mercado del trabajo. La dignidad del trabajador como persona humana (RN 31; MM 18 ) es cuestionada cuando éste vende su fuerza de trabajo bajo las leyes implacables del mercado. Es el mismo León XIII quien lo expresa de este modo:
“ …aún concedido que el obrero y su patrono libremente convengan en algo, y particularmente en la cantidad de su salario…el obrero, obligado por la necesidad o movido por el miedo a un mal mayor, aceptase una condición más dura que , aunque no quisiera tuviese que aceptar…eso sería hacerle violencia, y contra esa violencia reclama la justicia” .
Juan XXIII lo explicita con toda claridad:
“..el trabajo debe ser valorado no como una mercancía, sino como expresión de la persona humana. Para la gran mayoría de los seres humanos el trabajo es la única fuente de la que obtienen los medios de subsistencia, y por esto su remuneración no puede ser dejada a merced del juego mecánico de las leyes del mercado…” (MM, 18) . También Pio XI expresa esta idea, pero extendida a toda la vida económica:
“Pero la libre competencia aún cuando, encerrada dentro de ciertos límites, sea justa y sin duda útil, no puede ser en modo alguno la norma reguladora de la vida económica” (QA, 57).
Frente a todas estas consideraciones la pregunta que salta aquí a la vista es la siguiente: ¿ Es el Capitalismo , como Modo de Producción, susceptible de ser “reformado” en el sentido de las orientaciones fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia ? Y del mismo modo la siguiente: ¿ Es el Socialismo, como Modo de Producción, susceptible de ser “construido” (o reconstruido en aquellos lugares en que se ha desplomado) siguiendo dichos principios básicos? Pablo VI , en su encíclica Gaudium et Spes va, a nuestro juicio directamente al meollo de la cuestión:
“El desarrollo económico debe quedar bajo el control del Hombre, y no al solo arbitrio de unos pocos hombres o grupos dotados de excesivo poder económico….” (GS, 65) . Traduciendo esta sentencia, y tomando en cuenta también las anteriores, llegamos a que el proceso económico global no puede quedar supeditado a las leyes impersonales del mercado, sin que la sociedad en su conjunto determine su desarrollo: en otras palabras, la propiedad social de los medios de producción debe ser dominante. Pero esto no es otra cosa que la esencia misma del Socialismo.
Estiba y Desestiba. Trabajo y Relatos del Valparaíso que fue (1938 – 1981)
Presentación al libro
Estiba y Desestiba. Trabajo y Relatos del Valparaíso que fue (1938 – 1981)
de Valentina Leal & Carlos Aguirre
(Facultad de Humanidades, Universidad de Valparaíso, 24 de enero de 2013)
Pablo Aravena Núñez
Buscando algún referente del trabajo que hoy comentamos, es decir, algún otro texto anterior que diera cuenta de la realidad de los estibadores de Valparaíso desde sus propias experiencias, fui a dar con el volumen 18 de la colección “Nosotros los chilenos”, publicado en junio de 1972 por la Empresa Editora Nacional Quimantú, titulado “Así trabajo yo”, en donde la primera parte está dedicada a los estibadores. En primer lugar con esto quiero hacer notar que en cuarenta años no surgió una iniciativa similar, pese a las dramáticas transformaciones de nuestro puerto y el enorme costo humano para los trabajadores y, consecuentemente, para la ciudad. He aquí una primera interrogante: ¿Por qué no se formuló antes un proyecto tal considerando que en Valparaíso coexistieron tres departamentos universitarios de historia? En cambio ¿a qué temas estaban –y están– dedicados nuestros historiadores locales? ¿Qué servicio han prestado en pro de la comprensión de los problemas más apremiantes de la ciudad?
Para más, a estas alturas ese texto de Quimantú no nos sirve por sí solo para comprender lo que nos acontece en Valparaíso. En este sentido tampoco es equiparable al que hoy nos entregan Valentina Leal y Carlos Aguirre. Y no solo por las intencionalidades de cada proyecto (las dos políticas, aunque con distinta intensidad): la construcción/afirmación de una identidad proletaria (el primero) y la explicación genealógica de un presente problemático (el segundo). Sino porque el primero, el de Quimantú, ha devenido en “documento para la historia”.
Para el caso, debemos entender que un documento es un texto trasformado en huella y para que esto ocurra deben darse ciertas condiciones en el presente en el que comparecen un “espíritu historiador” (Chatelet) y un texto. Si la huella es la permanencia de una ausencia, lo que aquí planteamos es que el texto de Quimantú ha devenido huella (documento) en la medida en que acusamos la falta de ese trabajo portuario que describe. El documento por sí solo no explica nada. Es trabajo irrenunciable del historiador elaborarlo en relación con otras huellas, para así ayudar a explicar el porqué de esa falta hoy. Lo que en ningún caso equivale a justificarla. Todo lo contrario, pues el espíritu historiador remarca siempre lo arbitrario (lo artificial) de toda transformación.
En efecto, aquel texto (en cuya edición tuvieron responsabilidad directa el político e historiador Alejandro Chelén Rojas y el poeta Alfonso Alcalde) dibuja un cuadro del trabajo del gremio de los estibadores que es hoy irreconocible. Este extrañamiento se ve reforzado por los recursos retóricos introducidos que tienen por objetivo reforzar una identidad obrera, afirmando valores como la lucha social, el sacrificio, la valentía, la organización sindical y la filiación del trabajo portuario con el más puro de los linajes proletarios en el imaginario de la izquierda chilena: el proletariado salitrero.
Ese trabajo portuario, tan real como imaginado del que da cuenta el texto de Quimantú, se caracteriza por las conquistas, por los derechos adquiridos, en una palabra, por su calidad. Hoy sabemos: el trabajo humano en las labores del puerto es cada vez más marginal y de una precariedad compartida con otras actividades laborales del Chile neoliberal.
El presente libro trabaja con documentos (fundamentalmente prensa local de la época), pero también posee el mérito de provocar hoy testimonios para producir documentos originales. Ante todo, estos poseen el valor de ser testimonios de antiguos estibadores que organizan su recuerdo teniendo como centro de gravedad el mismo presente desde el que los autores se preguntan, junto con tantos otros ciudadanos porteños: ¿por qué Valparaíso está como está? ¿Qué fue de ese “Valparaíso que fue”?
En la primera parte del libro los autores desarrollan, como he señalado arriba, una explicación genealógica de la actual ruina de la ciudad. Una ciudad por sobre la que transitan millones de dólares anualmente, derivados de su actividad portuaria, de los que no queda en ella ni un dólar. Nuestros gobernantes y sus financistas de campaña antes de modificar la ley y procurar algún grado de tributación local, han preferido en su lugar la invención de patrimonio para impulsar el turismo y maquillar el asunto con iniciativas de “responsabilidad social” de la empresa portuaria.
La realidad de la ciudad no fue siempre esta. Hubo un tiempo, no tan lejano (la década de los 60 y 70’), en que la ciudad recibía de algún modo parte de la riqueza que se movía en el puerto. Un tiempo en que en Valparaíso había trabajo, no solo en el puerto, sino que derivado de esta misma actividad, en diversas industrias y comercios. Una época que desapareció no del todo “naturalmente”, sino a partir del momento en que la organización de los trabajadores ya no pudo influir más en el aparato del Estado, quedando éste a disposición, primero, de las antiguas fortunas nacionales y los nuevos empresarios que asumían las funciones de un Estado en desmantelamiento y, luego, a disposición de los grupos económicos trasnacionales. Ese momento se inicia en septiembre de 1973.
Existe un extendido mito, incluso en los mismos trabajadores portuarios, acerca del carácter inexorable del destino de cesantía que se avecinaba desde fines de los 70’: la introducción de las nuevas tecnologías y modos de empacar la carga, tarde o temprano, terminarían por prescindir del trabajo humano. El cálculo es cierto solo en la medida que la organización del gremio estuviese anulada. Así se lo puede entender luego del siguiente hecho registrado en 1978: el 26 de julio visita Valparaíso William H. Chester, dirigente gremial estibador norteamericano (y antiguo colaborador de Martin Luther King), quien quiso reunirse con los trabajadores para intercambiar experiencias, instancia en la que indicó un importante dato: el impacto de los containers en los puertos de Estados Unidos no había provocado cesantía, no cobró ni un solo puesto de trabajo (p. 45).
Otra mistificación es posible constatar a partir del habitual juicio condenatorio de las prácticas informales de subcontratación por parte de los estibadores en posesión de “matrícula”, sistema conocido comúnmente como de “medios y cuartos pollos”. Es cierto: el pago por el turno de trabajo era tan elevado que un trabajador podía ofrecer a otro sin matrícula el turno pagando la mitad de la remuneración, e incluso éste subcontratado podía contratar a un tercero (un cuarto pollo). Si bien es posible constatar una micro relación de abuso, también es cierto que ese dinero iba a parar directamente a la ciudad (vía comercio, por ejemplo) y alimentaba una vida social bullente. No otro es el origen de la bohemia del barrio puerto (hoy inútilmente hecha resucitar vía turismo). La supuesta solución a este abuso, esto es, la sustracción del derecho a matrícula y la usurpación del derecho a autorizar el trabajo por parte de los sindicatos, no hizo más que amplificarlo. Los beneficiarios cambiaron y se redujeron: ahora ya no serían los obreros dueños de matrícula, sino los empresarios, ya que se pagarían menor sueldo (menos de la mitad del antiguo) y los trabajadores no tendrían derecho a voz ni a voto respecto al destino del puerto.
En septiembre de 1981 los gremios agrupados en la Comach (Confederación Marítima de Chile) quisieron pedir la intervención de Augusto Pinochet para que éste pudiera modificar algunos aspectos de la Ley N° 18.032. En esa carta expresan:
“Que esta ley despoja totalmente a los trabajadores marítimos de sus legítimos derechos, destroza totalmente su estructura gremial, genera cesantía para todos aquellos que han dado toda su vida en este trabajo, crea crisis económico social del difícil solución, fomenta el odio entre trabajadores, discrimina hasta el punto de que ni las garantías del plan laboral les son dadas a los trabajadores marítimos pues no tenemos derecho a negociar y perdemos todo lo que teníamos en aspecto remuneracional, logrado con sacrificios de más de 50 años”.
La carta no tuvo respuesta. Con seguridad porque lo que se pretendía con la ley era precisamente lo que los trabajadores exponían a Pinochet como un efecto no previsto.
De este modo se interrumpió también la inyección de dinero del puerto a la ciudad y se desintegró la sociabilidad popular porteña (el resto lo hizo el toque de queda). Si a ésta sociabilidad los autores del presente libro han llamado “esencia porteña”, estamos en condiciones de decir que Valparaíso hace ya tiempo no tiene esencia. Nos hemos conformado a cambio con la cáscara patrimonial, con la cosmética de los edificios antiguos y una particular actividad cultural de clowns, malabaristas, batucadas y carnavales.
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Porque este es un libro capaz de generar todas estas y más disquisiciones en quien lo lea, pero sobre todo porque posibilita una mejor comprensión de lo que nos pasa, es que es una lectura imprescindible para cualquier ciudadano que haya descuidado su memoria. También para recordarle algunas cosas a los que no quieren recordar o recuerdan mal. Pero sobre todo para una nueva generación para los que Valparaíso no es más que una postal, un mero escenario ad-hoc para desplegar la melancolía propia de los sin futuro. Quizá si comprendieran cómo llegó a ser el estado actual de cosas podrían representarse el presente no como un destino fatal, sino como el lugar en que se construye el futuro. Como siempre: arriesgando, peleando y asumiendo.
Cuadernos de Educación 2013 DIC-FEB (Año VII) nº23
Llamado a una iniciativa humanitaria para contribuir al término de la huelga de hambre de Hector Llaitul y Ramón Llanquileo
La huelga de hambre es un recurso extremo al que recurre alguien al ver que el diálogo razonable no opera.
Comisión Ética Contra la Tortura – CECT
Huelén 164, 1er piso.
Providencia
Santiago, Chile
www.contralatortura.cl
Discurso de Graduación 2012 de 4os Medios del Instituto Nacional de Chile. Benjamín González
Don Jorge Toro Beretta, Rector del Instituto Nacional
Don Raúl Blin Necochea, ViceRector del Instituto Nacional
Doña Carolina Toha Morales, Alcaldesa de la comuna de Santiago
Padres, apoderados, amigos y compañerosAutoridades Varias y Vagas
Tengan todos ustedes, muy buenos días.
Antes de comenzar a leer estas líneas, con motivo de la Licenciatura de los Cuartos medios 2012, mi generación, me gustaría pedir perdón. Perdón a quienes después de revisar un discurso que yo envíe semanas atras, me autorizaron y dieron la oportunidad de leerlo aquí frente a ustedes. Disculpas porque las páginas que hoy leeré, son distintas a las de ese borrador. De otra forma no me hubieran dejado hacer este discurso. Disculpas y espero puedan entenderme.
Cuando me embarqué en la tarea de hacer un discurso con motivo de la Licenciatura, me encontraba con más dudas que certezas. ¿Qué digo? ¿Cómo, en cinco minutos, resumir mi paso por este colegio? ¿Cómo, en un discurso, intentar plasmar siquiera en su uno por ciento, la gama de sentimientos que poseo hacía El Nacional? ¿Cómo redactar algo, lo suficientemente digno para tan importante día?
En primera instancia, intenté hacer algo similar a los discursos que he escuchado, como presidente de curso, cada diez de agosto, en las ceremonias de aniversario del colegio. Hacer un breve repaso de la historia del colegio. Mi idea era empezar diciendo que el Instituto Nacional fue fundado como una obra del gobierno de José Miguel Carrera en 1813, tras la fusión de las casas de estudio del periodo colonial. Luego, tras la ofensiva de la Corona española por recuperar sus posesiones en América, e identificando al Instituto Nacional como un símbolo de la soberanía y la lucha por la emancipación, deciden clausurarlo. Bernardo O’higgins, cinco años después, con la Independencia ya asegurada, lo reabre para seguir funcionando, sin interrupción, hasta nuestros días.
También pensé recordar que han sido Institutanos, 18 presidentes de la República de Chile. Entre los que destacan nombre como Pedro Aguirre Cerda, José Manuel Balmaceda y, el poco mencionado en los discursos, Salvador Allende.
Pero no. Hoy no vengo a repetir ni recordarles lo que ya todos sabemos. (Para más información leer el artículo del Instituto Nacional en Wikipedia, muy interesante) Ni tampoco vengo a hablar en representación de todos ustedes, ni siquiera represento, como presidente de curso, la voz de mis compañeros. Cosa que no quita, que puedan hacer suyas estas palabras. Así como en la televisión, advierto: Las opiniones vertidas en este discurso no representan necesariamente el sentir de mi curso, familia, amigos ni colegio. Este discurso me represente a mí y solo a mí. Yo soy su único responsable.
Hoy, vengo hablar de aquello que todos como Institutanos callamos. De aquello que la historia oficial prefiere olvidar y dejarlo fuera de lo público. De aquello de lo cual todos somos culpables: las autoridades por ocultarlo bajo el manto de la tradición o el amor a la insignia, los Institutanos fanáticos que avalan y defienden irracionalmente conductas que rozan en lo enfermizo y los Institutanos que reconociendo la enfermedad, no hacemos nada al respecto: ni irnos del colegio, ni intentar cambiar algo.
Cuando entré en séptimo básico y me dijeron que el gran Instituto Nacional llevaba 193 años de vida, saqué la cuenta y pensé que si no repetía ningún año saldría para el aniversario 199. Un año antes del famoso Bicentenario. Hace 6 años me dio tristeza e incluso, un poco en broma un poco en serio, pensé que sería una buena opción repetir para ser parte de la “Generación Bicentenario”. Hoy, con la perspectiva que el tiempo me ha dado, considero como un símbolo de mi paso por este colegio el salir un año antes de la Gran Fiesta: nunca me he sentido lo suficientemente Institutano como para soportar un año entero de chovinismo Institutano. Incluso, fue uno de los argumentos a favor cuando decidí pasar de curso el año pasado, el no estar aquí para el bicentenario. ¿Por qué?
Recuerdo claramente el segundo día de clases del 2007, cuando llegó una profesora, y nos empezó a contar la historia de este colegio, además de decir que del Instituto Nacional han salido 18 Honorables Presidentes De La República, nos comentó que también habían salido de esta institución importantes forjadores de la patria, que cuando nos pasaran Historia de Chile en segundo medio sabríamos. Sin embargo, luego de que en el preuniversitario me pasaran Historia de Chile (en el colegio no la vi más de un mes), reconozco que la profesora obvió el contarnos varios detalles.
Detalles como que entre los 18 presidentes de Chile, no son pocos los que tienen las manos manchadas con sangre de este pueblo. A modo de ejemplo, Institutano fue Pedro Montt Montt, presidente de Chile que dio la orden de asesinar a 3.500 salitreros en el Norte Grande, conocida actualmente como la mayor matanza en la historia de nuestro país (después de los 17 años de dictadura, claro) hablo de La Matanza de la Escuela de Santa María de Iquique. También a mi profesora se le olvidó mencionar que Institutano fue Germán Riesco Errázuriz, presidente de la República en el periodo del auge de la “Cuestión Social” destacando la matanza a raíz de la Huelga de la Carne, la cual dejó un saldo de más de 300 muertos en las calles del centro de Santiago. Previamente, destacan dos tristes hechos en la historia de Chile en que Institutanos también han sido actores principales. Fue un Institutano Manuel Bulnes Prieto, quien sofocó la Revolución Liberal de la Sociedad de la Igualdad, causando decenas de bajas. Fue Institutano también, Anibal Pinto, presidente de Chile, quien nos condujo a una absurda guerra contra nuestros hermanos peruanos y bolivianos por intereses oligarcas. Esta guerra, la Guerra del Pacífico, causó 3 mil bajas en Chile y más de 10 mil bajas en los países vecinos.
Diego Portales también fue Institutano. Para todo el que sepa un poco de historia, cualquier aproximación resultaría vaga en tratar de explicar las obras de él. Prohibió, so pena de cárcel, el participar en chinganas. Instauró una nueva forma de castigo para los “criminales peligrosos”, azotes públicos. Conocida es su frase: “Palos y bizcochuelos, justa y oportunamente administrados, son los específicos con los que se cura cualquier pueblo, por arraigadas que sean sus malas costumbres.”.
Pero, para terminar con este breve, recorrido histórico por la “Historia no contada” de los ilustres Institutanos, quisiera concluir con un deseo: El próximo año hay elecciones presidenciales. Ojalá el número de presidentes Institutanos no crezca hasta los 19. Me daría vergüenza que Laurence Golborne, un Institutano que hasta hace 3 años era Gerente General de Cencosud, (a saber: Jumbo, Paris, Santa Isabel, Costanera Center, entre otros) consorcio que paga $4.072 de patente al año, fuera presidente de Chile.
Más allá de la falsa historia que nos han intentado vender del Instituto, el principal problema que reconozco además funciona como parte básica, casi como un pilar que sostiene todo este aparataje institucional: los mitos y tradiciones.
Recuerdo cuando mi curso de séptimo básico conoció por boca de un profesor, una famosa frase que terminó dando vueltas por la cabeza de todos mis compañeros: “Errar es humano pero no Institutano” sin tener estudios algunos de pedagogía, ni pretender hacer un análisis psicológico de la educación, me parece que la pregunta cae de cajón: ¿A qué clase de profesor se le puede pasar por la cabeza decirle eso a niños de 12 años? ¿Por qué intentar separar al Instituano del humano común y corriente? ¿Tan inteligentes somos? Luego de vivir 6 años con esa frase, ¿Cómo se le explica a alguien que obtuvo 500 puntos ponderados en la PSU? Y que salió con un NEM y un Ranking por debajo de la media nacional.
Desde el primer día que pisé este colegio, sentí como todos los dardos y las acciones van dirigidas a un solo objetivo: el éxito. El éxito no como un instrumento para un fin mayor y más noble (la felicidad, por ejemplo). Sino como la meta final de la vida. Un éxito aparente eso sí, un éxito centrado sólo en lo económico: ser puntaje nacional, estudiar una carrera tradicional, casarse, escalar lo más alto posible en la empresa, comprarse una camioneta para pegarle la insignia del instituto en el parabrisas. Como dirían los Fabulosos Cadillacs: “En la escuela nos enseñan a memorizar: fecha de batallas pero que poco nos enseñan de amor”. Amor a lo que hacemos, amor al prójimo, amor a la clase o incluso a la humanidad. No, nada de eso. Sólo buenos puntajes para el día de mañana comprarse la camioneta 4×4.
Frases como esas son las que forman el carácter del general del alumno Institutano: petulante, soberbio, chovinista y exitista. Personalmente, no es ningún orgullo ser el colegio más odiado de los “emblemáticos” (y no me trago el cuento que nos decían los profesores que es porque somos los más inteligentes o los con mejores pololas) es porque de una u otra manera de verdad creemos que nosotros no nos equivocamos: porque somos Institutanos.
En este colegio desde que entramos, se nos ha inculcado el valor de la competencia y la discriminación. Las evaluaciones tienen que ser individuales. Para que así, la satisfacción del que se sacó un siete, sea personal. De él solo. Sin embargo en la vida: ¿Qué actividad se puede desempeñar solo? Ninguna. Nos educan en una burbuja idílica.
Cuando miro hacia atrás, pienso: ¿Qué valores aprendí en este colegio? Si todos hemos sido testigos de horrorosas frases estilo: “corran como hombres, no como maricones” “asuman sus consecuencias como machitos” “al colegio se viene solamente a estudiar” o “dejen la población en la casa” ¿Son acaso estas frases las que corresponden a un colegio que se jacta de estar forjado sobre los valores de la ilustración? No lo creo. Apropósito de los mismo, yo personalmente no he sido testigo, y tengo la impresión que es una conducta que va en retirada, pero hasta hace sólo un par de años, era común ver a un respetado y sacralizado profesor de este colegio, echando alumnos de la sala por negro. O suspendiendo aleatoriamente (Hacía formarse a un curso y decía: un, dos, tres: suspendido. Un, dos, tres: suspendido) sólo para demostrar su hipotético poder en este colegio. Ahora bien, de lo que sí he sido testigo, es de tratos abiertamente homofóbicos por parte de profesores hacia compañeros homosexuales: “Este colegio por gente como ustedes está como está, váyanse” y, en la misma línea he sido testigo de de profesores pegándole a compañeros (no combos ni patadas, pero sí empujones)
Estas son algunas de las cosas que hacen que yo no pueda sentirme orgulloso, como me han dicho que tengo que estarlo, de portar esta insignia. No podría sentirme orgulloso de ir en un colegio que la sola idea implica discriminación. Si la educación en Chile fuera buena en todos los establecimientos educacionales ¿Qué motivo habría para la existencia del Instituto Nacional? Ninguna. Si mi antiguo colegio me hubiese ofrecido la misma calidad de enseñanza que el nacional, yo no me hubiera cambiado. Pero me cambié porque no la ofrecía. Entonces, ¿Cómo sentirme orgulloso de haber dejado a 40 ex compañeros pateando piedras en mi ex colegio, para yo venir y “salvarme” de no patear –tantas- piedras? La sola idea suena aberrante.
No puedo dejar de mencionar lo sorprendente que fue para mí ver en la página del preuniversitario Pedro de Valdivia (de los mismos dueños de la Universidad Pedro de Valdivia, la cual tiene preso a su ex rector por el escándalo de las acreditaciones) un aviso que decía que habían firmado un convenio con el Instituto Nacional. El símbolo del lucro en la educación firmando un convenio con el símbolo de la educación pública. Es así como el CEPAIN lleva a la práctica sus comunicados “¿a favor de la educación pública? ¿Quién los autorizó para usar el nombre del colegio, a quién le preguntaron?” Patético.
Para concluir esta katarsis contenida por 6 años, me gustaría compartir con ustedes dos anécdotas que me ocurrieron este año en el colegio.
Corrían los primeros meses del año, cuando equis profesor preguntó en voz alta a todo mi curso: ¿Quién de aquí sabe qué es la comisión Valech o el informe Rettig? Ninguna mano se levantó. Nadie de un cuarto medio humanista del “Mejor colegio de Chile” lo sabía.
Y la segunda, casi en la misma línea: El 11 de Septiembre del año que se va, cayó martes. Día en el cual me tocaba por asignatura Historia electivo e Historia Común. En mi interior, cuando me dirigía al colegio pensé que por lo particular de la fecha, y por ser un curso Humanista usaríamos esas 3 horas para discutir respecto al tema. Craso error. Parece que era más importante las Batallas Napoleónicas en historia común y la Ley de oferta y demanda en historia electivo que las bombas de ruido que se escuchaban explotar en el colegio a esas horas de la mañana. Comentando con unos compañeros en el recreo la situación, recordamos que nunca, en los 6 años que llevamos en el colegio nos pasaron el Golpe de Estado (donde, paradójicamente, murió un Presidente Instituano). Es decir, haciendo el experimento que yo sólo sepa lo que me han pasado en el colegio y nada más, no sabría quién fue Augusto Pinochet en la historia de Chile. Repito: Cuarto medio humanista en el mejor colegio de Chile.
Ahora bien (aquí viene la parte emotiva) no podría ser tan hipócrita de sólo quedarme en la crítica. Digo hipócrita porque yo postulé al nacional porque quise y me quedé aquí también porque quise. Y es porque dentro de todo lo yermo aun existen pequeños oasis fértiles. Profesores en los que se puede confiar una palabra más allá de la materia oficial, profesores que entienden la educación más que como un “motor de asenso social” y que conciben al colegio más que como un preuniversitario de 6 años. Profesores de materias “no-psu” que luchan día a día contra el sistema para darle dignidad a su ramo. Y creo que lo logran, sus ramos son los más dignos de todos. Pedro Lemebel, un escritor chileno en una crónica rememorando sus años en el Liceo Manuel Barros Borgoño lo describe mejor que yo, cito: “Pero rescato de ese liceo, las clases progresistas que me enseñaron política, filosofía, literatura, poesía y otras lecturas más allá del horroroso Quijote en papel de biblia que después me lo fumé entero”. No daré nombres, pues sé como funcionan las cosas en este colegio y no quiero que vinculen a ningún profesor con este discurso, pero estoy seguro que ellos saben quiénes son.
Paradocentes que muchas veces te alegran el día con sus saludos y su disponibilidad desinteresada y casi religiosa para ayudarte. Los tíos auxiliares que a las 7.30 de la mañana cuando llegas a la sala y están sólo ellos barriéndola son tu primer “Buenos Días”, tías del Kiosko que nos prestaban microondas cuando a mitad de año dejaron de funcionar los del casino, y en general toda la gente que te conoce por tu nombre y no por tu apellido o número de lista, a todos ellos: gracias, infinitas gracias y espero no se dejen avasallar, porque sepan que tienen todo en contra.
Sin más que palabras de agradecimiento para, como dije anteriormente, lo fértil dentro de lo yermo, palabras de disculpas a los que me dieron la oportunidad de leer un discurso, palabras de desprecio para quienes hacen de este colegio un preuniversitario de 6 años deshumanizador, les digo a ustedes, compañeros de generación: éxito, pero éxito de verdad, del que incluye felicidad y crecimiento personal.
Y espero que con estas palabras no haya herido su orgullo Institutano, si fuera así, cumpliría mi deseo: “Sólo espero que el día de mi licenciatura, me reciban con gritos de odio”.
Compañeros, hoy, se acabaron los 12 juegos. Muchas gracias
Benjamín Gonzalez, Presidente del 4to F Humanista del Instituto Nacional
¡No al cierre de la U. del Mar! Mario Domínguez
Los antecedentes son bastante concretos, el sistema educacional de Chile muestra fisuras irreversibles. La negligencia e irresponsabilidad de un Estado ausente ha provocado estaciones catalépticas, ha jugado con figuras ausentes, posiciones ambiguas, cambiar todo para que no cambie nada.
La situación vivida por las y los miles de estudiantes de la Universidad del Mar es un síntoma que ya huele a enfermedad: la legitimación absoluta del mercado educacional y sus formas de regulación por parte del Estado. Las razones a poner en debate son ahora mas transparentes, la intencionalidad del gobierno del Presidente Piñera para resolver la crisis de la institucionalidad educativa chilena se ve marcada por la inmanencia del mercado, de sus figuras y lógicas. Declarar el cierre de la U. del Mar es decretar su quiebra, es otorgarle el lugar que nunca debió y ni debe tener ninguna casa de estudios de origen particular, es adjudicarle el estatus de una empresa.
El problema tiene dimensiones que el gobierno invisibiliza, las instituciones de educación superior de origen privado nacieron y se desarrollaron en el marco de la mas absoluta desrregulación, las políticas publicas relativas a su control se mantuvieron en el orden de profundizar esta situación, de privilegiar a los emprendedores en desmedro de la posibilidad de restaurar y fortalecer un sistema nacional coherente con los desafíos y necesidades de la nación en su conjunto. La oferta académica universitaria se ha transformado en una caja de pandora para la ejecución de las orientaciones fiscales. Lo que nos muestra la decisión del Consejo Nacional de Educación es la impotencia del Estado de Chile y sus instituciones para poder resolver -superar- en términos responsables y con miras de futuro el colapso de una de sus áreas estratégicas de desarrollo como lo es la educación.
La política del castigo versus la política de la responsabilidad.
Esta imposibilidad gubernamental para solucionar responsablemente la crisis del sistema de educación se basa claramente en la falta de voluntad política y de diálogo que el ejecutivo a tenido para con los diversos actores involucrados. Lejos de generar la posibilidad de establecer soluciones en conjunto, el ministro Beyer ha rechazado las propuestas y sugerencias provenientes del movimiento por la educación, la cartera de educación ha superpuesto el dogmatismo gerencial a cualquier alternativa participativa de resolución de la crisis; la incomunicación y el hermetismo político nuevamente han dejado en jaque al gobierno de excelencia.
Lo que prima en el cierre de la U. del Mar es la política del castigo, esa que en lo punitivo pretende resolver cuestiones de orden estructural, aquella que -como ya se ha hecho costumbre- sigue creyendo que los problemas de este país se resuelven con aquella “mano dura”portaliana, desvinculando las decisiones de Estado de las practicas democráticas. El cierre de la casa de estudios en cuestión está marcado por la irresponsabilidad del Estado con sus propias definiciones, el Ministerio de Educación por medio de la CNA ha sido participe del colapso de la institución educativa, la falta de fiscalización y compromiso con la calidad han pasado la cuenta de muchos años de negligencia, la aplicación de la política del castigo no solo expía las culpas del Estado en esta materia, sino que lo desentiende del rol que efectivamente tuvo en el mentado colapso.
El rol que el Estado debiese jugar en la Universidad del Mar es el de la responsabilidad, el de la intervención y participación en el futuro de la casa de estudios. No puede desentenderse de un proyecto educativo que él mismo legitimó, debe orientarlo y responder a las miles de familias involucradas con la posibilidad de restaurar un proyecto educativo serio, de calidad y a la altura de las necesidades de nuestro país.
La situacion de las y los miles de estudiantes que abandonaron la casa de estudios no puede tampoco estar al arbitrio del mercado, su aseguramiento debe pasar por una solución que privilegie la reubicación en planteles tradicionales y estatales, definir su pertinencia y normalización curricular de acuerdo a las exigencias de estas universidades y financiar así a los proyectos educativos públicos en contraste con la persistente intencionalidad del ejecutivo de favorecer la inversión privada por medio de incentivos y financiamiento a la demanda, sin importar la institución educativa receptiva de dichos fondos públicos.
Así, los diversos actores en cuestión deben asumir que la necesidad de transformar radicalmente el sistema educacional de nuestro país forma parte de la necesidad de constituir voluntad nacional, que se disponga a enfrentar los desafíos del futuro en taxativo rechazo de las lógicas que nos ha condicionado el modelo neoliberal. Queremos un país de ciudadanas y ciudadanos responsables de su porvenir, queremos que las practicas del gobierno cristalicen esa necesidad… no creemos que nuestros problemas sean fruto del tan reiterado y añejo peso de la noche.
Mario Domínguez
Secretario General
Federación de Estudiantes Universidad de Valparaíso.
Editorial (CdE nº23)
Ya Empezó la Carrera por la presidencia de Chile.
A más de un mes, con votos en basurales, y votos cual conejos que aparecen y desaparecen desde un sombrero de mago, finalmente pareciera que se puede declarar terminado el proceso eleccionario del 28 de Octubre. Los resultados confirmaron, por una parte, una importante derrota para la derecha, y por otra, un significativo ausentismo de los electores voluntarios. Todo esto ha forzado a que los diversos partidos y actores de las futuras contiendas parlamentarias y presidenciales comiencen a tomar decisiones radicales, de este modo ya se diseña un posible cuadro político que posiblemente enmarcará las futuras contiendas electorales.
Así, la derecha y su gobierno lanzan finalmente sus candidatos a luchar por las primarias, las que deberán establecer quién competirá como nombre de la Alianza para el sillón presidencial. Por de pronto, los candidatos derechistas debieron abandonar el cobijo ministerial que les sirvió en sus primeros pasos.
Renovación Nacional reconoce en Allamand, político profesional con gran experiencia, como su candidato oficial, no obstante ser aparentemente demasiado serio y tal vez no tan simpático, lo que se considera como una seria carencia que podría restarle posibilidades de éxito frente a la simpatía de Bachelet. Además, conscientes de que un no pequeño sector del electorado elije presidentes casi con los mismos criterios con los que se eligen a las vedetes de la farándula, podrían reducirse aún más estas posibilidades.
La UDI, a su vez, levanta la candidatura de Golborne, ex gerente de Paulman y de los supermercados Jumbo. Un personaje que hasta hace poco era un desconocido y que, en cierto modo, continúa siéndolo. Difícil sino imposible saber qué piensa, si tiene ideas u opiniones que sean propias, o si solo son ajenas, copiadas prestadas, sobre los diversos problemas de nuestra sociedad y cómo los enfrentará y tratará de resolverlos, más aun cuando ante cualquier pregunta responde con sonrisa de adolescente que vive la edad del pavo y con gran esfuerzo intenta repetir los lugares comunes que seguramente en algún lugar le han enseñado. Se autodefine como un humilde ciudadano emergente de las clases medias de este país, el que, al parecer, un buen día comprendió que sirviendo a los poderosos de este país podía escalar y arribar a lo que, probablemente él considera como el sentido de la vida, hacerse de dinero. Como gerente de Cencosud, y dejando de lado cualquier sentimentalismo moralista, sin dudarlo aplicó alzas de costos a las tarjetas “Mas”, unilateralmente y sin consultar a los clientes del supermercado Jumbo, muchos de ellos de escasos recursos, lo que hacía cada vez más rico a su patrón, futuro sponsor de su campaña.
Cuando se le insiste en que se defina frente a una pregunta, termina contando la historia de las enseñanzas de su madre, “tenemos 2 orejas y una boca, uno debe escuchar y poco hablar”. En una entrevista en el programa “Tolerancia cero”, cándidamente contaba que estaba leyendo un libro donde se narraba cómo se preparaban los emperadores para llegar al trono del Imperio romano, o algo parecido.
Que la UDI, partido que se precia de ser una organización política fundada en meditados postulados ideológicos, recurra a un individuo decididamente mediocre como Golborne y no haya logrado sacar de sus filas un cuadro digno de sus pretensiones para llevarlo como candidato, podría obedecer, por una parte, al peligro real de que esta vez pierdan las presidenciales y cuando ni siquiera MEO, haciendo de cura de Catapilco, puede que los salve, y por otra, al desprestigio cada vez mayor del gobierno de derecha y sus partidos. Esto explicaría que Golborne aparezca como el mejor ubicado en las encuestas, como alguien capaz de tocar la guitarra, bailar cha-cha (como lo confesó su mujer) y el presentarlo como independiente, o sea, más allá del bien y del mal, podría tal vez ser la tabla de salvación.
Con sutileza la revista semanal “The Clinic” recordaba una opinión de Jaime Guzmán sobre Alessandri (revista Ercilla de septiembre de 1989), un político diametralmente opuesto a todo lo que es Golborne, y que con toda seguridad jamás habría estado de acuerdo con la decisión de la UDI de llevarlo como su candidato: “(Jorge Alessandri) era un hombre capaz de formarse juicio propio sobre las cosas en vez de repetir las consignas de moda. Un hombre con el coraje de defender sus puntos de vista, aun a costa de transitorias incomprensiones (…) Un hombre que detectaba y combatía la demagogia”.
La Democracia Cristiana, apenas tomada la decisión de participar en las primarias anunciaba las propias el 19 de enero para elegir su candidato, el que deberá enfrentar, posiblemente, a la ex presidenta Bachelet. Hoy la DC se debate nuevamente en una lucha interna entre grupos, anticomunista uno, más radical que cuestiona toda alianza con el Partido Comunista, en tanto que otro sector, más pragmático, comprende la necesidad del voto comunista y estaría dispuesto a que se le reconozca al Partido, además de votar, el derecho a la existencia en el conglomerado, o sea, y para que quede bien clara su participación : sirve el voto comunista y además, en un acto de benevolencia, se le reconoce el derecho a existencia en el bloque oposicionista.
No obstante, el Partido previamente debe condenar todo lo que condena la DC. La opinión del Partido Comunista con respecto a regímenes extranjeros debe ser sancionada por el Partido Demócrata Cristiano. Se advierte sí que esto no significa que los comunistas tengan derecho a insinuar, por ejemplo, si la DC apoyó o no el golpe de estado en Chile. Tanto más cuando la opinión de ellos sobre sí mismos es la de ser un ejemplo de democracia nacional e internacional; dudar de esto sería o ignorancia, mentira o mala fe y, para muestra de esto, he aquí un ejemplo: profundamente preocupados por la democracia en el planeta sospecharon, dudaron sobre la trasparencia, efectividad y la capacidad organizativa de los venezolanos y decidieron como demócratas, cristianos y chilenos velar por la democracia en Venezuela, enviando una delegación para controlar las pasadas elecciones, cuando los venezolanos pueden dar lecciones a Chile acerca de cómo se organiza un acto eleccionario modelo en un país ejemplar y democrático.
Conscientes de las pocas posibilidades de éxito en la carrera presidencial, Orrego, Rincón, los independientes Velasco, Jocelyn-Holt, el senador radical Gómez y hasta el mismo MEO, saben que tienen escasas opciones frente a los rivales de la derecha, de no contar con el apoyo del bloque concertacionista, tal como hasta hoy existe, pero las razones para dar las lucha existen y persiguen objetivos de diversa índole. De Parisi poco se sabe, tal vez un saludo a la bandera esperando comerciar un posible apoyo a cambio de algo, pues no están claras las razones y motivos de su participación. MEO y Velazco, con amnesia profunda, evitan cualquier mención que les recuerde un pasado comprometedor y en cambio, tratando de ganar adeptos, se presentan cual inocentes palomas indignadas de políticas erradas de una Concertación totalmente extraña y ajenas a ellos.
En cuanto al Partido Comunista, en diversas ocasiones ha expuesto claramente su posición. En primer lugar, cualquier acuerdo debe tener previamente y como base una plataforma programática, esta debe poner el acento, en primer lugar, en promover las medidas impostergables e imprescindibles que permitan trasformar nuestra actual sociedad en una más justa e igualitaria. Esto incluye terminar con el binominal, promulgar una nueva constitución y que en su redacción participe el pueblo en su totalidad, la recuperación de nuestras riquezas naturales, educación y salud como tareas de Estado, una mayor participación de este en la actividad económica y la protección de la clase trabajadora, la libertad de credo y respeto a las minorías sexuales. Finalmente, el Partido Comunista hace saber lo que considera hoy la tarea más importante: impedir un segundo período de la derecha, condición sine qua non para poder llevar a la realidad el programa mencionado.








