Editorial (CdE nº15)

Mal terminó el año para el presidente Sebastián Pinera, Así lo han expresado todas las encuestas, que se hicieron el año pasado. Estas encuestas no dejan de plantear dudas con respecto al primer gobierno de la derecha, después de Pinochet. Dudas que se acumulan en torno a la ausencia de un proyecto político que permita explicar las medidas que se han ido adoptando, como las vacilaciones que ha habido frente a muchas de las promesas, que por lo general están quedando incumplidas.

¿Dentro de qué política cabe, por ejemplo, la violencia represiva que se ha aplicado últimamente en contra de las legítimas demandas de pueblos originarios como los mapuches o el de Rapanui, o la feroz embestida en contra de la población de Magallanes? Creemos que la ausencia de un proyecto político claro se debe a que la derecha chilena no puede tenerlo, por la sencilla razón que durante veinte años la Concertación adoptó el modelo político y económico neoliberal, que era el de la derecha, que heredaron de la dictadura, lo hicieron suyo, y lo administraron de la mejor manera posible.

Que la derecha política pasara a ocupar el primer plano entorpecía este modus operandi que para los poderes fácticos había funcionado perfectamente. ¿Qué novedad podía haber aportado un gobierno de derecha frente a este modelo, salvo la de reemplazar los equipos dirigentes o introducir modificaciones meramente cosméticas? Por eso, una vez pasada la euforia producida por el rescate de los 33 mineros de la mina San José, nos encontramos nuevamente con el Chile real, a saber, el Chile neoliberal.

Con desgracias que parecieran accidentales, pero no lo son. Con culpas o responsabilidades adjudicadas, recíprocamente, de un lado para otro, desde un gobierno a otro. Incluso, en un intento, quizás, desesperado por encontrar la causa, de tanta inconformidad, crisis y desgracia, se ha personificado este cúmulo de aparente mala suerte en lo que comúnmente se conoce como un “yeta”. Si abandonamos la especulación y la superstición, no podemos encontrar estas causas, sino, en el modelo económico que nos rige, instaurado por la dictadura, pero mantenido sin discusión por los gobiernos posteriores, incluido por cierto el actual.

Si profundizamos un poco más, debemos reconocer que la responsabilidad radica en la sociedad en la cual convivimos, vale decir, en todos nosotros. La dictadura llegó a sangre y fuego, pero los gobiernos posteriores no. Los 81 presos de la cárcel de San Miguel, fueron víctimas del modelo. Es aquí donde se desmoronan los argumentos basados en la “puerta giratoria” y en quienes propugnan el concepto “tolerancia cero”, vale decir, se desmoronan los argumentos basados en la represión. No se trata de defender ¡o indefendible, los delincuentes tendrán que estar en la cárcel, pero debemos abocarnos a solucionar el fondo del problema. Chile ocupa el tercer lugar en Sudamérica en densidad de presos, con 305 de reclusos por cada 100 mil habitantes, después de Guayana Francesa y Surinam, y el número 33 en el mundo. Otra expresión del Chile neoliberal son los Empleados Públicos luchando en la calle por sus justas reivindicaciones.

Lo hacen también funcionarios’ municipales y los trabajadores del Ferrocarril Metropolitano de Santiago, quienes el recién pasado 5 de diciembre paralizaron completamente sus servicios por primera vez desde su inauguración en el año 1975.Lo mencionado hasta aquí, está pasando o ya pasó. Lo que viene nos concierne a todos, pues afecta la Educación Pública.

El proyecto Lavín sobre reforma a la educación ya ha sido formulado. Este proyecto tiene una componente claramente elitista y privatizadora de la educación, funcional al modelo económico imperante, pero por sobre todo apunta a cercenar los derechos de los principales trabajadores de la educación, a saber, los profesores.

Vemos como muchos liceos municipales comienzan a cerrar sus puertas por falta de recursos, sin que el Estado asuma la responsabilidad de protección de la educación, principalmente, para los más desposeídos. La conclusión es clara y consistente con fortalecer la tendencia a que sólo exista educación privada.

Las fuerzas sociales constituidas por estudiantes, apoderados, profesores, académicos de la educación superior y funcionarios, podremos parar estas nefastas intensiones en la medida que tengamos la disposición y la organización para hacerlo. Hasta cuándo se podrá sostener un modelo económico causante de tanta insatisfacción en la población, es una cuestión no fácil de responder. Los partidos de la Concertación por la democracia han estado planteando la necesidad de ampliar este bloque opositor con el propósito de derrotar a la Derecha en las elecciones venideras.

Por otra parte, el último Congreso del Partido Comunista de Chile, estableció en su resolución principal, la necesidad de una convergencia entre todos los partidos de oposición para la conquista de un gobierno de nuevo tipo, el cual no sólo tendrá la misión de desplazar a la Derecha, sino que también deberá superar las características neoliberales que estuvieron presente en los pasados gobiernos de la Concertación.

Por cierto, éste no será un gobierno socialista, pero tampoco podrá ser una . réplica de los gobiernos posteriores a la dictadura. Sólo queda esperar que esta convergencia también se reproduzca de manera transversal en las organizaciones sociales, para que después de tantos años, este nefasto modelo económico neoliberal, al menos en nuestro país, tenga que batirse en retirada.

Anuncios

Esta otra violencia: el saqueo. Por Pablo Aravena

I

Los políticos y los medios han optado, como acostumbran, por la vía más fácil. En un caso el discurso condenatorio y moralizante, en otro la exposición inmediata de las “hordas-” saqueadoras frente a la dignidad de! que, en el suelo, defiende su casa, su familia, lo poco que ha conseguido con su trabajo honesto. ¿Cómo no empatizar con las víctimas? ¿Cómo no estar de acuerdo con la civilizada y española figura de Amaro Gómez Pablos reprendiendo a los bárbaros saqueadores del sur? “Le pedimos por favor a la presidenta que autorice a !os militares no sólo a detener, sino que a disparara estos delincuentes”, gritaba ante las cámaras una señora gordita, de melena rubia y lentes, detrás de la reja de su jardín.

Al principio todo iba bien: otra vez la perversión de los pobres, de los marginales, desplegándose a la primera oportunidad en que se ausenta la ley. Y es que ha sido este supuesto -el de la maldad de los pobres (involuntaria o no culpable en la versión más cristiana)- el que ha sustentado todos los apartheid legales y de hecho que ha registrado nuestro país. ¿No se acuerdan del muro que levantó la alcaldesa de Lo Barnechea para separar la ranchería de La Ermita de las casas de tres mil y tantas Ufs?.

Pero como el medio no es neutral, al rato las cámaras mostraron más de lo que el editor de turno quisiera. Al lado de la poblada bajita y morena que robaba comida, licor y televisores, se alistaba gente de apariencia decente, “emprendedora”, para partir, sobre sus 4×4 y desde las bodegas mismas de las tiendas, con enseres de mayor valor. El asunto ya no calzaba tan bien, porque perfectamente ese hombre podía ser el esposo de la señora que gritaba detrás de la reja de su jardín.

Pero antes de poder comenzar a tratar de explicarnos qué estaba pasando vino la intervención “sanadora” de otra Teletón, desplegando las imágenes y testimonios de toda la destrucción y dolor del sur como modo de impulsarnos al solidario acto de metemos la mano en el bolsillo. Ese particular modo de ligar compromiso social e individualismo, promovido por Don Francisco desde el año 1978. “El horror sobrecogedor de los actos violentos y la empatía con las víctimas funcionan sin excepción como un señuelo que nos impide pensar” (Slavoj Zizek, “Sobre la Violencia”).

II

Puede que el acto de robar, estafar, violentar, hacerle el quite al trabajo, buscar ante todo la satisfacción inmediata, etc. no sean rasgos propios de los pobres. De hecho, nunca lo han sido. Quizá nuestro último terremoto ha funcionado como líquido revelador de la sociedad chilena. que a estas alturas no es más que una parcela más de la llamada globalización.

Nada nuevo digo con plantear que hay que hacer una distinción entre esa masa de los pobres. La separación se conceptualizó en pleno siglo XIX como proletariado y lumpen proletariado (Marx / Engels). Fue en El Dieciocho Brumario donde, tratando de entender la llegada al poder de Luis Bonaparte luego de la Comuna de París (1948), surgió este desprendimiento conceptual que la referencia metafórica a la sociedad como un edificio de capas sociales (baja, media, alta) hizo malentender.

El usual entendimiento del lumpen proletariado como una masa andrajosa e inconsciente es parcialmente correcta. En efecto, es “lo otro” de la burguesía y el proletariado (el sujeto histórico de Marx), pero no necesariamente lo que está “más abajo”. El lumpen, que era un elemento de las sociedades avanzadas de la época, podía nacer en cualquier capa de la sociedad, pues la conducta lumpenezca está en los orígenes históricos del capitalismo (la conquista, e! robo, la usura) (El Capital, Cap. XXIV). Todos tenemos un caso a la mano: es más probable que se enriquezca, a corto plazo, un lumpen que un trabajador. El secreto de la acumulación es que no conoce ley, y cuando la reconoce lo hace como coartada.

Un año antes del golpe de Luis Bonaparte, escribía Marx en Las luchas de clases en Francia: “se repetía en todas partes, desde la corte hasta el café Borgne, la misma prostitución, el mismo fraude descarado, el mismo afán por enriquecerse, no mediante la producción, sino mediante el escamoteo de la riqueza ajena ya creada (…) La aristocracia financiera, lo mismo en sus métodos de adquisición que en sus placeres, no es más que renacimiento del lumpen proletariado en las cumbres de la sociedad burguesa”.

III

Hay algo incómodo en las imágenes de los últimos saqueos. Esa incomodidad consiste, en primer lugar, en que los mejores saqueadores se parecen demasiado “a nosotros”. En segundo lugar incomoda que el saqueo se extienda, pues el futuro de la acumulación capitalista depende del monopolio del saqueo por una aristocracia que borra el origen de su riqueza con la leyenda del sacrificio de sus antepasados y la reproduce al amparo de la ley.

El descubrimiento público de una clase media lumpenizada -por lo tanto, no solo saqueadora, sino que también inconsciente y negada a su historicidad- llega en el oportuno momento en que comienzan las explicaciones acerca de los motivos de la llegada al poder de la derecha formal. Más allá de las ineficiencias de los gobiernos de la Concertación, queda pendiente hacer la genealogía del proceso de lumpenización de las clases medias en Chile.

Mientras tanto habrá que resistir la operación anestesiante de los medios, los que utilizando la “maldad” de los saqueadores en sus notas de prensa, no han dejado de proponer un refuerzo al axioma fundamental del liberalismo económico que nos rige: el individuo es egoísta por naturaleza, hay que redirigir esas energías perversas para el beneficio de la sociedad entera.