La Gran Pregunta. Manuel Riesco

¿Hasta qué punto, y bajo qué condiciones, un modelo de crecimiento económico basado en la industria extractiva es o puede volverse consistente con una apuesta por formas de inclusión democrática, calidad de vida y salud ambiental que sean sostenibles en el tiempo?

Signo-de-pregunta

Lograrlo dejaría contentos a todos, pero lamentablemente no se puede. La teoría económica y las experiencias neoliberales recientes, han demostrado que los países ricos en recursos naturales deben optar: o viven de la renta de los mismos y peor aún, del “chorreo” de aquella, o la utilizan para impulsar las únicas economías que pueden resultar consistentes con dicha apuesta: aquellas basadas en el valor agregado por el trabajo de sus ciudadanas y ciudadanos.

Es una cosa o la otra. El modelo noruego es el opuesto del chileno: Bajo el primero, los recursos naturales son una bendición, que han permitido a su pueblo alcanzar el más elevado desarrollo humano del mundo, sin menoscabo de la producción interna de valor agregado. El segundo demuestra que pueden convertirse en una maldición, cuando caen en manos de grandes corporaciones rentistas privadas, cuya hegemonía puede distorsionar la economía y la sociedad, y depredar el medio ambiente.

Lamentablemente, al parecer, todavía no hay plena conciencia de ello entre las elites y autoridades de Chile y otros países de la región Andina. Un seminario en torno a esa pregunta tuvo lugar en Bogotá, en diciembre del 2012, en el marco de la celebración de los 50 años de la Fundación Ford en la región y reunió a dirigentes de movimientos sociales, con presencia de empresarios, junto a autoridades políticas locales y nacionales, incluyendo algunos ministros de Colombia y Perú y figuras como el expresidente chileno, Ricardo Lagos.

El debate giró principalmente en torno a como la industria extractiva puede aportar más a las comunidades, a los países y al cuidado del medioambiente, lo cual resultaría verdaderamente encantador. Sin embargo, la pregunta de fondo respecto del modelo de crecimiento basado en la industria extractiva, apenas fue insinuada. ¿Está sucediendo lo mismo en el debate programático de las candidaturas presidenciales en Chile?

Teoría

Como es bien sabido, uno de los descubrimientos fundacionales de la teoría económica moderna, es que no todos los productos ni todas las empresas son iguales: los bienes y servicios producidos en condiciones competitivas, son fundamentalmente diferentes a aquellos otros cuya producción está constreñida por algún recurso escaso, o es afectada por monopolios de otro tipo; asimismo, Apple y Exxon son las dos corporaciones más valiosas del mundo, sin embargo, una y otra son de muy distinto pelaje.

Los precios de los primeros tienden establemente a la baja, mientras los segundos fluctúan continuamente, a veces en forma enloquecida, según los vaivenes de la demanda. Los mercados de aquellos son el ambiente natural de las empresas auténticamente capitalistas, mientras los de éstos están dominados por grandes rentistas, que se han apropiado de recursos escasos o han logrado imponer monopolios de otro tipo.

Los precios competitivos tienden a igualarse con los costos de producción promedios, que incluyen la ganancia capitalista media. Es decir, se determinan exclusivamente desde el lado de la oferta, la que se acomoda con elasticidad a las permanentes fluctuaciones de la demanda. La única manera en que un grupo de capitalistas logran obtener una ganancia superior a la media, es mediante la innovación para mejorar sus diseños y bajar sus costos. Dicha ganancia extraordinaria proviene de una transferencia, de parte del valor agregado por los más lerdos entre sus competidores. Éstos no obtienen ganancia alguna o muy poca, puesto que el precio se establece al nivel de los costos de la mayoría de los productores, los que coinciden con el promedio de esa industria. Nadie allí puede clavar la rueda de la fortuna ni dormir sobre sus laureles. Los innovadores de hoy pueden estar mañana en el montón, quedar entre los rezagados o ser expulsados del mercado sin muchos miramientos.

La oferta de los segundos, en cambio, está constreñida por la escasez de los recursos de mejor calidad. Por lo tanto, para satisfacer los incrementos de la demanda, se hace necesario poner en producción los de calidad inferior. De este modo, los precios se fijan al nivel de los productores con costos más elevados. En consecuencia, todos los demás obtienen un sobreprecio por encima de los suyos. Éste genera una sobreganancia, por sobre la que obtienen en promedio los capitalistas que operan en mercados competitivos, la que se transforma en renta de los recursos de mejor calidad relativa, cuyos propietarios lo exigen como una suerte de peaje para permitir el acceso a los mismos. Por este motivo fue denominada “renta diferencial” por David Ricardo (1817). Incluso los propietarios de los recursos con menos bendiciones, exigirán una renta para ponerlos en producción, la que Marx (1867) denominó “renta absoluta”. Si por añadidura, los recursos no son renovables, su escasez relativa resultará aún más restrictiva, puesto que siempre será conveniente guardar parte de ellos para el futuro, lo que da origen a lo que Hötelling (1929) denominó “renta ínter temporal.” Paul Samuelson (1948), demostró que los monopolios de cualquier tipo también se las arreglan para vender por encima de sus costos de producción y denominó “cuasi renta” a la que obtienen a partir de su control de mercados que no están limitados por factores escasos.
¿Quien paga la renta? La ley económica fundamental establece que, en la economía mundial en su conjunto, la suma de todos los precios no puede exceder a la suma de todos los costos de producción. De este modo, si algunos bienes o servicios se venden por encima del costo, necesariamente otros deben venderse por debajo de los suyos. La alternativa sería pagar el sobreprecio con ahorros, pero éstos se agotan. Tampoco se ha visto que las rentas se paguen con cargamentos de oro llegados de otros planetas.

Por otra parte, los costos son iguales a la suma de las compras netas de insumos y depreciaciones de bienes, producidos en períodos anteriores, más el valor agregado en todos los procesos de producción, en un período dado. Este último es el producto interno bruto (PIB) creado cada año, el que a su vez se distribuye en ingresos del trabajo, excedentes de explotación e impuestos menos subsidios estatales. Las rentas se sustraen de los excedentes de explotación, rebajando la ganancia media de los capitalistas y, consecuentemente, los precios de todas las mercancías producidas en condiciones competitivas. De este modo, las compras netas de insumos y depreciaciones que provienen de períodos anteriores, más los salarios, ganancias y rentas en que, según la fórmula trinitaria de Adam Smith (1776), se distribuye el PIB del período en curso, conforman la demanda solvente para los bienes y servicios producidos en un año determinado, en la economía mundial en su conjunto.

Todos los recursos escasos generan renta, tanto si prestan servicios, como ocurre con los profesionales afamados y la tierra urbana, como si se trata de factores de producción de bienes, como los minerales que yacen en sus depósitos, la tierra virgen, agrícola o forestal y el agua, así como la vías urbanas, pesquerías e incluso la atmósfera, cuando el acceso a los mismos es regulado. El “precio” de estos elementos no se origina en su costo de producción, puesto que no lo poseen por definición, sino en el flujo descontado de sus rentas futuras.

Sin embargo, lo que da origen a la clase social especial de los rentistas – que son muy diferentes a los capitalistas -, es la propiedad privada sobre trozos del planeta y sus recursos. Según Marx, en una sociedad más avanzada del futuro, ella “será considerada algo tan monstruoso como la propiedad de un ser humano sobre sus semejantes.” Si la clase de los rentistas logra imponer su hegemonía en países ricos en recursos naturales, pueden generar enormes distorsiones en su estructura productiva y social.

Paul Samuelson advierte que si las rentas se privatizan, equivalen a un subsidio a las inversiones que se dirigen a esas industrias, puesto que si logran apropiarse de los recursos, las empresas que los explotan obtienen la ganancia capitalista media por las operaciones productivas que allí realicen, más la renta de los recursos de los cuales se han apoderado. La consecuencia es la sobreinversión en dichos sectores, con perjuicio de la producción interna de valor agregado en la economía en su conjunto. Como se ha visto, las rentas no constituyen creación, sino transferencias de valor agregado, desde las industrias competitivas a los rentistas, a costa de una reducción de la ganancia capitalista media.

Si dicha transferencia se origina dentro del mismo país, como ocurre en economías grandes con bajo peso del comercio exterior, el resultado es una reducción significativa de la ganancia capitalista media de la economía en cuestión, con la consecuente pérdida de dinamismo. Es lo que ocurre en el mundo en su conjunto, en períodos de altos precios de los recursos: una proporción creciente de la ganancia capitalista global se desvía como pago de rentistas, lo que bien puede conducir a una recesión global; es por eso que el alza en el precio del petróleo, por ejemplo, genera una desaceleración económica.

En caso que las rentas se originen en recursos exportados, como sucede generalmente en las economías relativamente pequeñas y ricas en recursos naturales, dichas transferencia provienen de los países que los consumen. En este caso, el resultado es la denominada “Enfermedad Holandesa.” Ésta no consiste solamente en una apreciación del tipo de cambio, como usualmente se piensa, sino en un peso desproporcionado de las rentas en la economía de ese país, que la hace vulnerable a las fluctuaciones en los precios de los recursos exportados. Pueden haber asimismo superávit persistentes en el comercio exterior, en países que no exportan productos con renta, sino producidos en condiciones competitivas. A diferencia de aquellos, el precio de éstos se origina exclusivamente en el valor agregado en su proceso productivo interno, es decir, es igual a su costo de producción. En ambos casos habrá una apreciación del tipo de cambio y un excedente exportado, cuyo valor en dinero podrá ser atesorado o reexportado como capital. Sin embargo, no todos los superávit comerciales son iguales, ni todos los países exportadores son afectados por la “Enfermedad Holandesa.” En el caso de países como Alemania o Corea, por ejemplo, para enfrentar una contracción del mercado mundial, basta con que redirijan al mercado interno el excedente antes exportado. Existirá allí una demanda solvente para absorberlo, puesto que consiste exclusivamente en valor agregado internamente, y pagado íntegramente como costo de los factores de producción, incluyendo la ganancia capitalista media. De este modo esas economías podrán continuar produciendo al mismo nivel anterior, aunque probablemente deberán modificar la composición de su producción para adecuarla a la demanda interna; producir menos camiones y más automóviles, por ejemplo, pero con una suma de valor similar. Incluso puede beneficiar a la población, que ahora consumirá todo lo que produce.

En cambio, en los países que reciben elevadas transferencias de renta desde el exterior, ésta se desvanece en el aire al contraerse la demanda mundial. De este modo, se enfrentan a la triste realidad de rebajar su nivel de vida al valor agregado en sus procesos productivos internos. Su economía se reduce exactamente en la magnitud de las rentas transferidas desde el exterior, es decir, en el sobreprecio de los recursos antes exportados, por encima de sus costos de producción; al desaparecer dicho sobreprecio, una parte del PIB del país en cuestión simplemente se esfuma. Muchos países exportadores de materias primas han corrido esta suerte en el pasado, entre ellos Chile, cuando la Gran Depresión desvaneció la renta del salitre.
Como señaló hace poco el diario británico Financial Times, la economía de los recursos es como la de los buscadores de tesoros: su precio no guarda relación con el costo de encontrarlos y extraerlos, sino que se determina exclusivamente por la demanda y, como bien sabía el arrendatario escocés James Anderson (1777), inventor del arado escocés y autor de la teoría de la renta, ésta equivale a un tributo que los capitalistas pagan a los terratenientes.

Por estas razones, los auténticos capitalistas y la teoría económica desde sus mismos inicios, han promovido la nacionalización de los recursos naturales, la legislación antimonopolios y/o la captura de las rentas por parte del Estado: De este modo se nivela el terreno a la competencia en todas las industrias por igual, logrando una distribución óptima de las inversiones productivas y un aprovechamiento de las rentas en beneficio del conjunto de la sociedad, en lugar de alimentar con ellas a una clase parasitaria.

Práctica

Los países han asimilado estas lecciones en buena medida, de una manera u otra. Casi todos ellos han establecido la propiedad del Estado sobre los recursos del subsuelo, el agua, los fondos marinos, así como su soberanía sobre la tierra en general; en los países emergentes, ésta es una de las principales herencias del desarrollismo estatal del siglo 20. Actualmente, las empresas estatales tienen acceso a más del 85 por ciento de las reservas mundiales de petróleo e incluso en países donde se permite un acceso limitado de empresas privadas a las mismas, como el Reino Unido o Noruega, su renta es capturada casi íntegramente por el Estado, mediante regalías y otros mecanismos.

Sin embargo, el auge neoliberal de las últimas décadas, representó un retroceso significativo en esta materia, permitiendo la privatización de vastas reservas de recursos naturales, de los cuales se han apropiado las grandes corporaciones rentistas transnacionales, las que se han fortalecido extraordinariamente en este período.

Ha sido mas bien al revés. El renacer del neoliberalismo desde las cenizas a las que fue reducido tras la Gran Depresión, y su auge global en las últimas cuatro décadas, se explican principalmente por la hipertrofia del sector financiero durante el mismo período, que los apadrinó cariñosamente. Sin embargo, las grandes corporaciones rentistas no han sido ajenas a este fenómeno, ni mucho menos. Su tamaño e influencia también creció extraordinariamente en estos años, especialmente el de las grandes petroleras tras el alza del precio del crudo en los años 1970. Su influencia sobre el Reaganismo es bien conocida y éste, a su vez, fue determinante en el renacimiento neoliberal, el cual ha sido auspiciado generosamente por las grandes corporaciones rentistas, en todo el mundo.

El rasgo anti Estado del neoliberalismo, anarquismo burgués como lo denomina Eric Hobsbawm, le viene como anillo al dedo no solo a los banqueros, que con su ayuda lograron imponer la globalización sin trabas del capital especulativo. Ello también resulta favorable para los grandes rentistas, los que por estos días se han vuelto librecambistas a ultranza: no requieren protección estatal alguna, puesto que están sentados encima de ella. Son partidarios de bajar los aranceles a cero, porque de ese modo abaratan sus insumos.

El neoliberalismo les ofrece un atractivo adicional: es la única escuela económica que considera irrelevante la teoría de la renta; no la niega pero dice que no es significativa puesto que, según ellos, en el largo plazo, no existirían recursos escasos. Nada puede ser más seductor para los grandes rentistas. No se la pueden creer: por primera vez, una escuela de economistas reniega de lo que ha sido una piedra angular de esta ciencia desde hace doscientos cincuenta años.

Las grandes corporaciones rentistas constituyen una suerte de híbridos. Tal como ocurría con las que profitaban del vil tráfico antes de su abolición, sus acciones se transan en las principales bolsas mundiales, como si fuesen empresas capitalistas respetables. Operan asimismo en su interior, algunas actividades productivas y comerciales propiamente capitalistas. De hecho, subcontratan la mayor parte de sus actividades de exploración, extracción, refinación y transporte, así como parte de sus operaciones comerciales, con filiales o contratistas externos, propiamente capitalistas, en las cuales ocupan a algunas decenas de miles de trabajadores a nivel mundial. Sin embargo, el grueso de sus ingresos y utilidades no provienen del valor agregado por éstos, sino de la renta de los recursos de los cuales se han apropiado. Aunque la mona se vista de seda…

De las veinte mayores empresas globales en la actualidad, según su capitalización bursátil, seis son petroleras o mineras: Exxon, Shell, Chevron, BHP Billiton, Petrochina y Petrobras, sin embargo, las dos últimas son estatales. Las cuatro primeras se cuentan a su vez entre las diez mayores corporaciones del mundo según sus ventas, seis de las cuales son rentistas, incluyendo a British Petroleum y la Estatal rusa Gazprom además de las anteriores.

El nivel de apropiación de recursos por parte de estas corporaciones no tiene precedentes. En Chile, por ejemplo, a pesar que la Constitución establece la propiedad estatal “inalienable e intransferible” del subsuelo, un puñado de grandes empresas mineras han declarado “concesiones plenas” sobre poco menos de 28 millones de hectáreas, área que cubre mas de un tercio del territorio nacional y es mayor que la superficie total del Reino Unido. Dichas concesiones son indefinidas, hereditarias y transferibles, fueron adquiridas sin pago alguno y el costo de mantenerlas es un dólar por hectárea al año. Si el Estado quiere recuperarlas, debe pagar el valor total de los minerales que eventualmente se encuentren en ellas. En Perú y Colombia, las mineras privadas se han adjudicado asimismo concesiones sobre más de veinte millones de hectáreas en cada caso, aunque las mismas son temporales y están sometidas por lo general a regalías.

Estas últimas no se aplican a la explotación de los minerales en Chile, que recién el 2003 estableció un tímido impuesto específico a las utilidades de las mineras, que el 2010 se incrementó al doble. Según el Servicio de Impuestos Internos, el Impuesto Específico a la Actividad Minera recaudó un promedio de 389 millones de dólares anuales, entre 2005 y 2010. La Estatal CODELCO representó un 60 por ciento de ese tributo, por lo que las privadas pagaron solo 233 millones de dólares anuales en promedio, lo que equivale aproximadamente a un 0,9 por ciento de sus ingresos de explotación, los que promediaron 25.703 millones de dólares por año, en ese período. Dicho impuesto representó el 1,45 por ciento de sus utilidades antes de impuestos, intereses, depreciación y amortización, que se conocen por su sigla en inglés, EBITDA. Estas últimas promediaron 16.127 millones de dólares anuales, cifra que equivale casi exactamente a la mitad de los ingresos tributarios totales promedio del Estado, en el mismo período. Es decir, los chilenos sostienen un Estado y medio: uno mediante sus impuestos y medio adicional con la renta que “conceden” a las mineras privadas.

Sus panegiristas gustan de embolinar la perdiz con los impuestos a la renta aportados por “la industria” al erario nacional. En Chile, por ejemplo, generalmente publican los aportes al Estado de “la minería,” sin detallar que CODELCO aporta dos tercios de estos recursos controlando sólo un tercio de la producción. La verdad es que aparte del impuesto específico antes referido, los propietarios de la “industria” minera pagan menos impuestos a la renta que los dueños de una modesta pastelería.

En ambos casos, la empresa misma debe pagar el denominado impuesto de primera categoría, que actualmente es de 20 por ciento sobre las utilidades. En ambos casos, hacen uso de toda una batería de artilugios contables que les permiten postergar dicho pago, o eludirlo derechamente. Ciertamente, las mineras han demostrado en esta materia una creatividad y capacidad de innovación a toda prueba, que harían las delicias de los pasteleros.

Nadie como la minería ha utilizado tanto el sobre endeudamiento con filiales en paraísos fiscales, para remesar utilidades bajo la forma de intereses, eludiendo impuestos. Nadie ha usado y abusado como ellos de los beneficios de la depreciación acelerada. Principalmente mediante estos mecanismos, Exxon operó un mineral de cobre en Chile durante 23 años a pérdida, para luego venderlo a Anglo American ¡en 1.500 millones de dólares! Estudios publicados por NN.UU. han demostrado que, incluso mineras que posan de líderes en “responsabilidad social corporativa,” eludieron impuestos al subdeclarar el contenido de oro, plata, molibdeno y otros “subproductos,” en los concentrados que venden a sus filiales en el extranjero, a los cuales pagaron, además, cargos de refinación superiores al precio más alto del mercado y, finalmente, vendieron a las mismas empresas relacionadas el contenido de cobre de los mismos, sistemáticamente por debajo del precio promedio de la bolsa de metales de Londres.

Los mecanismos antes referidos, entre otros, rebajan las utilidades y consecuentemente el pago de impuestos a la renta por parte de las empresas. En Chile, sin embargo, estos últimos son considerados un crédito sobre los impuestos personales que posteriormente deben pagar sus dueños sobre aquella parte de las utilidades que retiren. Es decir, en este país, los impuestos a la renta que pagan las empresas no constituyen sino un anticipo sobre los que luego deben pagar sus dueños. Pues bien, resulta que los inversionistas extranjeros en Chile, están sujetos a una tasa marginal de 35 por ciento sobre las utilidades repatriadas, mientras el dueño de nuestra pastelería queda sujeto a una tasa marginal ¡superior a 40 por ciento!
Lo anterior operaría en caso que efectivamente unos y otros reconocieran retirar utilidades, lo cual todos los propietarios de empresas disfrazan como re inversiones, sea en las mismas empresas que generan las utilidades en primer lugar -la mitad de las gigantescas inversiones de más de cien mil millones de dólares aprobadas por las mineras para los próximos cinco años, corresponden a reinversión de utilidades-, como en una cascada de “inversiones” en una serie de empresas de papel creadas exclusivamente con este objeto. Como resultado de todo ello, en Chile ningún empresario paga la tasa marginal de impuestos a las personas -que en teoría es el único impuesto que se paga-, la que queda en pie solamente para los asalariados de ingresos elevados, a quienes se les descuenta por planilla.

Ni siquiera pagan la tasa de 20 por ciento, que hasta el 2010 era de 17 por ciento, de impuestos anticipados por las empresas, puesto que la liquidación anual termina en una gigantesca devolución de estos anticipos a los dueños. El diario El Mercurio estimó recientemente que las tasa reales de impuestos a la renta que pagan en Chile los empresarios son de 0,7 por ciento para el tramo entre 12.000 y 25.000 dólares mensuales de ingresos y de 9,2 por ciento para los que resultan superiores a esta última cifra.

Pues bien, los propietarios de las mineras hacen uso y abuso de todos estos resquicios, con la ventaja que su tasa marginal es cinco puntos inferior a la de los empresarios chilenos, como se ha mencionado. Con sistemas tributarios tan permisivos en general -cuya corrección constituye otra de las grandes cuestiones pendientes-, la única manera efectiva de recuperar parte de la renta que se apropian las grandes corporaciones rentistas, consiste en someterlas al pago de regalías sobre los recursos extraídos, las cuales en Chile, como se ha mencionado, consisten en un tributo especial cuyo monto equivale a menos de uno por ciento de las ventas.

Resultados

La privatización sin cobro de los recursos ha introducido una distorsión muy grande en la economía chilena. La minería representa dos tercios de las exportaciones del país, cuyo valor equivale, por su parte, a la mitad del PIB. Ni siquiera en la época del salitre se alcanzó una dependencia de esta magnitud, puesto que en 1929 las exportaciones representaban un 29 por ciento del PIB. La minería ha absorbido un tercio de toda la inversión extranjera llegada al país entre 1974 y 2011 y dicha proporción sube de la mitad si se considera la parte proporcional de la inversión en energía, un tercio de la cual se genera para abastecer a la minería. Representa una cuarta parte de las ventas de las cien principales empresas del país y un quinto del PIB. Sin embargo, ocupa ¡sólo 1,5 (uno coma cinco) por ciento de la fuerza de trabajo asalariada nacional!

Si se consideran adicionalmente la agricultura, silvicultura, pesca y energía, es decir, todos los sectores basados en recursos naturales, las cifras anteriores ascienden al 90 por ciento de las exportaciones, el 60 por ciento de la inversión, el 50 por ciento de las ventas y un cuarto del PIB, respectivamente. El empleo total en estos sectores, en cambio, solo asciende al 9,3 por ciento del total de los asalariados.

El asunto va de mal en peor. Si se consideran los grandes proyectos aprobados para el quinquenio 2011-2015, la minería sola absorbe más de la mitad de la inversión, tanto nacional como extranjera, pero dará ocupación permanente a solo un 0,8 por ciento adicional de la fuerza de trabajo asalariada.

Es decir, los grandes inversionistas no son auténticos capitalistas, que vienen a obtener ganancias a partir del valor agregado por sus trabajadores en la producción de bienes y servicios competitivos: los que han llegado vienen por los tesoros con que la naturaleza ha bendecido al territorio, de cuya renta se apropian casi por completo.

Como resultado de la hegemonía de los rentistas, el país ha abrazado el librecambio a ultranza, desmantelando la producción interna. Aparte de las ramas de recursos naturales, la producción se ha restringido solo a aquellas industrias que cuentan con protección natural, como la construcción, el transporte y algunos servicios. Mientras tanto, más de la mitad de la fuerza de trabajo, se encuentra ocupada de modo precario en el comercio, finanzas, servicios sociales y personales, todos ellos de bajo valor agregado. Uno de cada diez trabajadores han estado cesantes, en promedio, desde el golpe de Pinochet.
El poco interés de los grandes rentistas por el valor agregado por el trabajo, ha llevado a descuidar la educación, donde se ha desmantelado el sistema nacional, gratuito y de buena calidad que el país había construido a lo largo de medio siglo, que antes del golpe de 1973 tenía matriculado a uno de cada tres chilenos de todas las edades. Hoy estudian en el sistema público y privado, solo uno de cada cuatro habitantes, pagando elevados aranceles por un servicio deficiente, mientras el gasto público en educación es un tercio inferior al que el país desembolsaba hace cuatro décadas, como porcentaje del PIB.

Las ganancias de las grandes empresas mineras equivalen a un ocho por ciento del PIB y forman parte del excedente de explotación apropiado por el conjunto de las empresas, el que representa la mitad del PIB. De ese total, los dueños de los recursos y el capital, que representan menos del uno por ciento de la población, reinvierten un quinto del PIB y consumen un 30 por ciento del mismo. Mientras tanto, los ingresos del trabajo – que coinciden con los de las familias que responden la encuesta de ingresos de hogares, que en Chile se llama CASEN -, se han visto reducidos a sólo un 40 por ciento del PIB, todo ello según cifras oficiales. Las rentas de la minería resultan decisivas para la distribución del ingreso, así considerada. Ésta empeoró drásticamente entre 2009 y 2011, principalmente por el fuerte crecimiento de aquellas, debido al incremento del precio del cobre entre esos años: los ingresos sumados de todas las familias que responden la CASEN disminuyeron su participación en el PIB ¡desde 45 por ciento el 2009 a 40 por ciento el 2011!

Todo lo anterior sin abordar siquiera el enorme daño ambiental que la depredación de la industria extractiva ha representado para amplias regiones del país y las comunidades que las habitan.

Conclusión

Estos argumentos teóricos y prácticos parecen responder la gran pregunta: el modelo de crecimiento económico basado en la industria extractiva no es consistente con una apuesta por formas de inclusión democrática, calidad de vida y salud ambiental que sean sostenibles en el tiempo.

Un fantasma viene recorriendo el mundo desde principios de los años 2000, que la prensa internacional ha bautizado “nacionalismo de recursos.” Desde Bolivia a Uzbequistán y desde Australia al Reino Unido, los gobiernos de los países ricos en recursos naturales han venido renacionalizando o al menos exigiendo una mayor participación en las rentas de sus recursos, que habían sido privatizados durante el período neoliberal.

Quizás el hito más significativo en América Latina y el mundo, por su magnitud, lo constituye la renacionalización en los hechos de Petrobras, bajo la forma de un aumento de capital en que el Estado aportó los recién descubiertos yacimientos submarinos. El Presidente Lula lo denominó “Segunda Independencia,” parafraseando al presidente chileno Salvador Allende y declaró que impulsaría una industria local de insumos de nivel mundial. La Presidenta Rousseff ha propuesto recientemente que todas las regalías se destinen a educación, ciencia y tecnología, lo que convertirá a Brasil en líder mundial en la materia, con un 10 por ciento del PIB destinado a ello.

¿Nos decidiremos los chilenos a reemprender ese camino, durante el próximo gobierno?

FUENTE: http://economia.manuelriesco.cl/2012/12/la-gran-pregunta.html

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La Recepción Del Pensamiento De José Carlos Mariátegui En Chile (1926 A 1973). Por Patricio Gutiérrez Donoso

Resumen.

Este artículo presenta un estudio en torno a un período de la recepción en Chile del pensamiento de José Carlos Mariátegui (1894-1930). Trabajando a partir de los documentos existentes en la Biblioteca Nacional hemos ido dando cuenta de cada uno de los momentos en que los testimonios sobre Mariátegui, así como los textos salidos de su pluma que han sido publicados localmente. Esta labor muestra cómo entre 1926 y 1973 se fue enriqueciendo el conocimiento local de la figura de Mariátegui, hasta el momento en que el golpe de Estado bloqueó la posibilidad de continuar recibiendo y trabajando sobre la interpretación de uno de los pensadores más importantes de América latina. La recepción de Mariátegui en Chile a partir de esas fechas deberá asumir una elipse que supera el marco de esta presentación.

            Las siguientes líneas representan un avance de investigación en la perspectiva de dar cuenta de las formas en que la obra y el pensamiento de José Carlos Mariátegui han sido recepcionado en Chile durante el período que va desde sus primeras recepciones locales, las que identificamos por el momento a partir de abril de 1926, hasta el golpe de Estado de septiembre de 1973, así como de las lecturas que éste ha suscitado durante este período en diversos terrenos culturales del país.

Es posible escribir aquí entonces que el estado actual de la investigación muestra que en el mes de abril de 1926, en el periódico El Mercurio de Santiago, va a aparecer una reseña de La Escena Contemporánea, primer libro que Mariátegui publica el año anterior en Lima. [1] Breve recensión realizada por Raúl Silva Castro, que aparece exactamente cuatro años antes de la muerte de Mariátegui, ella parece constituir, en el estado actual de nuestro conocimiento, la primera referencia local a su actividad. [2] Un segundo hito en esta dirección lo encontraremos en junio de 1927, en el Boletín Educacional Nuevos Rumbos, órgano de la Asociación General de Profesores de Chile, donde es redactado un pequeño texto a propósito de la revista Amauta “y a su director José Carlos Mariátegui.” [3] En el mes de octubre, en el mismo Boletín es publicado el trabajo de Mariátegui, El freudismo en la literatura contemporánea. “Freud no ha sido sino el agente, el instrumento de una revelación que tenía que encontrar quien la expresara racional y científicamente -señala Mariátegui buscando situar históricamente la obra de Freud-, pero de la que en nuestra civilización existía ya el presentimiento. Esto no disminuye naturalmente el merito del descubrimiento de Freud. Por el contrario lo engrándense. La función del genio parece ser, precisamente, la de formular el pensamiento, la de traducir la intuición de una época.” [4]

No se trata de una contribución aislada, la labor cultural de Mariátegui llama la atención durante ese mismo año de Eduardo Barrios, Director General de Bibliotecas Públicas y de la Biblioteca Nacional, el que le solicita el envió de material que represente el pensamiento del Perú y por supuesto el de Amauta, que –nos dice-, “leo de punta a cabo”. [5] El interés por esta dimensión cultural de la labor de Mariátegui cobra una mayor dimensión en la pluma de Gabriela Mistral, la que publica una extensa carta en la revista Amauta, reivindicando a través de ella la función de la Escuela Pública en Chile “La escuela nueva –nos dice con fuerza y poesía-, es una creación espiritual y que sólo la pueden hacer hombres y mujeres nuevos, verdaderamente asistido de una voluntad rotunda de hacer otra cosa… Cuando la gracia nos ha cogido y nos ha quemado ideología, costumbre y manera vieja, entonces se puede ser maestro de la escuela nueva”… [6]

          Este ejercicio de reconstrucción de la recepción de Mariátegui en Chile va a mostrar estas primeras manifestaciones al mismo tiempo que la figura de Mariátegui comienza a trascender el escenario peruano y va adquiriendo una dimensión continental, trascendencia que logra efecto gracias en buena parte a la notable difusión de la revista político-cultural Amauta que él mismo había concebido, organizado y echado a caminar con un grupo de amigos desde septiembre de 1926, y que continuará publicándose hasta su muerte, en 1930.

           Lo que se comienza a percibir de Mariátegui desde el escenario local corresponde entonces a los complejos años en los que la lucha política revolucionaria y la labor cultural de éste entraban en una fase compleja, caracterizada por la represión del gobierno, la pugna con el APRA y, lo que fue definitivo, con el agotamiento de su organismo.

            Mariátegui, que había regresado al Perú en marzo de 1923, justamente con el propósito “de fundar una revista” [7] (“no he hecho otra cosa —dirá al volver— que prepararme para el regreso acrecentando mi cultura y mi experiencia periodística y política”), [8] organiza su actividad pedagógica y cultural a partir de una serie de conferencias “dirigidas a la clase obrera capitalina”, [9] dictadas semanalmente hasta enero de 1924 en la Universidad Popular González Prada, de la Federación de Estudiantes, y entra en contacto con la corriente política que se venía organizando en torno a la figura de Víctor Raúl Haya de la Torre, con el cual se irá distanciando políticamente hasta romper de forma definitiva en 1928, cuando la Alianza popular Revolucionaria Americana (APRA), fundada en México por Haya en 1924, decida transformarse, durante aquellos años finales de la década de 1920, en Partido Nacional Peruano. [10]

             Durante este último período de su vida, Mariátegui desarrolla una intensa actividad política, periodística y de elaboración de pensamiento crítico. Luego de LaEscena Contemporánea, publica tres años después Siete ensayos de interpretación sobre la realidad peruana, libro que contribuye a hacer conocer su talento de historiador y de dirigente político, trabajo que, al decir de Michael Löwy, representa “el primer intento de análisis marxista de una formación social latinoamericana concreta”. [11] También en 1928 junto a sus amigos da forma al Partido Socialista de Perú, vinculado desde una perspectiva latinoamericana de la lucha social y a la Internacional Comunista; conjuntamente contribuye a organizar la Confederación General de Trabajadores del Perú, [12] y crea un órgano de prensa obrera denominado Labor, de orientación sindical. Es esta dinámica intensa, vertiginosa, a la que se entregaba con todas sus energías, contribuye a mostrar su figura en Chile así como en diversos lugares de la América latina. Ella también, sin embargo, agotará su salud y desgastará su organismo, llevándolo a la muerte…

            En aquella dinámica, el ambiente asfixiante de los últimos años de la dictadura de Augusto Leguía (1919-1930), empuja a Mariátegui a abandonar el Perú, proyectando exiliarse en Buenos Aires, donde lo espera Samuel Glusberg. [13] El camino hacia la Argentina suponía el paso por Santiago, el cual había sido facilitado por Luis Alberto Sánchez, el cual, en conversación con el rector de la Universidad de Chile, Armando Quesada Acharán, obtiene que Mariátegui durante su estadía diese algunas conferencias. [14] En abril de 1930 -hará ochenta años este 2010-, su organismo resentido y debilitado, el que había debido sufrir ya la amputación de su pierna derecha, no logra sin embargo seguir soportando y ocasionará su deceso. [15]

  Raúl Silva Castro, el mismo que hiciera la recensión de 1926 en ElMercurio, escribiendo ahora en Atenea, Revista Mensual de Ciencias, Letras y Artes, publicada por la Universidad de Concepción, redacta en mayo de 1930 un bello homenaje a Mariátegui. «Mariátegui ha muerto, dice el cable. Mariátegui ha muerto repetimos, en voz baja y con lágrimas en los ojos –nos dice-, los que fuimos sus amigos, aunque sin verlo nunca; los que entendemos el significado de su misión, aunque jamás nos fue dado sondear en su espíritu… En este pobre continente disperso, desigual, lleno de rencores recíprocos y de incomprensiones, la unificación será más difícil. Mariátegui era uno de los pocos aglutinadores». [16]

              La ruptura entre Mariátegui y Haya que señalamos se instala por lo demás en un momento complejo. La crisis de 1929 había precipitado en el mes de agosto de 1930 -a escasos cuatro meses de la muerte de Mariátegui-, la caída de la dictadura de Leguía, mientras el gobierno militar de Luis Sánchez Cerro, que lo derroca, se alía con la oligarquía y reprime fuertemente al APRA, de los cuales algunos sectores dirigentes se exilian en Chile. La actividad del grupo es importante y como consecuencia de la ruptura entre ambos que se había generado en 1928, la orientación del APRA en Chile va a mediar negativamente la recepción local del pensamiento de Mariátegui. Encontramos así en la revista Índice [17] de Santiago, un conjunto de artículos que reproducen –y prolongan- la polémica entre Mariátegui y Haya, después de la desaparición del primero. [18]

        Un nuevo elemento para avanzar localmente en el conocimiento de Mariátegui surge no obstante en 1934. Se trata del conjunto de artículos escritos originalmente entre noviembre de 1927 y junio de 1929 en las revistas limeñas Mundial y Variedades, [19] y que será publicado bajo el titulo de Defensa del marxismo. Polémica revolucionaria, que Mariátegui había dejado organizado para su edición póstuma. Antecediendo un prologo escrito por Waldo Frank, este texto de Mariátegui construye la crítica al pensador socialista Henri de Man, abriendo un trabajo original y a nuestro conocimiento el primero en América latina que se plantee la reelaboración del marxismo a partir de las claves de la teoría de la praxis, mostrando con ello una profunda comprensión de la obra de Marx.  “Marx no se propuso nunca la elaboración de un sistema filosófico –nos dice en Defensa del marxismo-, sino de un método de interpretación histórica destinado a servir de instrumento a la actuación de su ideas política y revolucionaria… Marx no tenía por qué crear más que un método de interpretación histórica de la sociedad actual… la crítica marxista estudia concretamente la sociedad capitalista. Mientras el capitalismo no haya transformado definitivamente, el canon de Marx sigue siendo válido. El socialismo, o sea la lucha por transformar el orden social de capitalista en colectivista, mantiene viva esa crítica, la continúa, la confirma, la corrige.” [20] La lectura de Marx expresa así, desde el Perú, una extrema originalidad…

Otras referencias sobre Mariátegui van a continuar apareciendo durante los años 1930 en el terreno local. Un año después de la publicación de Defensa del Marxismo encontramos un texto Luis Nieto apropósito del quinto aniversario del deceso de Mariátegui. [21] Una  Biografía de José Carlos Mariátegui -la primera de una importante dimensión- se publica cuatro años después gracias a la pluma de Armando Bazán, discípulo y amigo de Mariátegui, editada en Santiago de Chile por Zig-Zag, permitiéndonos captar mejor su dimensión humana. “Todo movimiento literario o artístico –nos dice Bazan- tiene su nexo visible o escondido con un movimiento de índole social o político…el marxismo solía decir a veces Mariátegui -agrega- es el camino nuevo por el que muchos hombres encauzan ciertos anhelos eternos, que son privativos de la humanidad: anhelo de libertad, anhelo de fuerza de sacrificio por los demás y por uno mismo, anhelo de inmortalizarse en la historia, también acaso… A veces creo que se trata de una nueva forma de vivir el sentimiento religioso… Pero también es algo mucho más concreto: es un método de conocimiento que nos lleva a una nueva concepción del mundo.” [22]

Bajo otros aspectos, esta argumentación es retomada por el mismo Bazan en el artículo “Luz y huella de Mariátegui” publicado en la revista Aurora. “Se hace imprescindibles recordar -señala allí Bazan- que mientras otros estudiosos del marxismo se esmeraban en llevar la doctrina y la praxis por las pendientes de la casuística y el dogma inflexible y frio, Mariátegui tomaba de él esencialmente, su coherencia flexible, su maravilloso sentido del movimiento, llegando a consustanciarse a su nuevo humanismo universalista, a su espíritu de sacrificio que le viene del cristianismo en línea directa.” [23]. Al mismo tiempo Bazan publica en el diario La opinión un artículo titulado de José Carlos Mariátegui a César Vallejo.[24]  Paralelamente encontramos también en la revista Aurora un artículo de Gerardo Seguel, “El inca Garcilaso y José Carlos Mariátegui. “El Inca Garcilaso –escribe Seguel- fue el fundador de la literatura peruana, el patriarca del pensamiento peruano… José Carlos Mariátegui es ya el producto del siglo xx, hijo de un periodo bien maduro de nuestro tiempo, es el heredero intelectual del inca Garcilaso” [25]

Justamente la aparición de la biografía de Bazán coincide con el comienzo en Chile de la segunda época de Babel, revista  de arte y critica, la que, de acuerdo con una opinión tan autorizada como la de Armando Uribe, representó «la mejor revista cultural que haya habido en Chile». [26] Editada entre 1939-1951 y dirigida por Samuel Glusberg, personaje de gran estirpe entre las letras que se cultivan en Chile, Babel había tenido su primera época en Buenos Aires entre 1921-1928, donde adquiere notoriedad continental. [27] En esta segunda época incorpora tres artículos salidos de la pluma Mariátegui: “El hombre y el mito”, [28] “Genealogía del socialismo” [29] y “El Renacimiento Judío”, [30] y  de  Samuel Glusberg -que escribe como Enrique Espinoza- “Mariátegui, amauta o guía de una generación”, [31] de Francisco Ichaso, “Meditaciones del Impedido” [32] y de Félix Lazaso, “Hombre De Letra Viva”. [33]

Samuel Glusberg, escribe así sobre Mariátegui, contribuyendo a difundir su pensamiento y su presencia en Chile, [34] y puede recordarse en esta indagación sobre  la recepción de Mariátegui en Chile que, entre las cartas que Mariátegui dirige a Glusberg, podemos leer aquella citada frase que sintetiza el itinerario intelectual y existencial que lo lleva a impregnarse de la tradición historicista: “residí más de dos años en Italia, donde desposé una mujer y algunas ideas”… [35] Desde las páginas de Babel Samuel Glusberg le rinde homenaje al extinto editor de Amauta recogiendo la sutileza de su contenido “La literatura -dirá Glusberg- no era para José Carlos Mariátegui una categoría independiente de la historia y de la política, sino una representación perdurable de éstas, que, al fin y al cabo, determinan la praxis y el sentido social de la vida humana”. [36] Por ello, “cuando se compara la vida heroica de un Mariátegui, acosado por la policía de Lima (como el propio Marx por la de Bruselas) mientras pergeñaba en su sillón de inválido los recios capítulos de su Defensa del Marxismo, con la vida regalada y segura de los amanuenses que hoy reniegan de algo que nunca entró en sus cabezas, uno no puede menos que inclinarse ante la sombra de Mariátegui y preferirlo también como pensador y como crítico”. [37]

También desde Babel, Ciro Alegría resalta su “fina sensibilidad, catador seguro, maestro de técnica, dueño de los secretos de la expresión, aprehendió con mirada certera todas las huidizas formas estéticas. Habría fulgido muy alto tan solamente como escritor. Pero su espíritu era una brasa ardiente y no pudo, ni quiso, mantenerse ajeno al conflicto fundamental del hombre”. [38] Para el autor de El mundo es ancho y ajeno, Mariátegui era un intelectual que fundía pensamiento y acción, era “un espíritu profundo que tomaba para la revolución todas las grandes manifestaciones del Hombre”. [39]

José Carlos Mariátegui es presentado de esta manera en Chile como el ejemplo del compromiso de un hombre que en las peores condiciones de vida supo sacar lo mejor del pensamiento del ser humano para un mejor entendimiento de la realidad sin apego a dogmatismos. “La realidad le atrae a Mariátegui -escribe Félix Lizasocomo a todos los genuinos creadores. Con la realidad se enfrenta, para recrearla… pero no se trata de un realismo convencional, como aquel que hizo escuela, donde lo más era creación de laboratorio: aquí la realidad es el trasunto humano palpitante y limpio de toda anécdota fantástica. Su puesto está entre los definidores de la realidad, de una específica realidad, por cuya transformación trabajó”. [40] Esta visión crítica de la realidad que rodea el mundo social y político de Mariátegui se acrisola el pensamiento de intelectuales con un compromiso de vida.

Un año después de la revista Babel aparece un homenaje en Atenea revista mensual de Ciencias, Letras y Arte editada por la Universidad de Concepción. Conmemorando el decimo aniversario de la muerte de  Mariátegui, escrito por Armando Solano. [41]

A pesar de estos diferentes acercamientos y trabajos de divulgación que constatamos y que contribuyen seriamente a difundir en Chile el pensamiento de Mariátegui, no será sino hasta comienzo de los años 1950 que encontremos una de las exploraciones en nuestra opinión más ricas que se han realizado localmente sobre su trabajo. Nos referimos a la obra de Félix Schwartzmann, El sentimiento de lo humano en América: antropología de la convivencia. Su autor, nacido en 1913 en una familia de origen rumano, cursa su formación secundaria en el Liceo de Aplicación y estudia luego  Filosofía en la Universidad de Chile, construyendo a partir de entonces una obra de envergadura mayor.

“Evoquemos ahora la imagen de José Carlos Mariátegui -nos dice Félix Schwartzmann en una aguda y extraordinaria comprensión del pensamiento de Mariátegui- cuya voluntad revolucionaria se caracterizó por un querer interiorizar la acción y por la «religiosidad» propia de su manera de concebirla. Digamos, deteniéndonos en lo positivo, cómo no es un azar que uno de los hombres que más hondamente percibió el designio cultural revolucionario que alienta en el americano -y ello en gran medida como marxista-, haya librado tan fervorosa lucha contra la exterioridad del hacer. Piensa Waldo Frank que con Mariátegui apunta el nuevo americano, al mismo tiempo que la revolución deja de ser en él algo abstracto y distante; piensa, además, que este nuevo impulso se manifiesta en la religiosidad con que, Mariátegui la intuye a través del todo, como orgánico despliegue de la naturaleza esencial del hombre. Si -para el escritor peruano- la «verdad de nuestra época es la revolución», los signos y presagios de su advenimiento entre nosotros, y en él mismo, se revelan fundamentalmente en la simpatía contemplativa de una mirada que va desde el hombre de los Andes, hundido en sí mismo, pasando por el simbolismo del ayllu y la imagen del paisaje, hasta la revolución que presiente, animada de cierto panteísmo, como matiz propio de su rebeldía. Para él la perspectiva milenaria se prolonga hasta el presente a través de la lucha, mientras su religiosidad, como honda sensibilidad para percibir la raíz del conflicto humano, ve en el pesimismo indígena una actitud básica de piedad y ternura, verdadero misticismo cristiano-eslavo, igualmente distante del nihilismo escéptico que de la morbosa voluntad de autoaniquilamiento. De ahí que Mariátegui, siguiendo a Jorge Sorel, considere evangélica la visión de E. L. Valcárcel, creadora del mito salvacionista del indio, mito de la revolución socialista que hará posible su resurgimiento”. [42]

En 1955 aparece en Santiago, en la colección Nuestra América de la Editorial Universitaria, dirigida por el futuro Canciller de Salvador Allende, Clodomiro Almeyda, los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, [43] presentada por Guillermo Roullon. Paralelamente, Cesar Godoy Urrutia, durante aquellos años parlamentario y preclaro polemista, publica en Aurora un artículo denominado Un cuarto de siglo de la muerte de Mariátegui. [44]

En 1960 Lautaro Yarkas publica en Atenea un minucioso artículo intitulado José Carlos Mariátegui, novelista, [45] comentando La novela y la vida. Sigfried y el profesor Canella, de Mariátegui, que aparece póstumamente en 1955. [46]

En la Unidad Popular  aparece un libro sobre Mariátegui del académico de la Universidad Técnica del Estado Yerko Moretic José Carlos Mariátegui: su vida e ideario, su concepción del realismo, editado por la Universidad Técnica del Estado 1970. Redactado durante los años 1965-1966 y concebido inicialmente como una tesis doctoral para la Universidad Carolina de Praga, Moretic afirma la existencia de aportes de gran riqueza al pensamiento marxista entre los años 1918 y 1935 «y posteriormente se comprobarán las fatigas con que posteriormente y hasta alrededor de , 1956, ese pensamiento siguió su marcha adelante. Señalarlo con respecto a Mariátegui y en relación particular con la teoría de realismo en arte y literatura es uno de los objetivos centrales de estas páginas». [47]

El Golpe de Estado de septiembre de 1973 modifica radicalmente los senderos por los cuales transitaba la sensibilidad del pueblo chileno. La cultura que se había venido instalando a través de generaciones y que había permitido la formación de una vasta red de tradiciones cívicas va a ser detenida in barbarum, alejando brutalmente todo ejemplo de trabajo intelectual, artístico o de pensamiento crítico. La figura de Mariátegui, posiblemente ya en parte mal comprendida durante las décadas anteriores, o si se prefiere, limitada a la condición de un héroe del socialismo, desconociendo su reflexión intensa y la inmensa originalidad de su pensamiento, va a sepultarse bajo lodazales de basura diseminada por los gestores del régimen. El mundo del consumismo y la elevación al pináculo del de los “valores patrios” que organiza la cultura oficial no permite su apropiación.

Paradojalmente, es en esos mismos años que un esfuerzo por repensar a Mariátegui comienza a desplegarse desde Italia y Francia para lograr dar cuenta desde parámetros más amplios de la inmensa originalidad de su pensamiento. El punto de partida lo encontramos probablemente en una revista del Partito Comunista italiano, Criticamarxista de Roma, donde Antonio Melis va a escribir “J.C. Mariátegui, primo marxista d’America”; [48] y luego Renato Sandri, «Mariátegui, via nazionale e internazionalismo nel terzo mondo». [49] A su turno, Robert Paris defiende su tesis, La formation idéologique de José Carlos Mariátegui en l’Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, en Paris, y publicada en castellano en Cuadernos de Pasado y presente.[50] No era una empresa puramente individual. «Nunca se reconocerá suficiente –escribe Robert Paris, por ejemplo- cuanto ha hecho Ruggiero Romano por el conocimiento de Mariátegui en Francia y en Italia». [51] En fin, desde el exilio mexicano, José Aricó publica también en Cuadernos de Pasado y presente, Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano. [52]

No puede pasarse por alto aquí que en estos mismos años, un esfuerzo semejante comenzaba a desarrollarse por recuperar también la figura y la obra de Antonio Gramsci, recogiendo su capacidad creativa articulada en torno a la filosofía de la praxis y dejando de lado las tradiciones de un marxismo esclerotizado en las lecturas socialista o soviética. Nos parece que la recuperación de Gramsci se va logrando en un terreno más amplio y, desde este punto de vista, impulsa la posibilidad de recuperar y de volver a leer a Mariátegui. Es así como el estudio y la comprensión conjunta de ambos pensadores va a contribuir a mostrar el vínculo común entre ellos. Mariátegui -señala Osvaldo Fernández- “piensa y actúa como alma gemela del propio Gramsci”, [53] y, esto nos interesa destacar, ambos establecieron un esfuerzo extraordinariamente semejante por reelaborar el marxismo a través de la filosofía de la praxis. [54] Puede señalarse brevemente aquí, aunque es extremadamente difícil evaluar su incidencia, que el incremento de la publicación de escritos gramscianos fuera de Chile y el impacto de su influencia estimula también, durante aquellos años, la lectura y retroalimenta la difusión de Mariátegui. Actualidad del pensamiento político de Gramsci, selección a cargo de Francisco Fernández Buey, [55]Gramsci y la cuestión religiosa, de Huges Portelli, [56] y Gramsci hoy, [57] todos editados en Barcelona, mientras en México aparece Gramsci y la revolución de Occidente, de María-Antonietta Macciocchi [58] y «Los usos de Gramsci», de Juan Carlos Portantiero, texto que sirve como presentación a Antonio Gramsci. Escritos políticos (19171933), [59] selección de textos editada por Cuadernos de Pasado y presente, vale decir, el proyecto que representa, sin lugar a dudas, «la más audaz e importante labor editora que se haya realizado en América latina». [60] Al año siguiente el mismo Francisco Fernández Buey publica Ensayos sobre Gramsci, [61] la Universidad de Puebla edita el volumen colectivo El pensamiento revolucionario de Gramsci[62] mientras circulan las versiones castellanas de Gramsci et l’Etat, de Christine Buci-Glucksmann [63] y de The antinomies of Antonio Gramsci, de Perry Anderson, que había aparecido en la New Left Review. [64] En 1979, Jacques Texier, publica en castellano su Gramsci[65] y en México las ediciones Era traducen una selección de textos de Gramsci intitulada Sul fascismo, con una introducción de Enzo Santarelli. [66] En 1980, Cuadernos de Pasado y presente publica también la selección Gramsci y las ciencias sociales, [67] y Huges Portelli, Gramsci y el bloque histórico. [68] En el mismo sentido pueden haber incidido el coloquio que en septiembre de 1978 organiza la Universidad nacional autónoma de México dedica a Gramsci con la presencia de María-Antonietta Macciocchi, Giuseppe Vacca, Christine Buci-Glucksmann y Juan Carlos Portantiero y el Seminario de Morelia, Hegemonía y alternativas políticas en América latina, efectuado en 1980 y cuyas actas aparecerán más tarde. [69]

            Frente a esta manera de repensar la significación política y cultural de Mariátegui y de Gramsci estamos entonces frente a una manera de poner en cuestión, de repensar y de reelaborar las formas en las que se había desarrollado el marxismo a través de los cánones de la Segunda Internacional socialista o socialdemócrata y luego de la Tercera Internacional Soviética, perecidas en la práctica, insuficientes, inofensivas frente al despliegue con que la burguesía llevaba su ciencia a la práctica, con la capacidad con que organizaba la producción de la plusvalía. La filosofía de la praxis no podía ser –y no puede serlo- sino la expresión contemporánea, inmanente a través de la cual la lucha de clases adquiere su forma concreta, a través de la cual, entonces, los trabajadores se apropian de un mundo siempre en transformación y del cual deben siempre también dar cuenta desde su propio punto de vista de clase juicio. En esto consiste, a nuestro juicio el aspecto esencial de lo que nos deja el ejercicio del estudio de la recepción de Mariátegui en Chile

                                                          Valparaíso, diciembre 2012                                               


[1] Cfr., Mariátegui José Carlos, LaEscena Contemporánea, Lima Minerva, 1925.

[2] Cfr., Silva Castro Raúl, El Mercurio, Santiago de Chile, abril 1926, p. 2.

[3] Cfr. “Comentarios de revistas y libros”, “Amauta.- Revista de arte, polémica, crítica. Lima. Esta importante publicación peruana nos ha llegado trayendo un importante material. Su director es José Carlos Mariátegui.” In Boletín Educacional Nuevos Rumbos, Órgano de la Asociación General de Profesores de Chile, año I, nº 1 Santiago, 5 de junio 1927, p.17

[4] Cfr. Mariátegui José Carlos, “El freudismo en la literatura contemporánea”, in Boletín Educacional Nuevos Rumbos, Órgano de la Asociación General de Profesores de Chile, año I, nº 7 Santiago, octubre 1927, p.132.

[5] Cfr., Barrios Eduardo, carta a José Carlos Mariátegui, Santiago de Chile, 7 de abril de 1927, in Correspondencia (1915-1930), Introducción, compilación y notas de Antonio Melis, Lima, Amauta, 1984, t. i, pp. 263-264. Cfr. Carta de Concha Romero de James a José Carlos Mariátegui, Santiago de Chile, 16 de septiembre de 1928, in: Correspondencia. cit., t. ii, p. 436. Se puede leer carta de Letizia Repetto Baeza a José Carlos Mariátegui fechada en  Valparaíso el 17 de noviembre de 1928. El texto señala: Lettizia Repetto Baeza saluda al ilustre escritor  señor José Carlos Mariátegui, y tiene el agrado de enviarle un ejemplar de su novela La voz de Infinita. Mucho desearía una impresión suya en Amauta, confía en su gentileza y bondad… para ello, y de cuya revista le rogaría enviarle unos ejemplares. ¿Por qué no me envía algo suyo para publicarlo en Valparaíso? in Correspondencia, cit., t ii, p. 476.

[6] Cfr. Gabriela Mistral, “La escuela nueva en nuestra América, carta de Gabriela Mistral a Julio R. Barcos”, in revista Amauta, año ii, n°10, Lima, diciembre de 1927, p. 6.

[7] Mariátegui José Carlos, “Presentación de Amauta”, año i, n° 1, Lima, septiembre de 1926; también en in Ideología y política, décimo octava edición, Lima, Amauta, 1987, p. 100.

[8] Mariátegui José Carlos, carta a Pedro Ruiz Bravo, Lima, 9 de junio de 1923, in Correspondencia 1915-1930, introducción, compilación y notas al cuidado de Antonio Melis., t i, Lima, Amauta, 1984, p. 37.

[9] Nota preliminar a José Carlos Mariátegui, Historia de la crisis mundial (conferencias 1923-1924), Lima, Amauta, 1959, p. 9.

[10] A comienzos de 1928, Haya toma la iniciativa rupturista y se propone decididamente transformar el APRA en un partido, un Partido Nacionalista Peruano. Mariátegui, que concibe el APRA como frente único, no como partido, y menos aún como Partido Nacionalista Peruano, manifiesta vivamente su desacuerdo. “APRA, alianza o partido, no debería existir siquiera, puesto que el APRA (que) se titula alianza y se subtitula frente único, pasa a segundo término, desde el instante en que aparece en escena el Partido Nacionalista Peruano que ustedes han decidido fundar en México, sin el consenso de los elementos de vanguardia que trabajan en Lima y provincias.” Cfr. José Carlos Mariátegui, Carta a la célula aprista de México, Lima, 16 de abril de 1928, in Correspondencia (1915-1930), cit., t ii, p. 371.

Haya responde igualmente en tono vivo. “Ha recaído usted -le dice a Mariátegui- en el tropicalismo… Usted está lleno de europeísmo… Desinfectémonos de la imitación europea… El APRA es partido, alianza y frente ¿Imposible? Ya verá usted que sí. ” Cfr. José Carlos Mariátegui, Carta a la célula aprista de México, Lima, 16 de abril de 1928, in Correspondencia (1915-1930), cit., t ii, p. 371.

[11] Michael Löwy, El marxismo en América Latina. Antología, desde 1909 hasta nuestros días, Lom, Santiago, 2007, p. 18.

[12] Para los estatutos de la C.G.T.P., véase, José Carlos Mariátegui, Ideología y Política, Amauta, decima octava edición, Lima 1987, p. 154 y ss.

[13] “En mayo pensaba estar en Buenos Aires -escribe Raúl Silva Castro al mes siguiente del fallecimiento de Mariátegui- y también de paso por Chile apretaría las manos de los amigos. Dos mensajes suyos me alcanzaron con poca distancia. Uno traído por una poetisa peruana a quien Mariátegui me presentaba como uno de los valores más leales de su generación. En la carta una alusión a su viaje por Chile. Otro venía con Luis Alberto Sánchez, su amigo de siempre, aunque contradictor a veces”. Raúl Silva Castro, «José Carlos Mariátegui», in Atenea, revista mensual de ciencias, letras y bellas artes publicada por la Universidad de Concepción, año vii, nº 63, mayo de 1930, p. 249.

[14] “El rector de la Universidad de Chile, Armando Quesada Acharán -escribe Luis Alberto Sánchez- me ofreció un almuerzo… (durante el cual) le conté algo sobre Mariátegui y le solicité su venia para que, como invitado suyo, le visaran el pasaporte. No se limitó a eso. Me dijo que formalmente lo invitaba a dictar varias conferencias en el Salón de Honor, pagado por la Universidad y me prometió -y cumplió- darme una nota oficial para que Mariátegui conociera formalmente el hecho… La nota la llevé conmigo, pero llegué al día siguiente del sepelio de José Carlos. La puse en manos de Ana Chiappe de Mariátegui, quien me abrazó sollozando”. Sánchez Luis Alberto, Visto y vivido en Chile, Santiago de Chile, Tajamar, 2004, pp. 43-44.

[15] “Ya estaba en prensa este numero de Índice, cuando el cable nos trajo la fatal noticia: José Carlos Mariátegui ha muerto en Lima. En sus ensayos queda enclavada la realidad político social e intelectual del continente su alimento, como el de un creador, animó y dio vida a la cultura peruana. Bajo su dirección, la revista Amauta, fue la más libre, la más elevada tribuna de las jóvenes generaciones, un nuevo método crítico nació con él. La claridad de sus pensamientos, de su vida inmaculada la recia cohesión y la  pureza de sus propósitos establecían ciertas semejanzas entre su personalidad luminosa. Un diamante pulido, claro, limpio, un diamante que sobre el mapa de América grababa, en nervioso monograma, una palabra  nítida: «honor». En hora cercana nuestros ojos se aunarán a las dolorosas circunstancias de su vida, a las profundas enseñanzas de sus libros y al buscar las huellas de su heroísmo y de su inteligencia, nuestras miradas han de comprender sus glorias y la pesadumbre que nos abate hoy. Al saber su desaparecimiento”, in Índice  año 1, n° 1, Santiago de Chile abril de 1930, p.7

[16] Raúl Silva Castro, «José Carlos Mariátegui», in Atenea, revista mensual de ciencias, letras y bellas artes publicada por la Universidad de Concepción, año vii, nº 63, mayo de 1930, pp. 246-249.

[17] Cfr. Melfi Domingo, “Índice a Mariátegui”, in: Índice, año i, nº 2, Santiago de Chile, mayo de 1930, p. 9.  Orrego Vicuña Eugenio, “Índice a Mariátegui”, in: Índice, año i, nº 2, Santiago de Chile, mayo de 1930, p. 9. Raúl Silva Castro, “Índice a Mariátegui” in. Índice, año i, nº 5, Santiago de Chile, agosto de 1930, p. 9. Portal Magda, “trayectoria de José Carlos Mariátegui”, in: Índice, año i, nº 2, Santiago de Chile, mayo de 1930, pp. 8-9. Portal Magda, “Haya de la Torre y J.C Mariátegui”, in: Índice, año i, nº 6, Santiago de Chile, septiembre de 1930, pp. 12.  Chamundes Marcos,  “Carta del Perú Mariátegui y Haya de la Torre”, in: Índice, año i, nº5, Santiago de Chile, agosto de 1930, p.3. Chamundes Marcos, “Más en torno de Mariátegui y Haya de la torre,”  in: Índice, año i, nº 9, Santiago de Chile, diciembre de 1930, p.6. Petrovick Julián, “Carta del Perú”, in: Índice, año i, nº 9, Santiago de Chile, diciembre de 1930, pp.7-8.

[18] La polémica de Mariátegui con Haya de la torre va preceder en Perú la represión contra el APRA. Diversos sectores dirigentes del APRA se van a exiliar en Chile, prejuiciando la recepción del pensamiento de Mariátegui. Un interesante aspecto de esta polémica se encuentra en la revista Índice de Santiago (anteriormente citado). Que se prolonga por varios números donde encontramos a propósito de un artículo de Raúl Silva Castro, publicado en la revista Atenea (Castro Raúl Silva, “José Carlos Mariátegui”, Atenea, año vii, núm. 63, Santiago, may.1930, p. 245), genera una discusión entre los partidarios de Víctor Raúl Haya de la torre y José Carlos Mariátegui, es el primer punto de quiebre que se conoce en nuestro territorio entre las dos grandes figuras del Perú. Raúl Silva Castro en su artículo sin proponerse el objetivo de polemizar, no señala claramente las diferencias entre estos dos grandes intelectuales del Perú, quedando la sensación de que ambos pertenecen a una misma línea política, sin dar cuenta de los caminos divergentes que habían asumido estos dos espíritus emancipadores. A propósito de dicho artículo, se suma a la discusión la militante Aprista Magda Portal quien enciende la chispa de la polémica, polémica que continua con la separación de aguas entre apristas y defensores de la obra de Mariátegui, calificativos que van a enfrentar en el plano local estas dos miradas sobre la realidad latinoamericana.

[19] Cfr., Rouillon Guillermo, Bio-bibliografía de José Carlos Mariátegui, Lima, Universidad nacional mayor de San Marcos, 1963.

[20] Mariátegui José Carlos, Defensa del marxismo, polémica revolucionaria, editorial Cultura, Santiago 1934, p. 23.

[21] Nieto Luis, “José Carlos Mariátegui, Con motivo del quinto aniversario de su ingreso al silencio”, revista Hoy nº 182, Santiago 15 de mayo 1935, pp. 41-42

[22] Cfr., Bazán Armando, Biografía de José Carlos Mariátegui, Zig-Zag, Santiago de Chile, 1939. P. 114. Una relaboracion fue publicado ulteriormente por Amauta. “A veces el artista, el escritor, se  adelanta en su tiempo –en ella podemos leer- su sensibilidad intuye, adivina nuevas formas,, anhela de manera misteriosa extrañas transformaciones que, precisamente, discuten en oído de su propio ambiente, hieren a la generalidad de sus contemporaneos. Tales creadores son los precursores de tienen la mision de habrir camino a costa de su propio sacrificio.” Bazan Armando, Mariátegui y su tiempo, Amauta quinta edición, Lima 1978, p. 32.

[23] Bazán Armando, “Luz y huella de José Carlos Mariátegui”, in Aurora de Chile: Alianza de intelectuales para la defensa de la cultura,  nº 14 Santiago octubre de 1939, p. 7

[24] Bazan Armado, “De J. Carlos Mariátegui a César Vallejo, La Opinión, domingo 13 de enero de 1939.

[25] Gerardo Seguel, “El inca Garcilaso y José Carlos Mariátegui”, in Aurora de Chile: Alianza de intelectuales para la defensa de la cultura,  nº 11 Santiago junio de 1939.

[26] Armando Uribe, presentación a Manuel Rojas, / José Santos González Vera, Letras anarquistas. Artículos periodísticos y otros escritos inéditos, compilación de Carmen Soria, Santiago de Chile, Planeta, 2005, p. 5.,

[27] Para un estudio de la etapa argentina de Babel, véase con provecho, Horacio Tarcus, Mariátegui en la Argentina o las políticas culturales de Samuel Glusberg, Buenos Aires, Ediciones el cielo por asalto, 2001.

[28] José Carlos Mariátegui, “El hombre y el mito”, in Babel revistas de arte y crítica, vol. i nº 8, Santiago de Chile diciembre1939, pp. 255-256,

[29] José Carlos Mariátegui, “Genealogía del socialismo”, in Babel revista de arte y crítica, vol. ii nº 10, Santiago de Chile abril 1940, pp. 86-89.

[30] José Carlos Mariátegui, “El Renacimiento Judío”, in Babel revista de arte crítica, vol. vi nº 26, Santiago de Chile 1945, pp. 86-89.

[31] Enrique Espinoza, “Mariátegui, amauta o guía de una generación”, in Babel revista de arte y crítica, nº 54, Santiago de Chile 1950, pp.120-125. Palabras leídas en el homenaje organizado por Babel el 17 de abril de 1950 en el Salón de Honor de la Universidad de Chile al cumplirse el vigésimo aniversario de la muerte de José Carlos Mariátegui.

[32] Francisco Ichaso, “Meditaciones del Impedido”, in Babel revista de arte y crítica, vol. I, nº 8, Santiago de Chile Diciembre 1939, pp. 253-255.

[33] Félix Lazaso, “Hombre De Letra Viva”, in Babel revista de arte y crítica, vol. ii, nº 10, Santiago de Chile Abril 1940, pp. 30-32. Para un estudio crítico, cfr. Jaime Massardo, Pierina Ferretti, Lorena Fuentes, Patricio Gutiérrez, Babel revista de arte y critica, Santiago de Chile, Lom 2008, tres volúmenes.

[34] Cfr., Enrique Espinoza, «José Carlos Mariátegui, guía o amauta de una generación», in: Babelrevista dearte y crítica, año xi, nº 54, Santiago de Chile, segundo trimestre de 1950, pp. 120-124.

[35] José Carlos Mariátegui, Carta a Samuel Glusberg, Lima, 10 de enero de 1927 (1928), in Correspondencia (1915-1930), Introducción, compilación y notas de Antonio Melis, Lima, Amauta, 1984, t ii, p. 331.

[36] Enrique Espinoza, «José Carlos Mariátegui, guía o amauta de una generación», in: Babelrevista dearte y crítica, año xi, vol. xiii, nº 54, segundo trimestre, Santiago de Chile 1950  p. 122.

[37] Enrique Espinoza, «Patología de la regeneración», in: Babel revista de arte y crítica, año xi, vol. xii, nº 50, segundo trimestre, Santiago de Chile 1949, p. 126.

[38] Ciro Alegría, «Impresiones de José Carlos Mariátegui», in: Babel revista de arte y crítica, año xx, vol. ii nº 13, septiembre/octubre, Santiago de Chile 1940, p. 48. Aquel peruano exiliado, quien fue acogido por Glusberg «que pasaba por una situación económica muy crítica lo instó a presentarse a un concurso latinoamericano de novela que convocaba una editorial estadounidense, discutió con él día a día el manuscrito, propuso correcciones y recomposiciones, le dio ánimo para llevar a término la empresa. Nació así El mundo es ancho y ajeno». Horacio Tarcus, Mariátegui en la Argentina. O las políticas Culturales de Samuel Glusberg, El Cielo Por Asalto, Buenos Aires, Argentina, 2001. p. 83.

[39] Ibidem., p. 46.

[40]  Félix Lizaso, «Hombre de letra viva», in: Babe revista de arte y cítical, vol. ii  nº 10, Santiago de Chile 1940. p. 28.

[41] Solano Armando, “El x aniversario de Mariátegui,” Atenea, revista mensual de Ciencias, Letras y Arte, Universidad Concepción, año xvii, nº 179, Concepción mayo 1940. pp.176-184.

[42] Schwartzmann Félix, El sentimiento de lo humano en América: ensayo de antropología filosófica, Universidad de Chile, Facultad de Filosofía y Educación, Instituto de Investigaciones Histórico-Culturales, Santiago 1950-1953. 2 v. véase en particular capitulo xv, “La idea de la acción en Mariátegui” pp.201-207.

[43] Cfr.,  José Carlos Mariátegui, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Prólogo de G. Rouillon, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 1955.

[44] César Godoy Urrutia, «Un cuarto de siglo de la muerte de Mariátegui», in Aurora de Chile: Alianza de intelectuales para la defensa de la cultura,  nº 3, Santiago de Chile, abril de 1955, pp. 51-59

[45] Yarkas Lautaro, “José Carlos Mariátegui, Novelista”, in Atenea, revista mensual de ciencias, letras y bellas artes publicada por la Universidad de Concepción, año xxxvii, nº 387, enero de 1960, p. 74-80.

[46] Cfr.,  José Carlos Mariátegui, La novela y la vida. Sigfried y el profesor Canella, Lima, amauta, 1955.

[47] Yerko Moretic José Carlos Mariátegui: su vida e ideario, su concepción del realismo, Santiago de Chile, Universidad Técnica del Estado, 1970, pp.11-12.

[48] Antonio Melis va a escribir “J.C. Mariátegui, primo marxista d’America” in Critica marxista, nº 2, Roma, marzo-abril, 1967, pp. 132-157. (traducción castellana: “J.C. Mariátegui, primer marxista de América” in Vv. Aa., Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano, segunda edición, selección y prólogo de José Aricó, México, Cuadernos Pasado y Presente, nº  60, 1979,),

[49] Cfr., Renato Sandri, “Mariátegui, via nazionale e internazionalismo nel terzo mondo”, in Critca marxista, ano x, nº 6, Roma, novembre / dicembre 1972.

[50] Cfr., Robert Paris, La formación ideológica de José Carlos Mariátegui, Cuadernos de Pasado y presente, nº 92, México, 1981

[51]Ibidim, p. 7.

[52] Cfr., José Aricó, Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano, segunda edición, México, Cuadernos de Pasado y presente, nº 60, 1980.

[53] Fernández Osvaldo, “Tres lecturas de Gramsci en América latina”, in: Vv. Aa., Gramsci, actualidad de su pensamiento y de su lucha, Roma, Claudio Salemi tipógrafo editore, 1987, p. 212.

[54] Uso la palabra praxis, en lugar de práctica. Nos dice Mondolfo “praxis (que es la palabra griega mantenida en alemán) es más general; comprende toda forma de actividad, sea teórica o practica.”Cfr. Mondolfo Rodolfo, Feuerbach y Marx, Claridad, Buenos Aires 1936, p. 6. En otro registro Mondolfo agrega. “La praxis es desarrollo, es historia que nace del estímulo perpetuo de la necesidad; y las condiciones que suscitan la necesidad, ya sean derivadas de la naturaleza, o constituidas por los resultados de la actividad humana antecedente, no son exteriores a la humanidad, sino que deben penetrar en la vida de su espíritu para impulsarla a su actividad, producto, que es también productor, creación y creador al mismo tiempo, en el proceso infinito del trastocamiento de la praxis.” Cfr. Mondolfo Rodolfo, Espíritu revolucionario y conciencia histórica, editorial Escuela, Buenos Aires 1968, p. 20.

[55] Cfr., Vv. Aa., Actualidad del pensamiento político de Gramsci, selección e introducción de Francisco Fernández Buey,  cit.  A propósito del trabajo sobre Gramsci de F. Fernández Buey, véase Leyendo a Gramsci, Barcelona, El viejo topo, 2001.

[56] Cfr., Hugues Portelli, edita Gramsci y la cuestión religiosa, Barcelona, Laia, 1977.

[57] Cfr., Vv. Aa., Gramsci hoy, Barcelona, Materiales, extra 2, 1977.

[58] Cfr., María-Antonietta. Macciocchi, Gramsci y la revolución de Occidente, México, Siglo veintiuno editores, 1975.

[59] Cfr., Juan Carlos Portantiero, Los usos de Gramsci, Cuadernos de Pasado y presente nº 53, México, 1977, pp. 1-84.

[60] Carlos Franco, Presentación a Marx y América latina, de José Aricó, segunda edición, México, Alianza editorial mexicana, 1982, p. 10.

[61] Cfr., Francisco. Fernández Buey, Ensayos sobre Gramsci, Barcelona, Materiales, 1978.

[62] Cfr., Vv. Aa., El pensamiento revolucionario de Gramsci, Universidad autónoma de Puebla, 1978.

[63] Cfr., Christine. Buci-Glucksmann Gramsci y el Estado, (Gramsci et l’Etat, Paris, Fayard, 1974), segunda edición, México, Siglo veintiuno editores, 1978.

[64] Perry Anderson, Las antinomias de Antonio Gramsci, (The antinomies of Antonio Gramsci, New Left Review, 1977), Barcelona, Fontamara, 1978.

[65] Cfr., Jacques Texier, Gramsci, Barcelona-Buenos Aires-México, Grijalbo, 1979.

[66] Cfr., Antonio Gramsci. Sobre el fascismo (Sul fascismo, Roma, Editori Reuniti, 1974), introducción de Enzo Santarelli, traducción de Ana María Palos, México, Era, 1979.

[67] Cfr., Vv. Aa., Gramsci y las ciencias sociales, Cuadernos de Pasado y presente n° 19, sexta edición, México, 1980.

[68] Cfr., Hugues. Portelli, Gramsci y el bloque histórico, séptima edición, México, Siglo veintiuno editores, 1980.

[69] Vv. Aa., Hegemonía y alternativas políticas en América latina, coordinado por Julio Labastida, prólogo de José Aricó, México, Siglo veintiuno editores / Unam, 1985.

La educación superior y un gobierno de nuevo tipo. Por Ricardo López Erazo

El acuerdo de Tomé, declaraciones de diversos dirigentes concertacionistas , la convocatoria al 24° Congreso de los comunistas y de dirigentes del Juntos Podemos, así como de diversas organizaciones sociales, han puesto sobre la mesa la necesidad de discutir y lograr consensos en torno a una idea fuerza: lograr un gobierno de nuevo tipo.

En la retina puede quedar una imagen: el desalojo de la derecha del poder ejecutivo de ¡a república, pero resulta obvio que para las fuerzas más progresistas y democráticas no se puede tratar de una estrategia tipo Allamand, en la cual el desalojo fue sólo eso, un gobierno con nuevas caras para continuar administrando un mismo tipo de política, ¡a neoliberal. De lo que se trata es de impulsar un acuerdo que logre constituir un gobierno de nuevo tipo, y eso significa un gobierno que tenga la voluntad política, con el apoyo del pueblo, de proponer e implementar un nuevo programa de gobierno que cautele los intereses más caros de la sociedad chilena en su conjunto y, en particular, de los trabajadores y excluidos de las oportunidades del desarrollo de la nación.

Dicho lo anterior quisiéramos exponer un conjunto de medidas programáticas – para este gobierno de nuevo tipo- que aborden la cuestión de la Educación Superior en Chile.

El propósito es abrir un análisis y discusión, con todos los sectores que se manifiesten a favor de un gobierno de nuevo tipo, en torno a medidas programáticas respecto de la Educación Superior en nuestro país.

La primero que es necesario abordar es la dicotomía entre lo “positivo y lo normativo”: desde que Pinochet inició el desmantelamiento de la Educación Pública – casi 30 años-se nos ha bombardeado con la noción de que lo positivo (aquello que es) es lo único que debe ser considerado, la ortodoxia neoliberal nos impone no pensar, analizar, ni siquiera discutir en términos normativos, es decir en aquello que queremos que sea.

La dictadura, a partir del decreto de autofinanciamiento (1981) creó un aquello que es, la educación superior ya no es más pública y, si existe interés privado, e! Estado debe abstenerse de intervenir En resumen, la educación superior-en términos positivos- comenzó a ser privada.

El desmantelamiento de las Universidades Nacionales (Universidad de Chile y Universidad Técnica del Estado) reafirmó este dato objetivo y posibilitó ei desarrollo de lo que hoy tenemos: un mercado de la educación superior, abierto, sin restricciones éticas ni legales, para ejercer comercio con fines de lucro en esta actividad.

Las ideas que propondremos son sólo un punto de partida para iniciar una discusión abierta, participativa y democrática.

Primera Idea: Detener el crecimiento inorgánico del Sistema de Educación Superior hasta que nos demos una nueva institucionalidad en el sector.

Hoy tenemos un total de 177 de instituciones de Educación Superior, donde el 75% de las matrículas están copadas por instituciones privadas. Este crecimiento, obviamente, ha logrado una mayor cobertura, pero también, obviamente, ha significado un gran decrecimiento de la calidad.

Según el Instituto Libertad y Desarrollo – defensor de la educación privada- el 81% de las instituciones privadas están clasificados como de baja complejidad, es decir, de mala calidad.

Esta situación que se repite en países que han imitado el modelo chileno, como Perú, han obligado a que dichos gobiernos nieguen la posibilidad de entrada a nuevas instituciones, como una forma de frenar la pendiente negativa en la curva de calidad de la educación superior.

Proponemos no sólo detener el proceso de entrada de nuevas instituciones, sino también el de evitar el fenómeno de concentración privada que se viene observando en los últimos meses, en donde grupos económicos privados internacionales compran, sin restricción alguna, a instituciones privadas de este “mercado” (Grupo Lauréate, dueño de Universidad Andrés Bello, de la Universidad de Las Américas y recientemente de la Universidad de Viña del Mar)

Segunda Idea: Caminar hacia una nueva institucionalidad en la Educación Superior.

Esta idea está cruzada por varios aspectos y necesariamente tiene una dimensión en el tiempo.

Proponemos analizar la forma en que el Estado retome su papel de Estado Docente, es decir de garante y asegurador de una educación de calidad y disponible para todos los jóvenes de Chile, independiente de su condición socioeconómica.

En primer lugar se trata de derribar uno de ¡os enclaves autoritarios de Pinochet y terminar con la política de autofinanciamiento de las Universidades Públicas.

Educación Superior Pública:

En una primera etapa, proponemos crear tres áreas de funcionamiento de las instituciones de educación superior: una primera – y con trato preferencial – el del área pública, en la cual el Estado disponga de un presupuesto tal que  asegure   el ingreso y la calidad a los jóvenes que ingresen en este sistema.

Este sistema público de educación superior debe ser fortalecido, no sólo en términos de recursos sino también en términos de institucionalidad, y por ello sometemos a discusión la posibilidad de renacionalizar la educación superior reconstituyendo fas universidades nacionales: Universidad de Chile y Universidad Técnica del Estado y renacionalizando el Instituto Nacional de Capacitación (INACAP) para que se constituya en el eje público de la formación técnica superior.

Un sistema público como el que proponemos debe dar cuenta de necesidades específicas del desarrollo del país, no sólo en términos de calidad sino también en términos de pertinencia.

Sólo un sistema público considerará en sus proyectos las externalidades positivas y negativas que la actividad de educación genera sobre el conjunto de la sociedad.

Las externalidades positivas, como la menor cantidad de cesantes ilustrados, los menores índices de drogadicción y delincuencia, el mayor involucramiento de jóvenes y docentes en áreas de interés para el país, tienen un costo para ¡a sociedad en su conjunto: es necesario – como dicen los economistas – asignar precios “sombra” a estas externalidades para una correcta evaluación de los proyectos que la sociedad financie en este sistema público.

Del mismo modo, las externalidades negativas que los privados no consideran en su evaluación de rentabilidad, deben tener asignados “costos sombra” : la apatía, el no compromiso, la no pertinencia, la falta de ética y profesionalismo, entre otras.

Un sistema público como el que proponemos debe prestar especial atención a la dotación de competencias en la formación de personas críticas, por ello la formación temprana en investigación es una actividad ineludible de este sistema.

La innovación, cuestión por todos considerada ineludible para el desarrollo de un país, se inicia con la formación de profesionales críticos, abiertos y sólo la formación en investigación nos dotará de una reserva de creadores, en caso contrario deberemos seguir vendiendo materias primas y comprando ideas y tecnología.

El sistema público de educación superior deberá considerar, por sobre todo, los intereses nacionales, de nuestra sociedad en su conjunto, y por elfo debiera incorporar en el análisis y decisiones a todos los actores involucrados, que podríamos llamar “partes interesadas”, es decir, la comunidad universitaria, las familias, los empresarios, los formadores de opinión, los creadores de conocimiento, el Estado.

El actual sistema, y que el nuevo gobierno pretende consolidar, sólo considera los intereses de los inversionistas en educación.

Educación Superior Privada-Pública:

Esta área, conformada por Universidades tradicionales dé carácter privado pero que han jugado y juegan un gran rol en el desarrollo de la educación superior en Chile, es necesaria para dar una mirada crítica al desenvolvimiento de las universidades del sistema público.

En efecto, que el sistema público tenga una contraparte para evaluarse es muy necesario, dada la velocidad de los cambios tecnológicos y del saber humano en distintas áreas. Las Universidades Católicas, la Universidad Técnica Federico Santa María, la Universidad de Concepción, entre otras, han prestado un gran aporte al desarrollo  del  sistema universitario en todas sus funciones: docencia, investigación y extensión, y deben seguir prestándolo. Por ello ésta área de la Educación Superior debe tener financiamiento del Estado y será necesario desarrollar una política y protocolo de financiamiento a este tipo de instituciones. En relación con el área de formación técnica superior el DUOC puede jugar perfectamente el rol de contraparte y evaluación del trabajo de INACAP en esta función.

Educación Superior Privada:

La educación superior privada debe ser despojada de la hipócrita declaración de actividad sin fines de lucro.

Todos sabemos que las universidades privadas intentan el lucro, que no se trata de una actividad ajena a las variables del mercado. Que estas universidades crean sociedades ad-hoc para recibir los frutos del lucro, llámense inmobiliarias u otras.

Este sector no debiera recibir ningún apoyo ni subsidio del Estado, por el contrario, como se trata de una actividad que afecta a la fe pública, deberían pagar un impuesto que garantice el cumplimiento de lo que están ofreciendo a nuestros jóvenes.

Este sector de la educación superior debería estar fuertemente controlado y supervisado por el Estado,-sobre todo en relación a aquellas carreras que influyen estratégicamente en el desarrollo del país: pedagogías, medicina, ingenierías, entre otras.

Editorial (CdE nº12)

¿Qué opina Usted?

Hacia comienzos del siglo XX, dos voces condenatorias se alzaron contra la “patria”, exclusiva y excluyente, que la oligarquía criolla había construido, bajo la forma de un remedo de república. Estas voces fueron la del peruano Manuel González Prada y el chileno Luis Emilio Recabarren. El primero en nombre de la población indígena del Perú, y el otro en nombre de los pampinos salitreros. Aunque sólo uno de ellos se pronunció a propósito del centenario de la Independencia, ambas críticas tuvieron la forma de un balance político social de los cien años transcurridos. En ambos casos la pregunta fue casi la misma. ¿Qué es lo que la república ha hecho a favor de estos sectores dominados y excluidos de la sociedad?

Hoy, en vísperas de cumplirse doscientos años, queremos preguntar a nuestros lectores si consideran que la crítica de estos dos representantes de movimientos populares latinoamericanos está obsoleta, superada, o sigue aun resonando.

Manuel González Prada, Nuestros Indios.

Bajo la República ¿sufre menos el indio que bajo la dominación española? Si no existen corregimientos ni encomiendas, quedan los trabajos forzados y el reclutamiento. Lo que le hacemos sufrir basta para descargar sobre nosotros la execración de las personas humanas. Le conservamos en la ignorancia y la servidumbre, le envilecemos en el cuartel, le embrutecemos con el alcohol, le lanzamos a destrozarse en las guerras civiles y de tiempo en tiempo organizamos cacerías y matanzas como las Amantani, Llave y Huanta. No se escribe pero se observa el axioma de que el indio no tiene derechos sino obligaciones. Tratándose de él, la queja personal se toma por insubordinación, el reclamo colectivo por conato de sublevación. Los realistas españoles mataban al indio cuando pretendían sacudir el yugo de los conquistadores, nosotros los republicanos nacionales le exterminamos cuando protesta de las contribuciones onerosas, o se cansa de soportar en silencio las inequidades de algún sátrapa.

Nuestra forma de gobierno se reduce a una gran mentira, porque no merece llamarse república democrática un estado en que dos o tres millones de individuos viven fuera de la ley. Si en la costa se divisa un vislumbre de garantías bajo un remedo de república, en el interior se palpa la violación de todo derecho bajo un verdadero régimen feudal. Ahí no rigen Códigos ni imperan tribunales de justicia, porque hacendados y “gamonales” dirimen toda cuestión arrogándose los papeles de jueces y ejecutores de las sentencias. Las autoridades políticas, lejos de apoyar a débiles y pobres, ayudan casi siempre a ricos y fuertes. Hay regiones donde jueces de paz y gobernadores pertenecen a la servidumbre de la hacienda. ¿Qué gobernador, qué subprefecto ni qué prefecto osaría colocarse frente a frente de un hacendado?

Una hacienda se forma por la acumulación de pequeños lotes arrebatados a sus legítimos dueños, un patrón ejerce sobre sus peones la autoridad de un barón normando. No sólo influye en el nombramiento de gobernadores, alcaldes y jueces de paz, sino que hace matrimonios, designa herederos, reparte las herencias, y para que los hijos satisfagan las deudas del padre, les somete a una servidumbre que suele durar toda la vida. Impone castigos tremendos como la “corma”, la flagelación, el cepo de campaña y la muerte; risibles, como el rapado del cabello y las enemas de agua fría. Quien no respeta vidas ni propiedades realizaría un milagro si guardara miramientos a la honra de las mujeres: toda india, soltera o casada, puede servir de blanco a los deseos brutales del “señor”. Un rapto, una violación y un estupro no significan mucho cuando se piense que a las indias se las debe poseer de viva fuerza. Y a pesar de todo, el indio no habla con el patrón sin arrodillarse ni besarle la mano. No se diga que por ignorancia o falta de cultura de los señores territoriales proceden así: los hijos de algunos hacendados van niños a Europa, se educan en Francia o Inglaterra y vuelven al Perú con todas las apariencias de gentes civilizadas, mas apenas se confinan en sus haciendas, pierden el barniz europeo y proceden con más inhumanidad y violencia que sus padres: con el sombrero, el poncho y las “roncadoras”, reaparece la fiera. En resumen: las haciendas constituyen reinos en el corazón de la República, los hacendados ejercen el papel de autócratas en medio de la democracia.

Luis Emilio Recabarren

RICOS Y POBRES

(Conferencia dictada en Rengo, la noche del 3 de septiembre de 1910, en ocasión del Primer Centenario de la Independencia.)

LA SITUACIÓN MORAL Y SOCIAL DEL PROLETARIADO Y LA BURGUESÍA.

No es posible mirar a la nacionalidad chilena desde un solo punto-de vista, porque toda observación resultaría incompleta. Es culpa común que existan dos clases sociales opuestas, y como sí esto fuera poco, todavía tenemos una clase intermedia que complica más este mecanismo social de los pueblos.

Reconocidas estas divisiones de la sociedad nos corresponde estudiar su desarrollo por separado, para deducir si ha habido progreso y qué valor puede tener este progreso.

La clase capitalista, o burguesa, como le llamamos, ha hecho evidentes progresos a partir de los últimos cincuenta años: pero muy notablemente después de la guerra de conquista de 1879, en que la clase gobernante de Chile se anexó a la región salitrera.

El progreso económico que ha conquistado la clase capitalista ha sido el medio más eficaz para su progreso social no así para su perfección moral, pues aunque peque de pesimista, creo sinceramente que nuestra burguesía se ha alejado de la perfección moral verdadera.

Sin tomar en cuenta los individuos, creo que la colectividad burguesa vive habituada ya en un ambiente vicioso e inmoral, que quizás en muchos casos no se note o se disculpe por no tener la noción suficiente para saber estimar íntegramente la verdadera moral. El espíritu de beatitud en cierta parte de esta sociedad no la ha detenido ni alejado de esta situación.

Cien años ha, cuando la población de este país vivía en el ambiente propio de una colonia europea, que le había inoculado sus usos y costumbres, parece que no se destacaba la nota inmoral y voluptuosa de la época presente. Se vivía en este país bajo el régimen de la sociedad feudal, algo atenuado si se quiere, pero con todas las formas de la esclavitud y con todos los prejuicios propios del feudalismo. El sometimiento demasiado servil de la clase esclava entregada en su mayor numero a la vida pastoril y a la agricultura era una circunstancia que no provocaba ninguna acción de la clase señorial, en que pudiera notarse, como hoy, sus crueldades.

La última clase, como puede considerarse en la escala social, a los gañanes, jornaleros, peones de los campos, carretoneros, etc., vive hoy como vivió en 1810. Si fuera posible reproducir ahora la vida y costumbres de esta clase de aquella época y compararla con la de hoy día, podríamos ver fácilmente que no existe ni un solo progreso social. En cuanto a su situación moral podríamos afirmar que en los campos permanece estacionaria y que en las ciudades se ha desmoralizado más. Esta clase más pobre de la sociedad, más pobre en todo sentido material y moral, ha vivido tanto antes como ahora en un ambiente completamente católico y cristiano. Si afirmáramos que hoy vive más dominada por la Iglesia que antes, no haríamos una exageración. Sin embargo, antes se notaban en esta clase mejores costumbres que ahora, con sobrada razón podríamos preguntarnos: ¿Por qué no ha progresado esta clase social que ha vivido siempre al amparo moral del catolicismo?

Es esta nueva pregunta para la cual cada persona debe buscar la respuesta con sus propios esfuerzos, porque es menester para el desarrollo de las inteligencias, que se realice este ejercicio mental, a fin de que cada cual resuelva este problema social y procure cooperar a mejorar las cosas.