Editorial (CdE nº39)

La campaña electoral presidencial se encuentra desatada. Desde distintos sectores políticos, los candidatos han salido al ruedo. Hace algunas semanas, la derecha proclamó a Sebastián Piñera como candidato a la presidencia y es, sin lugar a dudas, quien recibe el apoyo mayoritario de la derecha moderada y dura. Principalmente de esta última, pues se debe tener presente que la integridad de la UDI apoya su candidatura y es aquí donde habita el pinochetismo aún existente en el país. Prueba de esto son los gritos a favor del dictador emanados en la proclamación de Piñera. La derecha más blanda o moderada distribuye sus preferencias principalmente entre el propio Piñera y los candidatos Manuel Ossandón y Felipe Kast. Estos últimos, han sentado una posición crítica a la candidatura del primero, principalmente por el vínculo que desde siempre Piñera ha mantenido entre los negocios y la política. En la Nueva Mayoría se mantienen las candidaturas de Fernando Atria, Alejandro Guillier, José Miguel Insulza y Ricardo Lagos, surgiendo además, en los últimos días, el nombre de Carolina Goic como candidata a la presidencia por la Nueva Mayoría. No es claro quién será el representante de este sector. Ni siquiera si la decisión será mediante el mecanismo de primarias, pues la Democracia Cristiana, que apoya a Goic, aún no define cual será la forma de apoyar a su candidata, pudiendo ser por primarias o en la primera vuelta electoral. Agreguemos que el mapa político electoral no se agota aquí. El Frente Amplio, hasta el momento, exhibe los nombres de Alberto Mayol y Beatriz Sánchez como precandidatos de este sector. Aunque pudiera pensarse que este frente se ubica a la izquierda de la Nueva Mayoría, esta afirmación no puede ser categórica, pues su discurso principal apunta a la descalificación de los sectores políticos tradicionales.

La campaña por el fichaje y refichaje de militantes en los partidos continúa presente en el escenario político. Al momento de cierre de edición del presente boletín, el Partido Comunista de Chile (PC) presentaba 24.583 afiliaciones aceptadas y 8.907 en proceso de revisión. La suma de estas dos cifras ubica a este partido en el primer lugar respecto de los otros, consolidándose como Partido Nacional con diez regiones legalizadas. Este aspecto, aunque sin duda valioso, se ve acompañado de la participación popular de miles de estudiantes, trabajadores e importantes miembros de la cultura, las artes y el entretenimiento que han adherido a la legalización del PC. Entre éstos se encuentra nuestro poeta, Premio Nacional de Literatura, Raúl Zurita, quien expresara textualmente: “los comunistas no juegan a ser revolucionarios, no tienen que aparentar serlo. Llevan su identidad con humildad, con sencillez y valentía; y lo hacen a diario. Ésta es mi militancia, me siento parte de la historia del PC”.

Editorial (CdE n°38)

Los resultados de las últimas elecciones municipales provocaron sorpresa y desconcierto, tanto en las filas de la Nueva Mayoría, la que fue considerada la gran perdedora de este evento electoral, como también en la Derecha, o sea Chile Vamos más otros grupos políticos pequeños tales como Evópoli, Amplitud y PRI. Estos últimos celebraron con eufórica alegría lo que consideraron, y en efecto fue, un triunfo tan importante como poco esperado. En efecto, porque tanto vencedores como vencidos, no previeron semejante resultado (recordemos una singular apuesta entre comentaristas de un buen programa de análisis político, en el que dos de ellos, ambos de derecha, diferían solo en la magnitud del triunfo de Carolina Tohá en la comuna de Santiago. Aun hoy, ya con los porcentajes sobre la mesa, no existe consenso sobre la razón de semejante desenlace.

En todo caso, las encuestas previas a la elección y las diversas interpretaciones que de ellas se hicieron estuvieron bastante lejos de la realidad. Quizás, estos pronósticos fracasaron porque en Chile funciona una lógica un tanto irracional, al igual que en otros lugares del mundo donde ha ocurrido algo similar. Los análisis previos a las elecciones no tomaban en cuenta una serie de acontecimientos de carácter político, ético, moral, delictual y de otro carácter, que estaban a la orden del día del acontecer político social del país. Algunos de reciente data, otros más antiguos inclinaban la balanza en favor de un posible triunfo de la Nueva Mayoría. Entre estos acontecimientos se consideraba, por ejemplo, la magra votación obtenida por la Derecha en la última elección presidencial. Sin duda, esto podría ser un indicador a considerar. Muchos coincidían en que sería difícil de revertir esta votación, tal vez la votación giraría en un más o en un menos, pero no muy distante y alrededor de aquél. Sin duda, otro acontecimiento negativo para las aspiraciones de la Derecha, fue las revelaciones del modo como la derecha económica financiaba sus partidos políticos, a saber a Chile Vamos y a los pequeños grupos políticos ya mencionados. La cuestión del dinero y la política. Desde siempre ésta ha sido la práctica habitual de los partidos de la elite económica, ante la escasez de argumentos sobre la calidad de sus ideas, se ven obligados a hacer uso del dinero. Hoy en día, el escrutinio de la ciudadanía pareciera dificultar este mecanismo de acción política y como consecuencia, esta vez les fue más difícil mantener los delitos ocultos, por la magnitud del escándalo y los personeros comprometidos, de manera tal que hasta El Mercurio, su principal órgano ideológico nacional, tuvo que publicarlos. En íntima relación con esta situación y mientras los medios de comunicación se veían forzados a informar sobre estos delitos, al mismo tiempo tenía lugar un desfile de formalizaciones por gravísimos casos de cohecho, protagonizado por distintos y connotados dirigentes de Derecha y altos funcionarios o ministros del gobierno de Piñera.

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Ante esta grave situación, la Derecha opta como estrategia la renuncia de la casi imposible tarea de defenderse ante las acusaciones mencionadas. No obstante, apoyada por su gigantesco aparato comunicacional, opta por enlodar a todos los sectores políticos, en un intento de confundir a la ciudadanía y de convencerla con lo de “aquí somos todos iguales”. Incluso, aunque sin éxito, intentaron dañar la imagen incorrupta del Partido Comunista de Chile.

El caso más emblemático, ocurrido con posterioridad a las elecciones, es el correspondiente al expresidente Piñera, quien siendo presidente en ejercicio, en medio del fallo de La Haya, aparece involucrado en la compra de acciones de la empresa pesquera peruana Exalmar S.A. Esta operación convirtió a Piñera en el segundo dueño de dicha empresa, la cual en su condición de peruana puede disponer ahora de riquezas marítimas chilenas y que, luego del fallo, son incorporadas al patrimonio natural de Perú.

Continuando con la lógica de la irracionalidad, Piñera como candidato de la Derecha continúa en primer lugar en las encuestas. No obstante, su suerte no está echada, el senador Guillier en estos últimos meses ha mostrado un repunte que complica las aspiraciones del expresidente y del conglomerado derechista que lo apoya. En todo caso, la manipulación encubierta en estas encuestas es conocida. La diferencia solo está en que, en este último tiempo, ésta ha sido demasiado evidente.

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Esperemos que la voluntad ciudadana, en la próxima elección presidencial, le doble la mano a esta nefasta irracionalidad y a la intencionalidad de las encuestas.

 

Editorial (CdE nº31)

Llegamos a Diciembre y se nos va el año 2014, año cargado de dinamismo político, económico y social. La presidenta Michelle Bachelet asume el poder con una coalición de gobierno llamada Nueva Mayoría, ex Concertación, la que contempla una gran diversidad política en sus filas: desde la Democracia Cristiana, hasta el Partido Comunista, además de sectores de ambulantes progresistas como el PRO del ex candidato presidencial Marco Enríquez-Ominami y, por otro lado, el sector liberal de Velasco, el cual se acerca y a veces se aleja del gobierno, según lo tratante en la agenda y lo beneficioso para su sector. Esta diversidad ideológica partidaria se reflejó desde los inicios del gobierno y no justamente por el consenso y el apoyo al gobierno, sino por las diferencias que se profundizaron en puntos esenciales de la agenda política, como fue la reforma tributaria, y por uno de los temas más complejos hasta la fecha: la reforma educacional, donde el punto del lucro evidencia los intereses que tienen algunos partidos de la Nueva Mayoría. En este sentido, la conducción del presidente de la Democracia Cristiana, Ignacio Walker, ha ido en una dirección que lleva a la confusión ciudadana respecto de su posición en torno al negocio de un bien público como lo es la educación, ya que las posturas de este partido parecen enlistarse a veces como parte de la oposición, antes que como integrantes de la coalición de gobierno.

Lo anterior lo reflejan las datos entregados este mes de diciembre por la encuesta CEP, donde se da un 24% de aprobación a la labor de la Nueva Mayoría, cifra concordante con la desaprobación obtenida por el Gobierno, la cual baja del 50%, cayendo a un 43%, descendiendo así doce puntos en comparación con la medición anterior del mes de julio.

Siguiendo con el resumen del año, llegamos a la derecha, sector opositor al gobierno, la que enfrentó una baja considerable en las elecciones pasadas; no tan solo por la derrota de su presidenciable, sino también por la reducción considerable de representantes en el parlamento, donde actualmente son minoría. Estos hechos se han agudizado con la escasa conducción política que han mostrado este año y la visualización casi nula de un líder opositor, que sea un portavoz que concentre las posiciones de la oposición; por el contrario, cada partido y movimiento se ha manifestado de forma particular, contradiciéndose en hitos políticos que poco o nada han aprovechado, como fue la interpelación al Ministro de Educación Eyzaguirre, el 26 de noviembre pasado, donde la diputada Hoffmann, integrante de la comisión de Educación, no fue capaz de conducir esta instancia hacia un crítica fuerte al ministro, pues más bien Eyzaguirre sale airoso de esta interpelación. La diputada fue cuestionada por sus mismos pares de sector, los que incluso no estaban de acuerdo en utilizar esta instancia constitucional para apelar sin fundamentos profundos contra un ministro de Estado.

La Derecha, enfrenta hasta hoy el caso PENTA, donde se evidencia cómo gran parte de los políticos pertenecientes principalmente a la UDI financiaron sus respectivas campañas políticas, transgrediendo aspecto éticos de la probidad Pública, además de evidenciar lo frágil del sistema electoral chileno. La ciudadanía cada vez es menos tolerante frente a estos casos, y claramente queda mucho aún por descubrir; lo que podría llevar a posibles acusaciones legales contra los políticos que se encuentran en cargos de representación popular.

Otro aspecto relevante que ha surgido este año es el rol del empresariado chileno como actor político, el cual ante la baja representación parlamentaria y la inorgánica movilidad política de la derecha como oposición al gobierno, representante histórica de sus intereses, empezó a tener un rol protagónico ante la agenda social del gobierno; dejando en claro sus posiciones y más que algún mensaje de alerta ante los proyectos que pretenden tocar la estructura institucional económica del país.

Sabemos que cada mes ha tenido sus matices, y claramente en unas líneas no se puede nombrar y aclarar cada uno de ellos, pero sí es cierto que cerramos un año 2014 lleno de movimiento político, y quizás es el momento de que el gobierno genere un cambio sustancial a las estructuras de poder del país: tributaria, educacional, salud, sistema electoral, económico, constitucional, entre otros. Pero todos estos cambios requerirán de un apoyo transversal de los partidos que conforman la Nueva Mayoría, más aún si son mayoría parlamentaria, pero mientras no sinceren posturas, mejoren las conversaciones entre partidos y lleguen a acuerdos concretos, el momento crucial que espera la sociedad puede transformarse solo en una ilusión, que claramente la ciudadanía castigará en las próximas elecciones.

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La sociedad y sus jóvenes, han sido pacientes ante las instituciones del país, entre ellas los partidos políticos, por lo que este nuevo año 2015 se debe responder a las demandas legítimas emanada de la gente, ya que si no es así, podemos estar ante un despertar poco amable de la sociedad frente a las estructuras de poder que han regido el país desde sus inicios. Nos podemos preguntar que quizás es aquello lo necesario para cambiar el país, pero las reflexiones pragmáticas nos llevan a la conclusión que, con voluntad política, es posible disminuir la enorme desigualdad económica del país y con ello, avanzar hacia una sociedad justa y fraterna.

Editorial (CdE nº24)

bachletEstos últimos meses han resultado bastante convulsionados en lo que a materia política se refiere. En marzo, la vuelta de la ex presidenta Bachelet a Chile, con su renuncia a la ONU Mujeres, significó un replanteamiento en diversos sectores de la política chilena. Y no solo por su venida y posterior candidatura presidencial, sino que también porque suscita debates necesarios para el país: la educación, los recursos naturales, la salud, AFP, etc. Estos asuntos aún no afloran con la suficiente fuerza para ser discutidos en el presente año electoral. Ni siquiera el movimiento social, con sus demandas constantes, ha sido capaz de poner en la palestra mediática los temas. Los medios de comunicación en Chile siguen estando en manos de unos pocos, por lo que lo “mediático”, tal como la palabra lo indica, está en manos de quienes defienden y sustentan su quehacer en el modelo económico neoliberal. Nuestro mundo, dominado por las imágenes, requiere de éstos.  Así, la llegada de la ex presidenta Bachelet nos planteó temas, pero aún más. En un mes tan convulsionado como lo fue abril, los estudiantes vuelven a salir a las calles, se destituyó al Ministro de Educación Harald Beyer (el segundo en toda la historia del país), se cuestionó duramente las cifras del Censo (del cual, hasta ahora, no existía registro de dificultades en sus cifras), se cuestionó el cálculo del IPC y hasta el Banco del Estado fue cuestionado y formalizado por los vicios usuales del modelo económico.  Además, para cerrar la lista de asuntos públicos en el país, la renuncia del candidato de la UDI, Laurence Golborne, cierra un ciclo en la historia política nacional. Su baja solo puede explicarse por un tema táctico. No es casual que en un momento coyuntural de su campaña se den a conocer los casos en que Golborne estaba involucrado con Cencosud  y sus inversiones en las islas Vírgenes:  la derecha movilizó en los medios la situación en un momento en que Golborne ya no tendría posibilidades de ser presidente. Entonces, ¿Qué buscaba con el posterior candidato?

La entrada de Pablo Longueira, como candidato presidencial de la UDI, puede entenderse por la necesidad de volver a la política. Y a una política que está enmarcada en dejar de lado los espacios en los cuales los candidatos de la derecha emitían un discurso que hacía verlos como “fuera del espacio político”. El sentido común queda afuera. Ahora entra un candidato que no tiene problemas en nombrar a Jaime Guzmán en sus discursos, en invitar a la DC  “disidente” de la Concertación a unirse a su campaña. La derecha de la expresión fácil,  en la cual lo importante es la imagen y la tecnocracia, se acabó. Llegó con Longueira la derecha a golpear la mesa e imponer sus convicciones.

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Por otra parte, el reciente apoyo del Partido Comunista a la candidatura de Michelle Bachelet también produjo dolores en varios sectores políticos del país. Como era de esperar, este hecho descompuso a la Derecha y a ciertos sectores llamados ultraizquierdistas. Pero también desde la presidencia de la DC hubo reacciones, toda vez que es innegable que este hecho desfavorece las pretensiones para un mejor posicionamiento de la candidatura de Claudio Orrego en las próximas elecciones primarias.

Ante el panorama actual, variable, en el cual todos los días se generan cambios, nos corresponde al pueblo en su conjunto y, en particular, al mundo universitario enterar a la ciudadanía de los cambios que Chile necesita. El debate, está abierto.

¿Continuará “La Primavera de Chile”? . Editorial (CdE nº20) .

 ¿Hacia dónde se dirigirá el Movimiento Estudiantil?

¿Se ganó o se perdió?

La respuesta depende desde donde sea mirado este importante movimiento de masas que hubo en Chile el año pasado. Depende de la diferencia que puede haber entre lo que se pretendía y lo que se logró. El gobierno, por cierto, mantuvo el lucro, pero a pesar de que en los hechos se sigue lucrando igual, tanto en las Universidades privadas como en la educación media y básica, y en los institutos técnicos, algo importante ocurrió: el lucro paso a ser una mala palabra, y una mala práctica para una gran mayoría de los chilenos. La fuerza que poseía antes de este proceso, se debía a que ese mismo lucro era percibido por una gran mayoría de los chilenos como algo legítimo, aceptado y consensuado, hasta tal punto que la hegemonía que dejó como herencia la dictadura se había hecho “sentido común”. Era aceptado, por una mayoría apreciable, que la educación era un privilegio, un bien de lujo y que, por lo tanto, correspondía pagarlo. En este sentido, el movimiento estudiantil echó por tierra una serie de mitos que se habían venido incubando en la conciencia de los chilenos. Aunque tal manera de pensar hubiera sido impuesta de la forma como el neoliberalismo fue instalado en Chile, es decir, por la colusión entre la dictadura, el gremialismo y las políticas económicas de los Chicago boys, había logrado raigambre popular. En especial, la idea de que todo lo que era un servicio público debía pasar a ser regido por el mercado. Es decir, que todo lo que se regía mediante políticas públicas, en especial, la salud, la previsión, el transporte, y la educación, debían quedar a merced del lucro.

Mérito del movimiento estudiantil es haber dejado en claro que las cosas podían ir por un camino distinto. Que la demanda de una educación pública y gratuita, no es ni ideología, ni una utopía trasnochada, ni que “todo hay que pagarlo”, como dice el Presidente Piñera. Esto se explica porque en el transcurso de seis meses de manifestaciones, marchas, y diversos actos populares, se alcanzó a movilizar a cerca de un millón de chilenos, entre los cuales había estudiantes secundarios y universitarios, profesores, padres y apoderados, representantes gremiales y otros sectores que simpatizaron y apoyaron el movimiento, pese a toda la campaña de desprestigio en que se empeño el gobierno.

Esta “primavera de Chile”, como se la ha llamado en Europa, logró quebrar el cemento que había revestido a la ideología dominante que hasta entonces, pese a los gobiernos de la Concertación, había logrado tomar carta de ciudadanía en nuestro país, adquiriendo raigambre popular. Fue entonces que la idea de educación pública y gratuita dejó de ser algo del pasado, o nostálgico, y tomó un carácter programático actual, pasando a integrar el proyecto para un gobierno de nuevo tipo que, superando las insuficiencias y vacilaciones de la Concertación, camine en una dirección decididamente opuesta a la que le ha venido imprimiendo la derecha.

¿Movimiento sectorial o revolución?

Pero justamente cuando el curso de los acontecimientos llegó a este punto en que una nueva conciencia comenzaba a abrirse, las cosas se complicaron. Muy pronto se pensó que se había llegado ya al final del recorrido, que se había doblado la esquina, que el movimiento era ya nacional y popular, olvidando la naturaleza decididamente sectorial que tenía. Era general y nacional porque el problema que lo convocaba también lo era. Si la salud hubiera sido el problema que convocaba habría quizás dado lugar a un movimiento similar. La revista Punto final tituló en uno de sus ejemplares, «¡Es una revolución, estúpido!» El estúpido pudo haber replicado, que “No es una revolución…” La ilusión le gano a la realidad, y como las cosas no salieron por esa vía, y lo que se alcanzó quedó muy atrás de lo deseado, al final de la primera etapa de este movimiento, (pues quizás así habría que definir lo ocurrido en 2011), hubo no poca decepción

En definitiva, podemos concluir que lo que ocurrió el año pasado no fue el gran movimiento de masas popular y nacional que se requiere para que las cosas realmente cambien, sino un movimiento sectorial con apoyo especifico de otros sectores de la población. Pero en pro de la educación, y no todavía por un nuevo Chile. Lo otro importante es que se transitó hacia una nueva etapa. Hay expectativas y no poca esperanza de que esto ocurra.

¿Se logrará transitar hacia una segunda etapa?

Después de mucho tiempo se hace posible pasar a una segunda fase. El movimiento ha tomado conciencia de sí, ha construido un programa de corrección histórica de los estragos que hizo la dictadura y que continuó alegremente una Concertación ganada por el neoliberalismo. Se impuso ante la opinión pública, y permanece vigente y dispuesto a enfrentar la segunda etapa que está por comenzar. Y como todo este proceso es y ha sido una creación histórica, la pregunta que se están haciendo todos sus protagonistas es cómo seguir. ¿Qué va a pasar ahora en el 2012?  ¿Cómo se puede abordar esta segunda etapa?

De lo que ocurrió al final del año 2011, empezando por el balde de agua fría, que fueron las respuestas que el gobierno entregó finalmente, su intransigencia y mezquindad, tanto más impactantes, cuanto más esperanzas se habían colocado en cuánto cedería, o sea, en cuánta fuerza nacional tenía el movimiento. Pero ya había habido un aviso en el momento en que al movimiento se le incorporó la CUT con un paro nacional. Lo que este paro demostró es que no estábamos ante un movimiento nacional, que el movimiento sindical, por las razones que fueran, seguía siendo débil, y poco innovador.

Las elecciones estudiantiles y la forma en que se dieron a fines del 2011.

Volviendo a reconsiderar el aspecto orgánico del movimiento estudiantil, en lo que se refiere a la renovación de las direcciones de estudiante, lo que implica renovación de las vocerías, la forma en que estas se dieron al final del año pasado, se alza como un obstáculo para el buen desarrollo de esta segunda etapa del movimiento estudiantil. Estas elecciones anuales es una tradición democrática, que se ha repetido año a año. La novedad vino de la manera cómo los medios de comunicación de masas las amplificaron y el aspecto ideológico en que pusieron el acento. Esto agravado por el hecho de que el Gobierno tomó también cartas en el asunto, con declaraciones, movilizando sus partidarios, llegando incluso a sacrificar a los sectores juveniles de la Alianza en pro de una determinada candidatura, para impedir que determinados voceros, dirigentes del movimiento, como Camila Vallejo o Camilo Ballesteros, obtuvieran las primeras mayorías.   El anticomunismo, las falsas rivalidades, alimentadas por la prensa, que le dio a estas elecciones el carácter de una lucha contra las pretensiones del PC, y como victorias sucesivas en contra del PC, inclinaron el proceso eleccionario hacia una división y antagonismo fratricidas. La unidad, pensada como la fuerza principal del movimiento, y condición sine qua non del éxito de una segunda etapa quedó bastante resquebrajada. Hasta órganos que podemos llamar de izquierda, como Punto Final y The Clinic, contribuyeron de manera negativa en este proceso eleccionario, y así, uno de los símbolos del movimiento, que era Camila Vallejo, de pronto pasó a ser el enemigo que había que derrotar.

Estimamos que para poder pensar en una segunda fase del movimiento estudiantil, fase  que se llevaría a cabo este año, que, por lo demás, desde un punto de vista político  puede ser más propicio que el anterior, puesto que ahora entramos en una atmósfera cargada de expectativas políticas gracias a las elecciones ad portas, es indispensable que los diferentes grupos políticos en que se divide el mundo universitario, limen sus aristas, y busquen por todos los medios posibles instancias de diálogo y de entendimientos. El enemigo está fuera de las casas universitarias; es el gobierno, son los intereses neoliberales que nos rigen y no los otros grupos estudiantiles. Hay que impedir que las diferencias tácticas contaminen la elaboración de una estrategia de acción común en el plano de la lucha por una educación pública y gratuita en Chile.

Neruda y Valparaíso.

En el mes de Febrero fuimos protagonistas como ciudad de Valparaíso de un evento organizado por el Ministerio de Cultura, denominado “Festival de todas las Artes”, desplazando a los conocidos Carnavales Culturales de Valparaíso. En esta oportunidad el gobierno decidió homenajear a Matta debido a su vinculación histórica con la ciudad. En este “festival” pudimos observar cómo se intentó situar a Matta (y a todo el contenido del festival) en una atmosfera cargada de parafernalia sin contenido político alguno. Esto es absolutamente relevante, considerando que Valparaíso como ciudad patrimonial atrae a muchas personas en la temporada estival, y aun más en eventos de este tipo. Lo que el gobierno de derecha impulsó es una política en cultura que busca “farandulizar” las grandes manifestaciones, a través de la des-memoria, es decir, lo que se busca es que las personas “recuerden” lo que el gobierno quiere rescatar (Al igual como lo intentan con la renombrada reforma educacional y sus modificaciones a las horas de Historia). Es por eso que no debemos olvidar también a otro personaje que tiene estrecha relación con Valparaíso y que ha sido ocupado innumerables veces con  los fines que el poder ha deseado: Pablo Neruda. Cuando hablamos de Neruda inmediatamente nos vienen a la mente imágenes del poeta de habla pausado, de sus poemas de Amor y de Altura de Machu Pichu musicalizado posteriormente por “Los Jaivas”.

Pero no debemos olvidar que al hablar de Neruda señalamos a  un poeta con muchos matices y formas, en el que el compromiso y la búsqueda de la justicia por los más desposeídos corresponden a un baluarte de su vida. Hoy, en un país infestado por la cultura de rápido consumo, es importante recordar el proceso que llevó a  Neruda a situarse como un actor político del país. Para relatar este proceso, es importante rescatar  su vida política y  las intervenciones de las que fue protagonista y testigo. En su paso como cónsul por algunas islas del Asia, pasó luego un tiempo en Europa en donde es testigo de cómo la dictadura de Franco irrumpe amenazando la integridad de muchas personas. Además el peligro nazi hace sombras en ese país también. Ante esta situación, Neruda se ve en la necesidad de asilar en Chile a los españoles que escapaban de este régimen. Esta situación es de gran importancia porque en España vivían muchos intelectuales de todas las disciplinas: García Lorca, Picasso, Alberti, entre otros. Además desde este momento, y con la gestión realizada para el zarpe del Winnipeg que llevará a Chile a cientos de personas, a las que el mundo se les había venido abajo, Neruda comienza a inaugurar una nueva etapa plasmada por el compromiso militante y por la necesidad de poner la voz en alto frente a las injusticias cometidas.

Barco Winnipeg

Por último no debemos olvidar su tremendo rol como Senador de la República, en la cual su compromiso se vuelve más activo en la intervención directa acerca de las cuestiones del país, acechado por la necesidad norteamericana de ejercer poder y presión hacia los pueblos latinoamericanos. Con todo lo anteriormente dicho, Neruda cierra su relación con Valparaíso al llegar la llamada “Ley Maldita” en la cual se ve obligado a esconderse entrando en clandestinidad no solo él, sino que todo el Partido Comunista de Chile. Este estado de clandestinidad hace que Neruda deba esconderse en muchos lugares distintos, alojando en una de esas oportunidades en Valparaíso. Esta experiencia y su cercanía con el puerto llevan a nuestro poeta a escribir el famoso “Canto General” el que es el canto de toda una América abatida pero activa en su caminar. Es importante volver a recordar a los nuestros, a aquellos que hablaron con la esperanza de poder realizar y pensar un mundo más justo; y es en un puerto como Valparaíso donde Neruda pudo pensar ese mundo…

“Soy el más marinero del papel…/ Te declaró mi amor, Valparaíso, / y volverá a vivir tu encrucijada, / cuando tu y yo seamos libres/ de nuevo…”

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Editorial (CdE nº15)

Mal terminó el año para el presidente Sebastián Pinera, Así lo han expresado todas las encuestas, que se hicieron el año pasado. Estas encuestas no dejan de plantear dudas con respecto al primer gobierno de la derecha, después de Pinochet. Dudas que se acumulan en torno a la ausencia de un proyecto político que permita explicar las medidas que se han ido adoptando, como las vacilaciones que ha habido frente a muchas de las promesas, que por lo general están quedando incumplidas.

¿Dentro de qué política cabe, por ejemplo, la violencia represiva que se ha aplicado últimamente en contra de las legítimas demandas de pueblos originarios como los mapuches o el de Rapanui, o la feroz embestida en contra de la población de Magallanes? Creemos que la ausencia de un proyecto político claro se debe a que la derecha chilena no puede tenerlo, por la sencilla razón que durante veinte años la Concertación adoptó el modelo político y económico neoliberal, que era el de la derecha, que heredaron de la dictadura, lo hicieron suyo, y lo administraron de la mejor manera posible.

Que la derecha política pasara a ocupar el primer plano entorpecía este modus operandi que para los poderes fácticos había funcionado perfectamente. ¿Qué novedad podía haber aportado un gobierno de derecha frente a este modelo, salvo la de reemplazar los equipos dirigentes o introducir modificaciones meramente cosméticas? Por eso, una vez pasada la euforia producida por el rescate de los 33 mineros de la mina San José, nos encontramos nuevamente con el Chile real, a saber, el Chile neoliberal.

Con desgracias que parecieran accidentales, pero no lo son. Con culpas o responsabilidades adjudicadas, recíprocamente, de un lado para otro, desde un gobierno a otro. Incluso, en un intento, quizás, desesperado por encontrar la causa, de tanta inconformidad, crisis y desgracia, se ha personificado este cúmulo de aparente mala suerte en lo que comúnmente se conoce como un “yeta”. Si abandonamos la especulación y la superstición, no podemos encontrar estas causas, sino, en el modelo económico que nos rige, instaurado por la dictadura, pero mantenido sin discusión por los gobiernos posteriores, incluido por cierto el actual.

Si profundizamos un poco más, debemos reconocer que la responsabilidad radica en la sociedad en la cual convivimos, vale decir, en todos nosotros. La dictadura llegó a sangre y fuego, pero los gobiernos posteriores no. Los 81 presos de la cárcel de San Miguel, fueron víctimas del modelo. Es aquí donde se desmoronan los argumentos basados en la “puerta giratoria” y en quienes propugnan el concepto “tolerancia cero”, vale decir, se desmoronan los argumentos basados en la represión. No se trata de defender ¡o indefendible, los delincuentes tendrán que estar en la cárcel, pero debemos abocarnos a solucionar el fondo del problema. Chile ocupa el tercer lugar en Sudamérica en densidad de presos, con 305 de reclusos por cada 100 mil habitantes, después de Guayana Francesa y Surinam, y el número 33 en el mundo. Otra expresión del Chile neoliberal son los Empleados Públicos luchando en la calle por sus justas reivindicaciones.

Lo hacen también funcionarios’ municipales y los trabajadores del Ferrocarril Metropolitano de Santiago, quienes el recién pasado 5 de diciembre paralizaron completamente sus servicios por primera vez desde su inauguración en el año 1975.Lo mencionado hasta aquí, está pasando o ya pasó. Lo que viene nos concierne a todos, pues afecta la Educación Pública.

El proyecto Lavín sobre reforma a la educación ya ha sido formulado. Este proyecto tiene una componente claramente elitista y privatizadora de la educación, funcional al modelo económico imperante, pero por sobre todo apunta a cercenar los derechos de los principales trabajadores de la educación, a saber, los profesores.

Vemos como muchos liceos municipales comienzan a cerrar sus puertas por falta de recursos, sin que el Estado asuma la responsabilidad de protección de la educación, principalmente, para los más desposeídos. La conclusión es clara y consistente con fortalecer la tendencia a que sólo exista educación privada.

Las fuerzas sociales constituidas por estudiantes, apoderados, profesores, académicos de la educación superior y funcionarios, podremos parar estas nefastas intensiones en la medida que tengamos la disposición y la organización para hacerlo. Hasta cuándo se podrá sostener un modelo económico causante de tanta insatisfacción en la población, es una cuestión no fácil de responder. Los partidos de la Concertación por la democracia han estado planteando la necesidad de ampliar este bloque opositor con el propósito de derrotar a la Derecha en las elecciones venideras.

Por otra parte, el último Congreso del Partido Comunista de Chile, estableció en su resolución principal, la necesidad de una convergencia entre todos los partidos de oposición para la conquista de un gobierno de nuevo tipo, el cual no sólo tendrá la misión de desplazar a la Derecha, sino que también deberá superar las características neoliberales que estuvieron presente en los pasados gobiernos de la Concertación.

Por cierto, éste no será un gobierno socialista, pero tampoco podrá ser una . réplica de los gobiernos posteriores a la dictadura. Sólo queda esperar que esta convergencia también se reproduzca de manera transversal en las organizaciones sociales, para que después de tantos años, este nefasto modelo económico neoliberal, al menos en nuestro país, tenga que batirse en retirada.

Biografía de Fernando Ortiz Letelier

Nació en la ciudad de Puerto Montt en 1922. Hizo allí sus estudios primarios y secundarios y fue, desde temprano, dirigente estudiantil connotado. Pasó luego a la Universidad de Chile, en Santiago, donde inició estudios de Historia en la Facultad de Filosofía y  Educación, que debió  pronto interrumpir por la muerte de su padre. Retomados éstos,   años después, obtuvo su título de Profesor de Estado.

Mientras fue alumno, jugó un destacado papel en las luchas propiamente universitarias y en las contiendas políticas. Eran los años de la Guerra Fría y en Chile se vivía el período de González Videla, político de rara mediocridad, cuya Presidencia de la República se recuerda sobre todo por la espectacular voltereta que lo llevó a perseguir con odiosa saña a los comunistas, Pablo Neruda entre ellos. Quienes conocieron a Ortiz en esa época no olvidan su oratoria vibrante, su lucidez y valentía, y el papel eminente que jugó .en el movimiento estudiantil, al lado de dirigentes como JoséTohá, Julio Silva Solar, Ignacio Alvarado, Bjorn Holmgren, Juan Bosco Parra y Pedro Pobrete Larraín, entre otros.

Esta responsabilidad bifrontal ya no lo abandonaría. Por una parte, fue Secretario general de las juventudes Comunistas y, luego, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Chile, mientras accedía, paralelamente, a la cátedra de Historia Económica de la misma facultad donde se formó, y al Consejo Superior de la Universidad de Chile. AI lado de su tarea docente, que desarrollaba en estrecha colaboración con el historiador Hernán Ramírez Cochea, fue promotor y activista destacado del movimiento de Reforma Universitaria de fines de la década del 60. Este proceso fue, en su terreno específico, una marea transformadora, prolegómeno significativo de lo que, con posterioridad, sería el vasto movimiento político y social que encarnó la Unidad Popular.

En septiembre de 1973, el golpe fascista fue también particularmente brutal con las universidades. Demolió el sistema existente y produjo expulsiones masivas de profesores y estudiantes, más la secuela de detenciones, asesinatos y destierros. Ortiz perdió su trabajo y sufrió, como tantos otros, e! acoso policial. En el mes de diciembre de 1976 deambulaba por la intersección de las avenidas Macul e Irarrázaval de la comuna de Ñuñoa, eje urbano familiar para él durante décadas, porque el tránsito es por allí más o menos obligatorio si se trata de ir a la Facultad donde, primero, estudió, y en la que después trabajaría como profesor Fue detenido conforme al esquema ya clásico: un auto que se para y el grupo policial que desciende rápida y silenciosamente de él. No se tuvo nunca más noticias suyas. Fernando Ortiz Letelier agregaba así su nombre a las listas de detenidos-desaparecidos, invento siniestro de la tenebrosa historia vivida ese tiempo en el cono sur de América Latina.

LOM Ediciones (Fuente extractada)

Cita: VVAA.”Biografía de Fernando Ortiz Letelier”[en línea] Cuadernos de educación . Dic.-Feb.2006 (año1) nº1 .3-4 pp<https://cuadernosdeeducacion.wordpress.com/2011/04/05/biografia-de/>%5BFecha de Consulta:    ] .ISSN:0719-0271