¿El arribo histórico de la naturaleza? (Marx, Gramsci y Pasolini). Pablo Aravena Núñez

 

Pablo Aravena Núñez

Historiador

Director del Instituto de Historia y Ciencias Sociales

de la Universidad de Valparaíso

En el presente texto me propongo colocar en tensión un postulado fundamental de la crítica historicista y del pensamiento de izquierda, postulado que se puede plantear en la siguiente tesis: la representación de las relaciones sociales bajo la forma de leyes de la Naturaleza constituye la estrategia principal en la producción de hegemonía. Mientras los grupos dominantes y los dominados se encuentren en esta verdad del sentido común de una época, tendremos asegurada la reproducción de las mismas relaciones de dominación. Frente a esto el intelectual comprometido debe iniciar el desmontaje de dicha visión de mundo –la crítica de aquel consenso– para mostrar cómo lo que se nos presenta como natural en realidad ha sido obra tanto de la acción humana como de la contingencia, es decir de la historia. Provisto de este saber ahora se podría comprender de otro modo la realidad: entenderla “abierta” a la acción transformadora y al futuro. (Si el actual estado de mundo ha sido creado históricamente, entonces históricamente será transformado). Así la correcta comprensión da paso a una acción que ya no es pura reproducción de lo mismo.

 Algunos ya reconocerán en esta síntesis apresurada unas ideas que van de Marx a Gramsci y más allá, de Lukacs a Benjamin o a Ernst Bloch. Pero ¿Por qué revisar hoy tal postulado? ¿Han desaparecido las relaciones de dominación acaso? ¿Aquella operación crítica ya dio todo lo que podía dar? ¿Acaso la producción de hegemonía cultural –en plena era de los medios– no está a la orden del día? Claramente la dominación sigue existiendo, solo que ha cambiado considerablemente sus formas y métodos, y esto la hacer transformarse por completo, pues la dominación no es más que formas y métodos. Pero también parece haber cambiado –o estar cambiando a un ritmo acelerado– otro “elemento” del postulado: lo que habíamos llamado hasta aquí “el hombre” o “la humanidad”. Y aunque hay buenos motivos para alejarse de inmediato de todo lo que a estas alturas se nos trate de vender con el prefijo “post”, pediría un momento de atención para detenernos en algunos aspectos de lo que se ha llamado hoy “lo posthumano”.[1]

 Aquí mi propuesta es que vale la pena detenerse en ello, dado que muchos rasgos de la dominación que habitualmente le achacamos al capitalismo, o al neoliberalismo, –y que por lo tanto damos por pasajeros… siendo cosa de cambiar el modelo– son además rasgos (pautas de comportamiento, nuevas operaciones mentales y abandono de otras, etc.) que nos acompañarán por bastante tiempo, pues constituyen adaptaciones o respuestas a nuevos artefactos y soportes materiales creados por el propio hombre (el ejemplo más habitual es el efecto transformador que tienen sobre nosotros los nuevos medios y tecnologías de la información). Puede sonar tremendista, pero basta con que nos representemos cómo es que esa tecnología que alguna vez fue la escritura generó nuevas relaciones sociales y construyó lo que se conoce como “el sujeto moderno”.

Hemos entrado en un acelerado ritmo de cambio a este respecto. La presencia a nivel íntimo de las nuevas tecnologías –lo que ha sido posibilitado por la economía de consumo– refuerza su eficiencia transformadora sobre nuestra antigua humanidad. Si todo esto es así –y me parece que hay buenas razones, como últimamente expresiones locales para considerarlo–, no solo se justifica la revisión del postulado definido al comienzo, y con él la pregunta por el rol la crítica historicista hoy, sino también que se justifica pensar la pregunta por el modo de plantear la emancipación.

 El objeto de este breve texto (brevísimo para problemas tan grandes) es tan solo promover la apertura a considerar la necesaria revisión de un planteamiento que hemos heredado como “fundamento” quienes nos reconocemos dentro de la tradición emancipatoria.

El postulado

No hay historicismo sin humanismo. El postulado acerca de que nuestro orden social presente es “artificial” (artificio humano), y que por lo tanto es modificable humanamente no puede surgir sin que antes surja la idea de libertad humana, sin la idea de un hombre que no es puramente creatura natural y que por lo tanto ya no se halla sometido a los designios y regularidades de la Naturaleza. En efecto en Grecia no surgió la historia hasta que no se inventó la idea de libertad en el contexto de la invención de las instituciones democráticas de la Polis. Así mismo no surge la posibilidad del concepto moderno de historia sin las formulaciones previas del humanismo italiano, que en su versión más radical postulaba la inexistencia de una “naturaleza humana”. Así sostenía a fines del siglo XV Giovanni Pico della Mirandolla (condenado por herejía en 1488) en su Discurso sobre la dignidad del hombre:

 “No te he dado ¡oh Adán!, ni un lugar determinado, ni una fisonomía propia, ni un don particular,   de modo que el lugar, la fisonomía, el don que tu escojas sean tuyos y los conserves según tu voluntad y tu juicio. La naturaleza de todas las otras criaturas ha sido fijada y se rige por leyes  prescriptas por mí. Tú, que no estás constreñido por límite alguno, determinarás por ti mismo los límites de tu naturaleza, según tu libre albedrío, en cuyas manos te he confiado. Te he colocado en  el centro del mundo para que desde allí puedas examinar con mayor comodidad a tu alrededor qué  hay en el mundo. No te he criado ni celestial, ni terrenal, ni mortal ni inmortal para que, a modo de  soberano y responsable artífice de ti mismo, te modeles en la forma que prefieras”.

Lo que se ha identificado usualmente como pensamiento conservador o tradicionalista se aplica justamente a la negación de éste postulado antropológico. Para este tipo de pensamiento la libertad humana es más bien fruto de una comprensión errónea de la realidad: el hombre está determinado por su naturaleza, su pasado y las condiciones geográficas y climáticas que forjan en él un carácter, carácter que sería la expresión de un espíritu en común, que sería a su vez el sustento de la idea de nación (en su acepción pre-revolucionaria). La inteligencia de un gobernante consistiría en descubrir las leyes que necesitan y calzan con un determinado carácter, de lo contrario la sociedad entraría en un proceso autodestructivo. (Véase por ejemplo los razonamientos de Montesquieu en El espíritu de las leyes)

En contrapartida los momentos revolucionarios de la modernidad (en su mayoría burgueses) fueron también momentos discursivamente de un humanismo radical. Humanismo que solía extinguirse junto con el fervor del momento revolucionario para dar paso a alguna versión matizada de determinismo. No otro es el origen de la idea de “ley de la historia”, forjada por el Partido Socialdemócrata alemán y que legitimó ideológicamente su traición a la revolución social. Una caricaturización del pensamiento de Marx –tanto como los manuales– han ligado esta idea al “marxismo” (así, genéricamente, como solía hablar Popper). Pero en realidad es una idea absolutamente extraña al pensamiento de Marx y su filosofía de la praxis.[2] Sin ser precisamente un humanista, Marx ejerció una crítica radical a la aplicación de la idea de Naturaleza para dar cuenta de la humanidad y las realidades históricas. Así se puede leer por ejemplo en su Miseria de la filosofía (1847):

“Los economistas tienen una manera singular de proceder. Para ellos no hay más que dos clases de  instituciones: las del arte y las de la naturaleza. Las instituciones del feudalismo son instituciones artificiales, y las de la burguesía son instituciones naturales. En lo cual se parecen a los teólogos, que establecen también dos clases de religiones: toda religión que no es la de ellos es una invención de los hombres, al paso que su propia religión es una emanación de Dios. Al decir que las relaciones actuales –las relaciones de la producción burguesa- son naturales, los economistas dan a entender que son relaciones dentro de las cuales se crea la riqueza y se desenvuelven las fuerzas productivas con arreglo a las leyes de la Naturaleza. Luego esas relaciones son, a su vez, leyes naturales independientes de la influencia de los tiempos; son leyes eternas que deben regir siempre la sociedad. De suerte que la Historia ha existido, pero ya no existe. Ha habido Historia, puesto que    han existido instituciones feudales, y en esas instituciones se encuentran relaciones de producción enteramente distintas de las de la sociedad burguesa, que los economistas pretenden dar por naturales, y por lo tanto, eternas”.[3]

Consecuentemente, en La ideología alemana (1848), Marx funda la “ciencia de la historia” como una “ciencia total”. Todo es historia, y todo aquello que no se nos presente como histórico debe ser historizado. Sin este tipo de comprensión no hay posibilidad de acción revolucionaria. Los hombres que así comprenden la realidad son los únicos capaces de emprender una acción histórica: la revolución. La historia es un saber revolucionario en tanto libera a los hombres de la idea de que están sujetados o determinados por unas fuerzas puramente externas. Así la ciencia de la historia se convierte en un saber garante de la historicidad humana, es decir, la historia es el saber que nos recuerda no solo lo pasado, sino que somos producto de ese pasado que construyeron otros hombres y que somos productores de un presente que será el pasado de otros hombres en un futuro. De esta manera el carácter crítico del saber histórico puede que comience como pura interpretación, pero sólo se realiza como acción transformadora. La historia es un saber que despierta la potencia de la acción humana en cada presente. Es sobre este mismo atributo del saber histórico que vuelve Gramsci a inicios del siglo XX en lo que conoceríamos después como sus Notas sobre Maquiavelo:

“La innovación fundamental introducida por la filosofía de la praxis en la ciencia de la política y de la historia es la demostración de que no existe una naturaleza humana abstracta, fija e inmutable (concepto que deriva del pensamiento religioso y de la trascendencia), sino que la naturaleza humana es el conjunto de relaciones sociales históricamente determinadas, es decir, un hecho histórico verificable, dentro de ciertos límites, con los métodos de la filología y de la crítica”.[4]

Es esta herencia la que recoge como fundamento el marxismo del siglo XX en sus variantes más interesantes. Pero también es este planteamiento crítico el que permitirá fundar un atributo principal del Sujeto moderno: su “conciencia histórica”, entendida como la capacidad de levantar y tramar con sentido un número cuantioso de datos de la realidad para trazar un plano de la acción futura con reales posibilidades de realización, articular la conciencia histórica era ser capaz de una caracterización de las estructuras subyacentes, o de la porción del pasado, que nos explica y determina a la vez, y que nos proporciona materiales para crear lo nuevo ajustado al límite de lo posible. Estamos entonces de lleno en el campo de la política, de la construcción de proyectos y estrategias, y no en la dimensión utópica entendida como mero deseo de un futuro otro.

Como se verá se trata de una elaboración teórica de las más significativas de los últimos siglos, equivalente al giro copernicano planteado por Kant (de hecho son planteamientos que surgen por la misma época). Pero aquí nuestra hipótesis es que tal elaboración podría haber entrado en su fase de caducidad. ¿Por qué? Fundamentalmente por la no disponibilidad de a) la idea de hombre y b) la idea de mundo supuestas en el planteamiento historicista.

El historicismo descansa en una idea moderna de hombre, con la que creo ya no contamos –más allá si se estima deseable o no. Esa idea se correspondía con la idea de Sujeto moderno, que se caracteriza por dos potencias: la razón, o su capacidad intelectiva, que gobierna su otra potencia: su capacidad de acción, la que transformadora la naturaleza. Es precisamente lo que queda plasmado muy tempranamente en la iconografía moderna con la recurrencia al ojo y la mano: las dos capacidades que definen la humanidad moderna son la de su poder para penetrar intelectivamente la realidad y, con ese saber, volver sobre ella para construir un mundo a su imagen y semejanza.[5] Lo que planteo, por ahora, no es tanto que estas capacidades no sean posibles ya en el hombre, sino que han pasado a un estado de “latencia”, pero no por un cierto aletargamiento ideológico inducido, sino que desprendido de la verificación de una alteración de la composición y comportamiento del mundo.

Aunque la idea de mundo del historicismo asumía el carácter dinámico de la realidad, suponía implícitamente una velocidad más o menos estable de los cambios. La aceleración era excepcional y solo experimentable por o en la revolución, entendida ésta como “salto histórico” (la idea de que una revolución nos podía “ahorrar” siglos de historia). Pero hoy asistiríamos a un mundo en donde la velocidad ha aumentado al extremo de superar la velocidad manejable y representable por el hombre del humanismo, pareciera ser que lo que era excepcional se ha incorporado como rasgo de una nueva realidad, una realidad que es pura aceleración.

El ojo ya no ve, y la mano ya no hace si no puede ver. Pero, ¿a qué se puede deber esta extrema aceleración?

Abreviadamente: el tiempo de la historia era también el tiempo de un tipo de capitalismo que no se corresponde demasiado con el comportamiento del capitalismo de la crisis de mediados de los setenta para acá. Un capitalismo cada vez menos productivo y cada vez más financiero, del consumo y los servicios. Y este capitalismo no solo hace mundo sino que produce su propia humanidad.

Vivimos en una discontinuidad que vuelve inútil una porción importante de pasado, aunque no todo. Lo difícil es discriminar qué es lo que continúa y qué es lo que ya caducó. ¿Podemos seguir enfrentando las nuevas realidades históricamente?

Una duda angustiante

El problema con el historicismo en nuestro tiempo –ahora se puede ver– es que seguiría insistiendo con un dudoso relato: allí donde los hombres y mujeres se representan las relaciones de explotación como naturales se pretende arbitrariamente detener la historia para la dominación, luego el intelectual crítico viene, saca la sábana al fantasma y la historia sigue. Pero, y esta es mi pregunta, ¿qué pasaría si la verdadera novedad de hoy fuera el que el mundo ha devenido ahistórico, que si bien este estado de mundo pudiera haber sido un fenómeno producido humanamente,[6] se nos hubiera escapado de las manos y ya no fuera modificable humanamente, al menos como tal como había pasado otras veces en la historia? ¿Se puede plantear algo así sin ser conservador, sin haber abandonado la tradición crítica?

¿No nos estaremos asomando a un tipo de novedad radical que no se puede captar ya con la crítica historicista, una novedad que por indeseable no sería menos real? La crítica historicista, de “crítica” ¿no pasaría ahora a encubrir un nuevo rasgo de la realidad?

Marx, Gramsci. Pero ahora Pasolini:

“Es cosa sabida que cuando los “explotadores” (por medio de los “explotados”) producen mercancías, producen en realidad humanidad (relaciones sociales).

 Los “explotadores” de la Segunda revolución industrial (también llamada Consumismo; es decir: grandes cantidades, bienes superfluos, función hedonista) producen nuevas mercancías; de modo que producen nueva humanidad (nuevas relaciones sociales).

 Ahora bien: durante los casi dos siglos de su historia, la Primera revolución industrial produjo siempre relaciones sociales modificables. ¿La prueba? La prueba viene dada por la substancial certidumbre de la modificabilidad de las relaciones  sociales de quienes luchaban en nombre de la alteridad revolucionaria […]

Pero ¿y si la Segunda revolución industrial -mediante las posibilidades nuevas, inmensas, de que se ha dotado- produjera en lo sucesivo “relaciones sociales” inmodificables? Ésta es la gran y quizá trágica cuestión que planteo hoy. Pues tal es, en definitiva, el sentido del aburguesamiento total que se está produciendo en todos los países: definitivamente en los grandes países capitalistas, y dramáticamente en Italia.

Desde este punto de vista, las perspectivas del capital parecen de color de rosa. Las necesidades inducidas por el viejo capitalismo eran, en el fondo, muy parecidas a las necesidades primarias. Por el contrario, las necesidades que el nuevo capitalismo puede inducir son total y perfectamente inútiles y artificiales. He aquí por qué a través de ellas el nuevo capitalismo no se limitará a cambiar históricamente un tipo de hombre sino a la humanidad misma”.[7]

Si no se trata del arribo histórico de lo natural, al menos si se trataría hoy de la toma de conciencia –desilusión mediante– de que los cambios demorarán mucho, de que las estructuras históricas son bloques que podemos aspirar a modificar cuando ellos mismos se resquebrajan, que la transformación social pocas veces es algo inminente, que nuestra educación en los códigos de la publicidad, la velocidad del consumo y el inmediatismo del goce hedonista nos hacen menos sensibles a los análisis de largo aliento, a confrontar “la historia en grande” (Kant) con la escala del individuo.


[1] Sobre este fenómeno en particular y los planteamientos posthumanistas la bibliografía es extensa. Por motivos de espacio remitiría por ahora solo a la obra de Rosi Braidotti, Lo posthumano, Barcelona, Gedisa, 2015. Acaba de aparecer en nuestro medio el libro de Adriana Valdés, Redefinir lo humano: las humanidades en el siglo XXI, Universidad de Valparaíso, 2017. Ver también los postulados sobre los límites de la escala humanista de la historia en Sergio Rojas, El arte agotado, Santiago, Sangría, 2012. Creo insoslayable, sobre la relación del neoliberalismo con las nuevas tecnologías, fármacos y la producción de nueva humanidad, la obra de Byl-Chul Han, principalmente sus libros: Psicopolítica, La sociedad del cansancio, La sociedad de la transparencia y El aroma del tiempo (todos publicados en la colección Pensamiento Herder dirigida por el filósofo español Manuel Cruz). Existen interesantes postulados a este respecto también en la obra de Bruno Latour, para una primera aproximación a sus ideas en este orden es útil su entrevista: “No estaba escrito que la ecología fuera un partido”, El País, Madrid, 25 de marzo de 2013.

[2] Ver el reciente libro de Osvaldo Fernández, De Feuerbach al materialismo histórico: una lectura de las tesis de Marx, Concepción, Perseo / Escaparate Ediciones, 2016.

[3] Marx, Karl, Miseria de la filosofía. Contestación a la “Filosofía de la miseria” de Proudhom, Navarra, Ediciones Folio, Navarra, 1999.

[4] Gramsci, Antonio, Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno, Buenos Aires, Nueva Visión, 2004.

[5] Al respecto ver Luis Villoro, Pensamiento moderno. Filosofía del renacimiento, México, Fondo de Cultura Económica, 2010.

[6] Se recordará acá la reflexión de Heidegger sobre la técnica.

[7] Pasolini, Pier Paolo, “Intervención en el congreso del partido radical”, en Cartas luteranas, Madrid, Trotta, 2010, pp. 174-175.

 

Fuente del artículo aquí

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La Formación de los Ingenieros Comerciales en Chile. Ricardo López Erazo

El rector de la Universidad Católica de Chile y otros personeros, incluidos estudiantes, se manifestaron dolidos y sorprendidos por el caso Penta y la participación de insignes egresados de esa casa de estudios superiores.

¿Es creíble ese estupor?

Por supuesto que no.

La formación de los Ingenieros Comerciales, no sólo en esa casa de estudios, adolece de fallas sistémicas, las que intentaré describir en este artículo.

La primera de ellas dice relación con la tesis de Fukuyama, según la cual la desaparición de la URSS y la RDA supuso para los formadores de economía y negocios que el sistema capitalista resultaba ser un vencedor final y por tanto era necesario volver a los orígenes del sistema capitalista y reforzar la enseñanza del capitalismo como lo predicara F. Hayek.

A partir de esa primera falla se producen las posteriores:

Eliminar del currículo toda mención a la crítica marxista sobre el modelo capitalista de producción.

Los seguidores de Hayek, Friedman y otros eliminan también toda referencia a J.M.Keynes, de tal manera que los alumnos de Harvard realizan un paro exigiendo estudiar a Marx y Keynes en su Facultad.

Se hace abandono de la enseñanza de conceptos como los de solidaridad, cooperativismo y socialismo.

Se oculta deliberadamente el que Adam Smith, en su obra La Riqueza de las Naciones, además de su hipótesis de la “mano invisible”, formuló también los conceptos de “El Hombre de Pecho” y el de “Espectador imparcial”. El primero reside en todo hombre que hace uso de su imaginación y de sus sentimientos para estar próximo al padecer de sus semejantes. El “espectador imparcial” es aquel que nos guía en nuestros juicios sobre el modo en que nos conducimos.

A pesar de todas las crisis vividas desde comienzos de los 70, los seguidores de Hayek y Friedman no reconocen que sus tesis tienen groseras fallas e insisten en la cuestionada hipótesis de que el “mercado” es la mejor forma de distribución de la riqueza. Esto a pesar de los elevados índices de concentración de la riqueza que mantienen a buena parte de la población mundial bajo los índices de pobreza.

La Universidad Católica de Chile no debiera sorprenderse por la participación de Ingenieros Comerciales egresados de esa casa de estudios en escándalos financieros donde se abusa de la fe pública y se lesiona el interés de los más desposeídos, toda vez que esa Universidad plasmó una alianza estratégica con la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago a fines de los años 60.

Privatizacion

Los estudiantes de la Universidad Católica que participaron del intercambio con la Universidad de Chicago fueron el brazo civil de la dictadura militar, fueron ellos quienes asumieron la responsabilidad de desmantelar al Estado de sus empresas. Este fenómeno se concentró en la década de los 80´s y significó el desmantelamiento de empresas de utilidad pública como la Empresa de Transportes Colectivos del Estado (ETC), Empresa de Ferrocarriles del Estado, y el traspaso a manos privadas, y a precio vil, de 32 empresas pertenecientes a la CORFO. Todos estos traspasos de propiedad social a propiedad privada se hicieron sin licitación y permitiéndose que los mismos que preparaban la privatización y determinaban los precios pudiesen participar en la compra de estas empresas (Julio Ponce Lerou, Roberto de Andraca, José Yuraszeck, Carlos Alberto Délano, el grupo Hurtado Vicuña, Fernández León, entre otros). En su momento todo ello fue legal, pero no ético.

La privatización mayor la realizó José Piñera al destruir el sistema de pensiones solidario y construir uno privado (país de empresarios y no de proletarios, se nos dijo entonces), y después de más de treinta años la ortodoxia neoliberal continúa afirmando el “éxito” del nuevo sistema, a pesar de los resultados ya conocidos por miles de empobrecidos jubilados de las AFP.

Todo esto fue acompañado de procesos desregulatorios y de apertura absoluta a los mercados externos. ¿Los resultados?:

Altas tasas de cesantía, desnutrición extrema de las pequeñas y medianas empresas nacionales, un modelo de crecimiento que sólo puede aprovechar ventajas comparativas (cobre, celulosa, salmón..), pero incapaz de desarrollar ninguna ventaja competitiva.

Todo lo anterior tiene una expresión final: el nivel de concentración de la riqueza es uno de los más aberrantes del planeta, por el pago a los capitales versus el pago al factor trabajo, expropiatorio del 90 % de los chilenos, también antidemocrático.

Los alumnos de las facultades de Economía y Negocios se ven impelidos a estudiar a G. Sorman y tragarse las hipótesis de “el fin de las masas” y la “modernidad de las ideas antiguas”. La primera de ellas es un ensayo antisindicalista y la segunda es un intento de presentar a Hayek como un intelectual que genera lógica pura.

Se enseña en las facultades de economía y negocios que el mercado es el mejor distribuidor de la riqueza, sin embargo se oculta que la economía chilena es una economía oligopólica y también se oculta que es el modelo imperante el que produce ese efecto.

Si una Universidad se declara “pública” y que su fin ulterior es servir al interés del país, entonces debiera asumir que su aporte real al país es generar profesionales en economía y negocios que realmente comprendan y asimilen la realidad de los miles de desposeídos, cesantes y mal pagados trabajadores.

El tema de la ética es también punto importante.

Al parecer las Universidades han asumido que el tema de la ética es un asunto transversal y que debiera ser un objetivo de toda cátedra el inculcar valores éticos. Parece que esto falla, porque cuando todos están a cargo de algo sucede que nadie es responsable.

Nuestro país está saturado de conceptos como el de la competitividad, lo cual significa aniquilar al competidor. También el del consumo, pues no importando lo que sea, eres socialmente exitoso si consumes más que tu vecino.

El país se ha conmocionado con los escándalos de Penta, Caval y Soquimich, y las casas de estudios superiores deberán reaccionar, porque el pueblo las interpela: es necesario que las universidades se pongan realmente al servicio del país y generen profesionales críticos y comprometidos con el devenir de la sociedad entera.

penta

Todo lo anterior ha ocurrido porque las facultades de negocios de Chile (salvo honrosas excepciones) han convertido a las recetas neoliberales en verdaderos dogmas de fe.

Es obvio que para detener la corruptela se hace necesario terminar con el modelo neoliberal, ello supone discutir y aprobar una nueva Constitución que nos libere de los amarres y candados de la dictadura de Pinochet, que hasta el día de hoy agradecen estos “insignes” egresados de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Católica de Chile. Pero, al mismo tiempo, hay que iniciar un proceso modernizador de las Facultades, que permita un clima democrático, donde las discusiones sobre economía y negocios no se impidan por actitudes dogmáticas.

Se hace imprescindible que en las Facultades de Economía y Negocios se convoque, a la brevedad, a Claustros tripartitos para discutir y replantear nuevos currículos que modelen un nuevo tipo de profesional crítico y que genere aportes reales al cambio de modelo económico y de planes de desarrollo económico y social alternativos.

Sólo así las Universidades jugarán un rol público.

Ricardo López E.

Ingeniero Comercial

 

 

 

Algunas palabras acerca del papel de Marx en la Asociación Internacional de Trabajadores. Osvaldo Fernández Díaz

¿En qué momento entra en la vida de Marx la creación de la AIT?

En 1859 Marx entrega a la imprenta lo que pensaba era ya el comienzo de su obra mayor, que tenía por objeto la crítica del modo capitalista de producción. Después de casi diez años de estudios en Museo Británico, se trataba de un primer envío compuesto de dos capítulos, de los cuales el primero estaba dedicado a la mercancía, y el segundo al dinero. Lo que no se imaginaba entonces es que, después de este primer apronte, pasarían nueve años antes de que apareciera, por fin en 1867, el primer tomo del Capital. La obra que había publicado en 1859 tenía por título “Critica de la economía política”[1], lo que revelaba sin eufemismo lo que ella se proponía, a saber, la crítica a la Economía política y al sistema económico y político que ésta “ciencia” avalaba y embellecía.

Cuando por fin logra publicar El Capital, Marx explica esta larga interrupción en los siguientes términos:

  «La obra cuyo primer tomo entrego al público es la continuación de mi trabajo contribución a la crítica de la economía política, publicado en 1859. La prolongada pausa entre comienzo y continuación se debió a una enfermedad que me ha aquejado durante años e interrumpido una y otra vez mi labor.»[2]

Siendo terribles las graves dolencias que le obligaron por largos períodos a interrumpir su trabajo, y que a la postre impidieron que acabara su obra, quedando publicado solo este primer tomo, habría que añadir a ello otras dos causas que también explican la postergación de su proyecto. Una teórica, que tiene que ver con los problemas que le suscitó lo que llamaría luego “el orden de la exposición”, es decir, la decisión que adopta respecto a la manera de exponer, la cual fue el resultado de una relectura de Hegel que hizo por esos mismos años. Esta opción metodológica hizo posible el despliegue de la crítica de la Economía política, como un instrumento realmente crítico científico. Le permitió, además, transitar, como lo hizo, de lo abstracto a lo concreto, a través de las relaciones de producción capitalistas. En este proceso fue haciendo emerger, mediante un movimiento necesario y dialéctico, la trabazón interna de las principales categorías de la economía burguesa, a saber, mercancía, dinero, trabajo asalariado y capital, tanto en su movimiento como en su conexión interna.

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La otra explicación de este retardo es de índole práctico-política y tiene que ver con la activa participación de Marx en lo que se llamó la Asociación Internacional de Trabajadores, (en adelante AIT), conocida luego como la Primera Internacional, y de la cual se cumplieron este año 150 años desde su fundación en septiembre de 1864. ¿Qué era la AIT, y cuál fue su significación para el desarrollo del movimiento obrero europeo? Es de eso que nos proponemos hablar en lo que sigue.

La creación de la AIT

Después de dos años de intercambios epistolares y preparativos, el 28 de septiembre de 1864, en un encuentro que se hizo en el Saint-Martin’s Hall de Londres, con la participación de trabajadores ingleses, franceses, alemanes, italianos e irlandeses, se decidió fundar la Asociación Internacional de trabajadores. En dicha reunión se designó a un comité para que preparara el programa y los estatutos de esta organización. Finalmente acordaron aceptar por unanimidad las proposiciones de Marx para los Estatutos, cuya introducción, en sus acápites principales, decía lo siguiente:

            «Considerando:

Que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos, que la lucha por la emancipación de la clase obrera no es una lucha por privilegios y de monopolios de clase, sino por derechos y deberes iguales, y por la abolición de toda dominación de clase;

Que el sometimiento de los trabajadores a los que monopolizan los medios de trabajo, es decir, de las fuentes de la vida, es el fundamento de la servidumbre en todas sus formas, de la miseria social, del envilecimiento intelectual y de la dependencia política.

Que por consecuencia, la emancipación económica de las clases laborales es la gran meta a la cual todo movimiento político debe ser subordinado, como un medio;

Que todos los esfuerzos tendientes a esta gran meta han hasta aquí fracasado, debido a la falta de solidaridad entre los trabajadores de las diferentes profesiones en el mismo país, y de una unión fraternal entre los trabajadores de los diferentes países;

Que no siendo, la emancipación del trabajo, ni un problema local, ni nacional, sino social, debe abarcar todos los países en los cuales existe la sociedad moderna, pues necesita, para su solución, el aporte teórico y práctico de los países más avanzados.

Que el movimiento que acaba de renacer en las clases obreras de los países industriales avanzados de Europa, al mismo tiempo que despierta nuevas esperanzas, da una solemne advertencia para no volver a cometer viejos errores y de combinar lo más pronto posible aquellos esfuerzos todavía aislados.»

«Por estas razones se funda la AIT,  la que declara:

Que todas las sociedades e individuos que a ella adhieren reconocerán como base de su comportamiento hacia los otros y hacia todos los hombres sin distinción de color, de creencia y de nacionalidad, la Verdad, la Justicia y la Moral.

Nada de deberes sin derechos; nada de derechos sin deberes.»

Los dos primeros artículos de los Estatutos estipulan lo siguiente:

«Art.1. La Asociación es establecida para crear un medio central de comunicación y de cooperación entre las sociedades  obreras de los diferentes países que aspiran a la misma meta, a saber, la protección, el progreso y la completa liberación de las clases laborales.

Art. 2. El nombre de esta asociación será AIT.»

De los fragmentos que hemos citado se pueden desprender las siguientes consideraciones:

En primer lugar, la creación de este organismo fue la ocasión para que Marx, volviera a esbozar las ideas que desde El Manifiesto tenía acerca de lo que debía ser un partido, ideas que aquí aparecen insinuadas en lo que Marx bosqueja y propone para esta asociación. Ya lo había hecho con ocasión del Manifiesto, respecto del cual no hay que olvidar que era el Manifiesto del Partido Comunista. Un mismo diseño de partido se observa aquí y que, antes que los partidos políticos tal como los conocemos ahora, entrará a dominar la escena política. Pero la novedad que se repetía, y se seguiría repitiendo ahora, es que siempre concibió  este partido como un partido internacionalista. Un partido de clase, pero abarcando la expresión internacional de esta clase. La Segunda y la Tercera internacionales, mantuvieron el diseño internacionalista, pero en el caso de la III Internacional, se produjo finalmente una deformación, que terminó acabando con ella, pues la trama internacional que había creado la Internacional, fue supeditada y no pocas veces sometida a los intereses de la Unión Soviética.

No es nuestra intención administrar aquí un juicio anacrónico con respecto a un organismo que entregó lo que más se podía entregar al movimiento obrero de la época. Pero cabe señalar que hay una mirada, es decir, una manera de considerar las cosas que predomina en los criterios y formas que adopta la institución que se crea. Por ejemplo, se nota en la ausencia de una palabra con respecto al género, cuando se señala que no se harán distinciones ni de color ni de nacionalidad, que el movimiento feminista estaba todavía ausente en la mentalidad del movimiento obrero, no así en los mecanismos de explotación que el capitalismo ejercía sobre las mujeres y los niños, y cuya violencia el propio Marx denuncia en importantes capítulos de El Capital.

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Otro aspecto que importa señalar, es que hay en las primeras líneas, y en los primeros momentos del desarrollo esta asociación, una fuerte dominancia económico-sindical. A medida que transcurre el tiempo, los problemas políticos comienzan a completar el bloque de intereses de la AIT.  No olvidemos que la AIT estaba a solo siete años de la Comuna de Paris, la primera revolución obrera, acontecimiento político encabezado y dirigido por la clase obrera parisina. Esta fue una prueba de fuego para la AIT, pues reveló que para la clase obrera habían otras metas, de tanta o más urgencia que las reivindicaciones puramente económicas. El aspecto político fue incorporado plenamente más tarde, hacia fines del siglo XIX, en la II Internacional que va a dirigir Federico Engels.

Inevitablemente,  la AIT aglutinó sus fuerzas, por razones orgánicas, en el centro de Europa. Pero había en ella una impronta centralista, ligada a la dirección que debía tener el movimiento, con  el proletariado de los países de un más alto desarrollo industrial. Cierto es que hacia el final acordaron trasladar la oficina principal a los Estados Unidos, pero eso no exime el hecho de que, previamente, y como principio básico de la Asociación, se había hecho una distinción entre los países más avanzados y desarrollados industrialmente, a los cuales se privilegiaba, y se les concedía una cierta preponderancia.

En lo atingente al factor internacional, y dado el énfasis y la importancia, que tanto Marx y Engels  imprimieron a este aspecto, nos muestra que se trata de una dimensión casi inevitable para un partido que se basa en una clase como el proletariado, cuya envergadura sigue bajo el capitalismo una misma vía global de explotación.  La tarea consistiría, en una época de inevitable globalización, como la nuestra, en otorgarle un lugar preponderante. Si Antonio Gramsci dijo que en su época el príncipe moderno debiera abarcar una dimensión nacional e identificarse con una voluntad colectiva nacional y popular, ¿no sería el momento de pensar en un nuevo internacionalismo, hecho de reciprocidad entre los partidos y los movimientos que representan a las clases asalariadas?

[1] En español se le conoce como Contribución a la crítica de la Economía política, lo cual aminora en énfasis crítico que sirve de eje a la obra.  Este título pasa, como subtítulo, a un segundo plano en El Capital.
[2] Marx, K. El Capital, tomo I, Siglo XXI, Buenos Aires, 2012, p. 5.

Gramsci, la experiencia de una lectura. Osvaldo Fernández Díaz

HAY DOS GRAMSCI
Aun hoy, cuando las ediciones de la obra Gramsci se suceden y que el conocimiento del pensador marxista italiano se ha hecho mundial, se puede decir que hay dos Gramsci. El hombre público, y el prisionero de la cárcel fascista. El primero comprende el itinerario de su vida que va desde su nacimiento en Cerdeña, su formación universitaria, intelectual y política en Torino, en donde se impregna de la cultura que emanaba de los consejos de fábrica, y se hace socialista, junto a Bordiga, participa del grupo que funda el Partido comunista italiano en el congreso de Livorno en enero de 1921. Intelectual marxista de primera línea, principal animador del Ordine nuovo, figura pública de la escena política italiana, llega a ser diputado comunista italiano y secretario general del partido. Intransigente luchador antifascista,  hasta tal punto que por eso mismo, aun siendo diputado, y pese a la inmunidad que tal cargo le otorgaba, fue encarcelado en 1926. Con esta medida Mussolini intentó lanzarlo al olvido, y silenciar a un peligroso oponente. Pero no solo se propusieron impedir que actuara políticamente, sino, como lo dijo el propio juez que lo condena, impedir que pensara. Pero paradójicamente este hombre, encarcelado y silenciado, es el Gramsci que más conocemos; el que suscitó las grandes polémicas durante los años sesenta y setenta; el Gramsci que se lee y estudia en primer lugar, el que ha influido en alternativas políticas internacionales, el que ha llegado a las aulas universitarias, y cuya obra se ha traducido a casi todos los idiomas, editándose en casi todo el mundo. Es, digámoslo nosotros, el Gramsci que se ha estudiado y estudia en universidades chilenas.
Gramsci
LOS CUADERNOS Y LA ESTRATEGIA DE UNA ESCRITURA
Una vez en la cárcel, se le permitió leer, pero se le impide escribir hasta 1929. Agobiado y ya enfermo, como una manera de escapar mentalmente a la prisión, comienza a escribir, y estudiar. Los cuadernos que comienza a llenar de notas desde que cae en la cárcel fascista, no sólo constituyen la bitácora de sus lecturas, sino también la experiencia de una estrategia de escritura que llamó “fur ewig”. La escritura de los cuadernos va a ser la escapatoria a aquella sentencia del juez fascista, que decía: «hay que impedir que este hombre piense». Si en las cartas que escribe, sobre todo las que le envía a su mujer, fueron el lugar expresar la pasión y el sentimiento y “el mal de ausencia”; los cuadernos los reserva para la razón y la crítica, transformándolos en el lugar en que se va a producir un pensamiento nuevo en materia política; un pensamiento crítico y abierto en el plano del marxismo. La expresión “fur ewig”, se refiere no sólo al grado de abstracción en que va a sostener la reflexión, sino también la libertad que va a procurar para abordar una temática que nuevamente comenzaba a cerrarse después de la muerte de Lenin, con la aparición de Cuestiones del leninismo de Stalin. El texto al que vapulea es el manual de Bujarin, pero lo que dice a propósito del ensayo popular constituye una crítica avant la lettre[1]  de la codificación estalinista que por los años treinta se estaba forjando del pensamiento de Marx y Lenin.
La obra de este segundo Gramsci tiene sus dificultades específicas que provienen de la naturaleza misma de las notas que diariamente y medida de sus lecturas iba consignando en  cuadernos escolares, durante sus años de prisión. Conforme a un plan, a medida que leía iba reflexionando sobre temas, problemas e inquietudes que surgían de esas lecturas. Por eso puede decirse que la estrategia de escritura que revelan sus notas, son también la estrategia del pensamiento que allí se estaba produciendo. En el transcurso de esta experiencia seguió un ritual preciso que consistía en releer lo escrito corregirlo y revisarlo ampliándolo, juntando las distintas reflexiones hasta aproximarse a verdaderos ensayos.
Lo otro que habría que tener en cuenta y que explica en parte el hermetismo que adquiere a ratos su lenguaje, es que tenía que burlar la vigilancia del carcelero. Cuando recién comencé a frecuentar los escritos de Gramsci me había imaginado que “burlar al carcelero” eran tácticas de precaución en vistas a una revisión ocasional que pudiera haber de sus escritos. Pero el control, en realidad fue mucho más severo, pues para ver lo que él estaba escribiendo, se le quitaban los cuadernos durante noche para que el encargado de la censura los revisara. devolviéndoselos en la mañana. O sea había una revisión o por lo menos una amenaza de revisión constante. Esto explica, en gran parte, que el lenguaje de Gramsci, sea a veces, un lenguaje elusivo, un poco complicado por su hermetismo, o por las metáforas y figuras con que disfrazaba las referencias. Pero no sólo los términos sino a veces también la misma elaboración quedaban marcados por esta continua precaución.
Pero lo más importante de todo es la forma que esta escritura, “für ewig”[2] como él mismo la llamó, iba asumiendo. Como Marx, también Gramsci le dio particular importancia al orden de la exposición. En sus notas sobre Maquiavelo, por ejemplo, comienza, justamente  por el libro, es decir por la novedad de la forma, que adopta Maquiavelo para exponer, por primera vez, la política en su autonomía. Tampoco para Gramsci la exposición es un simple ordenamiento de lo investigado y conocido. Mediante la exposición se avanza; se va hacia dimensiones desconocidas en la materia a tratar, pues se intenta hacer hablar “a la cosa misma”. Gramsci percibió en la forma adoptada por El Príncipe, la apertura de un espacio propio de la política. De una lógica propia que la independizaba de cualquier otra disciplina. Esto lo trató también en otros dominios. Por eso exploró sistemáticamente rutina marxista, introduciendo siempre en ella una óptica diferente, perturbando lo consabido; probando alternativas, otras maneras de ver aquello que aparecía, una y otra vez como lo mismo. Esto era lo que se iba gestando en aquellas notas que llenaban cuadernos, en donde se producía un pensamiento libre, tanto de la urgencia, como de la contingencia. Esta fue la estrategia inherente a la fórmula “fur ewig”. Un pensamiento que avanza a través de alternativas, interrogantes, o dudas, más que por afirmaciones o principios definitivos. Sobre todo cundo la reflexión proviene de alguien, que como Antonio Gramsci, se definía antes que nada como político.
LA CARCEL FASCISTA, Y LAS PUBLICACIONES DE LOS CUADERNOS
Hay tres momentos en la aparición de la obra de un autor; el de la redacción, el de la publicación y el de la recepción. En autores tales como Marx y Gramsci, estos tres momentos se han distanciado suscitando graves problemas de lectura. Además, hay que considerar que también en el caso de Gramsci se trata de manuscritos, no destinados a la publicación, más bien de materiales preparatorios, acerca de los cuales debiera usarse el mismo rigor que el recomendaba a propósito de la obra de Marx.
gramsci1
Gramsci sale de la cárcel en 1937 solo para morir.  Es entonces que Tatiana Schucht la cuñada de Gramsci recoge los 33 cuadernos y se los lleva a Moscú, en donde le fueron entregados a Palmiro Togliatti, entonces secretario del Partido comunista italiano, quien los viene a publicar en 1947. Sobre esta tardanza de 10 años hay una serie de versiones negras y blancas al respecto  la cosa es que aparecen publicados por la editorial Einaudi bajo el cuidado de Giulio Einaudi, quien agrupa las notas por temas inspirado en agrupaciones qu el propio Gramsci había hecho en los últimos cuadernos, pero realizando toda la edición bajo este criterio esta primera edición aparece en 6 volúmenes entre 1948 y 1954.
Sólo en 1975 aparece una edición cronológica, crítica y completa de los 33 cuadernos editada por el  Instituto Gramsci de Roma, en cuatro volúmenes de los cuales el cuarto contiene todo el aparataje crítico. Esta edición fue preparada bajo el cuidado de Valentino Gerratana. La traducción al español de esta segunda edición se debe a Dora Kanoussi, y se editó por la editorial Era, en México, en seis volúmenes.
GRAMSCI EN CHILE
La primera traducción que sigue la forma adoptada por Einaudi, fue la que anima Hector Agosti en Argentina a fines de los años cincuenta, por la editorial Lautaro. Fue la primera traducción de Gramsci que se conoce. En ella participan buena parte de los que posteriormente han nsido llamados los “gramscinos argentinos, cuya principal figura es José Arico. Es la traducción que leímos y la que usamos para esta antología que se editó por primer vez en 1972.
Éramos un grupo de jóvenes universitarios, militantes comunistas, los que leímos en ese momento a Gramsci. Para mí fue un impacto decisivo; una lectura que marcó no solo mi manera de pensar sino cómo pasé a entender la práctica política desde entonces. Eran los tiempos en que comenzaba en Chile un nuevo proceso de acumulación de fuerzas tanto políticas como sociales que habría de culminar en el gobierno de Salvador Allende. Si bien el impacto Gramsci quedó circunscrito en este ámbito político preciso, fue fuente de inspiración de varias iniciativas que abarcan la década de los sesenta como por ejemplo, el diálogo cristiano marxista; las jornadas del pensamiento marxista o la creación del Instituto de investigaciones marxistas. Podríamos decir que eran los comienzos de una recepción de la obra de Gramsci  en Chile. En 1987se llevó a cabo en Chile un Simposium internacional en torno  la obra de Gramsci Este fue  un anticipo de la democracia.
Más tarde, a comienzos de los años setenta surgió la iniciativa de una antología que corresponde al volumen que ustedes tienen en mano. Esta fue una aventura personal, gracias a la ide y el estímulo de Hernán Loyola, importante nerudiano chileno, quien se había propuesto crear, enla Editorial Nascimento, una colección popular dedicada a los debates que habían animado teóricamente la década de los sesenta en América Latina y Europa. Se proyecto la antología sobren Gramsci, y algo también sobre los manuscritos juveniles de Marx, probablemente los Manuscritos económicos filosóficos de 1844. Pero como ya habían aparecido los Manuscritos del 44 en una edición de la editorial Austral chilena, se decidió comenzar con la antología de Gramsci.
 Es en este tiempo que comienza a hacerse presente el pensamiento de Antonio Gramsci en América Latina. Carlos Nelson Coutinho atestigua que Gramsci llega al Brasil a comienzo de los años sesenta. Se le conocía por su martirio en la cárcel fascista, peero hasta los años sesenta nadie lo había leído realmente. Es entonces, a comienzos de los años 60 del siglo pasado, que Antonio Gramsci pasa a constituir un capítulo en el desarrollo de las ideas marxistas en América latina. Gramsci, después Althusser y ahora Mariátegui, son lecturas que continúan desde entonces gravitando en el pensamiento político latinoamericano.
 Notas:
[1] Antes de tiempo
[2]Para siempre

La “Tercera” MEGA, Una empresa Internacional

Tres son los momentos a considerar cuando se habla de la obra de Marx. En primer lugar, el momento de la redacción que tiene que ver con las motivaciones que precipitaron tal o cual escrito; luego, el momento de la publicación, siempre retardado, muchas veces por el propio Marx, o porque la inmensa mayoría de su obra quedó abandonada, porque el interés que los había suscitado, había cambiado, o porque la ocasión había pasado; y finalmente el momento de la recepción, momento particularmente delicado en el caso de Marx, porque las recepciones siempre han caído en medio de enconados debates políticos.

Porque es solo una leyenda aquello de la formación del pensamiento de Marx como un proceso ascendente, rectilíneo sin vaivenes ni incertidumbres, que comienza con sus primeros escritos y culmina con el Capital. Al contrario, Marx fue siempre, hasta los últimos días de su vida un pensamiento en acto, despierto, abierto y dispuesto frente a las incertidumbres; ajeno a aquella satisfacción efímera que proporcionn las certezas; inquieto frente a las alternativas que surgían a un costado de lo que parecía ser su línea central de pensamiento.

Por eso, el conocimiento de la obra de Marx ha sido siempre un acto inacabado, lleno de sorpresas, y que siempre, en lo que se refiere a la recepción de esta obra, ha estado vinculado a complicadas y complejas encrucijadas políticas de índole internacional. Desde la gran esperanza revolucionaria europea de  1848, hasta el desaparecimiento de la URSS y el llamado “socialismo real”. Esto explica que la historia de ola lectura de Marx haya sido un proceso ritmado por reiteradas “crisis” del marxismo, sucesivos anuncios de muerte para Marx, a los que han seguido otras tantas resurrecciones.

En lo que sigue vamos a referirnos lo que han sido los intentos por publicar su obra completa, junto con las obras de Federico Engels. Iniciativa que se conoce popularmente con la sigla MEGA (sigla que viene de la expresión alemana, Marx, Engels – Gesamtausgabe)

El primer intento por publicar las obras completas de Marx y Engels, (la Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA) se debe en gran medida al esfuerzo apasionado de un ruso, David Borisovich Riazanov, a partir de los años ´20. En 1900 éste va a la sede del Partido socialdemócrata en Berlín a buscar archivos para su trabajo de investigación. Encuentra todo en desorden, la biblioteca de Engels que acaba de llegar desde Londres es sólo parcial porque Bernstein se ha apoderado de una parte. Cuenta Riazanov:

«Me acuerdo que en 1900 yo había visto en Berlín esa biblioteca dispersa sin ningún orden en varias habitaciones (…) Así es como desaparecieron miles de obras pertenecientes a los creadores del socialismo científico. Ni siquiera se tomaron el trabajo de verificar si no contenían, al margen, notas de lectura, algunas huellas del trabajo intelectual de Marx o de Engels… Una parte de los manuscritos que, normalmente, habría debido ser despachada a los archivos del Partido Socialdemócrata en Berlín fue conservada por Bernstein, y la correspondencia de Engels y la parte más importante de las obras que permanecen desconocidas hasta la actualidad quedaron en Londres.»[1]

En 1910 Kautsky, conoce a Riazanov y lo hace su secretario, encargándole la tarea de reconstituir la correspondencia de Marx en vista de su publicación. Así, los archivos de Marx pasan al cuidado de un ruso que sí se interesa y mucho en ellos. En 1913 Riazanov publica en Berlín un primer conjunto de cartas con abundantes cortes que Eduardo Bernstein y Franz Mehring le obligan a practicar, “porque no todo puede ser puesto en todas las manos”.

En 1918 funda el Centro de Archivos donde reúne los documentos del socialismo ruso y alemán. En la Academia socialista dirige la sección de marxismo, la que luego se transforma en el Instituto Marx Engels, en donde deposita todo lo que trajo de Alemania y Francia. En países todavía en guerra, vuelve a Alemania por un mes y trata de conseguirlos manuscritos de Marx y Engels que quedaban en el Partido socialdemócrata o en casa de Bernstein. Más tarde cuenta estas peripecias: «Tuve que invocar todas las fuentes impresas que conocía, y sólo después de varios días de discusión me mostró la segunda parte del manuscrito. El resultado de mi viaje a Berlín efectuado con este fin… (es que)…con mucho trabajo logré finalmente sacar a la luz toda la Ideología Alemana, y tengo una copia.”

Ya por esa fecha se había acordado con los alemanes la publicación de la obra de Marx y Engels, pero acontecimientos ligados al asesinato de Rosa Luxemburgo, lo impiden. En 1920 el instituto marx-Engels de Riazanov publica bajo el título de “Libro V del Capital”, notas dispersas de esta obra y fragmentos escogidos de la correspondencia de Marx y Engels. En ese año vuelve a recorrer Europa buscando y recuperando material. En 1922 publica integralmente los textos de las cartas que recuperó.

En febrero de 1931 es detenido y en 1932 el Instituto que él había creado comienza a publicar la primera MEGA que también él mismo había preparado. Muere en el campo de confinamiento en 1939. Sin embargo, las depuraciones estalinistas de la década de los treinta del siglo pasado afectaron también a los principales estudiosos comprometidos en esa empresa, y el advenimiento del nazismo en Alemania, interrumpieron bruscamente esa edición.

El siguiente intento por reproducir todos los escritos de ambos pensadores, la que se llamó la MEGA 2, comenzó recién en 1975 pero también fue suspendido, y su publicación quedó incompleta, esta vez debido al derrumbe del mundo del “socialismo real”.

La segunda MEGA fue iniciada en los años 70 y preparada de acuerdo a rigurosos principios histórico-críticos. Esto explica que la nueva MEGA haya decidido continuar lo hecho por la segunda. En efecto, ya cuando en los años 60 se estaba planeando la publicación de la MEGA 2, la exigencia técnica era imprescindible. Desde ese instanmte se le dio al método computacional un papel relevante. La composición tipográfica de los primeros volúmenes debía comenzar en 1971. Tres volúmenes estaban planificados para 1972, cinco para 1973 y la suma de ocho volúmenes para 1974. Desde 1975 en adelante se esperaba que fuera posible producir unos diez volúmenes por año. Este segundo empeño que fue producto de los esfuerzos realizados por el Instituto Marx-Engels de Moscú, se interrumpe con el fin de la URSS.

En octubre de 1990 se funda la International Marx-Engels Foundation (IMES), que decide continuar la empresa anterior pero reestructurándola, y se decide usar para ello lo más nuevo en materia de computacional. Después de haber alcanzado un acuerdo inicial en 1992, en una conferencia que se llevó a cabo en Aix-en-Provence, y que revisó las pautas para la nueva edición. En esta  nueva empresa participan franceses, rusos, japoneses, chinos, italianos, alemanes

La nueva edición es publicada por una fundación internacional, con base en Amsterdam. Cinco instituciones forman parte de esta Fundación Internacional Marx-Engels (IMES): el Instituto Internacional de Historia Social (ISH) de Amsterdam, La Academia de Berlín-Brandenburgo para las Ciencias y Humanidades (BAW), la  Casa Carlos Marx de Trier, como parte de la Fundación Friedrich Ebert , y dos institutos rusos.

Este tercer intento tiene las siguientes características. Es, a diferencia de los dos intentos anteriores de índole fundamentalmente académica; es una empresa global que no está circunscrita a países precisos, ni a orientaciones principalmente políticas. De hecho en la preparación de los nuevos volúmenes están participando investigadores de Amsterdam, Berlín, Nápoles, Paris, Moscú, Nueva York.  Además para que fuera realmente global el principal elemento de contacto entre los investigadores de diferentes países es uso de la técnica computacional al más alto nivel.

Esta edición, que piensa llegar a 114 volúmenes,  de los cuales han aparecido ya 52, se vam a ir publicando de acuerdo a las siguientes cuatro secciones:

1)    La primera, que comprende las obras (excepto El Capital), los artículos y los discursos de Marx y Engels, en sus distintas versiones, así como en las traducciones hechas por ellos mismos.

2)    En la segunda contiene junto con El Capital en todas sus ediciones, los trabajos preparatorios, y la totalidad de los manuscritos que Marx escribió antes y después de 1867.

3)    La tercera sección comprende la correspondencia ordenada cronológicamente pensada en 35 volúmenes, de los cuales ya han aparecido 12. Se trata tanto de las cartas escritas por ellos, como de las que le dirigieron a ellos.

4)    En la cuarta sección se publicarán extractos, apuntes y notas escritas al margen de los libros que leían o consultaban. En esta sección se piensa editar los 220 cuadernos de Marx, redactados en griego clásico, alemán, inglés, francés, y ruso.

Vivimos un momento de actualidad de Marx, sectores nuevos, no tradicionales, se han dedicado a leerlo en estos años, se dice por ejemplo que ahora son los banqueros de Wall Street quienes lo están leyendo, a raíz de la crisis económica internacional que se está viviendo. La pregunta que cabe hacer con respecto a este nuevo empeño por publicar la totalidad de la obra de Marx y Engels es acerca del Marx que va a aparecer. Cuánto este nuevo conocimiento va a afectar a la imagen que hasta ahora se tiene de él.  Creemos que los debates que la lectura de estos materiales, muchos de los cuales son inéditos, va a provocar, no van a estar exentos de sorpresa.

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[1] Riazanov  cit por, Attali, Jacques, Karl Marx o el espíritu del mundo, FCE, Buenos Aires, 2007, p. 369