¿Por qué el Comunismo? Rolando Rebolledo B.

(Texto inédito escrito en 1997)¹

Al terminar el siglo diecinueve esta pregunta parecía tener una respuesta que convencía a muchos. En Europa las proclamas de la vanguardia obrera se oían por doquier. Las luchas mostraban la emergencia de un proletariado deviniendo organizado. El capitalismo parecía estar bien caracterizado y se predecía su pronta crisis mundial. En nuestro continente, se completaba la lucha independentista en el Caribe y el movimiento obrero se organizaba en el Cono Sur. El cambio de siglo sorprendía a América Latina en medio de profundas crisis de sus burguesías, donde los sectores más dinámicos de las mismas, unidos a capitales foráneos, disputaban el poder a los sectores más conservadores, aquellos ligados a la propiedad de la tierra.

El término del siglo veinte, en cambio, y las primeras décadas del siglo veintiuno, nos encuentra en una situación distinta. Hemos asistido al fracaso de experiencias socialistas y a la expansión del capitalismo neoliberal. Vivimos en un mundo sin fronteras para el capital y lleno de restricciones para los derechos de los trabajadores. Emerge un nuevo tipo de Estado constituido por los restos de los antiguos Estados Nacionales, cada vez más debilitados, y redes supranacionales que asumen las funciones por ellos abandonadas. Sin embargo, la humanidad ha progresado durante el siglo. Progreso que ha engendrado también la posibilidad de ejecutar la más brutal de las regresiones, aquella de la destrucción global de nuestro planeta. Esta terrible potencialidad del hombre se ha transformado en un peligro vigente por el progreso alcanzado en la producción y manejo de enormes energías naturales.

Hoy parece entonces que una pregunta como la del título carece de todo sentido. Por eso mismo es un desafío interesante que aquí deseamos aceptar desde el horizonte de las ciencias básicas. Pero, como toda pregunta profunda, ella no termina en una respuesta sino que en un árbol de interrogantes que deseo invitarles a recorrer.

Partiendo por el principio

“Si se convierten los cuatro mil quinientos millones de años de nuestro planeta en un solo día, y suponemos que apareció a las doce de la noche, la vida, entonces, nació hacia las cinco de la madrugada y se desarrolló durante el resto del día. Hacia las ocho de la noche aparecen los primeros moluscos. Hacia las once, los dinosaurios, que desaparecen a las doce menos veinte y dejan el campo libre para la rápida evolución de los mamíferos. Nuestros antepasados sólo surgen en los últimos cinco minutos antes de las doce de la noche y se les duplica el cerebro en el último minuto del día. ¡La revolución industrial sólo ha comenzado hace un centésimo de segundo!” ²

¿Cuál es la esencia de la humanidad?¿Será acaso el lenguaje?¿Los actos de comunicación? ¿Un actuar inteligente? Y respecto a esto último, ¿cómo percibimos la inteligencia de los seres humanos?

Ateniéndonos a la evolución de las especies, la humana aparece como la primera de ellas en haber desarrollado una capacidad radical de transformación de la Naturaleza y de sí misma. Esta capacidad se demuestra de manera creciente a medida que el tiempo pasa, con el desarrollo de la ciencia y su incorporación directa en la producción de bienes, en el progreso de las comunicaciones, en las experiencias genéticas. Hoy el hombre posee la terrible capacidad de destruir su propio planeta y toda la vida que en él existe.

Esta capacidad transformadora es también la clave para entender nuestra especie. Es una guía para la comprensión de nuestro mundo y de nosotros mismos. Otras especies se han adaptado a su entorno, introduciendo cambios en él que les permiten habilitar sus moradas, alimentarse y reproducirse.¿Acaso eso no es también transformación? Aclaremos, ¿qué quiere decir “transformación de la Naturaleza y de la propia especie”? Hablamos de una relación en la cual el sujeto que efectúa el acto no se puede separar del objeto transformado y esta relación evoluciona en el tiempo, se trata de un proceso. Queremos decir, en consecuencia que en el caso de la relación de los seres humanos con la Naturaleza, el proceso de transformación ha tenido una calidad, una profundidad distinta de los procesos respectivos desarrollados por las otras especies.

La selección natural operó en la aparición de la especie humana a partir de los australopitecos hace unos tres millones de años, según las investigaciones actuales.³

La vida de estas comunidades prehumanas en regiones de excesiva sequía, producto del desplome del valle del Rift, ocurrido hace siete millones de años en África, produjo mutaciones genéticas: en algunos individuos apareció una pelvis más ancha y menos alta, que les molestaba para caminar en cuatro patas, lo que determinó que adoptaran la posición erguida. Al erguirse, se establece un nuevo tipo de relación de estos animales con la naturaleza. Cambia su forma de alimentarse, su cerebro queda en una mejor posición dentro de la caja craneana, lo que le permite expandirse. De este modo, el estar de pie, la alimentación omnívora, el desarrollo del cerebro, la fabricación de herramientas⁴, resultarían de la adaptación de los australopitecos a un medio más seco. Además ese medio adverso hizo que estas comunidades desarrollaran dos características más que podemos destacar como específicas de la nueva especie, la humana. Ellas son el cooperativismo, cuya primera manifestación es la de compartir alimentos; la segunda, la conciencia de la muerte. Otros cambios morfológicos importantes se reflejan en los pies, con sus dedos paralelos, que le permiten una mayor estabilidad en tierra; aparece también una laringe en posición baja que junto con el establecimiento de las cuerdas vocales, posibilita la instalación de una caja de resonancia entre éstas y la boca, constituyéndose así el aparato emisor de sonidos precursores del lenguaje hablado.

Nuestra especie aparece entonces triunfante del proceso de selección natural con muy distintivas características: su capacidad transformadora que ya está asociada a la fabricación de herramientas, su actividad social manifestada por el sentido cooperativo en la lucha por la sobrevivencia y el desarrollo del lenguaje, uno de sus productos más elaborados.

¿Podríamos entonces afirmar que nos damos cuenta de la inteligencia humana por la calidad de las transformaciones realizadas en la Naturaleza? Y ¿qué papel juega en todo esto el cerebro?

Una vez aparecida la especie humana, su evolución se mueve en otra escala temporal. El tiempo de las mutaciones biológicas es mucho más largo que el de los cambios que sobrevienen en la especie por el desarrollo de su cerebro y su actividad social. Como hace notar Engels⁵,

“También los animales tienen su historia… Pero esta historia se hace para ellos; y en cuanto ellos mismos participan esto sucede sin que lo sepan y sin que lo quieran. Al contrario, los hombres, cuanto más se alejan del animal en el sentido estrecho de la palabra, tanto más hacen ellos mismos su historia conscientes y tanto más el resultado histórico corresponde al fin previamente concebido…

Darwin no sabía cuán amarga sátira escribía él mismo de los hombres y en especial de sus propios compatriotas, al demostrar que la libre competencia, la lucha por la existencia, que los economistas celebran como la más grande conquista de la historia, es el estado normal del reino animal.

Solo una organización consciente… en la cual tanto la producción como la distribución se realizan de acuerdo con un plan, puede elevar a los hombres sobre el resto del mundo animal, elevarlos desde el punto de vista social, humano”.

Y en el discurso que Engels pronunció el 17 de Marzo de 1883 en el entierro de Marx, compara la obra de éste con aquella de Darwin en los siguientes términos:

“Darwin descubrió la ley del desarrollo del mundo orgánico sobre nuestro planeta. Marx descubrió la ley fundamental que determina la historia humana, el simple hecho que, hasta los últimos tiempos se ocultaba bajo la maleza ideológica, el hecho de que los hombres deben en primer lugar comer, beber, tener amparo y vestirse, antes de poder ocuparse de política, de ciencia de arte, de religión, etc., es decir, que la producción de los medios materiales inmediatamente necesarios para vivir…procura la base sobre la cual se desarrollan las instituciones del Estado, los conceptos jurídicos, el arte e incluso las ideas religiosas…Pero Marx descubrió también la ley del moderno modo de producción capitalista, la ley de la sociedad burguesa que de ésta emana. Su descubrimiento de la ley de la plusvalía trajo inmediatamente luz en este campo…Marx descubrió también la ley en la cual se basa nuestro régimen social con su división clasista, con capitalistas y obreros asalariados; la ley que determinó la organización de esta sociedad capitalista, su crecimiento…; la ley por cuya fuerza esta sociedad finalmente perecerá, como perecieron tantas otras sociedades en fases históricas anteriores”.

El perfeccionamiento colectivo de la especie humana

El estudio de la evolución de la especie humana está determinado entonces, en su escala temporal propia, por las leyes que rigen a la vez su perfeccionamiento como individuo y en sociedad. Estos dos aspectos están íntimamente relacionados y son inseparables del movimiento de la especie. Así, la evolución del cerebro humano presenta características que son analizadas por todas las ciencias existentes, y depende de la forma de inserción del individuo en la sociedad; por otra parte, dicha inserción depende profundamente de las capacidades individuales, es decir de la evolución del cerebro.

En este contexto, ¿cómo rescatar los principios generales de una visión evolutiva?¿qué tipo de selección o de “lucha por la existencia” opera en el ámbito de la actual escala temporal de evolución de nuestra especie?

En primera aproximación podríamos distinguir dos ámbitos con funciones selectivas específicas y que interactúan además entre sí, haciéndolas en realidad inseparables del movimiento del hombre:

  • A nivel del cerebro del individuo, se produce una selección entre objetos mentales que funciona por los principios propios de la dialéctica, que encuentra su base natural en el funcionamiento de las neuronas.
  • A nivel de la organización del hombre en sociedad, se produce una selección o lucha por la existencia que sigue las leyes de la lucha de clases.

¿Acaso estas tesis tienen algo de nuevo?¿No corresponden acaso a lo dicho por los clásicos del marxismo hace un siglo atrás? Efectivamente, ya en los textos y correspondencia de Marx y Engels estas ideas estaban presentes. Y es muy importante seguir su evolución en las obras de estos pensadores. Tal como lo hace notar A. Lipschutz , Marx y Engels⁶ debieron hacer un largo camino, no exento de “deslices”, para entender a cabalidad la obra de Darwin. En realidad, mucho más próxima de la visión materialista dialéctica es la tesis evolucionista de Wallace, que permitirá a Engels en la “Dialéctica de la Naturaleza” llegar a una mejor formulación de la posición marxista respecto al sentido que se le debía dar a la “selección natural” y la “lucha por la existencia” de las especies. Justamente esa búsqueda incesante de Marx y Engels, nos enseña que todo concepto es un proceso en la visión materialista, en constante movimiento, y que jamás se llega a una formulación que lo encierre en la jaula de un dogma. Esta característica es reconocida por Lucien Sève en estos términos en 1970:

“El materialismo dialéctico no es ni una síntesis de las ciencias ni una ciencia de las ciencias. No es ni una ontología, en el sentido clásico o “moderno” del término. Tampoco es una síntesis de las formas del conocimiento. Para precisar lo que es, no basta mostrar en qué ayuda a los científicos a cercar y a combatir la ideología que rodea o parasita su práctica específica, es también necesario precisar la relación existente entre el materialismo dialéctico y las investigaciones de los diversos especialistas: matemáticos, físicos, biólogos.”⁷

En el trasfondo de esta cita se puede percibir una alusión al texto político-filosófico de Lenin, “Materialismo y Empiriocriticismo”, considerado durante años como referencia para el debate epistemológico. Pero, sobre todo, hay una clara toma de posición en contra de la visión reductora de Stalin, seguida por Mao, quienes buscaban presentar al materialismo dialéctico como una síntesis de las ciencias.

La necesidad expresada por Sève en un coloquio de científicos y filósofos marxistas, es un llamado doble de plena actualidad: primero, a los filósofos les pide manejar categorías abiertas, en constante evolución; por otra parte, a los científicos, los invita a tomar parte en el debate filosófico que jamás pierde vigencia.

Si es así, ¿qué elemento nuevo podemos agregar a este debate, desde el terreno de las ciencias?¿Sabemos algo más acerca de las formas en que la dialéctica o la lucha de clases se desarrollan?

Las bases naturales de la dialéctica

El movimiento del hombre lleva el sello de funciones básicas de sus células. Las neuronas del hombre tienen funciones selectivas básicas que han sido ampliamente estudiadas durante el siglo. Para ello, seguimos a J.P. Changeux⁸ en su análisis de los llamados objetos mentales que corresponden a interconexiones neuronales que, a modo de rudimentaria aproximación, podemos visualizar como redes o grafos. Changeux propone la siguiente clasificación de los objetos mentales:

  • Las sensaciones (contacto físico de la neurona con el objeto fuera del cuerpo) generan los perceptos primarios. Se trata de un objeto mental en que el grafo de conexión neuronal y la actividad están determinados por la interacción con el mundo exterior.
  • Luego, los perceptos desencadenan estímulos en muchas otras neuronas, que comparan estas señales con otras guardadas en memoria. Aquí interviene un primer proceso de selección, en el cual también actúa el sistema límbico, las emociones, que desemboca en la formación del segundo objeto mental, la imagen. Se trata de un objeto de memoria autónomo y fugaz, cuya evocación no requiere de una interacción directa con el medio externo. Su autonomía no se concibe que si existe un acoplamiento de neuronas del grafo, estable en el tiempo y que preexiste a su evocación. Esta estabilización del acoplamiento es selectiva.
  • El cerebro está constantemente trabajando, “calculando” con sus objetos mentales. Las propiedades asociativas de los objetos mentales les permiten encadenarse, de ligarse de una u otra manera. El concepto aparece como fruto de una actividad asociativa que involucra neuronas de áreas diferentes dentro del cerebro o bien aquellas presentes en áreas motrices o sensoriales múltiples, como el lóbulo frontal, por ejemplo. En otros términos, el concepto es un objeto de memoria que se forma gracias a la asociación de una multiplicidad de imágenes, por el ejercicio reiterado de un mecanismo de selección.

Rescatamos de lo anterior tres aspectos básicos: a) La función de selección de las neuronas que constituye la base de la dialéctica, b) Los mecanismos de asociación que involucran un funcionamiento cooperativo de las neuronas y en que las emociones juegan un papel fundamental, c) La evolución discontinua interna de las objetos mentales que lleva a la formación del concepto, (salto cualitativo, ruptura epistemológica).

La lucha de clases en su actual expresión

La división de la sociedad en clases sigue siendo un concepto vigente en nuestra época, pero, ¿cómo se expresa ella en la actualidad?

Se dice que vivimos en un mundo en que la revolución científico-técnica ha transformado las ciencias en fuerza productiva directa. Lo que se descubre hoy pasa a ser usado en la producción en un plazo mucho más breve que hace diez o veinte años. Las comunicaciones se han visto en particular beneficiadas de manera espectacular, incorporando nuevas tecnologías computacionales, uso de satélites especiales, nuevos materiales como la fibra óptica que desplazó el uso del cobre en los cables. La internet surge como reina ejemplar de estas nuevas tecnologías. Nacida con fines militares, en la época de la guerra fría, mantenida y mejorada en los círculos académicos, la internet invade hogares, comunica personas, educa y vende. Pero además edifica virtualidades. Nos acostumbra a manejar espacios virtuales, seres virtuales, organizaciones virtuales, hasta Estados virtuales.

¿Qué significa esta virtualidad?¿Cómo se compadece ella con el materialismo?¿Será cierto que la humanidad entera haya hecho un “giro lingüístico” (Rorty) que le permita reemplazar su actividad real por un acto virtual?

En efecto, para algunos pensadores actuales, (Habermas, Flores, Maturana), el mundo se rige por acciones comunicativas. Por eso, para ellos, la democracia puede ser entendida en su sentido lingüístico estricto como “auto-nomía” y “auto-legislación”. Para impulsarla, según ellos, bastaría promover el diálogo que desemboque en consensos. Es decir, el Derecho no sería más que la inscripción institucional del consenso. Nos hallamos entonces frente al juego de una racionalidad comunicativa (acuerdo entre las partes) y de una racionalidad instrumental (necesidades impuestas por el sistema). Dicho en otros términos, al reducir las relaciones sociales a actos comunicativos, se cae en la identificación de la democracia con el Estado de Derecho. Esto implica entonces que la política se identifique con la resolución jurídica de los conflictos.

Estamos entonces inmersos en un mundo donde el libre mercado puede funcionar sin ataduras. Todo puede ser transado en el mercado, o, en otros términos, para cada actividad humana se encuentra un mercado. En particular, hay mercados laborales, donde se vende y se compra fuerza de trabajo. Se nos dice que necesitamos unir nuestros esfuerzos para construir un Chile mejor, que necesitamos desarrollar la cooperación. La sociedad requeriría entonces de una cooperación objetiva, pero no se nos dice que ella tiene también una división subjetiva impuesta por quienes detentan el poder. La flexibilización laboral (o pérdida de los derechos de los trabajadores) se impone porque los trabajadores tienen temor a perder su trabajo, pero también porque los patrones ya no tienen miedo a la movilización de los primeros. El sueño de quienes impulsan las acciones comunicativas es un mundo de plena cooperación entre trabajadores para producir y de nula solidaridad de clase.

Las clases como categorías abiertas

Del mismo modo que el hombre es inseparable de su propio movimiento, las clases sociales no podrían ser entendidas como objetos inmóviles. Se trata también de procesos, de categorías abiertas, en constante evolución. Son como ríos cuyos cauces tratamos de descubrir analizando sus afluentes y desembocaduras. Al proceder así, vemos que ellas, como todo otro concepto materialista, no se definen de modo abstracto y aisladas unas de otras. Lo que entendemos como burguesía y como clase obrera asalariada, en el lenguaje de los clásicos del marxismo, es en realidad una relación entre dos clases opuestas en que una funciona preferentemente explotando a la otra. Cada una de ellas no puede ser entendida sin esta relación. Además, la llamada relación de explotación se conecta con la noción de interés de clase que históricamente se ha ligado a otro concepto, el de la conciencia de clase, que en conjunto ayudan a guiar el movimiento de ella en la lucha por el poder político de la sociedad. La expansión transnacional del capital, ligado al fenómeno conocido como mundialización, ha cambiado profundamente la estructura de las clases a nivel mundial. No es posible analizar la actual estructura de clases quedándonos con las caracterizaciones hechas en la época de Marx y Engels. Retengamos algunos aspectos cuya evolución debe ser más cuidadosamente analizada.

Al caracterizar la clase obrera, Marx describe la fuerza de trabajo en los siguientes términos:

“Bajo este nombre es necesario entender el conjunto de las facultades físicas e intelectuales que existen en el cuerpo de un hombre, en su personalidad viva, y que él debe poner en movimiento para producir cosas útiles” ⁹.

¿Cómo entendemos el término “cosas útiles”? Un economista sugeriría de inmediato utilizar el concepto de “valor de uso” de un bien. Pero, deseo invitarles a una reflexión más primaria, a saber, sobre la relación con la Física que tiene la producción de bienes. En la época en que Marx escribió estas líneas, la Física, al igual que todas las otras ciencias, estaba mucho menos desarrollada que lo que hoy está. Si queremos precisar el término usado en la cita, debiéramos en primer lugar volver a la capacidad transformadora del hombre. El trabajo es la transformación organizada de la Naturaleza por parte del hombre, para lo cual la humanidad ha desarrollado útiles y máquinas o ha usado la fuerza física de animales. ¿Cómo medir la evolución de la fuerza de trabajo? El concepto objetivo que nos puede ayudar a comprender la frase de Marx y al mismo tiempo responder a la pregunta anterior es el de energía. En efecto, al trabajar el hombre transforma una forma de energía en otra. Es decir, la llamada fuerza de trabajo es el conjunto de las facultades físicas e intelectuales que existen en el cuerpo del hombre para transformar energía. Desde un punto de vista más estricto aún, dichas facultades son también formas de energía de las más variadas formas. Asimismo, la evolución de la llamada fuerza de trabajo en el curso de la historia puede ser medida por el incremento en la transformación de energía alcanzado por el individuo, que es en realidad una adquisición del conjunto de nuestra civilización. Para verlo mejor, considérese la fabricación de automóviles. Hace un siglo, fabricar los primeros automóviles era una aventura que necesitaba el concurso de muchos obreros y artesanos.

Hoy, se fabrican cientos de automóviles por día en plantas industriales manejadas por un solo operario a cargo de talleres robotizados. Este obrero de hoy usa mucho menos su propia fuerza muscular y mucho más su capacidad intelectual, esta última le ayuda a transformar la energía que se encuentra en forma de electricidad e información en los circuitos impresos de los computadores en energía mecánica capaz de parir los automóviles de su planta. ¿Porqué decimos que él es un obrero?¿No sería más bien un ingeniero o un técnico? Por otra parte, Marx hablaba de “cosas útiles”, ¿cómo interpretamos ese calificativo?

Respondámonos a la segunda pregunta primero. Marx da a entender en esa expresión que el progreso de la humanidad es un concepto dialéctico. Es decir, desde el mismo instante en que postulamos el progreso de la humanidad, el retroceso existe como antítesis. No es que la humanidad evolucione de manera objetiva en el sentido del progreso, sin la intervención de los propios hombres. Por esa razón, el concepto de “útil” al cual se refiere Marx involucra un juicio de valor desde el partido tomado frente a la evolución: se trata de lo útil para el progreso de la humanidad.

Para esbozar una respuesta a la primera pregunta, la interpretamos desde el punto de vista de la relación entre clases. El trabajador del ejemplo, controla una energía mayor y participa también en la organización de la explotación de otros como en la suya propia. Ciertamente él es explotado por el consorcio internacional que lo contrata y esto queda en evidencia por la imposibilidad que él tiene de decidir sobre su trabajo con absoluta prescindencia de sus superiores. Veamos que dice Marx al respecto (10):

“Para que el poseedor del dinero encuentre en el mercado la fuerza de trabajo como mercadería, es necesario que diversas condiciones se cumplan previamente. . El intercambio de mercaderías por sí mismo no implica otras relaciones de dependencia que aquellas que fluyen de su naturaleza. En este contexto, la fuerza de trabajo no puede presentarse como mercadería que si es ofrecida por su propio poseedor. Este debe por consiguiente poder disponer de ella, es decir ser libre propietario de su potencia de trabajo, de su propia persona. El poseedor de dinero y él se encuentran sobre el mercado y entran en relación uno con el otro como intercambiadores al mismo título. No difieren más que en esto: uno compra y el otro vende, y, por esto mismo, son personas jurídicamente iguales.

Para que esta relación continúe, es necesario que el propietario de la fuerza de trabajo no la venda más que por un tiempo determinado, porque si la vende en bloque, de una vez para siempre, se vende a sí mismo, y de libre que era, se hace esclavo, de mercader, mercadería.”

El trabajador de nuestro ejemplo está vendiendo su fuerza de trabajo a un patrón o un conjunto de patrones que se ven progresivamente beneficiados de una acumulación de capital jamás vivida antes. Desde ese punto de vista, no ha cambiado la relación de clase que opone sus intereses a aquellos que se benefician del proceso de acumulación capitalista transnacional.

Vigencia de la contradicción principal

No ha cambiado entonces la contradicción principal entre capital y trabajo observada por Marx hace más de un siglo. El modo de producción dominante sigue siendo el capitalista, en la más moderna de sus versiones. Las experiencias socialistas derrotadas han servido para fortalecer más el proceso de mundialización del capital. Vivimos en una época en que la concentración del poder económico en pocas manos a nivel internacional, amplifica la relación de explotación a escalas inéditas en la historia de la humanidad. Nunca tantos se habían visto explotados por tan pocos. Y esto se logra a través del tejido de una virtualidad que fetichiza las relaciones sociales, ocultando la contradicción principal, dificultando el acceso a la conciencia de clase de la gran mayoría de los trabajadores.

Sin embargo, la dialéctica propia de este desarrollo hace que al mismo tiempo surja la posibilidad de la emergencia del socialismo como antítesis del actual sistema de dominación de clase. Pues para desarrollarse, el capitalismo ha debido tomar a cargo parte de las propias ideas del socialismo para el progreso de la humanidad. Ha enterrado, por ejemplo, formas arcaicas de explotación ligadas a modos de producción obsoletos, como el latifundio en nuestro país. Ha aumentado la internacionalización del trabajo, con el propósito de impedir la disminución tendencial de la tasa de explotación en un solo país, consiguiendo mano de obra más barata en el mercado laboral mundial. Esto lo ha logrado impulsando un aumento explosivo de las comunicaciones entre los hombres. Y así, poco a poco, a través de las redes comunicacionales circulan no sólo las ofertas de productos vendidos en el gran mercado virtual, sino también las noticias, los mensajes, los primeros contactos entre aquellos que desde puntos muy lejanos del planeta comienzan a coordinar sus luchas contra el sistema neoliberal imperante.

El comunismo

Cuando el “Manifiesto comunista” fue escrito hace más de 150 años, Marx y Engels con sus jóvenes ímpetus veían una revolución inminente en Europa. Escribieron un texto que conserva aún vigencia fundamental, si las categorías ahí introducidas se interpretan como conceptos en plena evolución. Es así que hoy debemos responder a la pregunta del título de este artículo explicando no sólo porqué el socialismo es necesario, sino que también precisando la evolución de dicho concepto hacia el comunismo. Es decir, ¿el socialismo del que hablamos es el que se construyó en la Unión Soviética? ¿O es el de Cuba? ¿Tenemos un “modelo de socialismo”? ¿Cuál es su relación con la sociedad comunista?

Para comenzar, la caída de las experiencias socialistas en Europa del Este ha servido para mostrar que la instauración del socialismo no impide el paso a formas más evolucionadas de capitalismo. Asimismo, hemos visto aparecer actividad privada en países socialistas. Algo que es más difícil de ver, es la existencia de formas socialistas de organización de la producción o de servicios en países que han adoptado el modelo económico neoliberal. Es porque estas formas que preludian el futuro sistema, insertas en la vida cotidiana del régimen neoliberal, mantienen con él múltiples lazos que son difíciles de aislar. Sin embargo, la propia organización en red del trabajo, de manera cooperativa y sin jerarquías dictadas por la explotación, sino más bien por la competencia y la experiencia necesarias para realizar una determinada labor, ya habían sido soñadas por los clásicos del marxismo.

Es decir, el comunismo es un proceso dialéctico que obedece a la ley de la “negación de la negación”, o de ruptura epistemológica que cambie el modo de pensar del pueblo. No es una forma final de organización de la sociedad, sino más bien el proceso evolutivo que lleva al mejoramiento pleno de la especie y de su vida colectiva. Ante la explotación internacionalizada, el comunismo es el proceso liberador que debe hacerse cargo de promover un cambio de la correlación de fuerzas en la red ideológica mundial. Es decir, la propia forma en la cual se generan los conceptos a nivel del cerebro individual debe servir de guía para la formación del concepto de socialismo en evolución como parte del comunismo a nivel del cerebro colectivo de una formación social determinada.

Si bien es una necesidad histórica, su advenimiento no está garantizado pues él depende profundamente de la voluntad de los hombres y mujeres conscientes de su capacidad de transformar el mundo en uno mejor. Es decir, quienes impulsamos las formas socialistas de organización de la sociedad lo hacemos porque abrazamos la idea del progreso de la humanidad en el sentido de su desarrollo colectivo, hasta la plena eclosión de las potencialidades individuales en armonía con la naturaleza.

Pero, ¿por qué el comunismo representaría una ruptura epistemológica? ¿No hemos visto acaso regresiones al capitalismo en algunos países, demostrando así que no se había producido ahí un cambio social irreversible en el paso del capitalismo al socialismo?

El comunismo: un inagotable proceso de democratización de la sociedad

Efectivamente, los socialismos derrotados nos dejan muchas enseñanzas. Si bien mucho se progresó en la atención masiva de las necesidades de los ciudadanos de esos países, no se logró, en cambio, asumir el desafío de que el régimen socialista integrara todas las formas de democratización de la sociedad hasta ahora conocidas.

Esta lección nos hace ver que el comunismo debiera ser el proceso de democratización constante de la sociedad. Es decir, toda forma democrática existente bajo el capitalismo preludia el socialismo. Son los signos anunciadores de la nueva sociedad. Esto nos muestra el sentido cotidiano de nuestra lucha: democratizando nuestra sociedad un poco más cada día, estamos involucrados en el inagotable proceso comunista.

Pero el proceso de democratización creciente de la sociedad no transcurre sólo de manera gradual y continua, sino que, tal como lo preveían los clásicos del marxismo, por aplicación de la dialéctica nuevamente, tiene también progresos discontinuos o rupturas. Ellas son necesarias, como ocurre en la organización de la vida: la larva de la mariposa aumenta continuamente su complejidad hasta que se produce el salto en su desarrollo, la ruptura que significa la aparición de la estructura biológica nueva, la mariposa, que lleva en su seno las células de la antigua estructura, la larva.

¿Por qué el comunismo? Porque, entre otras cosas, deseamos cambiar la sociedad en el sentido de su democratización creciente.

El comunismo: una organización de la producción respetando el planeta y la especie humana

“Dominique Simonnet: -¿Cómo caracterizas este cuarto acto? [de la evolución]

Joel de Rosnay: -Se podría decir que estamos inventando una nueva forma de vida: un macroorganismo planetario que engloba al mundo viviente y los productos humanos, que también evoluciona y cuyas células seríamos nosotros. Posee un sistema nervioso propio, del cual Internet sería un embrión, y un metabolismo que recicla los materiales. Este cerebro global, hecho de sistemas interdependientes, vincula a los hombres a la velocidad del electrón y transtorna nuestros intercambios.

-Si mantenemos la metáfora, ¿podemos hablar de una selección, ahora no natural sino cultural?

-Así lo creo. Nuestros inventos son los equivalentes de las mutaciones. Esta evolución técnica y social avanza mucho más rápido que la evolución biológica darwiniana. El hombre crea nuevas “especies”: el teléfono, el televisor, el vehículo, el ordenador, los satélites… (…)

-No es fácil, sin embargo, olvidar el tiempo y la tan breve duración a que nosotros, los seres humanos, estamos obligados. ¿Tiene algún porvenir todavía el individuo si debe integrarse, como una célula, en un conjunto planetario que lo supera?

-Por supuesto. Y es más, creo que se puede perfeccionar. Las células, en sociedad, acceden a una individualidad mayor que si están aisladas. La etapa de macroorganización incluye riesgo de homogenización planetaria, pero también gérmenes de diversidad. Mientras más se globaliza el planeta, más se diferencia.

-Describes la sociedad actual como biólogo, y hablas de evolución, cerebro, mutaciones…¿No estás confundiendo metáfora y realidad?

-A partir de la biología no se puede deducir una visión de la sociedad. Lo contrario conduce a ideologismos inaceptables. La biología, en cambio, puede irrigar nuestra reflexión. Las metáforas mecánicas, los engranajes y relojes, dominaron el principio de este siglo. Ahora resultan más pedagógicas las metáforas del organismo, a condición de que no se las considere al pie de la letra. El organismo planetario que creamos está exteriorizando nuestras funciones y sentidos: la vista mediante la televisión, la memoria mediante los ordenadores, las piernas mediante los sistemas de transporte…Pero permanece la gran pregunta: ¿vamos a vivir en simbiosis con él o nos convertiremos en parásitos que destruirán al anfitrión que nos sostiene, lo que nos conduciría a graves crisis económicas, ecológicas y sociales?

-¿Y cuál es tu predicción?

-Estamos extrayendo actualmente, en beneficio propio, recursos energéticos, informaciones, materiales; y tiramos los desechos al entorno. Empobrecemos de manera creciente el sistema que nos sostiene. Somos parásitos unos de otros, pues hay algunas sociedades industriales que frenan el desarrollo de otras. Si continuamos por esta vía, vamos a terminar como parásitos de la Tierra.

-Qué hacer para evitarlo?¿Conservar el planeta?

-No se trata, como quizás lo desean algunos ecologistas nostálgicos, de clausurar la variedad de lo viviente en recintos cerrados, en reservas; se trata, más bien, de buscar la armonía entre la Tierra y la tecnología, entre ecología y economía. Para evitar las crisis, deberíamos aprender las lecciones de los conocimientos acerca de la evolución que acabamos de relatar. Comprender nuestra historia puede dar la perspectiva necesaria, una dirección, un “sentido” a lo que hacemos y, sin duda, nos puede dar mayor sabiduría. Por mi parte, creo en el crecimiento de la inteligencia colectiva, en un humanismo tecnológico. Y tengo la esperanza de que, si queremos, vamos a poder encarar con serenidad la próxima etapa de la humanidad”(11) .

El comunismo, al hacerse cargo de la democratización permanente de la sociedad como vehículo para lograr el desarrollo de la humanidad, no puede desoír el llamado de los científicos que alertan sobre el peligro que corre el planeta por la depredación que nuestra especie ha realizado. El control de enormes fuentes de energía que nos han hecho progresar, no es garantía sine qua non de que ellas no sean utilizadas con fines destructivos. Lo más depurado de la conciencia humana busca preservar nuestro entorno natural, pero choca con los intereses a corto plazo que representa un sistema económico basado en la explotación del plustrabajo y la plusvalía.

La regulación de las diversas formas de propiedad surgidas en el curso del desarrollo social, con el propósito de edificar una economía al servicio de las necesidades humanas, no puede edificarse en un sistema económico que promueve prácticas de competencia propias del llamado “darwinismo social”. En efecto, entre los defensores del neoliberalismo hay quienes se ufanan de aplicar los principios de “selección natural”, válidos a la escala de la supervivencia biológica de las especies, en la economía de mercado. Esta forma de encarar las relaciones sociales degrada al hombre llevándolo a encarar la vida en la forma en que, hace tres millones de años, debieron enfrentarla los homínidos para dar origen a nuestra especie. Esta imagen que subyace en la mente de los sectores más dinámicos del capitalismo actual determina una actitud depredadora generalizada de quienes tienen el poder económico. Poco a poco aumenta la conciencia planetaria respecto a este problema estructural del capitalismo.

¿Por qué el comunismo? Porque queremos que nuestra especie aumente sus capacidades individuales, al aumentar su poder mental dado por una mayor proporción de interconexiones neuronales, lo que significa un progreso de la vida planetaria en la mejor armonía posible. Somos parte de la vida y a ella nos debemos, con todas sus manifestaciones, con toda su diversidad. Queremos el comunismo como expresión del más elevado humanismo.

El comunismo: una concepción de vida

Este comunismo que queremos, en suma, es más que un simple cambio de orientación económica. Toca a la estructura íntima del ser humano, a la estructura íntima de la vida planetaria. En nuestra época, este comunismo que queremos es un proceso en construcción, que se hace cargo de la continuidad de la vida, del desarrollo de la especie humana hasta su realización máxima. Es entonces una forma de vida cuyo progreso solo puede terminar al producirse el salto que dé origen a una nueva especie. Aquello que Guevara metaforizaba en el Hombre Nuevo.

El comunismo se asegura en cada paso que damos por liberar al hombre de sus ataduras: aquellas impuestas por un sistema de explotación, como aquellas que nuestra propia ignorancia fabrica. ¿Por qué el comunismo? Porque queremos individuos que vayan mejorando en un proceso inagotable desde ya, lo que supone el crecimiento personal a escalas nunca antes vistas, en armonía con la sociedad. Queremos cambiar la sociedad cambiando al mismo tiempo la forma de pensar del hombre, liberándolo de todas las trabas que le impiden acceder a su máxima potencialidad. Y este comunismo ya vive no sólo en formas de organización que lo preludian, sino que en todos los hombres y mujeres que lo construyen en sí mismos en su lucha cotidiana.

Notas

1 Doctor de Estado (U. De Paris) en Matemáticas, Profesor Titular de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

2 H.Reeves, J. De Rosnay, Y. Coppens y D. Simonnet, La más bella historia del mundo, 2a.ed. Andrés Bello, 1997, p. 63

3 H.Reeves, J. De Rosnay, Y. Coppens y D. Simonnet, op.cit.

4 La fabricación de herramientas que aparece en los homínidos es citada por A. Lipschutz en su propuesta de 4 distinguir al “Homo Opífex” como una subclase del “Homo Sapiens”, cf. A. Lipschutz, Seis ensayos filosóficos marxistas, Ed. Andrés Bello, 1970, pp.145 a 152.

5 Engels, Dialéctica de la Naturaleza.

6 Lipschutz, Biología Darwiniana y Sociología Marxista, en Seis ensayos filosóficos marxistas, op. Cit.

7 Sève, Prérapport sur la dialectique. CERM (1970).

8 J.P. Changeux, L’Homme neuronal, Fayard, 1983.

9 Marx, Le Capital, livre premier, Tome I, Cap. VI, p. 170, Ed. Sociales, Paris, 1975. (El subrayado es nuestro).

10 Marx, op.cit. p. 171.

11 H.Reeves, J. De Rosnay, Y. Coppens, D. Simonnet, op.cit.

Anuncios

¿El arribo histórico de la naturaleza? (Marx, Gramsci y Pasolini). Pablo Aravena Núñez

 

Pablo Aravena Núñez

Historiador

Director del Instituto de Historia y Ciencias Sociales

de la Universidad de Valparaíso

En el presente texto me propongo colocar en tensión un postulado fundamental de la crítica historicista y del pensamiento de izquierda, postulado que se puede plantear en la siguiente tesis: la representación de las relaciones sociales bajo la forma de leyes de la Naturaleza constituye la estrategia principal en la producción de hegemonía. Mientras los grupos dominantes y los dominados se encuentren en esta verdad del sentido común de una época, tendremos asegurada la reproducción de las mismas relaciones de dominación. Frente a esto el intelectual comprometido debe iniciar el desmontaje de dicha visión de mundo –la crítica de aquel consenso– para mostrar cómo lo que se nos presenta como natural en realidad ha sido obra tanto de la acción humana como de la contingencia, es decir de la historia. Provisto de este saber ahora se podría comprender de otro modo la realidad: entenderla “abierta” a la acción transformadora y al futuro. (Si el actual estado de mundo ha sido creado históricamente, entonces históricamente será transformado). Así la correcta comprensión da paso a una acción que ya no es pura reproducción de lo mismo.

 Algunos ya reconocerán en esta síntesis apresurada unas ideas que van de Marx a Gramsci y más allá, de Lukacs a Benjamin o a Ernst Bloch. Pero ¿Por qué revisar hoy tal postulado? ¿Han desaparecido las relaciones de dominación acaso? ¿Aquella operación crítica ya dio todo lo que podía dar? ¿Acaso la producción de hegemonía cultural –en plena era de los medios– no está a la orden del día? Claramente la dominación sigue existiendo, solo que ha cambiado considerablemente sus formas y métodos, y esto la hacer transformarse por completo, pues la dominación no es más que formas y métodos. Pero también parece haber cambiado –o estar cambiando a un ritmo acelerado– otro “elemento” del postulado: lo que habíamos llamado hasta aquí “el hombre” o “la humanidad”. Y aunque hay buenos motivos para alejarse de inmediato de todo lo que a estas alturas se nos trate de vender con el prefijo “post”, pediría un momento de atención para detenernos en algunos aspectos de lo que se ha llamado hoy “lo posthumano”.[1]

 Aquí mi propuesta es que vale la pena detenerse en ello, dado que muchos rasgos de la dominación que habitualmente le achacamos al capitalismo, o al neoliberalismo, –y que por lo tanto damos por pasajeros… siendo cosa de cambiar el modelo– son además rasgos (pautas de comportamiento, nuevas operaciones mentales y abandono de otras, etc.) que nos acompañarán por bastante tiempo, pues constituyen adaptaciones o respuestas a nuevos artefactos y soportes materiales creados por el propio hombre (el ejemplo más habitual es el efecto transformador que tienen sobre nosotros los nuevos medios y tecnologías de la información). Puede sonar tremendista, pero basta con que nos representemos cómo es que esa tecnología que alguna vez fue la escritura generó nuevas relaciones sociales y construyó lo que se conoce como “el sujeto moderno”.

Hemos entrado en un acelerado ritmo de cambio a este respecto. La presencia a nivel íntimo de las nuevas tecnologías –lo que ha sido posibilitado por la economía de consumo– refuerza su eficiencia transformadora sobre nuestra antigua humanidad. Si todo esto es así –y me parece que hay buenas razones, como últimamente expresiones locales para considerarlo–, no solo se justifica la revisión del postulado definido al comienzo, y con él la pregunta por el rol la crítica historicista hoy, sino también que se justifica pensar la pregunta por el modo de plantear la emancipación.

 El objeto de este breve texto (brevísimo para problemas tan grandes) es tan solo promover la apertura a considerar la necesaria revisión de un planteamiento que hemos heredado como “fundamento” quienes nos reconocemos dentro de la tradición emancipatoria.

El postulado

No hay historicismo sin humanismo. El postulado acerca de que nuestro orden social presente es “artificial” (artificio humano), y que por lo tanto es modificable humanamente no puede surgir sin que antes surja la idea de libertad humana, sin la idea de un hombre que no es puramente creatura natural y que por lo tanto ya no se halla sometido a los designios y regularidades de la Naturaleza. En efecto en Grecia no surgió la historia hasta que no se inventó la idea de libertad en el contexto de la invención de las instituciones democráticas de la Polis. Así mismo no surge la posibilidad del concepto moderno de historia sin las formulaciones previas del humanismo italiano, que en su versión más radical postulaba la inexistencia de una “naturaleza humana”. Así sostenía a fines del siglo XV Giovanni Pico della Mirandolla (condenado por herejía en 1488) en su Discurso sobre la dignidad del hombre:

 “No te he dado ¡oh Adán!, ni un lugar determinado, ni una fisonomía propia, ni un don particular,   de modo que el lugar, la fisonomía, el don que tu escojas sean tuyos y los conserves según tu voluntad y tu juicio. La naturaleza de todas las otras criaturas ha sido fijada y se rige por leyes  prescriptas por mí. Tú, que no estás constreñido por límite alguno, determinarás por ti mismo los límites de tu naturaleza, según tu libre albedrío, en cuyas manos te he confiado. Te he colocado en  el centro del mundo para que desde allí puedas examinar con mayor comodidad a tu alrededor qué  hay en el mundo. No te he criado ni celestial, ni terrenal, ni mortal ni inmortal para que, a modo de  soberano y responsable artífice de ti mismo, te modeles en la forma que prefieras”.

Lo que se ha identificado usualmente como pensamiento conservador o tradicionalista se aplica justamente a la negación de éste postulado antropológico. Para este tipo de pensamiento la libertad humana es más bien fruto de una comprensión errónea de la realidad: el hombre está determinado por su naturaleza, su pasado y las condiciones geográficas y climáticas que forjan en él un carácter, carácter que sería la expresión de un espíritu en común, que sería a su vez el sustento de la idea de nación (en su acepción pre-revolucionaria). La inteligencia de un gobernante consistiría en descubrir las leyes que necesitan y calzan con un determinado carácter, de lo contrario la sociedad entraría en un proceso autodestructivo. (Véase por ejemplo los razonamientos de Montesquieu en El espíritu de las leyes)

En contrapartida los momentos revolucionarios de la modernidad (en su mayoría burgueses) fueron también momentos discursivamente de un humanismo radical. Humanismo que solía extinguirse junto con el fervor del momento revolucionario para dar paso a alguna versión matizada de determinismo. No otro es el origen de la idea de “ley de la historia”, forjada por el Partido Socialdemócrata alemán y que legitimó ideológicamente su traición a la revolución social. Una caricaturización del pensamiento de Marx –tanto como los manuales– han ligado esta idea al “marxismo” (así, genéricamente, como solía hablar Popper). Pero en realidad es una idea absolutamente extraña al pensamiento de Marx y su filosofía de la praxis.[2] Sin ser precisamente un humanista, Marx ejerció una crítica radical a la aplicación de la idea de Naturaleza para dar cuenta de la humanidad y las realidades históricas. Así se puede leer por ejemplo en su Miseria de la filosofía (1847):

“Los economistas tienen una manera singular de proceder. Para ellos no hay más que dos clases de  instituciones: las del arte y las de la naturaleza. Las instituciones del feudalismo son instituciones artificiales, y las de la burguesía son instituciones naturales. En lo cual se parecen a los teólogos, que establecen también dos clases de religiones: toda religión que no es la de ellos es una invención de los hombres, al paso que su propia religión es una emanación de Dios. Al decir que las relaciones actuales –las relaciones de la producción burguesa- son naturales, los economistas dan a entender que son relaciones dentro de las cuales se crea la riqueza y se desenvuelven las fuerzas productivas con arreglo a las leyes de la Naturaleza. Luego esas relaciones son, a su vez, leyes naturales independientes de la influencia de los tiempos; son leyes eternas que deben regir siempre la sociedad. De suerte que la Historia ha existido, pero ya no existe. Ha habido Historia, puesto que    han existido instituciones feudales, y en esas instituciones se encuentran relaciones de producción enteramente distintas de las de la sociedad burguesa, que los economistas pretenden dar por naturales, y por lo tanto, eternas”.[3]

Consecuentemente, en La ideología alemana (1848), Marx funda la “ciencia de la historia” como una “ciencia total”. Todo es historia, y todo aquello que no se nos presente como histórico debe ser historizado. Sin este tipo de comprensión no hay posibilidad de acción revolucionaria. Los hombres que así comprenden la realidad son los únicos capaces de emprender una acción histórica: la revolución. La historia es un saber revolucionario en tanto libera a los hombres de la idea de que están sujetados o determinados por unas fuerzas puramente externas. Así la ciencia de la historia se convierte en un saber garante de la historicidad humana, es decir, la historia es el saber que nos recuerda no solo lo pasado, sino que somos producto de ese pasado que construyeron otros hombres y que somos productores de un presente que será el pasado de otros hombres en un futuro. De esta manera el carácter crítico del saber histórico puede que comience como pura interpretación, pero sólo se realiza como acción transformadora. La historia es un saber que despierta la potencia de la acción humana en cada presente. Es sobre este mismo atributo del saber histórico que vuelve Gramsci a inicios del siglo XX en lo que conoceríamos después como sus Notas sobre Maquiavelo:

“La innovación fundamental introducida por la filosofía de la praxis en la ciencia de la política y de la historia es la demostración de que no existe una naturaleza humana abstracta, fija e inmutable (concepto que deriva del pensamiento religioso y de la trascendencia), sino que la naturaleza humana es el conjunto de relaciones sociales históricamente determinadas, es decir, un hecho histórico verificable, dentro de ciertos límites, con los métodos de la filología y de la crítica”.[4]

Es esta herencia la que recoge como fundamento el marxismo del siglo XX en sus variantes más interesantes. Pero también es este planteamiento crítico el que permitirá fundar un atributo principal del Sujeto moderno: su “conciencia histórica”, entendida como la capacidad de levantar y tramar con sentido un número cuantioso de datos de la realidad para trazar un plano de la acción futura con reales posibilidades de realización, articular la conciencia histórica era ser capaz de una caracterización de las estructuras subyacentes, o de la porción del pasado, que nos explica y determina a la vez, y que nos proporciona materiales para crear lo nuevo ajustado al límite de lo posible. Estamos entonces de lleno en el campo de la política, de la construcción de proyectos y estrategias, y no en la dimensión utópica entendida como mero deseo de un futuro otro.

Como se verá se trata de una elaboración teórica de las más significativas de los últimos siglos, equivalente al giro copernicano planteado por Kant (de hecho son planteamientos que surgen por la misma época). Pero aquí nuestra hipótesis es que tal elaboración podría haber entrado en su fase de caducidad. ¿Por qué? Fundamentalmente por la no disponibilidad de a) la idea de hombre y b) la idea de mundo supuestas en el planteamiento historicista.

El historicismo descansa en una idea moderna de hombre, con la que creo ya no contamos –más allá si se estima deseable o no. Esa idea se correspondía con la idea de Sujeto moderno, que se caracteriza por dos potencias: la razón, o su capacidad intelectiva, que gobierna su otra potencia: su capacidad de acción, la que transformadora la naturaleza. Es precisamente lo que queda plasmado muy tempranamente en la iconografía moderna con la recurrencia al ojo y la mano: las dos capacidades que definen la humanidad moderna son la de su poder para penetrar intelectivamente la realidad y, con ese saber, volver sobre ella para construir un mundo a su imagen y semejanza.[5] Lo que planteo, por ahora, no es tanto que estas capacidades no sean posibles ya en el hombre, sino que han pasado a un estado de “latencia”, pero no por un cierto aletargamiento ideológico inducido, sino que desprendido de la verificación de una alteración de la composición y comportamiento del mundo.

Aunque la idea de mundo del historicismo asumía el carácter dinámico de la realidad, suponía implícitamente una velocidad más o menos estable de los cambios. La aceleración era excepcional y solo experimentable por o en la revolución, entendida ésta como “salto histórico” (la idea de que una revolución nos podía “ahorrar” siglos de historia). Pero hoy asistiríamos a un mundo en donde la velocidad ha aumentado al extremo de superar la velocidad manejable y representable por el hombre del humanismo, pareciera ser que lo que era excepcional se ha incorporado como rasgo de una nueva realidad, una realidad que es pura aceleración.

El ojo ya no ve, y la mano ya no hace si no puede ver. Pero, ¿a qué se puede deber esta extrema aceleración?

Abreviadamente: el tiempo de la historia era también el tiempo de un tipo de capitalismo que no se corresponde demasiado con el comportamiento del capitalismo de la crisis de mediados de los setenta para acá. Un capitalismo cada vez menos productivo y cada vez más financiero, del consumo y los servicios. Y este capitalismo no solo hace mundo sino que produce su propia humanidad.

Vivimos en una discontinuidad que vuelve inútil una porción importante de pasado, aunque no todo. Lo difícil es discriminar qué es lo que continúa y qué es lo que ya caducó. ¿Podemos seguir enfrentando las nuevas realidades históricamente?

Una duda angustiante

El problema con el historicismo en nuestro tiempo –ahora se puede ver– es que seguiría insistiendo con un dudoso relato: allí donde los hombres y mujeres se representan las relaciones de explotación como naturales se pretende arbitrariamente detener la historia para la dominación, luego el intelectual crítico viene, saca la sábana al fantasma y la historia sigue. Pero, y esta es mi pregunta, ¿qué pasaría si la verdadera novedad de hoy fuera el que el mundo ha devenido ahistórico, que si bien este estado de mundo pudiera haber sido un fenómeno producido humanamente,[6] se nos hubiera escapado de las manos y ya no fuera modificable humanamente, al menos como tal como había pasado otras veces en la historia? ¿Se puede plantear algo así sin ser conservador, sin haber abandonado la tradición crítica?

¿No nos estaremos asomando a un tipo de novedad radical que no se puede captar ya con la crítica historicista, una novedad que por indeseable no sería menos real? La crítica historicista, de “crítica” ¿no pasaría ahora a encubrir un nuevo rasgo de la realidad?

Marx, Gramsci. Pero ahora Pasolini:

“Es cosa sabida que cuando los “explotadores” (por medio de los “explotados”) producen mercancías, producen en realidad humanidad (relaciones sociales).

 Los “explotadores” de la Segunda revolución industrial (también llamada Consumismo; es decir: grandes cantidades, bienes superfluos, función hedonista) producen nuevas mercancías; de modo que producen nueva humanidad (nuevas relaciones sociales).

 Ahora bien: durante los casi dos siglos de su historia, la Primera revolución industrial produjo siempre relaciones sociales modificables. ¿La prueba? La prueba viene dada por la substancial certidumbre de la modificabilidad de las relaciones  sociales de quienes luchaban en nombre de la alteridad revolucionaria […]

Pero ¿y si la Segunda revolución industrial -mediante las posibilidades nuevas, inmensas, de que se ha dotado- produjera en lo sucesivo “relaciones sociales” inmodificables? Ésta es la gran y quizá trágica cuestión que planteo hoy. Pues tal es, en definitiva, el sentido del aburguesamiento total que se está produciendo en todos los países: definitivamente en los grandes países capitalistas, y dramáticamente en Italia.

Desde este punto de vista, las perspectivas del capital parecen de color de rosa. Las necesidades inducidas por el viejo capitalismo eran, en el fondo, muy parecidas a las necesidades primarias. Por el contrario, las necesidades que el nuevo capitalismo puede inducir son total y perfectamente inútiles y artificiales. He aquí por qué a través de ellas el nuevo capitalismo no se limitará a cambiar históricamente un tipo de hombre sino a la humanidad misma”.[7]

Si no se trata del arribo histórico de lo natural, al menos si se trataría hoy de la toma de conciencia –desilusión mediante– de que los cambios demorarán mucho, de que las estructuras históricas son bloques que podemos aspirar a modificar cuando ellos mismos se resquebrajan, que la transformación social pocas veces es algo inminente, que nuestra educación en los códigos de la publicidad, la velocidad del consumo y el inmediatismo del goce hedonista nos hacen menos sensibles a los análisis de largo aliento, a confrontar “la historia en grande” (Kant) con la escala del individuo.


[1] Sobre este fenómeno en particular y los planteamientos posthumanistas la bibliografía es extensa. Por motivos de espacio remitiría por ahora solo a la obra de Rosi Braidotti, Lo posthumano, Barcelona, Gedisa, 2015. Acaba de aparecer en nuestro medio el libro de Adriana Valdés, Redefinir lo humano: las humanidades en el siglo XXI, Universidad de Valparaíso, 2017. Ver también los postulados sobre los límites de la escala humanista de la historia en Sergio Rojas, El arte agotado, Santiago, Sangría, 2012. Creo insoslayable, sobre la relación del neoliberalismo con las nuevas tecnologías, fármacos y la producción de nueva humanidad, la obra de Byl-Chul Han, principalmente sus libros: Psicopolítica, La sociedad del cansancio, La sociedad de la transparencia y El aroma del tiempo (todos publicados en la colección Pensamiento Herder dirigida por el filósofo español Manuel Cruz). Existen interesantes postulados a este respecto también en la obra de Bruno Latour, para una primera aproximación a sus ideas en este orden es útil su entrevista: “No estaba escrito que la ecología fuera un partido”, El País, Madrid, 25 de marzo de 2013.

[2] Ver el reciente libro de Osvaldo Fernández, De Feuerbach al materialismo histórico: una lectura de las tesis de Marx, Concepción, Perseo / Escaparate Ediciones, 2016.

[3] Marx, Karl, Miseria de la filosofía. Contestación a la “Filosofía de la miseria” de Proudhom, Navarra, Ediciones Folio, Navarra, 1999.

[4] Gramsci, Antonio, Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno, Buenos Aires, Nueva Visión, 2004.

[5] Al respecto ver Luis Villoro, Pensamiento moderno. Filosofía del renacimiento, México, Fondo de Cultura Económica, 2010.

[6] Se recordará acá la reflexión de Heidegger sobre la técnica.

[7] Pasolini, Pier Paolo, “Intervención en el congreso del partido radical”, en Cartas luteranas, Madrid, Trotta, 2010, pp. 174-175.

 

Fuente del artículo aquí

Nuestro Lenin. Por Gonzalo Ossandón Véliz

 

A próposito del centenario del triunfo de la Revolución Bolchevique.

A próposito de la publicación del libro «¿Qué Hacer?» por la Editorial Popular La Pajarilla.

 

Vladimir Ilich vió por primera vez el sol un 22 de abril de 1870 en la paupérrima ciudad de Simbirsk a orillas del Volga. De familia numerosa, ocupó el cuarto lugar de los seis hermanos que la integraban. Su padre se desempeñó como inspector de enseñanza primaria, lo que le permitió conocer en detalle las condiciones miserables de vida que asolaban al campesinado ruso, es por ello que estaba profundamente sintonizado con las ideas democrático-revolucionarias de su época. La madre, que gustaba de las artes y la música fue la encargada de la formación escolar de sus hijos.

Criado en ese ambiente, prematuramente se destacó por ser metódico y estudioso, asiduo a las lecturas prohibidas y al ajedrez forjó su pre-adolescencia en un contexto de brutal represión absolutista y en donde la lectura de los autores democráticos era considerada un delito.

Cuando estaba a un mes y medio de celebrar sus 17 años, un grupo de jóvenes anarquistas atenta contra la vida del zar Alejandro III. Lamentablemente dicha acción no alcanzó a cumplir su objetivo y los responsables fueron encarcelados. Entre los involucrados que fueron condenados a muerte figuraba Alexander Uliánov -hermano mayor de Lenin y culpable de haberle presentado e incentivado a leer El Capital de Marx- quien fue ahorcado por su osadía.

La familia devastada no solo por la muerte del primogénito sino también -meses después- por la del padre, tuvo que trasladarse hasta la aldea de Kokuchkino en las cercanías de Kazán, ciudad en donde inició sus estudios de derecho y donde participó en las protestas contra el régimen autocrático.

Una vez que fue expulsado de la Universidad, se dedicó por completo al estudio riguroso de las obras de Marx leyéndolas directamente del alemán. En 1889 la familia nuevamente se ve obligada a trasladarse, ahora a la provincia de Samara, en donde después de mucha insistencia consigue continuar con sus estudios en leyes, lo que le permite graduarse tres años más tarde con destacadas calificaciones. Es así como empezó a ejercer la abogacía entre campesinos y artesanos pobres.

Carente de elegancias y cortesías, sencillo y practicante de una certera puntualidad. Su anatomía se caracterizaba por su estatura mediana, de pera y bigote, de calvicie prematura y de rasgos mongoles; sus pómulos generosos y sus ojos entrecerrados le facilitaban su distinguida mirada alegre. De hecho, un periodista británico de la época -del Manchester Guardian-, precisamente le llamó la atención esta característica de él: “(…) respira alegría: cada arruga suya ha sido trazada por la risa, no por la preocupación.”[1]

Hombre feliz, líder bolchevique, personaje histórico, revolucionario universal, son algunos de los adjetivos calificativos empleados por el peruano José Carlos Mariátegui para referirse al ruso, quien además aseguraba que poseía una voluntad poderosa y “(…) una facultad asombrosa para percibir hondamente el curso de la historia y para adaptar a él la actividad revolucionaria”.[2]

Organizador incansable, participó en la creación de bibliotecas, programas de estudio y cooperativas de ayuda, periódicos y revistas entre las que destaca La Chispa (Iskra) –la que nace junto al siglo XX- y La Verdad (Pravda), diario obrero que aparece el año doce del nuevo siglo.

A inicios del 1919 convoca a una nueva Internacional: “Lenin ha sostenido un duelo resonante con los teóricos de la Segunda Internacional: Kautsky, Bauer, Turati (…) Lenin es el caudillo de la Tercera Internacional. El socialismo, como se sabe, está dividido en dos grupos: Tercera Internacional y Segunda Internacional. Internacional bolchevique y revolucionaria e Internacional menchevique y reformista.”[3]

Mariátegui realizó un certero relato histórico sobre el desarrollo de las distintas Internacionales y el rol que éstas cumplieron en la organización del proletariado mundial en un breve artículo titulado “Zinoviev y la Tercera Internacional”. En dicho escrito, entre otras cosas, señala que: “La Segunda Internacional está totalmente saturada de preocupaciones democráticas. Corresponde a una época de apogeo del parlamento y del sufragio universal. El método revolucionario le es absolutamente extraño.”[4] Es por ello que culmina definiendo que “(…) la Segunda Internacional fue una máquina de organización y que la Tercera Internacional es una máquina de combate”[5]    

Podríamos entonces aseverar con total seguridad que todas aquellas instancias que impulsó Lenin contenían en sus entrañas el espíritu revolucionario y la consciente necesidad de contribuir a la formación de cuadros obreros, propagandistas y a organizadores de revoluciones. Pese de haber escrito un montón de libros, no es un teórico. Es más bien un realizador.

Su posición ante la primera Guerra Mundial, es otro aspecto a destacar de quién ha sido catalogado –con modestia aparte- como uno de los más geniales de su época[6]. En el Congreso de Stuttgart, Lenin junto a Rosa Luxemburgo plantearon que el proletariado mundial debe por todos los medios impedir la guerra, y a la vez hacer uso de todas sus fuerzas para que la crisis que se desate de ésta se convierta en favorable para el desarrollo de la revolución: Transformar la guerra imperialista en guerra civil. La guerra no era más que una lucha por los mercados entre potencias burguesas e imperialistas, no es la lucha de los explotados. Y cual fuese su resultado, sólo hambre y miseria contribuiría a la clase obrera.

Pese a este escenario bélico, una vez más Lenin revitaliza las fuerzas revolucionarias mundiales al escribir su célebre obra El Imperialismo, fase superior del Capitalismo. En donde, entre otras cosas, reivindica la alternativa revolucionaria en Rusia empleando dialécticamente para argumentar aquello las categorías de análisis postuladas por Marx. A pesar de que testas más dogmáticas de su época realizaran una lectura e interpretación más manualizada y calcada de lo propuesto por el maestro alemán de frondosa barba.

Esta actitud iconoclasta e irreverente es advertida por el sardo Antonio Gramsci a días de iniciar el 1918, al aseverar que el triunfo de la revolución bolchevique: “(…) Es la Revolución contra El Capital, de Carlos Marx. El Capital, de Marx, era en Rusia el libro de los burgueses más que el de los proletarios. Era la demostración crítica de la fatal necesidad de que en Rusia se formara una burguesía, empezara una Era capitalista, se instaurase una civilización de tipo occidental, antes de que el proletariado pudiera pensar siquiera en su ofensiva, en sus reivindicaciones de clase, en su revolución. Los hechos han superado las ideologías.” [7]

Y cómo no. Si Lenin –junto al pueblo ruso- se atreve a la osadía, despojándose de los dogmatismos cuasireligiosos y encuentra en Marx, lo que otros también descubrieron después; el método dialéctico del materialismo histórico que propone una praxis revolucionaria: “Su dialéctica es una dialéctica de combate, sin elegancia, sin retórica, sin ornamento. No es la dialéctica universitaria de un catedrático sino la dialéctica desnuda de un político revolucionario.”[8] Es como si hubiese hecho caso a la sugerencia realizada por el Amauta Mariátegui muchos años después de la muerte de Lenin: “La herejía es indispensable para comprobar la salud del dogma”[9]

Hombre de pensamiento y acción lo definía el sardo: “Lenin ha consagrado toda su vida a la causa del proletariado: su aportación al desarrollo de la organización y a la difusión de las ideas socialistas en Rusia es inmensa. (…) su fuerza está en su carácter moral; la popularidad de que goza entre las masas obreras es homenaje espontáneo a su rígida intransigencia con el régimen capitalista.”[10]

Poseedor de la virtuosa capacidad de dar realidad a su pensamiento y a su acción[11]. Y la verdad es que la historia confirma que dichas aseveraciones no exageran en lo más absoluto; a fines del siglo XIX, en lo que es considerada su primera obra El desarrollo del capitalismo en Rusia, afirma que su país semifeudal avanza decididamente hacia el capitalismo y rompiendo con toda clase de determinismos, revisionismos, economicismos y reformismos, se adelanta a sus tiempos y asume la necesidad de crear un partido revolucionario.

Es por esto que el ¿Qué hacer? es considerada una de sus más importantes obras, en ella sostiene la necesidad de crear una organización revolucionaria compuesta por cuadros profesionales, disciplinados, capaces de tomar las decisiones centralizadamente, y asumir así una actitud ofensiva en los procesos de lucha y liberación del pueblo ruso. El Príncipe moderno diría Gramsci años después desde una cárcel italiana. En otras palabras, convertirse en un solo puño de combate, inteligente y audaz, capaz de derribar cualquier tipo de imperialismo, sea este monárquico o burgués.

Hombre plenamente dueño de sí mismo y poseedor de lucidez, fue capaz de conducir al pueblo ruso a la abolición de la incipiente explotación capitalista, conquistar el poder y crear un nuevo Estado –la dictadura del proletariado- basado en los soviets, órgano de democracia obrera y campesina asociada por comunas.

Mucho nos queda a los explotados y oprimidos de todo el mundo por aprender del coraje, atrevimiento y astucia de la hazaña protagonizada por el heroico pueblo ruso que hace una centuria de distancia estremeció al mundo entero y confirmó que la felicidad plena y la liberación del yugo de la explotación capitalista no es una quimera sino más bien una necesidad que precisa convertirse en real.

¿Críticas? Claro que las hay, de no ser así no estaríamos empleando la dialéctica para comprender la historia. Lo importante es desarrollar ese ejercicio crítico y reflexivo de uno de los procesos históricos más trascendentales del siglo pasado, y hacerlo útil para las inquietudes de nuestro presente. En eso consiste nuestra provocación como Editorial Popular La Pajarilla al publicar el ¿Qué Hacer?

Pese a lo acontecido el 21 de enero de 1924, Lenin no descansa embalsamado en un mausoleo, vive inmortalmente –junto al Comandante Fidel- como patrimonio útil del proletariado mundial aquí y ahora. Creador de un método y de una praxis revolucionaria que ha inspirado a diversas generaciones en distintos tiempos y de variadas latitudes. Sigue cumpliendo hasta nuestros días, el rol histórico de ser faro inagotable de energía revolucionaria que guía a los pueblos hacia su liberación y verdadera Independencia.

Porque aquellos que reivindicamos a Marx, a Lenin, a Gramsci y a Mariátegui, entre muchos otros, lo que estamos haciendo es reivindicar la revolución de los pueblos. Su factibilidad y necesidad urge en nuestros tiempos o como Martí calificó: Ruines tiempos.

[1] Extraído del artículo “Conductor de muchedumbre y de pueblos” de José Carlos Mariátegui, publicado en la revista Variedades, el 22 de septiembre de 1923. En “Mariátegui: Política revolucionaria. Contribución a la crítica socialista. La Escena Contemporánea y otros escritos” Tomo I. Editorial El perro y la rana, 2010. Caracas, Venezuela. PP. 227.

[2] Mariátegui, JC. “Una pérdida inmensa para la Revolución”. Publicado en la revista Claridad Nº5 en marzo de 1924. En “Mariátegui: Política revolucionaria… Op. Cit. PP.230.

[3] Mariátegui, JC. “Conductor de muchedumbre y de pueblos”. Op. Cit. PP.228.

[4] Mariátegui, JC. “Zinoviev y la Tercera Internacional”. Op. Cit. PP.204.

[5] Op. Cit.

[6] Aseveración realizada por Bertrand Russell y popularizada por Mariátegui en su artículo “Ha desaparecido un inmenso personaje histórico”, publicado en la revista Variedades, el 26 de enero de 1924. En Mariátegui: Política revolucionaria. Op. Cit.

[7] Gramsci, A. “La Revolución contra “El Capital””. Artículo publicado por primera vez en la revista Il Grido del Popolo el 5 de enero de 1918. (sometido a la censura turinesa). En “Antonio Gramsci: Antología. Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán”. Ed. Siglo XXI, 5ª edición, 1980. México. PP.34.

[8] Mariátegui, JC. “Conductor de muchedumbre y de pueblos”. Op. Cit. PP.228.

[9] Mariátegui, JC. “Defensa del Marxismo. Edición de 1934 comentada”. (2015). Edición del Centro de Estudios del Pensamiento Iberoamericano (CEPIB) del Instituto de Filosofía, Universidad de Valparaíso. Chile. PP.8.

[10] Gramsci, A. “La obra de Lenin”. Artículo publicado en la revista Il Grido del Popolo el 14 de septiembre de 1918. En “Antonio Gramsci: Antología. Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán”. Ed. Siglo XXI, 5ª edición, 1980. México. PP. 52.

[11] Op. Cit. PP.53.

Algunas palabras acerca del papel de Marx en la Asociación Internacional de Trabajadores. Osvaldo Fernández Díaz

¿En qué momento entra en la vida de Marx la creación de la AIT?

En 1859 Marx entrega a la imprenta lo que pensaba era ya el comienzo de su obra mayor, que tenía por objeto la crítica del modo capitalista de producción. Después de casi diez años de estudios en Museo Británico, se trataba de un primer envío compuesto de dos capítulos, de los cuales el primero estaba dedicado a la mercancía, y el segundo al dinero. Lo que no se imaginaba entonces es que, después de este primer apronte, pasarían nueve años antes de que apareciera, por fin en 1867, el primer tomo del Capital. La obra que había publicado en 1859 tenía por título “Critica de la economía política”[1], lo que revelaba sin eufemismo lo que ella se proponía, a saber, la crítica a la Economía política y al sistema económico y político que ésta “ciencia” avalaba y embellecía.

Cuando por fin logra publicar El Capital, Marx explica esta larga interrupción en los siguientes términos:

  «La obra cuyo primer tomo entrego al público es la continuación de mi trabajo contribución a la crítica de la economía política, publicado en 1859. La prolongada pausa entre comienzo y continuación se debió a una enfermedad que me ha aquejado durante años e interrumpido una y otra vez mi labor.»[2]

Siendo terribles las graves dolencias que le obligaron por largos períodos a interrumpir su trabajo, y que a la postre impidieron que acabara su obra, quedando publicado solo este primer tomo, habría que añadir a ello otras dos causas que también explican la postergación de su proyecto. Una teórica, que tiene que ver con los problemas que le suscitó lo que llamaría luego “el orden de la exposición”, es decir, la decisión que adopta respecto a la manera de exponer, la cual fue el resultado de una relectura de Hegel que hizo por esos mismos años. Esta opción metodológica hizo posible el despliegue de la crítica de la Economía política, como un instrumento realmente crítico científico. Le permitió, además, transitar, como lo hizo, de lo abstracto a lo concreto, a través de las relaciones de producción capitalistas. En este proceso fue haciendo emerger, mediante un movimiento necesario y dialéctico, la trabazón interna de las principales categorías de la economía burguesa, a saber, mercancía, dinero, trabajo asalariado y capital, tanto en su movimiento como en su conexión interna.

marx1440900me5

La otra explicación de este retardo es de índole práctico-política y tiene que ver con la activa participación de Marx en lo que se llamó la Asociación Internacional de Trabajadores, (en adelante AIT), conocida luego como la Primera Internacional, y de la cual se cumplieron este año 150 años desde su fundación en septiembre de 1864. ¿Qué era la AIT, y cuál fue su significación para el desarrollo del movimiento obrero europeo? Es de eso que nos proponemos hablar en lo que sigue.

La creación de la AIT

Después de dos años de intercambios epistolares y preparativos, el 28 de septiembre de 1864, en un encuentro que se hizo en el Saint-Martin’s Hall de Londres, con la participación de trabajadores ingleses, franceses, alemanes, italianos e irlandeses, se decidió fundar la Asociación Internacional de trabajadores. En dicha reunión se designó a un comité para que preparara el programa y los estatutos de esta organización. Finalmente acordaron aceptar por unanimidad las proposiciones de Marx para los Estatutos, cuya introducción, en sus acápites principales, decía lo siguiente:

            «Considerando:

Que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos, que la lucha por la emancipación de la clase obrera no es una lucha por privilegios y de monopolios de clase, sino por derechos y deberes iguales, y por la abolición de toda dominación de clase;

Que el sometimiento de los trabajadores a los que monopolizan los medios de trabajo, es decir, de las fuentes de la vida, es el fundamento de la servidumbre en todas sus formas, de la miseria social, del envilecimiento intelectual y de la dependencia política.

Que por consecuencia, la emancipación económica de las clases laborales es la gran meta a la cual todo movimiento político debe ser subordinado, como un medio;

Que todos los esfuerzos tendientes a esta gran meta han hasta aquí fracasado, debido a la falta de solidaridad entre los trabajadores de las diferentes profesiones en el mismo país, y de una unión fraternal entre los trabajadores de los diferentes países;

Que no siendo, la emancipación del trabajo, ni un problema local, ni nacional, sino social, debe abarcar todos los países en los cuales existe la sociedad moderna, pues necesita, para su solución, el aporte teórico y práctico de los países más avanzados.

Que el movimiento que acaba de renacer en las clases obreras de los países industriales avanzados de Europa, al mismo tiempo que despierta nuevas esperanzas, da una solemne advertencia para no volver a cometer viejos errores y de combinar lo más pronto posible aquellos esfuerzos todavía aislados.»

«Por estas razones se funda la AIT,  la que declara:

Que todas las sociedades e individuos que a ella adhieren reconocerán como base de su comportamiento hacia los otros y hacia todos los hombres sin distinción de color, de creencia y de nacionalidad, la Verdad, la Justicia y la Moral.

Nada de deberes sin derechos; nada de derechos sin deberes.»

Los dos primeros artículos de los Estatutos estipulan lo siguiente:

«Art.1. La Asociación es establecida para crear un medio central de comunicación y de cooperación entre las sociedades  obreras de los diferentes países que aspiran a la misma meta, a saber, la protección, el progreso y la completa liberación de las clases laborales.

Art. 2. El nombre de esta asociación será AIT.»

De los fragmentos que hemos citado se pueden desprender las siguientes consideraciones:

En primer lugar, la creación de este organismo fue la ocasión para que Marx, volviera a esbozar las ideas que desde El Manifiesto tenía acerca de lo que debía ser un partido, ideas que aquí aparecen insinuadas en lo que Marx bosqueja y propone para esta asociación. Ya lo había hecho con ocasión del Manifiesto, respecto del cual no hay que olvidar que era el Manifiesto del Partido Comunista. Un mismo diseño de partido se observa aquí y que, antes que los partidos políticos tal como los conocemos ahora, entrará a dominar la escena política. Pero la novedad que se repetía, y se seguiría repitiendo ahora, es que siempre concibió  este partido como un partido internacionalista. Un partido de clase, pero abarcando la expresión internacional de esta clase. La Segunda y la Tercera internacionales, mantuvieron el diseño internacionalista, pero en el caso de la III Internacional, se produjo finalmente una deformación, que terminó acabando con ella, pues la trama internacional que había creado la Internacional, fue supeditada y no pocas veces sometida a los intereses de la Unión Soviética.

No es nuestra intención administrar aquí un juicio anacrónico con respecto a un organismo que entregó lo que más se podía entregar al movimiento obrero de la época. Pero cabe señalar que hay una mirada, es decir, una manera de considerar las cosas que predomina en los criterios y formas que adopta la institución que se crea. Por ejemplo, se nota en la ausencia de una palabra con respecto al género, cuando se señala que no se harán distinciones ni de color ni de nacionalidad, que el movimiento feminista estaba todavía ausente en la mentalidad del movimiento obrero, no así en los mecanismos de explotación que el capitalismo ejercía sobre las mujeres y los niños, y cuya violencia el propio Marx denuncia en importantes capítulos de El Capital.

wojciech-grzanka

Otro aspecto que importa señalar, es que hay en las primeras líneas, y en los primeros momentos del desarrollo esta asociación, una fuerte dominancia económico-sindical. A medida que transcurre el tiempo, los problemas políticos comienzan a completar el bloque de intereses de la AIT.  No olvidemos que la AIT estaba a solo siete años de la Comuna de Paris, la primera revolución obrera, acontecimiento político encabezado y dirigido por la clase obrera parisina. Esta fue una prueba de fuego para la AIT, pues reveló que para la clase obrera habían otras metas, de tanta o más urgencia que las reivindicaciones puramente económicas. El aspecto político fue incorporado plenamente más tarde, hacia fines del siglo XIX, en la II Internacional que va a dirigir Federico Engels.

Inevitablemente,  la AIT aglutinó sus fuerzas, por razones orgánicas, en el centro de Europa. Pero había en ella una impronta centralista, ligada a la dirección que debía tener el movimiento, con  el proletariado de los países de un más alto desarrollo industrial. Cierto es que hacia el final acordaron trasladar la oficina principal a los Estados Unidos, pero eso no exime el hecho de que, previamente, y como principio básico de la Asociación, se había hecho una distinción entre los países más avanzados y desarrollados industrialmente, a los cuales se privilegiaba, y se les concedía una cierta preponderancia.

En lo atingente al factor internacional, y dado el énfasis y la importancia, que tanto Marx y Engels  imprimieron a este aspecto, nos muestra que se trata de una dimensión casi inevitable para un partido que se basa en una clase como el proletariado, cuya envergadura sigue bajo el capitalismo una misma vía global de explotación.  La tarea consistiría, en una época de inevitable globalización, como la nuestra, en otorgarle un lugar preponderante. Si Antonio Gramsci dijo que en su época el príncipe moderno debiera abarcar una dimensión nacional e identificarse con una voluntad colectiva nacional y popular, ¿no sería el momento de pensar en un nuevo internacionalismo, hecho de reciprocidad entre los partidos y los movimientos que representan a las clases asalariadas?

[1] En español se le conoce como Contribución a la crítica de la Economía política, lo cual aminora en énfasis crítico que sirve de eje a la obra.  Este título pasa, como subtítulo, a un segundo plano en El Capital.
[2] Marx, K. El Capital, tomo I, Siglo XXI, Buenos Aires, 2012, p. 5.

La “Tercera” MEGA, Una empresa Internacional

Tres son los momentos a considerar cuando se habla de la obra de Marx. En primer lugar, el momento de la redacción que tiene que ver con las motivaciones que precipitaron tal o cual escrito; luego, el momento de la publicación, siempre retardado, muchas veces por el propio Marx, o porque la inmensa mayoría de su obra quedó abandonada, porque el interés que los había suscitado, había cambiado, o porque la ocasión había pasado; y finalmente el momento de la recepción, momento particularmente delicado en el caso de Marx, porque las recepciones siempre han caído en medio de enconados debates políticos.

Porque es solo una leyenda aquello de la formación del pensamiento de Marx como un proceso ascendente, rectilíneo sin vaivenes ni incertidumbres, que comienza con sus primeros escritos y culmina con el Capital. Al contrario, Marx fue siempre, hasta los últimos días de su vida un pensamiento en acto, despierto, abierto y dispuesto frente a las incertidumbres; ajeno a aquella satisfacción efímera que proporcionn las certezas; inquieto frente a las alternativas que surgían a un costado de lo que parecía ser su línea central de pensamiento.

Por eso, el conocimiento de la obra de Marx ha sido siempre un acto inacabado, lleno de sorpresas, y que siempre, en lo que se refiere a la recepción de esta obra, ha estado vinculado a complicadas y complejas encrucijadas políticas de índole internacional. Desde la gran esperanza revolucionaria europea de  1848, hasta el desaparecimiento de la URSS y el llamado “socialismo real”. Esto explica que la historia de ola lectura de Marx haya sido un proceso ritmado por reiteradas “crisis” del marxismo, sucesivos anuncios de muerte para Marx, a los que han seguido otras tantas resurrecciones.

En lo que sigue vamos a referirnos lo que han sido los intentos por publicar su obra completa, junto con las obras de Federico Engels. Iniciativa que se conoce popularmente con la sigla MEGA (sigla que viene de la expresión alemana, Marx, Engels – Gesamtausgabe)

El primer intento por publicar las obras completas de Marx y Engels, (la Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA) se debe en gran medida al esfuerzo apasionado de un ruso, David Borisovich Riazanov, a partir de los años ´20. En 1900 éste va a la sede del Partido socialdemócrata en Berlín a buscar archivos para su trabajo de investigación. Encuentra todo en desorden, la biblioteca de Engels que acaba de llegar desde Londres es sólo parcial porque Bernstein se ha apoderado de una parte. Cuenta Riazanov:

«Me acuerdo que en 1900 yo había visto en Berlín esa biblioteca dispersa sin ningún orden en varias habitaciones (…) Así es como desaparecieron miles de obras pertenecientes a los creadores del socialismo científico. Ni siquiera se tomaron el trabajo de verificar si no contenían, al margen, notas de lectura, algunas huellas del trabajo intelectual de Marx o de Engels… Una parte de los manuscritos que, normalmente, habría debido ser despachada a los archivos del Partido Socialdemócrata en Berlín fue conservada por Bernstein, y la correspondencia de Engels y la parte más importante de las obras que permanecen desconocidas hasta la actualidad quedaron en Londres.»[1]

En 1910 Kautsky, conoce a Riazanov y lo hace su secretario, encargándole la tarea de reconstituir la correspondencia de Marx en vista de su publicación. Así, los archivos de Marx pasan al cuidado de un ruso que sí se interesa y mucho en ellos. En 1913 Riazanov publica en Berlín un primer conjunto de cartas con abundantes cortes que Eduardo Bernstein y Franz Mehring le obligan a practicar, “porque no todo puede ser puesto en todas las manos”.

En 1918 funda el Centro de Archivos donde reúne los documentos del socialismo ruso y alemán. En la Academia socialista dirige la sección de marxismo, la que luego se transforma en el Instituto Marx Engels, en donde deposita todo lo que trajo de Alemania y Francia. En países todavía en guerra, vuelve a Alemania por un mes y trata de conseguirlos manuscritos de Marx y Engels que quedaban en el Partido socialdemócrata o en casa de Bernstein. Más tarde cuenta estas peripecias: «Tuve que invocar todas las fuentes impresas que conocía, y sólo después de varios días de discusión me mostró la segunda parte del manuscrito. El resultado de mi viaje a Berlín efectuado con este fin… (es que)…con mucho trabajo logré finalmente sacar a la luz toda la Ideología Alemana, y tengo una copia.”

Ya por esa fecha se había acordado con los alemanes la publicación de la obra de Marx y Engels, pero acontecimientos ligados al asesinato de Rosa Luxemburgo, lo impiden. En 1920 el instituto marx-Engels de Riazanov publica bajo el título de “Libro V del Capital”, notas dispersas de esta obra y fragmentos escogidos de la correspondencia de Marx y Engels. En ese año vuelve a recorrer Europa buscando y recuperando material. En 1922 publica integralmente los textos de las cartas que recuperó.

En febrero de 1931 es detenido y en 1932 el Instituto que él había creado comienza a publicar la primera MEGA que también él mismo había preparado. Muere en el campo de confinamiento en 1939. Sin embargo, las depuraciones estalinistas de la década de los treinta del siglo pasado afectaron también a los principales estudiosos comprometidos en esa empresa, y el advenimiento del nazismo en Alemania, interrumpieron bruscamente esa edición.

El siguiente intento por reproducir todos los escritos de ambos pensadores, la que se llamó la MEGA 2, comenzó recién en 1975 pero también fue suspendido, y su publicación quedó incompleta, esta vez debido al derrumbe del mundo del “socialismo real”.

La segunda MEGA fue iniciada en los años 70 y preparada de acuerdo a rigurosos principios histórico-críticos. Esto explica que la nueva MEGA haya decidido continuar lo hecho por la segunda. En efecto, ya cuando en los años 60 se estaba planeando la publicación de la MEGA 2, la exigencia técnica era imprescindible. Desde ese instanmte se le dio al método computacional un papel relevante. La composición tipográfica de los primeros volúmenes debía comenzar en 1971. Tres volúmenes estaban planificados para 1972, cinco para 1973 y la suma de ocho volúmenes para 1974. Desde 1975 en adelante se esperaba que fuera posible producir unos diez volúmenes por año. Este segundo empeño que fue producto de los esfuerzos realizados por el Instituto Marx-Engels de Moscú, se interrumpe con el fin de la URSS.

En octubre de 1990 se funda la International Marx-Engels Foundation (IMES), que decide continuar la empresa anterior pero reestructurándola, y se decide usar para ello lo más nuevo en materia de computacional. Después de haber alcanzado un acuerdo inicial en 1992, en una conferencia que se llevó a cabo en Aix-en-Provence, y que revisó las pautas para la nueva edición. En esta  nueva empresa participan franceses, rusos, japoneses, chinos, italianos, alemanes

La nueva edición es publicada por una fundación internacional, con base en Amsterdam. Cinco instituciones forman parte de esta Fundación Internacional Marx-Engels (IMES): el Instituto Internacional de Historia Social (ISH) de Amsterdam, La Academia de Berlín-Brandenburgo para las Ciencias y Humanidades (BAW), la  Casa Carlos Marx de Trier, como parte de la Fundación Friedrich Ebert , y dos institutos rusos.

Este tercer intento tiene las siguientes características. Es, a diferencia de los dos intentos anteriores de índole fundamentalmente académica; es una empresa global que no está circunscrita a países precisos, ni a orientaciones principalmente políticas. De hecho en la preparación de los nuevos volúmenes están participando investigadores de Amsterdam, Berlín, Nápoles, Paris, Moscú, Nueva York.  Además para que fuera realmente global el principal elemento de contacto entre los investigadores de diferentes países es uso de la técnica computacional al más alto nivel.

Esta edición, que piensa llegar a 114 volúmenes,  de los cuales han aparecido ya 52, se vam a ir publicando de acuerdo a las siguientes cuatro secciones:

1)    La primera, que comprende las obras (excepto El Capital), los artículos y los discursos de Marx y Engels, en sus distintas versiones, así como en las traducciones hechas por ellos mismos.

2)    En la segunda contiene junto con El Capital en todas sus ediciones, los trabajos preparatorios, y la totalidad de los manuscritos que Marx escribió antes y después de 1867.

3)    La tercera sección comprende la correspondencia ordenada cronológicamente pensada en 35 volúmenes, de los cuales ya han aparecido 12. Se trata tanto de las cartas escritas por ellos, como de las que le dirigieron a ellos.

4)    En la cuarta sección se publicarán extractos, apuntes y notas escritas al margen de los libros que leían o consultaban. En esta sección se piensa editar los 220 cuadernos de Marx, redactados en griego clásico, alemán, inglés, francés, y ruso.

Vivimos un momento de actualidad de Marx, sectores nuevos, no tradicionales, se han dedicado a leerlo en estos años, se dice por ejemplo que ahora son los banqueros de Wall Street quienes lo están leyendo, a raíz de la crisis económica internacional que se está viviendo. La pregunta que cabe hacer con respecto a este nuevo empeño por publicar la totalidad de la obra de Marx y Engels es acerca del Marx que va a aparecer. Cuánto este nuevo conocimiento va a afectar a la imagen que hasta ahora se tiene de él.  Creemos que los debates que la lectura de estos materiales, muchos de los cuales son inéditos, va a provocar, no van a estar exentos de sorpresa.

.  .


[1] Riazanov  cit por, Attali, Jacques, Karl Marx o el espíritu del mundo, FCE, Buenos Aires, 2007, p. 369

La Recepción Del Pensamiento De José Carlos Mariátegui En Chile (1926 A 1973). Por Patricio Gutiérrez Donoso

Resumen.

Este artículo presenta un estudio en torno a un período de la recepción en Chile del pensamiento de José Carlos Mariátegui (1894-1930). Trabajando a partir de los documentos existentes en la Biblioteca Nacional hemos ido dando cuenta de cada uno de los momentos en que los testimonios sobre Mariátegui, así como los textos salidos de su pluma que han sido publicados localmente. Esta labor muestra cómo entre 1926 y 1973 se fue enriqueciendo el conocimiento local de la figura de Mariátegui, hasta el momento en que el golpe de Estado bloqueó la posibilidad de continuar recibiendo y trabajando sobre la interpretación de uno de los pensadores más importantes de América latina. La recepción de Mariátegui en Chile a partir de esas fechas deberá asumir una elipse que supera el marco de esta presentación.

            Las siguientes líneas representan un avance de investigación en la perspectiva de dar cuenta de las formas en que la obra y el pensamiento de José Carlos Mariátegui han sido recepcionado en Chile durante el período que va desde sus primeras recepciones locales, las que identificamos por el momento a partir de abril de 1926, hasta el golpe de Estado de septiembre de 1973, así como de las lecturas que éste ha suscitado durante este período en diversos terrenos culturales del país.

Es posible escribir aquí entonces que el estado actual de la investigación muestra que en el mes de abril de 1926, en el periódico El Mercurio de Santiago, va a aparecer una reseña de La Escena Contemporánea, primer libro que Mariátegui publica el año anterior en Lima. [1] Breve recensión realizada por Raúl Silva Castro, que aparece exactamente cuatro años antes de la muerte de Mariátegui, ella parece constituir, en el estado actual de nuestro conocimiento, la primera referencia local a su actividad. [2] Un segundo hito en esta dirección lo encontraremos en junio de 1927, en el Boletín Educacional Nuevos Rumbos, órgano de la Asociación General de Profesores de Chile, donde es redactado un pequeño texto a propósito de la revista Amauta “y a su director José Carlos Mariátegui.” [3] En el mes de octubre, en el mismo Boletín es publicado el trabajo de Mariátegui, El freudismo en la literatura contemporánea. “Freud no ha sido sino el agente, el instrumento de una revelación que tenía que encontrar quien la expresara racional y científicamente -señala Mariátegui buscando situar históricamente la obra de Freud-, pero de la que en nuestra civilización existía ya el presentimiento. Esto no disminuye naturalmente el merito del descubrimiento de Freud. Por el contrario lo engrándense. La función del genio parece ser, precisamente, la de formular el pensamiento, la de traducir la intuición de una época.” [4]

No se trata de una contribución aislada, la labor cultural de Mariátegui llama la atención durante ese mismo año de Eduardo Barrios, Director General de Bibliotecas Públicas y de la Biblioteca Nacional, el que le solicita el envió de material que represente el pensamiento del Perú y por supuesto el de Amauta, que –nos dice-, “leo de punta a cabo”. [5] El interés por esta dimensión cultural de la labor de Mariátegui cobra una mayor dimensión en la pluma de Gabriela Mistral, la que publica una extensa carta en la revista Amauta, reivindicando a través de ella la función de la Escuela Pública en Chile “La escuela nueva –nos dice con fuerza y poesía-, es una creación espiritual y que sólo la pueden hacer hombres y mujeres nuevos, verdaderamente asistido de una voluntad rotunda de hacer otra cosa… Cuando la gracia nos ha cogido y nos ha quemado ideología, costumbre y manera vieja, entonces se puede ser maestro de la escuela nueva”… [6]

          Este ejercicio de reconstrucción de la recepción de Mariátegui en Chile va a mostrar estas primeras manifestaciones al mismo tiempo que la figura de Mariátegui comienza a trascender el escenario peruano y va adquiriendo una dimensión continental, trascendencia que logra efecto gracias en buena parte a la notable difusión de la revista político-cultural Amauta que él mismo había concebido, organizado y echado a caminar con un grupo de amigos desde septiembre de 1926, y que continuará publicándose hasta su muerte, en 1930.

           Lo que se comienza a percibir de Mariátegui desde el escenario local corresponde entonces a los complejos años en los que la lucha política revolucionaria y la labor cultural de éste entraban en una fase compleja, caracterizada por la represión del gobierno, la pugna con el APRA y, lo que fue definitivo, con el agotamiento de su organismo.

            Mariátegui, que había regresado al Perú en marzo de 1923, justamente con el propósito “de fundar una revista” [7] (“no he hecho otra cosa —dirá al volver— que prepararme para el regreso acrecentando mi cultura y mi experiencia periodística y política”), [8] organiza su actividad pedagógica y cultural a partir de una serie de conferencias “dirigidas a la clase obrera capitalina”, [9] dictadas semanalmente hasta enero de 1924 en la Universidad Popular González Prada, de la Federación de Estudiantes, y entra en contacto con la corriente política que se venía organizando en torno a la figura de Víctor Raúl Haya de la Torre, con el cual se irá distanciando políticamente hasta romper de forma definitiva en 1928, cuando la Alianza popular Revolucionaria Americana (APRA), fundada en México por Haya en 1924, decida transformarse, durante aquellos años finales de la década de 1920, en Partido Nacional Peruano. [10]

             Durante este último período de su vida, Mariátegui desarrolla una intensa actividad política, periodística y de elaboración de pensamiento crítico. Luego de LaEscena Contemporánea, publica tres años después Siete ensayos de interpretación sobre la realidad peruana, libro que contribuye a hacer conocer su talento de historiador y de dirigente político, trabajo que, al decir de Michael Löwy, representa “el primer intento de análisis marxista de una formación social latinoamericana concreta”. [11] También en 1928 junto a sus amigos da forma al Partido Socialista de Perú, vinculado desde una perspectiva latinoamericana de la lucha social y a la Internacional Comunista; conjuntamente contribuye a organizar la Confederación General de Trabajadores del Perú, [12] y crea un órgano de prensa obrera denominado Labor, de orientación sindical. Es esta dinámica intensa, vertiginosa, a la que se entregaba con todas sus energías, contribuye a mostrar su figura en Chile así como en diversos lugares de la América latina. Ella también, sin embargo, agotará su salud y desgastará su organismo, llevándolo a la muerte…

            En aquella dinámica, el ambiente asfixiante de los últimos años de la dictadura de Augusto Leguía (1919-1930), empuja a Mariátegui a abandonar el Perú, proyectando exiliarse en Buenos Aires, donde lo espera Samuel Glusberg. [13] El camino hacia la Argentina suponía el paso por Santiago, el cual había sido facilitado por Luis Alberto Sánchez, el cual, en conversación con el rector de la Universidad de Chile, Armando Quesada Acharán, obtiene que Mariátegui durante su estadía diese algunas conferencias. [14] En abril de 1930 -hará ochenta años este 2010-, su organismo resentido y debilitado, el que había debido sufrir ya la amputación de su pierna derecha, no logra sin embargo seguir soportando y ocasionará su deceso. [15]

  Raúl Silva Castro, el mismo que hiciera la recensión de 1926 en ElMercurio, escribiendo ahora en Atenea, Revista Mensual de Ciencias, Letras y Artes, publicada por la Universidad de Concepción, redacta en mayo de 1930 un bello homenaje a Mariátegui. «Mariátegui ha muerto, dice el cable. Mariátegui ha muerto repetimos, en voz baja y con lágrimas en los ojos –nos dice-, los que fuimos sus amigos, aunque sin verlo nunca; los que entendemos el significado de su misión, aunque jamás nos fue dado sondear en su espíritu… En este pobre continente disperso, desigual, lleno de rencores recíprocos y de incomprensiones, la unificación será más difícil. Mariátegui era uno de los pocos aglutinadores». [16]

              La ruptura entre Mariátegui y Haya que señalamos se instala por lo demás en un momento complejo. La crisis de 1929 había precipitado en el mes de agosto de 1930 -a escasos cuatro meses de la muerte de Mariátegui-, la caída de la dictadura de Leguía, mientras el gobierno militar de Luis Sánchez Cerro, que lo derroca, se alía con la oligarquía y reprime fuertemente al APRA, de los cuales algunos sectores dirigentes se exilian en Chile. La actividad del grupo es importante y como consecuencia de la ruptura entre ambos que se había generado en 1928, la orientación del APRA en Chile va a mediar negativamente la recepción local del pensamiento de Mariátegui. Encontramos así en la revista Índice [17] de Santiago, un conjunto de artículos que reproducen –y prolongan- la polémica entre Mariátegui y Haya, después de la desaparición del primero. [18]

        Un nuevo elemento para avanzar localmente en el conocimiento de Mariátegui surge no obstante en 1934. Se trata del conjunto de artículos escritos originalmente entre noviembre de 1927 y junio de 1929 en las revistas limeñas Mundial y Variedades, [19] y que será publicado bajo el titulo de Defensa del marxismo. Polémica revolucionaria, que Mariátegui había dejado organizado para su edición póstuma. Antecediendo un prologo escrito por Waldo Frank, este texto de Mariátegui construye la crítica al pensador socialista Henri de Man, abriendo un trabajo original y a nuestro conocimiento el primero en América latina que se plantee la reelaboración del marxismo a partir de las claves de la teoría de la praxis, mostrando con ello una profunda comprensión de la obra de Marx.  “Marx no se propuso nunca la elaboración de un sistema filosófico –nos dice en Defensa del marxismo-, sino de un método de interpretación histórica destinado a servir de instrumento a la actuación de su ideas política y revolucionaria… Marx no tenía por qué crear más que un método de interpretación histórica de la sociedad actual… la crítica marxista estudia concretamente la sociedad capitalista. Mientras el capitalismo no haya transformado definitivamente, el canon de Marx sigue siendo válido. El socialismo, o sea la lucha por transformar el orden social de capitalista en colectivista, mantiene viva esa crítica, la continúa, la confirma, la corrige.” [20] La lectura de Marx expresa así, desde el Perú, una extrema originalidad…

Otras referencias sobre Mariátegui van a continuar apareciendo durante los años 1930 en el terreno local. Un año después de la publicación de Defensa del Marxismo encontramos un texto Luis Nieto apropósito del quinto aniversario del deceso de Mariátegui. [21] Una  Biografía de José Carlos Mariátegui -la primera de una importante dimensión- se publica cuatro años después gracias a la pluma de Armando Bazán, discípulo y amigo de Mariátegui, editada en Santiago de Chile por Zig-Zag, permitiéndonos captar mejor su dimensión humana. “Todo movimiento literario o artístico –nos dice Bazan- tiene su nexo visible o escondido con un movimiento de índole social o político…el marxismo solía decir a veces Mariátegui -agrega- es el camino nuevo por el que muchos hombres encauzan ciertos anhelos eternos, que son privativos de la humanidad: anhelo de libertad, anhelo de fuerza de sacrificio por los demás y por uno mismo, anhelo de inmortalizarse en la historia, también acaso… A veces creo que se trata de una nueva forma de vivir el sentimiento religioso… Pero también es algo mucho más concreto: es un método de conocimiento que nos lleva a una nueva concepción del mundo.” [22]

Bajo otros aspectos, esta argumentación es retomada por el mismo Bazan en el artículo “Luz y huella de Mariátegui” publicado en la revista Aurora. “Se hace imprescindibles recordar -señala allí Bazan- que mientras otros estudiosos del marxismo se esmeraban en llevar la doctrina y la praxis por las pendientes de la casuística y el dogma inflexible y frio, Mariátegui tomaba de él esencialmente, su coherencia flexible, su maravilloso sentido del movimiento, llegando a consustanciarse a su nuevo humanismo universalista, a su espíritu de sacrificio que le viene del cristianismo en línea directa.” [23]. Al mismo tiempo Bazan publica en el diario La opinión un artículo titulado de José Carlos Mariátegui a César Vallejo.[24]  Paralelamente encontramos también en la revista Aurora un artículo de Gerardo Seguel, “El inca Garcilaso y José Carlos Mariátegui. “El Inca Garcilaso –escribe Seguel- fue el fundador de la literatura peruana, el patriarca del pensamiento peruano… José Carlos Mariátegui es ya el producto del siglo xx, hijo de un periodo bien maduro de nuestro tiempo, es el heredero intelectual del inca Garcilaso” [25]

Justamente la aparición de la biografía de Bazán coincide con el comienzo en Chile de la segunda época de Babel, revista  de arte y critica, la que, de acuerdo con una opinión tan autorizada como la de Armando Uribe, representó «la mejor revista cultural que haya habido en Chile». [26] Editada entre 1939-1951 y dirigida por Samuel Glusberg, personaje de gran estirpe entre las letras que se cultivan en Chile, Babel había tenido su primera época en Buenos Aires entre 1921-1928, donde adquiere notoriedad continental. [27] En esta segunda época incorpora tres artículos salidos de la pluma Mariátegui: “El hombre y el mito”, [28] “Genealogía del socialismo” [29] y “El Renacimiento Judío”, [30] y  de  Samuel Glusberg -que escribe como Enrique Espinoza- “Mariátegui, amauta o guía de una generación”, [31] de Francisco Ichaso, “Meditaciones del Impedido” [32] y de Félix Lazaso, “Hombre De Letra Viva”. [33]

Samuel Glusberg, escribe así sobre Mariátegui, contribuyendo a difundir su pensamiento y su presencia en Chile, [34] y puede recordarse en esta indagación sobre  la recepción de Mariátegui en Chile que, entre las cartas que Mariátegui dirige a Glusberg, podemos leer aquella citada frase que sintetiza el itinerario intelectual y existencial que lo lleva a impregnarse de la tradición historicista: “residí más de dos años en Italia, donde desposé una mujer y algunas ideas”… [35] Desde las páginas de Babel Samuel Glusberg le rinde homenaje al extinto editor de Amauta recogiendo la sutileza de su contenido “La literatura -dirá Glusberg- no era para José Carlos Mariátegui una categoría independiente de la historia y de la política, sino una representación perdurable de éstas, que, al fin y al cabo, determinan la praxis y el sentido social de la vida humana”. [36] Por ello, “cuando se compara la vida heroica de un Mariátegui, acosado por la policía de Lima (como el propio Marx por la de Bruselas) mientras pergeñaba en su sillón de inválido los recios capítulos de su Defensa del Marxismo, con la vida regalada y segura de los amanuenses que hoy reniegan de algo que nunca entró en sus cabezas, uno no puede menos que inclinarse ante la sombra de Mariátegui y preferirlo también como pensador y como crítico”. [37]

También desde Babel, Ciro Alegría resalta su “fina sensibilidad, catador seguro, maestro de técnica, dueño de los secretos de la expresión, aprehendió con mirada certera todas las huidizas formas estéticas. Habría fulgido muy alto tan solamente como escritor. Pero su espíritu era una brasa ardiente y no pudo, ni quiso, mantenerse ajeno al conflicto fundamental del hombre”. [38] Para el autor de El mundo es ancho y ajeno, Mariátegui era un intelectual que fundía pensamiento y acción, era “un espíritu profundo que tomaba para la revolución todas las grandes manifestaciones del Hombre”. [39]

José Carlos Mariátegui es presentado de esta manera en Chile como el ejemplo del compromiso de un hombre que en las peores condiciones de vida supo sacar lo mejor del pensamiento del ser humano para un mejor entendimiento de la realidad sin apego a dogmatismos. “La realidad le atrae a Mariátegui -escribe Félix Lizasocomo a todos los genuinos creadores. Con la realidad se enfrenta, para recrearla… pero no se trata de un realismo convencional, como aquel que hizo escuela, donde lo más era creación de laboratorio: aquí la realidad es el trasunto humano palpitante y limpio de toda anécdota fantástica. Su puesto está entre los definidores de la realidad, de una específica realidad, por cuya transformación trabajó”. [40] Esta visión crítica de la realidad que rodea el mundo social y político de Mariátegui se acrisola el pensamiento de intelectuales con un compromiso de vida.

Un año después de la revista Babel aparece un homenaje en Atenea revista mensual de Ciencias, Letras y Arte editada por la Universidad de Concepción. Conmemorando el decimo aniversario de la muerte de  Mariátegui, escrito por Armando Solano. [41]

A pesar de estos diferentes acercamientos y trabajos de divulgación que constatamos y que contribuyen seriamente a difundir en Chile el pensamiento de Mariátegui, no será sino hasta comienzo de los años 1950 que encontremos una de las exploraciones en nuestra opinión más ricas que se han realizado localmente sobre su trabajo. Nos referimos a la obra de Félix Schwartzmann, El sentimiento de lo humano en América: antropología de la convivencia. Su autor, nacido en 1913 en una familia de origen rumano, cursa su formación secundaria en el Liceo de Aplicación y estudia luego  Filosofía en la Universidad de Chile, construyendo a partir de entonces una obra de envergadura mayor.

“Evoquemos ahora la imagen de José Carlos Mariátegui -nos dice Félix Schwartzmann en una aguda y extraordinaria comprensión del pensamiento de Mariátegui- cuya voluntad revolucionaria se caracterizó por un querer interiorizar la acción y por la «religiosidad» propia de su manera de concebirla. Digamos, deteniéndonos en lo positivo, cómo no es un azar que uno de los hombres que más hondamente percibió el designio cultural revolucionario que alienta en el americano -y ello en gran medida como marxista-, haya librado tan fervorosa lucha contra la exterioridad del hacer. Piensa Waldo Frank que con Mariátegui apunta el nuevo americano, al mismo tiempo que la revolución deja de ser en él algo abstracto y distante; piensa, además, que este nuevo impulso se manifiesta en la religiosidad con que, Mariátegui la intuye a través del todo, como orgánico despliegue de la naturaleza esencial del hombre. Si -para el escritor peruano- la «verdad de nuestra época es la revolución», los signos y presagios de su advenimiento entre nosotros, y en él mismo, se revelan fundamentalmente en la simpatía contemplativa de una mirada que va desde el hombre de los Andes, hundido en sí mismo, pasando por el simbolismo del ayllu y la imagen del paisaje, hasta la revolución que presiente, animada de cierto panteísmo, como matiz propio de su rebeldía. Para él la perspectiva milenaria se prolonga hasta el presente a través de la lucha, mientras su religiosidad, como honda sensibilidad para percibir la raíz del conflicto humano, ve en el pesimismo indígena una actitud básica de piedad y ternura, verdadero misticismo cristiano-eslavo, igualmente distante del nihilismo escéptico que de la morbosa voluntad de autoaniquilamiento. De ahí que Mariátegui, siguiendo a Jorge Sorel, considere evangélica la visión de E. L. Valcárcel, creadora del mito salvacionista del indio, mito de la revolución socialista que hará posible su resurgimiento”. [42]

En 1955 aparece en Santiago, en la colección Nuestra América de la Editorial Universitaria, dirigida por el futuro Canciller de Salvador Allende, Clodomiro Almeyda, los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, [43] presentada por Guillermo Roullon. Paralelamente, Cesar Godoy Urrutia, durante aquellos años parlamentario y preclaro polemista, publica en Aurora un artículo denominado Un cuarto de siglo de la muerte de Mariátegui. [44]

En 1960 Lautaro Yarkas publica en Atenea un minucioso artículo intitulado José Carlos Mariátegui, novelista, [45] comentando La novela y la vida. Sigfried y el profesor Canella, de Mariátegui, que aparece póstumamente en 1955. [46]

En la Unidad Popular  aparece un libro sobre Mariátegui del académico de la Universidad Técnica del Estado Yerko Moretic José Carlos Mariátegui: su vida e ideario, su concepción del realismo, editado por la Universidad Técnica del Estado 1970. Redactado durante los años 1965-1966 y concebido inicialmente como una tesis doctoral para la Universidad Carolina de Praga, Moretic afirma la existencia de aportes de gran riqueza al pensamiento marxista entre los años 1918 y 1935 «y posteriormente se comprobarán las fatigas con que posteriormente y hasta alrededor de , 1956, ese pensamiento siguió su marcha adelante. Señalarlo con respecto a Mariátegui y en relación particular con la teoría de realismo en arte y literatura es uno de los objetivos centrales de estas páginas». [47]

El Golpe de Estado de septiembre de 1973 modifica radicalmente los senderos por los cuales transitaba la sensibilidad del pueblo chileno. La cultura que se había venido instalando a través de generaciones y que había permitido la formación de una vasta red de tradiciones cívicas va a ser detenida in barbarum, alejando brutalmente todo ejemplo de trabajo intelectual, artístico o de pensamiento crítico. La figura de Mariátegui, posiblemente ya en parte mal comprendida durante las décadas anteriores, o si se prefiere, limitada a la condición de un héroe del socialismo, desconociendo su reflexión intensa y la inmensa originalidad de su pensamiento, va a sepultarse bajo lodazales de basura diseminada por los gestores del régimen. El mundo del consumismo y la elevación al pináculo del de los “valores patrios” que organiza la cultura oficial no permite su apropiación.

Paradojalmente, es en esos mismos años que un esfuerzo por repensar a Mariátegui comienza a desplegarse desde Italia y Francia para lograr dar cuenta desde parámetros más amplios de la inmensa originalidad de su pensamiento. El punto de partida lo encontramos probablemente en una revista del Partito Comunista italiano, Criticamarxista de Roma, donde Antonio Melis va a escribir “J.C. Mariátegui, primo marxista d’America”; [48] y luego Renato Sandri, «Mariátegui, via nazionale e internazionalismo nel terzo mondo». [49] A su turno, Robert Paris defiende su tesis, La formation idéologique de José Carlos Mariátegui en l’Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, en Paris, y publicada en castellano en Cuadernos de Pasado y presente.[50] No era una empresa puramente individual. «Nunca se reconocerá suficiente –escribe Robert Paris, por ejemplo- cuanto ha hecho Ruggiero Romano por el conocimiento de Mariátegui en Francia y en Italia». [51] En fin, desde el exilio mexicano, José Aricó publica también en Cuadernos de Pasado y presente, Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano. [52]

No puede pasarse por alto aquí que en estos mismos años, un esfuerzo semejante comenzaba a desarrollarse por recuperar también la figura y la obra de Antonio Gramsci, recogiendo su capacidad creativa articulada en torno a la filosofía de la praxis y dejando de lado las tradiciones de un marxismo esclerotizado en las lecturas socialista o soviética. Nos parece que la recuperación de Gramsci se va logrando en un terreno más amplio y, desde este punto de vista, impulsa la posibilidad de recuperar y de volver a leer a Mariátegui. Es así como el estudio y la comprensión conjunta de ambos pensadores va a contribuir a mostrar el vínculo común entre ellos. Mariátegui -señala Osvaldo Fernández- “piensa y actúa como alma gemela del propio Gramsci”, [53] y, esto nos interesa destacar, ambos establecieron un esfuerzo extraordinariamente semejante por reelaborar el marxismo a través de la filosofía de la praxis. [54] Puede señalarse brevemente aquí, aunque es extremadamente difícil evaluar su incidencia, que el incremento de la publicación de escritos gramscianos fuera de Chile y el impacto de su influencia estimula también, durante aquellos años, la lectura y retroalimenta la difusión de Mariátegui. Actualidad del pensamiento político de Gramsci, selección a cargo de Francisco Fernández Buey, [55]Gramsci y la cuestión religiosa, de Huges Portelli, [56] y Gramsci hoy, [57] todos editados en Barcelona, mientras en México aparece Gramsci y la revolución de Occidente, de María-Antonietta Macciocchi [58] y «Los usos de Gramsci», de Juan Carlos Portantiero, texto que sirve como presentación a Antonio Gramsci. Escritos políticos (19171933), [59] selección de textos editada por Cuadernos de Pasado y presente, vale decir, el proyecto que representa, sin lugar a dudas, «la más audaz e importante labor editora que se haya realizado en América latina». [60] Al año siguiente el mismo Francisco Fernández Buey publica Ensayos sobre Gramsci, [61] la Universidad de Puebla edita el volumen colectivo El pensamiento revolucionario de Gramsci[62] mientras circulan las versiones castellanas de Gramsci et l’Etat, de Christine Buci-Glucksmann [63] y de The antinomies of Antonio Gramsci, de Perry Anderson, que había aparecido en la New Left Review. [64] En 1979, Jacques Texier, publica en castellano su Gramsci[65] y en México las ediciones Era traducen una selección de textos de Gramsci intitulada Sul fascismo, con una introducción de Enzo Santarelli. [66] En 1980, Cuadernos de Pasado y presente publica también la selección Gramsci y las ciencias sociales, [67] y Huges Portelli, Gramsci y el bloque histórico. [68] En el mismo sentido pueden haber incidido el coloquio que en septiembre de 1978 organiza la Universidad nacional autónoma de México dedica a Gramsci con la presencia de María-Antonietta Macciocchi, Giuseppe Vacca, Christine Buci-Glucksmann y Juan Carlos Portantiero y el Seminario de Morelia, Hegemonía y alternativas políticas en América latina, efectuado en 1980 y cuyas actas aparecerán más tarde. [69]

            Frente a esta manera de repensar la significación política y cultural de Mariátegui y de Gramsci estamos entonces frente a una manera de poner en cuestión, de repensar y de reelaborar las formas en las que se había desarrollado el marxismo a través de los cánones de la Segunda Internacional socialista o socialdemócrata y luego de la Tercera Internacional Soviética, perecidas en la práctica, insuficientes, inofensivas frente al despliegue con que la burguesía llevaba su ciencia a la práctica, con la capacidad con que organizaba la producción de la plusvalía. La filosofía de la praxis no podía ser –y no puede serlo- sino la expresión contemporánea, inmanente a través de la cual la lucha de clases adquiere su forma concreta, a través de la cual, entonces, los trabajadores se apropian de un mundo siempre en transformación y del cual deben siempre también dar cuenta desde su propio punto de vista de clase juicio. En esto consiste, a nuestro juicio el aspecto esencial de lo que nos deja el ejercicio del estudio de la recepción de Mariátegui en Chile

                                                          Valparaíso, diciembre 2012                                               


[1] Cfr., Mariátegui José Carlos, LaEscena Contemporánea, Lima Minerva, 1925.

[2] Cfr., Silva Castro Raúl, El Mercurio, Santiago de Chile, abril 1926, p. 2.

[3] Cfr. “Comentarios de revistas y libros”, “Amauta.- Revista de arte, polémica, crítica. Lima. Esta importante publicación peruana nos ha llegado trayendo un importante material. Su director es José Carlos Mariátegui.” In Boletín Educacional Nuevos Rumbos, Órgano de la Asociación General de Profesores de Chile, año I, nº 1 Santiago, 5 de junio 1927, p.17

[4] Cfr. Mariátegui José Carlos, “El freudismo en la literatura contemporánea”, in Boletín Educacional Nuevos Rumbos, Órgano de la Asociación General de Profesores de Chile, año I, nº 7 Santiago, octubre 1927, p.132.

[5] Cfr., Barrios Eduardo, carta a José Carlos Mariátegui, Santiago de Chile, 7 de abril de 1927, in Correspondencia (1915-1930), Introducción, compilación y notas de Antonio Melis, Lima, Amauta, 1984, t. i, pp. 263-264. Cfr. Carta de Concha Romero de James a José Carlos Mariátegui, Santiago de Chile, 16 de septiembre de 1928, in: Correspondencia. cit., t. ii, p. 436. Se puede leer carta de Letizia Repetto Baeza a José Carlos Mariátegui fechada en  Valparaíso el 17 de noviembre de 1928. El texto señala: Lettizia Repetto Baeza saluda al ilustre escritor  señor José Carlos Mariátegui, y tiene el agrado de enviarle un ejemplar de su novela La voz de Infinita. Mucho desearía una impresión suya en Amauta, confía en su gentileza y bondad… para ello, y de cuya revista le rogaría enviarle unos ejemplares. ¿Por qué no me envía algo suyo para publicarlo en Valparaíso? in Correspondencia, cit., t ii, p. 476.

[6] Cfr. Gabriela Mistral, “La escuela nueva en nuestra América, carta de Gabriela Mistral a Julio R. Barcos”, in revista Amauta, año ii, n°10, Lima, diciembre de 1927, p. 6.

[7] Mariátegui José Carlos, “Presentación de Amauta”, año i, n° 1, Lima, septiembre de 1926; también en in Ideología y política, décimo octava edición, Lima, Amauta, 1987, p. 100.

[8] Mariátegui José Carlos, carta a Pedro Ruiz Bravo, Lima, 9 de junio de 1923, in Correspondencia 1915-1930, introducción, compilación y notas al cuidado de Antonio Melis., t i, Lima, Amauta, 1984, p. 37.

[9] Nota preliminar a José Carlos Mariátegui, Historia de la crisis mundial (conferencias 1923-1924), Lima, Amauta, 1959, p. 9.

[10] A comienzos de 1928, Haya toma la iniciativa rupturista y se propone decididamente transformar el APRA en un partido, un Partido Nacionalista Peruano. Mariátegui, que concibe el APRA como frente único, no como partido, y menos aún como Partido Nacionalista Peruano, manifiesta vivamente su desacuerdo. “APRA, alianza o partido, no debería existir siquiera, puesto que el APRA (que) se titula alianza y se subtitula frente único, pasa a segundo término, desde el instante en que aparece en escena el Partido Nacionalista Peruano que ustedes han decidido fundar en México, sin el consenso de los elementos de vanguardia que trabajan en Lima y provincias.” Cfr. José Carlos Mariátegui, Carta a la célula aprista de México, Lima, 16 de abril de 1928, in Correspondencia (1915-1930), cit., t ii, p. 371.

Haya responde igualmente en tono vivo. “Ha recaído usted -le dice a Mariátegui- en el tropicalismo… Usted está lleno de europeísmo… Desinfectémonos de la imitación europea… El APRA es partido, alianza y frente ¿Imposible? Ya verá usted que sí. ” Cfr. José Carlos Mariátegui, Carta a la célula aprista de México, Lima, 16 de abril de 1928, in Correspondencia (1915-1930), cit., t ii, p. 371.

[11] Michael Löwy, El marxismo en América Latina. Antología, desde 1909 hasta nuestros días, Lom, Santiago, 2007, p. 18.

[12] Para los estatutos de la C.G.T.P., véase, José Carlos Mariátegui, Ideología y Política, Amauta, decima octava edición, Lima 1987, p. 154 y ss.

[13] “En mayo pensaba estar en Buenos Aires -escribe Raúl Silva Castro al mes siguiente del fallecimiento de Mariátegui- y también de paso por Chile apretaría las manos de los amigos. Dos mensajes suyos me alcanzaron con poca distancia. Uno traído por una poetisa peruana a quien Mariátegui me presentaba como uno de los valores más leales de su generación. En la carta una alusión a su viaje por Chile. Otro venía con Luis Alberto Sánchez, su amigo de siempre, aunque contradictor a veces”. Raúl Silva Castro, «José Carlos Mariátegui», in Atenea, revista mensual de ciencias, letras y bellas artes publicada por la Universidad de Concepción, año vii, nº 63, mayo de 1930, p. 249.

[14] “El rector de la Universidad de Chile, Armando Quesada Acharán -escribe Luis Alberto Sánchez- me ofreció un almuerzo… (durante el cual) le conté algo sobre Mariátegui y le solicité su venia para que, como invitado suyo, le visaran el pasaporte. No se limitó a eso. Me dijo que formalmente lo invitaba a dictar varias conferencias en el Salón de Honor, pagado por la Universidad y me prometió -y cumplió- darme una nota oficial para que Mariátegui conociera formalmente el hecho… La nota la llevé conmigo, pero llegué al día siguiente del sepelio de José Carlos. La puse en manos de Ana Chiappe de Mariátegui, quien me abrazó sollozando”. Sánchez Luis Alberto, Visto y vivido en Chile, Santiago de Chile, Tajamar, 2004, pp. 43-44.

[15] “Ya estaba en prensa este numero de Índice, cuando el cable nos trajo la fatal noticia: José Carlos Mariátegui ha muerto en Lima. En sus ensayos queda enclavada la realidad político social e intelectual del continente su alimento, como el de un creador, animó y dio vida a la cultura peruana. Bajo su dirección, la revista Amauta, fue la más libre, la más elevada tribuna de las jóvenes generaciones, un nuevo método crítico nació con él. La claridad de sus pensamientos, de su vida inmaculada la recia cohesión y la  pureza de sus propósitos establecían ciertas semejanzas entre su personalidad luminosa. Un diamante pulido, claro, limpio, un diamante que sobre el mapa de América grababa, en nervioso monograma, una palabra  nítida: «honor». En hora cercana nuestros ojos se aunarán a las dolorosas circunstancias de su vida, a las profundas enseñanzas de sus libros y al buscar las huellas de su heroísmo y de su inteligencia, nuestras miradas han de comprender sus glorias y la pesadumbre que nos abate hoy. Al saber su desaparecimiento”, in Índice  año 1, n° 1, Santiago de Chile abril de 1930, p.7

[16] Raúl Silva Castro, «José Carlos Mariátegui», in Atenea, revista mensual de ciencias, letras y bellas artes publicada por la Universidad de Concepción, año vii, nº 63, mayo de 1930, pp. 246-249.

[17] Cfr. Melfi Domingo, “Índice a Mariátegui”, in: Índice, año i, nº 2, Santiago de Chile, mayo de 1930, p. 9.  Orrego Vicuña Eugenio, “Índice a Mariátegui”, in: Índice, año i, nº 2, Santiago de Chile, mayo de 1930, p. 9. Raúl Silva Castro, “Índice a Mariátegui” in. Índice, año i, nº 5, Santiago de Chile, agosto de 1930, p. 9. Portal Magda, “trayectoria de José Carlos Mariátegui”, in: Índice, año i, nº 2, Santiago de Chile, mayo de 1930, pp. 8-9. Portal Magda, “Haya de la Torre y J.C Mariátegui”, in: Índice, año i, nº 6, Santiago de Chile, septiembre de 1930, pp. 12.  Chamundes Marcos,  “Carta del Perú Mariátegui y Haya de la Torre”, in: Índice, año i, nº5, Santiago de Chile, agosto de 1930, p.3. Chamundes Marcos, “Más en torno de Mariátegui y Haya de la torre,”  in: Índice, año i, nº 9, Santiago de Chile, diciembre de 1930, p.6. Petrovick Julián, “Carta del Perú”, in: Índice, año i, nº 9, Santiago de Chile, diciembre de 1930, pp.7-8.

[18] La polémica de Mariátegui con Haya de la torre va preceder en Perú la represión contra el APRA. Diversos sectores dirigentes del APRA se van a exiliar en Chile, prejuiciando la recepción del pensamiento de Mariátegui. Un interesante aspecto de esta polémica se encuentra en la revista Índice de Santiago (anteriormente citado). Que se prolonga por varios números donde encontramos a propósito de un artículo de Raúl Silva Castro, publicado en la revista Atenea (Castro Raúl Silva, “José Carlos Mariátegui”, Atenea, año vii, núm. 63, Santiago, may.1930, p. 245), genera una discusión entre los partidarios de Víctor Raúl Haya de la torre y José Carlos Mariátegui, es el primer punto de quiebre que se conoce en nuestro territorio entre las dos grandes figuras del Perú. Raúl Silva Castro en su artículo sin proponerse el objetivo de polemizar, no señala claramente las diferencias entre estos dos grandes intelectuales del Perú, quedando la sensación de que ambos pertenecen a una misma línea política, sin dar cuenta de los caminos divergentes que habían asumido estos dos espíritus emancipadores. A propósito de dicho artículo, se suma a la discusión la militante Aprista Magda Portal quien enciende la chispa de la polémica, polémica que continua con la separación de aguas entre apristas y defensores de la obra de Mariátegui, calificativos que van a enfrentar en el plano local estas dos miradas sobre la realidad latinoamericana.

[19] Cfr., Rouillon Guillermo, Bio-bibliografía de José Carlos Mariátegui, Lima, Universidad nacional mayor de San Marcos, 1963.

[20] Mariátegui José Carlos, Defensa del marxismo, polémica revolucionaria, editorial Cultura, Santiago 1934, p. 23.

[21] Nieto Luis, “José Carlos Mariátegui, Con motivo del quinto aniversario de su ingreso al silencio”, revista Hoy nº 182, Santiago 15 de mayo 1935, pp. 41-42

[22] Cfr., Bazán Armando, Biografía de José Carlos Mariátegui, Zig-Zag, Santiago de Chile, 1939. P. 114. Una relaboracion fue publicado ulteriormente por Amauta. “A veces el artista, el escritor, se  adelanta en su tiempo –en ella podemos leer- su sensibilidad intuye, adivina nuevas formas,, anhela de manera misteriosa extrañas transformaciones que, precisamente, discuten en oído de su propio ambiente, hieren a la generalidad de sus contemporaneos. Tales creadores son los precursores de tienen la mision de habrir camino a costa de su propio sacrificio.” Bazan Armando, Mariátegui y su tiempo, Amauta quinta edición, Lima 1978, p. 32.

[23] Bazán Armando, “Luz y huella de José Carlos Mariátegui”, in Aurora de Chile: Alianza de intelectuales para la defensa de la cultura,  nº 14 Santiago octubre de 1939, p. 7

[24] Bazan Armado, “De J. Carlos Mariátegui a César Vallejo, La Opinión, domingo 13 de enero de 1939.

[25] Gerardo Seguel, “El inca Garcilaso y José Carlos Mariátegui”, in Aurora de Chile: Alianza de intelectuales para la defensa de la cultura,  nº 11 Santiago junio de 1939.

[26] Armando Uribe, presentación a Manuel Rojas, / José Santos González Vera, Letras anarquistas. Artículos periodísticos y otros escritos inéditos, compilación de Carmen Soria, Santiago de Chile, Planeta, 2005, p. 5.,

[27] Para un estudio de la etapa argentina de Babel, véase con provecho, Horacio Tarcus, Mariátegui en la Argentina o las políticas culturales de Samuel Glusberg, Buenos Aires, Ediciones el cielo por asalto, 2001.

[28] José Carlos Mariátegui, “El hombre y el mito”, in Babel revistas de arte y crítica, vol. i nº 8, Santiago de Chile diciembre1939, pp. 255-256,

[29] José Carlos Mariátegui, “Genealogía del socialismo”, in Babel revista de arte y crítica, vol. ii nº 10, Santiago de Chile abril 1940, pp. 86-89.

[30] José Carlos Mariátegui, “El Renacimiento Judío”, in Babel revista de arte crítica, vol. vi nº 26, Santiago de Chile 1945, pp. 86-89.

[31] Enrique Espinoza, “Mariátegui, amauta o guía de una generación”, in Babel revista de arte y crítica, nº 54, Santiago de Chile 1950, pp.120-125. Palabras leídas en el homenaje organizado por Babel el 17 de abril de 1950 en el Salón de Honor de la Universidad de Chile al cumplirse el vigésimo aniversario de la muerte de José Carlos Mariátegui.

[32] Francisco Ichaso, “Meditaciones del Impedido”, in Babel revista de arte y crítica, vol. I, nº 8, Santiago de Chile Diciembre 1939, pp. 253-255.

[33] Félix Lazaso, “Hombre De Letra Viva”, in Babel revista de arte y crítica, vol. ii, nº 10, Santiago de Chile Abril 1940, pp. 30-32. Para un estudio crítico, cfr. Jaime Massardo, Pierina Ferretti, Lorena Fuentes, Patricio Gutiérrez, Babel revista de arte y critica, Santiago de Chile, Lom 2008, tres volúmenes.

[34] Cfr., Enrique Espinoza, «José Carlos Mariátegui, guía o amauta de una generación», in: Babelrevista dearte y crítica, año xi, nº 54, Santiago de Chile, segundo trimestre de 1950, pp. 120-124.

[35] José Carlos Mariátegui, Carta a Samuel Glusberg, Lima, 10 de enero de 1927 (1928), in Correspondencia (1915-1930), Introducción, compilación y notas de Antonio Melis, Lima, Amauta, 1984, t ii, p. 331.

[36] Enrique Espinoza, «José Carlos Mariátegui, guía o amauta de una generación», in: Babelrevista dearte y crítica, año xi, vol. xiii, nº 54, segundo trimestre, Santiago de Chile 1950  p. 122.

[37] Enrique Espinoza, «Patología de la regeneración», in: Babel revista de arte y crítica, año xi, vol. xii, nº 50, segundo trimestre, Santiago de Chile 1949, p. 126.

[38] Ciro Alegría, «Impresiones de José Carlos Mariátegui», in: Babel revista de arte y crítica, año xx, vol. ii nº 13, septiembre/octubre, Santiago de Chile 1940, p. 48. Aquel peruano exiliado, quien fue acogido por Glusberg «que pasaba por una situación económica muy crítica lo instó a presentarse a un concurso latinoamericano de novela que convocaba una editorial estadounidense, discutió con él día a día el manuscrito, propuso correcciones y recomposiciones, le dio ánimo para llevar a término la empresa. Nació así El mundo es ancho y ajeno». Horacio Tarcus, Mariátegui en la Argentina. O las políticas Culturales de Samuel Glusberg, El Cielo Por Asalto, Buenos Aires, Argentina, 2001. p. 83.

[39] Ibidem., p. 46.

[40]  Félix Lizaso, «Hombre de letra viva», in: Babe revista de arte y cítical, vol. ii  nº 10, Santiago de Chile 1940. p. 28.

[41] Solano Armando, “El x aniversario de Mariátegui,” Atenea, revista mensual de Ciencias, Letras y Arte, Universidad Concepción, año xvii, nº 179, Concepción mayo 1940. pp.176-184.

[42] Schwartzmann Félix, El sentimiento de lo humano en América: ensayo de antropología filosófica, Universidad de Chile, Facultad de Filosofía y Educación, Instituto de Investigaciones Histórico-Culturales, Santiago 1950-1953. 2 v. véase en particular capitulo xv, “La idea de la acción en Mariátegui” pp.201-207.

[43] Cfr.,  José Carlos Mariátegui, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Prólogo de G. Rouillon, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 1955.

[44] César Godoy Urrutia, «Un cuarto de siglo de la muerte de Mariátegui», in Aurora de Chile: Alianza de intelectuales para la defensa de la cultura,  nº 3, Santiago de Chile, abril de 1955, pp. 51-59

[45] Yarkas Lautaro, “José Carlos Mariátegui, Novelista”, in Atenea, revista mensual de ciencias, letras y bellas artes publicada por la Universidad de Concepción, año xxxvii, nº 387, enero de 1960, p. 74-80.

[46] Cfr.,  José Carlos Mariátegui, La novela y la vida. Sigfried y el profesor Canella, Lima, amauta, 1955.

[47] Yerko Moretic José Carlos Mariátegui: su vida e ideario, su concepción del realismo, Santiago de Chile, Universidad Técnica del Estado, 1970, pp.11-12.

[48] Antonio Melis va a escribir “J.C. Mariátegui, primo marxista d’America” in Critica marxista, nº 2, Roma, marzo-abril, 1967, pp. 132-157. (traducción castellana: “J.C. Mariátegui, primer marxista de América” in Vv. Aa., Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano, segunda edición, selección y prólogo de José Aricó, México, Cuadernos Pasado y Presente, nº  60, 1979,),

[49] Cfr., Renato Sandri, “Mariátegui, via nazionale e internazionalismo nel terzo mondo”, in Critca marxista, ano x, nº 6, Roma, novembre / dicembre 1972.

[50] Cfr., Robert Paris, La formación ideológica de José Carlos Mariátegui, Cuadernos de Pasado y presente, nº 92, México, 1981

[51]Ibidim, p. 7.

[52] Cfr., José Aricó, Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano, segunda edición, México, Cuadernos de Pasado y presente, nº 60, 1980.

[53] Fernández Osvaldo, “Tres lecturas de Gramsci en América latina”, in: Vv. Aa., Gramsci, actualidad de su pensamiento y de su lucha, Roma, Claudio Salemi tipógrafo editore, 1987, p. 212.

[54] Uso la palabra praxis, en lugar de práctica. Nos dice Mondolfo “praxis (que es la palabra griega mantenida en alemán) es más general; comprende toda forma de actividad, sea teórica o practica.”Cfr. Mondolfo Rodolfo, Feuerbach y Marx, Claridad, Buenos Aires 1936, p. 6. En otro registro Mondolfo agrega. “La praxis es desarrollo, es historia que nace del estímulo perpetuo de la necesidad; y las condiciones que suscitan la necesidad, ya sean derivadas de la naturaleza, o constituidas por los resultados de la actividad humana antecedente, no son exteriores a la humanidad, sino que deben penetrar en la vida de su espíritu para impulsarla a su actividad, producto, que es también productor, creación y creador al mismo tiempo, en el proceso infinito del trastocamiento de la praxis.” Cfr. Mondolfo Rodolfo, Espíritu revolucionario y conciencia histórica, editorial Escuela, Buenos Aires 1968, p. 20.

[55] Cfr., Vv. Aa., Actualidad del pensamiento político de Gramsci, selección e introducción de Francisco Fernández Buey,  cit.  A propósito del trabajo sobre Gramsci de F. Fernández Buey, véase Leyendo a Gramsci, Barcelona, El viejo topo, 2001.

[56] Cfr., Hugues Portelli, edita Gramsci y la cuestión religiosa, Barcelona, Laia, 1977.

[57] Cfr., Vv. Aa., Gramsci hoy, Barcelona, Materiales, extra 2, 1977.

[58] Cfr., María-Antonietta. Macciocchi, Gramsci y la revolución de Occidente, México, Siglo veintiuno editores, 1975.

[59] Cfr., Juan Carlos Portantiero, Los usos de Gramsci, Cuadernos de Pasado y presente nº 53, México, 1977, pp. 1-84.

[60] Carlos Franco, Presentación a Marx y América latina, de José Aricó, segunda edición, México, Alianza editorial mexicana, 1982, p. 10.

[61] Cfr., Francisco. Fernández Buey, Ensayos sobre Gramsci, Barcelona, Materiales, 1978.

[62] Cfr., Vv. Aa., El pensamiento revolucionario de Gramsci, Universidad autónoma de Puebla, 1978.

[63] Cfr., Christine. Buci-Glucksmann Gramsci y el Estado, (Gramsci et l’Etat, Paris, Fayard, 1974), segunda edición, México, Siglo veintiuno editores, 1978.

[64] Perry Anderson, Las antinomias de Antonio Gramsci, (The antinomies of Antonio Gramsci, New Left Review, 1977), Barcelona, Fontamara, 1978.

[65] Cfr., Jacques Texier, Gramsci, Barcelona-Buenos Aires-México, Grijalbo, 1979.

[66] Cfr., Antonio Gramsci. Sobre el fascismo (Sul fascismo, Roma, Editori Reuniti, 1974), introducción de Enzo Santarelli, traducción de Ana María Palos, México, Era, 1979.

[67] Cfr., Vv. Aa., Gramsci y las ciencias sociales, Cuadernos de Pasado y presente n° 19, sexta edición, México, 1980.

[68] Cfr., Hugues. Portelli, Gramsci y el bloque histórico, séptima edición, México, Siglo veintiuno editores, 1980.

[69] Vv. Aa., Hegemonía y alternativas políticas en América latina, coordinado por Julio Labastida, prólogo de José Aricó, México, Siglo veintiuno editores / Unam, 1985.

Fernando Ortiz Historiador.

Hasta los años sesenta del siglo recién pasado la historiografía chilena estuvo dominada por la óptica que los autores del siglo XIX habían trazado de nuestra historia. No sólo la óptica sino también el sujeto social el criollo oligarca era figura dominante en nuestros manuales. La historiografía oligárquica había proporcionado una conciencia de sí a la clase dominante. Su visión de la sociedad, su metodología y su concepción del objeto dominaban. Sólo a comienzo de los años sesenta del siglo pasado esa hegemonía comienza a ser disputada, y desplazada, gracias a los trabajos pioneros de autores como Hernán Ramírez Necochea y Fernando Ortiz, quienes se ubican dentro de una perspectiva nueva y diferente. No solo porque abordan el estudio de un nuevo protagonista social, el proletariado y los sectores populares, sino también por la metodología que ponen en obra en sus estudios. Fernando Ortiz está consciente de la brecha nueva por donde se introduce, lo dicen las “palabras preliminares” de su estudio, El movimiento obrero en Chile. 1891-1919, tesis con la que opta al título de profesor de historia: «La historia de Chile recién empieza a estudiarse. Algunas memorias y unos cuantos trabajos han contribuido poderosamente a dar luz sobre aspectos inéditos de nuestro pasado que explican gran parte de nuestro presente. Chile se destaca en el hemisferio por su acendrada conciencia democrática; descubrir sus raíces constituye, a juicio nuestro, el más apasionante de los problemas.»

En este trabajo, siguiendo la línea trazada por Hernán Ramírez, Fernando Ortiz se inserta dentro de toda una nueva perspectiva que ilumina todo el espectro social de una manera diferente a la historiografía tradicional. AI postular como objeto de estudio al proletariado chileno, que había emergido como una fuerza social nueva ya a fines del siglo XIX, está consciente del tema social y político que irrumpe junto con la emergencia proletaria, que reestructura la sociedad chilena y la obliga a pensarse de nuevo.

Por eso su trabajo va desde la historia a la formación económica de Chile; desde la explotación hasta los primeros movimientos sociales; cómo fueron las primeras experiencias de lucha de ese movimiento obrero, hasta llegar a su expresión en el campo de la política partidista.

Es casi todo el espectro social y político chileno el que recorre Fernando Ortiz en su trabajo.

El desarrollo paralelo y ascendente del proceso de lucha, por un lado, y la evolución organizativa, por otro. El comportamiento de los partidos políticos chilenos frente a la emergencia social y cómo ella se refleja en sus distintos programas políticos.

Es un Chile nuevo que está naciendo. Esta génesis la examina tanto en e! campo de la minería, la industria, como también en la agricultura y las finanzas, sin dejar de analizar la presencia del imperialismo en estos años. Fernando Ortiz no aísla su objeto, no lo pone como un protagonista solitario, Lo desprende del conjunto de la sociedad. La aparición del proletariado revela al mismo tiempo la emergencia de un Chile distinto, en donde los distintos sectores populares comienzan a tomar conciencia de clase. Esto remece todo el espectro social y por ahí introduce Femando Ortiz la nueva metodología destinada a cambiar la perspectiva historiográfica chilena.

Su libro comienza con e! desarrollo económico de Chile desde 1891 hasta 1919, para fijarse en seguida en el proletariado, su existencia y su trabajo. El problema del enganche, y el problema de las pulperías; la situación de los obreros del salitre, del carbón y del cobre; el proletariado industrial incipiente y los campesinos, llevando su preocupación hasta la situación de los empleados particulares. Recorre toda esta nueva problemática que inaugura el siglo y que explica la evolución política chilena en el siglo XX y los distintos problemas sociales. El capítulo tercero aborda la historia de las luchas, del movimiento huelguístico y de las masacres proletarias, hasta llegar al proceso organizativo que “va a conducir este proletariado hasta sus expresiones sindícales y políticas mayores. Culmina este recorrido con la fundación del Partido Obrero Socialista y la figura de Luis Emilio Recabarren.

Era justamente el estudio de la obra de Recabarren por donde Iba a continuar el trabajo histórico de Femando Ortiz. El material que había reunido quedó en los casilleros de la Universidad invadida por la fuerza represiva de la dictadura en 1973. Su desaparecimiento deja una deuda para nuestras actuales generaciones; deuda no sólo moral y política, sino también respecto a la necesidad de estudios más profundos de nuestro universo social.

 

Cita: VVAA.”Fernando Ortiz Historiador.”[en línea] Cuadernos de educación . Dic.-Feb.2006 (año1) nº1 . 10-11pp. <https://cuadernosdeeducacion.wordpress.com/2011/04/05/fernando-ortiz-historiador/>%5BFecha de Consulta:    ] .ISSN:0719-0271