Editorial (CdE nº47)

Durante la elaboración del presente número, nos alerta un nuevo triunfo de la derecha en América Latina, con un poco más del 55% de las preferencias, Jair Bolsonaro, ex militar y quien abiertamente durante su campaña realizó apologías de la dictadura que sufrió el vecino país, se convierte en el nuevo presidente de uno de los países claves para el crecimiento económico de la región como es Brasil. Si observamos este triunfo, junto a los alcanzados por la derecha en países como Argentina, Perú, la decepción vivida con Moreno en Ecuador, y sumamos a un Donald Trump como orquestador, resulta preocupante el cerco o gran pinza que se está originando para estrangular a Venezuela, Bolivia y otros procesos progresistas de la región.

Esta tendencia, se puede ver como un fenómeno internacional de votar y elegir a ultraderechistas como Gobernantes, Presidentes, Legisladores, Alcaldes, etc. donde pareciera que los pueblos sufren de lo que podría llamarse, “la atracción del abismo”, ante tanta frustración por promesas incumplidas, por la política en la medida de lo posible, o por los escándalos de corrupción que atraviesan los distintos sectores y colores políticos, y que traen consigo, la nula o insuficiente atención a las necesidades y demandas que posibiliten garantizar una mejor calidad de vida para la clase trabajadora.

En este nuevo escenario histórico ( y familiar) para América, se fortalece y expande a nivel mundial el capitalismo, el cual utilizando como herramienta el fascismo instala no solo post-verdades sino también el miedo a todo lo que sea “distinto a la norma”: pobres, inmigrantes, homosexuales, etc. con el solo objetivo de sostener su hegemonía regional, y con esto, el control y apropiación de enormes y ricos yacimientos de petróleo, de gas y otros estratégicos recursos naturales, para que sean explotados por los grandes consorcios neoliberales, en su propio beneficio y no de los pueblos soberanos, dueños de tales riquezas naturales.

Esto nos convoca a preguntarnos, ¿Han sido suficientes los análisis sobre las debilidades de la izquierda para disputar y lograr hegemonía sostenida en el tiempo? ¿Cómo aporta a esta disputa la academia?, y es en este cuadro de corrupción, descomposición y degradación social, donde precisamente el quehacer académico podría alzarse como un ejemplo para lograr todo lo contrario, fortaleciendo e instalando gobiernos democráticos en sus instituciones, robusteciendo la transparencia, la honradez y solidaridad científica, incorporando el paradigma de los Derechos Humanos como base de su proyecto de formación y diseños curriculares; una academia proba, leal, cumplidora con el desarrollo de los pueblos en lo intelectual y en lo manual, donde el “grado” visible no sea signo de superioridad, sino que facilite el juicio, que permita distinguir lo “sano” de lo “enfermo”.

Como decía nuestra gran Gabriela Mistral por el 1933, “el pueblo cree en estos capitanes de la inteligencia que vienen a cubrir los viejos cuadros de generales, cleros, banqueros y terratenientes, pasaron a la inteligencia el halo no sólo de la autoridad, sino de la espiritualidad (…) y soñaron otros estados, otras vidas, otras conciencias colectivas en cuyo seno vivirían más felices”.

Editorial (CdE nº42)

La derrota electoral de la centroizquierda


Los individuos son entes complejos y esa complejidad se traspasa potenciada a la sociedad. Me refiero aquí al conjunto de valores y visiones de mundo que se manifiestan en la sociedad. Pero en ese conjunto, lleno de contradicciones y matices, hay algunos que predominan. Estas concepciones dominantes forman el llamado sentido común. Hay muchas evidencias de sentido común, acerca de los valores dominantes en la actual sociedad chilena: el individualismo es uno de ellos. A partir del golpe militar y la implantación en Chile del modelo económico y cultural neoliberal, se empezó a debilitar rápidamente el sentimiento solidario y comunitario que se había desarrollado en una buena parte de la sociedad durante el período de Frei y Allende. Creció la desconfianza y las condiciones sociales propias del modelo neoliberal impulsaron el individualismo. El sálvese quien pueda y el rascarse con las propias uñas fue simplemente una forma de supervivencia. Pero el desarrollo del individualismo no se frenó con el término de la dictadura: por el contrario, se continuó desarrollando. La enorme mayoría de la gente piensa en sí mismo y en sus cercanos primero. A lo largo de la transición con la Concertación hubo un rápido crecimiento económico, grandes masas de gente pobre empezó a salir, con gran esfuerzo, de la pobreza, y se empezó a advertir un fenómeno muy curioso: los pobres que salen de la pobreza se empiezan a identificar con las clases acomodadas: imitan sus comportamientos, su “cultura”, en particular los valores individualistas que predominan en esas capas. Quienes vuelven del exilio después de varios años denuncian que con la dictadura se perdió el ambiente solidario que ellos vivieron antes del golpe de estado. En realidad en los gobiernos de la Concertación, ya fuera de la dictadura, se siguió desarrollando el egoísmo. Se transformó el sentido común hacia los valores del consumo: si yo quiero un auto mejor, tengo que pagar más ¿no es cierto? Bueno, lo mismo con la educación: si quiero un mejor colegio para mis hijos, tengo que pagar más. Esta manera de pensar pasó a imponerse como algo propio del “sentido común”. Sentido común que la derecha y los poderes fácticos han logrado hacer algo banal y cotidiano. Nos hemos transformado de ciudadanos que éramos en los consumidores que somos hoy.
Pero hay otro aspecto en donde se observa el predominio del individualismo en nuestro país: el apoliticismo. En efecto, quien declara que la política no le interesa, significa que no le interesa la polis y que solo le interesa el entorno familiar o el círculo más cercano. El hecho que más de la mitad de los potenciales electores no hayan concurrido a votar, significa que la sociedad en su conjunto, no le interesa. Pero la cultura se va transformando a lo largo de la historia y a veces en forma muy rápida. Cada individuo es un manojo de tendencias, de voluntades y valores diferentes. A veces predominan unas y otras veces otras.

Sin embargo, las condiciones sociales, la acción de la política, los intereses de clase, van poniéndole leña a unas formas más que a otras. Fue sorprendente la irrupción de una arista solidaria en los jóvenes de enseñanza media y también universitaria: la educación como derecho social, no al pago ni al copago. La propagación de esta arista solidaria condujo a la elección de Michelle Bachelet en el 2013. De este modo se comenzó a hacer una serie de transformaciones importantes en la estructura social y económica del país, en la dirección hacia la solidaridad (en “la dirección correcta” diríamos nosotros; “la dirección equivocada”, dirían los grupos de derecha). Es en este aspecto donde aflora claramente la debilidad de la coalición Nueva Mayoría y del gobierno (no se trata simplemente de errores: se trata de debilidad). No se supo defender con fuerza la orientación de las reformas. Le faltó responder con mucho énfasis (incluso con agresividad, diría yo) a las distorsiones y mentiras del sector de derecha. La debilitada arista solidaria no fue defendida con la pasión necesaria. Es claro que la prensa nacional inflaba todo lo negativo y ponía todo el énfasis en las críticas de la derecha. Pero la heterogeneidad de la coalición condujo a que dentro de la misma surgieran las críticas más dañinas: hasta el mismo Mario Weisbluth, lo primero que hizo fue criticar con estridencia: “estoy en absoluto desacuerdo, no se debió haber empezado por ahí…” O bien la famosa crítica de los matices: la prensa destacaba la crítica y la derecha la magnificaba y la distorsiona. Las respuestas a esas críticas fueron débiles, demasiado débiles. Resultó sorprendente para muchos que, al par de años de introducidas las reformas, las encuestas señalaban poco apoyo. No se defendieron con la fuerza necesaria. La famosa frase “las reformas están mal hechas”, eludía y obnubilaba el aspecto central de las reformas, su contenido básico, su orientación. La ignorancia, esta acción de los intereses creados, de los políticos de derecha que no querían que las cosas en Chile se transformaran, y aquellos que se habían acomodado con lo que había, más la flojera mental de mucha gente hacía que no se buscara el sentido de las reformas y que se rechazaran porque estaban mal hechas. Al respecto habría que añadir que hubo un error de apreciación básico con respecto a la opinión pública que se expresó diciendo que: la mayoría de la gente es de centroizquierda. No. La base ideológica de la mayoría de la gente es neoliberal, individualista y manipulada por los valores que el gremialismo, los Chicago boys, y la dictadura han logrado imponer y mantener. Solo surgió una pequeña llama solidaria que se propagó hasta la elección de Michelle Bachelet. Pero la llamita de la cultura solidaria no se cuidó, y se fue apagando. Ahora han ganado terreno nuevamente la cultura del crecimiento económico, del arreglarse con las propias uñas, del yo-primero, en una palabra los patrones de la cultura neoliberal. Nuestra tarea será ahora encender nuevamente la llama de la solidaridad.

Editorial (CdE nº35)

Educación y gratuidad: ¿Existe una contradicción real?

El conjunto de los actores de la educación vienen planteando la gratuidad en la educación como nuevo paradigma de financiamiento en la sociedad chilena. La implicancia principal es que el Estado asuma la misión de financiar sus instituciones, cuestión bastante obvia en apariencia, pero, si atendemos al fondo de la problemática, necesariamente tenemos que pensar en un nuevo carácter del Estado, o simplemente continuar reforzando el rol subsidiario del Estado con sus instituciones públicas.

Este dilema ha estado presente en los últimos meses con la falsa discusión entre el carácter público de las universidades estatales y las universidades tradicionales y frente a las privadas, argumentado estas últimas, que también prestan un servicio público y que, por ende, el Estado también, debe y tiene que financiarlas.

La tensión, como hemos visto, ha estado en el financiamiento, y las medidas y procedimientos no quedan claros hasta el momento. La discusión ha sido bastante tensa, y por el momento sigue ocultado la problemática de fondo y no ha dado respuesta a las preguntas fundamentales que la sociedad chilena demanda, a saber: ¿qué modelo de educación necesitamos, para qué tipo de sociedad y para qué tipo de estado nacional?

Creemos que en las interrogantes anteriores está la perspectiva profunda de la discusión, donde el tema de la educación no es necesariamente una problemática, como se ha planteado hasta el momento, solo de especialistas o expertos, sino que es una cuestión del conjunto de la sociedad, es decir, en palabras del marxista italiano, es un problema de la gran política, pues trae implícita la discusión sobre buscar alternativas globales para desmontar y a su vez elaborar un modelo de desarrollo alternativo para el país.

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Este modelo de desarrollo en los últimos años ha sido tensionado someramente por los ortodoxos del neoliberalismo y los reformistas al modelo. La interrogante es si entre ortodoxos y reformistas existe una alternativa de un modelo educacional y, por ende, de nación, que tenga como horizonte alcanzar los cambios en perspectivas de desarrollo y democracia para una sociedad más equitativa, o estamos en la pequeña política de la inmediatez y los fríos cálculos del mercado de la educación.

En este sentido, la gratuidad no necesariamente podría terminar con las lógicas del mercado en la educación, es más, podría reforzarlas, si dicho financiamiento apoya el mero carácter subsidiario del Estado, el mismo que ocupa en la actualidad en la economía neoliberal de mercado. Sin embargo, este esfuerzo programático de gratuidad puede ser el primer paso para desmontar la madeja de dominación, aunque dicha madeja tiene muchos nudos ciegos que están siendo apretados, incluso por aquellos que quieren gratuidad.

Asimismo, el estado actual de la discusión sobre la gratuidad en educación superior no ha generado todavía un cuestionamiento a la totalidad del sistema en el cual se fundamenta nuestra sociedad actual, donde el neoliberalismo y sus valores hedonistas del consumo no nos dejan ver la realidad. Perseo se cubría con un yelmo de niebla para perseguir a los monstruos. Nosotros nos encasquetamos el yelmo de la niebla, cubriéndonos ojos y oídos para negar la existencia de los monstruos.

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