Cuadernos de Educación MAR-MAY (Año XII) nº44

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Editorial (CDE nº 29)

El Gobierno de la Nueva Mayoría ha dado inicio a su ambicioso plan de reforma educacional. Así es como han sido enviados al parlamento proyectos de ley que pondrán fin al lucro en la educación escolar, terminando con el copago y la selección de alumnos en aquellas escuelas y/o liceos que reciban subvención estatal. Del mismo modo ya se tramita un proyecto de ley que crea la figura del interventor en aquellos planteles de educación que estén en riesgo de sustentabilidad por razones económicas y/o académicas.

Sin duda esto demuestra la voluntad política de cumplir estrictamente lo que dicho conglomerado político ofreció al pueblo chileno como programa de gobierno.

No hay duda, tampoco, que faltan otras iniciativas y proyectos de ley que completen el ámbito de la reforma. Sin embargo, también a estas alturas del proceso es pertinente señalar algunas deficiencias (o falta de información) que se han observado hasta aquí.

El movimiento estudiantil ha criticado el bajo (o nulo) nivel de participación en la elaboración de las distintas propuestas conocidas hasta hoy. En particular se critica el no conocer una hoja de ruta en relación al fortalecimiento del sistema público de educación escolar, la desmunicipalización, el fortalecimiento del rol del profesorado y los inevitables cambios curriculares que una educación escolar pública conlleva, los que no son ni conocidos ni se está generando un adecuado nivel de participación de la comunidad escolar (profesores, alumnos y apoderados) en torno a ellos.

Los estudiantes secundarios, con razón, reclaman mayor participación de ellos y los profesores en temas como la evaluación escolar (¿fin a la medición estandarizada?),y el método de selección universitaria, entre otros.

El ministro de educación ha señalado reiteradas veces el carácter sistémico de la educación, y tiene razón. Por ello es necesario que los estudiantes, los profesores y los padres conozcan ese alcance sistémico de la reforma. Es posible que por razones políticas (obtener aprobación de proyectos en el parlamento) se debilite el conocimiento y alcance sistémico del proceso de reforma y terminemos enfrascados en discusiones menores respecto de particularidades de tal reforma.

El árbol de decisiones debe ser conocido por el movimiento estudiantil, y los ciudadanos debemos conocer cómo es que se instalará en Chile una educación escolar pública, gratuita y de calidad.

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A la luz de estos elementos es necesario tomar los resguardos y actuar proactivamente en relación con las iniciativas que atañen a la reforma en la educación superior, universitaria y de formación técnica.

Respecto de ello la información pública es parcial, y ya algunos actores (CONFECH, y Consejo de Rectores de Universidades del Estado) han expresado preocupación por el nivel de participación en la formulación del proyecto.

Algunas declaraciones señalan que se mantendría el financiamiento a la matrícula vía voucher (¿Deberán las universidades del Estado seguir destinando recursos escasos a publicidad para poder competir por ese financiamiento?).

También algunas declaraciones señalan que habría un financiamiento basal especial para las universidades del Estado y que una parte importante del financiamiento se haría por la labor de investigación de universidades acreditadas.

Nada se ha dicho de otra función de toda universidad: La extensión.

Chile ya tuvo una reforma universitaria en los años sesenta, y fue exitosa. No se debe olvidar la clave del éxito de dicha reforma que fue la participación.

En dicha reforma no sólo la participación de las comunidades universitarias sino de todo el pueblo fue crucial, pues cuando hablamos de investigación y de extensión necesariamente hablamos de un proyecto país.

Nuevamente aquí no se debe perder de vista el objetivo: un sistema universitario público, gratuito y de calidad.

Siempre será bueno y mejor que los cambios sean motivo de discusión, y por ello nos alegramos de estar conversando de educación, pero más nos alegraremos si en esa conversación participamos todos. Aunque es posible que esta falta de participación obedezca a que el proyecto se encuentre distante de su formulación final, pues acabamos de conocer (El Mercurio, 22.06.2014) que el Ministro de Educación propone una red pública de colegios abierta a los particulares subvencionados, con nuevo financiamiento y Estatuto Docente. Esta vez, el ministro plantea la necesidad de mayor interacción con los ministros. Con seguridad, la clave es demorarse un poco más e incluir un amplio debate con los actores involucrados, entendiéndose por estos últimos aquellos con organización representativa a nivel nacional.

Todas estas observaciones obedecen a que queremos una mejor educación pública para un Chile más democrático, inclusivo y justo.

Por una política de Estado para nuestro desarrollo científico-tecnológico. Rolando Rebolledo Berroeta

Rolando Rebolledo Berroeta

Docteur d’État ès-Sciences, Université Pierre et Marie Curie, Paris!

Profesor Titular

Facultades de Ingeniería y Matemática

Universidad Católica de Chile

En los últimos días se ha producido gran agitación sobre el retiro por parte del nuevo gobierno del proyecto de ley de creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología presentado por la administración de Sebastián Piñera en los últimos días de su mandato. Como se recordará, en el año 2012 el entonces Ministro de Economía Pablo Longueira provocó una enorme reacción de rechazo de la comunidad científica al anunciar que el gobierno estudiaba el traspaso de CONICYT a su cartera.

Ante la ola de críticas recibida y para evitar una escalada mayor, el ex Presidente Piñera suspendió dicha medida y designó una Comisión Asesora para que hiciera recomendaciones sobre una nueva institucionalidad para la Ciencia, la Tecnología y la Educación. De las recomendaciones entregadas por esa comisión, retuvo solo aquella de generar un Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Educación Superior. Cabe preguntarse por qué no presentó su proyecto de ley antes, el año 2013, en vez de dejarlo para las últimas horas de su mandato. El postrer proyecto de ley de la administración Piñera adquirió así el carácter de un recurso simbólico, susceptible de recabar algunas simpatías en la comunidad científica nacional, con vistas a posteriores justas electorales.

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Pero, un análisis más acucioso de las reivindicaciones de la comunidad científica nacional muestra que la reivindicación principal es la de disponer de una política de Estado en materia de Ciencia y Tecnología. En sucesivos estudios realizados por la Academia de Ciencias y las Sociedades Científicas, ha quedado en evidencia que nuestro país adolece de la falta de una política de Estado en materia de investigación científica y tecnológica, que sea independiente de los gobiernos de turno.

Diferentes gobiernos han creado instrumentos para incentivar la investigación, motivados por la existencia de una productiva comunidad científica nacional. Entre esos, el más antiguo y más ampliamente utilizado ha sido FONDECYT, otros, han tenido vidas más efímeras, en no pocos casos producto de visiones más bien individuales que inspiradas en estrategias de desarrollo de largo alcance, fraguadas en amplia consulta a la comunidad académica.

Al iniciarse un nuevo gobierno que pretende hacer importantes cambios estructurales en el Estado, esta comunidad está a la espera de que se promueva una amplia discusión nacional al respecto. Se ha recordado por ejemplo, que la ley que dio nacimiento a CONICYT estableció la generación de un Consejo Nacional de Ciencia. Éste quedó en receso el año 1973 y ningún gobierno ha tomado a cargo su reactivación. Es hora de que este Consejo se reconstituya con la debida consulta a la comunidad científica, dando inicio a un proceso de debate nacional sobre la institucionalidad requerida para impulsar estratégicamente la investigación científica y la innovación en nuestro país. De manera más precisa, para garantizar que este Consejo elabore una política de desarrollo de largo plazo, con verdadera independencia del gobierno en ejercicio, se propone que sólo un tercio de sus miembros sea designado, en tanto los dos tercios restantes sean elegidos entre pares. A este respecto, hay numerosas bases de datos (FONDECYT, Sociedades Científicas, Academia de Ciencias) que pueden ser usadas para hacer un catastro de los científicos elegibles y con derecho a elegir. Indudablemente, la creación (o reactivación) de este Consejo tiene la mayor prioridad con respecto a otras medidas institucionales.

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A la luz de la experiencia de los países que forman parte de la OCDE, es ciertamente importante avanzar en la instalación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología que sea un órgano ejecutor de las políticas decididas en el Consejo. Pero, conviene ver esta instalación como un proceso que comience con una Subsecretaría en el Ministerio de Educación que asuma como primera tarea recuperar la gestión de los diversos fondos de financiamiento de la investigación en el país. Gradualmente, haciéndose cargo de otras reivindicaciones muy sentidas como la Carrera del Investigador, la inserción de doctorados en la Educación Superior o en la industria nacional, realizando un muy serio estudio sobre materias presupuestarias, podría esta subsecretaría devenir un Ministerio. Los Ministerios de Ciencia de los países de la OCDE pueden en este tema ser de una gran ayuda, con asesorías técnicas que ayuden a traspasar experiencias de diseño presupuestario en estas materias.

El desarrollo de nuestra investigación científica es de importancia estratégica para la nación. Así lo han entendido Brasil y otros gobiernos latinoamericanos. Una adecuada política de intercambio en estas materias reforzaría nuestras relaciones exteriores y ayudaría a generar soluciones innovadoras para cruciales problemas de nuestro desarrollo como la energía, la educación, la protección del medio ambiente y la biodiversidad.

Propuesta de Reforma Tributaria de la Nueva Mayoría. Roberto Saavedra Inostroza

Comentarios y Alcances.

A continuación expondré comentarios acerca de algunos puntos contemplados en la propuesta de Reforma Tributaria contenida en el programa de Gobierno de la Nueva Mayoría. Mi opinión se basa en los conceptos fundamentales de Tributación adquiridos en mi formación y ejercicio como profesional del área.

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1.- Programa :

“Característica esencial del sistema de impuesto a la renta vigente en Chile”

“El mecanismo del FUT con que hoy cuenta Chile, no existe en ninguna parte del mundo.”

“ Se trata de una fórmula surgida en los años 80, posterior a la crisis vivida en esa década, que obedece a las condiciones económicas específicas de ese momento en nuestro país, en especial, debido a las restricciones financieras que enfrentaron las empresas en dicha década en Chile.”

“El sistema de impuesto a la renta se caracteriza por tener una tributación de las rentas del capital baja, con algunas franquicias tributarias mal diseñadas, que se superponen entre sí.”

“Una parte dela estructura de incentivos, como es el caso del FUT, algunos regímenes especiales o el tratamiento del ahorro, se han desviado sustancialmente de sus objetivos iniciales y se han convertido en fuentes de elusión e incluso de evasión de impuestos.”

“Para corregir lo anterior, se implementarán las siguientes modificaciones a la Ley de Impuesto a la Renta:”

“Elevaremos, en forma gradual, la tasa del impuesto a las empresas de 20% a 25% en un plazo de 4 años.”

“Ésta seguirá operando como un anticipo de los impuestos personales , manteniéndose así la integración de impuestos entre empresas y personas”.

“Los dueños de las empresas deberán tributar por la totalidad de las utilidades de sus empresas y no sólo sobre las utilidades que retiran (el sistema operará en base devengada). Esta medida será implementada a partir del cuarto año de la reforma. De esta forma se termina con el actual mecanismo del Fondo de Utilidades Tributables (FUT).”    ( El destacado en negritas ha sido agregado )

Comentario :

a)  Integración de Impuestos

Efectivamente el sistema chileno es único, por lo menos en el ámbito de los países OCDE.

No hay otro país de la OCDE que tenga un sistema basado en la denominada integración de impuestos, lo que implica que las empresas no son afectadas por Impuesto a la Renta.

El llamado Impuesto a la renta de 1ª categoría , que declaran las empresas, es solamente un anticipo a cuenta del Impuesto Global Complementario ( IGC) de los dueños de las empresas.

Como el Global Complementario afecta a las rentas efectivamente percibidas, los dueños deben declarar en el IGC las utilidades obtenidas en sus empresas, al momento y por el monto , que realmente retiran. Y ese mecanismo hace nacer el FUT, para registrar y controlar las utilidades originadas en empresas, que aún no han sido retiradas por los dueños.

Cuando el empresario incluye en su IGC utilidades retiradas de sus empresas, el Fisco le descuenta de su IGC a pagar, el Impuesto de 1ª categoría (I. de 1ª C) pagado por la empresa, correspondiente a las utilidades retiradas.

Como cuesta verlo lo recalco, el FUT corresponde a utilidades que no han tributado, que sólo han pagado un anticipo llamado Impuesto de 1ª categoría , que el empresario recuperará a la hora de liquidar su IGC.

La eliminación del FUT propuesta en el programa no cambia la esencia del sistema.

Lo que hace es considerar toda la utilidad de la empresa como retirada, o sea, la iguala con el retiro a incluir en el IGC del dueño. De este modo no queda utilidad por retirar, lo que hace innecesario el control, y por ende el FUT.

b)     Efecto en recaudación

El I. de 1ª C. se recauda anticipadamente, desde enero a diciembre, mediante los Pagos Provisionales Mensuales (PPM).

En la Operación Renta de abril se determina el monto del   I. de 1ª C., se compara con los PPM pagados entre enero y diciembre del año anterior, y la empresa paga lo que falta o pide la devolución del exceso pagado. En ese mismo momento, el (o los) dueño de la empresa determina su IGC, considerando como rebaja el I. de 1ª C. determinado en la empresa.

Cuando se elimine el FUT, es decir, cuando toda la utilidad de la empresa se considere retirada en el IGC del dueño, todo lo recaudado por concepto de Impuesto de Primera Categoría debe ser devuelto al contribuyente, en la forma de crédito contra otros impuestos.

Se recauda entre enero y diciembre, se determina en abril, y se devuelve entre mayo y junio del año siguiente.

Todo lo anterior sirve para entender el efecto que tendrá el aumento propuesto en el   I. de 1ª categoría, el que será sólo un efecto financiero transitorio.

Aumentará la caja fiscal unos puntos más que ahora, entre enero y diciembre. Pero, entre mayo y junio del año siguiente, debe ser devuelto en su totalidad.

Es como pedir un préstamo de corto plazo (entre 6 y 18 meses para ser precisos), en un ciclo que se repetirá año tras año.

Y como sabemos, con un préstamo de esas características no se puede financiar grandes inversiones permanentes, como parece ser lo requerido, tanto en el ámbito de la educación como el de la salud.

Otro modo – a mi juicio más proactivo, apuntando en la dirección correcta – de eliminar el FUT, sería transformar el impuesto de primera categoría en un impuesto real a las empresas, como ocurre en la generalidad de los países OCDE. Por ejemplo, “ bajar “ el impuesto a las empresas del 20% actual a un 10%, o un 5%, o un 3%, o un 1% , pero real no “ a cuenta de”, efectivamente liberaría los fondos para financiar otras reformas en esa misma cantidad.

Como se desprende de la primera frase del programa citada en este trabajo, en los otros países de la OCDE se aplica un impuesto real a las empresas. Avanzar en esa dirección no resulta entonces descabellado, y además es adecuado para los fines que se pretenden.

Corolario.-   Tengo serias dudas de que el aumento de recaudación de 1.92% del PIB , esperado con los cambios al Impuesto a la Renta, pueda lograrse con las medidas anunciadas.

Como espero haya quedado claro, el aumento del Impuesto de 1ª categoría, de 20% a 25%, no genera un aumento real para el Fisco, ya que debe devolverse en su totalidad en la Operación Renta correspondiente.

El otro cambio propuesto es la rebaja de un 40% a un 35% del impuesto para el tramo más alto del IGC. Como se declara en el programa, tal medida incentivadora, no generará un aumento de recaudación.

De allí las dudas

2.-  Programa :

“Incentivo a la Inversión de las PYMES.”

“Ampliaremos y potenciaremos el sistema simplificado bajo el cual tributan las PYMES, establecido en el artículo 14 ter de la Ley de la Renta. “

“Actualmente, pueden acceder a este sistema las empresas individuales, que pagan IVA y que tengan ventas anuales inferiores a 5.000 UTM. Ampliaremos este beneficio a todas las empresas con ventas anuales inferiores a 14.500 UTM, sean empresas individuales o personas jurídicas, e independiente de sus obligaciones respecto del IVA.”

[…]

“ Por ejemplo, una panadería de barrio que vende en total 55 millones de pesos al año (límite de la microempresa),que tiene una utilidad de 5 millones al año, y que invierte un millón de pesos en la compra de maquinarias como hornos o refrigeradores, pagaría actualmente 340 mil pesos en impuestos y en el sistema que proponemos pagaría sólo 140 mil acogiéndose al 14 ter.”

Comentario :

Tanto el alza en el límite de ventas necesario para acceder al beneficio, como la ampliación del beneficio a personas jurídicas, agranda de manera significativa las posibilidades de elusión, por medio de la mimetización de una empresa mediana o grande en múltiples personas jurídicas que alcancen a cumplir con los límites establecidos. Esta forma, usada en la actualidad con diversos fines, es conocida como la práctica del multi – rut .

Por otra parte, la Pyme del ejemplo no necesita esa clase de incentivo.

A esa Pyme, en régimen normal, le corresponde un I. de 1ª C. de $ 1.000.000, que lo ha pagado en su mayor parte a través de los PPM, de modo que en abril sólo paga la diferencia, que equipararemos a los $ 340.000 del ejemplo. También en abril el empresario dueño de esa panadería, declara en su IGC el retiro de toda la utilidad, $ 4.000.000 ($ 333.000 por mes, que no es exagerado), lo que lo ubica en el tramo 0% de Global Complementario,  con un crédito de $ 1.000.000, ambos provenientes de la panadería. De esa manera, entre mayo y junio recibe la devolución de todo lo que había pagado por impuestos:   $ 1.000.000.

El empresario del ejemplo, no necesita mayor incentivo, en tanto sus utilidades no superen el tramo exento del Global Complementario, que para este año es de $ 6.605.064, equivalente a 13,5 Unidades Tributarias Anuales (UTA).

Un incentivo real para este empresario sería subir el tramo exento, por ejemplo, a unas 20UTA, o sea $ 9.785.280, unos 815.000 al mes, que no parece un ingreso excesivo

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3.- Programa :

“Incentivo a la Inversión de las Empresas.”

Frente a los cambios anunciados en el impuesto a la renta, debemos tener un particular cuidado con la inversión, introduciendo mecanismos modernos que superen la situación actual de elusión.”

“Se implementará un mecanismo de depreciación instantánea, que consiste en que las empresas puedan descontar de las utilidades la inversión total del año en curso, y que beneficie principalmente a la pequeña y mediana empresa y que considere un mecanismo que controle las posibles distorsiones entre sectores productivos con distinta intensidad en el uso de inversión de capital.”

“ Este mecanismo se implementará a partir del cuarto año de la reforma, coincidiendo con el cierre del FUT.”

“Esta es una medida que corresponde al Chile de hoy: i) es un incentivo mayor a la inversión que el sistema de tributación que actualmente nos rige y; ii) elimina muchas de las actuales prácticas de evasión y elusión.”

Comentario :

Hay poca información acerca de los detalles en esta propuesta.

De modo que sólo advertiré acerca de los peligros que podría conllevar una inadecuada concepción de los alcances de la depreciación inmediata.

Una medida que alcance toda clase de bienes depreciables, transformaría a Chile en una suerte de paraíso tributario, quitando a la actividad empresarial esa aureola romántica de valor, empuje y creatividad que lleva a asumir el riesgo empresarial. El emprendimiento se transformaría en una actividad sin riesgo, y sin aporte para el erario nacional.

El dueño de la empresa no tributará (y la empresa no prestará dinero al Fisco) hasta que haya recuperado toda la inversión en activos depreciables.

Y , si me permiten tocar tangencialmente las maniobras elusivas que pueden crearse y se crearán, diremos que no pagará impuestos hasta que el Balance muestre que ha recuperado toda la inversión.

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Comentario final.

Una de las características que se espera tenga un sistema de tributación es la simplicidad. Cuando ésta existe se dificulta la elusión y se facilita la fiscalización.

El sistema tributario chileno se ha ido haciendo cada vez más alambicado, reforma tras reforma. Al punto que la enorme mayoría de la población cree que las empresas soportan una carga tributaria.

En Chile no tributan las empresas, tributan las personas.

Por eso mismo las correcciones al sistema deben hacerse en relación a los impuestos a las personas. Cualquier corrección que se pretenda hacer indirectamente, a través de los “impuestos a las empresas”, abre campo a las maniobras elusivas como ha ocurrido también, reforma tras reforma.

Otro principio de importancia es la transitoriedad de los gravámenes o incentivos específicos.

Cuando un gravamen específico se hace permanente, se transforma en un castigo para un determinado sector económico o social.

Cuando un incentivo específico se hace permanente, se transforma en un privilegio.

Tanto los castigos como los privilegios se oponen al que quizás sea el principio más fundamental : la equidad del sistema tributario.

Glosario :

OCDE                       Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico

FUT                          Fondo de utilidades tributarias

I de 1ª C.                 Impuesto de primera categoría

IGC                           Impuesto global complementario

PPM                         Pago provisional mensual

UTM                         Unidad tributaria mensual

UTA                          Unidad tributaria anual

PIB                            Producto interno bruto

Puede descargar completo el programa de Reforma Tributaria desde aquí

La Gran Pregunta. Manuel Riesco

¿Hasta qué punto, y bajo qué condiciones, un modelo de crecimiento económico basado en la industria extractiva es o puede volverse consistente con una apuesta por formas de inclusión democrática, calidad de vida y salud ambiental que sean sostenibles en el tiempo?

Signo-de-pregunta

Lograrlo dejaría contentos a todos, pero lamentablemente no se puede. La teoría económica y las experiencias neoliberales recientes, han demostrado que los países ricos en recursos naturales deben optar: o viven de la renta de los mismos y peor aún, del “chorreo” de aquella, o la utilizan para impulsar las únicas economías que pueden resultar consistentes con dicha apuesta: aquellas basadas en el valor agregado por el trabajo de sus ciudadanas y ciudadanos.

Es una cosa o la otra. El modelo noruego es el opuesto del chileno: Bajo el primero, los recursos naturales son una bendición, que han permitido a su pueblo alcanzar el más elevado desarrollo humano del mundo, sin menoscabo de la producción interna de valor agregado. El segundo demuestra que pueden convertirse en una maldición, cuando caen en manos de grandes corporaciones rentistas privadas, cuya hegemonía puede distorsionar la economía y la sociedad, y depredar el medio ambiente.

Lamentablemente, al parecer, todavía no hay plena conciencia de ello entre las elites y autoridades de Chile y otros países de la región Andina. Un seminario en torno a esa pregunta tuvo lugar en Bogotá, en diciembre del 2012, en el marco de la celebración de los 50 años de la Fundación Ford en la región y reunió a dirigentes de movimientos sociales, con presencia de empresarios, junto a autoridades políticas locales y nacionales, incluyendo algunos ministros de Colombia y Perú y figuras como el expresidente chileno, Ricardo Lagos.

El debate giró principalmente en torno a como la industria extractiva puede aportar más a las comunidades, a los países y al cuidado del medioambiente, lo cual resultaría verdaderamente encantador. Sin embargo, la pregunta de fondo respecto del modelo de crecimiento basado en la industria extractiva, apenas fue insinuada. ¿Está sucediendo lo mismo en el debate programático de las candidaturas presidenciales en Chile?

Teoría

Como es bien sabido, uno de los descubrimientos fundacionales de la teoría económica moderna, es que no todos los productos ni todas las empresas son iguales: los bienes y servicios producidos en condiciones competitivas, son fundamentalmente diferentes a aquellos otros cuya producción está constreñida por algún recurso escaso, o es afectada por monopolios de otro tipo; asimismo, Apple y Exxon son las dos corporaciones más valiosas del mundo, sin embargo, una y otra son de muy distinto pelaje.

Los precios de los primeros tienden establemente a la baja, mientras los segundos fluctúan continuamente, a veces en forma enloquecida, según los vaivenes de la demanda. Los mercados de aquellos son el ambiente natural de las empresas auténticamente capitalistas, mientras los de éstos están dominados por grandes rentistas, que se han apropiado de recursos escasos o han logrado imponer monopolios de otro tipo.

Los precios competitivos tienden a igualarse con los costos de producción promedios, que incluyen la ganancia capitalista media. Es decir, se determinan exclusivamente desde el lado de la oferta, la que se acomoda con elasticidad a las permanentes fluctuaciones de la demanda. La única manera en que un grupo de capitalistas logran obtener una ganancia superior a la media, es mediante la innovación para mejorar sus diseños y bajar sus costos. Dicha ganancia extraordinaria proviene de una transferencia, de parte del valor agregado por los más lerdos entre sus competidores. Éstos no obtienen ganancia alguna o muy poca, puesto que el precio se establece al nivel de los costos de la mayoría de los productores, los que coinciden con el promedio de esa industria. Nadie allí puede clavar la rueda de la fortuna ni dormir sobre sus laureles. Los innovadores de hoy pueden estar mañana en el montón, quedar entre los rezagados o ser expulsados del mercado sin muchos miramientos.

La oferta de los segundos, en cambio, está constreñida por la escasez de los recursos de mejor calidad. Por lo tanto, para satisfacer los incrementos de la demanda, se hace necesario poner en producción los de calidad inferior. De este modo, los precios se fijan al nivel de los productores con costos más elevados. En consecuencia, todos los demás obtienen un sobreprecio por encima de los suyos. Éste genera una sobreganancia, por sobre la que obtienen en promedio los capitalistas que operan en mercados competitivos, la que se transforma en renta de los recursos de mejor calidad relativa, cuyos propietarios lo exigen como una suerte de peaje para permitir el acceso a los mismos. Por este motivo fue denominada “renta diferencial” por David Ricardo (1817). Incluso los propietarios de los recursos con menos bendiciones, exigirán una renta para ponerlos en producción, la que Marx (1867) denominó “renta absoluta”. Si por añadidura, los recursos no son renovables, su escasez relativa resultará aún más restrictiva, puesto que siempre será conveniente guardar parte de ellos para el futuro, lo que da origen a lo que Hötelling (1929) denominó “renta ínter temporal.” Paul Samuelson (1948), demostró que los monopolios de cualquier tipo también se las arreglan para vender por encima de sus costos de producción y denominó “cuasi renta” a la que obtienen a partir de su control de mercados que no están limitados por factores escasos.
¿Quien paga la renta? La ley económica fundamental establece que, en la economía mundial en su conjunto, la suma de todos los precios no puede exceder a la suma de todos los costos de producción. De este modo, si algunos bienes o servicios se venden por encima del costo, necesariamente otros deben venderse por debajo de los suyos. La alternativa sería pagar el sobreprecio con ahorros, pero éstos se agotan. Tampoco se ha visto que las rentas se paguen con cargamentos de oro llegados de otros planetas.

Por otra parte, los costos son iguales a la suma de las compras netas de insumos y depreciaciones de bienes, producidos en períodos anteriores, más el valor agregado en todos los procesos de producción, en un período dado. Este último es el producto interno bruto (PIB) creado cada año, el que a su vez se distribuye en ingresos del trabajo, excedentes de explotación e impuestos menos subsidios estatales. Las rentas se sustraen de los excedentes de explotación, rebajando la ganancia media de los capitalistas y, consecuentemente, los precios de todas las mercancías producidas en condiciones competitivas. De este modo, las compras netas de insumos y depreciaciones que provienen de períodos anteriores, más los salarios, ganancias y rentas en que, según la fórmula trinitaria de Adam Smith (1776), se distribuye el PIB del período en curso, conforman la demanda solvente para los bienes y servicios producidos en un año determinado, en la economía mundial en su conjunto.

Todos los recursos escasos generan renta, tanto si prestan servicios, como ocurre con los profesionales afamados y la tierra urbana, como si se trata de factores de producción de bienes, como los minerales que yacen en sus depósitos, la tierra virgen, agrícola o forestal y el agua, así como la vías urbanas, pesquerías e incluso la atmósfera, cuando el acceso a los mismos es regulado. El “precio” de estos elementos no se origina en su costo de producción, puesto que no lo poseen por definición, sino en el flujo descontado de sus rentas futuras.

Sin embargo, lo que da origen a la clase social especial de los rentistas – que son muy diferentes a los capitalistas -, es la propiedad privada sobre trozos del planeta y sus recursos. Según Marx, en una sociedad más avanzada del futuro, ella “será considerada algo tan monstruoso como la propiedad de un ser humano sobre sus semejantes.” Si la clase de los rentistas logra imponer su hegemonía en países ricos en recursos naturales, pueden generar enormes distorsiones en su estructura productiva y social.

Paul Samuelson advierte que si las rentas se privatizan, equivalen a un subsidio a las inversiones que se dirigen a esas industrias, puesto que si logran apropiarse de los recursos, las empresas que los explotan obtienen la ganancia capitalista media por las operaciones productivas que allí realicen, más la renta de los recursos de los cuales se han apoderado. La consecuencia es la sobreinversión en dichos sectores, con perjuicio de la producción interna de valor agregado en la economía en su conjunto. Como se ha visto, las rentas no constituyen creación, sino transferencias de valor agregado, desde las industrias competitivas a los rentistas, a costa de una reducción de la ganancia capitalista media.

Si dicha transferencia se origina dentro del mismo país, como ocurre en economías grandes con bajo peso del comercio exterior, el resultado es una reducción significativa de la ganancia capitalista media de la economía en cuestión, con la consecuente pérdida de dinamismo. Es lo que ocurre en el mundo en su conjunto, en períodos de altos precios de los recursos: una proporción creciente de la ganancia capitalista global se desvía como pago de rentistas, lo que bien puede conducir a una recesión global; es por eso que el alza en el precio del petróleo, por ejemplo, genera una desaceleración económica.

En caso que las rentas se originen en recursos exportados, como sucede generalmente en las economías relativamente pequeñas y ricas en recursos naturales, dichas transferencia provienen de los países que los consumen. En este caso, el resultado es la denominada “Enfermedad Holandesa.” Ésta no consiste solamente en una apreciación del tipo de cambio, como usualmente se piensa, sino en un peso desproporcionado de las rentas en la economía de ese país, que la hace vulnerable a las fluctuaciones en los precios de los recursos exportados. Pueden haber asimismo superávit persistentes en el comercio exterior, en países que no exportan productos con renta, sino producidos en condiciones competitivas. A diferencia de aquellos, el precio de éstos se origina exclusivamente en el valor agregado en su proceso productivo interno, es decir, es igual a su costo de producción. En ambos casos habrá una apreciación del tipo de cambio y un excedente exportado, cuyo valor en dinero podrá ser atesorado o reexportado como capital. Sin embargo, no todos los superávit comerciales son iguales, ni todos los países exportadores son afectados por la “Enfermedad Holandesa.” En el caso de países como Alemania o Corea, por ejemplo, para enfrentar una contracción del mercado mundial, basta con que redirijan al mercado interno el excedente antes exportado. Existirá allí una demanda solvente para absorberlo, puesto que consiste exclusivamente en valor agregado internamente, y pagado íntegramente como costo de los factores de producción, incluyendo la ganancia capitalista media. De este modo esas economías podrán continuar produciendo al mismo nivel anterior, aunque probablemente deberán modificar la composición de su producción para adecuarla a la demanda interna; producir menos camiones y más automóviles, por ejemplo, pero con una suma de valor similar. Incluso puede beneficiar a la población, que ahora consumirá todo lo que produce.

En cambio, en los países que reciben elevadas transferencias de renta desde el exterior, ésta se desvanece en el aire al contraerse la demanda mundial. De este modo, se enfrentan a la triste realidad de rebajar su nivel de vida al valor agregado en sus procesos productivos internos. Su economía se reduce exactamente en la magnitud de las rentas transferidas desde el exterior, es decir, en el sobreprecio de los recursos antes exportados, por encima de sus costos de producción; al desaparecer dicho sobreprecio, una parte del PIB del país en cuestión simplemente se esfuma. Muchos países exportadores de materias primas han corrido esta suerte en el pasado, entre ellos Chile, cuando la Gran Depresión desvaneció la renta del salitre.
Como señaló hace poco el diario británico Financial Times, la economía de los recursos es como la de los buscadores de tesoros: su precio no guarda relación con el costo de encontrarlos y extraerlos, sino que se determina exclusivamente por la demanda y, como bien sabía el arrendatario escocés James Anderson (1777), inventor del arado escocés y autor de la teoría de la renta, ésta equivale a un tributo que los capitalistas pagan a los terratenientes.

Por estas razones, los auténticos capitalistas y la teoría económica desde sus mismos inicios, han promovido la nacionalización de los recursos naturales, la legislación antimonopolios y/o la captura de las rentas por parte del Estado: De este modo se nivela el terreno a la competencia en todas las industrias por igual, logrando una distribución óptima de las inversiones productivas y un aprovechamiento de las rentas en beneficio del conjunto de la sociedad, en lugar de alimentar con ellas a una clase parasitaria.

Práctica

Los países han asimilado estas lecciones en buena medida, de una manera u otra. Casi todos ellos han establecido la propiedad del Estado sobre los recursos del subsuelo, el agua, los fondos marinos, así como su soberanía sobre la tierra en general; en los países emergentes, ésta es una de las principales herencias del desarrollismo estatal del siglo 20. Actualmente, las empresas estatales tienen acceso a más del 85 por ciento de las reservas mundiales de petróleo e incluso en países donde se permite un acceso limitado de empresas privadas a las mismas, como el Reino Unido o Noruega, su renta es capturada casi íntegramente por el Estado, mediante regalías y otros mecanismos.

Sin embargo, el auge neoliberal de las últimas décadas, representó un retroceso significativo en esta materia, permitiendo la privatización de vastas reservas de recursos naturales, de los cuales se han apropiado las grandes corporaciones rentistas transnacionales, las que se han fortalecido extraordinariamente en este período.

Ha sido mas bien al revés. El renacer del neoliberalismo desde las cenizas a las que fue reducido tras la Gran Depresión, y su auge global en las últimas cuatro décadas, se explican principalmente por la hipertrofia del sector financiero durante el mismo período, que los apadrinó cariñosamente. Sin embargo, las grandes corporaciones rentistas no han sido ajenas a este fenómeno, ni mucho menos. Su tamaño e influencia también creció extraordinariamente en estos años, especialmente el de las grandes petroleras tras el alza del precio del crudo en los años 1970. Su influencia sobre el Reaganismo es bien conocida y éste, a su vez, fue determinante en el renacimiento neoliberal, el cual ha sido auspiciado generosamente por las grandes corporaciones rentistas, en todo el mundo.

El rasgo anti Estado del neoliberalismo, anarquismo burgués como lo denomina Eric Hobsbawm, le viene como anillo al dedo no solo a los banqueros, que con su ayuda lograron imponer la globalización sin trabas del capital especulativo. Ello también resulta favorable para los grandes rentistas, los que por estos días se han vuelto librecambistas a ultranza: no requieren protección estatal alguna, puesto que están sentados encima de ella. Son partidarios de bajar los aranceles a cero, porque de ese modo abaratan sus insumos.

El neoliberalismo les ofrece un atractivo adicional: es la única escuela económica que considera irrelevante la teoría de la renta; no la niega pero dice que no es significativa puesto que, según ellos, en el largo plazo, no existirían recursos escasos. Nada puede ser más seductor para los grandes rentistas. No se la pueden creer: por primera vez, una escuela de economistas reniega de lo que ha sido una piedra angular de esta ciencia desde hace doscientos cincuenta años.

Las grandes corporaciones rentistas constituyen una suerte de híbridos. Tal como ocurría con las que profitaban del vil tráfico antes de su abolición, sus acciones se transan en las principales bolsas mundiales, como si fuesen empresas capitalistas respetables. Operan asimismo en su interior, algunas actividades productivas y comerciales propiamente capitalistas. De hecho, subcontratan la mayor parte de sus actividades de exploración, extracción, refinación y transporte, así como parte de sus operaciones comerciales, con filiales o contratistas externos, propiamente capitalistas, en las cuales ocupan a algunas decenas de miles de trabajadores a nivel mundial. Sin embargo, el grueso de sus ingresos y utilidades no provienen del valor agregado por éstos, sino de la renta de los recursos de los cuales se han apropiado. Aunque la mona se vista de seda…

De las veinte mayores empresas globales en la actualidad, según su capitalización bursátil, seis son petroleras o mineras: Exxon, Shell, Chevron, BHP Billiton, Petrochina y Petrobras, sin embargo, las dos últimas son estatales. Las cuatro primeras se cuentan a su vez entre las diez mayores corporaciones del mundo según sus ventas, seis de las cuales son rentistas, incluyendo a British Petroleum y la Estatal rusa Gazprom además de las anteriores.

El nivel de apropiación de recursos por parte de estas corporaciones no tiene precedentes. En Chile, por ejemplo, a pesar que la Constitución establece la propiedad estatal “inalienable e intransferible” del subsuelo, un puñado de grandes empresas mineras han declarado “concesiones plenas” sobre poco menos de 28 millones de hectáreas, área que cubre mas de un tercio del territorio nacional y es mayor que la superficie total del Reino Unido. Dichas concesiones son indefinidas, hereditarias y transferibles, fueron adquiridas sin pago alguno y el costo de mantenerlas es un dólar por hectárea al año. Si el Estado quiere recuperarlas, debe pagar el valor total de los minerales que eventualmente se encuentren en ellas. En Perú y Colombia, las mineras privadas se han adjudicado asimismo concesiones sobre más de veinte millones de hectáreas en cada caso, aunque las mismas son temporales y están sometidas por lo general a regalías.

Estas últimas no se aplican a la explotación de los minerales en Chile, que recién el 2003 estableció un tímido impuesto específico a las utilidades de las mineras, que el 2010 se incrementó al doble. Según el Servicio de Impuestos Internos, el Impuesto Específico a la Actividad Minera recaudó un promedio de 389 millones de dólares anuales, entre 2005 y 2010. La Estatal CODELCO representó un 60 por ciento de ese tributo, por lo que las privadas pagaron solo 233 millones de dólares anuales en promedio, lo que equivale aproximadamente a un 0,9 por ciento de sus ingresos de explotación, los que promediaron 25.703 millones de dólares por año, en ese período. Dicho impuesto representó el 1,45 por ciento de sus utilidades antes de impuestos, intereses, depreciación y amortización, que se conocen por su sigla en inglés, EBITDA. Estas últimas promediaron 16.127 millones de dólares anuales, cifra que equivale casi exactamente a la mitad de los ingresos tributarios totales promedio del Estado, en el mismo período. Es decir, los chilenos sostienen un Estado y medio: uno mediante sus impuestos y medio adicional con la renta que “conceden” a las mineras privadas.

Sus panegiristas gustan de embolinar la perdiz con los impuestos a la renta aportados por “la industria” al erario nacional. En Chile, por ejemplo, generalmente publican los aportes al Estado de “la minería,” sin detallar que CODELCO aporta dos tercios de estos recursos controlando sólo un tercio de la producción. La verdad es que aparte del impuesto específico antes referido, los propietarios de la “industria” minera pagan menos impuestos a la renta que los dueños de una modesta pastelería.

En ambos casos, la empresa misma debe pagar el denominado impuesto de primera categoría, que actualmente es de 20 por ciento sobre las utilidades. En ambos casos, hacen uso de toda una batería de artilugios contables que les permiten postergar dicho pago, o eludirlo derechamente. Ciertamente, las mineras han demostrado en esta materia una creatividad y capacidad de innovación a toda prueba, que harían las delicias de los pasteleros.

Nadie como la minería ha utilizado tanto el sobre endeudamiento con filiales en paraísos fiscales, para remesar utilidades bajo la forma de intereses, eludiendo impuestos. Nadie ha usado y abusado como ellos de los beneficios de la depreciación acelerada. Principalmente mediante estos mecanismos, Exxon operó un mineral de cobre en Chile durante 23 años a pérdida, para luego venderlo a Anglo American ¡en 1.500 millones de dólares! Estudios publicados por NN.UU. han demostrado que, incluso mineras que posan de líderes en “responsabilidad social corporativa,” eludieron impuestos al subdeclarar el contenido de oro, plata, molibdeno y otros “subproductos,” en los concentrados que venden a sus filiales en el extranjero, a los cuales pagaron, además, cargos de refinación superiores al precio más alto del mercado y, finalmente, vendieron a las mismas empresas relacionadas el contenido de cobre de los mismos, sistemáticamente por debajo del precio promedio de la bolsa de metales de Londres.

Los mecanismos antes referidos, entre otros, rebajan las utilidades y consecuentemente el pago de impuestos a la renta por parte de las empresas. En Chile, sin embargo, estos últimos son considerados un crédito sobre los impuestos personales que posteriormente deben pagar sus dueños sobre aquella parte de las utilidades que retiren. Es decir, en este país, los impuestos a la renta que pagan las empresas no constituyen sino un anticipo sobre los que luego deben pagar sus dueños. Pues bien, resulta que los inversionistas extranjeros en Chile, están sujetos a una tasa marginal de 35 por ciento sobre las utilidades repatriadas, mientras el dueño de nuestra pastelería queda sujeto a una tasa marginal ¡superior a 40 por ciento!
Lo anterior operaría en caso que efectivamente unos y otros reconocieran retirar utilidades, lo cual todos los propietarios de empresas disfrazan como re inversiones, sea en las mismas empresas que generan las utilidades en primer lugar -la mitad de las gigantescas inversiones de más de cien mil millones de dólares aprobadas por las mineras para los próximos cinco años, corresponden a reinversión de utilidades-, como en una cascada de “inversiones” en una serie de empresas de papel creadas exclusivamente con este objeto. Como resultado de todo ello, en Chile ningún empresario paga la tasa marginal de impuestos a las personas -que en teoría es el único impuesto que se paga-, la que queda en pie solamente para los asalariados de ingresos elevados, a quienes se les descuenta por planilla.

Ni siquiera pagan la tasa de 20 por ciento, que hasta el 2010 era de 17 por ciento, de impuestos anticipados por las empresas, puesto que la liquidación anual termina en una gigantesca devolución de estos anticipos a los dueños. El diario El Mercurio estimó recientemente que las tasa reales de impuestos a la renta que pagan en Chile los empresarios son de 0,7 por ciento para el tramo entre 12.000 y 25.000 dólares mensuales de ingresos y de 9,2 por ciento para los que resultan superiores a esta última cifra.

Pues bien, los propietarios de las mineras hacen uso y abuso de todos estos resquicios, con la ventaja que su tasa marginal es cinco puntos inferior a la de los empresarios chilenos, como se ha mencionado. Con sistemas tributarios tan permisivos en general -cuya corrección constituye otra de las grandes cuestiones pendientes-, la única manera efectiva de recuperar parte de la renta que se apropian las grandes corporaciones rentistas, consiste en someterlas al pago de regalías sobre los recursos extraídos, las cuales en Chile, como se ha mencionado, consisten en un tributo especial cuyo monto equivale a menos de uno por ciento de las ventas.

Resultados

La privatización sin cobro de los recursos ha introducido una distorsión muy grande en la economía chilena. La minería representa dos tercios de las exportaciones del país, cuyo valor equivale, por su parte, a la mitad del PIB. Ni siquiera en la época del salitre se alcanzó una dependencia de esta magnitud, puesto que en 1929 las exportaciones representaban un 29 por ciento del PIB. La minería ha absorbido un tercio de toda la inversión extranjera llegada al país entre 1974 y 2011 y dicha proporción sube de la mitad si se considera la parte proporcional de la inversión en energía, un tercio de la cual se genera para abastecer a la minería. Representa una cuarta parte de las ventas de las cien principales empresas del país y un quinto del PIB. Sin embargo, ocupa ¡sólo 1,5 (uno coma cinco) por ciento de la fuerza de trabajo asalariada nacional!

Si se consideran adicionalmente la agricultura, silvicultura, pesca y energía, es decir, todos los sectores basados en recursos naturales, las cifras anteriores ascienden al 90 por ciento de las exportaciones, el 60 por ciento de la inversión, el 50 por ciento de las ventas y un cuarto del PIB, respectivamente. El empleo total en estos sectores, en cambio, solo asciende al 9,3 por ciento del total de los asalariados.

El asunto va de mal en peor. Si se consideran los grandes proyectos aprobados para el quinquenio 2011-2015, la minería sola absorbe más de la mitad de la inversión, tanto nacional como extranjera, pero dará ocupación permanente a solo un 0,8 por ciento adicional de la fuerza de trabajo asalariada.

Es decir, los grandes inversionistas no son auténticos capitalistas, que vienen a obtener ganancias a partir del valor agregado por sus trabajadores en la producción de bienes y servicios competitivos: los que han llegado vienen por los tesoros con que la naturaleza ha bendecido al territorio, de cuya renta se apropian casi por completo.

Como resultado de la hegemonía de los rentistas, el país ha abrazado el librecambio a ultranza, desmantelando la producción interna. Aparte de las ramas de recursos naturales, la producción se ha restringido solo a aquellas industrias que cuentan con protección natural, como la construcción, el transporte y algunos servicios. Mientras tanto, más de la mitad de la fuerza de trabajo, se encuentra ocupada de modo precario en el comercio, finanzas, servicios sociales y personales, todos ellos de bajo valor agregado. Uno de cada diez trabajadores han estado cesantes, en promedio, desde el golpe de Pinochet.
El poco interés de los grandes rentistas por el valor agregado por el trabajo, ha llevado a descuidar la educación, donde se ha desmantelado el sistema nacional, gratuito y de buena calidad que el país había construido a lo largo de medio siglo, que antes del golpe de 1973 tenía matriculado a uno de cada tres chilenos de todas las edades. Hoy estudian en el sistema público y privado, solo uno de cada cuatro habitantes, pagando elevados aranceles por un servicio deficiente, mientras el gasto público en educación es un tercio inferior al que el país desembolsaba hace cuatro décadas, como porcentaje del PIB.

Las ganancias de las grandes empresas mineras equivalen a un ocho por ciento del PIB y forman parte del excedente de explotación apropiado por el conjunto de las empresas, el que representa la mitad del PIB. De ese total, los dueños de los recursos y el capital, que representan menos del uno por ciento de la población, reinvierten un quinto del PIB y consumen un 30 por ciento del mismo. Mientras tanto, los ingresos del trabajo – que coinciden con los de las familias que responden la encuesta de ingresos de hogares, que en Chile se llama CASEN -, se han visto reducidos a sólo un 40 por ciento del PIB, todo ello según cifras oficiales. Las rentas de la minería resultan decisivas para la distribución del ingreso, así considerada. Ésta empeoró drásticamente entre 2009 y 2011, principalmente por el fuerte crecimiento de aquellas, debido al incremento del precio del cobre entre esos años: los ingresos sumados de todas las familias que responden la CASEN disminuyeron su participación en el PIB ¡desde 45 por ciento el 2009 a 40 por ciento el 2011!

Todo lo anterior sin abordar siquiera el enorme daño ambiental que la depredación de la industria extractiva ha representado para amplias regiones del país y las comunidades que las habitan.

Conclusión

Estos argumentos teóricos y prácticos parecen responder la gran pregunta: el modelo de crecimiento económico basado en la industria extractiva no es consistente con una apuesta por formas de inclusión democrática, calidad de vida y salud ambiental que sean sostenibles en el tiempo.

Un fantasma viene recorriendo el mundo desde principios de los años 2000, que la prensa internacional ha bautizado “nacionalismo de recursos.” Desde Bolivia a Uzbequistán y desde Australia al Reino Unido, los gobiernos de los países ricos en recursos naturales han venido renacionalizando o al menos exigiendo una mayor participación en las rentas de sus recursos, que habían sido privatizados durante el período neoliberal.

Quizás el hito más significativo en América Latina y el mundo, por su magnitud, lo constituye la renacionalización en los hechos de Petrobras, bajo la forma de un aumento de capital en que el Estado aportó los recién descubiertos yacimientos submarinos. El Presidente Lula lo denominó “Segunda Independencia,” parafraseando al presidente chileno Salvador Allende y declaró que impulsaría una industria local de insumos de nivel mundial. La Presidenta Rousseff ha propuesto recientemente que todas las regalías se destinen a educación, ciencia y tecnología, lo que convertirá a Brasil en líder mundial en la materia, con un 10 por ciento del PIB destinado a ello.

¿Nos decidiremos los chilenos a reemprender ese camino, durante el próximo gobierno?

FUENTE: http://economia.manuelriesco.cl/2012/12/la-gran-pregunta.html

Historiografía y comunistas en Chile: Hernán Ramírez Necochea y su producción.Marco González Martínez

Marco González Martínez[1]

            El estudio de la Historiografía en Chile ha denominado como “marxistas clásicos”  a una serie de jóvenes historiadores formados intelectualmente durante el segundo cuarto del siglo XX. Estos historiadores, educados en los límites de marxismo hegemónico del período, hicieron de él una preocupación central dentro de sus respectivas prácticas historiográficas y militantes.

            Dentro de estas nuevas generaciones de historiadores destacan principalmente las figuras de Julio César Jobet y Hernán Ramírez Necochea, quienes, formados en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, integraron lo que el historiador y profesor de ambos, Guillermo Feliú Cruz, denominó como la generación de 1930.

            El trabajo realizado por estos intelectuales orgánicos de la izquierda chilena entre las décadas de 1940-1970, en la actualidad ha enfrentado diversas críticas provenientes desde distintas posiciones de la historiografía nacional. Una de las más recientes es la realizada por el historiador Jaime Gazmuri en su libro titulado La Historiografía chilena. En este estudio se enfatiza desmesuradamente el rol que jugó la militancia comunista en el quehacer intelectual de Hernán Ramírez, además de reproducir una apreciación sesgada y restringida del marxismo, reduciendo este último sólo a una ideología política propalada por la intelligentsia soviética.

            Con relación al trabajo de Hernán Ramírez, Gazmuri indicará:

“Hernán Ramírez Necochea, un gran investigador, estalinista, desgraciadamente estrecho seguidor de las doctrinas del Partido Comunista chileno, y por ende de la Tercera Internacional de Moscú, de hecho dejaba censurar sus libros.”[2]

El error recurrente de posicionar la obra de los marxistas chilenos, y en particular la de Hernán Ramírez, en relación exclusiva a su adhesión explícita al llamado materialismo histórico, y, como tal, en palabras de Josep Fontana, reproductores acríticos de un método cosificado que sólo se debía ilustrar y rellenar con hechos,[3] ha permitido desechar y no ponderar en su justa dimensión sus aportes y avances disciplinarios. El acentuar una estrecha concepción del marxismo y la militancia política por sobre las preocupaciones historiográficas, han hecho descuidar y generalizar conclusiones estereotipadas y monofónicas, que no hacen más que escamotear los matices y particularidades que presentan las diversas producciones. Tendrá, en este sentido, mucho valor la pregunta que la profesora María Eugenia Horvitz realizó en 1986, al interrogarse ¿Qué significa ser marxista en 1950?[4]

Diremos de esta forma que, en lo concerniente estrictamente a los estudios realizados por el profesor Hernán Ramírez Necochea,[5] no se puede desconocer el contexto y lugar de su producción, que, al igual que al resto de los historiadores, le permitió pensar y revalorar el pasado en función del presente. En relación a esto último, se puede sostener que el profesor Ramírez  reflexionó el pasado en función del cambio de la sociedad capitalista; por ello, nos dirá Luis Moulian, fue un intelectual que pasó sus conocimientos al servicio de la causa del cambio revolucionario”.[6]Es decir, su trabajo como historiador fue “el correlato de un intelectual militante que se propuso aportar con sus estudios a la fundamentación política y social de la estrategia de poder nacional revolucionario previsto por las fuerzas de izquierdas de entonces”.[7]

La actitud y compromiso destacado en la labor de Hernán Ramírez, quizás pueda ser el éter sobre el que se edificó la crítica que estas nuevas generaciones realizaron a la historiografía tradicional en Chile. Pensar que la historia está por hacerse, como lo afirmaba Julio Cesar Jobet en 1949,[8] no sólo comprometía el esfuerzo de reescribir la historiografía a la luz de nuevos problemas, sujetos y metodologías, sino más bien comprometía la voluntad de un sector que quiso e intentó transformar su sociedad.

A estas alturas, sería necesario preguntarse qué significa precisamente para Hernán Ramírez Necochea adquirir el desafío de hacer la historia que aún no se ha hecho. Es el mismo historiador quien, al hablar de sus intenciones y proyectos, nos ofrece una posible explicación al escribir:

“Desde hace varios años, estoy realizando las investigaciones correspondientes para elaborar una Historia Económica de Chile. En el curso de estos trabajos, se me han planteado numerosos problemas derivados de la íntima conexión entre la evolución económica de Chile y la evolución histórica del país. Estas circunstancias me deslizaron al campo de la historia social y política”[9]

            La empresa diseñada para reescribir la Historia de Chile se alimenta de nuevas preocupaciones y aproximaciones. Lo económico, en interna conexión y determinación con el resto de los procesos constitutivos de la sociedad, permite aspirar a una estructura que hiciera inteligible los profundos procesos de continuidad y cambio. Es en simetría con esto último, que el militante comunista Orlando Millas escribió, algunos años más tarde, que “se necesitaba que la historia de Chile tuviera una columna vertebral y eso es lo que le ha dado Hernán Ramírez Necochea”[10]

            Estructura de inteligibilidad o “columna vertebral”, ambas nos hablan de las intenciones declaradas de Ramírez por aportar con sus trabajos elementos críticos de valoración y revaloración del pasado.

            Si bien las intenciones de la historiografía de Hernán Ramírez, al igual que la del resto de los marxistas chilenos, se orientaron hacia la deconstrucción del discurso oficial que la historiografía tradicional articuló como herramienta de dominación, no es menos cierto que tales motivaciones no lograron superar los límites de la tradición, permitiendo que sus itinerarios intelectuales y proyectos políticos terminaran, según lo expuesto por Marcelo Carmagnani, “apoyándose sobre una visión histórica del país, tributaria de los mitos históricos oligárquicos”.[11] Se dirá de este modo, y en consideración de lo antes expuesto, que el valor de la obra de Ramírez, a la luz del proyecto social que iluminó su producción historiográfica, se podrá entender al dirigir su preocupación historiográfica hacia nuevos sujetos y problemáticas de estudio, como lo son: el movimiento obrero organizado, la dominación y dependencia hacia el imperialismo, y los quiebres y coyunturas de la vida política nacional; en síntesis, su trabajo permitió nutrir ideológicamente, como señala Eric Hobsbawm, la “tradición inventada” de los comunistas chilenos, quienes, a su vez, preñaron de contenido las luchas ideológicas de las izquierdas políticas durante el segundo tercio del siglo XX chileno.

Señalaremos, como apuntes biográficos, que Hernán Ramírez Necochea nació en Valparaíso en 1917, para entrar 17 años más tarde, al Instituto Pedagógico y al Partido Comunista de Chile. Desde sus primeros años de formación intelectual, el marxismo, leído como materialismo histórico, alentó y motivó su formación como historiador. En un artículo titulado Materialismo Histórico, y publicado originalmente en 1936 por revista Clio, se podía leer:

“Se ha dicho que el materialismo ha exagerado el papel, ha tratado de traducir en categorías económicas toda las complicadas manifestaciones de la historia. Esta afirmación es absolutamente errónea; lo que el materialismo histórico hace, es determinar el factor que condiciona el devenir histórico.”[12]

            Se podrá pensar, de este modo, que la lectura o conocimientos que Hernán Ramírez desplegó en torno al marxismo, llamado éste marxismo-leninismo o socialismo científico, son propios del conocimiento marxista del siglo XX. Valores, juicios y certezas preponderantes en la izquierda occidental, que sólo en aisladas producciones o pequeños grupos de estudios fueron cuestionadas o criticadas.

            En este sentido, es apropiado considerar lo que el historiador inglés Orlando Figes escribió a propósito del marxismo leninismo y su  recepción en el mundo de los trabajadores rusos. Figes nos dirá:

“Para los trabajadores […] el marxismo aparecía como una “ciencia” moderna que explicaba en sencillos términos de blanco y negro por qué su mundo estaba estructurado de la manera en que estaba, y cómo podía ser transformado. […] las enseñanzas de Marx eran ciencia, en pie de igualdad con las ciencias naturales.”[13]

            En una matriz historiográfica, como se ha señalado más arriba, el trabajo de Hernán Ramírez se estructuró en torno a nuevos sujetos y problemáticas de estudio, aspectos centrales que permitieron crear una particular visión del pasado de nuestro país, a la vez que modeló la visión del mundo con que los comunistas chilenos enfrentaron su realidad. El lugar de la historiografía de Ramírez se conformó así, como agente productor, portador y reproductor de una distintiva “manera de ser”, en cultura política que nutrió la mentalidad de las izquierdas chilenas.

            En un primer aspecto, la preocupación historiográfica de Ramírez se orientó hacia la construcción de la historia de quiénes a su juicio habían estado relegados por la historia tradicional. El Movimiento Obrero es, de este modo, uno de los ejes articuladores de su quehacer intelectual.  Con la necesidad de que “el proletariado nacional conozca su verdadera historia”,[14] Ramírez construye dos escritos fundamentales que tienen por objeto estudiar la situación y transito de los trabajadores desde sus orígenes en el siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Conforme al itinerario académico antes enunciado, es que Ramírez publica Historia del movimiento obrero en Chile. Antecedentes siglo XIX (1956-1986)y Origen y formación del Partido Comunista de Chile. Ensayo de historia del Partido, este último, texto revisado y corregido en el exilio por el propio autor y republicado en 1984 bajo el titulo de Origen y formación del Partido Comunista de Chile. Ensayo de historia política y social de Chile.

            En ambos textos se podrá reconocer un claro “sesgo vanguardista y teleológico”, derivado de la convicción que los trabajadores eran los portadores del “porvenir de la humanidad”.[15] Convicción profusamente diseminada en la izquierda marxista de las décadas de 1950-1970. En los textos de Ramírez se traza una clara idea de continuidad entre los primeros obreros organizados y “conscientes” del siglo XIX y la organización comunista. Para él, el Partido Comunista chileno era concebido como la “expresión de la firme voluntad de la clase obrera chilena por construir su destacamento de vanguardia organizado.” Además de ser “la forma superior de organización del proletariado, como el producto más puro y altamente evolucionado de la clase obrera.”[16]

            La continuidad expresada queda nuevamente de manifiesto cuando la figura de Luis Emilio Recabarren ingresa en la lucha ideológica del período. Recabarren, defenestrado durante los años de bolchevización, vuelve al discurso público de los comunistas al calor de las críticas que un sector de las izquierdas en Chile realizaba a la línea política comunista. Ésta,  tildada de “tradicional” o “reformista”, era férreamente defendida en una suerte de legitimación historiográfica que otorgaba el “imaginario político de L.E. Recabarren”.  Al respecto, Hernán Ramírez recordará que en la primera etapa de su existencia, desde los días de Luis Emilio Recabarren, “el Partido comunista de Chile asumió un rasgo muy significativo de la línea política: siendo un Partido eminentemente revolucionario y sin menoscabo alguno de esta condición, entrevió la posibilidad de lograr sus objetivos revolucionarios sin la necesidad de recurrir a la violencia.”[17]

            La disputa de la tradición común que existió entre las distintas variantes de las izquierdas chilenas, rebasó el discurso político y publico de las direcciones partisanas. En algún sentido, la denominada “historiografía marxista” chilena se encontró atravesada por tales disputas, relecturas y representaciones del pasado, haciendo de ellas importante espacio de discusión intelectual. En relación a esto último, Ramírez escribió en claro tono polémico en su Historia del Movimiento Obrero:

 “Jobet, ofuscado por sus violentos y jamás disimulados prejuicios anticomunistas, pretende que ningún nexo queda entre la figura y la acción de Recabarren y el Partido Comunista de Chile. Pues bien, al hacer estas antojadizas afirmaciones, Jobet deliberadamente olvida o reduce al mínimo un hecho: el mismo Recabarren consideró que su obra maestra fue la fundación del Partido Comunista de Chile.”[18]

            Es de este modo como ambos textos, insertos en un proyecto ideológico mayor de reconocimiento y fortalecimiento político, no hacen más que construir una visión del pasado en función del proyecto social diseñado por los comunistas chilenos: universo de representaciones que fortaleció, a la vez que modeló, la cultura política del “modo de ser” comunista en Chile.

            En segundo lugar, se podrá apreciar dentro del trabajo de profesor Hernán Ramírez Necochea, su preocupación por el estudio del Imperialismo y el carácter de su dominación. El imperialismo, entendido sin más cuestionamientos que los planteados por Lenin en El Imperialismo, fase superior del capitalismo, fue considerado durante la época como “la antesala de la revolución social del proletariado.”[19] Bajo tal lectura, la preocupación historiográfica de Ramírez se orientó hacia el estudio  y comprensión  de su introducción en la economía nacional, a la vez que a las consecuencias ideológicas y políticas que se derivaron en Chile y América Latina.

Para tales propósitos, Ramírez procuró el estudió y publicación de su Historia del Imperialismo en Chile (1960-1970) y Los Estados Unidos y América Latina 1930-1965 (1965). En ambos textos se puede visualizar la percepción y valoración que el mundo comunista chileno, claramente modelado por una idea comunista mundial, realizó del capitalismo financiero transnacional: el Imperialismo. Ramírez escribirá al respecto:

“el imperialismo, por su naturaleza misma, es una de las raíces primarias y fundamentales de fenómenos económicos, políticos y culturales, diplomáticos y bélicos de gran magnitud y ha estado presente en el mundo desde comienzos de la década de 1870, vale decir, desde que el capitalismo entró a su fase superior y última.”[20]

En el mundo de las representaciones comunistas, el imperialismo siempre operó como agente disociador del contenido nacional. Sin entrar en detalles del profundo contenido conservador de tales premisas, ya hemos enunciado la crítica planteada por Carmagnani, la defensa de lo nacional, presente en el trabajo de Ramírez, se entroncaría directamente con la idea política que motivó y preñó de significado social las luchas por la “segunda independencia” nacional. Se dirá de esta forma que,  ante la acción devastadora y expoliadora del imperialismo en Chile y América Latina, siempre se encontró con una voz disidente de carácter antiimperialista, voz que siempre tuvo una preclara conducta en los sectores más conscientes de la sociedad. Señalará de esta forma Ramírez:

 “en todas partes se bregaba por la instauración de regímenes democráticos, cundía el malestar causado por el retraso económico, se exteriorizaba la apremiante necesidad de poner término a la voraz explotación imperialista, de conquistar la plena independencia nacional y de producir profundas transformaciones económicas y sociales.”[21]

El imperialismo, en la historiografía de Hernán Ramírez, cobra múltiples y complementarios significados. La lucha por la liberación del imperialismo y sus consecuencias, sea este inglés o norteamericano, no es solamente una contienda de carácter económico, sino  también cobra inusitadas dimensiones en el campo ideológico y cultural. Nos dirá Ramírez al respecto:

 “los estrechamientos de los lazos de amistad entre los Estados Unidos y las repúblicas latinoamericanas […] respondían a las muy claras e intencionadas finalidades de `americanizar´ todo el hemisferio, de ganar para la causa del imperialismo la conciencia de los influyentes sectores de profesionales, técnicos e intelectuales y, en último término, de producir la más profunda y trascendental forma de colonización: la colonización espiritual.”[22]  

Así pues, la visión y lucha de las fuerzas retrógradas del imperialismo se encontrarían con la respuesta progresista de los sectores de vanguardia antiimperialista. El binomio básico planteado por la “manera de ser comunista”, es decir, opresores y libertadores, imperialistas o antiimperialistas, aliados y enemigos principales, etc., no hace extraño la revaloración que se hace del pasado.[23] La “invención de una tradición” de lucha permite pensar a Ramírez en 1965:

“La revolución latinoamericana ya está en marcha; ha comenzado un movimiento semejante al de 1810. Los pueblos de América Latina, gradualmente y con vigor, se colocan a la altura de esa legión de próceres –conocidos y anónimos- a quienes todos verán porque tuvieron el coraje de rebelarse y luchar bravamente contra la metrópolis que sojuzgaba a sus patrias.”[24]

En resumen, se podrá señalar que el tratamiento que el profesor Hernán Ramírez realiza del Imperialismo y su asentamiento en Chile y América Latina, no hace más que pensar el fenómeno como un urgente lastre que debe ser superado. El imperialismo en su dimensión económica, política, ideológica y cultural, en la idea de Ramírez, deteriora y desintegra la idea nacional, idea tan presente en la construcción discursiva de los comunistas chilenos.

Por último, proponemos agrupar los intereses y problemas historiográficos abordados por Hernán Ramírez en torno a los quiebres y coyunturas de la vida política nacional. En tal ordenamiento pueden ser comprendidos los trabajos: Antecedentes económicos de la independencia de Chile (1959-1967) y La guerra civil de 1891. Antecedentes económicos (1951), trabajo que en forma definitiva será reeditado bajo el nombre de Balmaceda y la contrarrevolución de 1891(1969-1972).

            Ambos estudios abordan disimiles procesos históricos acaecidos durante los primeros y los últimos años del siglo XIX en Chile. Mientras el proceso libertador de 1810 fue comprendido por Ramírez como el término de una fructífera etapa de crecimiento”,[25] la guerra civil de 1891, o más propiamente en el vocabulario del período, la contrarrevolución de 1981, operó a través de la alianza de los sectores retrógrados (el imperialismo, sus aliados y los resabios agrarios) que lastraron el “normal” desarrollo de la sociedad. De este modo, el rol de Balmaceda, como fiel portavoz de los sectores más avanzados de la burguesía nacional, permitió estructurar su discurso y práctica hacia la creación en Chile del modo de producción capitalista; esto suponía, nos señalará Hernán Ramírez, un:

 “sostenido esfuerzo para multiplicar las fuerzas productivas existentes y crear otras nuevas, modificar las bases de experiencia material de la sociedad y estimular la industrialización, crear condiciones que permitan superar los rasgos precapitalistas que aún sobrevivían vigorosamente, y adoptar mediadas que facilitaran el desarrollo independiente de la economía nacional.”[26]

            En un sentido general se podrá afirmar que el estudio que Hernán Ramírez desplegó a lo largo del siglo XIX, se aproximó a los problemas estructurales e inconclusos que sufrió la economía e institucionalidad política chilena aún a mediados del siglo XX. La independencia, como empresa emancipadora “exitosa”, contrastaba con el fracaso democrático-burgués del gobierno de Balmaceda, por lo tanto, tal cometido continuaba pendiente y necesitaba ser perentoriamente resuelto por sus contemporáneos. Ante tales acontecimientos, Balmaceda y su mito operaban como horizonte de las demandas que el movimiento político estructuró durante los años previos a la Unidad Popular, sin que ello signifique, en absoluto, que los objetivos y tácticas para su consecución fueran exactamente los mismos. Es así como en el prólogo a la tercera edición de “ Balmaceda y la Contrarrevolución de 1891”, de 1972, Ramírez sentenciará:

“La imagen del presidente Balmaceda alcanza más actualidad y más honda  significación a medida que el tiempo transcurre y Chile avanza hacia una fase más alta de evolución. Esto sucede, porque Balmaceda fue un audaz innovador que impulsó transformaciones económico-sociales, políticas y culturales de trascendencia y enarboló enseñas y sostuvo principios que aún hoy conservan vigencia y despiertan admiración.”[27]

            Se dirá así que los procesos de quiebre o coyuntura política estudiados por Hernán Ramírez Necochea, obedecen al esfuerzo por comprender el presente de subordinación y subdesarrollo económico que afectó al Chile del segundo tercio del siglo pasado. Su trabajo historiográfico, de este modo, iluminó y dotó de contenido histórico el proyecto social sostenido por las fuerzas de izquierda de entonces.

            Al situar en su contexto de producción el trabajo del historiador comunista Hernán Ramírez Necochea, se puede apreciar cómo sus estudios se encontraron orientados hacia la representación de un pasado que diera explicaciones a su presente. El movimiento obrero, el imperialismo y las coyunturas políticas, problemáticas separadas sólo para el análisis, conforman el entramado central de la “columna vertebral”  que Ramírez formuló para el entendimiento del devenir de Chile y sus habitantes. Su trabajo intelectual, inspirado en el marxismo, y, como tal, en el decir de Hobsbawm, poseedor de “cargas concentradas de explosivo intelectual creadas para volar partes importantísimas de las fortificaciones de la historia tradicional”,[28] se situó  en la disputa de un pasado que privó de historia e historicidad a un sector importante de la población nacional.

            Al abordar la producción historiográfica del historiador Hernán Ramírez Necochea, y estudiarla en el contexto de su grupo social, se apreció el valor que posee su obra en la historiografía nacional y en la construcción del discurso público comunista. Si bien, como se ha dicho, su trabajo ha sufrido la crítica desde un sitial más ideológico que  académico, se deberá reconocer que hoy, después de más de treinta y dos años desde su muerte, muchas de sus hipótesis han sido cuestionadas cuando no superadas, pero, sin embargo, aún se mantiene vivo el ideal que movilizó su quehacer intelectual, es decir, comprender que tanto el pasado como el presente de las sociedades se encuentran en constante disputa, y que la tarea de estudiar y representar críticamente nuestra historia siempre comprometerá la legitimidad de quienes construyeron y ejercen contemporáneamente la hegemonía.


[1] Estudiante de magíster en Historia de Chile de la Universidad de Santiago de Chile. marco.gonzalezma@usach.cl

[2] Jaime Gazmuri, La historiografía chilena (1842-1970). Tomo II (1920-1970), Taurus, Santiago, 2006, p. 87

[3] Josep Fontana, La historia de los Hombres, Crítica, Barcelona, 2001

[4] María Eugenia Horvit, “Historiografía chilena: balance y perspectivas.  Actas del seminario de historia de Chile”, Proposiciones, octubre-diciembre, Santiago, 1986, vol. 12, p.161.

[5] Para este trabajo sólo se tomará su producción previa a 1973, es decir, se excluirá su texto póstumo titulado Las fuerzas armadas y la política en Chile (1810-1970).

[6] Luis Moulian, La independencia de Chile. Balance historiográfico, Factum ediciones, 1996, p.144

[7] Manuel Loyola (comp.), Hernán Ramírez Necochea. Seis artículos de prensa, Ariadna ediciones, Santiago, 2005, Pp.8-9.

[8] Julio Cesar Jobet, “Notas sobre historiografía chilena. Balance y proyecciones”, Atenea, Concepción, n°291-192, septiembre-octubre, 1949.

[9] Hernán Ramírez Necochea, Antecedentes económicos de la independencia de Chile, Imprenta universitaria, Santiago, 1959, p.9.

[10] Orlando Millas, “El tema y significación de esta obra”, Hernán Ramírez Necochea, Origen y formación del Partido Comunista de Chile. Ensayo de Historia política y social de Chile, Ed. Progreso Moscú, 1984, p. 8.

[11] Marcelo Carmagnani, “Historiografía y consciencia nacional”, Araucaria de Chile, Madrid, 1980, n°10, p.126.

[12] Hernán Ramírez Necochea, “Materialismo histórico”, Clio, Santiago, septiembre-octubre, n° 8-9, 1936, p.47.

[13] Orlando Figues, La revolución rusa. La tragedia de un pueblo (1891-1924), Edhasa, España, 2000, p158.

[14] Hernán Ramírez Necochea, Historia del Movimiento obrero en Chile: Antecedentes, siglo XIX, Ediciones Lar, Concepción, 1986, p.16.

[15] El “sesgo vanguardista y teológico” es acuñado por el historiador nacional Jorge Rojas Flores, y reproducido por Julio Pinto en su estudio preliminar de la Obras escogidas de Hernán Ramírez. Éste hace referencia, al rol preponderante que tendría la clase trabajadora en la historiografía marxista de las décadas del cincuenta y sesenta, por tener la convicción que en ellas descansaba el “porvenir de la humanidad”. Véase J. Rojas Flores. “Los trabajadores…Op. Cit., p. 53

[16] Hernán Ramírez Necochea, Origen y formación del Partido comunista de Chile. Ensayo de historia del partido, Austral, 1965, p.270.

[17] Ibid., p298.

[18] Hernán Ramírez Necochea, “Historia del Movimiento Obrero en Chile. Antecedentes, siglo XIX”, Obras escogidas. Vol. I, LOM, Santiago, p.455

[19] V.I. Lenin, El imperialismo fase superior del capitalismo, Quimantú, Santiago, 1972, p.127.

[20] Hernán Ramírez Necochea, Historia del imperialismo en Chile, Austral, Santiago, 1970, p.17.

[21] Hernán Ramírez Necochea, Los Estados Unidos y América Latina (1930-1965), Austral, Santiago, 1965, Pp.194-195.

[22] Op. Cit., Historia del imp… p.217.

[23] Quizás uno de los ejemplos más distintivos de la representación del mundo comunista es Canto General de Pablo Neruda. Obra central del poeta nacional, que permite una aproximación al discurso y mentalidad de la cultura de los comunistas nacionales de la primera mitad del siglo pasado

[24] Op. Cit., Los Estados…p298.

[25] Hernán Ramírez Necochea, Antecedentes económicos de la independencia de Chile, Universidad de Chile, Facultad de Filosofía y Educación, 1969, p17.

[26] Hernán Ramírez Necochea, Balmaceda y la contrarrevolución de 1891, Ed. Universitaria, Santiago, 1972, p.213.

[27] Ibid., p.9.

[28] Eric Hobsbawm, Sobre laHistoria, Crítica Grijalbo Mondadori, Barcelona, 1998, p.153.

La Recepción Del Pensamiento De José Carlos Mariátegui En Chile (1926 A 1973). Por Patricio Gutiérrez Donoso

Resumen.

Este artículo presenta un estudio en torno a un período de la recepción en Chile del pensamiento de José Carlos Mariátegui (1894-1930). Trabajando a partir de los documentos existentes en la Biblioteca Nacional hemos ido dando cuenta de cada uno de los momentos en que los testimonios sobre Mariátegui, así como los textos salidos de su pluma que han sido publicados localmente. Esta labor muestra cómo entre 1926 y 1973 se fue enriqueciendo el conocimiento local de la figura de Mariátegui, hasta el momento en que el golpe de Estado bloqueó la posibilidad de continuar recibiendo y trabajando sobre la interpretación de uno de los pensadores más importantes de América latina. La recepción de Mariátegui en Chile a partir de esas fechas deberá asumir una elipse que supera el marco de esta presentación.

            Las siguientes líneas representan un avance de investigación en la perspectiva de dar cuenta de las formas en que la obra y el pensamiento de José Carlos Mariátegui han sido recepcionado en Chile durante el período que va desde sus primeras recepciones locales, las que identificamos por el momento a partir de abril de 1926, hasta el golpe de Estado de septiembre de 1973, así como de las lecturas que éste ha suscitado durante este período en diversos terrenos culturales del país.

Es posible escribir aquí entonces que el estado actual de la investigación muestra que en el mes de abril de 1926, en el periódico El Mercurio de Santiago, va a aparecer una reseña de La Escena Contemporánea, primer libro que Mariátegui publica el año anterior en Lima. [1] Breve recensión realizada por Raúl Silva Castro, que aparece exactamente cuatro años antes de la muerte de Mariátegui, ella parece constituir, en el estado actual de nuestro conocimiento, la primera referencia local a su actividad. [2] Un segundo hito en esta dirección lo encontraremos en junio de 1927, en el Boletín Educacional Nuevos Rumbos, órgano de la Asociación General de Profesores de Chile, donde es redactado un pequeño texto a propósito de la revista Amauta “y a su director José Carlos Mariátegui.” [3] En el mes de octubre, en el mismo Boletín es publicado el trabajo de Mariátegui, El freudismo en la literatura contemporánea. “Freud no ha sido sino el agente, el instrumento de una revelación que tenía que encontrar quien la expresara racional y científicamente -señala Mariátegui buscando situar históricamente la obra de Freud-, pero de la que en nuestra civilización existía ya el presentimiento. Esto no disminuye naturalmente el merito del descubrimiento de Freud. Por el contrario lo engrándense. La función del genio parece ser, precisamente, la de formular el pensamiento, la de traducir la intuición de una época.” [4]

No se trata de una contribución aislada, la labor cultural de Mariátegui llama la atención durante ese mismo año de Eduardo Barrios, Director General de Bibliotecas Públicas y de la Biblioteca Nacional, el que le solicita el envió de material que represente el pensamiento del Perú y por supuesto el de Amauta, que –nos dice-, “leo de punta a cabo”. [5] El interés por esta dimensión cultural de la labor de Mariátegui cobra una mayor dimensión en la pluma de Gabriela Mistral, la que publica una extensa carta en la revista Amauta, reivindicando a través de ella la función de la Escuela Pública en Chile “La escuela nueva –nos dice con fuerza y poesía-, es una creación espiritual y que sólo la pueden hacer hombres y mujeres nuevos, verdaderamente asistido de una voluntad rotunda de hacer otra cosa… Cuando la gracia nos ha cogido y nos ha quemado ideología, costumbre y manera vieja, entonces se puede ser maestro de la escuela nueva”… [6]

          Este ejercicio de reconstrucción de la recepción de Mariátegui en Chile va a mostrar estas primeras manifestaciones al mismo tiempo que la figura de Mariátegui comienza a trascender el escenario peruano y va adquiriendo una dimensión continental, trascendencia que logra efecto gracias en buena parte a la notable difusión de la revista político-cultural Amauta que él mismo había concebido, organizado y echado a caminar con un grupo de amigos desde septiembre de 1926, y que continuará publicándose hasta su muerte, en 1930.

           Lo que se comienza a percibir de Mariátegui desde el escenario local corresponde entonces a los complejos años en los que la lucha política revolucionaria y la labor cultural de éste entraban en una fase compleja, caracterizada por la represión del gobierno, la pugna con el APRA y, lo que fue definitivo, con el agotamiento de su organismo.

            Mariátegui, que había regresado al Perú en marzo de 1923, justamente con el propósito “de fundar una revista” [7] (“no he hecho otra cosa —dirá al volver— que prepararme para el regreso acrecentando mi cultura y mi experiencia periodística y política”), [8] organiza su actividad pedagógica y cultural a partir de una serie de conferencias “dirigidas a la clase obrera capitalina”, [9] dictadas semanalmente hasta enero de 1924 en la Universidad Popular González Prada, de la Federación de Estudiantes, y entra en contacto con la corriente política que se venía organizando en torno a la figura de Víctor Raúl Haya de la Torre, con el cual se irá distanciando políticamente hasta romper de forma definitiva en 1928, cuando la Alianza popular Revolucionaria Americana (APRA), fundada en México por Haya en 1924, decida transformarse, durante aquellos años finales de la década de 1920, en Partido Nacional Peruano. [10]

             Durante este último período de su vida, Mariátegui desarrolla una intensa actividad política, periodística y de elaboración de pensamiento crítico. Luego de LaEscena Contemporánea, publica tres años después Siete ensayos de interpretación sobre la realidad peruana, libro que contribuye a hacer conocer su talento de historiador y de dirigente político, trabajo que, al decir de Michael Löwy, representa “el primer intento de análisis marxista de una formación social latinoamericana concreta”. [11] También en 1928 junto a sus amigos da forma al Partido Socialista de Perú, vinculado desde una perspectiva latinoamericana de la lucha social y a la Internacional Comunista; conjuntamente contribuye a organizar la Confederación General de Trabajadores del Perú, [12] y crea un órgano de prensa obrera denominado Labor, de orientación sindical. Es esta dinámica intensa, vertiginosa, a la que se entregaba con todas sus energías, contribuye a mostrar su figura en Chile así como en diversos lugares de la América latina. Ella también, sin embargo, agotará su salud y desgastará su organismo, llevándolo a la muerte…

            En aquella dinámica, el ambiente asfixiante de los últimos años de la dictadura de Augusto Leguía (1919-1930), empuja a Mariátegui a abandonar el Perú, proyectando exiliarse en Buenos Aires, donde lo espera Samuel Glusberg. [13] El camino hacia la Argentina suponía el paso por Santiago, el cual había sido facilitado por Luis Alberto Sánchez, el cual, en conversación con el rector de la Universidad de Chile, Armando Quesada Acharán, obtiene que Mariátegui durante su estadía diese algunas conferencias. [14] En abril de 1930 -hará ochenta años este 2010-, su organismo resentido y debilitado, el que había debido sufrir ya la amputación de su pierna derecha, no logra sin embargo seguir soportando y ocasionará su deceso. [15]

  Raúl Silva Castro, el mismo que hiciera la recensión de 1926 en ElMercurio, escribiendo ahora en Atenea, Revista Mensual de Ciencias, Letras y Artes, publicada por la Universidad de Concepción, redacta en mayo de 1930 un bello homenaje a Mariátegui. «Mariátegui ha muerto, dice el cable. Mariátegui ha muerto repetimos, en voz baja y con lágrimas en los ojos –nos dice-, los que fuimos sus amigos, aunque sin verlo nunca; los que entendemos el significado de su misión, aunque jamás nos fue dado sondear en su espíritu… En este pobre continente disperso, desigual, lleno de rencores recíprocos y de incomprensiones, la unificación será más difícil. Mariátegui era uno de los pocos aglutinadores». [16]

              La ruptura entre Mariátegui y Haya que señalamos se instala por lo demás en un momento complejo. La crisis de 1929 había precipitado en el mes de agosto de 1930 -a escasos cuatro meses de la muerte de Mariátegui-, la caída de la dictadura de Leguía, mientras el gobierno militar de Luis Sánchez Cerro, que lo derroca, se alía con la oligarquía y reprime fuertemente al APRA, de los cuales algunos sectores dirigentes se exilian en Chile. La actividad del grupo es importante y como consecuencia de la ruptura entre ambos que se había generado en 1928, la orientación del APRA en Chile va a mediar negativamente la recepción local del pensamiento de Mariátegui. Encontramos así en la revista Índice [17] de Santiago, un conjunto de artículos que reproducen –y prolongan- la polémica entre Mariátegui y Haya, después de la desaparición del primero. [18]

        Un nuevo elemento para avanzar localmente en el conocimiento de Mariátegui surge no obstante en 1934. Se trata del conjunto de artículos escritos originalmente entre noviembre de 1927 y junio de 1929 en las revistas limeñas Mundial y Variedades, [19] y que será publicado bajo el titulo de Defensa del marxismo. Polémica revolucionaria, que Mariátegui había dejado organizado para su edición póstuma. Antecediendo un prologo escrito por Waldo Frank, este texto de Mariátegui construye la crítica al pensador socialista Henri de Man, abriendo un trabajo original y a nuestro conocimiento el primero en América latina que se plantee la reelaboración del marxismo a partir de las claves de la teoría de la praxis, mostrando con ello una profunda comprensión de la obra de Marx.  “Marx no se propuso nunca la elaboración de un sistema filosófico –nos dice en Defensa del marxismo-, sino de un método de interpretación histórica destinado a servir de instrumento a la actuación de su ideas política y revolucionaria… Marx no tenía por qué crear más que un método de interpretación histórica de la sociedad actual… la crítica marxista estudia concretamente la sociedad capitalista. Mientras el capitalismo no haya transformado definitivamente, el canon de Marx sigue siendo válido. El socialismo, o sea la lucha por transformar el orden social de capitalista en colectivista, mantiene viva esa crítica, la continúa, la confirma, la corrige.” [20] La lectura de Marx expresa así, desde el Perú, una extrema originalidad…

Otras referencias sobre Mariátegui van a continuar apareciendo durante los años 1930 en el terreno local. Un año después de la publicación de Defensa del Marxismo encontramos un texto Luis Nieto apropósito del quinto aniversario del deceso de Mariátegui. [21] Una  Biografía de José Carlos Mariátegui -la primera de una importante dimensión- se publica cuatro años después gracias a la pluma de Armando Bazán, discípulo y amigo de Mariátegui, editada en Santiago de Chile por Zig-Zag, permitiéndonos captar mejor su dimensión humana. “Todo movimiento literario o artístico –nos dice Bazan- tiene su nexo visible o escondido con un movimiento de índole social o político…el marxismo solía decir a veces Mariátegui -agrega- es el camino nuevo por el que muchos hombres encauzan ciertos anhelos eternos, que son privativos de la humanidad: anhelo de libertad, anhelo de fuerza de sacrificio por los demás y por uno mismo, anhelo de inmortalizarse en la historia, también acaso… A veces creo que se trata de una nueva forma de vivir el sentimiento religioso… Pero también es algo mucho más concreto: es un método de conocimiento que nos lleva a una nueva concepción del mundo.” [22]

Bajo otros aspectos, esta argumentación es retomada por el mismo Bazan en el artículo “Luz y huella de Mariátegui” publicado en la revista Aurora. “Se hace imprescindibles recordar -señala allí Bazan- que mientras otros estudiosos del marxismo se esmeraban en llevar la doctrina y la praxis por las pendientes de la casuística y el dogma inflexible y frio, Mariátegui tomaba de él esencialmente, su coherencia flexible, su maravilloso sentido del movimiento, llegando a consustanciarse a su nuevo humanismo universalista, a su espíritu de sacrificio que le viene del cristianismo en línea directa.” [23]. Al mismo tiempo Bazan publica en el diario La opinión un artículo titulado de José Carlos Mariátegui a César Vallejo.[24]  Paralelamente encontramos también en la revista Aurora un artículo de Gerardo Seguel, “El inca Garcilaso y José Carlos Mariátegui. “El Inca Garcilaso –escribe Seguel- fue el fundador de la literatura peruana, el patriarca del pensamiento peruano… José Carlos Mariátegui es ya el producto del siglo xx, hijo de un periodo bien maduro de nuestro tiempo, es el heredero intelectual del inca Garcilaso” [25]

Justamente la aparición de la biografía de Bazán coincide con el comienzo en Chile de la segunda época de Babel, revista  de arte y critica, la que, de acuerdo con una opinión tan autorizada como la de Armando Uribe, representó «la mejor revista cultural que haya habido en Chile». [26] Editada entre 1939-1951 y dirigida por Samuel Glusberg, personaje de gran estirpe entre las letras que se cultivan en Chile, Babel había tenido su primera época en Buenos Aires entre 1921-1928, donde adquiere notoriedad continental. [27] En esta segunda época incorpora tres artículos salidos de la pluma Mariátegui: “El hombre y el mito”, [28] “Genealogía del socialismo” [29] y “El Renacimiento Judío”, [30] y  de  Samuel Glusberg -que escribe como Enrique Espinoza- “Mariátegui, amauta o guía de una generación”, [31] de Francisco Ichaso, “Meditaciones del Impedido” [32] y de Félix Lazaso, “Hombre De Letra Viva”. [33]

Samuel Glusberg, escribe así sobre Mariátegui, contribuyendo a difundir su pensamiento y su presencia en Chile, [34] y puede recordarse en esta indagación sobre  la recepción de Mariátegui en Chile que, entre las cartas que Mariátegui dirige a Glusberg, podemos leer aquella citada frase que sintetiza el itinerario intelectual y existencial que lo lleva a impregnarse de la tradición historicista: “residí más de dos años en Italia, donde desposé una mujer y algunas ideas”… [35] Desde las páginas de Babel Samuel Glusberg le rinde homenaje al extinto editor de Amauta recogiendo la sutileza de su contenido “La literatura -dirá Glusberg- no era para José Carlos Mariátegui una categoría independiente de la historia y de la política, sino una representación perdurable de éstas, que, al fin y al cabo, determinan la praxis y el sentido social de la vida humana”. [36] Por ello, “cuando se compara la vida heroica de un Mariátegui, acosado por la policía de Lima (como el propio Marx por la de Bruselas) mientras pergeñaba en su sillón de inválido los recios capítulos de su Defensa del Marxismo, con la vida regalada y segura de los amanuenses que hoy reniegan de algo que nunca entró en sus cabezas, uno no puede menos que inclinarse ante la sombra de Mariátegui y preferirlo también como pensador y como crítico”. [37]

También desde Babel, Ciro Alegría resalta su “fina sensibilidad, catador seguro, maestro de técnica, dueño de los secretos de la expresión, aprehendió con mirada certera todas las huidizas formas estéticas. Habría fulgido muy alto tan solamente como escritor. Pero su espíritu era una brasa ardiente y no pudo, ni quiso, mantenerse ajeno al conflicto fundamental del hombre”. [38] Para el autor de El mundo es ancho y ajeno, Mariátegui era un intelectual que fundía pensamiento y acción, era “un espíritu profundo que tomaba para la revolución todas las grandes manifestaciones del Hombre”. [39]

José Carlos Mariátegui es presentado de esta manera en Chile como el ejemplo del compromiso de un hombre que en las peores condiciones de vida supo sacar lo mejor del pensamiento del ser humano para un mejor entendimiento de la realidad sin apego a dogmatismos. “La realidad le atrae a Mariátegui -escribe Félix Lizasocomo a todos los genuinos creadores. Con la realidad se enfrenta, para recrearla… pero no se trata de un realismo convencional, como aquel que hizo escuela, donde lo más era creación de laboratorio: aquí la realidad es el trasunto humano palpitante y limpio de toda anécdota fantástica. Su puesto está entre los definidores de la realidad, de una específica realidad, por cuya transformación trabajó”. [40] Esta visión crítica de la realidad que rodea el mundo social y político de Mariátegui se acrisola el pensamiento de intelectuales con un compromiso de vida.

Un año después de la revista Babel aparece un homenaje en Atenea revista mensual de Ciencias, Letras y Arte editada por la Universidad de Concepción. Conmemorando el decimo aniversario de la muerte de  Mariátegui, escrito por Armando Solano. [41]

A pesar de estos diferentes acercamientos y trabajos de divulgación que constatamos y que contribuyen seriamente a difundir en Chile el pensamiento de Mariátegui, no será sino hasta comienzo de los años 1950 que encontremos una de las exploraciones en nuestra opinión más ricas que se han realizado localmente sobre su trabajo. Nos referimos a la obra de Félix Schwartzmann, El sentimiento de lo humano en América: antropología de la convivencia. Su autor, nacido en 1913 en una familia de origen rumano, cursa su formación secundaria en el Liceo de Aplicación y estudia luego  Filosofía en la Universidad de Chile, construyendo a partir de entonces una obra de envergadura mayor.

“Evoquemos ahora la imagen de José Carlos Mariátegui -nos dice Félix Schwartzmann en una aguda y extraordinaria comprensión del pensamiento de Mariátegui- cuya voluntad revolucionaria se caracterizó por un querer interiorizar la acción y por la «religiosidad» propia de su manera de concebirla. Digamos, deteniéndonos en lo positivo, cómo no es un azar que uno de los hombres que más hondamente percibió el designio cultural revolucionario que alienta en el americano -y ello en gran medida como marxista-, haya librado tan fervorosa lucha contra la exterioridad del hacer. Piensa Waldo Frank que con Mariátegui apunta el nuevo americano, al mismo tiempo que la revolución deja de ser en él algo abstracto y distante; piensa, además, que este nuevo impulso se manifiesta en la religiosidad con que, Mariátegui la intuye a través del todo, como orgánico despliegue de la naturaleza esencial del hombre. Si -para el escritor peruano- la «verdad de nuestra época es la revolución», los signos y presagios de su advenimiento entre nosotros, y en él mismo, se revelan fundamentalmente en la simpatía contemplativa de una mirada que va desde el hombre de los Andes, hundido en sí mismo, pasando por el simbolismo del ayllu y la imagen del paisaje, hasta la revolución que presiente, animada de cierto panteísmo, como matiz propio de su rebeldía. Para él la perspectiva milenaria se prolonga hasta el presente a través de la lucha, mientras su religiosidad, como honda sensibilidad para percibir la raíz del conflicto humano, ve en el pesimismo indígena una actitud básica de piedad y ternura, verdadero misticismo cristiano-eslavo, igualmente distante del nihilismo escéptico que de la morbosa voluntad de autoaniquilamiento. De ahí que Mariátegui, siguiendo a Jorge Sorel, considere evangélica la visión de E. L. Valcárcel, creadora del mito salvacionista del indio, mito de la revolución socialista que hará posible su resurgimiento”. [42]

En 1955 aparece en Santiago, en la colección Nuestra América de la Editorial Universitaria, dirigida por el futuro Canciller de Salvador Allende, Clodomiro Almeyda, los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, [43] presentada por Guillermo Roullon. Paralelamente, Cesar Godoy Urrutia, durante aquellos años parlamentario y preclaro polemista, publica en Aurora un artículo denominado Un cuarto de siglo de la muerte de Mariátegui. [44]

En 1960 Lautaro Yarkas publica en Atenea un minucioso artículo intitulado José Carlos Mariátegui, novelista, [45] comentando La novela y la vida. Sigfried y el profesor Canella, de Mariátegui, que aparece póstumamente en 1955. [46]

En la Unidad Popular  aparece un libro sobre Mariátegui del académico de la Universidad Técnica del Estado Yerko Moretic José Carlos Mariátegui: su vida e ideario, su concepción del realismo, editado por la Universidad Técnica del Estado 1970. Redactado durante los años 1965-1966 y concebido inicialmente como una tesis doctoral para la Universidad Carolina de Praga, Moretic afirma la existencia de aportes de gran riqueza al pensamiento marxista entre los años 1918 y 1935 «y posteriormente se comprobarán las fatigas con que posteriormente y hasta alrededor de , 1956, ese pensamiento siguió su marcha adelante. Señalarlo con respecto a Mariátegui y en relación particular con la teoría de realismo en arte y literatura es uno de los objetivos centrales de estas páginas». [47]

El Golpe de Estado de septiembre de 1973 modifica radicalmente los senderos por los cuales transitaba la sensibilidad del pueblo chileno. La cultura que se había venido instalando a través de generaciones y que había permitido la formación de una vasta red de tradiciones cívicas va a ser detenida in barbarum, alejando brutalmente todo ejemplo de trabajo intelectual, artístico o de pensamiento crítico. La figura de Mariátegui, posiblemente ya en parte mal comprendida durante las décadas anteriores, o si se prefiere, limitada a la condición de un héroe del socialismo, desconociendo su reflexión intensa y la inmensa originalidad de su pensamiento, va a sepultarse bajo lodazales de basura diseminada por los gestores del régimen. El mundo del consumismo y la elevación al pináculo del de los “valores patrios” que organiza la cultura oficial no permite su apropiación.

Paradojalmente, es en esos mismos años que un esfuerzo por repensar a Mariátegui comienza a desplegarse desde Italia y Francia para lograr dar cuenta desde parámetros más amplios de la inmensa originalidad de su pensamiento. El punto de partida lo encontramos probablemente en una revista del Partito Comunista italiano, Criticamarxista de Roma, donde Antonio Melis va a escribir “J.C. Mariátegui, primo marxista d’America”; [48] y luego Renato Sandri, «Mariátegui, via nazionale e internazionalismo nel terzo mondo». [49] A su turno, Robert Paris defiende su tesis, La formation idéologique de José Carlos Mariátegui en l’Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, en Paris, y publicada en castellano en Cuadernos de Pasado y presente.[50] No era una empresa puramente individual. «Nunca se reconocerá suficiente –escribe Robert Paris, por ejemplo- cuanto ha hecho Ruggiero Romano por el conocimiento de Mariátegui en Francia y en Italia». [51] En fin, desde el exilio mexicano, José Aricó publica también en Cuadernos de Pasado y presente, Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano. [52]

No puede pasarse por alto aquí que en estos mismos años, un esfuerzo semejante comenzaba a desarrollarse por recuperar también la figura y la obra de Antonio Gramsci, recogiendo su capacidad creativa articulada en torno a la filosofía de la praxis y dejando de lado las tradiciones de un marxismo esclerotizado en las lecturas socialista o soviética. Nos parece que la recuperación de Gramsci se va logrando en un terreno más amplio y, desde este punto de vista, impulsa la posibilidad de recuperar y de volver a leer a Mariátegui. Es así como el estudio y la comprensión conjunta de ambos pensadores va a contribuir a mostrar el vínculo común entre ellos. Mariátegui -señala Osvaldo Fernández- “piensa y actúa como alma gemela del propio Gramsci”, [53] y, esto nos interesa destacar, ambos establecieron un esfuerzo extraordinariamente semejante por reelaborar el marxismo a través de la filosofía de la praxis. [54] Puede señalarse brevemente aquí, aunque es extremadamente difícil evaluar su incidencia, que el incremento de la publicación de escritos gramscianos fuera de Chile y el impacto de su influencia estimula también, durante aquellos años, la lectura y retroalimenta la difusión de Mariátegui. Actualidad del pensamiento político de Gramsci, selección a cargo de Francisco Fernández Buey, [55]Gramsci y la cuestión religiosa, de Huges Portelli, [56] y Gramsci hoy, [57] todos editados en Barcelona, mientras en México aparece Gramsci y la revolución de Occidente, de María-Antonietta Macciocchi [58] y «Los usos de Gramsci», de Juan Carlos Portantiero, texto que sirve como presentación a Antonio Gramsci. Escritos políticos (19171933), [59] selección de textos editada por Cuadernos de Pasado y presente, vale decir, el proyecto que representa, sin lugar a dudas, «la más audaz e importante labor editora que se haya realizado en América latina». [60] Al año siguiente el mismo Francisco Fernández Buey publica Ensayos sobre Gramsci, [61] la Universidad de Puebla edita el volumen colectivo El pensamiento revolucionario de Gramsci[62] mientras circulan las versiones castellanas de Gramsci et l’Etat, de Christine Buci-Glucksmann [63] y de The antinomies of Antonio Gramsci, de Perry Anderson, que había aparecido en la New Left Review. [64] En 1979, Jacques Texier, publica en castellano su Gramsci[65] y en México las ediciones Era traducen una selección de textos de Gramsci intitulada Sul fascismo, con una introducción de Enzo Santarelli. [66] En 1980, Cuadernos de Pasado y presente publica también la selección Gramsci y las ciencias sociales, [67] y Huges Portelli, Gramsci y el bloque histórico. [68] En el mismo sentido pueden haber incidido el coloquio que en septiembre de 1978 organiza la Universidad nacional autónoma de México dedica a Gramsci con la presencia de María-Antonietta Macciocchi, Giuseppe Vacca, Christine Buci-Glucksmann y Juan Carlos Portantiero y el Seminario de Morelia, Hegemonía y alternativas políticas en América latina, efectuado en 1980 y cuyas actas aparecerán más tarde. [69]

            Frente a esta manera de repensar la significación política y cultural de Mariátegui y de Gramsci estamos entonces frente a una manera de poner en cuestión, de repensar y de reelaborar las formas en las que se había desarrollado el marxismo a través de los cánones de la Segunda Internacional socialista o socialdemócrata y luego de la Tercera Internacional Soviética, perecidas en la práctica, insuficientes, inofensivas frente al despliegue con que la burguesía llevaba su ciencia a la práctica, con la capacidad con que organizaba la producción de la plusvalía. La filosofía de la praxis no podía ser –y no puede serlo- sino la expresión contemporánea, inmanente a través de la cual la lucha de clases adquiere su forma concreta, a través de la cual, entonces, los trabajadores se apropian de un mundo siempre en transformación y del cual deben siempre también dar cuenta desde su propio punto de vista de clase juicio. En esto consiste, a nuestro juicio el aspecto esencial de lo que nos deja el ejercicio del estudio de la recepción de Mariátegui en Chile

                                                          Valparaíso, diciembre 2012                                               


[1] Cfr., Mariátegui José Carlos, LaEscena Contemporánea, Lima Minerva, 1925.

[2] Cfr., Silva Castro Raúl, El Mercurio, Santiago de Chile, abril 1926, p. 2.

[3] Cfr. “Comentarios de revistas y libros”, “Amauta.- Revista de arte, polémica, crítica. Lima. Esta importante publicación peruana nos ha llegado trayendo un importante material. Su director es José Carlos Mariátegui.” In Boletín Educacional Nuevos Rumbos, Órgano de la Asociación General de Profesores de Chile, año I, nº 1 Santiago, 5 de junio 1927, p.17

[4] Cfr. Mariátegui José Carlos, “El freudismo en la literatura contemporánea”, in Boletín Educacional Nuevos Rumbos, Órgano de la Asociación General de Profesores de Chile, año I, nº 7 Santiago, octubre 1927, p.132.

[5] Cfr., Barrios Eduardo, carta a José Carlos Mariátegui, Santiago de Chile, 7 de abril de 1927, in Correspondencia (1915-1930), Introducción, compilación y notas de Antonio Melis, Lima, Amauta, 1984, t. i, pp. 263-264. Cfr. Carta de Concha Romero de James a José Carlos Mariátegui, Santiago de Chile, 16 de septiembre de 1928, in: Correspondencia. cit., t. ii, p. 436. Se puede leer carta de Letizia Repetto Baeza a José Carlos Mariátegui fechada en  Valparaíso el 17 de noviembre de 1928. El texto señala: Lettizia Repetto Baeza saluda al ilustre escritor  señor José Carlos Mariátegui, y tiene el agrado de enviarle un ejemplar de su novela La voz de Infinita. Mucho desearía una impresión suya en Amauta, confía en su gentileza y bondad… para ello, y de cuya revista le rogaría enviarle unos ejemplares. ¿Por qué no me envía algo suyo para publicarlo en Valparaíso? in Correspondencia, cit., t ii, p. 476.

[6] Cfr. Gabriela Mistral, “La escuela nueva en nuestra América, carta de Gabriela Mistral a Julio R. Barcos”, in revista Amauta, año ii, n°10, Lima, diciembre de 1927, p. 6.

[7] Mariátegui José Carlos, “Presentación de Amauta”, año i, n° 1, Lima, septiembre de 1926; también en in Ideología y política, décimo octava edición, Lima, Amauta, 1987, p. 100.

[8] Mariátegui José Carlos, carta a Pedro Ruiz Bravo, Lima, 9 de junio de 1923, in Correspondencia 1915-1930, introducción, compilación y notas al cuidado de Antonio Melis., t i, Lima, Amauta, 1984, p. 37.

[9] Nota preliminar a José Carlos Mariátegui, Historia de la crisis mundial (conferencias 1923-1924), Lima, Amauta, 1959, p. 9.

[10] A comienzos de 1928, Haya toma la iniciativa rupturista y se propone decididamente transformar el APRA en un partido, un Partido Nacionalista Peruano. Mariátegui, que concibe el APRA como frente único, no como partido, y menos aún como Partido Nacionalista Peruano, manifiesta vivamente su desacuerdo. “APRA, alianza o partido, no debería existir siquiera, puesto que el APRA (que) se titula alianza y se subtitula frente único, pasa a segundo término, desde el instante en que aparece en escena el Partido Nacionalista Peruano que ustedes han decidido fundar en México, sin el consenso de los elementos de vanguardia que trabajan en Lima y provincias.” Cfr. José Carlos Mariátegui, Carta a la célula aprista de México, Lima, 16 de abril de 1928, in Correspondencia (1915-1930), cit., t ii, p. 371.

Haya responde igualmente en tono vivo. “Ha recaído usted -le dice a Mariátegui- en el tropicalismo… Usted está lleno de europeísmo… Desinfectémonos de la imitación europea… El APRA es partido, alianza y frente ¿Imposible? Ya verá usted que sí. ” Cfr. José Carlos Mariátegui, Carta a la célula aprista de México, Lima, 16 de abril de 1928, in Correspondencia (1915-1930), cit., t ii, p. 371.

[11] Michael Löwy, El marxismo en América Latina. Antología, desde 1909 hasta nuestros días, Lom, Santiago, 2007, p. 18.

[12] Para los estatutos de la C.G.T.P., véase, José Carlos Mariátegui, Ideología y Política, Amauta, decima octava edición, Lima 1987, p. 154 y ss.

[13] “En mayo pensaba estar en Buenos Aires -escribe Raúl Silva Castro al mes siguiente del fallecimiento de Mariátegui- y también de paso por Chile apretaría las manos de los amigos. Dos mensajes suyos me alcanzaron con poca distancia. Uno traído por una poetisa peruana a quien Mariátegui me presentaba como uno de los valores más leales de su generación. En la carta una alusión a su viaje por Chile. Otro venía con Luis Alberto Sánchez, su amigo de siempre, aunque contradictor a veces”. Raúl Silva Castro, «José Carlos Mariátegui», in Atenea, revista mensual de ciencias, letras y bellas artes publicada por la Universidad de Concepción, año vii, nº 63, mayo de 1930, p. 249.

[14] “El rector de la Universidad de Chile, Armando Quesada Acharán -escribe Luis Alberto Sánchez- me ofreció un almuerzo… (durante el cual) le conté algo sobre Mariátegui y le solicité su venia para que, como invitado suyo, le visaran el pasaporte. No se limitó a eso. Me dijo que formalmente lo invitaba a dictar varias conferencias en el Salón de Honor, pagado por la Universidad y me prometió -y cumplió- darme una nota oficial para que Mariátegui conociera formalmente el hecho… La nota la llevé conmigo, pero llegué al día siguiente del sepelio de José Carlos. La puse en manos de Ana Chiappe de Mariátegui, quien me abrazó sollozando”. Sánchez Luis Alberto, Visto y vivido en Chile, Santiago de Chile, Tajamar, 2004, pp. 43-44.

[15] “Ya estaba en prensa este numero de Índice, cuando el cable nos trajo la fatal noticia: José Carlos Mariátegui ha muerto en Lima. En sus ensayos queda enclavada la realidad político social e intelectual del continente su alimento, como el de un creador, animó y dio vida a la cultura peruana. Bajo su dirección, la revista Amauta, fue la más libre, la más elevada tribuna de las jóvenes generaciones, un nuevo método crítico nació con él. La claridad de sus pensamientos, de su vida inmaculada la recia cohesión y la  pureza de sus propósitos establecían ciertas semejanzas entre su personalidad luminosa. Un diamante pulido, claro, limpio, un diamante que sobre el mapa de América grababa, en nervioso monograma, una palabra  nítida: «honor». En hora cercana nuestros ojos se aunarán a las dolorosas circunstancias de su vida, a las profundas enseñanzas de sus libros y al buscar las huellas de su heroísmo y de su inteligencia, nuestras miradas han de comprender sus glorias y la pesadumbre que nos abate hoy. Al saber su desaparecimiento”, in Índice  año 1, n° 1, Santiago de Chile abril de 1930, p.7

[16] Raúl Silva Castro, «José Carlos Mariátegui», in Atenea, revista mensual de ciencias, letras y bellas artes publicada por la Universidad de Concepción, año vii, nº 63, mayo de 1930, pp. 246-249.

[17] Cfr. Melfi Domingo, “Índice a Mariátegui”, in: Índice, año i, nº 2, Santiago de Chile, mayo de 1930, p. 9.  Orrego Vicuña Eugenio, “Índice a Mariátegui”, in: Índice, año i, nº 2, Santiago de Chile, mayo de 1930, p. 9. Raúl Silva Castro, “Índice a Mariátegui” in. Índice, año i, nº 5, Santiago de Chile, agosto de 1930, p. 9. Portal Magda, “trayectoria de José Carlos Mariátegui”, in: Índice, año i, nº 2, Santiago de Chile, mayo de 1930, pp. 8-9. Portal Magda, “Haya de la Torre y J.C Mariátegui”, in: Índice, año i, nº 6, Santiago de Chile, septiembre de 1930, pp. 12.  Chamundes Marcos,  “Carta del Perú Mariátegui y Haya de la Torre”, in: Índice, año i, nº5, Santiago de Chile, agosto de 1930, p.3. Chamundes Marcos, “Más en torno de Mariátegui y Haya de la torre,”  in: Índice, año i, nº 9, Santiago de Chile, diciembre de 1930, p.6. Petrovick Julián, “Carta del Perú”, in: Índice, año i, nº 9, Santiago de Chile, diciembre de 1930, pp.7-8.

[18] La polémica de Mariátegui con Haya de la torre va preceder en Perú la represión contra el APRA. Diversos sectores dirigentes del APRA se van a exiliar en Chile, prejuiciando la recepción del pensamiento de Mariátegui. Un interesante aspecto de esta polémica se encuentra en la revista Índice de Santiago (anteriormente citado). Que se prolonga por varios números donde encontramos a propósito de un artículo de Raúl Silva Castro, publicado en la revista Atenea (Castro Raúl Silva, “José Carlos Mariátegui”, Atenea, año vii, núm. 63, Santiago, may.1930, p. 245), genera una discusión entre los partidarios de Víctor Raúl Haya de la torre y José Carlos Mariátegui, es el primer punto de quiebre que se conoce en nuestro territorio entre las dos grandes figuras del Perú. Raúl Silva Castro en su artículo sin proponerse el objetivo de polemizar, no señala claramente las diferencias entre estos dos grandes intelectuales del Perú, quedando la sensación de que ambos pertenecen a una misma línea política, sin dar cuenta de los caminos divergentes que habían asumido estos dos espíritus emancipadores. A propósito de dicho artículo, se suma a la discusión la militante Aprista Magda Portal quien enciende la chispa de la polémica, polémica que continua con la separación de aguas entre apristas y defensores de la obra de Mariátegui, calificativos que van a enfrentar en el plano local estas dos miradas sobre la realidad latinoamericana.

[19] Cfr., Rouillon Guillermo, Bio-bibliografía de José Carlos Mariátegui, Lima, Universidad nacional mayor de San Marcos, 1963.

[20] Mariátegui José Carlos, Defensa del marxismo, polémica revolucionaria, editorial Cultura, Santiago 1934, p. 23.

[21] Nieto Luis, “José Carlos Mariátegui, Con motivo del quinto aniversario de su ingreso al silencio”, revista Hoy nº 182, Santiago 15 de mayo 1935, pp. 41-42

[22] Cfr., Bazán Armando, Biografía de José Carlos Mariátegui, Zig-Zag, Santiago de Chile, 1939. P. 114. Una relaboracion fue publicado ulteriormente por Amauta. “A veces el artista, el escritor, se  adelanta en su tiempo –en ella podemos leer- su sensibilidad intuye, adivina nuevas formas,, anhela de manera misteriosa extrañas transformaciones que, precisamente, discuten en oído de su propio ambiente, hieren a la generalidad de sus contemporaneos. Tales creadores son los precursores de tienen la mision de habrir camino a costa de su propio sacrificio.” Bazan Armando, Mariátegui y su tiempo, Amauta quinta edición, Lima 1978, p. 32.

[23] Bazán Armando, “Luz y huella de José Carlos Mariátegui”, in Aurora de Chile: Alianza de intelectuales para la defensa de la cultura,  nº 14 Santiago octubre de 1939, p. 7

[24] Bazan Armado, “De J. Carlos Mariátegui a César Vallejo, La Opinión, domingo 13 de enero de 1939.

[25] Gerardo Seguel, “El inca Garcilaso y José Carlos Mariátegui”, in Aurora de Chile: Alianza de intelectuales para la defensa de la cultura,  nº 11 Santiago junio de 1939.

[26] Armando Uribe, presentación a Manuel Rojas, / José Santos González Vera, Letras anarquistas. Artículos periodísticos y otros escritos inéditos, compilación de Carmen Soria, Santiago de Chile, Planeta, 2005, p. 5.,

[27] Para un estudio de la etapa argentina de Babel, véase con provecho, Horacio Tarcus, Mariátegui en la Argentina o las políticas culturales de Samuel Glusberg, Buenos Aires, Ediciones el cielo por asalto, 2001.

[28] José Carlos Mariátegui, “El hombre y el mito”, in Babel revistas de arte y crítica, vol. i nº 8, Santiago de Chile diciembre1939, pp. 255-256,

[29] José Carlos Mariátegui, “Genealogía del socialismo”, in Babel revista de arte y crítica, vol. ii nº 10, Santiago de Chile abril 1940, pp. 86-89.

[30] José Carlos Mariátegui, “El Renacimiento Judío”, in Babel revista de arte crítica, vol. vi nº 26, Santiago de Chile 1945, pp. 86-89.

[31] Enrique Espinoza, “Mariátegui, amauta o guía de una generación”, in Babel revista de arte y crítica, nº 54, Santiago de Chile 1950, pp.120-125. Palabras leídas en el homenaje organizado por Babel el 17 de abril de 1950 en el Salón de Honor de la Universidad de Chile al cumplirse el vigésimo aniversario de la muerte de José Carlos Mariátegui.

[32] Francisco Ichaso, “Meditaciones del Impedido”, in Babel revista de arte y crítica, vol. I, nº 8, Santiago de Chile Diciembre 1939, pp. 253-255.

[33] Félix Lazaso, “Hombre De Letra Viva”, in Babel revista de arte y crítica, vol. ii, nº 10, Santiago de Chile Abril 1940, pp. 30-32. Para un estudio crítico, cfr. Jaime Massardo, Pierina Ferretti, Lorena Fuentes, Patricio Gutiérrez, Babel revista de arte y critica, Santiago de Chile, Lom 2008, tres volúmenes.

[34] Cfr., Enrique Espinoza, «José Carlos Mariátegui, guía o amauta de una generación», in: Babelrevista dearte y crítica, año xi, nº 54, Santiago de Chile, segundo trimestre de 1950, pp. 120-124.

[35] José Carlos Mariátegui, Carta a Samuel Glusberg, Lima, 10 de enero de 1927 (1928), in Correspondencia (1915-1930), Introducción, compilación y notas de Antonio Melis, Lima, Amauta, 1984, t ii, p. 331.

[36] Enrique Espinoza, «José Carlos Mariátegui, guía o amauta de una generación», in: Babelrevista dearte y crítica, año xi, vol. xiii, nº 54, segundo trimestre, Santiago de Chile 1950  p. 122.

[37] Enrique Espinoza, «Patología de la regeneración», in: Babel revista de arte y crítica, año xi, vol. xii, nº 50, segundo trimestre, Santiago de Chile 1949, p. 126.

[38] Ciro Alegría, «Impresiones de José Carlos Mariátegui», in: Babel revista de arte y crítica, año xx, vol. ii nº 13, septiembre/octubre, Santiago de Chile 1940, p. 48. Aquel peruano exiliado, quien fue acogido por Glusberg «que pasaba por una situación económica muy crítica lo instó a presentarse a un concurso latinoamericano de novela que convocaba una editorial estadounidense, discutió con él día a día el manuscrito, propuso correcciones y recomposiciones, le dio ánimo para llevar a término la empresa. Nació así El mundo es ancho y ajeno». Horacio Tarcus, Mariátegui en la Argentina. O las políticas Culturales de Samuel Glusberg, El Cielo Por Asalto, Buenos Aires, Argentina, 2001. p. 83.

[39] Ibidem., p. 46.

[40]  Félix Lizaso, «Hombre de letra viva», in: Babe revista de arte y cítical, vol. ii  nº 10, Santiago de Chile 1940. p. 28.

[41] Solano Armando, “El x aniversario de Mariátegui,” Atenea, revista mensual de Ciencias, Letras y Arte, Universidad Concepción, año xvii, nº 179, Concepción mayo 1940. pp.176-184.

[42] Schwartzmann Félix, El sentimiento de lo humano en América: ensayo de antropología filosófica, Universidad de Chile, Facultad de Filosofía y Educación, Instituto de Investigaciones Histórico-Culturales, Santiago 1950-1953. 2 v. véase en particular capitulo xv, “La idea de la acción en Mariátegui” pp.201-207.

[43] Cfr.,  José Carlos Mariátegui, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Prólogo de G. Rouillon, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 1955.

[44] César Godoy Urrutia, «Un cuarto de siglo de la muerte de Mariátegui», in Aurora de Chile: Alianza de intelectuales para la defensa de la cultura,  nº 3, Santiago de Chile, abril de 1955, pp. 51-59

[45] Yarkas Lautaro, “José Carlos Mariátegui, Novelista”, in Atenea, revista mensual de ciencias, letras y bellas artes publicada por la Universidad de Concepción, año xxxvii, nº 387, enero de 1960, p. 74-80.

[46] Cfr.,  José Carlos Mariátegui, La novela y la vida. Sigfried y el profesor Canella, Lima, amauta, 1955.

[47] Yerko Moretic José Carlos Mariátegui: su vida e ideario, su concepción del realismo, Santiago de Chile, Universidad Técnica del Estado, 1970, pp.11-12.

[48] Antonio Melis va a escribir “J.C. Mariátegui, primo marxista d’America” in Critica marxista, nº 2, Roma, marzo-abril, 1967, pp. 132-157. (traducción castellana: “J.C. Mariátegui, primer marxista de América” in Vv. Aa., Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano, segunda edición, selección y prólogo de José Aricó, México, Cuadernos Pasado y Presente, nº  60, 1979,),

[49] Cfr., Renato Sandri, “Mariátegui, via nazionale e internazionalismo nel terzo mondo”, in Critca marxista, ano x, nº 6, Roma, novembre / dicembre 1972.

[50] Cfr., Robert Paris, La formación ideológica de José Carlos Mariátegui, Cuadernos de Pasado y presente, nº 92, México, 1981

[51]Ibidim, p. 7.

[52] Cfr., José Aricó, Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano, segunda edición, México, Cuadernos de Pasado y presente, nº 60, 1980.

[53] Fernández Osvaldo, “Tres lecturas de Gramsci en América latina”, in: Vv. Aa., Gramsci, actualidad de su pensamiento y de su lucha, Roma, Claudio Salemi tipógrafo editore, 1987, p. 212.

[54] Uso la palabra praxis, en lugar de práctica. Nos dice Mondolfo “praxis (que es la palabra griega mantenida en alemán) es más general; comprende toda forma de actividad, sea teórica o practica.”Cfr. Mondolfo Rodolfo, Feuerbach y Marx, Claridad, Buenos Aires 1936, p. 6. En otro registro Mondolfo agrega. “La praxis es desarrollo, es historia que nace del estímulo perpetuo de la necesidad; y las condiciones que suscitan la necesidad, ya sean derivadas de la naturaleza, o constituidas por los resultados de la actividad humana antecedente, no son exteriores a la humanidad, sino que deben penetrar en la vida de su espíritu para impulsarla a su actividad, producto, que es también productor, creación y creador al mismo tiempo, en el proceso infinito del trastocamiento de la praxis.” Cfr. Mondolfo Rodolfo, Espíritu revolucionario y conciencia histórica, editorial Escuela, Buenos Aires 1968, p. 20.

[55] Cfr., Vv. Aa., Actualidad del pensamiento político de Gramsci, selección e introducción de Francisco Fernández Buey,  cit.  A propósito del trabajo sobre Gramsci de F. Fernández Buey, véase Leyendo a Gramsci, Barcelona, El viejo topo, 2001.

[56] Cfr., Hugues Portelli, edita Gramsci y la cuestión religiosa, Barcelona, Laia, 1977.

[57] Cfr., Vv. Aa., Gramsci hoy, Barcelona, Materiales, extra 2, 1977.

[58] Cfr., María-Antonietta. Macciocchi, Gramsci y la revolución de Occidente, México, Siglo veintiuno editores, 1975.

[59] Cfr., Juan Carlos Portantiero, Los usos de Gramsci, Cuadernos de Pasado y presente nº 53, México, 1977, pp. 1-84.

[60] Carlos Franco, Presentación a Marx y América latina, de José Aricó, segunda edición, México, Alianza editorial mexicana, 1982, p. 10.

[61] Cfr., Francisco. Fernández Buey, Ensayos sobre Gramsci, Barcelona, Materiales, 1978.

[62] Cfr., Vv. Aa., El pensamiento revolucionario de Gramsci, Universidad autónoma de Puebla, 1978.

[63] Cfr., Christine. Buci-Glucksmann Gramsci y el Estado, (Gramsci et l’Etat, Paris, Fayard, 1974), segunda edición, México, Siglo veintiuno editores, 1978.

[64] Perry Anderson, Las antinomias de Antonio Gramsci, (The antinomies of Antonio Gramsci, New Left Review, 1977), Barcelona, Fontamara, 1978.

[65] Cfr., Jacques Texier, Gramsci, Barcelona-Buenos Aires-México, Grijalbo, 1979.

[66] Cfr., Antonio Gramsci. Sobre el fascismo (Sul fascismo, Roma, Editori Reuniti, 1974), introducción de Enzo Santarelli, traducción de Ana María Palos, México, Era, 1979.

[67] Cfr., Vv. Aa., Gramsci y las ciencias sociales, Cuadernos de Pasado y presente n° 19, sexta edición, México, 1980.

[68] Cfr., Hugues. Portelli, Gramsci y el bloque histórico, séptima edición, México, Siglo veintiuno editores, 1980.

[69] Vv. Aa., Hegemonía y alternativas políticas en América latina, coordinado por Julio Labastida, prólogo de José Aricó, México, Siglo veintiuno editores / Unam, 1985.

Chile: hacia un mejor derecho a la educación

Estudio comparativo de la UNESCO sobre legislación educativa:

Chile: hacia un mejor derecho a la educación

  • Foto: ©UNESCO / Carolina Jerez

La Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe (OREALC/UNESCO Santiago), condujo el estudio “El derecho a la educación: una mirada legislativa comparada” enfocado en los marcos jurídico-legales que rigen los sistemas de educación de Argentina, Uruguay, Finlandia y Chile, con énfasis en este último país. “Tenemos el propósito de seguir apoyando a los países de nuestra región en la implementación de acciones que permitan avanzar hacia el derecho a una educación de calidad para todos y todas” afirmó Jorge Sequeira, Director de la OREALC/UNESCO Santiago.

El estudio fue liderado por Vernor Muñoz, ex Relator Especial de la ONU para el derecho a la educación (2004-2010) y miembro del Consejo Deliberativo del Fondo Regional de la Sociedad Civil para la Educación. En su elaboración también colaboró el equipo del Ministerio de Educación de Chile junto con otros actores relevantes.

El foco del trabajo estuvo en la revisión del marco conceptual y normativo del derecho a la educación, y en el análisis de la situación desde sus principales ejes: disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y adaptabilidad. A partir de estos elementos, se explicitan las obligaciones del Estado relativas al derecho a la educación y su aplicación específica. El estudio señala que los objetivos de la educación determinan prioridades institucionales que incluyen el desarrollo curricular, por un lado, y por otro la naturaleza y alcance de la gestión educativa, que requiere de un financiamiento adecuado para sentar las bases de un avance progresivo que garantice la gratuidad de la educación.

Desafíos y oportunidades para Chile

“Los desafíos que enfrenta el sistema educacional chileno son el resultado de un largo proceso histórico que ha visto pasar varias administraciones de Gobierno. Por esto, las transformaciones requeridas deben ser consensuadas y formuladas por todos los actores sociales y trascender agendas políticas, de manera que emerja una visión y un proyecto país a largo plazo, en el cual el diálogo social positivo se convierta en el garante para formular las soluciones que se necesitan”, señaló Jorge Sequeira, director de la OREALC/UNESCO Santiago.

“Si bien el derecho a la educación está incorporado al bloque constitucional de la mayoría de los países, se entiende de diferentes maneras. En Uruguay tiene más un sentido de utilidad pública, en Argentina tiene más un sentido de protección y garantía; y en Chile está más cercano al fomento de actores claves vinculados con la libertad de enseñanza. Esto arroja una necesidad adicional que es construir un lenguaje común en torno al derecho de la educación” afirmó Vernor Muñoz, autor del estudio.

En el caso de Chile, y considerando que ya cuenta con procesos de supervisión y control, el estudio señala que un paso importante será enriquecer su legislación para responder de una mejor manera al desafío de ofrecer igualdad de oportunidades de educación para todos y todas.

Otro elemento positivo que se destaca es que la legislación chilena prohíbe la discriminación en el trato a los estudiantes. Sin embargo, se advierte la necesidad de revisar las pruebas de admisión, ya que estas “establecen criterios y efectos de diferenciación, que en la práctica conducen a la selectividad”.

Además, otro punto a resaltar del sistema chileno son las becas y subvenciones que buscan contribuir a la igualdad de oportunidades. El estudio señala que estas prácticas positivas ven disminuido su impacto dado un contexto aún insuficiente de la educación como un bien público. De ahí que las controversias actuales giren en torno a consideraciones económicas, apartándose del significado y propósito del derecho a la educación.

Lo que viene

El estudio muestra que las legislaciones de Argentina y Uruguay son explícitas en restringir que la educación sea tratada como un bien de consumo. Por su parte, la Constitución chilena enfatiza la protección del derecho preferente de los padres de educar a sus hijos e hijas, mientras que la finlandesa otorga garantía de oportunidades educativas y la uruguaya acentúa la utilidad pública de la educación. Es decir, dado que en Chile la ley deposita en los padres y madres un alto nivel de responsabilidad en términos de asegurar la educación, impedir la discriminación y ofrecer una educación de calidad, el rol del Estado debe ser reforzado como garante institucional de este derecho.

Durante su visita a Chile, Vernor Muñoz compartió los hallazgos y el análisis de su estudio con el Ministro de Educación, Felipe Bulnes, y su equipo, con la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, senadores, estudiantes secundarios, apoderados, representantes de la sociedad civil, académicos y agencias del sistema de Naciones Unidas en Chile.

Este estudio, contempla acciones de seguimiento en colaboración con el Ministerio de Educación de Chile. Esta continuidad permitirá monitorear transformaciones progresivas del sistema educacional chileno. “El sistema educacional chileno siempre ha sido un referente para otros países y creemos que los avances que aquí se generen servirán de modelo para otros países que también están trabajando para mejorar el derecho a la educación” afirmó Jorge Sequeira, director de la OREALC/UNESCO Santiago.

Descargue el estudio
El derecho a la educación: una mirada comparativa. Argentina, Uruguay, Chile y Finlandia
(PDF, 425 kb)

Entrevista a Vernor Muñoz
Ex Relator Especial de la ONU sobre el derecho a la educación

Para más información:
Victoria Uranga Harboe v.uranga@unesco.org
Tel. 472 46 14 – 472 46 07 – 472 46 06
Coordinadora de la Sección de Gestión del Conocimiento
Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe
(OREALC/UNESCO Santiago)

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Cuadernos de Educación 2011 SEP-NOV (año V) nº18