Editorial (CdE nº49)

La Universidad que queremos

Reflexionar, pensar y disputar el sentido de la Universidad en nuestro país, significa enfrentar un desafío de enormes dimensiones. La Universidad, esa institución que ha estado presente en nuestra historia, fue pensada bajo el alero del Estado, en una relación eminentemente forjadora de aquel, y, por tanto, tiene una clara dimensión modeladora de realidades, un espacio donde las clases dirigentes han predominado en su dirección política y moral generando y cooptando las elites intelectuales de este país.

Por tanto, plantearnos la disputa sobre la universidad pública que queremos, para la sociedad que pretendemos desarrollar centrada en la equidad social de todos los habitantes, es así como se convierte en asunto de gran relevancia que pone en evidencia una serie de tensiones que develan un mundo de exclusiones que día a día se van acentuando, producto de un sistema de acumulación económica que ha mercantilizado al extremo las relaciones humanas y por consiguiente, los sistemas educativos.

Pensamos que la universidad en sus múltiples dimensiones, a saber, la investigación, la extensión, la docencia, debe plantearse como el centro de las preocupaciones sociales, culturales y económicas para desarrollar masa crítica para pensar nuestra sociedad. El estudio y la docencia, centrados en el proceso de formación educativa, serían elementos que conforman, junto a la investigación y su relación con la sociedad, un motor que articule volver a pensar y disputar los sentidos políticos y sociales de nuestro país.

Para retomar tal sentido, se debería organizar el derecho a la autonomía universitaria en su sentido más profundo y no en su actual sentido declarativo que en el fondo no permite decidir nada sin la intervención de políticas que nacen fuera de las universidades. Docentes, estudiantes y trabajadores de dichas instituciones son el conjunto de actores que desarrollan sus funciones y dan sentido a la comunidad universitaria, convirtiéndola en uno de los escenarios privilegiados del pensamiento crítico, de la ciencia y de la cultura, que, desarrollados a lo largo de años, están disponibles para convertirse en motor de nuevas posibilidades, para buscar y proponer bienestar y justicia social. La pregunta central si este sentido de universidad se puede volver a retomar.

En ese sentido, la universidad ejerce su función a través de la educación, la investigación y la extensión universitaria, con claras finalidades democráticas que se ponen al servicio del desarrollo económico y social de un país. La cuestión que pensamos es: ¿Desde qué modelo de relación entre universidad y sociedad han de entenderse y desarrollarse estas funciones? Existen pocas voces que ponen en el centro de la discusión actual que la Universidad ha de estar al servicio de la sociedad. Sin embargo, ¿a qué intereses sociales debe servir? ¿o en otro sentido la universidad actual a que intereses sirve? Dichas interrogantes colocan en el centro la discusión sobre el país que hemos construido.

Por esta razón la universidad tiene una gran responsabilidad: pensar los problemas económicos, socioambientales, sociales, culturales, entre otros. Ante esto, se lideran procesos de reforma para construir una universidad para un mundo mejor. Sin embargo, las reformas que se aplican hoy en esta institución, unidas a los procesos de modernización y burocratización tecnocráticas, están orientadas por las necesidades del mercado, a través de las mismas propuestas e ideas que lideran la globalización capitalista en su expresión neoliberal, donde desarrollan un tipo de modelo universitario que prioriza procedimientos estandarizados para el modelo neoliberal más que procesos críticos de aquel. Creemos que este modelo mercantil no debería presidir las relaciones de la universidad consigo misma y con la comunidad y que provoca nefastas consecuencias sociales, exclusión degradación socioambiental, pobreza y sobre todo una sociedad que cada vez busca salidas autoritarias de tintes políticos de un fascismo de nuevo tipo.

Entendemos la universidad como una institución social; en cada sociedad y en cada época ha tenido funciones diferentes según sean los caracteres de las fuerzas que en ellas prevalezcan y las orientaciones que ellas posean. En la actualidad chilena, como resultado de muy particulares características del proceso económico social de nuestro país, las funciones universitarias pueden ser variadas, tan ricas en contenido, proyecciones y matices, pero al mismo tiempo los procesos de modernización llevados a cabo en los últimos treinta años han provocado centralización política de decisiones en cuanto a formación profesional, innovación, e investigación científica, lo que ha provocado la pérdida de autonomía universitaria. Para pensar la universidad, con su sentido de crear una sociedad más democrática, creemos importante recobrar la lucha que dieron los estudiantes en nuestro Grito de Córdoba, ya que se necesita que se escuche de nuevamente.


La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa.
Manifiesto liminar, 21 de junio de 1918.

Asimismo, y pese a la proclamación pública de la autonomía universitaria como un derecho básico, esta autonomía es muy limitada en ámbitos tan importantes como el académico, el económico o el de la organización de las estructuras y organismos de gobierno universitario. Lo que, al mismo tiempo, limita la capacidad de las universidades de dar respuesta a las demandas que nos plantea la sociedad y a las expectativas nuestros estudiantes.

Se hace necesario reafirmar que los aspectos de financiamiento de las Universidades es un elemento clave para desarrollar procesos de modernización centrados en aspectos formativos, investigativos y de extensión universitaria, los cuales sean llevados a cabo bajo el principio de la autonomía universitaria, y la independencia de sus unidades académicas, y al mismo tiempo para garantizar que éstas puedan desempeñar el importante papel que la sociedad les atribuye en la formación de profesionales, la extensión y difusión de la cultura, y la creación y transferencia de conocimiento, que permita el desarrollo cultural, económico y social bajo la mayor diversidad de ideas.

De esta manera la reflexión sobre la universidad que queremos incluye compromiso y justicia social, lo que significa plantearse la idea de cómo se relaciona y compromete con la sociedad, incluye también la idea de lo público, donde la libertad de cátedra, el pensamiento crítico se generen en un ambiente laico y profundamente democrático, que incorpore los tres estamentos universitario (docentes, estudiantes y funcionarios) en la toma de decisiones para su desarrollo.

Pensar la Universidad que queremos es pensar juntos y fundamentalmente la sociedad que queremos construir.

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Publicado por Cuadernos de Educación ISSN 0719-0271.

Como grupo de académicos de izquierda mantenemos desde hace un tiempo una reflexión acerca de la educación superior en Chile. En conocimiento de que otros colegas han estado preocupados por una problemática similar, y han elaborado trabajos al respecto, les invitamos, por medio de esta hoja a debatir en conjunto. Esperamos que este sea el embrión de una futura discusión que no dudamos será enriquecida gracias al debate. Por supuesto que para que este debate rinda frutos, debe incluir a todos quienes estamos por un nuevo sistema universitario, razón por la cual desde ya invitamos a contribuir en números posteriores a quienes entiendan la Universidad de manera no funcional al actual modelo económico. Esperamos que esta publicación sea un aporte para quienes vivimos con entusiasmo y espíritu crítico el quehacer universitario, y ojalá también ella contribuya a instalar en el ambiente académico una discusión que permita resolver profundas contradicciones que todavía se arrastran desde la dictadura, como son los problemas globales de la educación en nuestro país.

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