La huella del agua. Alejandro Zuleta Marín

A propósito de la discusión que se empieza a instalar en el inconsciente colectivo nacional ¿qué es mejor usar papel o, plástico?

Para poder contestar yo sugiero que nos hagamos otras preguntas, como por ejemplo ¿Quiénes son los que están detrás de cada tipo de industria? ¿A qué poder económico y a que poder político se pretende promover y/o proteger con tal decisión? ¿Cuáles son los otros intereses ocultos que se enmascaran tras una decisión que no es simple? ¿Cuál debe y puede ser mi aporte concreto, como ciudadano responsable, para intentar detener lo que ya está en marcha? en un tema tan contingente como la contaminación que es parte del fenómeno del CALENTAMIENTO GLOBAL. ¿Como hacemos nosotros para saber responder asertivamente estas preguntas?

A ver si podemos ponernos de acuerdo homogenizando primero nuestro lenguaje y luego compartiendo algunas interpretaciones y también, concretando y sobre todo sincronizando algunas de nuestras acciones personales y colectivas.

LA HUELLA DEL AGUA

Según la UNESCO, el concepto de la HUELLA DEL AGUA o, de la HUELLA HÍDRICA (H.H.) es primero un gran bioindicador que nos permite compararnos a todos los que habitamos el planeta tierra de la misma manera, en el tiempo y a través del tiempo, a partir de quienes somos, de que hacemos y sobre todo de cómo lo hacemos; y para hacer esa comparación relaciona el agua con el consumo, en absolutamente todos los niveles de la actividad humana y también en toda la población.

En el muy bien entendido que el agua tiene un significado y una implicancia, un valor, absolutamente semejante para todos los seres humanos, independiente de quienes sean, de donde estén, de donde vengan, para donde vayan, independiente de lo que hagan y de cuanto y como lo hagan, independiente de lo que crean, piensen o sientan. Independiente de cuantos sean o, de cuanto posean.

Todos los seres humanos valoran y ponderan el agua exactamente de la misma manera, en tanto sean seres humanos porque para todos los seres humanos el agua representa el mismo sentido.

Así entonces resulta ser el agua el elemento que nos permite vincularnos y relacionarnos entre sí y además nos permite compararnos, a partir de como las personas respetamos el valor que le asignamos a ese elemento: EL AGUA.

Según la UNESCO no existe otro indicador que sea más universal, objetivo y más directo para trazar nuestra trayectoria comparativa a través de toda la vida, según el grado de impacto que hagamos sobre el medio que nos cobija y atendido a que el agua significa e implica exactamente lo mismo para todos los seres humanos, resulta útil saber de qué se trata el indicador denominado LA HUELLA DEL AGUA.

El bioindicador AGUA además es, por su ser objetivo muy poco polémico, respecto de este no hay grandes tesis, discusiones ni grandes distancias ideológicas entre el norte y el sur o, entre el oriente y occidente o, entre rojos y blancos o, entre crudiveganos y carnívoros compulsivos.

Algunos nos quisieron hacer pensar durante mucho tiempo, que era al olor del dólar que todos los seres humanos bailaríamos más o menos de la misma manera porque la melodía nos interpretaría de una forma muy semejante, pero ese fue un gran error inventado por el capitalismo en Occidente que nos duró poco tiempo.

Es más, nunca fue así.

Entonces el valor y el aprecio que le hicimos a esa moneda y a sus leyes y significados no nos supo interpretar como seres humanos y más bien terminó por alejarnos a los unos de los otros.

La HUELLA HÍDRICA de una persona o, de un grupo de personas, de un país o, de un grupo de países, de una industria o, de un grupo de industrias se define como “el volumen de agua necesaria para la producción de los productos, bienes y servicios consumidos por los habitantes de dicho país o, industria, o persona o, grupo de personas”.

El concepto de la HUELLA HÍDRICA (H.H.) es una medida muy reciente y es una medida comparativa para el quehacer humano y es aceptada por los seres humanos y, fue introducida como un valor humano, homologado y universal recién en el año 2002.

Es como indicador el más objetivo de todos y nos proporciona mucha información, profundamente humana, mucho más que todos los otros indicadores tradicionales de comparación de datos y estándares basados exclusivamente en la producción y en el consumo que les gusta usar al Fondo Monetario Internacional o, al Banco Mundial.

Hoy se habla de la HUELLA HÍDRICA (H.H.) como una herramienta eficaz de comparación trazable que busca homologar, simplificar y contextualizar, de manera comparada, los problemas del uso de agua en territorios compartidos por múltiples usuarios para avanzar en la búsqueda de soluciones estratégicas sustentables en la gestión del recurso hídrico y del contexto medioambiental.

Por ejemplo, para fabricar un notebook se necesitan 20.000 litros de agua y para producir un kilo de carne de vacuno se requieren de 15.000 litros. Y es la misma cantidad y calidad de agua la que se necesita independiente de donde se fabrique el notebook o, donde se produzca la carne.

Y si seguimos así podemos y debemos registrar que para producir algunos alimentos, tan comunes y no tan silvestres como una manzana necesitamos de 70 litros de agua y para fabricar un vaso de jugo manzanas necesitamos de 190 litros de agua, para producir una naranja necesitamos de 50 litros de agua, para preparar una taza de café son 140 los litros de agua requeridos, o sea, para una taza de café necesitamos de casi 700 vasos de agua.

Para hacer una taza de té necesitamos 35 litros de agua, para un vaso de cerveza 75 litros, los que son usados en su mayoría para producir la cebada que es la materia prima de la cerveza.

Para tener disponible una copa de vino requerimos de 120 litros de agua, porque hay que regar las viñas y para fabricar una hamburguesa necesitamos de 2.400 litros, para producir un huevo requerimos 135 litros, para producir 1,0 Kg. de arroz necesitamos 3.000 litros y 3.920 litros de agua para producir 1,0 Kg. de carne de pollo.

Un kilo de chocolate consume 24.000 litros de agua, mientras que para fabricar una polera de algodón se necesitan 2.000 litros de agua, para fabricar un microchip de 2 Gb necesitamos de 32 litros de agua, para hacer un par de zapatos de cuero son necesarios 15.000 litros, que es lo mismo que se necesita para producir un kilo de carne roja, para fabricar un rollo de papel higiénico de 30 metros se requieren de 140 litros de agua y para fabricar una hoja de papel tamaño carta, de color blanco, como la que podrían tener ustedes en sus manos ahora en este momento, si este medio no fuera digital, se requieren de 10 litros de agua.

Una hoja de papel blanco tamaño carta requiere en su proceso de fabricación de 10 litros de agua dulce, limpia y cristalina, insípida e inodora.

La medida de los litros de agua requeridos considera tanto el agua consumida y/o contaminada en el proceso de producción del producto mismo, así como también en toda la cadena de abastecimiento para obtener las materias primas.

Entonces no cabe ninguna duda que para producir todo lo que necesitamos o, que creemos necesitar y que queremos consumir, necesitamos de mucha agua y que para hacerlo gastamos también mucha agua.

Y es exactamente por eso qué, en este momento, quedamos todos invitados a reflexionar al respecto de la mejor manera de poder dedicarle más que un par de minutos para que hablemos del tema.

Nada puede ser más humano que dejar como nuestra huella un camino más limpio que el que empezamos a recorrer, donde los horizontes se vean más claros, una vez que ya no estamos porque dejamos ese camino.

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Para ninguno de nosotros puede ser una novedad que el agua es un bien escaso y que es cada vez más escaso. Incluso a veces hemos escuchado o, hemos repetido que la próxima gran guerra mundial será por tener acceso a más y mejor agua.

El agua como recurso, por definición humana ha sido caracterizada y tipificada desde diferentes perspectivas como un bien público, como un bien económico, como un bien común de uso público y hay un derecho humano vinculado al acceso al agua y a su uso.

Y nosotros debemos ser respetuosos de los derechos humanos, de todos los derechos humanos.

Lo anterior nos debiera hacer pensar entonces que debemos aprender a saber cuidar el agua y también a saber poder formar conciencia acerca de su uso racional.

Y cuando hablamos de saber hacer uso racional del agua y de formar conciencia respecto de su aprovechamiento estamos también hablando de ética, de estética y cosmética, de moral, de filosofía, de política, de religión, de educación, de economía, de salud, y me refiero a la salud física, mental y dental, de sociología y de antropología, de valores y de principios humanos, cosas todas que nos gusta tanto hablar a los que nos sentimos ser y pertenecer al sector más progresista de la comunidad y respecto de muchas de ellas, a veces, emprendemos misiones y acciones exitosas.

El tema del agua y de sus usos, como actividad humana, obviamente puede y debe ser enfrentado en su análisis desde múltiples ópticas; desde todas las ópticas.

Para nosotros los Ingeniero(a)s Agrónomo(a)s que tenemos la obligación ética y moral como profesionales, de saber producir alimentos porque para eso fuimos formados, para producir alimentos en la cantidad y con la calidad que la población los debe poder consumir y para en el acto agronómico de producir alimentos saber y poder generar trabajo y condiciones de trabajo dignas para la población.

Otra discusión obligatoria es definir y convenir cuáles son esas condiciones dignas de trabajo.

Y también fuimos formados para saber y poder preservar las condiciones ambientales del medio que nos cobija, además, como profesionales de la industria alimentaria debemos saber y poder modificar los hábitos y las preferencias en el consumo de alimentos de toda la población; partiendo del supuesto absoluto que la población no necesariamente sabe lo que tiene que comer.

Así entonces decimos que los hábitos y las preferencias de los consumidores y de los productores deben cambiar, siempre.

Deben ser permanentemente modificados pensando en el futuro de la humanidad. Y hablar del futuro de la humanidad es también un deber muy humano.

Se prevé y así lo esperamos todos que muy pronto este indicador de la Huella Hídrica (H.H.) formará parte del etiquetado de los diferentes productos de todo tipo; los productores, exportadores e importadores, más temprano que tarde, tomarán en cuenta también este dato tan humano para fijar los precios porque, lo que era un atributo deseable para cualquier producto, está pasando ahora a ser una condición exigible en ese producto.

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De esta forma, por una parte, el consumidor podrá modificar sus hábitos a partir de la información contenida en la etiqueta y por otra, los productores se verán forzados a optimizar sus procedimientos productivos para ahorrar agua.

Sumado el total de los productos básicos que consumimos y haciendo el cálculo del volumen de agua que supone su producción, se estima que en Chile cada persona, independiente de su edad, gasta entre 2.000 y 5.000 litros de agua por día. O sea, cada uno de nosotros gasta poco más de 80 a 200 litros de agua por hora. Para hacerlo más dramático todavía; los chilenos gastamos en promedio entre 1,3 y 3,3 litros de agua por minuto, mientras estamos despiertos.

Para calcular la HUELLA HÍDRICA (H.H.) de los países, como un bioindicador comparativo entre ellos, se toman en cuenta varios factores: el volumen total del consumo, que es la expresión del nivel de riqueza del país, los patrones de consumo de agua, por ejemplo, un país que consuma mucha carne tendrá mayor HUELLA HÍDRICA que un país con tendencia a no comer tanta carne; así como un país que consuma más productos manufacturados industrialmente tendrá también una mayor HUELLA HÍDRICA que aquellos que no.

El clima del país es también una variable muy relevante, porque en regiones más calurosas o iluminadas, donde el agua se evapora más rápido, se necesita de una mayor cantidad de agua para generar los mismos tipos de alimentos.

Chile sufre desde hace muchos años escasez hídrica. Y la escasez no es sólo porque, por problemas de gestión y falta de infraestructura de almacenamiento, se pierde cerca del 80% del total del agua que se recibe, sino porque en los últimos años la sequía ha asolado en forma creciente y sucesiva a distintas zonas del país.

En Noviembre de 2015 a partir de un Plan Piloto desarrollado para analizar la cuenca del río Rapel se detectó que se consumen 77,6 mts3 /seg. de agua dulce en la zona central de Chile, que comprende las regiones de O’Higgins, Valparaíso, Maule y Metropolitana.

El 88% del recurso hídrico en la zona central es consumido por el sector silvoagropecuario y el 72,5% de la contaminación del agua se produce en el sector doméstico, siendo aún más alto en la Región Metropolitana, donde la contaminación alcanza a un 95%.

La agricultura es el mayor consumidor de agua en el planeta, incluso consume más que el agua potable, en O’Higgins el 90% del agua que se consume es destinada al sector silvoagropecuario y esta actividad significa solo el 12% del PIB de la región. La actividad silvoagropecuaria en la zona central de Chile consume un 633% más que la del sector industrial.

Con estos datos duros tenemos que saber correlacionar el consumo sectorial con la productividad sectorial, es decir debemos ser capaces de correlacionar la productividad aparente que tiene el agua que ocupa cada actividad, debemos saber el valor agregado generado por cada metro cúbico empleado para cada tipo de producto.

Según algunos de los académicos de la Universidad Católica de Chile, la productividad del sector silvoagropecuario en la zona central sería de U.S.$ 0,27 por mts.3; en cambio el de la minería, tiene una productividad aparente de U.S.$ 4,43/mts3.

Cuando lo usos del agua son no consuntivos, es decir cuando arriba el agua se capta, se usa y luego se retorna al sistema más abajo, como ocurre con el agua usada para la producción de energía, que representa el 77% del uso total del agua en Chile, este sector tiene claramente una de las Huellas Hídricas más alta de todas, con una productividad aparente de sólo U.S.$ 0,02/mts3, esta es obviamente una de las razones por las cuales la sociedad chilena, intuitivamente, le tiene tanto recelo y rechazo a esta actividad hidro generadora.

Además, esa actividad industrial de la hidrogeneración no le reporta ningún otro beneficio colateral a la sociedad, ni siquiera se refleja en sus tarifas.

SOLUCIONES E IMPACTOS LOCALES:

El análisis de los datos obtenidos en el estudio referido se proyecta que la oferta de agua en la zona central del país va a disminuir en un 10% hacia 2030. Si consideramos que el consumo de agua se mantiene constante en el tiempo, podemos afirmar entonces que la zona central tiene una tendencia sostenida a la sequía donde la región más afectada es la de Valparaíso y es muy importante considerar que la demanda de agua va de la mano y aparejada con el crecimiento del país y por ello la sequía podría ser aún más grave.

Debido a la diversidad climática de Chile es imposible extrapolar el consumo de agua que existe en la cuenca de Rapel a otras cuencas como por ejemplo a la cuenca del rio Elqui o del Petorca, aun cuando la actividad humana sea aproximadamente similar en esas cuencas.

La HUELLA HÍDRICA que tiene el desarrollo de una actividad tiene un impacto distinto si es que es producido en una zona árida o lluviosa, puesto que el impacto tiene que ver con las características del lugar y no con el trabajo en sí mismo.

En este escenario, tanto el cambio climático como el creciente consumo humano de agua figuran como las principales responsables de la falta del recurso por lo que su adecuada gestión se hace imprescindible para asegurar el crecimiento sustentable.

La HUELLA HÍDRICA está compuesta por la clasificación y posterior separación que se hace según sea el origen de las aguas consumidas.

Así aparecen las HUELLAS HÍDRICAS AZULES, que se utilizan en el consumo de agua superficial (ríos, lagos y embalses) y subterránea (acuíferos) de aguas dulces de las reservas mundiales y es el volumen de agua de superficie o subterránea que se introduce en el producto y que se devuelve al medio ambiente.

Las HUELLAS HÍDRICAS VERDES, que es el volumen de agua evaporada procedente de la lluvia y de la humedad retenida en el suelo y en las profundidades de la tierra y luego las HUELLAS HÍDRICAS GRISES, que utilizan el agua que se contamina, es el agua requerida para diluir la carga de contaminantes en la producción de bienes y servicios y llevarlos nuevamente a los estándares de calidad de agua limpia. Es una internalización de los costos ambientales de un proceso productivo.

Así entonces, los 140 litros usados para producir una taza de café que se cultiva en un humedal natural obviamente, no es tan dañino con los recursos hídricos, como lo sería una cancha de golf en Dubái que debe ser regada también con agua dulce.

La HUELLA HÍDRICA es una variable que nos permite compararnos como seres humanos y no necesariamente actúa como un sello porque, una huella hídrica más alta no necesariamente es mala si se dispone de agua.

A modo de ejemplo, si se analiza la producción de Uva de Mesa, ya que Chile es todavía el país más importante del mundo en la producción de esta fruta, que tiene una huella hídrica aproximada como productor de 400 mts.3 /Ha./año es muy distinta la implicancia sobre el ecosistema y las personas si estamos produciéndola en Atacama, en San Felipe o, en Curicó.

Los valores de HUELLA HÍDRICA no son un indicador de la severidad del impacto ambiental local del uso y contaminación del recurso hídrico, sino “que depende de la vulnerabilidad del sistema de agua local y del número de consumidores y contaminadores que usen el mismo sistema”.

El aumento de la eficiencia en el uso del agua a nivel del productor es un tema muy delicado, porque al aumentar la eficiencia se puede estar disminuyendo los retornos de agua al sistema y eso implica que hay menor disponibilidad para rellenar los acuíferos.

Por ejemplo, en Copiapó la agricultura aumentó la eficiencia de riego, pero con ello una de las fuentes más importantes de recarga fue desapareciendo. Aquí el tema es encontrar el equilibrio entre minimizar las pérdidas evaporativas y mantener el aporte a los acuíferos.

¿CÓMO REDUCIR LA HUELLA HÍDRICA Y APRENDER A SER CIUDADANOS CONSUMIDORES RESPONSABLES?

Debemos saber elegir alimentos que se produzcan cerca de nuestra casa y sobre todo primando los vegetales sobre las carnes. No es esta una invitación por cierto a transformarse en crudiveganos sino más bien a informarse para decidir, conscientemente, acerca de lo que se consume, cuanto, como y cuando se consume.

Para ahorrar agua, hay que estar atentos e intervenir todos los eventos donde la consumimos, por ejemplo cuando nos duchamos o, lavamos la vajilla, cuando hacemos funcionar la lavadora, cuando hacemos uso del wáter que en Chile lo sabemos confundir con un papelero, cuando regamos el jardín y cuando nos lavamos los dientes.

Es muy importante también tener en cuenta, cuando consumimos, el ciclo de vida de los productos y las cantidades de agua que se usan para su producción, reparto y deshecho.

Y aquí vale mucho el esfuerzo de volver a traer a la reflexión la comparación entre la decisión del uso de papel y de plástico, que es el desafío al cual se nos tienta a asumir; de cualquiera de los muchos tipos de plásticos a los que tenemos acceso. Y obvio que las sugerencias muchas veces son más interesadas que realmente informadas y se nos hacen para incentivar el mayor consumo de uno en desmedro del otro.

Claramente hoy y cada vez más, es un problema la gran cantidad de todo tipo de plásticos desechados que son almacenados en los vertederos de basura y también en los océanos y otro problema añadido es la gran cantidad de agua que se necesita para fabricar esos tipos de materiales plásticos, a saber, por cada kilogramo de plástico fabricado se requieren de más o menos unos 2.000 litros de agua en todo su proceso de fabricación, desde la extracción del petróleo hasta tener el producto acabado; pero recordemos que para fabricar un kilo de papel se requiere de 2.500 litros de agua.

Habida consideración que solo hay 500 litros de diferencia en favor del kilo de plástico con relación al mismo kilo de papel, éste, el papel tiene una mucho mayor densidad que la de la mayoría de los plásticos de uso doméstico e industrial y a la vez una mucho menor diversidad de alternativas de reciclaje. Donde el reciclaje es otro gran tema porque reciclar papel con las tecnologías actuales es todavía más caro y usa más agua que hacerlo con el plástico.

Para fabricar una botella plástica de 350 cc. se necesitan de 40 litros de agua, para una botella de 1,0 litro se requieren de 80 litros de agua y para una de 5,0 litros se requieren de 350 litros de agua. Eso, por liviano que sea el plástico sigue siendo mucha agua, pero también mucho menos que para fabricar el tipo de papel que cumpla con funciones similares.

Ahora lo que también debemos saber comparar con objetividad, información y economía ambiental es la cantidad de agua que se usa en el reciclaje de ambos tipos de materiales y productos y la diversidad de usos y la cantidad de veces que es posible hacerlo.

Debemos entonces necesariamente aprender a fijarnos en el etiquetado. Por ejemplo, en la fabricación de ropa y en la calidad de las telas puede haber una gran diferencia en la HUELLA HÍDRICA en la producción y fabricación de unas telas y prendas a otras.

No puede ser lo mismo un algodón producido en el actual desierto de Aral, comparado con un algodón parecido en la calidad de su fibra que se produce en la sierra peruana, donde llueven 3.000 mm. en pleno verano, con muy alta temperatura.

Otra cosa es como los peruanos son capaces de controlar las plagas y las enfermedades que se producen con esa pluviometría y temperaturas tan altas.
Nota N° 01:

El ex Mar de Aral, que era un lago endorreico, o un mar interior, situado en Asia Central, entre Kazajistán al norte y Uzbekistán al sur.

Antiguamente, era uno de los cuatro lagos más grandes del mundo, con una superficie de 68.000 Km², en la actualidad, el ex mar de Aral se ha reducido a menos del 10% de su tamaño original, hecho que se ha calificado como uno de los mayores desastres medioambientales ocurridos en la historia reciente.

Tras los trasvases de agua realizados por la Unión Soviética en los años 1960, de los ríos Amu Daria y Sir Daria que en él confluyen, el lago se redujo de manera drástica.

Se desvió agua para regar cultivos, principalmente de algodón, en Uzbekistán y Kazajistán.

Tras la caída de la URSS, la falta de entendimiento y de colaboración debida al enfrentamiento entre los países que antes formaban parte de la desaparecida Unión Soviética, ha impedido que se detuviese esta reducción constante de ese lago; Kazajistán y Uzbekistán, que se reparten lo que queda del mar de Aral, están enfrentadas con Kirguizistán y Tayikistán, repúblicas por donde fluyen los ríos que alimentaban el otrora gran mar interior.
El ahorro de agua en todos los niveles es necesario y es urgente para reducir nuestra HUELLA HÍDRICA y para reducir el impacto que tiene la escasez de agua sobre el planeta y sobre la actividad humana.

¿Y tú estimado lector podrás hacer algo para reducir tu huella hídrica?

¿Tomaras alguna medida concreta para ahorrar agua por ejemplo, en tu casa?

13-Abril-3

Al momento de elegir qué y cuanto consumir, el tema de la Huella Hídrica informado o, por informar en la etiqueta, será un elemento que aporte para modificar los criterios de selección.

Nosotros los ciudadanos y las ciudadanas ¿cómo debemos hacer y cómo debemos ejecutar nuestras actividades cotidianas para reducir nuestra huella hídrica personal, familiar, institucional?, atendido a que somos un grupo de personas que nos sentimos, la mayoría, progresistas y además, somos respetuosos de la dignidad humana para asegurar que el futuro será digno.

Publicado por Cuadernos de Educación ISSN 0719-0271.

Como grupo de académicos de izquierda mantenemos desde hace un tiempo una reflexión acerca de la educación superior en Chile. En conocimiento de que otros colegas han estado preocupados por una problemática similar, y han elaborado trabajos al respecto, les invitamos, por medio de esta hoja a debatir en conjunto. Esperamos que este sea el embrión de una futura discusión que no dudamos será enriquecida gracias al debate. Por supuesto que para que este debate rinda frutos, debe incluir a todos quienes estamos por un nuevo sistema universitario, razón por la cual desde ya invitamos a contribuir en números posteriores a quienes entiendan la Universidad de manera no funcional al actual modelo económico. Esperamos que esta publicación sea un aporte para quienes vivimos con entusiasmo y espíritu crítico el quehacer universitario, y ojalá también ella contribuya a instalar en el ambiente académico una discusión que permita resolver profundas contradicciones que todavía se arrastran desde la dictadura, como son los problemas globales de la educación en nuestro país.

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