Editorial (CdE nº36)

¿Hacia dónde va América latina?

Desde fines de los noventa del siglo pasado hasta entrado el siglo XXI, surgió en América Latina, una nueva forma de acción popular, paralela a los partidos políticos, a veces opuesta a ellos, a veces en conjunto, que fueron los movimientos sociales. A partir de la resistencia que estos movimientos hicieron a los ajustes estructurales, y al intento por convertir el Estado en un mero aparato subsidiario, fueron dando lugar a amplios procesos nacionales que, a través de procesos electorales, sobrepasaron a una derecha agotada políticamente, culminando en gobiernos de nuevo tipo, cuyo principal objetivo consistió preocuparse de la injusticia social, mal endémico latinoamericano.

El ascenso de gobiernos progresistas y de izquierda fue la tónica que caracterizó a la mayoría de los países latinoamericanos, llegado a definirlos como paradigmas de un socialismo del siglo XXI. En especial Venezuela, Bolivia y Ecuador, que se ubicaron entre los procesos más avanzados. Este panorama general se hizo mucho más visible con los gobiernos de Cristina Fernández en Argentina, Mujica en Uruguay, Lula en Brasil, Lugo en Paraguay. La forma que asumieron los cambios que venían dándose en la base de la sociedad, por primera vez mitigaban el impacto de la miseria ancestral. Por primera vez fueron claros les intentos de una unidad continental que integrara a Cuba, contrarrestara la hegemonía norteamericana en la unidad continental, y marchara hacia el cumplimento del ideal de Bolívar.

america

Pero los afanes geopolíticos del imperialismo norteamericano, no han cejado. De nuevo el monstruo de la intervención asoma la cabeza; ayuda y estimula en los distintos países a las derechas latinoamericanas, en especial a la prensa. Basta con leer La Tercera y el Mercurio en Chile, y ver como han hecho suyos, el embate contra Cuba y el apoyo a la disidencia venezolana.

Una serie de hechos confirman una ofensiva de derecha, apoyada por EEUU y ciertos connotados órganos de prensa en el ámbito continental. La actual coyuntura política latinoamericana muestra cambios significativos respecto a años anteriores. Los reveses electorales de la izquierda permiten que las oligarquías locales recuperen importantes espacios institucionales. El control del gobierno federal en Argentina por parte de una coalición de partidos conducida por los sectores más derechistas, planea instalar una versión recargada del neoliberalismo de los años 90. Por su parte, la derecha venezolana puede actuar ahora desde un espacio estatal como la Asamblea Nacional, a lo que se suman las acciones subversivas y la guerra económica. Se encuentra en mejores condiciones para articular una estrategia dirigida a socavar la revolución bolivariana. La victoria opositora en el referéndum en Bolivia devela claramente que la guerra contra la izquierda es de naturaleza esencialmente política y que no basta con notables avances en el terreno social y económico.

¿Qué se sigue a estos hechos? Allí donde puedan intentarán movimientos de derecha como los que apoyaron a Macri en Argentina; pero donde no puedan, ¿apoyarán de nuevo a dictadores tipo Pinochet? Brasil instala de nuevo, un ejemplo en materia de golpe de Estado. No olvidemos que a mediados de los años sesenta del siglo pasado, en Brasil, el golpe de 1964 contra el presidente democráticamente elegido, Joao Goulart inauguró una oleada de dictaduras militares en casi toda América Latina. Hoy se trata de un golpe de nuevo tipo, jurídico y legislativo en su contenido, pero golpe al fin y al cabo, en un país en donde la derecha ha aprendido a movilizar a las capas medias. ¿Es ese el modelo que se pretende implantar?

¿Qué hacer? De vital importancia es la unidad de la izquierda. Esa unidad es la garantía del triunfo y de la sostenibilidad de nuestros proyectos; es lo que trasmite la experiencia de la Revolución cubana. Naturalmente no hay ni puede haber una fórmula única, existen tantas posibilidades como situaciones políticas y momentos históricos concretos. Sin embargo la experiencia indica que un paso ineludible, creador e inspirador, es la elaboración de un programa político, que analice el presente que se quiere transformar y proponga el futuro que se quiere construir. Explicar el futuro aclara los alcances de la utopía y puede revolucionar la mente de los jóvenes, tan necesarios para estos empeños. Con el programa político se tiene la herramienta para convocar y para movilizarse e incluso para elegir cabalmente los que liderarán los procesos de cambio. Debemos ser creativos y ofensivos en la determinación y convocatoria del sujeto social de los cambios que no debería reducirse a nuestra base social natural, los llamados sectores populares. Los acontecimientos imponen también la necesidad de una política direccionada hacia las denominadas capas o clases medias, sobre todo cuando muchas de estas personas deben su ascenso social justamente a las políticas desarrolladas por los procesos progresistas. La integración política regional, es más necesarias que nunca. En esta coyuntura se hace más pertinente y decisiva la solidaridad y el fortalecimiento de la integración de América Latina y el Caribe porque de ella depende la supervivencia de nuestra soberanía. Justamente consideramos que esa integración constituye el blanco de ataque principal del Imperialismo y sus servidores en la región. Por ello, los espacios de articulación política y de integración, como el ALBA, UNASUR y CARICOM, son instrumentos fundamentales para defender los procesos progresistas y enfrentar los planes imperiales.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s