La disputa cultural. Eliseo Lara Ordenes

Pensar por medio de categorías parece ser el modo apropiado de examinar y reflexionar acerca de las cosas, los hechos, acciones o fenómenos. La posibilidad de detenerse un instante o de tener un tiempo ocioso en la época de la hiperproducción del capital se presenta como el lujo de unos pocos. Más aún la tecnificación del pensamiento y su estructurada y cientificista forma de ejecutarlo son dos barreras que limitan la cantidad de sujetos pensantes, pues pensar es hoy actividad limitada a ciertos sujetos.

cultura

Asesores, académicos o intelectuales son palabras que designan funciones distintas en sus propósitos pero que se ocupan indistintamente por esos pocos cualificados para ejercerla. La profesionalización de las actividades humanas con fines productivos, hoy tiene su consecuencia directa. ¿Por qué se educa para que sólo algunos puedan pensar? Es una pregunta que tiene la apariencia de ser capciosa, pero que es tan real que su respuesta sale desde la construcción social misma de la realidad, y muy especialmente de las instituciones y sus modelos educativos.

Así por ejemplo, las artes y humanidades hoy son vistas como una amenaza para el dominio simbólico del poder hegemónico capitalista, puesto que la masificación de la educación superior ha permitido formar una mayor cantidad de conciencias críticas profesionales lo que a largo plazo permitiría un cúmulo social importante de contrahegemonía, de ahí que existan tantos esfuerzos por desprestigiarlas como improductivas, ociosas y de ruina económica, para finalmente terminar reduciendo su ejercicio a una pléyade privilegiada y fomentada desde la niñez en los sistemas educativos de las élites. En otras palabras, estamos frente a una transformación sistémica y sistemática de la educación de las artes y humanidades hacia lógicas que son propias de las épocas monárquicas del siglo XVI, donde el artista crea para una minoría. Esto nos permite ver que en el desarrollo del sistema cultural actual, en el que una fracción mínima de la población ha acumulado tal cantidad de riquezas, ha creado una nueva nobleza despótica que necesita poseer marcas distintivas que reflejen la desigualdad entre las personas, donde el ejemplo más cotidiano son los artículos de lujo y sus exacerbados valores haciendo imposible su acceso para las grandes masas de trabajadores, pero peor aún también con el conocimiento de la naturaleza y la cultura.

En este sentido, la política como actividad cívica de todos pasa a un plano secundario e instrumental de los fines propuestos por los grandes grupos económicos y sus definiciones estratégicas, pues bajo la premisa del fin de las ideologías que reina dentro del mundo político partidista se fundamentó la cada vez más frágil adhesión a ciertos principios y valores morales ideológicos, permitiendo la injerencia directa de los conglomerados económicos a través de la entrega de dineros no declarados. Situación que tiene en crisis al espectro político, pero que permite evidenciar lo desigual del modelo organizativo, pues se hace evidente que en la democracia, tal como se encuentra definida hoy mediante los sistemas de representación, no todos poseen la misma cuota de participación. Hoy vivimos en una pseudodemocracia, es decir en un sistema que aparenta imaginariamente serlo, pero peor aún que está completamente definido por la cantidad de capital acumulado. Si las monarquías pensaban su poder y riqueza en oro, hoy las élites económicas la piensan en acciones bursátiles y participación en las campañas políticas.

De ahí que tener posiciones definidas ideológicamente no sólo sea vista como una amenaza sino como un verdadero peligro por quienes controlan el sistema, pues al tener conciencia de la posición en la que se está de parte de los sometidos en la disputa del Poder mayor son las condiciones para producir cambios sociales significativos y de larga proyección. Ejemplo de ello es la gran tradición de las izquierdas en el mundo político y cultural, pero también científico que llena de nombres de mujeres y hombres reconocidos por la humanidad.

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Como grupo de académicos de izquierda mantenemos desde hace un tiempo una reflexión acerca de la educación superior en Chile. En conocimiento de que otros colegas han estado preocupados por una problemática similar, y han elaborado trabajos al respecto, les invitamos, por medio de esta hoja a debatir en conjunto. Esperamos que este sea el embrión de una futura discusión que no dudamos será enriquecida gracias al debate. Por supuesto que para que este debate rinda frutos, debe incluir a todos quienes estamos por un nuevo sistema universitario, razón por la cual desde ya invitamos a contribuir en números posteriores a quienes entiendan la Universidad de manera no funcional al actual modelo económico. Esperamos que esta publicación sea un aporte para quienes vivimos con entusiasmo y espíritu crítico el quehacer universitario, y ojalá también ella contribuya a instalar en el ambiente académico una discusión que permita resolver profundas contradicciones que todavía se arrastran desde la dictadura, como son los problemas globales de la educación en nuestro país.

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