Algunas palabras acerca del papel de Marx en la Asociación Internacional de Trabajadores. Osvaldo Fernández Díaz

¿En qué momento entra en la vida de Marx la creación de la AIT?

En 1859 Marx entrega a la imprenta lo que pensaba era ya el comienzo de su obra mayor, que tenía por objeto la crítica del modo capitalista de producción. Después de casi diez años de estudios en Museo Británico, se trataba de un primer envío compuesto de dos capítulos, de los cuales el primero estaba dedicado a la mercancía, y el segundo al dinero. Lo que no se imaginaba entonces es que, después de este primer apronte, pasarían nueve años antes de que apareciera, por fin en 1867, el primer tomo del Capital. La obra que había publicado en 1859 tenía por título “Critica de la economía política”[1], lo que revelaba sin eufemismo lo que ella se proponía, a saber, la crítica a la Economía política y al sistema económico y político que ésta “ciencia” avalaba y embellecía.

Cuando por fin logra publicar El Capital, Marx explica esta larga interrupción en los siguientes términos:

  «La obra cuyo primer tomo entrego al público es la continuación de mi trabajo contribución a la crítica de la economía política, publicado en 1859. La prolongada pausa entre comienzo y continuación se debió a una enfermedad que me ha aquejado durante años e interrumpido una y otra vez mi labor.»[2]

Siendo terribles las graves dolencias que le obligaron por largos períodos a interrumpir su trabajo, y que a la postre impidieron que acabara su obra, quedando publicado solo este primer tomo, habría que añadir a ello otras dos causas que también explican la postergación de su proyecto. Una teórica, que tiene que ver con los problemas que le suscitó lo que llamaría luego “el orden de la exposición”, es decir, la decisión que adopta respecto a la manera de exponer, la cual fue el resultado de una relectura de Hegel que hizo por esos mismos años. Esta opción metodológica hizo posible el despliegue de la crítica de la Economía política, como un instrumento realmente crítico científico. Le permitió, además, transitar, como lo hizo, de lo abstracto a lo concreto, a través de las relaciones de producción capitalistas. En este proceso fue haciendo emerger, mediante un movimiento necesario y dialéctico, la trabazón interna de las principales categorías de la economía burguesa, a saber, mercancía, dinero, trabajo asalariado y capital, tanto en su movimiento como en su conexión interna.

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La otra explicación de este retardo es de índole práctico-política y tiene que ver con la activa participación de Marx en lo que se llamó la Asociación Internacional de Trabajadores, (en adelante AIT), conocida luego como la Primera Internacional, y de la cual se cumplieron este año 150 años desde su fundación en septiembre de 1864. ¿Qué era la AIT, y cuál fue su significación para el desarrollo del movimiento obrero europeo? Es de eso que nos proponemos hablar en lo que sigue.

La creación de la AIT

Después de dos años de intercambios epistolares y preparativos, el 28 de septiembre de 1864, en un encuentro que se hizo en el Saint-Martin’s Hall de Londres, con la participación de trabajadores ingleses, franceses, alemanes, italianos e irlandeses, se decidió fundar la Asociación Internacional de trabajadores. En dicha reunión se designó a un comité para que preparara el programa y los estatutos de esta organización. Finalmente acordaron aceptar por unanimidad las proposiciones de Marx para los Estatutos, cuya introducción, en sus acápites principales, decía lo siguiente:

            «Considerando:

Que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos, que la lucha por la emancipación de la clase obrera no es una lucha por privilegios y de monopolios de clase, sino por derechos y deberes iguales, y por la abolición de toda dominación de clase;

Que el sometimiento de los trabajadores a los que monopolizan los medios de trabajo, es decir, de las fuentes de la vida, es el fundamento de la servidumbre en todas sus formas, de la miseria social, del envilecimiento intelectual y de la dependencia política.

Que por consecuencia, la emancipación económica de las clases laborales es la gran meta a la cual todo movimiento político debe ser subordinado, como un medio;

Que todos los esfuerzos tendientes a esta gran meta han hasta aquí fracasado, debido a la falta de solidaridad entre los trabajadores de las diferentes profesiones en el mismo país, y de una unión fraternal entre los trabajadores de los diferentes países;

Que no siendo, la emancipación del trabajo, ni un problema local, ni nacional, sino social, debe abarcar todos los países en los cuales existe la sociedad moderna, pues necesita, para su solución, el aporte teórico y práctico de los países más avanzados.

Que el movimiento que acaba de renacer en las clases obreras de los países industriales avanzados de Europa, al mismo tiempo que despierta nuevas esperanzas, da una solemne advertencia para no volver a cometer viejos errores y de combinar lo más pronto posible aquellos esfuerzos todavía aislados.»

«Por estas razones se funda la AIT,  la que declara:

Que todas las sociedades e individuos que a ella adhieren reconocerán como base de su comportamiento hacia los otros y hacia todos los hombres sin distinción de color, de creencia y de nacionalidad, la Verdad, la Justicia y la Moral.

Nada de deberes sin derechos; nada de derechos sin deberes.»

Los dos primeros artículos de los Estatutos estipulan lo siguiente:

«Art.1. La Asociación es establecida para crear un medio central de comunicación y de cooperación entre las sociedades  obreras de los diferentes países que aspiran a la misma meta, a saber, la protección, el progreso y la completa liberación de las clases laborales.

Art. 2. El nombre de esta asociación será AIT.»

De los fragmentos que hemos citado se pueden desprender las siguientes consideraciones:

En primer lugar, la creación de este organismo fue la ocasión para que Marx, volviera a esbozar las ideas que desde El Manifiesto tenía acerca de lo que debía ser un partido, ideas que aquí aparecen insinuadas en lo que Marx bosqueja y propone para esta asociación. Ya lo había hecho con ocasión del Manifiesto, respecto del cual no hay que olvidar que era el Manifiesto del Partido Comunista. Un mismo diseño de partido se observa aquí y que, antes que los partidos políticos tal como los conocemos ahora, entrará a dominar la escena política. Pero la novedad que se repetía, y se seguiría repitiendo ahora, es que siempre concibió  este partido como un partido internacionalista. Un partido de clase, pero abarcando la expresión internacional de esta clase. La Segunda y la Tercera internacionales, mantuvieron el diseño internacionalista, pero en el caso de la III Internacional, se produjo finalmente una deformación, que terminó acabando con ella, pues la trama internacional que había creado la Internacional, fue supeditada y no pocas veces sometida a los intereses de la Unión Soviética.

No es nuestra intención administrar aquí un juicio anacrónico con respecto a un organismo que entregó lo que más se podía entregar al movimiento obrero de la época. Pero cabe señalar que hay una mirada, es decir, una manera de considerar las cosas que predomina en los criterios y formas que adopta la institución que se crea. Por ejemplo, se nota en la ausencia de una palabra con respecto al género, cuando se señala que no se harán distinciones ni de color ni de nacionalidad, que el movimiento feminista estaba todavía ausente en la mentalidad del movimiento obrero, no así en los mecanismos de explotación que el capitalismo ejercía sobre las mujeres y los niños, y cuya violencia el propio Marx denuncia en importantes capítulos de El Capital.

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Otro aspecto que importa señalar, es que hay en las primeras líneas, y en los primeros momentos del desarrollo esta asociación, una fuerte dominancia económico-sindical. A medida que transcurre el tiempo, los problemas políticos comienzan a completar el bloque de intereses de la AIT.  No olvidemos que la AIT estaba a solo siete años de la Comuna de Paris, la primera revolución obrera, acontecimiento político encabezado y dirigido por la clase obrera parisina. Esta fue una prueba de fuego para la AIT, pues reveló que para la clase obrera habían otras metas, de tanta o más urgencia que las reivindicaciones puramente económicas. El aspecto político fue incorporado plenamente más tarde, hacia fines del siglo XIX, en la II Internacional que va a dirigir Federico Engels.

Inevitablemente,  la AIT aglutinó sus fuerzas, por razones orgánicas, en el centro de Europa. Pero había en ella una impronta centralista, ligada a la dirección que debía tener el movimiento, con  el proletariado de los países de un más alto desarrollo industrial. Cierto es que hacia el final acordaron trasladar la oficina principal a los Estados Unidos, pero eso no exime el hecho de que, previamente, y como principio básico de la Asociación, se había hecho una distinción entre los países más avanzados y desarrollados industrialmente, a los cuales se privilegiaba, y se les concedía una cierta preponderancia.

En lo atingente al factor internacional, y dado el énfasis y la importancia, que tanto Marx y Engels  imprimieron a este aspecto, nos muestra que se trata de una dimensión casi inevitable para un partido que se basa en una clase como el proletariado, cuya envergadura sigue bajo el capitalismo una misma vía global de explotación.  La tarea consistiría, en una época de inevitable globalización, como la nuestra, en otorgarle un lugar preponderante. Si Antonio Gramsci dijo que en su época el príncipe moderno debiera abarcar una dimensión nacional e identificarse con una voluntad colectiva nacional y popular, ¿no sería el momento de pensar en un nuevo internacionalismo, hecho de reciprocidad entre los partidos y los movimientos que representan a las clases asalariadas?

[1] En español se le conoce como Contribución a la crítica de la Economía política, lo cual aminora en énfasis crítico que sirve de eje a la obra.  Este título pasa, como subtítulo, a un segundo plano en El Capital.
[2] Marx, K. El Capital, tomo I, Siglo XXI, Buenos Aires, 2012, p. 5.

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Como grupo de académicos de izquierda mantenemos desde hace un tiempo una reflexión acerca de la educación superior en Chile. En conocimiento de que otros colegas han estado preocupados por una problemática similar, y han elaborado trabajos al respecto, les invitamos, por medio de esta hoja a debatir en conjunto. Esperamos que este sea el embrión de una futura discusión que no dudamos será enriquecida gracias al debate. Por supuesto que para que este debate rinda frutos, debe incluir a todos quienes estamos por un nuevo sistema universitario, razón por la cual desde ya invitamos a contribuir en números posteriores a quienes entiendan la Universidad de manera no funcional al actual modelo económico. Esperamos que esta publicación sea un aporte para quienes vivimos con entusiasmo y espíritu crítico el quehacer universitario, y ojalá también ella contribuya a instalar en el ambiente académico una discusión que permita resolver profundas contradicciones que todavía se arrastran desde la dictadura, como son los problemas globales de la educación en nuestro país.

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