La doctrina social de la Iglesia Católica. Jorge González Guzmán

La encíclica Rerum Novarum (RN) , escrita por el papa León XIII en 1891, es considerada dentro de la iglesia católica como la raíz y el fundamento de la llamada Doctrina Social de la Iglesia, doctrina que continuó desarrollándose a través de numerosas encíclicas y documentos oficiales a lo largo de estos 122 años. Al respecto cabe destacar las encíclicas  Quadragesimo Anno (QA: Pio XI, 1931), Mater et Magistra (MM: Juan XXIII, 1961), Populorum Progresio (PP: Pablo VI , 1967), Gaudium et Spes (GS: Pablo VI, 1965) y Centesimus Annus (CA: Juan Pablo II, 1991).

doctrina

Todos estos documentos contienen una línea más o menos coherente de pensamiento social, aún cuando su desarrollo no ha sido para nada lineal y ha sido condicionado por una serie de acontecimientos históricos notables ocurridos a lo largo de todo el siglo XX. El cuidado que hay que tener con estos documentos es que, al igual que ocurre  con las escrituras y libros sagrados de las distintas religiones, están llenas de imágenes, metáforas , contradicciones y ambigüedades que, leídas de una manera u otra, conducen a interpretaciones diversas y contrarias. En el caso de las encíclicas a que nos referimos hay que agregar las interpretaciones que hacen los respectivos papas de los complejos movimientos y doctrinas sociales que surgieron en el convulsionado siglo XX. Por  ejemplo, ante el avance de las ideas socialistas, que eran percibidas como una pérdida de influencia y poder de la iglesia, Pio XI afirma (en 1931 ) “ socialismo religioso o socialismo cristiano son términos contradictorios; nadie puede al mismo tiempo ser buen católico y socialista verdadero” (QA, 2 ). O bien  cuando Juan Pablo II habla (en 1991) del “…compromiso imposible entre marxismo y cristianismo” (CA, 26 ).

A pesar de todo eso, es posible extraer de esas encíclicas toda una línea coherente de orientaciones sociales y principios básicos que no solamente no son contradictorios con el marxismo, sino que son esencialmente coincidentes con él.

Pensamos que es necesario distinguir, entre las ideas y afirmaciones que aparecen en las encíclicas, dos categorías: aquellas que se refieren a los principios fundamentales, a las orientaciones éticas básicas,  de aquellas que son solo opiniones contingentes, observaciones específicas y de detalle acerca de la cuestión económica y social. Es la Iglesia misma la que, en el fondo, hace ese distingo al proclamarse “experta” en humanidad y moral y descalificarse en los aspectos técnicos y contingentes al enfatizar que no tiene modelos económicos que ofrecer  (CA, 43). Pues bien, pensamos que las orientaciones y principios básicos que proclaman las encíclicas sociales solo se pueden concretizar en la práctica en una sociedad socialista, entendida ésta en su sentido estrictamente marxista, como Modo de Producción basado en la predominancia de la propiedad social de los medios de producción.

Doctrina-Social-de-la-Iglesia-4

Está claro que esta afirmación puede parecer, a primera vista, curiosa, o al menos extemporánea, ahora que en muchas partes se está considerando apresuradamente al socialismo como fracasado y obsoleto, a raíz de los fracasos de los primeros intentos históricos de su construcción en la práctica.

Sin embargo, si observamos el asunto con un poco más de atención, la idea del socialismo se encuentra profundamente ligada a la concepción básica de los derechos naturales del Hombre que expresan las encíclicas.

En efecto, el punto central y controversial es el derecho a la propiedad privada, considerado como derecho natural para toda persona humana (RN 9 , 14).

Sin embargo, como todo derecho humano, este derecho no puede ser ejercido por algunos, privando del mismo derecho a los demás. Si es un derecho natural, debe ser válido para todos. Juan XXIII lo dice expresamente en su encíclica:

el derecho de propiedad se configura de tal manera que no puede constituir obstáculo para que sea satisfecha la inderogable exigencia de que los bienes…equitativamente afluyan a todos, según los principios de la justicia y la caridad” (MM, 43).

 ¿Qué ocurre con los grandes medios de producción? Puesto que estos medios deben ser utilizados por muchos individuos  a la vez, formando un organismo social que no es posible desintegrar, a menos que se liquide el medio de producción mismo, la única forma de ejercer el derecho de propiedad es mediante la propiedad compartida. Más aún, estos grandes medios de producción (piénsese, por ejemplo, en la gran industria del cobre en nuestro país) involucran a la sociedad entera y, por lo tanto, el derecho de propiedad debe ser compartido por toda la sociedad.  Esta idea no aparece con claridad en la primera encíclica, Rerum Novarum, pero sí se empieza a configurar en las que le siguen, llegando a hacerse clara y explícita en Mater et Magistra al proclamar el derecho de los trabajadores a

que participen en cierta manera en la propiedad, en la administración y en las ganancias obtenidas” (MM, 32)

 Paulo VI lo expresa del siguiente modo:

 “La propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto….el derecho de propiedad no debe jamás ejercitarse con detrimento de la utilidad común…” (PP, 23).

Las encíclicas papales reconocen desde un principio el doble carácter de la propiedad: que es privada y social a la vez. Pablo VI lo expresa claramente:

 “la propiedad privada comporta, por su misma naturaleza, una función social que corresponde a la ley del destino común de los bienes” (GS, 71).

 Esto significa que una gran empresa, aunque sea privada, tiene una responsabilidad social que no puede soslayar. Desgraciadamente, no hay mecanismos efectivos que obliguen a una empresa al cumplimiento de esta responsabilidad social, salvo que su propiedad sea, de algún modo, compartida por toda la sociedad. En particular, respecto de la propiedad de la tierra, donde la legitimidad de una reforma agraria era cuestionada por los grandes terratenientes, Pablo VI expresa:

El bien común exige, pues, algunas veces, la expropiación, si por el hecho de su extensión, de su explotación deficiente o nula, de la miseria que de ello resulta a la población…” (PP, 24).

Por otro lado, en las encíclicas se aprecia, desde un principio, las limitaciones de carácter ético  que es preciso imponerle al mercado. Esto nuevamente va a contrapelo de la moda actual, que endiosa y absolutiza al mercado aún en ciertos ámbitos donde  antes era considerado fuera de lugar. La crítica se presenta en forma explícita en lo que es la esencia misma del Capitalismo: el mercado del trabajo. La dignidad del trabajador como  persona humana (RN 31; MM 18 ) es cuestionada cuando éste vende su fuerza de trabajo bajo las leyes implacables del mercado. Es el mismo León XIII quien lo expresa de este modo:

…aún concedido que el obrero y su patrono libremente convengan en algo, y particularmente en la cantidad de su salario…el obrero, obligado por la necesidad o movido por el miedo a un mal mayor, aceptase una condición más dura que , aunque no quisiera tuviese que aceptar…eso sería hacerle violencia, y contra esa violencia reclama la justicia”  .

 Juan XXIII lo explicita con toda claridad:

..el trabajo debe ser valorado no como una mercancía, sino como expresión de la persona humana. Para la gran mayoría de los seres humanos el trabajo es la única fuente de la que obtienen los medios de subsistencia, y por esto su remuneración no puede ser dejada a merced del juego mecánico de las leyes del mercado…” (MM, 18) .  También Pio XI expresa esta idea, pero extendida a toda la vida económica:

 “Pero la libre competencia aún cuando, encerrada dentro de ciertos límites, sea justa y sin duda útil, no puede ser en modo alguno la norma reguladora de la vida económica” (QA, 57).

Frente  a todas estas consideraciones la  pregunta que salta aquí a la vista  es la siguiente: ¿ Es el Capitalismo , como Modo de Producción, susceptible de ser “reformado” en el sentido de  las orientaciones fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia ?  Y del mismo modo la siguiente: ¿ Es el Socialismo, como Modo de Producción, susceptible de ser “construido” (o reconstruido en aquellos lugares en que se ha desplomado)  siguiendo dichos principios básicos?  Pablo VI , en su encíclica Gaudium et Spes va, a nuestro juicio directamente al meollo de la cuestión:

El desarrollo económico debe quedar bajo el control del Hombre, y no al solo arbitrio de unos pocos hombres o grupos dotados de excesivo poder económico….” (GS, 65) . Traduciendo  esta sentencia, y tomando en cuenta también las anteriores, llegamos a que el  proceso económico global no puede quedar supeditado a las leyes impersonales del mercado, sin que la sociedad en su conjunto determine su desarrollo: en otras palabras, la propiedad social de los medios de producción debe ser dominante. Pero esto no es otra cosa que la esencia misma del Socialismo.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s