Editorial (CdE nº23)

  Ya Empezó la Carrera por la presidencia de Chile.

A más de un mes, con votos en basurales,  y votos cual conejos que  aparecen y desaparecen desde un sombrero de mago, finalmente pareciera que se puede declarar terminado el proceso eleccionario del 28 de Octubre. Los resultados  confirmaron, por una parte,  una importante derrota para la derecha, y  por otra,  un significativo ausentismo de los electores voluntarios.  Todo esto ha forzado a  que  los diversos partidos y actores de las futuras contiendas parlamentarias y presidenciales  comiencen  a  tomar decisiones radicales,  de este modo ya se diseña un  posible cuadro político  que posiblemente  enmarcará las futuras contiendas electorales.

Así, la derecha y su gobierno lanzan finalmente sus candidatos a luchar por las primarias,  las que deberán establecer quién competirá como nombre de la Alianza para el sillón presidencial. Por de pronto, los candidatos derechistas debieron  abandonar  el cobijo ministerial que les sirvió en sus primeros pasos.

 Renovación Nacional reconoce en Allamand,  político profesional  con gran  experiencia, como  su candidato oficial, no obstante ser aparentemente demasiado serio  y tal vez no tan simpático, lo que  se considera   como una seria carencia  que podría  restarle  posibilidades de éxito frente a la simpatía de Bachelet. Además, conscientes de  que  un no pequeño sector  del electorado elije  presidentes casi con los mismos criterios con los que se eligen a las  vedetes de la farándula,  podrían  reducirse  aún más estas posibilidades.

 La UDI, a su vez,  levanta la candidatura de Golborne, ex  gerente de Paulman y de los supermercados Jumbo. Un personaje  que hasta hace poco era un  desconocido y  que, en cierto modo, continúa siéndolo. Difícil sino imposible saber qué piensa,  si tiene ideas u opiniones que sean propias, o si solo son ajenas, copiadas prestadas, sobre los diversos problemas de nuestra sociedad y  cómo los enfrentará y tratará de resolverlos,  más aun cuando ante cualquier pregunta  responde con  sonrisa de adolescente que vive la edad del pavo y con gran esfuerzo intenta repetir los lugares comunes que seguramente en algún lugar le han enseñado. Se autodefine como  un humilde ciudadano emergente  de las clases medias de este país, el que,  al parecer, un buen día  comprendió  que sirviendo a los poderosos de este país podía escalar y arribar a lo que, probablemente él considera como el  sentido de la vida, hacerse de dinero. Como gerente de Cencosud, y dejando de lado cualquier sentimentalismo moralista,  sin dudarlo aplicó alzas de costos a las tarjetas “Mas”, unilateralmente y sin consultar  a  los  clientes del supermercado Jumbo, muchos de ellos de escasos recursos,  lo  que hacía cada vez más rico   a su patrón, futuro sponsor de su campaña.

Cuando se le insiste en que se defina frente a una pregunta, termina contando  la historia de las enseñanzas de su madre,  “tenemos 2 orejas y una boca,  uno debe escuchar y poco hablar”. En una entrevista en el programa “Tolerancia cero”, cándidamente contaba que estaba leyendo un libro donde se narraba cómo se preparaban los emperadores para llegar al trono del Imperio romano, o algo parecido.

Cura de CatapilcoQue la UDI, partido que se precia   de ser una organización política  fundada  en meditados postulados ideológicos, recurra a un individuo decididamente mediocre como Golborne y no haya logrado sacar de sus filas  un cuadro digno  de sus pretensiones  para llevarlo como candidato, podría obedecer, por una parte, al peligro real de que esta vez pierdan las presidenciales  y cuando ni siquiera MEO, haciendo de cura de Catapilco, puede que los salve, y por otra, al desprestigio cada vez mayor del gobierno de derecha  y sus partidos. Esto explicaría que Golborne aparezca como el mejor ubicado en  las encuestas, como alguien capaz de tocar la guitarra, bailar cha-cha (como lo confesó su mujer) y el presentarlo como independiente, o sea,  más allá del bien y del mal, podría tal vez ser la tabla de salvación.

 Con sutileza la revista semanal “The Clinic”  recordaba   una opinión de  Jaime Guzmán sobre  Alessandri (revista Ercilla de septiembre de 1989), un político  diametralmente opuesto a todo lo que es Golborne, y que  con toda seguridad jamás  habría estado de acuerdo con la decisión de la UDI de  llevarlo  como su candidato: “(Jorge Alessandri) era un hombre capaz de formarse juicio propio sobre las cosas en vez de repetir las consignas de moda. Un hombre con el coraje de defender sus puntos de vista, aun a costa de transitorias incomprensiones (…) Un hombre que detectaba y combatía la demagogia”.

La Democracia Cristiana, apenas tomada la decisión de participar en las primarias  anunciaba  las propias  el 19 de enero  para elegir su candidato, el que deberá enfrentar, posiblemente, a la ex presidenta Bachelet. Hoy la DC se debate nuevamente   en una lucha interna  entre  grupos, anticomunista uno, más radical que cuestiona toda  alianza con el Partido Comunista, en tanto que otro sector, más  pragmático,  comprende  la necesidad del voto comunista  y estaría dispuesto a  que se le reconozca al Partido, además de votar,  el derecho a la existencia en el conglomerado,  o sea,  y para que quede bien clara su participación : sirve el voto comunista  y  además, en un acto de benevolencia, se le reconoce  el derecho a existencia en el bloque oposicionista.

 No obstante,  el  Partido previamente  debe  condenar todo lo que  condena  la DC. La opinión del Partido Comunista con respecto a regímenes  extranjeros  debe ser sancionada por el Partido Demócrata Cristiano. Se advierte sí que esto no significa que los comunistas tengan derecho a insinuar,   por ejemplo,  si la DC apoyó o no el golpe de estado en Chile. Tanto más cuando la opinión de  ellos sobre sí mismos es la de ser   un ejemplo de democracia nacional e internacional;  dudar de esto sería o ignorancia,  mentira o  mala fe y, para muestra de esto, he aquí un ejemplo:   profundamente preocupados por la democracia en el planeta sospecharon, dudaron sobre  la trasparencia, efectividad y la capacidad organizativa de los venezolanos y decidieron como demócratas, cristianos y chilenos velar por la democracia en Venezuela,  enviando  una delegación para controlar las pasadas elecciones,  cuando los venezolanos pueden dar lecciones a Chile acerca de cómo se organiza un acto eleccionario modelo en un país ejemplar y democrático.

candidatos

Conscientes de las pocas posibilidades de éxito en la carrera presidencial, Orrego, Rincón, los independientes Velasco, Jocelyn-Holt, el senador radical Gómez  y hasta el mismo MEO, saben que tienen escasas opciones frente a los rivales de la derecha,  de no contar con el apoyo del bloque concertacionista,  tal como hasta hoy existe, pero las  razones para dar las lucha  existen  y persiguen  objetivos de diversa índole. De Parisi  poco se sabe, tal vez un saludo a la bandera  esperando comerciar un posible apoyo a cambio de algo, pues no están claras las razones y motivos de su participación. MEO y Velazco,  con amnesia profunda,  evitan  cualquier mención que les recuerde  un  pasado comprometedor y  en cambio, tratando de ganar adeptos, se presentan cual inocentes palomas indignadas de políticas erradas de una Concertación  totalmente extraña y ajenas a  ellos.

 En cuanto al Partido Comunista, en diversas ocasiones ha expuesto claramente su posición. En primer lugar, cualquier acuerdo debe tener previamente y como base una plataforma programática, esta debe poner el acento, en primer lugar, en promover las  medidas impostergables e imprescindibles  que permitan trasformar nuestra actual sociedad en una más justa e igualitaria. Esto incluye terminar con el binominal, promulgar una nueva constitución y que en su redacción participe el pueblo en su totalidad, la recuperación de nuestras riquezas naturales, educación y salud como tareas de Estado, una mayor participación de este  en la actividad económica y la protección de la clase trabajadora, la libertad de credo y respeto a las minorías sexuales. Finalmente, el Partido Comunista hace saber lo que considera hoy  la tarea  más importante: impedir un segundo período de la derecha, condición sine qua non para poder  llevar a la realidad el  programa  mencionado.

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