Historiografía y comunistas en Chile: Hernán Ramírez Necochea y su producción.Marco González Martínez

Marco González Martínez[1]

            El estudio de la Historiografía en Chile ha denominado como “marxistas clásicos”  a una serie de jóvenes historiadores formados intelectualmente durante el segundo cuarto del siglo XX. Estos historiadores, educados en los límites de marxismo hegemónico del período, hicieron de él una preocupación central dentro de sus respectivas prácticas historiográficas y militantes.

            Dentro de estas nuevas generaciones de historiadores destacan principalmente las figuras de Julio César Jobet y Hernán Ramírez Necochea, quienes, formados en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, integraron lo que el historiador y profesor de ambos, Guillermo Feliú Cruz, denominó como la generación de 1930.

            El trabajo realizado por estos intelectuales orgánicos de la izquierda chilena entre las décadas de 1940-1970, en la actualidad ha enfrentado diversas críticas provenientes desde distintas posiciones de la historiografía nacional. Una de las más recientes es la realizada por el historiador Jaime Gazmuri en su libro titulado La Historiografía chilena. En este estudio se enfatiza desmesuradamente el rol que jugó la militancia comunista en el quehacer intelectual de Hernán Ramírez, además de reproducir una apreciación sesgada y restringida del marxismo, reduciendo este último sólo a una ideología política propalada por la intelligentsia soviética.

            Con relación al trabajo de Hernán Ramírez, Gazmuri indicará:

“Hernán Ramírez Necochea, un gran investigador, estalinista, desgraciadamente estrecho seguidor de las doctrinas del Partido Comunista chileno, y por ende de la Tercera Internacional de Moscú, de hecho dejaba censurar sus libros.”[2]

El error recurrente de posicionar la obra de los marxistas chilenos, y en particular la de Hernán Ramírez, en relación exclusiva a su adhesión explícita al llamado materialismo histórico, y, como tal, en palabras de Josep Fontana, reproductores acríticos de un método cosificado que sólo se debía ilustrar y rellenar con hechos,[3] ha permitido desechar y no ponderar en su justa dimensión sus aportes y avances disciplinarios. El acentuar una estrecha concepción del marxismo y la militancia política por sobre las preocupaciones historiográficas, han hecho descuidar y generalizar conclusiones estereotipadas y monofónicas, que no hacen más que escamotear los matices y particularidades que presentan las diversas producciones. Tendrá, en este sentido, mucho valor la pregunta que la profesora María Eugenia Horvitz realizó en 1986, al interrogarse ¿Qué significa ser marxista en 1950?[4]

Diremos de esta forma que, en lo concerniente estrictamente a los estudios realizados por el profesor Hernán Ramírez Necochea,[5] no se puede desconocer el contexto y lugar de su producción, que, al igual que al resto de los historiadores, le permitió pensar y revalorar el pasado en función del presente. En relación a esto último, se puede sostener que el profesor Ramírez  reflexionó el pasado en función del cambio de la sociedad capitalista; por ello, nos dirá Luis Moulian, fue un intelectual que pasó sus conocimientos al servicio de la causa del cambio revolucionario”.[6]Es decir, su trabajo como historiador fue “el correlato de un intelectual militante que se propuso aportar con sus estudios a la fundamentación política y social de la estrategia de poder nacional revolucionario previsto por las fuerzas de izquierdas de entonces”.[7]

La actitud y compromiso destacado en la labor de Hernán Ramírez, quizás pueda ser el éter sobre el que se edificó la crítica que estas nuevas generaciones realizaron a la historiografía tradicional en Chile. Pensar que la historia está por hacerse, como lo afirmaba Julio Cesar Jobet en 1949,[8] no sólo comprometía el esfuerzo de reescribir la historiografía a la luz de nuevos problemas, sujetos y metodologías, sino más bien comprometía la voluntad de un sector que quiso e intentó transformar su sociedad.

A estas alturas, sería necesario preguntarse qué significa precisamente para Hernán Ramírez Necochea adquirir el desafío de hacer la historia que aún no se ha hecho. Es el mismo historiador quien, al hablar de sus intenciones y proyectos, nos ofrece una posible explicación al escribir:

“Desde hace varios años, estoy realizando las investigaciones correspondientes para elaborar una Historia Económica de Chile. En el curso de estos trabajos, se me han planteado numerosos problemas derivados de la íntima conexión entre la evolución económica de Chile y la evolución histórica del país. Estas circunstancias me deslizaron al campo de la historia social y política”[9]

            La empresa diseñada para reescribir la Historia de Chile se alimenta de nuevas preocupaciones y aproximaciones. Lo económico, en interna conexión y determinación con el resto de los procesos constitutivos de la sociedad, permite aspirar a una estructura que hiciera inteligible los profundos procesos de continuidad y cambio. Es en simetría con esto último, que el militante comunista Orlando Millas escribió, algunos años más tarde, que “se necesitaba que la historia de Chile tuviera una columna vertebral y eso es lo que le ha dado Hernán Ramírez Necochea”[10]

            Estructura de inteligibilidad o “columna vertebral”, ambas nos hablan de las intenciones declaradas de Ramírez por aportar con sus trabajos elementos críticos de valoración y revaloración del pasado.

            Si bien las intenciones de la historiografía de Hernán Ramírez, al igual que la del resto de los marxistas chilenos, se orientaron hacia la deconstrucción del discurso oficial que la historiografía tradicional articuló como herramienta de dominación, no es menos cierto que tales motivaciones no lograron superar los límites de la tradición, permitiendo que sus itinerarios intelectuales y proyectos políticos terminaran, según lo expuesto por Marcelo Carmagnani, “apoyándose sobre una visión histórica del país, tributaria de los mitos históricos oligárquicos”.[11] Se dirá de este modo, y en consideración de lo antes expuesto, que el valor de la obra de Ramírez, a la luz del proyecto social que iluminó su producción historiográfica, se podrá entender al dirigir su preocupación historiográfica hacia nuevos sujetos y problemáticas de estudio, como lo son: el movimiento obrero organizado, la dominación y dependencia hacia el imperialismo, y los quiebres y coyunturas de la vida política nacional; en síntesis, su trabajo permitió nutrir ideológicamente, como señala Eric Hobsbawm, la “tradición inventada” de los comunistas chilenos, quienes, a su vez, preñaron de contenido las luchas ideológicas de las izquierdas políticas durante el segundo tercio del siglo XX chileno.

Señalaremos, como apuntes biográficos, que Hernán Ramírez Necochea nació en Valparaíso en 1917, para entrar 17 años más tarde, al Instituto Pedagógico y al Partido Comunista de Chile. Desde sus primeros años de formación intelectual, el marxismo, leído como materialismo histórico, alentó y motivó su formación como historiador. En un artículo titulado Materialismo Histórico, y publicado originalmente en 1936 por revista Clio, se podía leer:

“Se ha dicho que el materialismo ha exagerado el papel, ha tratado de traducir en categorías económicas toda las complicadas manifestaciones de la historia. Esta afirmación es absolutamente errónea; lo que el materialismo histórico hace, es determinar el factor que condiciona el devenir histórico.”[12]

            Se podrá pensar, de este modo, que la lectura o conocimientos que Hernán Ramírez desplegó en torno al marxismo, llamado éste marxismo-leninismo o socialismo científico, son propios del conocimiento marxista del siglo XX. Valores, juicios y certezas preponderantes en la izquierda occidental, que sólo en aisladas producciones o pequeños grupos de estudios fueron cuestionadas o criticadas.

            En este sentido, es apropiado considerar lo que el historiador inglés Orlando Figes escribió a propósito del marxismo leninismo y su  recepción en el mundo de los trabajadores rusos. Figes nos dirá:

“Para los trabajadores […] el marxismo aparecía como una “ciencia” moderna que explicaba en sencillos términos de blanco y negro por qué su mundo estaba estructurado de la manera en que estaba, y cómo podía ser transformado. […] las enseñanzas de Marx eran ciencia, en pie de igualdad con las ciencias naturales.”[13]

            En una matriz historiográfica, como se ha señalado más arriba, el trabajo de Hernán Ramírez se estructuró en torno a nuevos sujetos y problemáticas de estudio, aspectos centrales que permitieron crear una particular visión del pasado de nuestro país, a la vez que modeló la visión del mundo con que los comunistas chilenos enfrentaron su realidad. El lugar de la historiografía de Ramírez se conformó así, como agente productor, portador y reproductor de una distintiva “manera de ser”, en cultura política que nutrió la mentalidad de las izquierdas chilenas.

            En un primer aspecto, la preocupación historiográfica de Ramírez se orientó hacia la construcción de la historia de quiénes a su juicio habían estado relegados por la historia tradicional. El Movimiento Obrero es, de este modo, uno de los ejes articuladores de su quehacer intelectual.  Con la necesidad de que “el proletariado nacional conozca su verdadera historia”,[14] Ramírez construye dos escritos fundamentales que tienen por objeto estudiar la situación y transito de los trabajadores desde sus orígenes en el siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Conforme al itinerario académico antes enunciado, es que Ramírez publica Historia del movimiento obrero en Chile. Antecedentes siglo XIX (1956-1986)y Origen y formación del Partido Comunista de Chile. Ensayo de historia del Partido, este último, texto revisado y corregido en el exilio por el propio autor y republicado en 1984 bajo el titulo de Origen y formación del Partido Comunista de Chile. Ensayo de historia política y social de Chile.

            En ambos textos se podrá reconocer un claro “sesgo vanguardista y teleológico”, derivado de la convicción que los trabajadores eran los portadores del “porvenir de la humanidad”.[15] Convicción profusamente diseminada en la izquierda marxista de las décadas de 1950-1970. En los textos de Ramírez se traza una clara idea de continuidad entre los primeros obreros organizados y “conscientes” del siglo XIX y la organización comunista. Para él, el Partido Comunista chileno era concebido como la “expresión de la firme voluntad de la clase obrera chilena por construir su destacamento de vanguardia organizado.” Además de ser “la forma superior de organización del proletariado, como el producto más puro y altamente evolucionado de la clase obrera.”[16]

            La continuidad expresada queda nuevamente de manifiesto cuando la figura de Luis Emilio Recabarren ingresa en la lucha ideológica del período. Recabarren, defenestrado durante los años de bolchevización, vuelve al discurso público de los comunistas al calor de las críticas que un sector de las izquierdas en Chile realizaba a la línea política comunista. Ésta,  tildada de “tradicional” o “reformista”, era férreamente defendida en una suerte de legitimación historiográfica que otorgaba el “imaginario político de L.E. Recabarren”.  Al respecto, Hernán Ramírez recordará que en la primera etapa de su existencia, desde los días de Luis Emilio Recabarren, “el Partido comunista de Chile asumió un rasgo muy significativo de la línea política: siendo un Partido eminentemente revolucionario y sin menoscabo alguno de esta condición, entrevió la posibilidad de lograr sus objetivos revolucionarios sin la necesidad de recurrir a la violencia.”[17]

            La disputa de la tradición común que existió entre las distintas variantes de las izquierdas chilenas, rebasó el discurso político y publico de las direcciones partisanas. En algún sentido, la denominada “historiografía marxista” chilena se encontró atravesada por tales disputas, relecturas y representaciones del pasado, haciendo de ellas importante espacio de discusión intelectual. En relación a esto último, Ramírez escribió en claro tono polémico en su Historia del Movimiento Obrero:

 “Jobet, ofuscado por sus violentos y jamás disimulados prejuicios anticomunistas, pretende que ningún nexo queda entre la figura y la acción de Recabarren y el Partido Comunista de Chile. Pues bien, al hacer estas antojadizas afirmaciones, Jobet deliberadamente olvida o reduce al mínimo un hecho: el mismo Recabarren consideró que su obra maestra fue la fundación del Partido Comunista de Chile.”[18]

            Es de este modo como ambos textos, insertos en un proyecto ideológico mayor de reconocimiento y fortalecimiento político, no hacen más que construir una visión del pasado en función del proyecto social diseñado por los comunistas chilenos: universo de representaciones que fortaleció, a la vez que modeló, la cultura política del “modo de ser” comunista en Chile.

            En segundo lugar, se podrá apreciar dentro del trabajo de profesor Hernán Ramírez Necochea, su preocupación por el estudio del Imperialismo y el carácter de su dominación. El imperialismo, entendido sin más cuestionamientos que los planteados por Lenin en El Imperialismo, fase superior del capitalismo, fue considerado durante la época como “la antesala de la revolución social del proletariado.”[19] Bajo tal lectura, la preocupación historiográfica de Ramírez se orientó hacia el estudio  y comprensión  de su introducción en la economía nacional, a la vez que a las consecuencias ideológicas y políticas que se derivaron en Chile y América Latina.

Para tales propósitos, Ramírez procuró el estudió y publicación de su Historia del Imperialismo en Chile (1960-1970) y Los Estados Unidos y América Latina 1930-1965 (1965). En ambos textos se puede visualizar la percepción y valoración que el mundo comunista chileno, claramente modelado por una idea comunista mundial, realizó del capitalismo financiero transnacional: el Imperialismo. Ramírez escribirá al respecto:

“el imperialismo, por su naturaleza misma, es una de las raíces primarias y fundamentales de fenómenos económicos, políticos y culturales, diplomáticos y bélicos de gran magnitud y ha estado presente en el mundo desde comienzos de la década de 1870, vale decir, desde que el capitalismo entró a su fase superior y última.”[20]

En el mundo de las representaciones comunistas, el imperialismo siempre operó como agente disociador del contenido nacional. Sin entrar en detalles del profundo contenido conservador de tales premisas, ya hemos enunciado la crítica planteada por Carmagnani, la defensa de lo nacional, presente en el trabajo de Ramírez, se entroncaría directamente con la idea política que motivó y preñó de significado social las luchas por la “segunda independencia” nacional. Se dirá de esta forma que,  ante la acción devastadora y expoliadora del imperialismo en Chile y América Latina, siempre se encontró con una voz disidente de carácter antiimperialista, voz que siempre tuvo una preclara conducta en los sectores más conscientes de la sociedad. Señalará de esta forma Ramírez:

 “en todas partes se bregaba por la instauración de regímenes democráticos, cundía el malestar causado por el retraso económico, se exteriorizaba la apremiante necesidad de poner término a la voraz explotación imperialista, de conquistar la plena independencia nacional y de producir profundas transformaciones económicas y sociales.”[21]

El imperialismo, en la historiografía de Hernán Ramírez, cobra múltiples y complementarios significados. La lucha por la liberación del imperialismo y sus consecuencias, sea este inglés o norteamericano, no es solamente una contienda de carácter económico, sino  también cobra inusitadas dimensiones en el campo ideológico y cultural. Nos dirá Ramírez al respecto:

 “los estrechamientos de los lazos de amistad entre los Estados Unidos y las repúblicas latinoamericanas […] respondían a las muy claras e intencionadas finalidades de `americanizar´ todo el hemisferio, de ganar para la causa del imperialismo la conciencia de los influyentes sectores de profesionales, técnicos e intelectuales y, en último término, de producir la más profunda y trascendental forma de colonización: la colonización espiritual.”[22]  

Así pues, la visión y lucha de las fuerzas retrógradas del imperialismo se encontrarían con la respuesta progresista de los sectores de vanguardia antiimperialista. El binomio básico planteado por la “manera de ser comunista”, es decir, opresores y libertadores, imperialistas o antiimperialistas, aliados y enemigos principales, etc., no hace extraño la revaloración que se hace del pasado.[23] La “invención de una tradición” de lucha permite pensar a Ramírez en 1965:

“La revolución latinoamericana ya está en marcha; ha comenzado un movimiento semejante al de 1810. Los pueblos de América Latina, gradualmente y con vigor, se colocan a la altura de esa legión de próceres –conocidos y anónimos- a quienes todos verán porque tuvieron el coraje de rebelarse y luchar bravamente contra la metrópolis que sojuzgaba a sus patrias.”[24]

En resumen, se podrá señalar que el tratamiento que el profesor Hernán Ramírez realiza del Imperialismo y su asentamiento en Chile y América Latina, no hace más que pensar el fenómeno como un urgente lastre que debe ser superado. El imperialismo en su dimensión económica, política, ideológica y cultural, en la idea de Ramírez, deteriora y desintegra la idea nacional, idea tan presente en la construcción discursiva de los comunistas chilenos.

Por último, proponemos agrupar los intereses y problemas historiográficos abordados por Hernán Ramírez en torno a los quiebres y coyunturas de la vida política nacional. En tal ordenamiento pueden ser comprendidos los trabajos: Antecedentes económicos de la independencia de Chile (1959-1967) y La guerra civil de 1891. Antecedentes económicos (1951), trabajo que en forma definitiva será reeditado bajo el nombre de Balmaceda y la contrarrevolución de 1891(1969-1972).

            Ambos estudios abordan disimiles procesos históricos acaecidos durante los primeros y los últimos años del siglo XIX en Chile. Mientras el proceso libertador de 1810 fue comprendido por Ramírez como el término de una fructífera etapa de crecimiento”,[25] la guerra civil de 1891, o más propiamente en el vocabulario del período, la contrarrevolución de 1981, operó a través de la alianza de los sectores retrógrados (el imperialismo, sus aliados y los resabios agrarios) que lastraron el “normal” desarrollo de la sociedad. De este modo, el rol de Balmaceda, como fiel portavoz de los sectores más avanzados de la burguesía nacional, permitió estructurar su discurso y práctica hacia la creación en Chile del modo de producción capitalista; esto suponía, nos señalará Hernán Ramírez, un:

 “sostenido esfuerzo para multiplicar las fuerzas productivas existentes y crear otras nuevas, modificar las bases de experiencia material de la sociedad y estimular la industrialización, crear condiciones que permitan superar los rasgos precapitalistas que aún sobrevivían vigorosamente, y adoptar mediadas que facilitaran el desarrollo independiente de la economía nacional.”[26]

            En un sentido general se podrá afirmar que el estudio que Hernán Ramírez desplegó a lo largo del siglo XIX, se aproximó a los problemas estructurales e inconclusos que sufrió la economía e institucionalidad política chilena aún a mediados del siglo XX. La independencia, como empresa emancipadora “exitosa”, contrastaba con el fracaso democrático-burgués del gobierno de Balmaceda, por lo tanto, tal cometido continuaba pendiente y necesitaba ser perentoriamente resuelto por sus contemporáneos. Ante tales acontecimientos, Balmaceda y su mito operaban como horizonte de las demandas que el movimiento político estructuró durante los años previos a la Unidad Popular, sin que ello signifique, en absoluto, que los objetivos y tácticas para su consecución fueran exactamente los mismos. Es así como en el prólogo a la tercera edición de “ Balmaceda y la Contrarrevolución de 1891”, de 1972, Ramírez sentenciará:

“La imagen del presidente Balmaceda alcanza más actualidad y más honda  significación a medida que el tiempo transcurre y Chile avanza hacia una fase más alta de evolución. Esto sucede, porque Balmaceda fue un audaz innovador que impulsó transformaciones económico-sociales, políticas y culturales de trascendencia y enarboló enseñas y sostuvo principios que aún hoy conservan vigencia y despiertan admiración.”[27]

            Se dirá así que los procesos de quiebre o coyuntura política estudiados por Hernán Ramírez Necochea, obedecen al esfuerzo por comprender el presente de subordinación y subdesarrollo económico que afectó al Chile del segundo tercio del siglo pasado. Su trabajo historiográfico, de este modo, iluminó y dotó de contenido histórico el proyecto social sostenido por las fuerzas de izquierda de entonces.

            Al situar en su contexto de producción el trabajo del historiador comunista Hernán Ramírez Necochea, se puede apreciar cómo sus estudios se encontraron orientados hacia la representación de un pasado que diera explicaciones a su presente. El movimiento obrero, el imperialismo y las coyunturas políticas, problemáticas separadas sólo para el análisis, conforman el entramado central de la “columna vertebral”  que Ramírez formuló para el entendimiento del devenir de Chile y sus habitantes. Su trabajo intelectual, inspirado en el marxismo, y, como tal, en el decir de Hobsbawm, poseedor de “cargas concentradas de explosivo intelectual creadas para volar partes importantísimas de las fortificaciones de la historia tradicional”,[28] se situó  en la disputa de un pasado que privó de historia e historicidad a un sector importante de la población nacional.

            Al abordar la producción historiográfica del historiador Hernán Ramírez Necochea, y estudiarla en el contexto de su grupo social, se apreció el valor que posee su obra en la historiografía nacional y en la construcción del discurso público comunista. Si bien, como se ha dicho, su trabajo ha sufrido la crítica desde un sitial más ideológico que  académico, se deberá reconocer que hoy, después de más de treinta y dos años desde su muerte, muchas de sus hipótesis han sido cuestionadas cuando no superadas, pero, sin embargo, aún se mantiene vivo el ideal que movilizó su quehacer intelectual, es decir, comprender que tanto el pasado como el presente de las sociedades se encuentran en constante disputa, y que la tarea de estudiar y representar críticamente nuestra historia siempre comprometerá la legitimidad de quienes construyeron y ejercen contemporáneamente la hegemonía.


[1] Estudiante de magíster en Historia de Chile de la Universidad de Santiago de Chile. marco.gonzalezma@usach.cl

[2] Jaime Gazmuri, La historiografía chilena (1842-1970). Tomo II (1920-1970), Taurus, Santiago, 2006, p. 87

[3] Josep Fontana, La historia de los Hombres, Crítica, Barcelona, 2001

[4] María Eugenia Horvit, “Historiografía chilena: balance y perspectivas.  Actas del seminario de historia de Chile”, Proposiciones, octubre-diciembre, Santiago, 1986, vol. 12, p.161.

[5] Para este trabajo sólo se tomará su producción previa a 1973, es decir, se excluirá su texto póstumo titulado Las fuerzas armadas y la política en Chile (1810-1970).

[6] Luis Moulian, La independencia de Chile. Balance historiográfico, Factum ediciones, 1996, p.144

[7] Manuel Loyola (comp.), Hernán Ramírez Necochea. Seis artículos de prensa, Ariadna ediciones, Santiago, 2005, Pp.8-9.

[8] Julio Cesar Jobet, “Notas sobre historiografía chilena. Balance y proyecciones”, Atenea, Concepción, n°291-192, septiembre-octubre, 1949.

[9] Hernán Ramírez Necochea, Antecedentes económicos de la independencia de Chile, Imprenta universitaria, Santiago, 1959, p.9.

[10] Orlando Millas, “El tema y significación de esta obra”, Hernán Ramírez Necochea, Origen y formación del Partido Comunista de Chile. Ensayo de Historia política y social de Chile, Ed. Progreso Moscú, 1984, p. 8.

[11] Marcelo Carmagnani, “Historiografía y consciencia nacional”, Araucaria de Chile, Madrid, 1980, n°10, p.126.

[12] Hernán Ramírez Necochea, “Materialismo histórico”, Clio, Santiago, septiembre-octubre, n° 8-9, 1936, p.47.

[13] Orlando Figues, La revolución rusa. La tragedia de un pueblo (1891-1924), Edhasa, España, 2000, p158.

[14] Hernán Ramírez Necochea, Historia del Movimiento obrero en Chile: Antecedentes, siglo XIX, Ediciones Lar, Concepción, 1986, p.16.

[15] El “sesgo vanguardista y teológico” es acuñado por el historiador nacional Jorge Rojas Flores, y reproducido por Julio Pinto en su estudio preliminar de la Obras escogidas de Hernán Ramírez. Éste hace referencia, al rol preponderante que tendría la clase trabajadora en la historiografía marxista de las décadas del cincuenta y sesenta, por tener la convicción que en ellas descansaba el “porvenir de la humanidad”. Véase J. Rojas Flores. “Los trabajadores…Op. Cit., p. 53

[16] Hernán Ramírez Necochea, Origen y formación del Partido comunista de Chile. Ensayo de historia del partido, Austral, 1965, p.270.

[17] Ibid., p298.

[18] Hernán Ramírez Necochea, “Historia del Movimiento Obrero en Chile. Antecedentes, siglo XIX”, Obras escogidas. Vol. I, LOM, Santiago, p.455

[19] V.I. Lenin, El imperialismo fase superior del capitalismo, Quimantú, Santiago, 1972, p.127.

[20] Hernán Ramírez Necochea, Historia del imperialismo en Chile, Austral, Santiago, 1970, p.17.

[21] Hernán Ramírez Necochea, Los Estados Unidos y América Latina (1930-1965), Austral, Santiago, 1965, Pp.194-195.

[22] Op. Cit., Historia del imp… p.217.

[23] Quizás uno de los ejemplos más distintivos de la representación del mundo comunista es Canto General de Pablo Neruda. Obra central del poeta nacional, que permite una aproximación al discurso y mentalidad de la cultura de los comunistas nacionales de la primera mitad del siglo pasado

[24] Op. Cit., Los Estados…p298.

[25] Hernán Ramírez Necochea, Antecedentes económicos de la independencia de Chile, Universidad de Chile, Facultad de Filosofía y Educación, 1969, p17.

[26] Hernán Ramírez Necochea, Balmaceda y la contrarrevolución de 1891, Ed. Universitaria, Santiago, 1972, p.213.

[27] Ibid., p.9.

[28] Eric Hobsbawm, Sobre laHistoria, Crítica Grijalbo Mondadori, Barcelona, 1998, p.153.

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2 thoughts on “Historiografía y comunistas en Chile: Hernán Ramírez Necochea y su producción.Marco González Martínez

  1. Llevamos 40 años de neoliberalismo en Chile,sistema que ha invadido y conquistado a la “izquierda” tradicional,sobretodo a los socialistas que son quienes han secundado el modelo neocapitalista, introduciéndole modificaciones cosméticas , beneficiando a los grupos económicos y trasnacionales,y particularmente a sus dirigentes de las ganancias que significan las altas dietas de los grupos de poder en Chile.Han destruido y mercantilizado la educación reproduciendo un sujeto apolitico, un consumidor,un usuario en el puesto que le corresponde a un ciudadano.Vitale,Ramirez Necochea,Jobet y tantos otros historiadores dieron una lucha intelectual que hoy dia no tiene sucesores.La izquierda chilena es la mas baja expresion de la consecuencia y principios honestos e ideologicos,en resumen una manada de traidores a todos los principios que encarno el movimiento obrero y social de Chile en el siglo pasado.Ojala surja una nueva generacion que piense con el peso intelectual de estos historiadores citados y marche en conjunto con un nuevo movimiento politico y social enla construccion de una sociedad,moderna y genuinamente democratica.

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