Editorial (CdE nº21)

Desde aproximadamente la revolución pingüina de 2006 es que somos testigos de un masivo descontento; quizás no generalizado, pero sí de un sector importante del estudiantado, profesorado y de funcionarios. Decimos no generalizado, porque  ciertamente a un pequeño sector le acomoda el sistema educacional actual, ya que la libertad de enseñanza y la posibilidad de crear instituciones orientadas a este fin generan cierta atracción, pero es evidente que, según el informe emanado de la comisión investigadora sobre el lucro en las universidades del Honorable Congreso Nacional, la atracción de este sector no va orientada a la buena fe del crecimiento intelectual del país, sino al crecimiento económico de los inversionistas.

Llama la atención que esta comisión investigadora del Congreso no nace específicamente de la iniciativa propia de los parlamentarios, en su función de representar y velar por los derechos de los chilenos, sino que surge por presiones de la sociedad civil, la cual levanta fuertes demandas y denuncias de hechos no ajenos, ni escondidos, sino explícitos y publicitados por diversos medios de comunicación. ¿Será este ejemplo solo una de las causas del descontento y deslegitimación de las instituciones políticas? El problema de esta hipótesis es que legalmente son las instituciones las que quedan en última instancia para dar solución a las demandas ciudadanas y, en el mejor de los casos, éstas crean comisiones con los actores involucrados, las que tienen por objetivo generar diálogos eternos y sin puerto, como ocurrió en la revolución pingüina.

Las instituciones estatales las dirigen personas, funcionarios públicos,  que necesitan de los votos ciudadanos para seguir trabajando, haciendo de la actividad pública un oficio político más que un deber para con el bienestar social. Por ello llama la atención la rápida y publicitaria respuesta de la comisión investigadora, la cual denuncia el lucro por lo menos en cinco instituciones privadas. Entre las mencionadas en el informe se encuentra la Universidad del Mar, tan en boga en las últimas semanas, y otras pertenecientes a corporaciones transnacionales como los Laureate: Universidad de las Américas, Viña del Mar y Andrés Bello, esta última incorporada recientemente al proceso de PSU. Hay que tener en cuenta que la gran agilidad de respuesta de las instituciones públicas,  puede responder a ciertas  imágines  políticas que los partidos y sus políticos desean generar en la ciudadanía, sobre todo si nos encontramos cerca de las elecciones municipales y  el levantamiento de candidatos presidenciales.

¿Se encuentra en crisis el sistema educacional chileno y, en este caso puntual, el universitario?, ¿el estado y su gobierno se encuentran en sintonía y de acuerdo con las demandas educacionales? Creemos que cada lectura, noticia, reflexión sobre este tema nos abre más incógnitas e interrogantes.  Pero algo sí se debe resaltar y manifestar: es que por lo menos el tema “lucro” ha generado una construcción social de incomodidad y cuidado entre las personas. No es irreal pensar que para un joven, al momento de decidir dónde continuar sus estudios superiores, la discusión del financiamiento, el lucro y la calidad de la educación, sean el postre en el almuerzo familiar de un domingo. Este hecho real es resaltado pese a la mirada pesimista que se tiene de los logros alcanzados en las movilizaciones del 2011, ya que la ciudadanía se está atreviendo a manifestar el descontento social, no tan solo respecto  a la educación, sino también a la salud, vivienda, trabajo, e incluso hemos sido testigos de levantamientos regionales y comunales de masas, como ha sido el  caso de Aysén y Freirina, entre otros.

Volvamos a la pregunta; ¿Se encuentra en crisis el sistema educacional chileno? Es más, proponemos  otra mucho más intrigante: ¿será que esta crisis es solo una renovación para dar lugar a otro sistema?  Ésta última pregunta debe tener bastante discusión e investigación, por evidencias reales y concretas que están sucediendo en algunas universidades no solo privadas sino también estatales, y planteamos esta evidencia con otra pregunta, ¿será casualidad la discusión de incorporar competencias en las mallas curriculares de las carreras?

Supongamos que sí se pone al fin al lucro y se designan los recursos necesarios para dar educación gratuita (las ideas vuelan y nos permiten imaginar escenarios magníficos), pero con la condición de que todas las universidades, para poder acreditarse y obtener recursos del estado, sean obligadas u orientadas a implementar competencias en sus diversas mallas curriculares, ¿no sería esto solo una renovación del sistema educacional?.

Las competencias, en forma muy general, tienen un énfasis profesionalizante , generador de habilidades específicas: competencias al servicio de la eficiencia y eficacia, competencias orientadas a fortalecer el sistema económico neoliberal, competencias orientadas a generar profesionales tecnicistas y no universitarios en su pensar, en conclusión, formar Recurso Humano capacitado y productivo.

Esta pequeña redacción, quiere invitarlos a pensar más allá de los mecanismos fiscalizadores y de financiamiento que se les demanda al estado, sino también estar atentos a que la crisis del sistema educacional universitario puede cambiar, pero no en el sentido del crecimiento humano, sino del crecimiento económico del pequeño sector de inversionistas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s