Reflexiones sobre Educación. Por Julio Díaz Letelier

 La educación formal, es decir, aquella que se imparte a través de instituciones creadas expresamente con fines educativos, forma parte de aquel fenómeno más amplio y no sistematizado de transmisión de conocimientos, valores y habilidades denominado por los antropólogos, procesos de   enculturación [1 ]

Es evidente, que en principio, ambos mecanismos tienen como objetivo lograr que los individuos se adapten al sistema social imperante. Ninguna sociedad prepara intencionalmente a sus miembros para que quebranten las normas de convivencia social  o revolucionarios que puedan atentar contra el orden establecido. En aquellos casos de   conductas disfuncionales para un  sistema socio/político determinado; las estructuras de poder emplean diversas  medidas coercitivas  destinadas a reprimir a los individuos o los grupos desviados.

 No obstante lo anterior, las sociedades no son homogéneas, existen dentro de ellas diferentes clases sociales, sectores de clase y subculturas que proyectan   intereses y concepciones diferentes u opuestas acerca de la vida social. Aunque  al final, son las clases dominantes las que a través del monopolio del poder imponen su  visión del mundo a la sociedad global, las señales contradictorias que éstas envían al cuerpo social  provocan frecuentes disfunciones conductuales.  .

Existen numerosas y heterogéneas perspectivas de análisis que pretenden dilucidar el origen de  los pésimos resultados que muestra la educación básica y media de nuestro país. Algunos atribuyen esos problemas al magro presupuesto invertido en educación, otros a la desigual distribución de esos fondos, abundan aquellos que centran su crítica en la regresiva distribución del ingreso familiar, pero la mayoría radica esas dificultades en la calidad   del cuerpo docente. Aunque es evidente, que  en  diferente  medida, todos estos factores gravitan sobre el rendimiento de nuestros escolares, es curioso, por decir lo menos, que no centremos nuestra atención en el componente esencial de todo proceso educativo; es decir, en el alumno.

El  prejuicio más importante  que debemos extirpar de nuestras concepciones educacionales, es considerar al alumno como una constante indiferenciada que los sistemas de enseñanza pueden modelar a su arbitrio. Nuestros estudiantes son seres   con un fuerte y variado sustento genético que ejerce  una gravitante influencia en la conformación de su personalidad. Los más  recientes estudios de microbiología han  probado, por ejemplo,  que rasgos tan dispares como la obesidad, el consumo de drogas, los niveles de agresión, los comportamientos sexuales y  la inteligencia tienen un evidente  componente hereditario.[2] Al mismo tiempo, nadie ignora, que a pesar de los intentos homogenizadores de la sociedad contemporánea en el campo valórico, los pupilos de nuestro sistema educacional son influidos por niveles de ingreso familiar,  medio ambiente cultural,  entorno físico,  densidad demográfico y conglomerados urbanísticas fuertemente diferenciados. Aunque estos elementos constituyen un substrato esencial  para entender  los problemas que enfrenta nuestro modelo educacional, queremos fijar nuestra atención en las motivaciones sociales y los modelos de referencia [3 ] que gravitan en el proceso de desarrollo de nuestro estudiantado.

Antes que nada, es necesario diferenciar aquella energía sicológica conocida con el nombre de  motivación social, de las tendencias conductuales de origen biológico identificada comúnmente con el término impulso. Al contrario de lo que sucede en el campo de los impulsos, que son difícilmente modificables, los sistemas educativos  se justifican porque el amplísimo campo de  las  conductas socialmente motivadas pueden ser desarrolladas o alteradas mediante los procesos de socialización formal. [4]

En principio descartamos, que las clases y los sectores de clase dominantes de nuestro país  pretendan transmitir a nuestra  población escolar elementos conductuales contrarios a la actual estructura de poder. Más bien, sería lógico  concluir, que  el control de los medios formales e informales de socialización por el ultra-liberalismo, le ha permitido transmitir conocimientos y motivaciones destinadas a la conservación del modelo socio/económico vigente. Y si esto fuera así, deberíamos preguntarnos si esas motivaciones han sido suficientes y con la necesaria coherencia interna como para alcanzar los niveles de eficiencia que el desarrollo del  sistema imperante exige.

El primer objetivo educacional formal que el modelo ultra-liberal pretende alcanzar es un número suficiente de cuadros  técnicamente calificados y de conductas laborales funcionales para las concepciones  políticas gobernantes. Sin embargo, no basta que las instituciones educacionales del ámbito escolar estén diseñadas para cumplir esas exigencias, que en el caso de la disciplina para el trabajo es dudosa, para que los resultados esperados por los sectores dominantes sean exitosos. Se necesita ante todo, que las motivaciones vinculadas al conocimiento que el alumno recibe de la sociedad global sean compatibles con las metas de  esos institutos docentes.

 Nadie puede dudar, que en los medios de comunicación de masas, los instrumentos de  socialización más influyentes de nuestra  sociedad, el conocimiento no ocupa un lugar importante. No vemos, por ejemplo, que se invite a los programas de televisión a los premios nacionales de ciencia, de arte o a  los trabajadores destacados de las  áreas técnicas. Mientras que las celebridades de la canción y del deporte  son recibidos en la Moneda, en la Teletón u otros eventos de carácter nacional, los representantes relevantes del mundo académico, de la literatura o de la investigación científica   son allí olímpicamente ignorados. Más aún, los ejemplos sociales exitosos  promovidos por   los medios de comunicación,  no corresponden a los representantes  del conocimiento  o del trabajo, sino que a los círculos del futbol, a los animadores de televisión o a los personajes de la “farándula”. Es evidente, que estos potentes   modelos de referencia  que nuestros alumnos reciben de los medios de comunicación  tienen una lejana relación con la ciencia y con el estudio.

 El  más importante contacto que el alumno básico y medio chileno promedio tiene con representantes dedicada profesionalmente al cultivo del conocimiento son sus docentes, ¿pero que ve este estudiante en el profesor? Ve a un profesional que no tiene  ninguno de los signos externos valorizados por la sociedad liberal (ingresos, vestimenta, autos, vivienda o prestigio social).  Al contrario, en la escala valorativa de  un modelo que exhibe  fundamentalmente al éxito económico y no la vocación como el elemento más significativo, los profesores ocupan uno de los  status sociales y profesionales más desvalorizados.

¿Puede un proyecto ultra-liberal dependiente como el nuestro, resolver estas contradicciones? Mientras los medios de comunicación de masas, al igual que el resto de las empresas capitalistas, tengan como objetivo obtener el máximo lucro en el juego de mercado, estos problemas son insolubles. Las contradictorias señales motivadoras que el alumno recibe del modelo liberal son profundamente incongruentes  con los objetivos que se plantea el  actual sistema escolar. Solo una conjugación positiva  de los elementos motivadores  de las diversas instancias que influyen en los procesos de internalización de conocimientos de nuestros alumnos, podría cambiar el deprimente momento que afecta nuestra educación. Esta última solución  solo es posible en el marco de un estado y de gobiernos muy diferentes a los que tenemos en este momento

 Por último, aunque mediante fuertes incentivos económicos, los países  centrales han resuelto en parte sus  dificultades educacionales  drenando profesionales del resto del mundo, en una economía  dependiente como la nuestra, esa solución es  parcialmente valida a nivel calificado y remotamente imaginable  a nivel medio.

      Bibliografía

1-      Marvin Harris- Introducción a la antropología general.

2-      Dean Hamer & Peter Copeland- Living with our Genes

3-      K.B. Madsen- Teorías de la motivación.

4-      Muzafer Sherif & Carolyn W. Sherif- Social psychology

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Como grupo de académicos de izquierda mantenemos desde hace un tiempo una reflexión acerca de la educación superior en Chile. En conocimiento de que otros colegas han estado preocupados por una problemática similar, y han elaborado trabajos al respecto, les invitamos, por medio de esta hoja a debatir en conjunto. Esperamos que este sea el embrión de una futura discusión que no dudamos será enriquecida gracias al debate. Por supuesto que para que este debate rinda frutos, debe incluir a todos quienes estamos por un nuevo sistema universitario, razón por la cual desde ya invitamos a contribuir en números posteriores a quienes entiendan la Universidad de manera no funcional al actual modelo económico. Esperamos que esta publicación sea un aporte para quienes vivimos con entusiasmo y espíritu crítico el quehacer universitario, y ojalá también ella contribuya a instalar en el ambiente académico una discusión que permita resolver profundas contradicciones que todavía se arrastran desde la dictadura, como son los problemas globales de la educación en nuestro país.

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