Neoliberalismo y justicia social. Por Raúl Fierro Pradeñas

Los conceptos Neoliberalismo y Justicia Social son incompatibles, sin perjuicio del indiscutible éxito del primero y de su eficiencia en la satisfacción de sus logros. Es más, a mayor eficiencia de este modelo económico, mayores son los niveles de desigualdad e injusticia social que es posible apreciar. El neoliberalismo corresponde a la etapa actual del capitalismo en el mundo, y su desarrollo ha sido posible debido a factores objetivos que sintetizaré en lo que sigue. Su carácter es universal y global, vale decir, es el modo de producción dominante en el planeta e interactúa entre los distintos países donde éste es aplicado. Como veremos, su diferencia con otras expresiones del capitalismo a través de la historia es la necesaria existencia de la desigualdad social para el éxito de este modelo.

Comencemos con una breve reseña de lo que hasta aquí ha sido el capitalismo en el mundo. Este modo de producción, a lo largo de su existencia, ha tenido ya varias transformaciones. Las causas materiales que provocaron su nacimiento, en su primera fase las podemos encontrar en la Revolución Industrial, nacida en Inglaterra con la invención de la máquina a vapor. Las clases sociales que integran el capitalismo son los trabajadores, poseedores de su fuerza de trabajo, y los capitalistas, dueños de los medios de producción necesarios para la elaboración de aquellos productos demandados por la sociedad.

Señalemos que con posterioridad a las revoluciones inglesas del siglo XVII, la francesa del siglo XVIIÍ y de la independencia norteamericana, se implantó en todos los países “civilizados” de la época un sistema económico que se denominó Liberalismo. Este período se inicia aproximadamente con la Revolución Francesa (1789) y termina con la Segunda Guerra Mundial. La segunda etapa del capitalismo se conoce como Estado de Bienestar y es una etapa comprendida entre los años 1945 y 1975. La etapa actual del capitalismo es el Neoliberalismo. Nace en nuestro país alrededor de 1975 y predomina en el mundo hasta nuestros días.

El liberalismo económico prevaleció en Estados Unidos y parte de Europa durante todo el siglo XIX y comienzos del XX. Sin embargo, luego de la Primera Guerra Mundial y, fundamentalmente, con la Gran Depresión de los años 30, el capitalismo, como sustento del liberalismo, dejó de responder a sus postulados iniciales. Esta crisis, la mayor que haya conocido el capitalismo en el mundo, hizo necesaria la intervención del Estado, que mediante la utilización del gasto publico logró un respiro para la economía. Esta política se conoce como keynesianismo o Estado de Bienestar. Con estos planteamientos Keynes desafió los más preciados postulados del liberalismo, con el propósito de asegurar la subsistencia del capitalismo. En esencia, Keynes señaló que el pleno empleo es necesario para el crecimiento del capitalismo, y que solo puede lograrse con la intervención de los gobiernos y los bancos centrales. Durante la posguerra el keynesianismo se extendió a todo el mundo, coincidiendo con el llamado boom de la posguerra, un período de crecimiento sostenido del capitalismo que duró aproximadamente unos 30 años (1945-1975). Al final de este período sobrevino una inflación galopante, producto de los treinta años de políticas keynesianas. Los grandes capitales del mundo necesitaban del desarme arancelario y la desregulación laboral. El terreno parecía fértil para la vuelta del liberalismo, el cual en su nueva modalidad se conocería como sistema económico neoliberal. Las bases ideológicas de este sistema pueden encontrarse en el texto Camino a la Servidumbre (1944) de Friederich Hayek, pero también ha habido otras contribuciones importantes como Capitalismo y Libertad (1962) de Millón Friedman, fundador de la escuela neoliberal de Chicago.

Aunque parezca una casualidad, los inicios del neoliberalismo corresponden al inicio de la dictadura militar más sangrienta que haya conocido nuestro país, y dado que la gestación del golpe se dio en la más insana complicidad entre el imperialismo norteamericano y la oligarquía nacional, tanto industrial como financiera, fue nuestro país el más indicado para llevar a cabo el experimento neoliberal. Como política concreta, el neoliberalismo se inició en América Latina, más precisamente en nuestro país, dominado por la dictadura de Pinochet. Se comenzó aquí la aplicación de los programas neoliberales de manera dura, unos cuantos años antes de la llegada al gobierno en Inglaterra de Margaret Thatcher (1979) y de Ronald Reagan (1980) en Estados Unidos. A continuación, el neoliberalismo fue asumido como modelo hegemónico a escala mundial.

Las razones de la desigualdad social, o los enunciados que prácticamente declaran la necesidad de su existencia, aparecen explícitamente señalados en lo que se conoce como Consenso de Washington. El Consenso de Washington es un paquete de medidas económicas, diez en total, destinado a la eficacia del actual sistema económico que unilateralmente domina el mundo. Originalmente fue creado para su aplicación en América Latina, pero con el tiempo alcanzó importancia general. El autor de esta formulación fue John Williamson (1989), y su título se refiere a un acuerdo, tal vez tácito, existente entre los principales defensores del orden económico actual, radicados geográficamente en Washington, tales como los organismos financieros internacionales (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial), el Congreso de los EEUU, la Reserva Federal y los institutos de expertos económicos. Estas normas económicas, aplicadas en el mundo por los gobiernos neoliberales, benefician ampliamente a las empresas transnacionales, pero causan un daño enorme a los trabajadores y a los intereses de las grandes mayorías. La desigualdad social es el motor del éxito del sistema económico neoliberal y, debido a que este éxito se contrapone con las aspiraciones de los trabajadores, los países con orientación neoliberal como el nuestro, requieren frenar las demandas y movilizaciones de los trabajadores, aun cuando la no satisfacción de estas demandas produzca una importante pérdida para la o las empresas donde se desarrolla el conflicto. Acceder a sus demandas podría significar que trabajadores de otros sectores de la economía, también afectados por las injusticias del modelo, se sumen u organicen sus propias movilizaciones, produciendo así un efecto en cadena que podría afectar las estructuras del modelo, llegando tal vez a destruirlo.

Por lo demás, aun cuando el Consenso de Washington fue planteado inicialmente con una mirada hacia América Latina, éste no ha producido ninguna expansión económica significativa en la región, y sí, en cambio, algunas crisis económicas severas. Muchas de las reformas de este consenso, tales como la privatización de las industrias del estado, la reforma fiscal y la desregulación aseguran el desarrollo de pequeños grupos elitistas de altos ingresos económicos, que tienden a acceder al poder político para mantener las políticas económicas que los privilegian, sufriendo las grandes mayorías el subdesarrollo y la pobreza.

Noam Chomsky, representante emblemático del movimiento altermundista, ve en el Consenso de Washington una forma de abrir el mercado laboral de las economías del mundo subdesarrollado a la explotación de compañías del Primer Mundo. Mediante un bajo valor del dólar, reducción de aranceles y de otras barreras comerciales, se favorece el libre flujo de bienes desde el exterior, siguiendo las fuerzas del mercado. En cambio, la fuerza laboral no tiene la misma libertad, pues no puede moverse libremente a través de las fronteras, debido a restricciones propias de migración en cada nación, con restricciones más duras en los países desarrollados. Como consecuencia de esto, los trabajadores del mundo subdesarrollado permanecen pobres y los del Primer Mundo sufren desempleo. Se genera además un clima económico donde los bienes son manufacturados utilizando mano de obra barata en los países con economías subdesarrolladas o en desarrollo que luego son exportadas al Primer Mundo, para su venta a un mercado inmenso, el balance comercial resultante beneficiando a las grandes multinacionales.

Otras críticas al Neoliberalismo provienen desde los propios defensores del capitalismo, quienes critican el accionar del FMI. Algunas de las más intensas provienen de Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía (2001) y primer vicepresidente del Banco Mundial (1997-2000). Este economista, que adhiere a corrientes económicas neokeynesianas. en 2002 escribió El Malestar en la Globalización, donde afirma que el FMI se pone al servicio de su accionista más grande, los Estados Unidos, en desmedro de las naciones más pobres para servir a las cuales fue diseñado. Líderes políticos izquierdistas en Latinoamérica, tales como el presidente de Venezuela, Mugo Chávez, el presidente de Cuba, Fidel, el de Bolivia, Evo Morales, Rafael Correa de Ecuador, Daniel Ortega de Nicaragua, Tavaré Vásquez en Uruguay, así corno el presidente de Brasil Luiz Inácio da Silva son bien conocidos críticos del sistema económico neoliberal. Lula heredó una economía muy alineada al Consenso de Washington, y sus reformas sociales han sido graduales, de tal forma de no causar disturbios económicos.

En Argentina, las políticas del Consenso de Washington han ido evaporándose desde el colapso económico, puesto que después de esta crisis muchas personas han desaprobado las políticas
neoliberales.

En nuestro país el neoliberalismo tiene expresiones que le son propias, y que, por cierto, van de la mano con la injusticia social. Existe una desmesurada libertad de asociación para el gran capital, pero una débil libertad para la organización de los trabajadores. Por otra parte, el actual sistema electoral permite a directores de sociedades anónimas acceder al congreso e incluso al gobierno, en cambio, los dirigentes sindicales no pueden postular a cargos parlamentarios. La ley electoral, caracterizada por el binominalismo, también juega a favor del sistema neoliberal, puesto que mediante éste, sólo los dos grandes bloques políticos, partidarios de este modelo económico, pueden acceder al poder. El papel de los medios de comunicación es también favorable al modelo en dos direcciones. Por una parte, estos medios promueven este sistema económico, exacerbando cifras que no benefician a la población, condenando y caricaturizando gobiernos de izquierda en Latinoamérica, y estigmatizando las movilizaciones reivindicativas y contrarias al modelo. Por otra parte, los medios de comunicación de mayor difusión abundan en su programación con temas superficiales que tienen un carácter alienante para los receptores de la información. Siendo nuestro país cuna de este modelo, todo esto puede parecer muy natural. Sin embargo, la acentuada contradicción entre los dueños del gran capital y los trabajadores, ha provocado en estos días el llamado de la Iglesia Católica chilena a establecer un “salario ético”. Por otra parte, la expresión de los trabajadores en sus expresión de los trabajadores en sus demandas reivindicativas se hace más efectiva, y desde diversos sectores de la producción nacional surgen posiciones que preocupan a los grandes empresarios. Al menos así lo han expresado éstos, llamando al gobierno a frenar las movilizaciones impulsadas por distintos sectores sociales.

En la medida en que las futuras movilizaciones sean contundentes y bien organizadas, podremos esperar que la contradicción aquí descrita se resuelva en favor de la justicia social

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Como grupo de académicos de izquierda mantenemos desde hace un tiempo una reflexión acerca de la educación superior en Chile. En conocimiento de que otros colegas han estado preocupados por una problemática similar, y han elaborado trabajos al respecto, les invitamos, por medio de esta hoja a debatir en conjunto. Esperamos que este sea el embrión de una futura discusión que no dudamos será enriquecida gracias al debate. Por supuesto que para que este debate rinda frutos, debe incluir a todos quienes estamos por un nuevo sistema universitario, razón por la cual desde ya invitamos a contribuir en números posteriores a quienes entiendan la Universidad de manera no funcional al actual modelo económico. Esperamos que esta publicación sea un aporte para quienes vivimos con entusiasmo y espíritu crítico el quehacer universitario, y ojalá también ella contribuya a instalar en el ambiente académico una discusión que permita resolver profundas contradicciones que todavía se arrastran desde la dictadura, como son los problemas globales de la educación en nuestro país.

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