Los cambios que necesita el sistema de educación superior chileno y las posición de las diferentes candidaturas a la Presidencia.

¿Cuál es el sistema de educación óptimo para Chile y cuáles son los cambios indispensables a realizar para avanzar hacia ese óptimo? Las características que debe tener un sistema de educación superior con equidad y útil para el país, en nuestra opinión, son;

  • Primero, una concepción de la educación ante todo como un bien social, indispensable para el desarrollo integral del país, con dos misiones esenciales : una misión filosófica crítica y una misión impulsora del desarrollo global de la sociedad.
  • Segundo, un Estado que asegure económica y estructuralmente el funcionamiento de este bien social a través de un sistema público de educación, que sea un referente de calidad y que asegure el derecho a la educación superior de los chilenos en base a los méritos y aptitudes de los postulantes, y no en función de sus ideas políticas ideológicas o religiosas ni al nivel socioeconómico que tengan en la sociedad.
  • Tercero, una universidad que cultive todas las disciplinas del conocimiento y del arte, desarrollando un profundo sentido científico y creador, sin condicionar el quehacer universitario a consideraciones de tipo económico, como el autofinanciamiento.

Todo lo anterior, respetando la libertad de crear organismos privados de educación, con las únicas limitaciones de que la calidad de su trabajo no esté bajo los niveles de calidad del sistema público y del respeto a las leyes generales de la República.

Paradojalmente, los cambios a realizar para enfrentar las exigencias del presente y del futuro, respetando las características enunciadas, nos orientan hacia el pasado, es decir, hacia el sistema tradicional de educación superior, basando esta afirmación en dos antecedentes: más de 100 años de nuestra historia universitaria y los modelos de educación vigentes en la mayor parte de los países desarrollados y de Latinoamérica.

Desde la fundación de la Universidad de Chile por Andrés Bello (1842) se instala en el país un sistema de educación superior y una tradición universitaria que perdura hasta 1973 y en la que está reflejada la tradición europea.

A partir de ese momento se estructura en Chile un sistema público de educación superior, estrechamente ligado a la reflexión sobre el rumbo de la sociedad y de la cultura nacional que contribuye fundamentalmente al desarrollo cultural, científico, económico y tecnológico del país, donde el Estado asume plenamente sus responsabilidades económicas y de control del mismo.

Este sistema público no impide la creación de un conjunto de universidades privadas, las que junto con las públicas actúan coordinadamente y alcanzan en 1973 su autonomía financiera.

La evaluación de este modelo, que progresivamente fue democratizando su vida interna y el ingreso a la universidad (aumento en la cobertura y educación gratuita) puede hacerse a la luz de sus logros:

El impulso cultural (creación de orquestas, ballet, teatro, impulso de las letras, etc.) del conjunto de las universidades contribuye a crear un ambiente de tal nivel que permite el surgimiento y desarrollo de verdaderos gigantes de la cultura mundial (Neruda, Mistral, Matta, Arrau, Violeta Parra, etc.)

La calidad de los profesionales permitió abordar empresas gigantescas como la industrialización de Chile ( 40 años), la modernización del campo, con la reforma agraria como principal elemento, y la administración y explotación del cobre nacionalizado.

Ahora bien, si nos limitáramos únicamente la referencia histórica pudiese plantearse legítimamente que este balance sólo es un recuerdo nostálgico del pasado, sin mucha relación con el presente y el futuro, pero, paralelamente y hasta hoy en día, en la estructura universitaria de casi todos los países desarrollados y de América Latina la presencia del estado en la educación superior y en sus otros niveles es preponderante y decisiva y la universidad pública constituye el soporte de la educación superior.

A manera de ejemplo, según datos estadísticos del B.M (año 2000) en una muestra de los 25 países de la C.E.E., más otros como USA, Canadá, México, Japón, Corea, Australia, India, Brasil, Suiza, Indonesia, Cuba, Uruguay, Argentina y Venezuela, el Estado financia el 90% de la educación básica y media y el 70% de la educación superior, lo que posibilita la educación gratuita en la mayoría de ellos.

Los egresados de sistemas públicos poseen, a nivel de la enseñanza media, una formación cultural y de conocimientos junto a la capacidad de análisis superior al de buena parte de los egresados de la educación superior chilena, y la calidad de los egresados de la educación superior los ha transformado en motores de la cultura y el desarrollo en el mundo, todo lo cual evidencia las bondades de esta opción.

El Estado asume en la mayoría de los países mencionados un control sobre la educación, lo que le permite, en beneficio de todo el país, detectar, desarrollar y aprovechar en forma óptima todas las potencialidades intelectuales, artísticas o artesanales de su juventud y colocarlas al servicio de la sociedad.

A la luz de estas experiencias estimamos que la reconstrucción del sistema de educación pública (abortado brutalmente en 1973) representa el verdadero cambio que la educación chilena necesita, postura acogida por el Juntos Podemos Más y por algunos otros candidatos que se encuentran fuera del ámbito de los principales conglomerados políticos.

Los candidatos de la Alianza y de la Concertación no han presentado aún proposiciones de “cambios” realmente en concordancia con la profundidad de la crisis educacional, y sus proposiciones, muchas veces concordantes, no salen del marco del último cambio verdaderamente profundo en la educación, es decir, el cambio impuesto por la dictadura militar con los DFL de 1981, cambio que sin embargo no apuntaba realmente a avanzar en equidad y calidad, sino que perseguía objetivos políticos e ideológicos, como se desprende de algunos documentos de esa época.

Así, en el discurso de Chacarillas, Pinochet plantea que: “sabemos que si no existe una educación congruente con la orientación que estamos imprimiendo a Chile nos exponemos a fracasar pues estaríamos edificando en la arena” y en la directiva presidencial sobre educación nacional de Marzo de 1970 los estudios superiores son concebidos como “una situación de excepción para la juventud y quienes disfruten de ella deberán ganarla con esfuerzo, y además, debe pagarse o devolverse por quien puede hacerlo, ahora o en el futuro”, Más adelante en el DL 4002 sobre la flexibilidad curricular permite que en las municipalidades pobres los contenidos puedan limitarse a aprender a leer, las cuatro operaciones, algo de historia y geografía y reglas de urbanidad y moral, en contraposición con contenidos mucho más ricos para los sectores de altos ingresos,

Es en base a estas ideas centrales (elitización y destrucción del sistema educacional tradicional para facilitar la implantación del nuevo modelo) que se estructuró el modelo neoliberal de educación, donde la Educación no es concebida ni como un derecho ni como un bien social sino como una inversión en capital humano recuperable, con la única concesión que hasta cierto nivel básico, (educación básica en un comienzo), y por ser necesario para el sistema un nivel mínimo de conocimientos y formación, acepta una subvención estatal para los más pobres. No constituyendo el acceso de los pobres a la educación superior una necesidad del nuevo sistema político, no se justifica un subsidio para los sectores que no pueden pagarla.

El profundo carácter elitista de esta concepción se ha ido acentuando a lo largo de estos 30 años, facilitado por el Estado que ha permitido el aumento de los aranceles por sobre el IPC y por sobre el crecimiento del PIB, y el grado que ha alcanzado esta elitización ha sido medido por la encuesta Casen 2000 que indica que aproximadamente 2/3 de los estudiantes de la educación superior pertenecen al quintil superior de ingresos y no más de un 10% de ellos provienen del quintil inferior, que ha accedido a este nivel sobre la base de un gran endeudamiento.

En la destrucción de las universidades provenientes del sector público (tres de ellas están viendo amenazada su existencia) se destacan los siguientes hitos:

En los dos años siguientes al golpe militar, según el anuario estadístico de UNESCO (1980), la razzia alcanza a 11.419 profesores expulsados de los 22.211 en ejercicio en 1974, y tiene una segunda fase importante en los años 80, después de los DFL, de 1981.

Desde 1981 comienza a operar un elemento especialmente eficaz en este proceso destructivo, que es la disminución gradual del aporte fiscal, no sólo a las universidades públicas sino también a las privadas del Consejo de Rectores (del 2% del PIB hasta cerca del 0,5% del PIB), a tal extremo que la Universidad de Chile hoy en día sólo financia el 15% de su presupuesto con este aporte.

A lo largo de estos casi 40 años el control férreo de la gestión de las universidades derivadas de la U. de Chile y Técnica a través de la Contraloría, en oposición a la libertad sin control de las nuevas universidades privadas, no sólo ha permitido el desarrollo y la realización de excelentes negocios, sino que ha permitido el traspaso progresivo de recursos fiscales a las nuevas universidades privadas (AFI de un 50 %, donaciones, franquicias en las contribuciones, etc.), todo esto en detrimento del aporte a lo que queda de las universidades públicas y sin que este trato preferencial esté avalado por una mayor calidad de las nuevas universidades.

La responsabilidad en la mantención de este modelo por casi 30 años es compartida por la alianza y la concertación. Para los primeros el modelo neoliberal es su hijo legítimo, construido a imagen y semejanza de los intereses materiales e ideológicos que representan, en tanto que para la Concertación es un modelo sano que ha sido administrado por ella por casi 20 años con la excusa de declarar que los excesos del mercado eran controlables.

En vísperas de las elecciones cabe preguntarse:

¿Cuáles son los grandes cambios que ofrecen los dos principales

conglomerados políticos para superar el desastre en la educación

superior y en todo el sistema educacional?

¿Cómo superar la segregación educacional y la baja calidad en la formación a todos los niveles, reflejo de lo cual es que el 80% a 90% de la población (un 30% entre estudiantes de la educación superior) son analfabetos funcionales?

¿Cómo pretender que Chile llegará a ser un país desarrollado si la formación de doctores está a años luz de la de países más pequeños y con menos riqueza y número de habitantes que Chile (Holanda, Suecia, Finlandia, etc.), si cuenta con menos del 50% del número de científicos necesarios para el grado de desarrollo actual y si la calidad de los profesionales que forma está por debajo de los estándares internacionales? (Banco Mundial 1999).

La Alianza y la Concertación no han dado a conocer aún proposiciones que se orienten a resolver la profunda crisis educacional, cuyas principales características son las señaladas más arriba y las que se conocen distan mucho de ser los grandes cambios prometidos, pues son pocas en cantidad y pobres en contenido. En consecuencia, sólo queda inferir sus políticas educacionales, en el caso que ganen las elecciones, por sus comportamientos los últimos 20 años en el gobierno o el parlamento.

Entre las soluciones que la Alianza propone está el aumento de la subvención escolar al doble, cantidad que a la luz del conflicto por las asignaciones no pagadas desde el 2007 indica que, en las comunas más pobres, alcanzaría escasamente para pagar el sueldo de los profesores y parte de la deuda. Fuera de esta proposición se culpabiliza exclusivamente a los profesores, al estatuto docente y a los 20 años de concertación por la situación y la baja calidad de la educación, insinuando, sin decirlo abiertamente, que la nueva razzia sería el camino para un cambio profundo en la educación (LGE y la autorización para que cualquier profesional pueda integrarse a la educación). Si bien la Concertación es cómplice del desastre, y hay un número importante de profesores que ya debiera haber jubilado (si las jubilaciones permitieran vivir con cierta dignidad) y la calidad de los nuevos profesores no puede lograr ser superior a la calidad del sistema de educación superior (deteriorado por la aparición de las nuevas universidades privadas), el desastre no se origina en 1990 sino en Septiembre de 1973 y muy particularmente en 1981, y forma parte de la obra de Pinochet que Piñera valora.

Otra de las proposiciones conocidas se origina en la crítica al papel que el estado juega en el manejo de los recursos de investigación e innovación, y en su decisión que los privados reemplacen al Estado, lo que sólo puede augurar un nuevo cercenamiento de la presencia del Estado en la creación de conocimiento.

La Concertación se encuentra aún en la etapa de afinamiento de su programa, pero, respecto de educación, su prontuario permite asegurar que en su programa no estarán presentes los cambios indispensables.

Como referencia a la ninguna capacidad para realizar estos cambios basta referirnos a la actitud de la Alianza y la Concertación, que actuaron de consenso (tomados de la mano) para aprobar la L.G.E.

En el momento de elaborar esta ley no fueron considerados ni los planteamientos de los estudiantes (movimiento de los pingüinos) ni los del consejo asesor presidencial para la calidad de la educación, y la Alianza impuso a la Concertación sus posiciones centradas en la defensa de la educación privada y en cerrar las puertas a toda posibilidad de comenzar a reconstruir un sistema público de educación.

Más profundas apuntando muchas veces a los problemas más cruciales de la crisis son las opiniones personales de algunos especialistas en educación y algunos planteamientos del movimiento Educación 2020, pero dejaremos para otro artículo el análisis de éstos y, sobre todo, el por qué no pueden imponerse en los marcos de un modelo neoliberal de educación y cómo muchos de ellos han sido implementados desde unos 50 años en los marcos de los sistemas públicos de educación del mundo.

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Como grupo de académicos de izquierda mantenemos desde hace un tiempo una reflexión acerca de la educación superior en Chile. En conocimiento de que otros colegas han estado preocupados por una problemática similar, y han elaborado trabajos al respecto, les invitamos, por medio de esta hoja a debatir en conjunto. Esperamos que este sea el embrión de una futura discusión que no dudamos será enriquecida gracias al debate. Por supuesto que para que este debate rinda frutos, debe incluir a todos quienes estamos por un nuevo sistema universitario, razón por la cual desde ya invitamos a contribuir en números posteriores a quienes entiendan la Universidad de manera no funcional al actual modelo económico. Esperamos que esta publicación sea un aporte para quienes vivimos con entusiasmo y espíritu crítico el quehacer universitario, y ojalá también ella contribuya a instalar en el ambiente académico una discusión que permita resolver profundas contradicciones que todavía se arrastran desde la dictadura, como son los problemas globales de la educación en nuestro país.

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