La Crisis Económica en Chile. Por Ricardo López

No son pocos los esfuerzos que realizan sectores neoliberales, de derecha y de la Concertación, para hacernos creer que la crisis en Chile ya habría tocado fondo y que los efectos en ‘nuestra economía serían mínimos.

En un principio señalaron que estábamos blindados, luego que la crisis nos afectaría sólo en mínima medida, para finalmente señalar que nuestra economía está desacoplada del resto de las economías del mundo y que la recuperación, en Chile, ya se habría iniciado.

No importando lo falaces que son las afirmaciones anteriores, la máquina mediática surte efecto: la aprobación de la gestión de la Presidenta y del Ministro de Hacienda en porcentajes de 60% son la prueba del poder de influencia de los neoliberales en nuestro país. Por ello, resulta de vital importancia, de cara a las próximas elecciones y al objetivo de romper el binominalismo, que saquemos a la luz la realidad de esta pandemia económica en todas sus expresiones y fundamentalmente en sus dos expresiones más caras para el pueblo chileno: el carácter de crisis de derechos humanos y la cesantía.

Crisis económica: una crisis de derechos humanos.

Recientemente, en su informe anual 2009, Amnistía Internacional ha afirmado que ¡a actual recesión es una crisis de derechos humanos.

En este informe denuncia que “los ricos han causado la mayor parte de la destrucción pero son los desfavorecidos los que sufren las principales consecuencias”.

Las cifras que se señalan en este informe son abrumadoras: hoy existen, en el mundo, 53 millones de nuevos pobres y vaticina que llegarán a existir 51 millones de personas que perderán su empleo durante este año.

Las críticas de este informe al FMI y al Banco Mundial los señalan como cómplices de políticas que han renunciado a la regulación económica y financiera a favor de las fuerzas del mercado, y que en general los gobiernos han fracasado a la hora de proteger los derechos humanos, la vida y el sustento de las personas.

 

En este informe, Amnistía Internacional se hace cargo de una crítica histórica de la izquierda al concepto tradicional de derechos humanos que los circunscribía al terreno civil y político y olvidaba necesidades básicas del ser humano como la salud, ia alimentación, la vivienda y la educación.

Amnistía Internacional puntualiza que esta nueva visión sobre derechos humanos incorpora los derechos’ económicos y sociales a los tradicionales derechos civiles y políticos. Señala, además, que esta nueva visión es suscrita por la mayoría de las naciones, con la excepción intrigante de los EE.UU.

La organización critica “las políticas, abiertas o solapadas, de discriminación, marginación y exclusión que han sido adoptadas por los estados y aplicadas con la connivencia de empresas o actores privados”.

En particular, no ahorra críticas sobre las políticas de ajuste promovidas por el BM y el FMI, políticas que han debilitado las redes de seguridad social, fomentando la privatización de servicios públicos, la desregulación de las relaciones laborales y la reducción de los mecanismos de seguridad social.

Todo lo señalado por Amnistía Internacional ha ocurrido y sigue ocurriendo en Chile, la previsión social se ha privatizado con efectos desastrosos para los trabajadores chilenos.

El Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo, CENDA, ha señalado que el sistema de AFP impuesto por la dictadura pinochetista y mantenido por cuatro gobiernos de la Concertación, se basa en dos concepciones utópicas que la crisis ha demostrado equivocadas:

1.- La ilusión que en el largo plazo los mercados accionarios tienen la estabilidad suficiente y son capaces de entregar elevadas rentabilidades. Esto no es así, en los últimos 100 años los mercados estuvieron a la baja durante más de 60 años y la rentabilidad promedio alcanzada es de 1% anual.

2.- La ilusión que la industria privada de seguros es capaz de garantizar las pensiones vitalicias. En la práctica, las principales empresas de seguros han caído en la insolvencia, así lo demuestra la hecatombe de AIG y la caída en más de un 90% en el precio de las acciones de ING, Principal Financiáis y Metlife, estas tres últimas concentran más del 50 % de las rentas vitalicias en Chile.

En Chile se han privatizado sectores económicos que constituían robustos mecanismos de seguridad y solidaridad social: la salud, la educación, los transportes, los servicios públicos básicos (agua, luz, energía, comunicaciones) y hoy el pueblo chileno se encuentra en total indefensión para sanarse, educarse, transportarse y soportar las maniobras monopólicas y abusivas de los consorcios privados que manejan el agua, la luz, el gas y las comunicaciones.

La verdad es que, cuando el BM y e! FMI nos felicitan por el exelente manejo económico, o cuando la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) nos invita a ser miembros de ese exclusivo club, siempre que cumplamos con algunas condiciones como la de una mayor desregulación de las relaciones laborales, no debemos alegramos, más bien debemos preocuparnos, y mucho.

Servicios públicos que eran considerados derechos de los chilenos, sobretodo de los trabajadores, hoy son mercancías que se transan con un solo objetivo: el lucro.

Por lo anterior, los chilenos debemos conocer muy bien los programas económicos de los distintos candidatos a la presidencia, antes de emitir nuestro voto. Un programa que termine con las privatizaciones, que recupere el cobre, que desarrolle un sistema público de previsión, que desarrolle un sistema público y de calidad en la educación, entre otras, son medidas que harán la diferencia en el futuro de nuestros hijos.

Crisis económica: la cesantía.

Justo cuando la ortodoxia neoliberal, utilizando todo su poder mediático. nos comunicaba que habían decretado el fin de la crisis económica, aparecen los datos sobre cesantía del trimestre móvil (Febrero-Abril) que publica el Instituto Nacional de Estadísticas, INE.

Los datos pusieron nerviosos a todos, especialmente a la ministra del ramo. No es para menos, más del 75% del país tiene cesantía sobre los dos dígitos (mayor a 10%).

“Llamamos a quienes no estén apremiados a que no presionen el mercado laboral, porque eso hace más difíciles las cosas” señaló la Ministra del Trabajo.

¿Qué es lo que se hace más difícil? La respuesta es una sola: las estadísticas. La ministra demuestra estar más preocupada por los índices que por generar puestos de trabajo.

 

Los desocupados son hoy 716.000 y se espera que durante el invierno lleguen a superar el millón de desempleados.

Los sectores más golpeados son la construcción, el comercio, la agricultura, la industria y los servicios (privatizados) de transportes, electricidad, gas y agua.

Mientras ia producción industrial cayó un 11,1% en abril, se proyecta un índice mensual de actividad económica (IMACEC) de menos 5%.

Nueve de catorce regiones del país anotaron crecimientos negativos de la actividad económica. En esta caída sobresalen Los Lagos con un 16,6%, Arica con un 14,6% yAntofagasta con un 11 %.

El ex presidente del Banco Central, Vittorio Corbo, ha señalado: “…el peak del desempleo ocurrirá a mediados del 2010. No hay ninguna evidencia de que la crisis haya tocado fondo”.

La cesantía continuará aumentando, porque la crisis en Chile será más larga dado el carácter exportador de materias primas de nuestra economía, deberemos esperar la recuperación de las economías desarrolladas hasta que les vuelva el apetito por nuestras riquezas básicas.

Pero también la cesantía aumentará, debido a que hoy las condiciones de despido son favorecidas por la externaiización y subdivisión extrema que ocurren en el ámbito laboral.

La crisis se prolongará hasta que las tasas de ganancia del capital vuelvan a los niveles esperados por los grandes empresarios.

Mientras tanto, las fusiones y adquisiciones continuarán el proceso de concentración de la riqueza – los peces grandes tragando peces chicos -así como los despidos (por razones de la empresa) para asegurar la plusvalía que los capitalistas consideran que sus inversiones deben rentar.

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Como grupo de académicos de izquierda mantenemos desde hace un tiempo una reflexión acerca de la educación superior en Chile. En conocimiento de que otros colegas han estado preocupados por una problemática similar, y han elaborado trabajos al respecto, les invitamos, por medio de esta hoja a debatir en conjunto. Esperamos que este sea el embrión de una futura discusión que no dudamos será enriquecida gracias al debate. Por supuesto que para que este debate rinda frutos, debe incluir a todos quienes estamos por un nuevo sistema universitario, razón por la cual desde ya invitamos a contribuir en números posteriores a quienes entiendan la Universidad de manera no funcional al actual modelo económico. Esperamos que esta publicación sea un aporte para quienes vivimos con entusiasmo y espíritu crítico el quehacer universitario, y ojalá también ella contribuya a instalar en el ambiente académico una discusión que permita resolver profundas contradicciones que todavía se arrastran desde la dictadura, como son los problemas globales de la educación en nuestro país.

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