Externalizacion de la investigación y la docencia universitarias: Un paso más en el deterioro de la Educación Superior. Por Gustavo Quintana

El problema planteado entre el gobierno (ministros de Educación, de Economía y CONYCYT) y el consejo de rectores por las modalidades de distribución del royalty para el desarrollo de la investigación y la innovación, ilustra un nuevo paso en la aplicación del modelo neoliberal en la educación universitaria, como lo es la externalízación de funciones universitarias, y, en este caso concreto, la externalízación de la investigación.

Colocar como condición que quienes postulen a estos recursos sean entidades con personalidad jurídica presiona a las universidades para desvincular a sus investigadores y puedan así constituir las citadas entidades, so pena de ver disminuidos sus fondos de investigación. Para el rector de la Universidad de Chile esta medida significa el inicio del desmantelamiento de los grupos de excelencia de las universidades y el aislamiento de los investigadores respecto de los estudiantes, medida que se ha visto facilitada con la exclusión de científicos del Consejo Nacional de Innovación, organismo manejado por economistas incondicionales del actual modelo. Coincidentemente, para el rector de la Universidad Católica de Santiago esta modalidad implicaría la desvinculación contractual de la universidad de un grupo importante de sus mejores investigadores. La externalización de las funciones académicas no es un fenómeno nuevo, ha venido desarrollándose progresivamente en la docencia desde comienzo de los años 80 y constituye una de las principales causas del deterioro de la calidad de los profesionales universitarios.

La tradición universitaria de asumir la responsabilidad de la formación de su cuerpo académico, contemplando en sus jornadas de trabajo el tiempo necesario, tanto para la integración a proyectos creativos o grupos de investigación, como para una formación superior sistemática (magíster, doctorados, post-doctorados, etc.), todo esto controlado por una exigente carrera académica,  ha ido  desapareciendo en Chile en los últimos 20 años a medida que las políticas neoliberales han sido impuestas y los criterios de mercado han reemplazado a los de calidad.

Hoy día en la mayoría de las universidades se privilegia la docencia, entendida ésta solo como el contacto entre profesor y alumno durante la hora de clase, con un estudiante pasivo, y un profesor que luego de entregar su materia debe partir a dictar otra clase, en esa u otra universidad. Bajo criterios mercantilistas, las universidades han ido aumentando su matrícula de año en año a tales niveles que han terminado por contratar cada vez más profesores sin mayor preparación académica, que a lo sumo tienen un postgrado, pero que en la mayoría de los casos solo tienen alguna experiencia profesional, o son profesionales recién egresados. Por razones de mercado las condiciones laborales son precarias: contratos a honorarios por 8 a 10 meses por año, ausencia de previsión, bajos salarios, etc. Y estos profesores no forman parte de la planta regular de la universidad ni tienen derechos políticos al interior de ella. En estas condiciones se ven obligados a sobrecargarse de docencia y resulta ilusorio pensar en  una autoformación.

En las condiciones descritas el nivel intelectual y cultural general, en la gran mayoría de las universidades, se ha deteriorado a límites impensables, al extremo que los efectos del analfabetismo funcional que   existe en Chile   -un 80% de la población- se manifiestan también entre los estudiantes de la mayoría de las universidades. Según cifras que maneja la comisión de acreditación, y estudios desarrollados por los investigadores Irene Trufello y Claudia Gilardono, el 68% de los alumnos tiene problemas para expresarse, el 61% carece de raciocinio lógico matemático y la mayoría sólo desarrolla un conocimiento de tipo superficial, es decir, solo memoriza y carece de análisis crítico, es decir, de opinión. Los hábitos de lectura tampoco se desarrollan, y, a lo menos, el 42% de los estudiantes de las nuevas universidades privadas no lee diariamente, e incrementa con ello su analfabetismo funcional.

La gravedad del proceso de externalización de la investigación que intenta implantarse desde hace algunos años, no solo tiene relación con el hecho de que aproximadamente el 85% de la investigación del país se desarrolla en la universidad, sino que las consecuencias mas graves radican, por una parte, en los efectos que un nuevo debilitamiento de la investigación universitaria tendrá en la calidad de la docencia y de los profesionales egresen y, por otra, en las nuevas limitaciones que esta política planteará al esfuerzo que todavía realizan algunas universidades para superar el déficit de investigadores, lo que de acuerdo a una estimación del Banco Mundial (1998) debiera duplicarse para responder, a lo menos, a las necesidades del desarrollo económico del país.

La relación indispensable entre investigación y creación de conocimiento y calidad de los profesionales formados ha sido y es una constante en todas las universidades del mundo. Ortega y Gasset planteó hace casi 100 años que si bien el objetivo principal de la universidad es formar profesionales y hombres cultos, la universidad es más que eso, es además investigación y creación de conocimiento. En este contexto agrega que para él la investigación y la creación constituyen la dignidad y el alma de la universidad.

Pilar Armanet, responsable hasta hace poco tiempo del Consejo Superior de Educación, reafirma estas ideas al plantear el 2002 que “de las aproximadamente 60 universidades no todas son verdaderas universidades, pues la universidad como tal tiene que hacer investigación y crear conocimientos y las universidades docentes obedecen a otros criterios”. Alejandro Lipschütz plantea con mucha claridad la estrecha relación entre ciencia, investigación y calidad de los profesionales que la universidad forma: “La enseñanza universitaria profesional (pregrado) no consiste en dictar solo clases para exponer las conclusiones a las cuales ha llegado la ciencia en el campo respectivo y enseñar cómo se aplican estas conclusiones para curar enfermos, construir puentes, cancelar   pleitos y enseñar a los niños. La enseñanza universitaria es hoy día (1943) mucho más compleja. No se trata de exponer doctrinas, sino se trata de hacer vivir a los jóvenes, en la universidad, la vida de la ciencia misma “

Esta cualidad, que constituye una de las características esenciales de la universidad, ha chocado permanentemente con el modelo educacional, el que ha tratado de aplastar sistemáticamente la investigación universitaria destinando a ella recursos muy por debajo de las necesidades del país y de las posibilidades económicas del Estado, permitiendo la existencia de universidades donde la investigación sólo es optativa (Ley de acreditación de la Calidad) y creando programas (a instancias de los organismos monetarios internacionales – B.M.) que han jugado el papel de avanzada en el desmantelamiento de la investigación universitaria (Institutos Milenium).

Los efectos de la aplicación de estas políticas en la calidad de los profesionales son también claros. Las universidades cuyos egresados aún mantienen un nivel de calidad comparable al de egresados de buenas universidades en todo el mundo se encuentran entre las 25 universidades del consejo de rectores, que desarrollan el 90% de la investigación de calidad en Chile (proyectos Fondecyt y publicaciones I.S.l.) mientras que los profesionales que egresan de las aproximadamente 40 nuevas universidades privadas, hijas legítimas del modelo y que desarrollan sólo un 3,5% de ésta investigación (salvo 4 o 5 ) forman los profesionales que tienen los mayores problemas para insertarse en el mercado laboral.

En relación al déficit de investigadores es ilustrativo señalar cómo se generó y cómo el modelo educacional, a través de la subsidiariedad del Estado y la privatización de la educación superior ha sido incapaz de superarlo después de 25 años de su aplicación. Tres fuentes son las responsables del déficit actual: las exoneraciones de 1973-1975, la jubilación casi total de la generación de investigadores que sobrevivió a esta exoneración (no en vano han transcurrido casi 35 años) y la inexistencia de una política eficaz de reposición o formación de una nueva generación de investigadores. Según Unesco, en el periodo 1973-1975 se produce una disminución de cerca del 50% del activo de académicos en todo el sistema universitario nacional y su reemplazo por no más de un 10% de los académicos exonerados, de menor nivel, y destinados fundamentalmente a cubrir las actividades docentes de los que partieron. La incapacidad del Estado para superar este déficit, en el marco del modelo educacional vigente desde 1981, se sintetiza muy bien en las palabras de Eric Goles en el seminario “La universidad piensa a Chile” al plantear que con 50 doctores que se formaban al año 1997 no se iba a ninguna parte. Más aún, si se compara esta cifra con las estimaciones de Jorge Allende (1991) (Premio Nacional de Ciencias) o de Mario Letelier (1992) que planteaban (para una matrícula que era la mitad de la actual y un menor desarrollo económico) que la superación del déficit de doctores (puerta casi indispensable para iniciarse en la investigación) implicaba formar entre 150 y 500 por año, se podrá evaluar mejor la magnitud del déficit.

Finalmente, frente a estos intentos de externalizar la investigación universitaria podemos concluir que ni la magnitud de las cantidades en litigio en esta controversia (US$ 20 millones), tan lejana del 2% a 3% del PIB indispensable en investigación (R. Rebolledo – S. Edwards – J. Cademártori – la comunidad científica, etc.) ni las nuevas modalidades de distribución, que se orientan hacia la externalización de la investigación, contribuyen a resolver el déficit de investigadores y sí son una amenaza para la calidad de los futuros profesionales. Solo indican que nuevamente se trata de satisfacer las indicaciones del B.M., atender las necesidades e intereses de una élite de investigadores afortunados, o militantes del neoliberalismo, pero que no existe voluntad política para desarrollar una política universitaria que responda a las verdaderas necesidades de desarrollo del país.

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Como grupo de académicos de izquierda mantenemos desde hace un tiempo una reflexión acerca de la educación superior en Chile. En conocimiento de que otros colegas han estado preocupados por una problemática similar, y han elaborado trabajos al respecto, les invitamos, por medio de esta hoja a debatir en conjunto. Esperamos que este sea el embrión de una futura discusión que no dudamos será enriquecida gracias al debate. Por supuesto que para que este debate rinda frutos, debe incluir a todos quienes estamos por un nuevo sistema universitario, razón por la cual desde ya invitamos a contribuir en números posteriores a quienes entiendan la Universidad de manera no funcional al actual modelo económico. Esperamos que esta publicación sea un aporte para quienes vivimos con entusiasmo y espíritu crítico el quehacer universitario, y ojalá también ella contribuya a instalar en el ambiente académico una discusión que permita resolver profundas contradicciones que todavía se arrastran desde la dictadura, como son los problemas globales de la educación en nuestro país.

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