Editorial (CdE nº9)

La globalización de la economía mundial ha tenido como consecuencia algo que sus impulsores y panegiristas probablemente no esperaban: las crisis cíclicas del sistema capitalista han llegado a un alto grado de sincronización. Esto se observa con toda claridad en la actual crisis: todas las economías del mundo están entrando de lleno en crisis prácticamente al mismo tiempo. Esta sincronización ciertamente agudiza sus efectos, puesto que los medios económicos escasean en todos los países a la vez y no pueden ser traspasados de uno a otro.

Los gobiernos de los distintos países han comenzado a aplicar medidas con el objeto de detener o, al menos, suavizar sus efectos. Lo curioso es que estos gobiernos, incluso aquellos que están más identificados con el neoliberalismo; están aplicando precisamente medidas anti-neoliberales. Se han visto obligados a hacer intervenir el Estado, poniendo a disposición de los bancos que están en problemas enormes cantidades de dinero, dinero que proviene, por supuesto, de los contribuyentes. Incluso en algunos países se está llegando a nacionalizar ciertas empresas para evitar su quiebra, de modo de no aumentar de modo excesivo el número de cesantes. Este tipo de medidas ha provocado una polémica sumamente acida entre los dirigentes de los partidos que gobiernan en una serie de países del primer mundo: las nacionalizaciones y la regulación del Estado van en contra de la ideología neoliberal dominante en esos países.

Pero si ellos toman estas medidas es porque no ven otra alternativa, resultando así que el sistema capitalista, de “libre mercado”, no se autorregula tan bien como lo predican los ideólogos del neoliberalismo. Un análisis en profundidad de este fenómeno se encontrará en uno de los artículos de este número. Pero podemos ya adelantar que la verdadera y definitiva solución de este tipo de crisis se encuentra en el abandono definitivo de los dogmas del libre-mercado absoluto. El estado debe tomar parte -activa en el proceso económico, no puede mirar para el lado mientras la población sufre las consecuencias de la codicia y la irresponsabilidad de los grandes agentes económicos. El estado debe también hacerse responsable de varios otros sectores, donde el mercado no ha resultado precisamente ser un buen distribuidor de los recursos, como es el caso de la educación y la
salud, por ejemplo.

La próxima elección de presidente y de parlamentarios debería servir para debatir acerca de las medidas que es preciso tomar en estos momentos de crisis y para plantear que ésta no se superará haciendo remiendos al modelo neoliberal, sino construyendo un modelo diferente. Otro mundo es posible, es la consigna natural que fuerzas progresistas en el mundo plantean en referencia al fracaso del sistema económico neoliberal.

Nuevamente estamos en vísperas de elecciones presidenciales, y la disyuntiva parece seguir siendo la misma: o un nuevo gobierno de la Concertación, o un gobierno de la derecha. Hasta ahora la izquierda extraparlamentaria no logra alzarse todavía como una verdadera alternativa en el plano presidencial. Solo que el proceso de acercamiento a otros sectores políticos ha ido dando frutos y permeando la propia izquierda de la concertación. Los pactos electorales, aunque circunscritos e instrumentales, apuntando preferentemente a la supresión del sistema binominal, permiten avizorar la posibilidad y beneficios de la construcción al futuro de una importante alianza estratégica hacia la izquierda. Se puede decir, sin embargo, que para los chilenos el Juntos Podemos y el Partido comunista tienen ahora una presencia mucho más concreta y real. Ciertamente que es todavía minoritaria, pero existe y su presencia se hace visible y evidente desde hace algún tiempo, (en especial para la elección de Lagos y Bachelet) en el segundo turno de la elección presidencial.

¿Cuál es la disyuntiva actual, para los dos principales conglomerados del bloque de poder?

La derecha pensaba que con un candidato como Sebastián Piñera el triunfo era carrera corrida, le fue bien y esta idea predominó mientras fue el único candidato en liza. Pero desde que Frei irrumpió, el panorama presidencial cambió. No que Piñera bajara en las encuestas, pero su ascenso se detuvo y, como dice Roberto Méndez, director de Adimark, nos encontramos ante un nuevo escenario “que aun no ha terminado de asentarse. Sobre todo porque la irrupción de Frei ha sido verdaderamente sorprendente.” Sus respuestas a la revista Cosas, de enero del 2009, revelan esta preocupación. Nos acercamos a un resultado estrecho, dice, Piñera puede ganar, pero “debe dar un giro”.
Sin embargo, los resultados, de al menos las dos últimas elecciones presidenciales revelan una situación detenida; un equilibrio, casi un empate, que le impide a la derecha salir del impasse en que se encuentra. Si la alianza se muestra agresiva en la contingencia política, es incapaz de obtener la codiciada alternancia en el poder, que tanto la desvela. Esto porque hay una situación de base que contribuye a mantener las cosas tal como están. Por una parte, al aplicar la Concertación un modelo que no es suyo, sino más bien de la derecha, el modelo neoliberal, e incluso de una manera porfiadamente ortodoxa, satisface los poderes tácticos y económicos, que no ven una lógica en el afán por cambiar. Por otra parte, los sectores más derechistas de la concertación ven que la clave del éxito está en seguir así y por eso tampoco insisten en que sea necesario cambiar el status quo. Por otra parte, existe el temor a la mala sombra del pinochetismo que se cierne detrás de cualquier gobierno de la derecha en donde esté la UDI. Así lo presiente Roberto Méndez en la entrevista mencionada. Al comentario “Pero, por otro lado, para Piñera fue un triunfo tener el apoyo casi unánime de la UDI y despejar el camino de posibles competidores.,.” RM responde, “Claro, fue un éxito haber incorporado a la UDI, pero el tema es cómo se incorpora a ese partido sin que su candidatura pierda el perfil independiente que había logrado construir. Ese desafío no parece bien resuelto.” En este sentido, un posible gobierno de la derecha depende de eliminar las huellas de su pasado, como lo hizo Sanar en España, quien logró eliminar toda sombra de franquismo. Por supuesto la reciente elección de Jovino Novoa como presidente del Senado no ayuda en nada.

Esto no quiere decir que ya esté seguro que sea la Concertación la que va a ganar. La contienda, sin ser desigual, va a ser estrecha. Por eso, justamente, se requiere una buena votación del Juntos Podemos, de tal manera que un nuevo pacto en vísperas del segundo turno permita incorporar a la agenda de gobierno algunos de nuestros puntos programáticos, sobre todos los que van en el sentido de aminorar sensiblemente la influencia del modelo neoliberal en el manejo de la economía y política chilenas. Acerquémonos a nuestros vecinos del barrio, quienes han ha acentuado la dirección hoy casi dominante en el continente latinoamericano con el triunfo del Frente Farabundo Marti en El Salvador.

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Como grupo de académicos de izquierda mantenemos desde hace un tiempo una reflexión acerca de la educación superior en Chile. En conocimiento de que otros colegas han estado preocupados por una problemática similar, y han elaborado trabajos al respecto, les invitamos, por medio de esta hoja a debatir en conjunto. Esperamos que este sea el embrión de una futura discusión que no dudamos será enriquecida gracias al debate. Por supuesto que para que este debate rinda frutos, debe incluir a todos quienes estamos por un nuevo sistema universitario, razón por la cual desde ya invitamos a contribuir en números posteriores a quienes entiendan la Universidad de manera no funcional al actual modelo económico. Esperamos que esta publicación sea un aporte para quienes vivimos con entusiasmo y espíritu crítico el quehacer universitario, y ojalá también ella contribuya a instalar en el ambiente académico una discusión que permita resolver profundas contradicciones que todavía se arrastran desde la dictadura, como son los problemas globales de la educación en nuestro país.

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