Editorial (CdE nº8)

Si bien es cierto que Cuadernos de Educación trata, como su nombre lo indica, de opiniones acerca de la conducción de la política educacional de Chile, queremos en este número ampliar el espectro y poner en el círculo de nuestros lectores un tema que, como equipo, nos ha venido preocupando desde hace algunos meses y ha sido parte importante en nuestras reuniones de trabajo: se trata del conflicto in crescendo del control de los energéticos y el transporte de estos en la zona euro-asiática, cuya punta de iceberg, o cara visible, ha sido el conflicto armado entre las naciones de Georgia y Rusia.

Nos vemos en la obligación de tratar este tema, particularmente por dos razones. La primera, por la importancia del tema en sí mismo y sus implicaciones en el orden político mundial, y la segunda, de salirle al paso a declaraciones, opiniones e informaciones caricaturescas, deformadas y desinformadas, sesgadas, etc. de la prensa local, que evidentemente bajo la batuta de los grandes medios, proclives a políticas mercantilistas y bélicas, han descontextualizado de tal modo el conflicto que pareciera que se trata de un conflicto de los años 50 o 60.

Hagamos un breve cronograma de los hechos: desde el 15 al 31 de julio EE.UU. y Georgia realizan maniobras militares conjuntas en zonas muy cercanas a Osetia del Sur. El 7 de agosto efectivos georgianos la invaden con un saldo de 2000 pérdidas humanas, varios miles de refugiados y otros tantos sin hogar. El 8 de agosto las tropas rusas intervienen en Osetia del Sur y en Georgia. El 14 de agosto Varsovia y Washington firman el acuerdo que permitirá estacionar misiles interceptores en territorio polaco. Cabe destacar que en la prensa local llamaron a esto un “escudo antimisiles”. Es claro que no se trata de algún campo de fuerza o “paraguas” diseñado para proteger a la población europea, sino más bien de misiles que, eventualmente, destruyen otros misiles, y que, sin embargo, pueden perfectamente pasar a ser armas ofensivas, a corta distancia de las fronteras de Rusia. También cabe destacar la irresponsabilidad del gobierno polaco al tomar esta medida desfavorable para su propia población. Rusia sin duda tendrá que apuntar parte de su arsenal de misiles contra Polonia.

El 26 de agosto Moscú reconoce oficialmente la independencia de Osetia del Sur y de Abjasia, territorios que Tiflis, capital de Georgia, reclama para sí. El 27 y el 28 de agosto comienzan los movimientos de buques de guerra rusos y estadounidenses en el Mar Negro.

La prensa local no ha sido lo suficientemente imparcial a la hora de presentar el conflicto entre las fuerzas armadas georgianas y las rusas. Se ha planteado como una grave injusticia y un accionar criminal de parte de la gran potencia rusa, que no puede quedar impune y que, sin duda, los “buenos” debiesen darle el castigo que merece. Es claro que este que esto es algo habitual en las redacciones periodísticas: la descontextualización de los hechos y el poner dos o tres imágenes del conflicto para establecer una máxima general.

Así las cosas, fue el presidente de Georgia Mijaíl Saakashvili, posiblemente muy influenciado por la Casa Blanca, quién erró los cálculos al suponer una actitud protectora más enérgica por parte de EE.UU., y ordenó, en consecuencia, un ataque contra Osetia del Sur y Abjasia. Además, Saakashvili pensó que Rusia, en tregua olímpica, no replicaría el ataque. Sin duda, Rusia no cometió el mismo error que  frente a Yugoslavia. Ante el gran contragolpe, no quedó más remedio que llamar a EE. UU. y sus aliados de la OTAN para calmar el embate ruso. Se trasladó, de este modo, un conflicto local a un conflicto de carácter mundial con dos superpotencias en posiciones antagónicas.

Todo esto pasa a ser la guinda de una torta muy compleja, que integra las elecciones en EE.UU. y la grave crisis económica que afecta a dicho país, la crisis energética y alimentaria que afecta al mundo, la dependencia europea, tanto de la OTAN en términos geopolíticos, como del bloque ruso en términos energéticos, la alzada izquierdista de América Latina, la reactivación de la vigilancia de América Latina mediante la IV Flota estadounidense, etc. etc.

Es evidente que EE.UU. ha puesto en marcha la maquinaria de guerra para reactivar su alicaída economía y fortalecer al candidato republicano Mc Cain, en desmedro de  Barack Obama, en un clima adverso para el poderío norteamericano.

Sin embargo, desde la perspectiva de otras potencias, como Rusia, se puede tratar de un período de transición en que está en juego un nuevo orden mundial, con enroques en el plano geopolítico. Rusia no podía dejar pasar el aventurerismo norteamericano, con su claro afán de saquear los recursos naturales de Osetia del Sur y Abjasia y hacerse del control del transporte y extracción de los hidrocarburos del este europeo. Esta área es muy sensible a los intereses rusos y está dentro de su esfera de influencia. Además, la política exterior de Rusia es clara en el hecho de que no acepta  un mundo unipolar, y sin duda, el accionar  de EE.UU. va en esa dirección.

Se ha planteado con una irresponsabilidad abismante, que se trata de una nueva Guerra Fría y esta caracterización del conflicto pasa, implícitamente por traer el fantasma del comunismo a la palestra. Rusia ya no es comunista, no hay dos cosmovisiones en disputa, no se trata del capitalismo versus el socialismo, ni nada por el estilo. Se trata simplemente de los coletazos de un sistema político económico que, con claros síntomas de agotamiento y decrepitud, no es capaz de salir sino a costa de muchos miles de vidas humanas de las profundas crisis que él mismo crea

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Como grupo de académicos de izquierda mantenemos desde hace un tiempo una reflexión acerca de la educación superior en Chile. En conocimiento de que otros colegas han estado preocupados por una problemática similar, y han elaborado trabajos al respecto, les invitamos, por medio de esta hoja a debatir en conjunto. Esperamos que este sea el embrión de una futura discusión que no dudamos será enriquecida gracias al debate. Por supuesto que para que este debate rinda frutos, debe incluir a todos quienes estamos por un nuevo sistema universitario, razón por la cual desde ya invitamos a contribuir en números posteriores a quienes entiendan la Universidad de manera no funcional al actual modelo económico. Esperamos que esta publicación sea un aporte para quienes vivimos con entusiasmo y espíritu crítico el quehacer universitario, y ojalá también ella contribuya a instalar en el ambiente académico una discusión que permita resolver profundas contradicciones que todavía se arrastran desde la dictadura, como son los problemas globales de la educación en nuestro país.

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