Editorial ( CdE nº 11)

¿Porqué Sebastián Piñera quiere ser Presidente?

Esta no es una pregunta retórica conducente a mostrar losapetitos, ya sea de una persona o de una alianza política. No. Es una pegunta concreta que la derecha chilena, en nuestra opinión, debiera hacerse. Desde el golpe de Estado de 1973 y la dictadura que le siguió. hasta hoy la derecha domina en Chile. Primero fue el dominio armado de la Doctrina de la Seguridad Nacional, que fue reforzado con el dominio económico neoliberal a lo cual habría que adjuntarle el dominio ideológico: control de la televisión, de la prensa y de la radio. Posee universidades que le son propias, financiera e ideológicamente. El cese pactado de la dictadura impuso a la nueva alianza de poder y a la democracia chilena un pesado tributo que consistió en el modelo económico social que hoy nos rige. La concertacion, pese a lo que pudo haber sido su propio modelo, adoptó e hizo suyo este otro que dejó pautas precisas en muchos ámbitos de la sociedad chilena.

Los resultados de las últimas elecciones presidenciales revelan un equilibrio, casi un empate, que le impide a la derecha salir del impasse político en que se encuentra, si es que hay realmente un impasse. En efecto, si la alianza se muestra agresiva en el plano de la política nacional, es, sin embargo, incapaz de obtener la codiciada alternancia en el poder. Esto, porque hay una situación de base que contribuye a mantener las cosas tal como están. Por una parte, al aplicar la Concertacion un modelo que no es suyo, de una manera porfiadamente ortodoxa, satisface los poderes tácticos y económicos, que no deben entender el por qué del afán por cambiar. Por otra parte, los sectores más derechistas de la Concertacion ven que la clave del éxito está en seguir así. y por eso tampoco insisten en que sea necesario cambiar el status quo. Y. además, dado que existe el temor a la mala sombra del pinochetismo que se cierne detrás de cualquier gobierno de la derecha en donde esté la UDI.

Las ambigüedades y generalidades del candidato Piñera demuestran que. cuando habla de cambiar ño tiene nada que decir. porque cualquier tentativa de cambio supondría entrar a rectificar lo que ya existe, y, como ya dijimos, esto es para ellos el mejor de los panoramas posibles. Las grandes empresas ganan.

Entre estas pautas heredadas de la dictadura están las que conciernen a la educación. No se puede entender la inmovilidad en lo que respecta la educación superior chilena si no se supone que fue uno de los puntos centrales del ‘pacto”. Eso explica que las transformaciones educacionales llevadas a cabo por la Concertados lejos de suprimir lo que había hecho la dictadura en el último mes, o de rectificarlo, abundó en el mismo sentido. Fundamentalmente, en todo aquello que iba en el sentido de la proliferación de las universidades privadas convertidas en negocio y la paulatina pero inexorable eliminación del carácter de servicio público en materia de salud, previsión y educación, entre otros.

¿Qué papel debe jugar la educación en el desarrollo del país?

La educación no debe constituir un tema más dentro de los programas presidenciales, sino uno de los temas estratégicos para sacar a Chile del subdesarrollo, disminuir su dependencia de les países desarrollados y avanzar en su independencia ideológica e intelectual.

Por mencionar algo que está de moda, no es la integración mecánica a organismos como la OCDE (con condicionantes educacionales lesivas para Chile) lo que puede, por si solo, garantizar el desarrollo (ni siquiera limitado a lo económico) ni la profundidad de los cambios educacionales que son indispensables. Como ejemplo el ingreso de dos países no desarrollados (Turquía y México desde ya 15 años) no ha significado ni el desarrollo de esos países ni la erradicación de la pobreza.

Por el contrario, la solidez de los sistemas educacionales de los otros 28 miembros de la OCDE es lo que explica en gran medida sus desarrollos. Es más fundamental poner el acento en la calidad y en la cantidad de los jóvenes que Chile necesita formar para asegurar un desarrollo más independiente que esperar que el mundo globahzado lo haga.

Más que tecnócratas provenientes de una élite económica y social, o simple mano de obra algo más ilustrada y especialistas en la solución de un número limitado de problemas bajo pautas predeterminadas, lo que se necesita es educar hombres y mujeres con una formación cultural muchísimo más amplia que la actual, con capacidad de pensar y resolver en forma creativa e independiente los problemas de Chile, y en una cantidad tal que sólo el aprovechamiento de todas las potencialidades de los niños y jóvenes chilenos puede hacer posible. Tal tarea sólo se consigue con una inversión pública en educación, considerablemente mayor que la actual (6 a 7% del PIB en los países desarrollados) y democratizando el acceso a una educación de calidad.

Finalmente, lo que define la factibilidad de orientar la formación de los chilenos en las direcciones indicadas es la estructura en la cual se diseñe el sistema educacional, que en la inmensa mayoría de los países del mundo es una estructura pública con un enorme compromiso del estado.

Si evaluamos el mérito o la pobreza de los planteamientos que los candidatos hacen respecto a la educación, por sus proposiciones o por la historia de las coaliciones que los apoyan, en general estos son decepcionantes, sin grandes ideas ni aspiraciones que pretendan cambiar el país.

Fuera de Jorge Arrate y la coalición del Juntos Podemos, nadie plantea la necesidad de cambios estructurales en la educación chilena, los que requieren modificar la constitución y restablecer el estado docente, además de invertir los recursos públicos que realmente son necesarios. Por ejemplo, alcanzar el 7% del PIB en cuatro años. Sólo medidas como éstas podrán reconstruir la educación pública desde la pre-básica hasta la universitaria, fiscalizar la calidad, el funcionamiento, la generación y la permanencia de las universidades, y asegurar el derecho a una educación de calidad a todos los niveles sin la odiosa segregación social que, ya se ve, es intrínseca al modelo neoliberal,

¿Qué proponen las otras candidaturas?

La Alianza sólo ha entregado algunas ideas, dilatando la entrega de una política educacional para Septiembre u Octubre. En síntesis, propone duplicar la subvención estatal en el lapso de 4 años, definir anualmente metas de calidad realistas, programas especiales de apoyo para escuelas con resultados insuficientes y flexibilización del estatuto docente.

Aparte de eso, nada dice en relación a la educación superior. La demora se explica porque la política educacional de la Alianza ya está definida y es el modelo neoliberal de educación implantado en 1981. hijo legítimo de la derecha y, a la vez, la causa del desastre educacional de los últimos treinta años. Necesitan tiempo para mostrar lo mismo con cara de algo diferente. Se buscará seguramente mostrar a S. Piñera como un líder poderoso capaz de producir por sí solo cambios profundos, y llegando hasta a plantear, fuera de discurso y en el calor de una intervención, su simpatía por la educación pública (Arenazo). La realidad ha mostrado, sin embargo, que en problemas tan importantes como la educación, su coalición, y en especial la U.D.I., no lo sigue.

La Concertación ha entregado el 7 de Septiembre un programa donde, en relación a la educación, se plantea principalmente la continuidad de la educación municipalizada, el respeto a los sostenedores municipales y privados, y cómo enfrentar los casos más dramáticos, con una atención especial a las 1000 escuelas más deficitarias, para mejorar sus rendimientos. En relación al compromiso presupuestario del estado para estas reformas, aumentar la subvención pública y privada por estudiante, en un escaso 20% hasta el 2013, lo que impide que el aporte fiscal total a la educación supere el 4% del PIB, y está muy lejos del 6 a 7% de los países más desarrollados. Si bien es valorable

la preocupación por incrementar el número de salas-cunas, y jardines infantiles, en los marcos de la inversión pública, no es posible superar la segregación social que existe en la educación chilena. Tampoco hay propuestas en relación a la educación superior.

No hay que olvidar que la Concertación tiene una historia poco clara, donde durante 20 años ha aplicado y desarrollado el modelo neoliberal de educación heredado de la dictadura y ha llegado hace muy poco tiempo a acuerdos con la Alianza al aprobar la L.G.E., nuevo rostro de los DFL de 1981. Los sectores de la Concertación que respaldan realizar cambios estructurales como algo indispensable (un sector del P.S. y el P.R.) aparecen como minoritarios, y en el PS. junto con los sectores que exigen una educación pública, conviven los defensores más recalcinantes del modelo neoliberal (J.J. Brunner y sus seguidores). Se necesitaría un compromiso más decidido del propio Frei y esto es, sin duda, uno de ios elementos a tener en cuenta a la hora de tomar una decisión para una segunda vuelta.

Enríquez Ominami, como ¡o declara él mismo, sólo ha podido dedicarse a reunir firmas para su inscripción, y recién ahora comienza a concretar su programa. De lo que ha planteado en reuniones y

foros hay dos cosas que son rescatables: la educación no es un negocio y las universidades deben desarrollar las tres funciones fundamentales, docencia, investigación y extensión, si pretenden postular a ayudas del estado. Hasta aquí; poco para evaluar su política educacional.

En resumen, las proposiciones se enmarcan en el modelo de educación actual y no son sino pequeñas reformas que mantienen al estado al margen de la educación. ¿Es posible dar un golpe de timón? ¿Puede la Concertación llegara modificar el rol del estado en la educación?

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Como grupo de académicos de izquierda mantenemos desde hace un tiempo una reflexión acerca de la educación superior en Chile. En conocimiento de que otros colegas han estado preocupados por una problemática similar, y han elaborado trabajos al respecto, les invitamos, por medio de esta hoja a debatir en conjunto. Esperamos que este sea el embrión de una futura discusión que no dudamos será enriquecida gracias al debate. Por supuesto que para que este debate rinda frutos, debe incluir a todos quienes estamos por un nuevo sistema universitario, razón por la cual desde ya invitamos a contribuir en números posteriores a quienes entiendan la Universidad de manera no funcional al actual modelo económico. Esperamos que esta publicación sea un aporte para quienes vivimos con entusiasmo y espíritu crítico el quehacer universitario, y ojalá también ella contribuya a instalar en el ambiente académico una discusión que permita resolver profundas contradicciones que todavía se arrastran desde la dictadura, como son los problemas globales de la educación en nuestro país.

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