Algunos elementos para la discusión sobre el papel y la forma de la actividad Universitaria. Por Raúl Fierro Pradenas

La Educación Superior en Chile actualmente es retrógrada, en el sentido que ni siquiera es funcional al actual desarrollo económico neoliberal, por el contrario, en muchos aspectos tiene reminiscencias feudales. Al respecto, vale la pena señalar que un reciente informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) cuestionó fuertemente el modelo chileno para la Educación Superior señalando, entre otras cosas, que nuestro país requiere doblar el aporte económico estatal a la Educación Superior si pretende ingresar al grupo de países más desarrollados del mundo.

 

En estos últimos meses la discusión por los recursos estatales para la Educación Superior ha sido el tema central de los rectores de estas instituciones, ya sean estatales, particulares tradicionales o privadas. La composición del Consejo de Rectores ha sido cuestionada por algunos y defendida por otros, llegando algunos a constituirse en subgrupos de este consejo, como es el caso de la Red de Universidades Cruz del Sur, y otras tantas alianzas de naturaleza similar. Por otra parte. algunos plantean la agrupación por zonas geográficas, otros, el carácter de pertenencia al Estado o a particulares. Detrás de todo esto está el interés por posicionarse mejor en la demanda de recursos estatales. Hemos mencionado tres grupos de universidades, estatales, particulares tradicionales y privadas, pero cada una de ellas tiene sus propias subdivisiones. Demandas diferentes tienen las universidades estatales de regiones o de la capital. Las privadas también obedecen a diferentes motivaciones para su quehacer. Aunque la ley no contempla la existencia de universidades con fines de lucro, éstas de hecho existen y son mayoritarias. En menor número existen las universidades privadas orientadas a favorecer la preservación del actual modelo económico neoliberal, o bien, a influir ideológicamente en la sociedad por parte de algunos grupos religiosos. Podemos así apreciar que la demanda de recursos estatales proviene de sectores con intereses de distinta índole El punto es si acaso nuestra sociedad, a través del Estado, debe hacerse cargo de estas demandas. La respuesta no es en absoluto evidente, pero si es necesario realizar un análisis que nos permita eliminar demandas cuya satisfacción no sea beneficiosa para la sociedad en su conjunto.

 

En primer lugar, nos parece conveniente disminuir este exceso de subdivisión. En lo que sigue, distinguiremos entre universidades públicas y de interés privado. Las primeras serán aquellas que se atengan ai interés social determinado por las exigencias estatales, y que, en retribución a la respuesta a estas exigencias, serán financiadas por el Estado. Las segundas, si bien podrán existir, no recibirán financiamiento estatal directo y gozarán de autonomía en su gestión, sometiéndose sólo a condiciones generales determinadas por la definición del concepto de Universidad. Debemos precisar el significado de estos dos grupos universitarios, pero, como un adelanto, digamos que en la actualidad no existe alguna institución, en el país, con el calificativo de universidad pública, al menos en el sentido sugerido aquí. No obstante, existen algunas universidades estatales y otras particulares que pueden considerarse cercanas a este concepto,

Esta ponencia pretende avanzar hacia una definición del quehacer universitario y la forma de llevarlo a cabo, para lo cual subdividiremos este artículo en los subtemas siguientes:

  • Autonomía universitaria
  • Triestamentalidad
  • Función universitaria
  • Universidad profesionalizante
  • El financiamiento universitario

Autonomía universitaria La autonomía universitaria fue, en el movimiento de Reforma Universitaria del año 68, una de las demandas más preciadas exigidas por los reformistas. En este momento surge la pregunta natural sobre la validez de esta demanda como un elemento democratizador de – las universidades nacionales. A la luz de acontecimientos acaecidos en algunas universidades estatales regionales, la cautela índica al menos no replicar la respuesta de hace ya más de 40 años. Es al menos difícil encontrar un argumento que justifique que con el dinero del erario nacional las superestructuras universitarias distribuyan estos recursos de manera discrecional, sin dar una cuenta global de su gestión ante quien los proporcionó. Lo expresado en este párrafo tiene una aparente debilidad, y es que la autonomía universitaria durante la reforma se acompañaba de un cogobiemo, donde la comunidad universitaria en su conjunto fiscalizaba y decidía la forma de utilizar los dineros que la sociedad le entregaba para realizar su función.

 

Se podría argumentar que una vuelta al cogobierno universitario podría resolver esta situación. No obstante, el traslado mecánico de lo sucedido hace ya más de 40 años no es aconsejable, y, por consiguiente, la autonomía universitaria deberá superar muchos argumentos para continuar manteniéndose. En la actualidad, la Ley General de Educación permite el aporte económico a sostenedores de colegios que lucran con la educación. Este hecho se sostiene en la libertad de enseñanza señalada en la Constitución Política de la República de Chile, pero, como esta carta fundamental no goza de la suficiente autoridad moral, es pertinente tomar medidas para que algo así no se reproduzca en la Educación Superior. El grado de autonomía que actualmente existe en la Educación Superior resulta apropiado para lo que aquí hemos denominado universidades de interés privado, pero no lo es para la educación pública, puesto que el estado debería tener una presencia mayor en la forma cómo estas universidades utilizan los recursos proporcionados por la sociedad.

 

Por otra parte, en estos días la autonomía universitaria suele contraponerse con la transparencia necesaria que deben tener las instituciones públicas. Algunas universidades, incluso aquellas con fuertes problemas económicos, asignan dineros extraordinarios para algunos de sus académicos o funcionarios, sin un fundamento claramente determinado. Estas asignaciones, realizadas con dineros públicos y de manera discrecional, naturalmente constituyen un instrumento para mantener lealtades, reciprocidades y cuotas de poder. Junto con la necesaria fiscalización estatal, una manera sencilla de controlar que en las universidades no se cometa esta acción moralmente cuestionable, es la publicación de los sueldos más altos, acompañada de una explicación de la razón de estos montos. El nivel de calidad de los académicos universitarios debería determinarse a nivel nacional, y de manera periódica, por una institución apropiada para este efecto, y las universidades públicas, en su política de remuneraciones, deberían tomar muy en cuenta estos niveles.

Triestamentalidad Sin duda, la triestamentalidad universitaria es una necesidad en una sociedad,democrática, pero ésta no se agota con la participación de los tres estamentos. La universidad pública le pertenece a la sociedad en su conjunto, y, por consiguiente, ella debe tener injerencia en la gestión universitaria. La forma que adopte esta injerencia es materia de discusión. Podrá ser mediante un representante del Estado, un consejo plural pero representativo del espectro social nacional, o cualquier otra forma que refleje este espíritu. En varias universidades hay discusión en torno a la triestamentalidad, pero esta se restringe a los tres estamentos tradicionales, y, por otra parte, la discusión sobre los porcentajes de representación ha tenido una presencia un tanto exagerada, y al respecto surge el argumento que distingue entre estamentos permanentes y transitorios. La incorporación de un cuarto estamento, a saber, la representación de la sociedad, echa por tierra la mencionada distinción, por cuanto al no pertenecer plenamente a una de estas características, bien podría el mencionado argumento implicar la nula participación de la sociedad en el gobierno universitario. Habida esta consideración, inmediatamente nos damos cuenta de que. en la misma medida que los miembros transitorios continuarán de por vida siendo un sujeto social, los miembros permanentes, no sólo por serlo, tienen un vínculo más estrecho con el quehacer universitario que aquellos considerados transitorios. Por cierto que deberá haber diferencias en los porcentajes, pero estas diferencias no deberían llegar al punto de hacer casi insignificante la participación de algún estamento, a menos que se considere que éste es irrelevante en la función universitaria. Función universitaria. Este es un concepto que debe ser recuperado. En la actualidad la Universidad se ha estado adaptando al modo de producción dominante en su fase más extrema, a saber, el sistema económico neoliberal. Diversas causas han provocado este hecho, donde la forma de financiamiento universitario es sin duda una de las principales. Surge así un fuerte llamado desde las rectorías universitarias a llevar a cabo un acercamiento con la empresa privada. Las tradicionales funciones universitarias paulatinamente cambian su denominación, la extensión deviene en asistencia técnica y en estos últimos tiempos surge el concepto de innovación, el cual no necesariamente corresponde al de investigación. La docencia mantiene su denominación, pero surge el concepto de competencias lo que la transforma en su forma.

 

Por otra parte, la acreditación de carreras y de las universidades también condiciona su quehacer. Condicionamiento determinado de manera externa e independiente de la tradicional Excelencia Académica.

 

No es posible pretender que la Universidad se gestione al margen de las necesidades de la sociedad. Por el contrarío, cualquier definición de aquella debe contener un vínculo importante con el medio que la cobija. No costante, en lo sustantivo, deben ser los más altos valores intelectuales los que iluminen la actividad universitaria, ya sea en la ciencia, las artes o en las humanidades. De modo que la función universitaria, definida como investigación, docencia y extensión, debería mantener su vigencia. Principalmente la investigación, pues ésta es la que. en última instancia, hace la diferencia de calidad en el desarrollo de la función universitaria.

 

Lo mencionado sobre el carácter de la Universidad, está referido a la Universidad en general, sin importar si ésta posee financiamiento estatal o no. La sociedad debe resguardar que lo que se define como formación universitaria realmente lo sea. Las universidades de interés privado podrán gestionar sus recursos de la manera que lo estimen, pero no podrán declarar que realizan actividad intelectual al más alto nivel, desarrollando a plenitud la función universitaria, si este hecho no es real.

Universidad profesionalizante. Está fuera de discusión que cualquier concepto de Universidad no se debe restringir sólo a la formación de profesionales. Es más, en la actualidad, con la existencia de Centros de Formación Técnica e Institutos Profesionales, las carreras profesionales deberían tener una importancia menor a la que tienen en este momento.

 

La creación de conocimiento y la investigación deben constituir el eje central de la actividad universitaria. No existe universidad sin desarrollo del conocimiento e investigación en las diferentes disciplinas. Asistimos hoy a una Universidad excesivamente vinculada al proceso productivo, donde las carreras humanistas y las artes cada día pierden más fuerza, contraviniendo la esencia del concepto universitario. No se plantea aquí que las carreras profesionales abandonen las universidades, es más, las carreras de mayor complejidad tienen la necesidad de cobijarse al alero del lugar donde el desarrollo del conocimiento es su objetivo principal. No obstante, hoy estas carreras se ven atacadas en su razón de ser por lo que se ha dado en llamar “Formación Superior Basada en Competencias”, lo cual no significa necesariamente la formación de un profesional competente. Este modelo de formación está determinado por el mercado. Es el mercado quien define cuales son las competencias que debe tener el profesional en el área respectiva. La experticia de los académicos pasa a segundo plano. Aún más, hoy en día se espera que estos académicos, en plena observancia de las necesidades del mercado, descubran, analicen y finalmente plasmen en un documento cuáles deben ser las competencias del profesional que deben formar. Cualquier intento de entregar algún conocimiento que vaya más allá de las mencionadas competencias es una acción que contraviene las normas del actual modelo de universidad. A otro lugar con este cuento, porque, sencillamente, esto no guarda ninguna relación con aquella institución que la sociedad requiere y que llamamos universidad. Las necesidades del país no necesariamente coinciden, ni con las necesidades de los consumidores, ni con las necesidades financieras. Las necesidades de estos últimos son las necesidades del mercado, y definitivamente, al menos en cuanto a profesionales se refiere, estas corresponden a los requerimientos de una minoría.

 

El financiamiento universitario: Aquí se debe distinguir dos necesidades que requieren financiamiento: la formación de profesionales y la actividad propia de la universidad, como lo son la investigación y la extensión. La primera de estas debería financiarse mediante aranceles, como se hace en la actualidad. La cuestión es la proveniencia de este financiamiento. Al respecto existen diferentes posturas, pero, para resumir, fijemos nuestra atención en dos de ellas. La primera, una concepción proveniente del hecho que el ser humano, por el sólo hecho de venir al mundo, tiene el derecho, innegable por cierto de acceder a la mejor educación disponible en la correspondiente etapa de desarrollo de la humanidad, sin importar las posibilidades económicas propias, que le permitan financiar sus estudios. La segunda, concepción indudablemente individualista, supone que el beneficiario de la educación es quien la recibe, y que, por consiguiente, debe ser quien la financie. Estas dos posturas, situadas en evidente contradicción deben dar lugar a una síntesis que al menos tenga en cuenta el desarrollo actual de la sociedad, sus potencialidades económicas y la necesidad de ella de llevar adelante un proyecto de educación que la beneficie en su conjunto. En el actual modelo económico capitalista, e incluso en un eventual modelo socialista, la síntesis natural debe ser lo que se ha dado en llamar Arancel Diferenciado, vale decir, el estudiante debe financiar sus estudios en la medida de sus posibilidades, y el Estado, es decir toda la sociedad., financiará aquella parte del arancel que el estudiante no pueda pagar, pudiendo esta parte llegar al 100%.

 

La otra necesidad que requiere financiamiento es la investigación y la extensión. En la actualidad del país destina una cantidad importante de dinero a investigación, pero este dinero no pasa por las universidades, sino que llega directamente al o los investigadores, aún cuando esta actividad se realiza fundamentalmente al interior de estas casas de estudio. No existe un proyecto nacional de desarrollo de la investigación en Chile. Desde hace ya varios años una buena parte de esta la financia el Estado mediante proyectos FONDECYT , pero el financiamiento de estos ha ido disminuyendo a favor de la creación de grandes centros de investigación, donde el Estado entrega una enorme cantidad de recursos a un grupo de investigadores, y son estos quienes determinan quienes participaran en estos centros. De este modo el Estado se desentiende de administrar y evaluar proyectos de investigaciones individuales. El que esta forma de financiamiento de la investigación deba continuar o no, es materia de discusión, pero los investigadores y las universidades no deben, como ha ocurrido hasta aquí, permanecer ausentes de esta discusión. El complemento de lo indicado aquí deberá financiarse con recursos estatales o privados, según corresponda a una universidad pública o de interés privado. Para terminar, señalemos que si la discusión sobre el quehacer y la forma de funcionamiento universitario no se ha dado hasta aquí, no “es porque a nadie se le haya ocurrido. Existen sectores minoritarios, pero fuertemente influyentes, interesados en mantener el actual modelo de universidad. Por otra parte, los sectores más progresistas de la sociedad no le han dado la importancia real que este tema posee. Los estudiantes universitarios han sido los más destacados en esta preocupación, aunque la atención de estos ha estado centrada, naturalmente, en sus reivindicaciones más directas. Las agrupaciones de académicos son débiles, porque estos no han tenido un interés suficiente por alcanzar mayores niveles de democratización universitaria. Debemos poner sobre la mesa en las universidades la necesidad de esta discusión, indicando que la democratización de éstas necesariamente provocará importantes avances democráticos en el país

Anuncios
This entry was posted in Agentes Sistema Educacional by Cuadernos de Educación ISSN 0719-0271.. Bookmark the permalink.

About Cuadernos de Educación ISSN 0719-0271.

Como grupo de académicos de izquierda mantenemos desde hace un tiempo una reflexión acerca de la educación superior en Chile. En conocimiento de que otros colegas han estado preocupados por una problemática similar, y han elaborado trabajos al respecto, les invitamos, por medio de esta hoja a debatir en conjunto. Esperamos que este sea el embrión de una futura discusión que no dudamos será enriquecida gracias al debate. Por supuesto que para que este debate rinda frutos, debe incluir a todos quienes estamos por un nuevo sistema universitario, razón por la cual desde ya invitamos a contribuir en números posteriores a quienes entiendan la Universidad de manera no funcional al actual modelo económico. Esperamos que esta publicación sea un aporte para quienes vivimos con entusiasmo y espíritu crítico el quehacer universitario, y ojalá también ella contribuya a instalar en el ambiente académico una discusión que permita resolver profundas contradicciones que todavía se arrastran desde la dictadura, como son los problemas globales de la educación en nuestro país.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s