Editorial ( CdE nº4).

El último movimiento de la Universidad de Valparaíso de mayo y junio del 2007 fue histórico. Esta no es una frase retórica pues alude a que este paro, por la inteligencia con que fue llevado a cabo, logró dar un vuelco, que esperamos sea definitivo y se extienda a otras universidades, en la forma como la gestión y gobierno universitario chilenos han sido llevados desde la dictadura hasta ahora. El resultado era que bajo la norma dictaminada por la antigua LOCE se calcaba y repetía el patrón autoritario estatal en el plano de la educación superior. Es decir, autoridades uniper¬sonales absolutas, organis¬mos colegiados casi sin poder decisión, y una comunidad universitaria en la práctica inexistente como instancia de toma de decisiones. Contra esta política ha habido desde entonces importantes movimientos, donde se destaca el de los “pingüinos”. Este movimiento de la Universidad de Valparaíso se inscribe dentro de esta trayectoria de lucha por la democracia.

El tiempo que duró fue, en la práctica, el que se requería para instalar junto a las reivindicaciones más inmediatas y urgentes -como el problema de los aranceles-aquellas otras que tenían que ver con la democracia universitaria, como la instalación de una participación en la gestión universitaria de los tres estamentos que componen su comunidad: estudiantes profesores y personal administrativo, tal como se logró durante la Reforma de 1968. El eje del poder se desplazó de la imposición y a veces arbitrariedad uni¬personal, hacia la democracia de la comunidad. A medida que transcurría el conflicto quedó en claro que junto al problema del déficit democrático se añadía el del financiamiento.

Responsabilidad de la cual el Estado se desprende cada día más. La educación pública es una institución en vías de desaparición: junto a otras instituciones chilenas el modelo neoliberal la ha lanzado a la ley del mercado, haciendo que su carácter público se pierda. Hemos pasado de la educación como un derecho a la educación como un privilegio que se debe pagar para obtenerlo. Pensamos que una manera de evitar los estragos que causa en la educación superior el hecho de que haya pasado a ser regulada por las leyes del mercado, sería reinstalar y vigorizar un sistema de educación pública que coexista junto al sector privado, pero que garantice y asegure su calidad.

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Como grupo de académicos de izquierda mantenemos desde hace un tiempo una reflexión acerca de la educación superior en Chile. En conocimiento de que otros colegas han estado preocupados por una problemática similar, y han elaborado trabajos al respecto, les invitamos, por medio de esta hoja a debatir en conjunto. Esperamos que este sea el embrión de una futura discusión que no dudamos será enriquecida gracias al debate. Por supuesto que para que este debate rinda frutos, debe incluir a todos quienes estamos por un nuevo sistema universitario, razón por la cual desde ya invitamos a contribuir en números posteriores a quienes entiendan la Universidad de manera no funcional al actual modelo económico. Esperamos que esta publicación sea un aporte para quienes vivimos con entusiasmo y espíritu crítico el quehacer universitario, y ojalá también ella contribuya a instalar en el ambiente académico una discusión que permita resolver profundas contradicciones que todavía se arrastran desde la dictadura, como son los problemas globales de la educación en nuestro país.

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